Hola, ya estoy de regreso.
DISCLAIMER: Buddy Complex no me pertenece, ni los personajes que salen en la serie de anime. Lo único mio es la trama y los OC que aparecen por ahí.
ADVERTENCIA: Este fic es slash, yaoi, si no te gusta no leas. Este capitulo contiene algunas escenas fuertes, quedan advertidos.
Disfruten.
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Nuestro Tiempo
Capítulo 14. El precio de la Paz.
Acordaron que Nasu se comportaría de manera muy sospechosa lo más cerca posible de donde Jiang solía andar, eso con el fin de despertar su curiosidad, pues Nasu estaba segura de que inmediatamente él trataría de hablar con ella en algún momento. Conociendo a Jiang, Nasu estaba segura de que invadiría su departamento, por lo que decidió no regresar a ese lugar, además de que ese detalle también contribuiría a darle más realismo al plan pues levantaría incluso más sospechas. En vista de eso Jiang se vería obligado a interceptarla en algún lugar de la base, donde Thomas la estaría observando, pues una de sus tareas sería no quitarle la vista de encima, esto para que, en el momento en que Jiang se le acerque, Thomas también lo haga. Al estar los tres, Thomas tendría que conseguir que Jiang se coloque de espaladas a Nasu y ella, utilizando sus habilidades de defensa, inyectarle una potente droga. Después Thomas le quitaría el dispositivo de rastreo que Jiang tenía incrustado en alguna parte del cuerpo, Nasu no estaba muy segura, pero creía haberle oído decir que lo tenía en uno de los hombros. Con eso Takano y sus hombres sabrían que algo había pasado, activarían el otro dispositivo y Jiang moriría.
Nasu sabía que existía una gran posibilidad de que también activaran el de Thomas, ella y los demás que pudieran estar implicados, pero ese era un riesgo que estaban dispuestos a correr para salvar a los demás. Thomas ya lo había aceptado y Nasu de cierta manera también. Si los enemigos sentían que su información seguía protegida entonces no atacarían a los seres queridos de Nasu. En cualquier caso, Nasu decidió que llevar un arma era lo mejor por si algo no salía bien con el plan.
Nasu siguió caminando por la base tratando de parecer sospechosa sin ser exagerada, no había sabido de Jiang desde el día anterior y eso ya la comenzaba a preocupar. De pronto vio como Thomas salía de su escondite a unos cuantos metros al frente de donde ella estaba, Nasu observó como el hombre levantaba la mano como para saludarla, esa acción se le hizo muy extraña y puso a Nasu sobre aviso, fue entonces que se dio cuenta donde se encontraban, estaban en una zona de la base bastante retirada de cualquier lugar con personas, lo único a su alrededor eran edificios que quedaron en desuso por daños sufridos durante la guerra pasada. De pronto un escalofrió recorrido su columna vertebral y de un súbito y rápido movimiento Nasu ya tenía una pistola apuntando directamente a su cabeza.
—Valla ¿qué tenemos aquí?, Nasu Mayuka —dijo Jiang detrás de ella—, y mira parece que Thomas nos está llamando, deberíamos ir a saludarlo, tengo unas excelentes noticias que darles.
—Lo siento señorita —dijo Thomas al llegar a su lado, Nasu se dio cuenta que tenía una herida en la mejilla y un poco de sangre en la cabeza.
—No te disculpes Thomas, la verdad es que todo fue culpa mía, debí presentarme con ustedes el otro día después de su pequeña reunión y así poder hacer esto juntos. Pero no pongan esa cara, mejor cuéntenme que se traen entre manos.
Ante estas palabras Nasu supo que Jiang no sabía nada del plan, pensó que seguramente sospechó de Thomas desde hace días y solo logró descubrir que se reunieron. No todo estaba perdido, si Thomas conseguía distraerlo lo suficiente, aún podía funcionar.
—Déjala ir Jiang, es solo una niña —dijo Thomas reuniendo valor de no sabía dónde.
—¿Por qué haría tal cosa? Dime Thomas ¿cuánto tiempo te tomó encontrarla? Es más, por qué no me aclaras una duda y me dices ¿Cómo es que la encontraste? —dijo Jiang apuntando su arma a Thomas.
—Yo… yo… —Thomas estaba petrificado, no sabía que contestar.
—Thomas no sabe nada, yo fui quien lo buscó, pero no por lo que crees, él es sospechoso del caso valiancer y yo estoy a cargo de vigilarlo por órdenes de Alfried, no sabía que tú lo conocías —dijo Nasu, dándole tiempo a Thomas para reaccionar.
