Confesiones y remordimientos

Graham por primera vez sintió en carne propia la frialdad que eran capaces de transmitir esos jóvenes y que en antaño tanto le había descrito su prima. Podía percibir la intensidad de sus miradas traspasándolo, el estudio que hacían de sus gestos y movimientos nerviosos. Eran menores que él pero los sintió poderosos; como nunca fue tan consciente de sus habilidades mágicas y aunque no temió por su vida, temió perder esa confianza establecida todos esos meses, porque realmente los apreciaba. Sus ojos verde musgo se encontraron con los verde esmeralda de Blaise, fríos, distantes; el moreno lo rodeó y ahora también entendió todo aquello de las casas de Hogwarts, realmente eran serpientes acechando a la presa, sólo que esta vez no para comerla, sino para exigir respuestas. Ya no eran sus jefes, eran los amigos de Draco Malfoy cuadrándose con él; si dañabas a una de esas serpientes dañabas a las cuatro, eran un círculo cerrado de protección mutua.

-No entiendo- dijo Pansy con el portarretratos en la mano. Lo había estado observando fijamente desde que Draco se apareció llevándose a la castaña- yo vi a estos niños en Harrods hace meses, pero andaban con su madre y no era Granger… escuché decirle claramente a otra mujer que eran suyos.

-¿Tú también los habías visto?- preguntó Blaise.

-¿Ustedes también?

Ambos slytherins asintieron.

-Draco, Narcisa y nosotros los vimos en el aeropuerto el día antes comenzar acá- aclaró Theo- en esa ocasión nos llamó la atención pero por la edad y por encontrarse en el mundo muggle lo vimos como una coincidencia.

-Pero sigo sin comprender, todos sabemos lo cauto que ha sido siempre Draco al momento de follarse a una mujer- dijo Pansy sin miramientos- lo era en el colegio y ahora también, jamás y bajo ninguna circunstancia deja de aplicarse los hechizos anticonceptivos entonces…

-Obviamente con Granger no lo hizo- la interrumpió Blaise.

-Pero si estos niños son de Draco y Granger ¿Quién era la rubia que andaba con ellos cuando los vi?- preguntó la morena y todas las miradas se posaron en Graham, que había estado escuchando atentamente todo lo que hablaban los amigos.

-Era Caitlyn- precisó Graham.

-He visto las fotografías de ella en tu oficina y no es rubia platina. Aunque no le vi el rostro, la mujer que estaba con los niños era platina- insistió la pelinegra.

-Cuando se expone al sol en forma prolongada su cabello se aclara hasta quedar platino y si dices que fue hace meses puede ser que se encontraron después que volvió de Egipto.

-¡Pero los niños no negaron que era su madre! Los oí claramente- recalcó confusa.

-Es un juego que tenemos siempre que salimos juntos, es mejor que estar dando explicaciones cada vez que las personas asumen que son nuestros- aclaró pero de pronto la preocupación por la seguridad de su prima pudo más que todas esas explicaciones- ¿dónde la llevó?

-No lo sabemos- respondió Blaise sin darle oportunidad de consuelo- podrían estar en el desierto o el polo sur.

-¡Pero amenazó con matarla!

-¡Por supuesto que lo hizo! ¿Qué querías que dijera si viene a descubrir que tiene un par de niños de seis años de los que nunca supo nada?- lo encaró Pansy- ¡Merlín, son dos!- susurró mirando a sus amigos mientras tomaba asiento y caía en la cuenta de lo que ello significaba.

-No le hará nada- afirmó Blaise molesto- aunque al menos debería crucciarla.

-¡Estaba descontrolado!- ahora Graham se paseaba de un lado a otro de la oficina.

-Tú jamás has visto a Draco Malfoy descontrolado- afirmó Theo con voz fría- me hubiera preocupado si simplemente se la hubiera llevado sin amenazarla, pero es Draco, desde pequeño amenaza cuando la ira lo supera… todos lo hacemos ¿acaso tú nunca lo has dicho en algún momento de tu vida cuando estás furioso?- lo retó.

