Viaje a Eastbourne Parte I

Draco aparcó cinco minutos antes de la hora fijada en uno de los barrios a las afueras de Chelsea y le gustó lo que vio. Las casas eran individuales y tenían un amplio antejardín y, por lo que se veía desde el exterior, también de patio trasero. La casa de Granger resultaba acogedora a la vista con grandes plantas decorativas distribuidas armoniosamente, amplios ventanales y las fachadas de madera rodeando las dos plantas. En el costado derecho había un garaje cubierto y una campana de viento colgada en el porche, justo arriba de la puerta principal. Estaba por tocar el timbre cuando la puerta se abrió y salió Granger con su maleta, cerrando inmediatamente tras ella.

-Hola Malfoy- saludó, dirigiéndose inmediatamente al Mercedes todoterreno color negro.

-Buenos días a ti también Granger- contestó. "Por lo visto no seré invitado a un café" se dijo mientras alcanzaba a la chica y le quitaba la maleta. Normalmente cuando visitaba la casa de una mujer casi lo arrastraban al interior y no demoraban nada en llegar al dormitorio. En fin, era Granger. Le abrió la puerta del copiloto para que subiera y luego puso su equipaje junto al suyo en el portamaletas. Antes de tomar su posición en el puesto del conductor se quitó el saco, permaneciendo sólo con su camisa de seda italiana color gris plata y su corbata color humo. Miró a la chica quien también se había retirado el saco y se cruzaba el cinturón de seguridad sobre una bonita blusa de seda azul cielo.

-¿Llevas todo?- preguntó antes de partir. Con Pansy normalmente siempre tenían que regresar por algo cuando viajaban y esta era la primera vez que estarían en un espacio reducido con la castaña por aproximadamente tres horas y media. La vio asentir afirmativamente y encendió el poderoso motor de su vehículo y poner la calefacción para mantener una temperatura agradable. Después de todo ya estaban a mediados de octubre y el frío otoñal a esa hora de la mañana se hacía notar.

-Si quieres puedes dormir, Granger, nos espera un largo viaje- sugirió debido a que no se le ocurría ningún tema que quisiera hablar en esos momentos.

-¡Qué clase de copiloto sería si lo hiciera Malfoy!- bufó- ambos estamos juntos en el viaje.

-No seas terca Granger- aún no salían y ya estaban discutiendo por estupideces. ¡Merlín! En qué momento se me ocurrió ir en vehículo pensó, a pesar que estaba totalmente consciente de la respuesta.

-Lo haré si me permites ayudarte a conducir. ¿Qúe?- preguntó molesta cuando lo vio negar y una sonrisa se mantuvo en sus sensuales labios- para tu información soy una excelente conductora y nunca me han sacado una infracción- expresó y su molestia aumentó cuando el rubio carcajeó.

-Eso porque debes andar en primera y a 10 kilómetros por hora, me sorprende que no te infraccionaran por lenta- la picó.

Lo miró con hastío, pero pronto su corazón comenzó a latir más rápido. ¡Merlín! Es que ese maldito hasta con ojeras robaba el aliento y esa camisa era otra maldita que hacía que sus ojos se vieran como plata fundida. Odiaba a ese ángel caído que llevaba como compañero de viaje, su aroma a sándalo y madera la envolvía y su suave olor a hierba buena que lo caracterizaba parecía haberse quedado pegado en sus fosas nasales.

-¡Hurón botador!- susurró como si esa fuera la respuesta más adecuada a su comentario-. Si tú no duermes yo tampoco- dijo cruzándose de brazos como una niña y mirando tercamente al frente.

-¡Qué madura Granger! Yo no te digo a cada instante que sigues siendo la misma rata de biblioteca de siempre, pero tecnológica- expresó sin borrar la sonrisa.

Entre todos los dimes y diretes, sin percatarse ya habían salido de Londres y el verde del paisaje los rodeaba por ambos lados de la carretera. Continuaron el trayecto en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos y tratando de mantenerse firme en su postura.