—Entonces no fue Thomas el que te buscó, ya veo y ¿cómo es que Thomas te ha estado siguiendo todo este tiempo y no al revés? —preguntó Jiang—. No me mientas Nasu porque sabes que te puede ir muy mal. Creen que no sé lo que planean, a ver, déjame que los ilustre un poco. Thomas cree que tiene algo que me implica de alguna manera con los ataques de los rebeldes y fue corriendo a contárselo a alguien del equipo del Cygnus, alguien no tan importante pero tampoco que no supiera nada, así que escogió a la pequeña Mayuka Nasu. Pero lo que ninguno sabía es que ambos están bajo mi supervisión y cuando se dieron cuenta de ello decidieron actuar juntos.
Ante tal declaración Nasu y Thomas se pusieron sumamente pálidos, Jiang sospechaba de la grabación, por lo demás estaba completamente equivocado.
—Vamos, no pongan esa cara, no estoy tan molesto. Veamos, solo puedo hacer una cosa en estos casos —dijo y de pronto sin más que decir decidió disparar su arma contra Thomas, la bala dio directo en el pecho del hombre.
—¡No! —gritó Nasu y corrió hacia donde estaba Thomas, pero al llegar a su lado él ya estaba muerto. Nasu lloraba y tenía tanto miedo, no entendía cómo es que su plan había fallado. Dentro de su miedo y rabia se acercó a Jiang sin pensar, tratando de golpearlo, pero Jiang de un rápido movimiento logró someterla.
Después de eso todo parecido ocurrir en cámara lenta, una bala proveniente de algún sitio golpeó el hombro derecho de Jiang, después una segunda logró darle en la pierna derecha. Jiang cayó de espaldas al suelo soltando a Nasu quien solo atinó a agacharse y cubrirse la cabeza con las manos. Después de un rato pudo observar como Lasha salía de detrás de uno de los edificios, aun apuntaba a Jiang quien parecía estar inconsciente.
—¿Estas bien? —preguntó Lasha llegando a su lado.
—Si… si —contestó Nasu con ojos llorosos sin entender muy bien la situación.
—Vamos, levántate —dijo Lasha tomándola del brazo para ayudarla. En eso un tercer disparo se escuchó y Lasha cayó al suelo encogiéndose de dolor al recibir la bala en su pierna. El arma que traía consigo salió de sus manos quedando fuera de su alcance.
—Pero mira nada más que tenemos aquí —dijo Jiang logrando ponerse de pie con gran dificultad.
—Jiang por favor no le hagas daño —suplicaba Nasu llegando junto a Lasha, quien consiguió colocarse por delante de Nasu con una mueca de dolor llenando sus facciones.
—Eso debió de pensar antes de haberse entrometido en donde no lo llaman —dijo apuntando directamente a la cabeza de Lasha.
Estaba dispuesto a disparar cuando un grupo de soldados salieron de la nada, todos apuntaban sus armas hacia Jiang y le ordenaban que bajara la suya y se pusiera de rodillas con las manos en la cabeza. Ante esto Jiang permaneció quieto como si no se decidiera a qué hacer. Después arrojó su arma lejos pero no se movió de donde estaba. En su lugar miraba a un punto por detrás de Nasu y Lasha con una sonrisa en los labios. Nasu volteó el rostro para ver lo que tanto hacia sonreír a Jiang y un agudo grito escapo de sus labios. Ahí en donde Thomas cayó muerto ahora se encontraba una masa semi liquida de color rojo que desprendía vapores y un olor fétido comenzó a inundar el lugar. Jiang comenzó a soltar carcajadas enloquecidas hasta que de pronto se detuvo y observó como el rostro de Nasu se tornaba de color pálido.
—Se lo que estás pensando Nasu, pero ¿Qué crees?, no morirás sin antes ver como todos los que amas mueren frente a ti —dijo Jiang seriamente.
—No, no será así —dijo Nasu esperando convertirse en una masa roja y putrefacta en cualquier momento.
—Créeme —dijo Jiang y entonces hizo lo que los soldados le indicaron, al ver esto Lasha dio la orden de que lo arrestaran de inmediato y que se lo llevaran a las salas de interrogatorios.
—¡Seguimos aquí Nasu y el Cygnus también! —gritó Jiang cuando ya lo habían llevado a una distancia prudente de ella.
En un principio Nasu no logró comprender lo que esas palabras significaban. Fue hasta el momento en que miro a los soldados levantando los restos de Thomas que lo entendió, ella estaba ahí, viva. Sabía que los dispositivos fueron activados, pero ella seguía ahí, hubiera pensado que la dejaron con vida de no ser por la sonrisa retorcida de Jiang al decirle eso último y más por el hecho de que él también seguía vivo. Solo había una respuesta posible para eso y era que ellos no tenían el dispositivo de confidencialidad. Mirando a su alrededor observo a Lasha siendo atendido por los médicos que acababan de arribar al lugar.