Las palabras del castaño lo calmaron un poco. Si se iba por esa línea de argumento tenía razón. Todos en algún momento hemos amenazado y dicho que mataríamos a alguien cuando nos descontrolamos y eso no se traduce en que lo hagamos. Aún así no podía tranquilizarse. ¡Si tan solo Jane lo hubiera escuchado cuando se lo pidió, cuando todos se lo pidieron!

-Queremos respuestas- volvió a la carga Blaise, pero en ese momento el celular de la castaña comenzó a timbrar en el escritorio y Graham corrió a tomarlo. Observó el nombre en la pantalla, era la madre de Jane.

-Tía Jane, soy Graham- aclaró apenas contestó el móvil.

-¿Graham?- escuchó a través de la línea- ¿dónde está Hermione? Ha sucedido algo grave…

Las tres serpientes vieron a Graham palidecer y volver a pasarse las manos una y otra vez por el cabello mientras hablaba, al parecer, con ambos padres de la castaña intercaladamente. Por sus expresiones lo que oía no era bueno.

-Él ya estuvo aquí y están hablando en estos momentos- no quería preocuparlos más de lo que ya estaban- lleven a los niños a casa y traten de calmarlos. Yo iré para allá.

Colgó el teléfono y se dirigió a la puerta pero Blaise le bloqueó el paso.

-No te irás sin explicar lo que sucede- le exigió con un tono tan suave y duró que el rubio tembló.

-De verdad los entiendo- le dijo mirándolo a los ojos- pero ahora no puedo quedarme. No tengo todo claro pero al parecer los niños ya sabían de Draco, Scorpius está furioso y no quiere saber de él. Por lo que me comentó mi tío una tal Gloria o Toria lastimó un brazo de Antares cuando se encontraron- suspiró con cansancio pero no por ello se rindió- por favor Blaise, los niños son primero y me necesitan. Puedes golpearme, hechizarme o lo que sea que pretendan pero nada evitará que vaya con mis sobrinos en estos momentos.

Blaise lo observó y luego a Theo; cuando su amigo hizo un movimiento afirmativo aún reacio se hizo a un lado y quitó los hechizos a la puerta, la cual un par de segundos después se cerró tras el rubio.

-¿De qué Gloria o Toria estarán hablando?- preguntó Theo pensativo.

-¡Astoria!- exclamó Pansy- hace meses que está viajando constantemente al lado muggle para aprender de él y ser la mejor candidata a esposa de Draco. Ha invertido miles de galeones en ropa.

Los tres amigos se miraron preocupados. Si la bruja había estado presente cuando el rubio se encontró con sus hijos nada bueno tiene que haber salido de ello.

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Cuando tocaron suelo, la varita que apuntaba su cuello al momento de abandonar su oficina aún se mantenía en el mismo lugar. No necesitó mirar a su alrededor para saber dónde se encontraban; al parecer Draco había decidido que su casa de Eastbourne sería su lugar de encuentros y desencuentros. En esta ocasión no estaban en el interior de la acogedora construcción sino en medio de la terraza, golpeados por el fuerte viento y con el marco de las oscuras nubes sobres sus cabezas, las que daban una sensación de atardecer a pesar que apenas pasaban del medio día.

Mientras lo observaba con los ojos aún húmedos por las lágrimas derramadas, trataba con ahínco de establecer cómo se había enterado de los niños pero no acertaba la respuesta. No existía forma en que ellos pudieran encontrarse. El fuerte viento volvió a golpearla y se abrazó el cuerpo tratando de darse calor. Sólo vestía una blusa de seda verde y una larga falda tubo de lana gris oscuro; rió internamente de lo absurdo que eso parecía ahora, su ropa interior también era verde; esa mañana se había vestido con los colores de Slytherin para la promesa de "no trabajo" que iban a tener la tarde de hoy en el escritorio del rubio. Volvió a temblar pero no podía pedir un abrigo, no iba a encontrar consideraciones esta vez.

Era increíble que hace tan sólo dos días atrás estaban acariciándose en la habitación que se encontraba a unos metros a su izquierda y ahora él la miraba con odio y la apuntaba con su varita. No tenía miedo que pudiera lastimarla, era consciente que estaba furioso, pero internamente sabía que no le haría daño, al menos no físicamente. Lo miró a los ojos y estos estaban oscuros y fríos; amenazaban la misma tempestad que las nubes que cubrían totalmente el cielo y daban la misma tonalidad gris al océano.

