Capítulo II
Renuncio
Hermione se sentía traspasada por las miradas de sus compañeros. Leía en ellas sorpresa, incredulidad y envidia en prácticamente todos los rostros femeninos.
-¡Hermione! –habló estruendosamente Susan, una hermosa rubia que apretaba fuertemente su brazo- ¿en realidad estudiaste con esos tres Apolos? ¡Dios mío, son perfectos, prácticamente de otro mundo! –murmuraba mientras miraba la puerta con la esperanza que volvieran.
"No sabes qué razón tienes" pensaba la castaña tratando de recuperar su brazo.
-¡Que hubiera dado yo por tener unos compañeros como esos bombones, no sólo guapos sino también inteligentes!- comentó Marlen Collins, otra hermosa rubia que normalmente era muy seria pero ahora parecía una quinceañera con las hormonas alteradas. ¡Merlín, ni que hubiera vuelto a su época escolar cuando hasta sus compañeras de Gryffindor babeaban por Malfoy!
Hermione sintió que debía dejar las cosas en claro sino quería que antes de terminar la jornada hubieran rumores o posibles mal interpretaciones dentro del grupo de trabajo.
-Si quieren realmente saber- comenzó llamando la atención de todos- primero, me estoy enterando igual que ustedes quién es el dueño del Grupo Dragonet y los dueños de las otras dos empresas que asesoramos, es algo que nunca se había dicho. –Tomó aire y prosiguió- segundo, si bien fuimos compañeros de colegio no éramos cercanos sino todo lo contrario, ellos pertenecían a otro círculo social y no se mezclaban con el común de los alumnos por lo que estoy igual que ustedes e incluso me atrevo a aventurar que cualquiera tiene más opciones que yo.
-¿De verdad es todo cuánto nos puedes decir? –interrogó Marc Hammilton, un brillante abogado de medioambiente.
-No he sabido de ellos desde que dejamos el colegio y todos tomamos rumbos diferentes. Lo siento, pero no puedo serles de ayuda en lo que a Malfoy, Zabini y Nott respecta. Tendrán que conocerlos por ustedes mismos. –Y sin pronunciar más palabras abandonó la sala de reuniones.
Cuando salió del ascensor estaba tan pálida que su asistente la miró con preocupación.
-Querida, ¿te sucede algo?- la ansiedad en su maternal voz sólo incrementó la preocupación de Hermione ¿tan evidente era el estado en que había quedado tras su encuentro con los tres slytherins?
-Dame sólo unos minutos Maggie por favor- suplicó con la mirada y cerró la puerta tras cruzar al que hasta ahora había sido su santuario y su motivo de orgullo- ¿qué haré ahora?- se preguntaba angustiada mientras su ojos se detenían en un portarretrato que ocupaba un lugar de honor en su escritorio. Ahora daba gracias a Merlín por haber puesto esa fotografía actualizada antes de subir a la reunión y que nadie haya alcanzado a verla, sino simplemente todo su discurso habría sido una ridícula mentira. Bueno, mentira a medias.
Avanzó hacia el ventanal y en un momento de desesperación pensó que no sería malo probar tirarse del piso 25, pero descartó inmediatamente la idea, sólo estaba especulando estupideces.
Por primera vez la hermosa vista del centro de Londres no la llenó de plenitud y pensaba en cómo no hizo la relación antes. Pero ¿cómo podría imaginar que esos tres slytherins, orgullosos de la pureza de su sangre y de todo lo que representa el mundo mágico, ex mortífagos, estarían en la cima de la cadena alimenticia muggle? Recién ahora comprendía que en su afán de no ser descubierta bajó la guardia y no estuvo atenta en seguirle los pasos a su némesis del colegio ¡y ahora él era su jefe! Precisamente él, el motivo por el cual había abandonado el mundo mágico que tanto amaba, guardando celosamente un secreto que nunca debía ser desvelado por Draco Malfoy y sus amigos.