—¿Cómo no me di cuenta? —dijo al aire, sintiendo que le fallaban las piernas.
Si Lasha estaba ahí es porque el Cygnus ya había regresado de su misión. Takano era capaz de destruirlo con tal de vengarse, con tal de hacerla pagar por lo que había hecho.
—¡Lasha! —gritó Nasu llamando la atención de su compañero, corriendo hasta llegar a su lado—. ¡Sal de aquí! ¡Ve de vuelta al Cygnus! ¡De prisa!
—¡¿Qué sucede?!
—Van a atacar la nave, tienes que avisar a Dio y los demás ¡tienen que salir de aquí!
—¿De que estas hablando? —preguntó Lasha desconcertado con lo que acababa de escuchar.
—No hay tiempo para explicaciones, tienes que creerme, ve al Cygnus y avisa que tienen que irse lo más rápido posible, van a atacarlo con un misil, no intenten detenlo, no podrán, ¡por favor corre! —dijo Nasu deprisa con la intención de irse de ahí. Lasha vio lo que pensaba hacer y la detuvo de los hombros para que lo mirara de frente.
—¿A dónde vas? Tú también tienes que ponerte a salvo.
—Tengo que ir por unas pruebas al A2, no pierdas tiempo ¡Ya vete! —dijo y con rudeza, aprovechando la herida de Lasha, logró zafarse de su agarre echando a correr hacia el edificio donde se encontró con Thomas anteriormente, pues ahí dejó guardada una carta y una grabación de ella misma relatando todo lo que había sucedido desde que Takano y Jiang la amenazaron para ayudarles. Tenía que entregarle esa información a alguien antes de que la asesinaran, no sabia con cuanto tiempo contaba, pero entre más rápido entregara las pruebas, mejor.
Nasu creía que iban a mandar el misil –del que una vez escuchó–, para destruir el Cygnus y que después alguien vendría por Jiang para asesinarlo –o salvarlo–, para después asesinarla a ella. Lo que Nasu no sabía es que Takano no solo planeaba destruir el Cygnus, tenía planeado destruir toda la base de Tokio y lo que ahí se encontraba.
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Dio se encontraba aún dentro del Cygnus, acababan de llegar de Hawái y se sentía sumamente exhausto. El entrenamiento dentro de los valiancer era cada vez más riguroso, pues el acoplamiento con Aoba era cada vez mas intenso y cada vez le costaba un esfuerzo extra levantar el muro que impedía que compartieran más de lo necesario. Ya se encontraba en las escaleras de descenso del Cygnus listo para ir a su hogar, cuando una llamada resonó por toda la nave y a su alrededor en el hangar.
«Atención todos, regresen a la nave», dijo la voz de Lene. «Repito, vuelvan todos a la nave de inmediato, despegaremos de emergencia»
Dio observó como todos los que ya estaban en el hangar regresaban de nuevo al Cygnus tan rápido como podían ante el llamado de emergencia. Todos tenían expresiones de confusión al desconocer el motivo de tan urgente pedido, pero obedecieron después de un pequeño momento de duda. Se disponía a hacer lo mismo cuando vio llegar a Lasha en un auto militar acompañado de soldados, pero más le sorprendió verlo herido y rodeado de equipo médico. Con prisa bajó los escalones que le faltaban y corrió a su lado para saber lo que había ocurrido.
—¡Hakkarainen! —llamó Dio— ¡¿Qué ha pasado?! —preguntó aun estando a un par de metros de él.
—Jiang—dijo Lasha con resentimiento—, el hombre que está bajo las órdenes del general Pol me disparó después de que yo le disparé. Trató de matar a Nasu después de haber matado a Thomas. Creo que es un espía o alguien de los rebeldes, no estoy seguro. Se lo han llevado para interrogarlo.
—Bien, avisaremos a Alfried en cuanto despeguemos, Lene dijo que…
—¡Tienes que ir a buscar a Nasu! —dijo Lasha con prisa interrumpiendo lo que Dio estaba por decir—. Corrió hacia el A2, dijo algo sobre unas pruebas, no sé qué tiene ella que ver en todo este asunto, también dijo que se acerca un misil.
—¡¿Qué?!
—No lo sé con certeza, pero ella dijo que el Cygnus tenía que ponerse en marcha o un misil lo iba a destruir, pero... —Una alerta comenzó a sonar por toda la base de Tokio, interrumpiendo lo que Lasha estaba por decir.
—Nos atacan, deprisa sube al Cygnus y asegúrate de que despeguen, voy a buscar a Mayuka —dijo Dio, corriendo hacia donde le indicó Lasha que estaba Nasu.