Draco no estaba mejor. Recordaba como una película de un solo capítulo todo lo sucedido esa mañana con los niños y pensaba en todas las señales que tuvo desde que se chocó con ellos en el aeropuerto y todo lo que se fue sucediendo en el transcurso de esos siete meses. Ahora daba sentido al miedo en los ojos de Granger cuando fueron presentados ante el cuerpo legal y su primera intención de abandonar la empresa. Recordó la conversación en que Graham le pidió que le confiese al padre de sus hijos su existencia y la lástima que sintió por "el pobre imbécil"… quiso reírse en voz alta de ello pero la ira lo superaba… el pobre imbécil siempre había sido él.

Scorpius y Antares, sus nombres completos pronunciados sólo una vez entre ellos quedaron grabados tan profundo en su memoria como si siempre hubieran estado allí, como si siempre hubieran sido parte de él. Y luego el rostro golpeado de Scorpius cruzó por sus ojos y sintió la rabia y dolor subir por su garganta como lava ardiendo y esta amenazó con hacer erupción cuando sus palabras volvieron a atravesarlo como un cruccio "si él no nos quiere nosotros tampoco". ¿Cómo se suponía que se sentía? La miró sin compasión y lentamente retiró su varita, guardándola en el bolsillo interior de su saco gris. Sin embargo, en un pestañeo la tomó violentamente por los hombros y presionó con fuerza, no importándole el dolor que sus dedos provocaban en su suave carne. Necesitaba sacar de alguna forma la ira que lo carcomía, quería entender lo que estaba sucediendo y de alguna forma establecer una lógica en toda esa suma de sentimientos que lo invadían en ese momento. Sólo quería comprender y volver a tomar control de sus emociones.

-¿Por qué Granger?- el volver a los apellidos fue un golpe para Hermione, pero lo fue más la frialdad y el dolor en su voz. Si hubiera comenzado gritando o continuado amenazando como en su oficina lo entendería, siempre había estado preparada para manejar su ira, pero ese simple "por qué" la desarmó y las lágrimas corrieron calientes y saladas por sus mejillas. El daño era mayor a lo que jamás imaginó. ¿Cuál era la respuesta adecuada si incluso para sí misma ahora los argumentos que siempre le parecieron tan sólidos le parecían tan insulsos ante su furia y dolor?

-Yo…

-¿Eres siquiera consciente de lo que hiciste?- volvió a enterrar los dedos en sus hombros- ¿de lo que nos hiciste a ellos y a mí?

-Déjame explicarte por favor…

-¡¿Acaso existe una mierda de explicación para todo esto?!- gritó mientras la soltaba con violencia, como si su contacto fuera demasiado para él- él me odia y ni siquiera sé por qué. ¿Qué les dijiste?- preguntó con rencor- ¿Qué su padre no quiso hacerse cargo de ellos? ¿Qué no los quería? ¿Qué se aprovechó de su madre y luego huyó?- volvió a acercarse pero se detuvo a centímetros de tocarse.

Ella sólo podía negar con la cabeza una y otra vez. ¿De qué hablaba? Los niños ni siquiera sabían su nombre, mucho menos podrían haber hablado con él para recriminarle algo. Tenía que estar hablando de otra cosa.

-No sé a qué te refieres- lo enfrentó- ¡ellos no te conocen, no saben nada de ti!

-¡Aquí la única que no sabe una puta mierda eres tú!- le gritó y su voz sonó rasposa- te aseguro que cuando Scorpius me enfrentó hoy sabía perfectamente con quien hablaba y Antares también- la tomó por el brazo acercándola- eres un chiste, Hermione Granger. La mejor bruja de tu generación- se burló- la más inteligente desde Rowena Ravenclaw y ni siquiera conoces a tus hijos.

-Eso no es cierto ¿Cómo te enteraste? ¿Quién te lo dijo?- las preguntas salieron antes que pudiera procesarlas.

