Entre reuniones y Mini Malfoys
Se encontraban en la gran sala de reuniones del piso de las serpientes, como había bautizado Hermione al piso 26 hace un día atrás. Draco se encontraba en la cabecera de la gran mesa y al igual que el día de su llegada, Nott y Zabini se ubicaron a su derecha e izquierda respectivamente. En esta oportunidad se sumaba Pansy Parkinson, la cual dejó literalmente con la boca abierta a los cinco varones que conformaban el Departamento de Leyes Económicas y Política Internacional, incluyendo su primo Graham. Hermione no pudo más que darles la razón. Ese día Parkinson llevaba un terno color damasco cuyo pantalón de caída un poco más ancha desde la rodilla no sólo dibujaban sus bien torneadas piernas a la perfección, sino que las hacía parecer kilométricas; al conjunto se sumaba una blusa de seda color hueso cuyo escote se mezclaba perfectamente con el de la chaqueta antes de la entrada al pecho, sin caer para nada en la vulgaridad. La castaña al verla llegar ni siquiera quiso imaginar lo que pensarían de su simple pero sobrio traje pantalón negro, el cual bajo la chaqueta sólo tenía un top de seda color mandarina que asomaba antes de iniciar el cruce de botones, también a la altura del busto.
Por su parte, salvo su primo, los restantes cuatro hombres se vieron un tanto cohibidos con la elegancia de las serpientes. Acostumbrados a los sobrios aunque elegantes ternos del señor Atkinson, la alta costura de los trajes hechos a la medida que vestían los tres jóvenes empresarios y el atractivo natural de cada uno de ellos, los hizo sentir claramente incómodos. Hermione sabía que Graham era consciente de ser un hombre atractivo y desde pequeño fue seguro, pero sin caer en la vanidad; aunque ambos fueron al mismo colegio en su educación primaria, tras su partida a Hogwarts sus tíos lo trasladaron al mejor colegio que el dinero puede pagar; a diferencia de los padres de Hermione que tenían un buen pasar, su tía Emily provenía de una familia adinerada. Sin embargo, su primo no sólo contaba con clase y buena apariencia, sino con una inteligencia que le había hecho ganar con creces su puesto en Dragonet.
Volvió su atención a Benjamin Russell, jefe de su departamento, quien comenzó las presentaciones formales del equipo de trabajo. Por ser la única mujer lo escuchó iniciar con su nombre, para continuar con sus logros académicos y posgrados realizados, que no eran pocos; posteriormente continuó con Graham, quien además poseer un doctorado en economía contaba con otro en Responsabilidad Social Empresarial (RSE), para luego proseguir con John Taylor, Paul Thomas y Michael Scott. Mientras los iban presentando fueron saludados con una educada inclinación de cabeza por las serpientes y luego comenzó de lleno la reunión.
Todos quedaron impresionados del claro conocimiento que los slytherins presentaron de los temas expuestos, principalmente Draco, quien no sólo ya sabía los nombres y currículum de cada uno de ellos, sino que realizó preguntas tan agudas que llegó un punto de la reunión donde existió un claro cruce intelectual entre él, Graham y ella. Sus preguntas eran perspicaces, directas y escuchaba atentamente los argumentos de cada uno de ellos a medida que, de vez en cuando, tomaba notas de puntos que le parecieron interesantes. Fueron dos horas y media que a Hermione le parecieron sólo minutos; hacía mucho que no participaba de una reunión intelectualmente tan motivadora y Graham parecía estar igual que ella, lo notaba por la cantidad de apuntes que había tomado y por la sonrisa de satisfacción en su rostro. Cuando Benjamin Russell apagó el proyector y apretó el botón para la apertura automática de las cortinas, existía un silencio meditativo en todos los presentes. Las serpientes se mostraban satisfechas y el equipo de trabajo motivado y a la vez preocupado de la capacidad y conocimiento tan poco común demostrado por el presidente de la compañía y sus amigos. Normalmente y según conversaciones con pares de otras empresas, los directores y presidentes sólo se abocaban a números y resultados, rara vez estaban tan implicados en los procesos.