Sus ojos volvieron al porta retrato donde dos pares de ojos grises le devolvieron la mirada; dos pares de ojos grises que nunca la han mirado con desdén, repulsión, odio o altanería, sino siempre con un amor infinito e incluso adoración. Esos dos seres celestiales que son el motivo por el que se levanta cada día, por el que sonríe, lucha y vive; su universo. ¿Qué pasaría si Draco Malfoy se enterara de su existencia? ¿y si lo sabe? Pensó horrorizada. No, no era posible porque la trató con indiferencia, como una empleada más… tal vez un poco sorprendido de encontrarla pero nada más que eso, nada que acusara que le gustó verla o que le molestó, sólo una indiferencia que daba claras luces que lo sucedido entre ellos no tuvo importancia y que a la única persona a la que le cambió el mundo tras esa experiencia fue solamente a ella. Renunciaría, sí, eso haría decidió mientras se dirigía hacia su escritorio y encendía su computador portátil. De igual forma dudaba que las serpientes la desearan en su staff, menos aún la serpiente más poderosa y fría que había conocido en su vida. El príncipe de las serpientes ¿Para qué darles el lujo de que la despidan si ella también podía marcharse?
Redactó un breve texto poniendo su cargo a disposición por motivos personales y lo imprimió para firmarlo y acomodarlo en un sobre. Debería adelantar pendientes y si Malfoy no la echaba a patadas antes del viernes podría dejar todo en orden para quien ocupara su lugar. Sus ojos volvieron al porta retrato donde dos rostros de seis años sonreían a la cámara en las recientes vacaciones al mar. "Todo irá bien" dijo con voz entrecortada a los pequeños de la foto "mientras estemos juntos siempre estaremos bien, se los prometo".
Movió con fuerza la cabeza para despejarse y revisó su agenda electrónica para ordenar sus citas y reorganizar sus pendientes. Estaba tan concentrada en lo que hacía que dio un salto cuando oyó el timbre del teléfono y tras corroborar el anexo una nube negra o más bien de mirada gris, se posó sobre su cabeza.
-Camile- contestó la castaña con voz apagada.
-¡Hermione!- la voz al otro lado de la línea había perdido totalmente la compostura.
-Te estoy escuchando Camile, ¿en qué puedo serte útil?- preguntó con cordialidad aunque ya se imaginaba de qué o de quién era el encargo de llamada.
-Hermione, el señor Malfoy dice que a las cuatro estés en su oficina- sino fuera porque la secretaria era una mujer hermosa y escultural que normalmente la miraba con una fría amabilidad Hermione hubiera pensado que su voz contenía un dejo de envidia.
-Está bien Camile, gracias, estaré allí a las cuatro.
Volvió a colgar el auricular y llevó sus manos a la cara. Por lo visto no llegaría al viernes, así que lo mejor era hacer una pauta bien estructurada de los temas que estaba viendo y el estado de avance de cada uno de ellos. Antes hizo una llamada a su madre para que vaya a retirar a sus hijos al colegio y los lleve a su casa mientras ella salía. Cuando hablaba sus ojos seguían fijos en la fotografía de sus hijos gemelos, aquellos que hace más de seis años engendró en su último año en Hogwarts y de cuya existencia un rubio platino que ahora se encontraba un piso sobre ella no tenía la menor idea.
No había pasado más de media hora de especulaciones entre los amigos cuando decidieron prender la computadora portátil de Draco y acceder a la base de datos donde se encontraban almacenados los currículums de todos sus empleados. A los tres le fascinaba la computación, era uno de los mejores inventos muggles además del automóvil y por supuesto pronto aprendieron a sacarle el mejor de los provechos. Para Draco era una fuente de conocimiento incalculable sobre este mundo y un perfecto guardián de sus secretos, más aún con toda la tecnología implementada por las empresas de Zabini y la protección mágica adicional que dieron a cada uno de ellos.
Blaise y Theodore se ubicaron a cada uno de sus costados y si inclinaron para observar mejor el monitor mientras Draco accedía al sistema. Pronto vieron aparecer el rostro sonriente de Hermione Granger y debieron reconocer que el paso del tiempo estaba siendo bastante generoso con la bruja. La fotografía no mostraba más que la parte superior del cuerpo de la castaña, la cual llevaba el cabello sujeto en un moño ejecutivo y unos cuantos rizos rebeldes enmarcando su rostro.
-Mmmm… buena foto – dijo Nott mientras leía en voz alta los datos curriculares- soltera, por cumplir 26 años, cursó derecho en Oxford y se tituló con honores hace aproximadamente dos años… notas máximas lo cual no es raro tratándose de ella- continuó leyendo y pasando la vista con rapidez hasta que algo llamó su atención- ¡vaya! –exclamó haciendo que Blaise lo observara y fijara la vista en la línea que señalaba su amigo.
-¡No lo puedo creer!- expresó incrédulo el moreno. Sus ojos verdes no se despegaban del punto señalado por su amigo y luego soltó una exhalación. –Así que nuestra heroína nacional es madre ¿se habrá enamorado de un muggle y por eso dejó el mundo mágico?