Draco la observó de reojo y se dio cuenta que de vez en cuando cabeceaba y luego se despabilaba negándose a dormir. ¡Qué mujer más terca! Pensó por novena vez en lo que llevaban de viaje. Fijó la vista en la carretera y sus recuerdos volvieron a la tarde anterior, cuando oyó responderle a Pansy que un tal Michael iría con ella en el viaje. ¿Es que acaso pensaba que este era un viaje de placer y que podría reunirse con su amante después que concluyeran las reuniones? ¿Y no qué Puckle la reprendió porque no había tenido ninguna relación desde que se embarazó? ¿Acaso le había hecho caso a su primo y ese tal Michael era su prospecto de padre para sus hijos? ¿A qué hora se consiguió un hombre tan pronto? En estos momentos odiaba a Pansy, sobre todo porque cuando gracias a Merlín Theo le preguntó primero sobre lo que oyeron, evitándole a él la interrogación a su amiga, esta sólo respondió "cosas de chicas, Theo, a ustedes no les importa" y se marchó a su oficina como si no fuera necesario dar más información. ¡Maldita solidaridad femenina!

Apretó con fuerza el volante, como si con ello pudiera sacarse la molestia que comenzaba a inundarlo. Si era honesto, él mismo había rayado la cancha a sus asesores cuando salían de viaje, dejándoles la puerta abierta para que, en los horarios nocturnos y siempre y cuando no existan reuniones de por medio, utilicen su tiempo libre como mejor les parezca, las reglas eran simples: nada de drogas y evitar comportamientos o escándalos que pudieran perjudicar la imagen de la compañía; si incurrían en esto serían despedidos inmediatamente y sin consideraciones. Esta "libertad" también se las extendió al cuerpo femenino del equipo, el único problema es que si bien algunas no habían tenido problemas en ligarse a algún tipo, el primer intento de la mayor parte de ellas era tratar de follar con él. Con Granger obviamente no tenían ese problema, además era la primera vez que se quedarían fuera tantos días con sus noches, en las otras oportunidades se aparecía en el apartamento y luego en su casa, pero dado que ahora las reuniones serían extensas y deberían viajar entre un mundo y otro lo mejor era permanecer juntos.

Entonces ¿por qué le molestaba que la castaña se fuera a encontrar estos días con su amante? "Pues porque se van a quedar en tu casa y ahí el único que folla eres tú", respondió una voz a la que dio toda la razón. "Además, siguió razonando, Granger es una mujer con dos hijos que debe darse a respetar y mientras esté con él se aseguraría que cumpla moralmente como una buena madre". Vale, esa última excusa era una mierda. Definitivamente era un alivio que esa noche, una vez concluidas las reuniones de hoy, pudiera salir a volar para sentir la magia fluir en su cuerpo y la sensación de libertad que le daba estar sobre su escoba. Este plan le dio una idea y volviéndose a la chica la miró seriamente.

-Granger- dijo llamando su atención- te permitiré conducir si esta noche me acompañas a hacer un recorrido por la costa.

La chica lo miró con los ojos entrecerrados, como buscando la causa del cambio de actitud, pero para su sorpresa terminó aceptando.

-Está bien, es la primera vez que voy a Eastbourne y quiero conocerlo bien. Despiértame a las 08:30 para reemplazarte al volante- la vio acomodarse en su asiento satisfecha y cerrar los ojos.

Bien, eso no había no costado ningún debate. Al menos la noche de hoy el tal Michael se quedaría con las ganas, ya pensaría cómo lo haría mañana. Después de todo, él no había considerado la compañía femenina para esta oportunidad, así que si él estaba en abstinencia ella también. La volvió a mirar, ahora estaba completamente dormida por lo que se permitió sonreír ladinamente. ¡Cómo le encantaba arruinar los planes románticos de Granger!