La percepción de Hermione se vio confirmada cuando Graham se acercó a ella y le murmuró al oído:
-Esta es una de las mejores reuniones que he tenido desde que llegué a Dragonet y eso es decir mucho.
Hermione le sonrió de vuelta y también le respondió por lo bajo.
-Pues te verás muy sorprendido de ahora en adelante porque estos tres son brillantes. Salvo el último año, durante mi estadía en Hogwarts tuvimos muy pocas clases en común y aunque todos pensábamos que a los slytherins sus padres les pagaban las notas, la verdad es que de todos los miembros de esa casa, los que tienes aquí sentados son los más brillantes. Y aunque me duela reconocerlo, en Gryffindor sobra la valentía, pero en Slytherin sobre la astucia.
Observaron a su alrededor y se percataron que el resto del equipo intercambiaba opiniones con Malfoy, Nott y Zabini, tratando de dejar una mejor impresión a lo ya presentado, por lo que los primos continuaron con su charla privada hasta que fueron interrumpidos por Pansy Parkinson.
-¡Granger! Debo decirte que tus intervenciones en esta reunión me dejaron impresionada, al igual que las de…- hizo una pausa esperando la presentación del joven rubio.
-Graham Puckle- respondió extiendo la mano para saludarla caballerosamente.
-Como dijo Draco, soy Pansy Parkinson, la asistente personal de todos ellos. Llámame Pansy, por favor- Hermione arqueó una ceja ante la desfachatez de la serpiente.
La morena le sonrió agradablemente y comenzó una conversación trivial pero no menos inteligente sobre lo expuesto. La verdad es que su motivación para ir hasta ellos fue la clara cercanía, incluso familiaridad con la que esos dos se comportaban. Durante la exposición había reparado en la alianza matrimonial que el atractivo rubio lucía orgullosamente, sin ánimos de esconderla como había presenciado en las otras reuniones sostenidas el día anterior y donde varios hombres casados ocultaban la mano después que la presentaran; pero en los últimos minutos había observado que la proximidad con la que hablaban rompía el espacio personal y lo normalmente considerado profesional.
Graham estaba tan concentrado respondiéndole a Parkinson el cómo había ingresado a Dragonet que ninguno de ellos se percató cuando los otros tres jóvenes se acercaron a participar de la conversación. Hermione lo supo cuando un exquisito aroma a sándalo y madera con la frescura de la menta invadió sus fosas nasales, incluso antes que Malfoy se situara a su lado; un aroma tan extraño y a la vez familiar y sobre el cual anteriormente no había reparado debido a la tensión en sus tres encuentros anteriores.
-¿Jane?- oyó preguntar conjuntamente a la morena, Nott y Zabini.
-Es verdad, ustedes le dicen Hermione- aclaró Graham.
-En realidad me dicen Granger- intervino Hermione.- En el colegio donde estudiamos en Escocia lo normal es tratarse por los apellidos, los nombres de pila sólo son utilizados en el círculo de confianza- la observación la hizo porque en lo sucesivo su primo iba a escuchar mucho su apellido y, además, para que aprovechara la oportunidad de establecer el trato de sí mismo con los jóvenes ejecutivos.
-En nuestro entorno resulta un poco incómodo llamar por los apellidos, por lo que les agradecería me señalaran si también debo dirigirme a ustedes de esa forma; a excepción de Pansy, claro, que me pidió que la llamara por su nombre de pila- Graham recorrió con la mirada a cada uno de ellos esperando su respuesta.
-Hasta el momento, con quienes nos hemos entrevistado anteriormente se dirigen a nosotros como señor Zabini- aclaró el moreno- lo miso con Draco y Theodore, pero… me agradas, así que puedes llamarme Blaise- y extendió su mano para estrecharla con el rubio.
-Lo mismo digo, llámame Theodore- corroboró Nott haciendo el mismo gesto con la mano- ¿Graham, verdad?
Su primo sonrió amistosamente y estrechó la mano del castaño. Sin embargo, al momento de posar sus ojos en Malfoy, este parecía estarle haciendo una radiografía y evaluando cada uno de sus gestos; finalmente le extendió su mano y movió la cabeza afirmativamente.