El sólo se limitó a mirarla con sus hermosos ojos grises tan fríos como el viento que la calaba los huesos.

-Digamos que ellos me encontraron- se alejó y caminó en círculos rodeándola, taladrándola con la mirada. Si su ira tuviera materia estaba segura que se sentiría como un poderoso cruccio.

-Imposible…

-¿Imposible?- lo sintió detenerse a su espalda pero no se volvió; mas no pudo evitar dar un brinco cuando lo sintió susurrar sobre su cuello- la primera vez que los vi fue a fines de marzo Granger y podría asegurar que ya desde antes me buscaban.

Draco tuvo la certeza de esto al recordar las palabras que la pequeña… no, se interrumpió mentalmente, que su hija le había dicho a su hermano en esa ocasión "Scor, podría ser él". ¿Por qué mierda no le dio sentido a esas palabras entonces? Hasta Blaise hizo una relación y él lo dejó pasar. Quizás cuánto tiempo hacía que sus hijos lo buscaban y todo tuvo que darse así. Se alejó de la castaña porque sentía que sus manos pronto atraparían y presionarían su cuello. ¡Maldita Granger por ocultarle su existencia y maldita Astoria por hacer el encuentro de hoy un desastre! Esta vez debió ser diferente.

Hermione se alejó y comenzó a recorrer la terraza tratando de buscar calma. Ya el frío no le molestaba, incluso el fuerte viento que agitaba con fuerza los rizos que se desprendieron del rodete pasaron a segundo plano. ¡Marzo! Draco los había visto en marzo pero no hizo relación, de ser así esta conversación no se estaría dando recién ahora.

-Esto no tiene sentido…- murmuró para sí y volteó a verlo. Él la observaba a más de tres metros, parado en toda su estatura haciendo frente al viento, su cabello totalmente revuelto, al parecer ajeno al frío clima, sólo atento a la situación que lo estaba carcomiendo en esos momentos.

-¿Cuándo supiste que estabas embarazada?- preguntó mientras se acercaba nuevamente a ella.

-Al tercer mes- lo mejor era responder con honestidad.

-¿Y por qué no me buscaste?- ahora volvía a estar a centímetros de ella. Notó que intentaba ser civilizado pero la forma de arrastrar las palabras era un aviso que todo era superficial.

Ese era el momento que siempre había temido, tratar de hacerle entender que su decisión había sido por el bien de todos.

-¡Tenías 18 y yo 19 años! ¡Recién habíamos dejado de ser niños! ¿Qué hubieras hecho?

-¡Asumir mi responsabilidad como correspondía!- gritó corroborando la suposición que había tenido en esos años- ¿Acaso yo era demasiado joven para ser padre pero tú no para ser madre? ¿Qué te hacía tan especial, tan diferente?- masculló.

-¡Tenía miedo!- chilló desesperada.

-¿De qué? ¿De mí?- preguntó con sorpresa.

-¡De todo lo que conlleva! ¿No te has dado cuenta lo que ellos significan?- lo observó achicar los ojos sin comprender a lo que se refería- Draco, son mestizos… generaciones de Malfoys sangre pura se acabó con ellos ¿no lo ves?

La miró sin dar crédito a sus palabras ¿esa era su patética excusa? ¿Esa era la gran justificación para haberle negado a sus hijos?

-¿Me estás diciendo que estabas preocupada por mi linaje?- el asombro y la ironía se reflejaban en sus voz.

-¡Estaba preocupada que los pudieras rechazar por ser mestizos, por ser hijos de una sangre sucia!- las palabras brotaban como un torrente una tras otra- temía justamente que quisieras casarte por cumplir como lo imponía tu educación pero que al mismo tiempo te sintieras atrapado en un matrimonio no deseado mientras internamente los despreciabas… tenía miedo que me los quitaras apelando a los estatus legales que rigen a los sangre pura y se me viera negado mi derecho a estar con ellos, a criarlos…

-¿Y no crees que yo tenía derecho a decidir?- su mirada era una tormenta a punto de convertirse en un tornado- ¡No me diste ninguna opción, maldita sea!- levantó la mano apuntándola y su voz sonó como un trueno rasgando el cielo- ¡hiciste el papel de Dios y juez en algo que debíamos resolver los dos, que nos atañía a los dos!