-Atkinson la presentó como Hermione Granger, lo que significa que no está casada- razonó Nott .
-O puede estar separada y haber retomado su apellido de soltera –especuló Zabini- ¿qué opinas Draco?
El platino se quedó observando el rostro que le devolvía la mirada desde el monitor y luego apartó el notebook hacia un lado del escritorio. Su rostro se mostraba impasible pero un breve entrecierre de ojos les señaló a sus amigos que la noticia lo tomaba con igual sorpresa e incertidumbre que ellos.
-La vida privada de Granger no es un asunto nuestro –habló por fin- lo que nos interesa es su potencial laboral el cual debe ser excelente si consideramos de quien hablamos.
-La pregunta mi querido Draco es si tú estás dispuesto a trabajar con ella –preguntó Zabini mirando fijamente a su amigo- después de todo nunca nos llevamos bien, principalmente tú –añadió con el ceño fruncido.
Draco se levantó con su elegancia innata y se situó frente al ventanal dándoles la espalda a sus amigos y mirando sin ver a través del impoluto vidrio. ¿Podría trabajar con Granger? ¿Había pasado el tiempo suficiente para que ambos maduraran y pudieran dejar todo en el pasado? ¿estaría ella dispuesta a trabajar con él? Un recuerdo relegado muy al fondo de su mente comenzó a hacerse espacio y se obligó a enviarlo de vuelta a su lugar. Sintió la mirada fija de sus amigos esperando respuesta, pero la verdad era que no tenía claro qué rumbo tomaría esta particular "situación laboral".
-Si lo vemos objetivamente, la presencia de Granger puede significar muchos beneficios para nosotros –su voz grave era firme y sin emoción- es una brillante abogado en el mundo muggle y además como bruja tiene conocimiento del mundo mágico. Si le sumamos que es la gran heroína de guerra nuestras ventajas e imagen mejorarían más aún. – Se giró lentamente para enfrentar a sus amigos- pero esos son nuestros beneficios, sólo falta ver si a ella le resultan igual de interesantes y si puede dejar el pasado atrás para enfocarse en el trabajo.
-Granger es una carta de triunfo si podemos concentrarnos sólo en el trabajo –comentó Nott más para sí mismo que para el resto.
-Bueno, a pesar que el tiempo la ha puesto muy guapa creo que puedo concentrarme sólo en lo laboral –bromeó Zabini- aunque si ella quisiera…
Nott sonrió abiertamente ante el comentario pero observó que Draco no lo hizo. Es más, bajo su pose fría pudo notar por una fracción de segundo el brillo metálico de sus ojos mirar a Blaise con molestia, pero fue tan breve que si no lo conociera tan bien cualquiera diría que pudo imaginarlo.
-Creo que lo mejor es que avancemos en otros temas –sugirió Draco dirigiéndose a su escritorio- todas nuestras dudas se aclararán en unas cuantas horas.
La mañana transcurrió rápidamente mientras ultimaban detalles y coordinaban agendas de trabajo para los próximos tres meses. La realidad es que a pesar de la crisis económica que afectaba a Europa, esta parecía no haber afectado las empresas de los jóvenes y en el mundo mágico la situación no era diferente. Sus negocios les daban millonarias ganancias anuales, poseían empleados fieles que hacían un trabajo más que satisfactorio; el actual ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, les había ofrecido puestos en los departamentos de economía y relaciones internacionales que ellos denegaron gentilmente, aunque no por ello dejaron de prestar asesorías cuando les eran requeridas. Todo esto conllevaba a que debían equilibrar su presencia en ambos mundos, de tal forma de no perder el control de sus negocios y por ello su apoyo conjunto era fundamental. La soberbia, alcurnia y riqueza los unió siendo niños y ahora la tragedia, el dolor y la supervivencia los convirtió en familia. Si bien conservaban todas las características de un buen slytherin ahora se sumaban algunos rasgos gryffindors que ni bajo una maldición imperio reconocerían. Antes de partir a almorzar, Blaise y Theo se acomodaron en sus respectivas oficinas, tan grandes y espaciosas como la de Draco, solicitando pequeños cambios en el caso del primero.
Dentro de las decisiones tomadas aquella mañana, habilitar el espacio para que Pansy se instale cuanto antes era primordial. Draco sonrió socarronamente al pensar la cara de sorpresa que pondría Granger cuando la viera.
-Señor Malfoy, Hermione Granger acaba de llegar.