-Puedes llamarme Draco.
El ingreso del personal del departamento de Legislación Laboral interrumpió el intercambio de los jóvenes.
-Jane es hora de marcharnos- dijo tomando su laptop y esperó que ella hiciera lo mismo con el suyo.
Tras saludar a la rápida a sus colegas recién lleg ados, los primos abandonaron la sala de reuniones bajo la atenta mirada de las serpientes.
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Sentada ante el gran ventanal de su oficina, Hermione no podía creer que habían pasado tres meses desde que Malfoy y sus amigos se establecieron en el mundo muggle. ¡Tres meses sin ningún percance y todo debidamente controlado! Tal como las serpientes lo predijeron, su vuelta al mundo mágico generó toda una revolución. Tuvo que leer titulares como "¿Traición de la chica dorada al elegido?" o "Amor entre la heroína y exmortífago: ¿Cuál de los tres atrapó el corazón de Hermione Granger?" o "¿Por qué desapareció Hermione Granger?". Tanto El Profeta como Corazón de Bruja y otros medios cotillas sacaron un sin número de reportajes especulativos que complementaban con entrevistas a Harry, Ron y los Weasley tratando de que corroboraran algún desagrado ante la posición de Hermione en las empresas Malfoy, pero todos, incluyendo a Harry, Ron, los Weasley en pleno y Luna Lovegood, se apegaron a la versión que estuvo estudiando en el extranjero y que se unió hace poco al equipo de trabajo; de hecho y en un arranque de ira Harry increpó a Rita Skeeter a la salida del Ministerio luego que le preguntara si su amiga se había involucrado con "los solteros" más codiciados del mundo mágico para trepar socialmente, haciendo vista gorda que todos ellos fueron mortífagos. Sin duda el hecho que Harry le indicara a viva voz y ante presencia de varios medios extranjeros que al parecer ella era la única que se había quedado en el pasado y que utilizaba su puesto en El Profeta para mantener odiosidades y no dejar avanzar a la comunidad mágica tras la segunda guerra, a Skeeter no le quedó de otra que bajar el tono a sus artículos y acosos. Luego de ese intercambio, a pesar que continuaban las noticias sobre ella, ahora estaban apegadas a la realidad de su asociación laboral con Draco Malfoy, con quien más se le veía en sus asistencias al mundo mágico.
Miró el portarretrato de dos niños castaños con ojos miel que le devolvían la mirada en su escritorio y suspiró. El cambio en los rasgos obedeció a una visita de Pansy Parkinson a su oficina a quien le llamó la atención que no tuviera fotos de sus hijos. Fue una pregunta aparentemente sin maldad, pero no menos cierta ¿qué madre no tenía siquiera una foto de sus hijos? Por eso al día siguiente llegó con el portarretrato que había quitado a la llegada de Malfoy y al cual aplicó un hechizo glamour para encubrir la verdadera apariencia de sus hijos; no sólo cambió el color de ojos y cabellos, sino que dio más redondez a las facciones. Zabini y Nott también habían visitado su oficina y tras echarle un vistazo y felicitarla por los niños no hicieron mayor comentario. Quienes no estuvieron nada de feliz fueron Graham y luego Ron y Harry cuando fueron a visitarla; y es que contra toda lógica, los magos adoraban a sus ahijados a pesar de lo "Malfoy" que ambos eran y esos extraños del cuadro no le hacían justicia. Graham por su parte se vio obligado a retirar de su oficina las fotografías en las que salía con los niños y mantener sólo en las que figuraba con su esposa; se negó rotundamente a poner otra imagen que no sea la real de sus pequeños.