—Pero…
—Descuida, estaremos bien, iremos a los refugios —dijo Dio, alejándose del Cygnus.
No había tiempo que perder, todas las personas tenían que ponerse a salvo dentro de los bunkers. La alarma que se escuchaba llevaba años sin ser usada pues solo se activaba cuando detectaba que una flota de ataque se acercaba a la base. Algo raro estaba sucediendo. Mientras Dio se dirigía hacia el A2, iba diciendo a quien encontraba que fuera inmediatamente a refugiarse. Todos corrían de aquí para allá. En cuanto llegó al enorme almacén se descubrió pensando hacia donde podría haberse dirigido Nasu, Lasha no le había dado más información y por las prisas tampoco le había preguntado.
—¡Mayuka! —gritó Dio. Así estuvo por un largo rato recorriendo el A2 de la manera más táctica que pudo.
—¿Dio? —escuchó una voz—. Dio ¿Qué estas haciendo aquí? —preguntó Nasu en cuanto lo vio, al dirigirse a la salida del almacén.
—No hay tiempo, Hakkarainen me mando por ti, vamos, tenemos que ir a un bunker para refugiarnos, estamos bajo ataque —dijo Dio tomando a Nasu del brazo, forzándola a seguirlo.
—¡Tienes que irte de aquí! —dijo Nasu al escuchar lo del ataque, soltándose del agarre de Dio.
—Tenemos que salir de aquí, es una orden. Agarra lo que tengas que llevar y date prisa —presionó Dio.
—No, no lo entiendes, yo no me puedo ir, ellos vendrán a buscarme, no pueden verte conmigo, tienes que irte.
—Mira no se de que estas hablando, no tenemos tiempo para que tu… —Dio no terminó su oración pues una explosión hizo que saliera disparado hacia uno de los estantes, fue una suerte que nada de lo que ahí se encontraba cayera sobre él.
—¡Dio! —gritó Nasu levantándose deprisa del lugar en donde ella había caído debido a la explosión y corriendo hacia Dio para ayudarlo.
—Estoy bien —contestó Dio poniéndose de pie—, vamos, hay que salir de aquí por la otra puerta.
Con ayuda de Nasu, Dio se dirigió hacia la parte trasera del almacén, el impacto hizo que su pie se torciera y aunque parecía no estar fracturado, le dolía, provocando que cojeara un poco. Durante su huida Dio pudo ver que de entre el humo de la explosión salía un Beryl de Zogilia que parecía estar buscando algo. Al salir por la parte trasera Nasu guio a Dio a través de un laberinto de enormes contenedores metálicos, el camino parecía no tener salida. Pronto otra explosión resonó a sus espaldas y ambos alcanzaron a ver como una enorme columna de humo negro se alzaba por algún punto del camino que ellos acababan de recorrer.
Al salir de esa área corrieron hacia el edificio más próximo, Dio reconoció la zona y maldijo para sus adentros, pues el refugio más cercano estaba justo en la dirección contraria a la que ellos se dirigían. Estando a punto de llegar vieron con temor como el Beryl destruía los últimos contenedores para después observarlos detenidamente, durante unos segundos. Dio no se detuvo a esperar a que el enemigo reaccionara, así que jaló a Nasu y la apresuró a adentrarse en el edificio.
Corrieron por entre los pasillos buscando otra salida, ya no se escuchaba nada detrás de ellos y Dio no sabia si tomar aquello como una buena o una mala señal. El edificio era bastante grande por lo que Dio estaba seguro de que contaba con más de una salida pues tenía que tener accesos de emergencia, lo malo es que ninguno estaba señalado. Fue cuando dieron vuelta en uno de los corredores que vieron al final de este una puerta que indicaba salida. Dio no lo pensó ni un segundo, jaló a Nasu para salir de ahí con la intención de alejarse lo más pronto posible del Beryl que los había atacado.
Una vez afuera Dio quedó deslumbrado por la luz del sol que impactó directamente en su rostro. Una vez que recupero la vista se ubicó dándose cuenta de que estaban a un costado del edificio, no salieron del lado contrario al que habían entrado –como había pensado en un inicio–, pero no le importo, con suerte el Beryl los estaría esperando de ese lado si es que no se rindió de perseguirlos en cuanto entraron ahí.
—Vamos Mayuka —dijo Dio llamando la atención de su amiga.
—Si.
Deshicieron el camino andado anteriormente, solo que esta vez por la parte externa del edificio. Dio no escuchaba ningún ruido que no fuera el fuego crepitante de los contenedores que fueron destruidos por el Beryl y eso le llenó de un poco de seguridad. Observó que de ese lado de la estructura se encontraban dispersados por el terreno algunos contenedores y botes de basura enormes, también había vehículos incompletos y uno que otro aparato electrónico viejo. Parecía un deposito de basura. Dio recordó que en algún momento la base fue un depósito sanitario, aunque no creía posible que parte de lo que ahí se desechó existiera aun después de tanto tiempo. Un ruido proveniente del lugar al que se dirigían lo sacó de sus cavilaciones, se colocó contra la pared y, con todos sus sentidos en alerta, siguió caminando.