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Hermione detuvo el todoterreno a la entrada de Eastbourne y se volteó hacia Malfoy para despertarlo. Sin embargo, no pudo evitar observarlo por un momento mientras dormía. Había corrido hacia atrás y recostado el asiento del copiloto para acomodarse, mas su gran estatura no le permitía estirar bien sus largas piernas; a pesar de ello dormía profundamente. Tenía el rostro volteado hacia ella, lo que le permitió admirar lo blanca y tersa que era su piel, sólo oscurecida levemente por la barba recién crecida del día; su nariz aristocrática y respingada era totalmente armoniosa con su rostro, ni larga ni corta y sus labios, sensuales y rosados se encontraban levemente abiertos; para terminar el cuadro, algunos mechones del liso y sedoso cabello le caía sobre los ojos cuyas pestañas largas y curvas eran un poco más oscuras. Era simplemente perfecto, pensó, mientras sentía cómo se aceleraba su corazón y sus manos picaban por acariciarlo.

Cuando Scorpius creciera sería tan atractivo como él y Antares una verdadera belleza. Imaginó a sus hijos en brazos del platino y luego de adultos caminando con él. ¡Merlín! ¿Realmente estaba protegiéndose ella y no a los niños como le reprochó Graham? ¿Debía darle una oportunidad de aceptarlos o negarlos? Sabía que ya antes de salir de Hogwarts había cambiado mucho con la guerra y ella misma lo admiraba intelectualmente y, por qué negarlo, lo deseaba físicamente. Desde que se habían reencontrado su cuerpo parecía haber cobrado vida y se ruborizó al recordar todas las noches que se había acariciado pensando en él.

De lo único que estaba segura es que cuando tomó la decisión de ocultarle la existencia de los niños fue la correcta, un matrimonio sin amor y sólo por compromiso sólo los habría conducido al fracaso. ¿Pero ahora? ¿Debería contarle y dejarlo decidir? En estos momentos su mayor temor no era sólo que los rechace y que toda esa admiración que le tenía se fuera a pique, sino también de su reacción. Porque si Draco Malfoy, el empresario, no perdonaba errores en los negocios; Draco Malfoy, el hombre, no mostraría compasión si sentía profundamente agraviado.

Decidió alejar esos pensamientos que la atormentaban y movió a Malfoy esperando recibir indicaciones del hotel en el que se alojarían. El rubio se removió en el asiento y no daba señales de despertar por lo que se inclinó un poco sobre él para moverlo con más fuerza. Tras un zarandeo el rubio abrió los ojos y con una rapidez impresionante sacó la varita apuntándosela directamente en el cuello. Hermione entendió perfectamente la reacción porque ella aún se despertaba algunas noches con pesadillas de Bellatrix Lestrange torturándola en Malfoy Manor y a veces de la batalla final. Si se ponía en el lugar de Malfoy, dado quién habitó su casa por dos años, su varita debió pasar ser su posesión más preciada. Por esa misma comprensión rodeó con su pequeña mano la grande y blanca de Draco hasta que sus oscurecidos orbes plata poco a poco parecieron ir saliendo de la nebulosa.

-Lo siento, Granger- se disculpó mientras volvía colocar su varita en un bolsillo adaptado, por lo que pudo observar, en el costado de su pantalón- a pesar del tiempo aún soy susceptible a los ruidos fuertes y despertares violentos- pasó sus manos por el blanco rostro y luego miró alrededor para reconocer dónde se encontraban.

-No te preocupes- dijo restándole importancia –me suele suceder lo mismo. No llevo mi varita en el cabello como adorno precisamente- volteó su cabeza para que pudiera observar el pedazo de madera que atravesaba su rodete y al que acompañaba otro en posición opuesta para crear la visión de varillas chinas.

El rubio asintió y por primera vez hubo comprensión entre ellos desde que volvieron a reencontrarse. Pasaron algunos segundos y Hermione comenzó a ponerse nerviosa por la profundidad de la mirada de Malfoy.

-Creo… creo que mejor me dices la dirección del hotel donde nos alojaremos- tartamudeó.

-Déjame conducir a mí ahora- abrió la puerta del copiloto y rodeó el todoterreno para situarse en la puerta del conductor. Esperó pacientemente a que ella bajara, pero claro, era Hermione Granger, siempre haciendo lo que el normal de las mujeres no. La vio estirar la pierna derecha y pasarse al asiento del copiloto sorteando los cambios. Movió la cabeza y subió ubicándose tras el volante.