En cuanto al mundo muggle, su agenda tenía salidas con las serpientes, sin embargo, estas no eran tan seguidas ya que lo hacían con Edward Atkinson o un miembro del equipo designado por el jefe de departamento correspondiente. Aún así, cada semana Parkinson le enviaba la agenda de los tres slytherins para que la coordinara con la propia y preparara el material para las presentaciones; el hecho que no asistiera no implicaba que no tenía que estar al tanto y capacitada ante cualquier eventualidad. Rara vez había tenido que dormir fuera de Londres y, cuando no tenía otra opción, los niños se quedaban con sus padres o con los Puckle. Concluyó que fue un verdadero acierto mantenerse junto a Malfoy ya que sus negocios y su posición como presidente lo llevaban a estar fuera de Londres incluso semanas y para qué decir de todas las actividades y seguimiento en el mundo mágico. Si todo continuaba así, los temores de todos sus cercanos habían resultado infundados. Por ejemplo, ahora mismo, llevaba 15 días en Latinoamérica acompañado de Graham y un abogado del departamento de legislación laboral. Al parecer a Malfoy le interesaba interiorizarse de la regulación de al menos tres países antes de iniciar proyectos e inversiones en alguno de ellos. ¡Serpiente precavida!
Cuando le comunicaron que debía acompañar al equipo se había entusiasmado inicialmente, pero cuando Scorpius contrajo un rotavirus y al día siguiente Antares presentó los mismos síntomas le tuvo que pedir a Malfoy que la excusara ya que podría contagiar a la comitiva al ser un cuadro viral. Si bien les dio una poción para curar el cuadro igual debió permanecer en Inglaterra ya que varios compañeritos de los gemelos se contagiaron al mismo tiempo y hubiera sido extraño que ellos mejoraran tan pronto y más aún, que su madre se fuera de viaje estando ellos supuestamente enfermos. Y ahora se encontraba mirando con ansias su computador esperando algún mensaje en su skype por parte de Graham o Malfoy, comunicando los avances o solicitando información. Lo que más la fastidiaba era reconocerse que cuando esa serpiente en particular no estaba cerca no existía tanta emoción en su día. ¡Qué estupidez! ¡Extrañar a Malfoy!?.
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Pansy Parkinson odiaba saltarse el horario laboral. No estaba en ese puesto solamente por ser la mejor amiga de Theo, Blaise y Draco, sino porque realmente lo disfrutaba, era un reto diario estar detrás de esos hombres inteligentes y audaces que no se frenaban al momento de encontrar un nuevo desafío. Y ahora estaba adaptándose a un mundo cuyos avances tecnológicos la tenían fascinada y que facilitaban tanto el desarrollo de su trabajo. Amaba la computación y más aún su celular y disfrutaba todas las modificaciones hechas por las empresas de Blaise para hacerlos compatibles en el mundo mágico. Sin duda los muggles tenían inventos geniales que la tenían adicta. También gozaba la moda, el cine y obviamente las tiendas exclusivas de Oxford Street y Hyde Park. Y es precisamente en el último lugar donde se encontraba ahora, esperando a Astoria Greengrass quien, en su afán de convertirse en la señora Malfoy, había cruzado los límites del mundo mágico y quería adquirir un guardarropa muggle que le permitiera deambular sin llamar la atención. Pansy bufó. Está bien, Astoria y Daphne fueron sus amigas en Hogwarts y ellas nunca rechazaron a Draco, no tenía nada en contra de ellas, pero no por eso perdonaba al padre de las chicas por haber despreciado públicamente a su amigo y sólo porque ahora nuevamente era un joven adinerado y que estaba limpiando su imagen resultaba ser "un hombre digno de su hija menor". ¡Viejo bastardo e interesado!
Miró la hora en su fino reloj Cartier y arrugó el ceño porque la bruja llevaba más de 15 minutos de atraso. Esperaría otros 10 y si no llegaba se marcharía y luego le enviaría una lechuza disculpándose. Estaba frente a la vitrina de Harrod's cuando una mano se posicionó en su hombro derecho. Al girar se encontró con los hermosos rasgos de Astoria Greengrass, quien tenía sus normalmente blancas mejillas muy sonrojadas y una perla de sudor asomaba donde iniciaba su sedosa cabellera rubia.