Draco quiso decir algo más pero la furia que sentía era tal que su garganta se cerró y sólo el dolor al intentar pasar saliva por su tráquea totalmente obstruida le avisó que la situación lo superaba y que por el momento ningún sonido saldría de su boca. Inspiró hondamente tratando de recuperarse. Cuando hizo la relación de su paternidad con los niños y quién era su madre su linaje fue lo único que no pasó por su cabeza, hasta ahora que ella lo mencionaba. ¿Le importaba realmente que los niños no sean sangre pura? Recordó el precioso rostro de Antares y la soberbia en la postura de Scorpius y supo automáticamente la respuesta, no había diferencia para él; eran sus hijos y eran hermosos, físicamente todo unos Malfoy y estaba seguro que eran más inteligentes que su madre y él juntos. Orgullo, emoción, calidez, instinto protector y unas enormes ganas de sentirlos en sus brazos eran los sentimientos que lo inundaban al pensar en ellos. ¿Cómo era posible este cambio si cuando su madre le pedía nietos él los consideraba algo para el futuro porque no estaba preparado ni dispuesto a ser padre? ¿Por qué si siempre había encontrado un pero a cada mujer como posible madre de sus hijos no le importaba que quien los trajo al mundo fuera Granger, precisamente la más alejada de todos sus estándares? Y principalmente ¿Cómo era posible sentir que el amor por dos seres que recién habías conocido te invadía como un virus poro por poro? Esa respuesta fue simple: porque eran suyos, sangre de su sangre. Y se los habían negado.

-¿Sabes que creo?- había tal frialdad en su voz cuando pudo pronunciar palabra nuevamente que los vellos de la chica se erizaron y no precisamente por el viento frío - que te daba vergüenza ligar tu apellido con el mío… con un ex mortífago, un paria que estaba condenado al repudio de la comunidad mágica…- se sacó la chaqueta del terno y la arrojó con furia al suelo, bruscamente levantó la manga izquierda de su camisa blanca reventando los botones en el proceso para dejar a la vista el tatuaje de la marca tenebrosa que aún era nítido en su blanca piel- ¡la gran Hermione Granger, heroína de guerra se avergonzaba de unirse a un mortífago y que sus hijos fueran unos Malfoy!

-¡No es así!- negó con convicción- jamás pensé eso, tomé la decisión pensando que era lo mejor para todos- él sólo rió con burla- y no me arrepiento de ello- cuando lo vio caminar con furia hacia ella levantó la mano para indicarle que se detenga- no me arrepiento de habértelo ocultado en ese momento, casarnos hubiera sido un tremendo error-repitió- pero sí me arrepiento de haberlo continuado callando a medida que pasaron los años… de no habértelo confesado cuando nos reencontramos-su pecho dolió al reconocerse a sí misma que había sido tan egoísta en el afán de continuar con su secreto que había lastimado a sus niños y a Draco en el proceso.

-¿No te arrepientes de haberme robado seis años de la vida de mis hijos? ¿De conocerlos y que me conozcan?- graznó- ¿hasta dónde llega tu egoísmo?

-¡Tú mismo dijiste hace días que aún no deseabas niños!- se defendió.

-¡Me lo preguntaste mientras estabas ebria! y sinceramente ¿qué esperabas que respondiera? ¿Era una prueba? ¡Dímelo!- exigió- ¿qué respuesta quieres que te dé un hombre de 25 años que no tiene ninguna relación seria?- cortó la distancia entre ellos y la tomó por la barbilla para que lo mirara a los ojos- conociendo como trabaja tu mente habrías pensado que estaba buscando una sangre pura para continuar mi linaje. Ten la decencia de reconocer que si hubiera aceptado ese día que quería hijos para ti habría tenido la misma validez que hace siete años: ninguna.

Hermione no pudo mantener la mirada porque sabía que estaba en lo cierto. Cuando le preguntó hace días si quería hijos fue una prueba, pero también era consciente que bajo ninguna circunstancia hubiera creído que los quería con ella.