-No nos hosperadaremos un hotel- aclaró– sino en la casa que tengo en las afueras de la ciudad.

-Pero…

-Granger, estos días estaremos yendo y viniendo entre ambos mundos, por lo que es más fácil viajar por red flu desde la chimenea que tengo instalada en mi casa.

-Pero… -¡maldita sea! ¿se le había olvidado el vocabulario?- ¡me refiero a cómo nos atenderemos estos días!- felicidades Hermione, pensó, es el mejor argumento que has dado en años.

-Bueno, había pensado que podríamos jugar al matrimonio feliz mientras trabajamos- al ver la cara de impresión de la joven se rió con ganas. Hizo contacto al encendido y emprendió rumbo a la ciudad.

-No estoy para tus bromas Malfoy- rebatió molesta.

-Calma Granger, tu virtud está a salvo- era curioso que esas palabras las dijera él precisamente, quien fue a quien le entregó su virtud. Un fuerte rubor se apoderó de sus mejillas y volteó la cara hacia la ventanilla para admirar el paisaje y, principalmente, evitar que se percatara de su sonrojo. Si él se percató de algo no dijo nada.

El platino tomó la calle principal que bordeaba la extensa playa, permitiéndole a la chica admirar las blancas construcciones. Quedó maravillada con los modernos edificios mezclados con las estructuras patrimoniales, dándole un aspecto retro-moderno al entorno. Siguieron el camino costero y cruzaron la ciudad con rumbo al sur y, como a unos seis kilómetros, Malfoy giró hacia la derecha deteniéndose frente al portón de una extensa propiedad cercada. Activó el control del portón eléctrico que llevaba en el automóvil y cuando este se abrió la chica pudo observar un hermoso terreno en desnivel que ofrecía una preciosa vista del océano. Descendieron unos veinte metros por el camino empedrado y llegaron a una casa que simplemente la dejó con la boca abierta.

Draco apagó el motor y la observó, esperando con nerviosismo su reacción. Esta era una de las casas diseñadas exclusivamente por él. Normalmente sólo venía con su madre, Theo, Blaise y Pansy, nunca había traído otra persona ajena a su cerrado círculo de confianza. No sabía por qué no había dejado a Granger en la habitación reservada para ella en la ciudad, como era el plan inicial, pero cuando las escuchó hablar con Pansy le molestó que la castaña pensara que podría hacer las noches días con el tal Michael mientras él se quemaba las pestañas armando planes de trabajo. Cuando le pidió a su amiga que cancelara la reserva esta lo miró con incredulidad y cuando le explicó que tendrían que trabajar hasta tarde sólo le respondió con un simple "sí, claro, como digas".

Decir que Hermione estaba impresionada era quedarse corto. Si algo irradiaba la combinación rústica de piedra laja, madera envejecida y enormes ventanales de piso a techo era luz. La construcción de un piso poseía un ancho de al menos 15 metros que se adaptaba a la forma del terreno. Y ese sólo era el frontis.

-¡Malfoy, es una casa preciosa!- exclamó volteando su rostro sorprendida hacia él, quien se relajó inmediatamente y la instó a ingresar para conocer toda la construcción.

Si el exterior la dejó impresionada el interior la dejó sin palabras. La puerta daba a un hall cerrado que hacía de recibidor para luego dar paso a un enorme espacio abierto que, salvo por algunas gruesas columnas de madera intercaladas estratégicamente como separadores, permitía desde allí visualizar la gran y moderna cocina y el comedor, ubicados en el ala izquierda. Al centro y tomando prácticamente toda el ala derecha se ubicaba la gran sala de estar que se extendía hasta el inicio del enorme balcón, con sus dos juegos de living color crudo distribuidos elegantemente alrededor de una gran alfombra gris claro, hacían un perfecto contraste con el piso de mármol negro y las paredes blancas. Un bar se encontraba en una de las esquinas del ventanal y estantes llenos de libros se ubicaban en los puntos donde los gruesos cristales no iniciaban en el piso, dando forma de L al espacio. En ese extremo de la sala se elevaba un muro blanco de 1.50 metros, que demarcada la escalera que descendía a un piso inferior. Era una casa de dos plantas pero su forma adaptada al terreno no permitía vislumbrarlo desde el exterior. Una gran chimenea se encontraba empotrada a la pared que daba al hall y el descenso se realizaba con un enorme ventanal que hacía de pared al costado derecho y que hacía brillar cada uno de los peldaños.