Estaba tan concentrado por lo que pudiera haber al frente, terminando la pared, que no se percato de uno ojos que los observaban desde arriba. Para cuando lo hizo ya fue demasiado tarde, de un momento a otro se vio apresado entre las manos mecánicas del Beryl que los había atacado. Trató de zafarse, pero la mano ejercía mucha presión que comenzaba a quedarse sin aire, cerró con fuerza los ojos y fue entonces que escuchó el grito de Nasu.
—¡Dio! —gritó Nasu desde la otra mano mecánica, ella también estaba atrapada, aunque parecía ser que el Beryl no le estaba haciendo daño.
Dio trató de responderle, pero no podía hablar, sentía como su cuerpo era presionado y como el aire escapaba de sus pulmones a cada segundo. No quería gritar, no frente al enemigo y menos frente a Nasu pues sabía que eso la alteraría aun más. Aun podía escuchar cómo ella gritaba que lo soltara, que él no tenía nada que ver, que por favor lo dejara irse y que ella pagaría. Dio no entendía a que se refería con todo eso. Llegó un momento en que ya no escuchó los sonidos a su alrededor y como pudo abrió los ojos, pero lo único que alcanzaba a ver parecía ser el Beryl. No estaba muy seguro pues la vista comenzaba a nublársele.
Fue entonces que Dio escuchó, más que sintió, cómo algo dentro de su cuerpo crujía, al momento quedó desconcertado y no supo que pensar. Se quedó quieto hasta que un intenso dolor le recorrió todo el costado derecho, tan veloz y tan lacerante que no pudo soportarlo más y gritó de dolor pues la mano seguía presionando con fuerza alrededor de su cuerpo multiplicando cada vez más esa terrible sensación. Para Dio había quedado claro que la intención del Beryl era aplastarlo hasta morir, lo que no entendía es porque lo hacía tan lento, parecía que quería hacerlo sufrir. Estaba a punto de perder la conciencia cuando sintió que se precipitaba al vacío. Por un momento la sensación de caída y la falta de presión en su cuerpo le permitieron abrir los ojos, a cámara lenta observó como el Tachyon se apresuraba a tomar la mano metálica que lo había estado presionando pues esta ya no estaba unida al Beryl y ahora caía hacia el suelo con velocidad.
Dio sonrió ante la idea de ser salvado de nuevo por Aoba, "no puede volverse costumbre", se dijo y con ese pensamiento su mente cayó en la oscuridad.
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Aoba creyó que alcanzaría a tomar a Dio antes de que se estrellara contra el suelo, pero entonces el Beryl –al que solo había dejado sin mano–, se le adelantó e hizo un movimiento brusco, alcanzándolo a golpear con el pie y lanzándolo contra uno de los contenedores antes de que Aoba fuera capaz de tocarlo. Aoba vio con terror cómo Dio salía rodando de la mano, al abrirse los dedos que lo sujetaban al chocar. No se movía. Trató de ir por él, pero el Beryl, al ver sus intenciones, quiso hacer lo mismo, entonces Aoba lo atacó y decidió que iría por Dio al terminar con el enemigo, que aún tenía a Nasu en su otra mano. Sin pensarlo dos veces se lanzó contra él, vio como éste le hacía señas, Aoba entendió que si se acercaba de más mataría a Nasu, pero lo ignoró. Con una velocidad atronadora el Tachyon llegó a un lado del Beryl y cortó la otra mano tomándola al instante, después con la misma velocidad giró sobre sí mismo y cortó al Beryl por la mitad, la unidad se desplomó al suelo y ya no se movió.
Sin preocuparse por el enemigo Aoba colocó a Nasu en el suelo cerca de Dio ayudándola a salir de los dedos metálicos, una vez libre la vio correr en su dirección y él también abrió la cabina del Tachyon para seguirla. No parecía estar herida. Aoba estaba muy preocupado por Dio, su corazón no había dejado de latir desde que lo vio gritar en manos de esa unidad, por un momento tuvo miedo de no poder llegar a tiempo. El miedo que sintió fue incluso mayor a cuando lo encontró en su tiempo antes de llegar al futuro de nuevo. Al parecer Dio se había convertido en una persona muy importante para él, quiso pensar como a un hermano, pero de alguna manera esa afirmación no precia estar correcta.
—¡Aoba cuidado! —gritó Nasu en cuanto bajó del Tachyon.