Los ojos grises se fijaron en los azules de Theo y sin despegar la mirada respondió por el aparato –guíela hacia aquí.
Acomodó su bien formado metro noventa y tres en el sillón de cuero tras su escritorio y elegantemente posó el tobillo de su pierna derecha sobre la izquierda esperando la llegada de su antigua némesis. Cuando sintió el golpe en la puerta y dio la autorización de ingreso esta se abrió y dejó pasar una vez más a la secretaria y tras ella una castaña de no más de un metro sesenta y seis de estatura y enfundada en un elegante traje sastre negro que se amoldaba perfectamente a su figura.
-Gracias Camile, puedes retirarte- dijo sin retirar la mirada de la castaña y la mujer abandonó la oficina.
Granger pareció titubear en la puerta observando todo a su alrededor y tras recorrer a los jóvenes con sus ojos color miel cuadró los hombros enderezando su postura y acortó distancia entre todos ellos. Mientras avanzaba Draco observó que su mano izquierda llevaba firmemente sujeto un sobre blanco.
Hermione esperó que la puerta tras ella se cerrara y miró rápidamente el interior de la oficina de Malfoy en su busca y lo ubicó tras un imponente escritorio al fondo, junto al gran ventanal. Pensó que sólo estarían ellos dos y que el despido sería breve y poco humillante. Pero otra rápida mirada la sacó de su error al divisar a Nott y Zabini. Si algo le reconocía a esos tres era su caballerosidad, no importaba que seas su enemiga y o su mejor amiga, ellos jamás perdían la clase y como buenos sangre pura de excelentes modales los tres se pusieron de pie en cuanto ella se acercó.
Su visión regresó automáticamente al rubio que tomó asiento en el gran sillón de cuero observándola, por lo que no sabía dónde debía ubicarse ella. En la reunión quedó muy claro que Draco Lucius Malfoy es su jefe y que Nott y Zabini son clientes adicionales, por lo que finalmente resolvió saludar con una inclinación de cabeza a los dos últimos y continuar hasta el gran escritorio de ébano.
Estaba asustada, frustrada y también sentía ira por lo injusta de la situación. Amaba ese trabajo y ahora debía dejarlo; tanto tiempo, tantas horas dedicadas se iban por el caño. Pero si algo no iba a hacer era demostrarle a ese rubio con cara de ángel y cuerpo del David de Miguel Ángel todos los sentimientos que la atrapaban en esos momentos. Por eso y a medida que se fue acercando más a él hizo gala de su valentía gryffindor y fijó su mirada en esos ojos grises que ahora se veían fríos mientras la evaluaban, aunque ella sabía que cambiaban de color hasta tornarse plata líquida o un gris tormentoso dependiendo sus sentimientos.
-Granger- dijo esa voz baja y grave, tremendamente masculina. ¡Merlín! ¿Es que ese hombre no tenía nada imperfecto? Sin duda la madre naturaleza pasaba por un buen momento cuando sus padres lo engendraron y se dedicó a concentrar atractivo, belleza, masculinidad e inteligencia en exceso en una sola persona: él.
-Malfoy- respondió declinando con la cabeza la indicación de tomar asiento que el rubio le hizo mientras él volvía a acomodarse en su sillón. –Creo que no son necesarias tantas formalidades para algo evidente por lo que te facilitaré las cosas- señaló extendiendo hacia el platino la mano en la que tenía el sobre y quien tuvo que estirar el brazo para recibirlo.
Si bien intuyó que Malfoy sabía de qué trataba su contenido lo vio extraer la hoja pulcramente doblada en su interior. Se tomó toda la calma del mundo para leer lo allí escrito y después observarla con una ceja levantada. Hermione no sabía qué pensar mientras el rubio tiró el papel sobre el escritorio y se recostaba cómodamente apoyando los codos en braceras del sillón y entrelazaba sus grandes manos de largos y estilizados dedos pálidos.
-¿Así que renuncias?- dijo sin más.
Hermione sintió que su nuca era taladrada por los otros dos slytherins, quienes como buenas serpientes permanecieron en silencio mientras llegaba su hora de atacar.
-Eso es lo que dice el papel por si no lo leíste bien- los ojos color miel se posaron en las orbes grises que ahora brillaban oscuras, con sus intenciones veladas tras las largas pestañas rubias imposibilitando leer sus pensamiento. Pero la leona había tenido el tiempo suficiente para procesar y asumir su decisión por lo que se mantuvo estoica de pie frente a él.