-Sígueme- escuchó decir a Malfoy e inconscientemente la tomó de la mano guiándola por las escaleras hasta llegar a una planta moderna que, al igual que la superior, se adaptaba a la forma asimétrica del terreno, primando los grandes ventanales ahumados y las vigas de madera.

-Aquí se encuentran los dormitorios y los cinco poseen baños privados- comentó mientras iba abriendo todas las puertas menos la que daba al costado izquierdo, por lo que la castaña supuso que ese era su cuarto.

La salida de cada habitación por las puertas corredizas daba directamente a una terraza techada con columnas blancas igual que el mármol que se extendía hasta el borde de un verde prado. Había sillones de bambú marrón con tapiz color hueso y otro bar en una de las esquinas. El rectángulo de césped volvía a retomarse, esta vez con piedra laja al inicio de la enorme piscina, cuya perspectiva y proyección la hacía parecer fundirse con el océano. Cuando se acercó a la orilla del terreno pudo observar que estaban cerca de 50 metros sobre el mar. Se volteó nuevamente a ver la casa que por ese lado tenía trazos mediterráneos, todo blanco y moderno.

-Mira a tu izquierda- volvió a hablar el rubio y cuando dirigió su vista al punto indicado se quedó sin habla al observar la preciosa vista de los blancos acantilados de Eastbourne.

Hermione miraba embelesada desde la casa al paisaje y una profunda paz la inundó. A pesar de sus dimensiones era acogedora y lo que le encantaba era la luminosidad natural que se podía encontrar en cada una de las habitaciones. La perfecta fusión de lo tradicional y lo moderno, igual que él.

-Lo dicho… tu casa es simplemente preciosa, quita el aliento Malfoy- reafirmó mirándolo directamente a los ojos para que vea la sinceridad en ellos- tiene tanta luz y a pesar del espacio es tan acogedora, realmente vale la pena cada euro pagado al arquitecto que te la diseñó.

Cuando notó el profundo rubor en el rostro del rubio y su caminar nervioso hasta el barandal que rodeaba el contorno del terreno mientras pasaba sus manos por su lacio cabello, Hermione cayó en la cuenta que no existía un diseñador externo. Esta casa la había diseñado él.

-¡Es tu obra!- afirmó estupefacta y con cierto orgullo- Jamás pensé que te gustara algo así. Es una pena que sólo puedas venir de vez en cuando porque invita a vivir en ella.

Aunque los separaban al menos unos ocho metros, ambos sintieron la calidez del otro como si se estuvieran tocando directamente. Un plop puso fin al momento cuando una pequeña elfina apareció frente a Draco y le hizo una reverencia.

-Amo, le he preparado una merienda antes que se retire a su reunión. Debe estar hambriento con el largo viaje- y ante la mirada sorprendida de la chica la criatura lo tomó de la mano para instarlo a tomar rumbo al piso superior.

Cuando se dio cuenta que no estaban solos se volvió hacia Hermione y la chica pudo observar que vestía un impoluto vestido verde de seda y un chalequillo de fino algodón blanco en los hombros.

-Antes que digas algo Granger y me des una cátedra sobre los derechos de los elfos, te informo que a Nimie le dimos la prenda y ella se niega a dejar la familia- la chica volvió nuevamente la vista a la elfina quien ahora la miraba asustada pensando que había hecho algo que perjudicaba a su adorado amo. "¡Genial!" pensó, ahora la elfina de Malfoy me teme.

-Hola Nimie, un placer conocerte- la saludó extendiéndole una mano que tras la afirmación del rubio la criatura aceptó respetuosamente.

-La comida está servida señorita- insistió y luego se apareció.