-Lo siento querida- dijo mientras inspiraba en busca de aire- el taxi me dejó a la vuelta y tuve que correr para alcanzarte- recorrió la estructura de la lujosa tienda y pareció encantada con lo que vio. –Veo que los muggles también tienen edificaciones que vale la pena admirar ¿es buena esta tienda?- preguntó dudosa.
-Sí querida, una de las mejores- la tomó del brazo instándola a entrar ya que conociendo a la rubia, lo probable es que hoy sólo sería una de las tantas tiendas que visitarían.
El recorrido resultó más agradable de lo esperado, Astoria tenía un gusto excelente y el haberle pasado anteriormente revistas y catálogos de ropa muggle para que se interiorice había resultado un gran acierto. Una vez adquiridos algunos vestidos vagaron por la exclusiva tienda y llegaron al departamento infantil. Pansy rodó los ojos y sonrío con maldad, Astoria ni siquiera había pasado a primera base y ya estaba eligiendo ropa de bebé, qué ilusa si pensaba que Draco sería alguien fácil de atrapar. Sin embargo su sonrisa murió en sus labios cuando un niño se detuvo a unos metros de ellas con cara de estar muy aburrido y mirando en todas direcciones, como buscando a alguien. Y no es que el niño tuviera algo malo, por el contrario, lo que la tenía con la boca abierta era ver a Draco Malfoy nuevamente de ¿unos cinco o seis años?.
Rápidamente se apresuró al pequeño imaginando que alguien le lanzó un maleficio a su amigo, porque era imposible que existiera una copia fiel a un Malfoy en este mundo sin poseer una gota de sangre mágica de esa familia. Astoria la siguió intrigada y ahogó un grito al ver al pequeño y tuvo que ponerse ambas manos sobre los labios cuando una versión femenina del niño se acercó a conversar con él.
-¿Draco?- lo llamó Pansy, pero este ni siquiera volteó a mirarla. Es más, comenzó a caminar junto a quien definitivamente era su hermana.
En un acto reflejo sacó su celular del bolso y les tomó varias fotografías a los niños mientras los seguía por los pasillos. ¡Qué sucedía ahí? No era posible que Draco hubiera ocultado que tenía hijos, él jamás los hubiera desconocido ni abandonado sus responsabilidades. Esto era sólo una coincidencia ¿verdad? Se fue acercando más a los niños para interrogarlos cuando una rubia platina llegó hasta ellos con una reluciente sonrisa y prendas para cada uno de ellos.
-¡Que niños más hermosos tienes querida!- escuchó decir a una anciana que admiraba a los pequeños.
-Muchas gracias, son mi adoración- respondió la blonda a la mujer.
-¿Gemelos?- recibió una afirmación de la joven- ¿Qué edad tienen?- oyó interrogar nuevamente a la mujer mayor.
-Seis, los cumplieron en marzo- respondió amablemente- si nos disculpa aún tenemos cosas que hacer- y tomando a los niños de la mano se dirigió al probador.
-Pansy- murmuró Astoria- dime que esos niños no tienen nada que ver con Draco- su voz denotaba el mismo desconcierto que sentía ella y hasta un poco de terror.
Negó varias veces con la cabeza y revisó las fotografías de su celular. ¡Qué estúpida! Sólo fotografió a los niños y no a la mujer. Obviamente se trataba de una muggle, una bruja no habría dudado en presentarse ante Draco y los medios exigiendo no sólo el apellido Malfoy sino todos los beneficios económicos que tener hijos con su rubio amigo conllevaba. Era una coincidencia, la rubia tenía muchos rasgos -como sus cabellos- que la hacían similar a Draco y que obviamente heredaron los pequeños; sí, sólo era una tremenda coincidencia. Sin embargo eso no quitaba que pudiera molestar a su amigo ¿cierto? Y con una sonrisa dibujada en su rostro le respondió a su compañera:
-No seas absurda Astoria, es sólo una coincidencia- y para dar mayor credibilidad a su respuesta agregó- recuerda que los Malfoy sólo tienen unigénitos.
Al notar el alivio en el rostro de Astoria la instó a seguirla y a los pocos minutos ambas iban cómodamente sentadas en un taxi rumbo al Caldero Chorreante.