-Bueno, supongo que las diferencias irreconciliables que señalas en tu renuncia son para encubrir que te queda grande el puesto- comentó el platino sin dejar de observarla.
-¿Cómo dices?- su voz se elevó varios decibeles y sus manos se apoyaron sobre el pulcro escritorio negro en clara muestra de reto. Un bucle escapó de su perfecto y ejecutivo rodete en el que llevaba acomodado el cabello y ella lo soplo con ira.
-Lo que oíste Granger, creo que simplemente a pesar que posees la inteligencia y el carácter para estar en mi equipo de trabajo te vales de nuestras diferencias escolares pasadas para excusarte- de un rápido movimiento el rubio se puso de pie e imitó su postura en el escritorio dejando poca distancia entre ellos. Dado su altura la castaña debió levantar la vista para mantener el contacto visual.
-Tú no quieres trabajar conmigo.
-Yo no he dicho nada Granger, tú lo asumiste sola.
-Por algo me llamaste hoy y no esperaste citarme junto a mi equipo de trabajo como comentaste en la junta –contraatacó la castaña.
-Madura Granger, somos excompañeros de colegio y descubrimos al mismo tiempo que trabajas para mí – el rostro del slitheryn se fue acercando y su voz acerando- es bastante obvio que era necesario establecer las condiciones de trabajo contigo en particular, sobre todo por nuestra historia pasada.
Las últimas palabras produjeron que la castaña se ruborizara notablemente y si bien era consciente que el rubio se refería a sus tiempos de odio no pudo evitar que su rostro ardiera aún más cuando ella trajo a su mente otros recuerdos.
-Por supuesto que he madurado Malfoy y no tengo dudas sobre mi capacidad sobre el trabajo que realizo para tu empresa, simplemente asumí que para ti, mejor dicho para ustedes, no soy la mejor opción de empleada –argumentó sin moverse un centímetro, ni siquiera cuando la golpeó la esencia mentolada y con toques a sándalo y madera que impregnó sus fosas nasales.
-Estamos hablando de trabajo Granger y tú, hasta donde recuerdo, eras una mujer inteligente que al parecer, y por los comentarios de Atkinson, eres un buen elemento. Sólo eres una empleada, no es que te vaya a tener trabajando sentada en mi escritorio o en mis piernas- comentó con ironía- pero como dije- se enderezó y tomó la hoja con su renuncia- si el puesto te queda grande y te quedaste en el pasado…
Sus palabras provocaron que la sangre de la castaña hirviera hasta el punto de ebullición y que su amor propio tomara posesión de su razón. Sin dudarlo rodeó el escritorio y se paró frente a la odiosa serpiente arrebatándole de un tirón el papel que nuevamente sostenía en su pálida mano.
-El puesto no me queda grande Malfoy, si va a primar la madurez a la que aludes no tengo problemas en permanecer aquí- su voz se mantuvo firme al igual que su mirada sobre el rubio.
-Pues sé consecuente y no tendremos problemas- sentenció el platino.
-Pues así será- aseguró la chica.
-Bien.
-Bien- repitió y se alejó nuevamente para ubicarse al otro lado del escritorio- si eso era todo me retiro, tengo muchos pendientes y debo llegar a tiempo a casa.
-No es todo Granger- Draco se levantó del sillón y extendió la mano indicándole que se sentara en uno de los sillones junto a Theo y Nott mientras que él también se dirigía hasta ahí.
Como los otros dos ocupaban los sillones individuales se acomodó en el extremo derecho del de tres cuerpos y Malfoy se ubicó a su lado, cruzando masculinamente y con elegancia el tobillo derecho sobre la rodilla izquierda. ¡Merlín! a falta de un hombre guapo estaba con tres y cuando observó a Nott y Zabini, se sorprendió al descubrir que le sonreían sinceramente.
-Granger- comenzó Nott mientras se inclinaba hacia delante y cruzaba los dedos de sus maños con los codos apoyados en sus rodillas- como bien expresó Draco para todos fue una sorpresa encontrarnos hoy contigo; comprendo tu desconfianza pero como dicen los muggles ha pasado mucha agua bajo el puente desde que estábamos en el colegio. Todos hemos madurado después de la guerra y todos tenemos nuestros demonios y cargas que arrastramos tras ella. Has estado involucrada en nuestros negocios sin saberlo, pero eres consciente que hemos invertido tiempo y esfuerzo en convertir algo sólido y una buena fuente de trabajo para muchas personas.