Desde ahí todo fue una locura. Hermione se puso una túnica sobre su traje pantalón negro para asistir a una reunión con unos representantes de unas empresas inmobiliarias en el mundo mágico que estaban poniendo trabas a un proyecto por derechos de herencia y terminado allí debieron asistir a otra con los representantes hoteleros en el ayuntamiento de Eastbourne. Francamente, cuando Malfoy estacionó el auto y se vio dentro de la calidez de la casa, literalmente se desplomó sobre uno de los sillones de dos cuerpos.

-¡Qué elegante, Granger!- se burló el chico mientras se servía un trago para luego, con la distinción que lo caracterizaba, sentarse frente a ella en un sillón individual.

-Te odio- le espetó al verlo tan fresco como una lechuga- yo me dormiría aquí mismo sin ningún problema- y echó la cabeza hacia atrás dejando ver su largo cuello- ¡Déjame aquí Malfoy y despiértame mañana!- suplicó.

Draco sonrió mientras la observaba y bebía lentamente su whisky de fuego. Desde la cocina les llegó un delicioso aroma y acto seguido Nimie les informó que la cena estaba servida. La comida consistió en una exquisita crema de espárragos y de fondo el mejor pato a la naranja que hubiera probado jamás. Hermione estuvo tentada a negarse al crumble de manzanas y frutos del bosque con aroma a lima y jengibre, pero no quiso hacer sentir mal a la elfina. Malfoy la miró y movió la cabeza negativamente mientras se servía su postre. ¡Cómo no subía un solo gramo con todo lo que comía, era injusto!

-¿Qué?- le preguntó al sentir su mirada fija en ella.

-Granger, si no quieres sólo di no- dijo apuntando el bocado de postre que en esos momentos la chica se llevaba a la boca.

-No pienso hacerle esa grosería- y para reafirmar su postura continuó comiendo hasta terminó todo lo que había en su plato.

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Ya hacía casi una hora que Draco escuchó a Granger conversar largamente con sus hijos preguntándoles por su día y escuchando atentamente lo que cada uno le contaba a través de la línea; ella también hizo un resumen de su día y les describió la casa y el paisaje, prometiéndoles que en algún momento vendrían a veranear a esta costa y se hospedarían en uno de los magníficos hoteles que bordeaban la playa. Varias veces rió con lo que le contaban los pequeños y terminó de despedirse enviándoles a cada uno de ellos un beso, un abrazo y un los amo. Estuvo otro rato hablando con sus padres y dando instrucciones sobre que no los malcriaran ni les dieran helado por las noches. A pesar que ella le daba la espalda mientras hacía la llamada, a través del reflejo del cristal Draco podía ver la emoción que le producía hablar con sus pequeños, se notaba que los adoraba. Aunque la advirtió severa sobre algo que le preguntaron, también había una ternura infinita en cada una de sus palabras. Sin duda era una excelente madre.

Más tarde y después de estar cerca de una hora comparando apuntes e intercambiando puntos de vista sobre las reuniones sostenidas, Draco se percató que la chica estaba tan cansada que se dormiría en cualquier momento. Estuvo tentando a dejarla sola, pero al ver que recién eran las diez de la noche no quiso arriesgarse a que le informara que debía ausentarse para encontrarse con el tal Michael. Así que decidió actuar.

-Bien Granger, es hora de cumplir tu palabra- dijo poniéndose de pie.

-¿Cómo?- preguntó extrañada. Al parecer había olvidado el acuerdo de la mañana.

-Lo prometiste. Te dejaría conducir si dabas una vuelta por la costa conmigo- le recordó.

-¿De verdad quieres hacerlo?- cuando él afirmó la vio pasarse las manos por la cara- eres como un niño, no se te agotan nunca las baterías- la miró interrogante desde su gran altura cuando se puso de pie y comenzó a rodearlo mientras lo miraba concienzudamente.

-¿Qué haces?

-Estoy buscando si tienes el botón de apagado en algún lado- respondió aún observándolo.

-Ja ja… muy graciosa Granger- emprendió rumbo a las escaleras y antes de comenzar a bajar se volteó hacia ella- te espero en cinco minutos en la terraza y ponte algo cómodo y abrigado- ordenó antes de desaparecer.