Aún en Harrod's, Caitlyn Puckle sonreía con satisfacción ante la confusión de la mujer mayor al pensar que los gemelos de Hermione eran sus hijos. Volvió agradecer al sol de Egipto que aclaró nuevamente su cabello estos días; aprovechando que Graham se encontraba en Latinoamérica había aceptado la remodelación de un hotel en ese país. Cada vez que su cabello estaba permanente expuesto al sol aumentaba el parecido con sus sobrinos y ellos alegremente seguían el juego, más aún cuando salían con Graham, tanta frecuente confusión se había convertido en su broma personal. Recibió su tarjeta de crédito y tras agradecer a la empaquetadora tomó sus compras y se dirigió con los niños a la salida en busca de un taxi e ir a casa de su prima política. Nuevamente tenían una confusión más sobre la cual reír.
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Draco soltó el nudo de su corbata y se dejó caer cansadamente sobre la cama. Ya se acercaba la hora de la cena y tendría que bajar a reunirse con el resto del equipo. Había sido un día muy productivo y había cerrado la compra de una hacienda de 40.000 hectáreas en la Patagonia chilena. Si bien el viaje contemplaba visitar sólo tres países en Latinoamérica para evaluar la ampliación de su empresa hotelera, cuando se disponían a regresar a Inglaterra le informaron que la familia chilena aceptaba su oferta. El interés de Draco en esa vasta propiedad no tenía relación con la ganadería ni el turismo, sino la gran cantidad de gas detectada en sus napas; definitivamente estaba entrando a un nuevo mercado, pero era consciente que ese tipo de mineral era ampliamente codiciado en el mercado energético y que si bien había ofrecido un poco más que los otros oferentes, las ganancias serían más que considerables. Sí, definitivamente todo había sido perfecto: compró la hacienda en Chile, logró realizar las evaluaciones completas de los terrenos escogidos en Brasil, Ecuador y Argentina e incluso cerrar unos negocios no considerados para su empresa constructora en el país tras andino. Cuando comenzó sus empresas y abandonó las fronteras de Inglaterra, por primera vez entendió el concepto de su padre sobre que para tener éxito en los negocios es imprescindible dominar el idioma de tu socio o del país en el que te instalarás; ahora todas aquellas horas gastadas durante sus vacaciones aprendiendo alemán, español, italiano, japonés y francés realmente han dado sus frutos; incluso había ampliado su gama de idiomas al sueco, chino y koreano. Era por eso que precisamente Puckle, además de Granger, se había convertido en un elemento primordial para él, ambos dominaban perfectamente igual número de idiomas y el rubio tenía como cuota adicional una educación impecable.
Mientras observaba como la luz natural se iba perdiendo en la última ciudad del mundo, como llamaban a Punta Arenas, su mente recorrió los eventos transcurridos estos últimos tres meses desde que se estableció en el mundo muggle. Tal como contemplaron con Theo y Blaise, la rata de biblioteca de Granger fue un as ganador en todo el sentido de la palabra, seguía igual de estructurada que en Hogwarts en todo lo relacionado al trabajo, siempre más de lo solicitado, cubriendo todos los puntos e incluso los que podrían llegar a tratarse en 100 mil años más, sus trabajos eran verdaderas estrategias político-económicas… absolutamente perfectas. Sin embargo, más de una vez la había cuestionado sólo por hacerla rabiar, ese era un placer mal sano que se negaba a abandonar, puede ser una niñería pero la cara de enojo y las mejillas rojas de la leona conteniendo la ira valían la pena. No pudo evitar ampliar la sonrisa ante el recuerdo. Por otro lado, en el mundo mágico las cosas iban igual de bien, la presencia de Granger permitió el cierre de negocios que, por desconfianza o imagen, algunos empresarios extranjeros se habían negado a aceptar para no vincularse al apellido Malfoy, Nott o Zabini. Definitivamente todos estaban ganando.