Aoba se tiró al suelo inmediatamente que escuchó el aviso de su amiga, pero el piloto del Beryl, que en un principio apuntaba hacia él, cambió la dirección posándola en ella y Dio. Se escuchó un disparo y luego otros dos, Aoba mató al hombre, pero no fue lo suficientemente rápido para impedir que se disparara su arma. Con dolor vio como Nasu, en vez de ponerse a cubierto o hacerse a un lado, cubría a Dio con su cuerpo y recibía el disparo del piloto. Sin perder tiempo corrió a su lado y la tomó en brazos.
—¡Nasu resiste! —dijo Aoba apoyando la cabeza de su amiga en su regazo. El disparo le había dado en la espalada, justo a la altura del estómago. Volteó y miró a Dio acostado boca arriba, lo vio respirar y eso le quitó un peso de encima.
—Aoba… —trató de decir Nasu llamando su atención.
—No hables, vas a estar bien, resiste, llamare por ayuda ¿de acuerdo? —dijo Aoba con lagrimas en los ojos. Pero Nasu con las pocas fuerzas que tenía lo sujetó de la chamarra y le impidió moverse de ahí.
—Toma… —dijo dándole a Aoba un paquete pequeño, no más grande que el tamaño de la palma de su mano—. Tienes… que sacar a Dio de aquí… pueden venir más… de ellos.
—Nasu, vas a estar bien.
—No Aoba, yo se que no, pero Dio… tiene unas costillas fracturadas, tienes que… sacarlo de aquí… solo esta… inconsciente.
—Tú también te vas a poner bien, confía en mi…
—Aoba… el Cygnus… —Trató de decir Nasu.
—Esta bien Nasu… ya esta a salvo, ahora te toca a ti, no te rindas —dijo Aoba intentando darle ánimos.
—Detenlos Aoba… no dejes que hagan… daño… dile a Dio que… —Nasu no alcanzó a decirle aquello, su cuerpo había dejado de respirar con una lagrima corriendo por su mejilla.
—¡Nasu! ¡Nasu! —Aoba la sujeto con más fuerza y acurrucó su cabeza en el cuello de ella sin dejar de llorar. Sentía una enorme pena llenar su corazón. Entonces escuchó una risa ronca, levantó la cara surcada de lagrimas y miró en la dirección de donde provenía. Ahí donde el piloto del Beryl había caído muerto al dispararle, estaba un segundo hombre, no estaba armado y solo miraba divertido.
Aoba se dio cuenta que el desconocido estaba gravemente herido, una enorme mancha de sangre cubría su costado derecho y parecía hacerse más grande conforme el hombre se reía.
—Esa chiquilla merecía morir… —habló con dificultad—. Lastima que no lo vio morir a él —dijo mirando en dirección a Dio.
—Cállate, no te muevas —dijo Aoba apuntando su arma contra el hombre.
—No es necesario, en unos instantes todos moriremos… —dijo el desconocido mirando hacia el cielo.
—¿De qué hablas? Explícate… —exigió Dio mientras pensaba como llevar a Dio y el cuerpo de Nasu hacia el Tachyon.
—¿Qué… no lo… sabes? —preguntó el hombre con fingido asombro—. Todos vamos… a morir, ¿Qué acaso… ella no te lo dijo?
—El Cygnus esta a salvo, su plan ha fallado… ¿Por qué nos atacaron? ¡El presidente de Zogilia dijo que no haría algo como esto! —gritó Aoba sin contener su odio y pena.
—¿El Cygnus? —preguntó el hombre, riendo aún más—. No. Todos… vamos a morir.
Aoba vio como el hombre miraba al cielo y sonreía aún más para después caer muerto al suelo. Aun estando confundido y lleno de dolor Aoba se extrañó y miró en la dirección que el hombre había mirado. En medio del resplandeciente cielo azul le pareció ver un punto brillante, como una estrella de esas que decoran el cielo nocturno, pero no podía ser una estrella pues era de día y el sol era particularmente brillante a esa hora. Sus ojos se agrandaron con asombro al pensar en lo que posiblemente era ese objeto. Pensó en lo que había dicho el desconocido apenas hace unos minutos y algo dentro de la cabeza de Aoba se iluminó. Lasha informó lo más rápido que pudo de la situación en cuanto abordó el Cygnus, ya previamente había avisado por medio de la radio que necesitaban ponerse en marcha pues los iban a atacar. Dentro de su explicación menciono a Nasu y a Dio y Aoba no dudo en ir a buscarlos. Ni si quiera se detuvo a escuchar lo demás que tuviera por decir. Se acercaba una bomba o algo parecido. Tenían que salir de ahí.
—Aoba… —Aoba se sobresaltó al escuchar su nombre.