Hermione se perdió en la sinceridad de las palabras de Nott y sus ojos se clavaron en los azules mientras procesaba sus palabras; no podía dejar de desconocer la verdad tras ellas. Era consciente que eran empresas serias, muy apegadas al marco legal y que los empleados eran bien remunerados y tratados con respeto; ella misma adoraba trabajar en esa empresa. Asintió lentamente y redirigió su mirada a Zabini cuando este continuó apoyando el discurso de Nott.
-En el mundo mágico nuestros negocios no distan de lo que hacemos aquí. No sé qué tan conectada estás a nuestro mundo, pero debes saber que allí también nuestras empresas han florecido y que en la medida de lo posible hemos redimido nuestros errores pasados.
Hermione asintió, si bien había renunciado al mundo mágico no estaba totalmente alejada de él, siempre mantuvo el contacto con Harry, Ron, todos los Weasley, Luna y Neville. De hecho, dado lo temprano que sus hijos manifestaron sus poderes mágicos los llevaba frecuentemente a la madriguera donde podían ser ellos mismos y no sentirse perdidos ni bichos raros como le había sucedido a ella en su infancia. Ahí había oído a Arthur Weasley comentar sobre el avance de Malfoy y cómo admiraba el trabajo que esos tres exmortífagos en particular estaban realizando para sobreponerse a su pasado.
-A lo que queremos llegar Granger- apuntó Malfoy- es que como bruja no sólo eres un excelente elemento para nuestras empresas muggles sino también mágicas.
Silencio. Hermione abrió los ojos y miró a los tres magos impresionada, como si le hubieran puesto a la serpiente de Voldemort adelante y le pidieran que la acariciara.
-Yo estoy alejada del mundo mágico, no deseo mayor atención sobre mí que la que hubo después de la guerra- comentó mientras imágenes sobre posibles publicaciones en El Profeta o en Corazón de Bruja tratando de averiguar sobre su vida se agolparan en su mente. Los niños, tenía que proteger a sus niños. -Además- continuó más para sí misma pero perfectamente audible para los slytherins- sólo permaneceré unos pocos años más en Inglaterra.
Tres pares de ojos se centraron curiosos sobre ella, totalmente descolocados con esa información. ¿Estaba ella huyendo de algo o de alguien? ¿y qué hacían Potter y Weasley frente a la decisión de su amiga?
-Podemos evaluar todo esto con calma. Tómate tu tiempo- dijo Draco fijando sus ojos grises en el perfil de la chica sentada a su lado, tratando de frenar la enorme curiosidad que lo embargó y sobre todo, de autoimponerse el no utilizar la legeremancia para saber lo que sucedía. Hermione Granger no era una bruja débil y podría darse cuenta de la intrusión a su mente.
Hermione afirmó lentamente y murmurando un hasta luego a Malfoy que repitió a Nott y Zabini se levantó con calma y caminó erguida hasta la puerta que se contuvo de golpear violentamente al salir. ¿Qué había pasado allí dentro? Entró pensando en encontrarse en una situación y salió totalmente envuelta en otra. Perdió su oportunidad de huir sin levantar sospechas y ahora se encontraba literalmente entre la serpiente y la pared. ¿Qué la hizo aceptar continuar ahí? Reconocía que era un empresario brillante y que siempre había admirado las directrices que recibían y las soluciones recomendadas frente a problemas que Atkinson no había sabido manejar. Sin saberlo, llevaba dos años admirando la inteligencia y sagacidad de Draco Malfoy. ¡Que Merlín la ayudara!
Recorrió el pasillo con el cuerpo tenso y los puños apretados y sólo se detuvo frente al escritorio de Camile para despedirse cortésmente. En lugar de tomar el ascensor bajó por las escaleras el piso que separaba su oficina de la de Malfoy y recorrió en silencio el corto trayecto dedicándole una sonrisa vacía a su asistente.
Una vez en su escritorio se dejó caer en el sillón de cuero y nuevamente repasó la corta entrevista con su "jefe". Su vista se posó en el porta retrato de sus hijos y luego se cubrió el rostro con las manos. Tal vez había perdido la oportunidad pero eso también significaba que estando cerca de Malfoy estaría al tanto de sus pasos y podría prever cualquier circunstancia de riesgo. Él estaba más cerca que nunca de sus hijos ¿y acaso no es cierto que lo que cuesta más ver es precisamente lo que tenemos al frente? si de algo estaba segura era que si ellos querían que también estuviera en el mundo mágico se encargarían que su privacidad estuviera resguardada. Esa sería su única condición.