Miró la elegante habitación y sintió la necesidad de estar en Londres, en su casa. Extrañaba su tierra, su hogar, a su madre. Era algo raro en él ser apegado a un lugar, nunca antes había tenido relevancia el tiempo que permanecía fuera, Narcisa podía estar con él en cualquier momento e incluso aprovechaba sus salidas en solitario para un buen revolcón con alguna mujer guapa, pero ahora realmente sentía una necesidad de regresar, como si lo llamaran ¡me estoy poniendo viejo!, pensó con ironía. La vibración del celular le alertó que tenía nuevos correos electrónicos y al abrir su buzón se encontró uno de Pansy con algunos adjuntos.
¿Hasta cuándo ibas a mantener el secreto de tus hijos, Draquito?, decía el campo del asunto. Draco frunció el ceño y siguió leyendo.
"¡Draco, Draco, Draco!: Mal amigo, aunque querías mantener el secreto tus genes te delatan. Lamentablemente no pude fotografiar a la madre (se me fue) para enrostrártela cuando llegues… jajajajajaja… estaba con Astoria en Harrod's cuando los vimos. Te diré que casi quedas viudo antes de casarte porque 'tu postulante a esposa' casi muere de la impresión al creer que no sería la primera en darte un heredero… jajajajaja… ¿Sabías que incluso está mirando ropa de bebé? Creo que los Greengrass no te darán respiro para que la embaraces así que es probable que cuando la lleves a la cama, sino lo has hecho ya, no te veremos la cara hasta que lo logres (la muy víbora llenó una línea de emoticones de risa y burla). En todo caso, bonita descendencia Draquito. Un beso y nos vemos a tu regreso. Cariños de la tía Pansy".
-¿Qué mierda?- gruñó en voz baja mientras descargaba los archivos.
Y ahí estaban nuevamente esos niños del aeropuerto y ahora pudo observarlos detalladamente. Realmente eran una copia fiel de sí mismo a la misma edad y la niña era hermosa aún en sus rasgos infantiles; no quería imaginar los dolores de cabeza que se llevaría el padre cuando entrara a la adolescencia. Se dio cuenta que estaban mudando los dientes y no pudo evitar sonreír; recordó los cinco euros que le entregó el pequeño y que aún conservaba sin motivo en su billetera, ese niño sí que tenía carácter. Entendía a Pansy y su primera impresión, en imagen eran unos verdaderos Malfoy e inconscientemente acarició la imagen que le devolvía la pantalla. Si no fuera porque él siempre utiliza hechizos anticonceptivos sobre sí mismo para evitar embarazos podría entrar en la duda; pero jamás había fallado, nunca había perdido la cabeza con nadie como para olvidar algo tan importante; bueno, sólo una vez, pero si hubieran existido consecuencias los amigos de la involucrada ya lo tendrían o casado o 10 metros bajo tierra.
Contestó el mail de Pansy con un simple "Qué graciosa" y aunque tuvo la intención de borrarlo, sin saber sus reales motivaciones, guardó las imágenes en la memoria externa de su celular. Era curioso, era la segunda vez en menos de tres meses que esos niños de alguna forma se cruzaban en su camino. Recordó que su abuela paterna siempre decía: "Nada sucede al azar: la primera vez es coincidencia, la segunda un aviso y la tercera un mensaje que no se debe ignorar". Ya iban dos ¿realmente debía ignorar este tema y dejarlo como sólo un chiste de la vida? Observaba la imagen de los pequeños cuando esta fue reemplazada por un mensaje. Era de Graham y le informaba que iban bajando al comedor del hotel. Observó por último vez la fotografía y comenzó a arreglar su corbata. Si existía una tercera vez se tomaría el consejo de su abuela en serio y llegaría hasta el final. Lanzó un hechizo sobre su ropa desapareciendo las arrugas y abandonó la habitación tan pulcro como siempre, como debía ser un Malfoy.
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Hola, han pasado algunos días y unos que otros cambios personales que me habían imposibilitado actualizar. La esposa de Graham es una pieza esencial para sembrar confusión en las serpientes, sólo hay que esperar cuándo alguien más se encontrará con los mini Malfoys y alerte a Draco. Nos leemos pronto.