En su habitación se desprendió del fino terno que vistió en el día y lo reemplazó por un jeans, sweater de punto y botines de cuero, todas las prendas negras. También se puso una cazadora del mismo calor ya que a la orilla del mar siempre corre viento helado a esta hora, más aún en esta fecha del año. Tomó su escoba y del armario del pasillo tomó otra para la chica; luego salió a esperar a la castaña a la terraza.

Cuando la vio frunció el ceño al advertir que vestía jeans y sólo un sweater gris nada abrigador. Y para qué decir de sus zapatos de cuero de tacón bajo que estaba seguro terminaría perdiéndolos en el primer descenso.

-Granger, te dije que te abrigaras- tomó su varita y transformó sus zapatos en botines y cambió el color de las prendas por negro. Con un accio invocó una de sus propias cazadoras de pluma y la encogió para adecuarla al tamaño de la chica- Póntela- ordenó.

-¿Acaso vamos a salir a robar un banco?- preguntó con ironía sin aceptar la cazadora.

-Aunque me encanta tu sentido del humor no tengo tiempo de esperarte toda la noche. Aprovechemos que el cielo aún está despejado y tenemos luz de luna- tomó un brazo de la chica y lo introdujo en la cazadora, realizó el mismo proceso con el otro brazo y finalmente cerró el cierre frontal- listo –dijo conforme cuando concluyó, pero cuando alzó la mirada se encontró con el rostro ruborizado de la chica quien comenzó a moverse con gestos nerviosos.

-Gra… gracias.

-¿Y a dónde vas ahora?- no entendía qué hacía camino a las escaleras.

-Al garaje- respondió sin voltearse.

-Granger, no iremos en automóvil- le dijo esperando a que regresara sobre sus pasos- volaremos.

-¡¿Qué?!- ahora sus ojos se abrieron en todo su tamaño y comenzó a negar efusivamente- no Malfoy, si es así no cuentes conmigo- y comenzó a bajar el cierre a la cazadora.

-Lo prometiste Granger, ahora debes cumplir.

-¡Pero nunca dijiste que íbamos a hacer el recorrido volando!- lo miró con impaciencia- sabes que me da miedo volar, todo el mundo lo sabe.

-Granger- dijo tomándola de los hombros para impedir que regresara a la casa- ¡por Merlín! ¡Escapaste de Gringotts montada en un dragón!

-¡Era eso o morir!- respondió alzando las manos- nunca he superado mi temor a las alturas- confesó en voz baja.

Draco la miró y se dio cuenta que hablaba en serio. Sin embargo, debía reconocer que realmente deseaba volar con ella.

-Granger- dijo rodeando su rostro con ambas manos y forzándola a levantarlo para poder mirarla a los ojos- volaremos juntos en mi escoba. No te dejaré caer, no permitiré que nada malo te suceda- cuando las palabras salieron de su boca se dio cuenta que realmente la protegería de cualquier cosa. Inconscientemente sus dedos comenzaron a acariciar su mejilla tratando de transmitirle confianza y como si tuvieran vida propia perfilaron sus cejas, nariz, contorno de su rostro terminando en sus labios llenos- confía en mí Hermione.

Al oír su nombre, Hermione fijó su mirada en los ojos grises y quedó prendada de ellos, en su profundidad y la sinceridad que le transmitían. Y se dio cuenta que realmente confiaba en él, que sería capaz de poner su vida en sus manos, por lo que terminó asintiendo. Ante el gesto, sintió sus fríos labios besar su frente y luego su cuerpo alejarse para tomar la escoba. Cerró los ojos e inspiró profundamente.

-¿Confías en mí?- volvió a preguntar Draco mientras ya montado en su escoba le extendía la mano.

Un breve silencio se hizo cuando ella miró su largo brazo extendido y la palma de su mano hacia arriba.

-Sí, confío en ti- respondió atrapando sus dedos y luego acomodándose a su espalda- ¿no nos verán los muggles?- preguntó abrazándose fuertemente a su espalda.