—¡Dio! —dijo y corrió a su lado, depositando suavemente a Nasu en el suelo—. No te muevas, estas herido —indicó al ver que Dio tenía la intención de moverse haciendo una mueca de dolor al intentarlo.
—Eso parece… —entonces Dio miró a Nasu y se quedó quieto, Aoba vio con tristeza como su rostro se tornaba pálido y sus ojos se agrandaban, quiso moverse de nuevo, pero Aoba lo detuvo a tiempo antes de que se lastimara más.
—¡No Dio! —dijo Aoba. Lo tomó de los hombros e hizo que lo mirara a los ojos, sin contenerse se inclinó hacia él y lo abrazó sin fuerza para no lastimarlo. Sintió como el cuerpo de Dio comenzaba a temblar y él mismo comenzó a sollozar sin hacer ruido. El momento solo duró unos instantes pues Aoba recordó que aún estaban en serio peligro—. Vamos Dio, tenemos que llegar al Tachyon.
Dio no dijo nada, solo asintió con la cabeza y dejó que Aoba lo cargara en dirección al valiancer. Les tomó un poco de tiempo pues Dio no podía moverse mucho, pero ayudo bastante que no se quejara y se dejara hacer.
—Quédate aquí, voy por Nasu —anunció Aoba.
—Apresúrate.
Aoba estaba a punto de salir de la unidad cuando el rostro de Lene apareció en la pantalla.
«Aoba, ¿dónde estás?», preguntó.
—Estamos en el A2…
«Sal de ahí inmediatamente», dijo sin dejarlo terminar su oración. «Se acerca un misil, ¡sal de ahí ya!»
—Pero…
«Es una orden, está a dos minutos», dijo Lene.
Al escuchar esto Aoba se quedo paralizado, le pareció que Dio le decía algo, pero no podía escuchar el qué. Sabía que no tenía opción, tomó su lugar y con gran dolor en el corazón cerró la cabina del Tachyon.
—¡No Aoba! No te puedes ir sin Mayuka, ¿Qué haces?... ¡Aoba! ¡Aoba! —Dio no paraba de gritar, pero Aoba no podía escucharlo, un zumbido tapaba sus oídos—. ¡Aoba! ¡Maldita sea! ¡Aoba detente! ¡Aoba!
En cuanto se encendió el valiancer Dio se puso de pie, le dolía mucho su cuerpo, pero el enojo que sentía era muy fuerte y no importaba si se lastimaba aún más. Dio quería golpear a Aoba, no lo creía capaz de hacer algo como lo que estaba pensando hacer. Observó que estaba a punto de despegar así que aguatándose el dolor se lanzó hacia él logrando sujetar su mano, impidiendo sus movimientos.
—¡Maldito! ¡¿Cómo puedes hacerlo?! ¡Abre la escotilla, no seas cobarde, si no puedes ir por Mayuka, iré yo! —dijo Dio presionando su agarre.
—… —Aoba mantenía la cabeza agachada, aun intentando mover su mano para poder despegar.
—¡Aoba mírame! —gritó Dio. Desesperado, agarró a Aoba de la solapa de su traje con la mano libre e hizo que lo mirara a los ojos—. ¡Mírame y dime como puedes ser… capaz… de…
La garganta de Dio se secó de pronto, el aire salió de sus pulmones y su mente quedó en blanco, Aoba lo miraba con ojos llenos de una mezcla de dolor y pena, pero la emoción que más sobresalía de ellas era la culpa. Una corriente de lagrimas no dejaba de salir de sus cristalinos ojos y Dio entendió que aquello que iba a hacer le dolía en lo más profundo de su ser. Sin pensarlo liberó a Aoba de sus agarres y se hizo a un lado sin decir palabra alguna, se olvidó por completo de sus heridas y se quedó de pie a su lado. Colocó una mano en el hombro de Aoba, la apretó con firmeza y no la alejó hasta que el Tachyon estuvo en el aire.
—Lo siento… —susurró Aoba. Dio aun estaba a su lado por lo que fue capaz de escucharlo. Iba a responder, pero entonces una sacudida lo lanzó contra la parte trasera de la cabina.
El gemido de dolor que salió de su boca despertó los sentidos de Aoba. El misil había impactado contra la base de Tokio y la onda expansiva ya los había alcanzado, Aoba no podía ver nada pues la intensa luz cubría todo su campo de visión. Vio llamas acerarse con velocidad así que dirigió el valiancer fuera de su alcance lo más rápido que pudo. Cuando logró salir de la zona de daño observó a su alrededor, a lo lejos vio la nave del Cygnus y un dolor oprimió su corazón. No había mas naves en el aire.