-Nos aplicaré un hechizo de ocultamiento- lo vio hacer unos movimientos con la varita sobre ellos y luego guardarla en su cazadora- ¿lista?

-Supongo que sí- y sus brazos rodearon aún más firmemente su cintura mientras apoyaba su mejilla en su espalda.

Hermione sintió cosquillas en el estómago cuando se elevaron suavemente y ya no sintió la seguridad del suelo a sus pies. Estaba tan pegada a Draco que se podría decir que era una extensión del cuerpo del chico, pero la dureza de sus músculos que percibía aún bajo toda esa ropa y su exquisito aroma poco a poco la fueron tranquilizando y comenzó a disfrutar el paisaje.

Draco sobrevoló con calma la longitud de los acantilados, cuyas paredes porosas y blancas brillaban majestuosamente con la luz de la luna, el aroma salado del mar inundaba sus fosas nasales y el calor que le transmitía el cuerpo de Granger abrazado firmemente a su espalda le transmitía una gloriosa sensación de bienestar. No fueron necesarias las palabras y rió feliz cuando ella chilló y se apretó aún más a él, si eso era humanamente posible, al descender y ser mojados por el rocío del agua cuando reventaban las olas. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando descendió sobre la parte superior del faro que se internaba un poco en el océano, frente a los gigantes de piedra. Desde allí pudieron observar otra perspectiva de su majestuosidad y cuando se dio cuenta que ella temblaba un poco, la abrazó por la espalda cruzando sus fuertes brazos sobre su estómago.

-¿Mejor?- preguntó apoyando su pera en la coronilla castaña.

-Sí, gracias- respondió nerviosa.

Volvieron a permanecer en un cómodo silencio admirando todo a su alrededor hasta que decidieron regresar. Esta vez, Draco la instó a ubicarse en la parte delantera y fue su turno de de rodearla con sus brazos; sus manos se mantuvieron unidas en el mango de la escoba mientras la instaba a dirigir el retorno. Recorrieron por última vez toda la longitud de paredes blancas y descendieron suavemente en la terraza de la casa.

-Gracias Malfoy- dijo devolviéndole la cazadora que el chico tomó en sus manos- te agradezco que me hayas forzado a acompañarte, fue simplemente… no tengo palabras para describir lo genial que fue- terminó con el rostro ruborizado.

-De nada Granger- respondió acariciando su rostro y retirando luego la mano- puedes repetir cuando gustes.

Se quedaron mirando sin que ninguno quisiera romper el momento. Sus cuerpos no se acercaron, sus manos no se tocaron, sin embargo, se sentían llenos el uno del otro.

-Creo que es mejor ir a dormir- dijo el rubio rompiendo la intimidad del momento- mañana nos espera un largo día.

-Es verdad. Buenas noches, que descanses- se despidió la castaña y antes de ingresar al dormitorio en que Nimie había preparado para ella se volteó nuevamente hacia el muchacho-. Gracias nuevamente Malfoy, fue una noche maravillosa.

Cuando Hermione entró en su habitación no tenía ánimos de darse una ducha por lo que se sacó rápidamente la ropa y se puso el pijama. Se deslizó entre las suaves sábanas blancas y apenas poner la cabeza en la almohada se quedó dormida con la imagen de unos ojos color plata que se mantuvieron con ella toda la noche.

Draco por su parte permaneció unos minutos más en la terraza observando la puerta en la que había desaparecido la chica y cuando vio que se apagaba la luz se encaminó a su habitación. Dejó su escoba en su armario y se encaminó al baño para darse una ducha rápida y relajar los músculos. Sin embargo, cuando se deshizo de la ropa se sintió impregnado de un dulce aroma con toques a jazmín y cítricos; se miró al espejo y se rió de sí mismo mientras con un hechizo no verbal cerraba el grifo del agua caliente. Se puso el pantalón de seda negra de su pijama y se dejó caer sobre la gran cama de su habitación, admirando por última vez la grandiosa vista de los acantilados que tenía desde su cuarto. Volvió a inspirar profundamente y se metió entre las sábanas para dormir. Hoy el sería el único hombre en este planeta que se acostaría oliendo a Granger.