—¡Ay! —Dio volvió a gemir de dolor. Aoba se puso en dirección al Cygnus, activó el piloto automático y se acercó a Dio.
—No te muevas —susurró Aoba. Con suma delicadeza tomó a Dio en brazos cuidando de no causarle daño y lo llevó hacia el asiento que previamente había reclinado hacia atrás. Lo depositó ahí con mucho cuidado casi inclinándose sobre él para no dejarlo caer—. Permanece quieto, ya casi llegamos a la nave —dijo muy cerca del rostro de Dio, a la altura de su oído.
Dio asintió con la cabeza sin atreverse a mirarlo de nuevo a los ojos. Recordaba cada palabra que le había dicho al estar tan enojado y una punzada de culpabilidad atacó su corazón. Aoba permaneció en la misma posición durante un tiempo, Dio podía sentir su respiración golpeando la base de su cuello, quería levantar el rostro, mirarlo y preguntarle lo que pasaba por su mente, pero no se sintió con las fuerzas suficientes para enfrentar su mirada. Entonces se percató que mantenía sus manos cerradas en puño sobre el pecho de Aoba aprisionando su ropa, se disculpó débilmente y lo soltó. Sintió como Aoba se retiraba de su lado con cuidado y una vez que estuvo seguro de que ya no lo tenía cerca, levantó su mirada. Lo vio mirándose las manos que estaban cubiertas de sangre, para después apretarlas con fuerza en un puño. Vio como el cuerpo de Aoba comenzaba a temblar mientras quedos sollozos escapaban de su boca y eso, sin saber por qué, le oprimió aún más el corazón. Desvió la mirada hacia el frente y deseó no haberlo hecho. Donde antes estaba la base ahora había un enorme circulo de aguas oscuras llenas de escombros, todo a su alrededor estaba destruido. El impacto había sido devastador y Dio supo que en este ataque habían perdido demasiado a comparación de lo que alguna vez pudieron ganar.
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—¿Cómo ha ido todo? —pregunto Matthew.
—Bien señor, la base de Tokio ya no existe y solo es cuestión de tiempo para que Japón responda al ataque —contestó Takano con toda seguridad.
—¿Creen que fueron los de Zogilia?
—Así es, mandamos algunos de los Beryl de Zogilia que tenemos para que previamente atacaran la base. Uno de ellos tenía órdenes exclusivas de matar a Mayuka Nasu y de ser posible a Dio Weinberg, era un modelo que necesitaba de dos pilotos.
—¿Esta muerta?
—Así es, el dispositivo indica que murió hace poco, antes de que el misil impactara y la señal de localización desapareció después del impacto.
—¿Por qué diste ordenes de matar a Dio Weinberg? —preguntó Matthew curioso.
—Mayuka Nasu sentía especial afecto por ese piloto —contestó Takano sin dar mas explicaciones.
—¿Qué paso con Jiang? —preguntó Matthew entendiendo a la perfección el trasfondo de la respuesta de Takano.
—Otro de los Beryl tenía la misión de encontrarlo, pero no lo logró.
—Ya veo. Ahora vete —ordenó Matthew dándole la espalda Takano.
—Con su permiso.
—Takano —llamó Matthew sin voltearse—, investiga como murió, quiero saberlo todo.
—Como ordene señor, con permiso.
Después de que Takano salió de la oficina de Matthew una sonrisa fría adornó su pálido rostro. Le había mentido a su jefe, pero no se arrepentía de ello, al contrario, estaba encantado. Takano no mandó ningún Beryl para buscar a Jiang. Al enterarse de su extraña desaparición en los radares, ingenió rápidamente un plan y fue así como sugirió mandar la bomba, si Jiang seguía vivo y había sido apresado, para después de la detonación seguro que ya no lo estaba. Mayuka Nasu en realidad no le importaba, pero sabia cosas y lo mejor era asegurarse de que muriera. Lo que a Takano realmente le importaba era que Jiang dejara de existir pues notaba en Matthew una especie de afecto por ese hombre y no le gustaba, aunque sabía que era su hermano. Había estado planeando maneras para deshacerse de él y al final resultó que lo único que tuvo que hacer fue convencer a Matthew de aceptar mandar la bomba. Una solución bastante inesperada a su parecer.
Ahora lo único que tenia que hacer era investigar como fue que su dispositivo dejo de mandar señales pues, a parte de ser una orden por parte de su jefe, le llenaba de curiosidad pues reconocía las habilidades de Jiang y no lo creía tan estúpido como para dejarse atrapar. Se pondría en ello una vez que comenzaran los ataques entre naciones. Estaba seguro de que su plan funcionaría y la guerra daría comienzo en cualquier momento, si no es que ya había comenzado.
Continuara.
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Nos leemos pronto.