-Sin embargo te reconoceré que cuando me lo preguntaste los rostros de Antares y Scorpius pasaron por mi cabeza y deseé tener hijos sólo si eran como ellos- sacó su celular y buscó las imágenes en su memoria, poniéndolas a la vista de la castaña- hace cuatro meses Pansy se encontró con ellos y me las envió como broma por correo. No fui capaz de borrarlas y desde entonces las conservo. Llámalo instinto o lo que sea, simplemente no pude deshacerme de ellas… ¡Y hoy cuando los vi! Todo se descontroló y algo se desató en mi… sólo podía sentir un profundo deseo de protegerlos, no había pensamiento de por medio, sólo un instinto tan poderoso y natural como respirar… - pensó que con gusto hubiera matado a la imbécil de Astoria cuando vio las marcas en el brazo de Antares si no fuera por la urgencia de corroborar la verdad.

Se hizo un profundo silencio entre ellos sólo roto por el sonido del viento. Hermione vio a Draco voltearse y caminar hacia el borde de la terraza para luego apoyarse en el barandal. Estaba tenso y los rasgos de su hermoso rostro totalmente rígidos. Y sufrió por su dolor y por el propio. Porque antes era diferente cuando pensaba en este momento, todo estaba en orden y poseía coherencia, había convicción en sus actos, todo era más fácil porque antes no lo amaba. ¿Por qué tuvo que descubrir la verdad justo ahora que ella había decidido revelársela? ¿Por qué ahora que estaban iniciando algo? ¿Qué era lo que sentía él por ella si había estado dispuesto a quebrar sus propias reglas por continuar lo que iniciaron el viernes? ¿Tenían un futuro los cuatro juntos? Las lágrimas no dejaban de caer de sus ojos. Caminó lentamente hasta situarse a su lado.

-No nos amábamos Draco- susurró- habríamos terminado odiándonos y haciendo sufrir a los niños.

Draco giró el rostro para encararla.

-¿Lo hubiéramos hecho realmente? ¿Después de todo lo que hemos pasado?- ella comprendió que se refería a estos meses de trabajo y la noche del viernes- La respuesta nunca la sabremos ¿verdad?- su voz ahora expresaba cansancio y una profunda tristeza- como ya te dije jugaste a ser Dios en lo nuestro, decidiste por mí… utilizaste los prejuicios que pregonaba antes de la guerra y no en mis cambios después de ella ¿y todo para qué?- se mofó- para limpiar tu conciencia y justificarte… nos hiciste fracasar sin intentarlo hace siete años y volviste a hacernos fracasar con lo que estábamos comenzando ahora- la castaña sollozó con fuerza pero no le importó- nos destruiste dos veces Granger.

-Draco…

-¿Draco? Llamarse por los nombres significa confianza y tú nunca estuviste dispuesta a dármela. Cuando dijiste que sólo estarías unos años en Inglaterra era porque pensabas tomar a mis hijos y marcharte lejos con ellos ¿lo vas a negar?- ella movió la cabeza dándole la razón- te los llevarías porque en Hogwarts era imposible que no hicieran la relación conmigo y tu mentira se descubriría- su voz volvió a cortarse pero continuó- si no hubiéramos pasado juntos la noche del viernes y los niños no me hubieran buscado quizás hubieras logrado tu cometido.

Hermione trataba de contener el dolor que punzaba en su corazón, el cual parecía haberse comprimido a un tamaño ínfimo.

-Creo que el sombrero seleccionador se equivocó contigo- continuó el rubio, agrandando más aún la herida- Tu valentía y valores Gryffindor no son más que una mierda. Luchar contra el señor tenebroso significaba la causa de todos, fuiste primordial en el triunfo y ganaste a pulso todos los reconocimientos, no lo discuto. ¿Qué le pasó a esa leona? Cuando llegó el momento de luchar por algo que te afectaba directamente fuiste una cobarde que sólo optó por la decisión más fácil, te dio miedo darnos una oportunidad, formar la familia que hubiéramos podido ser. Tus prejuicios fueron más grandes incluso que los míos y aún en el presente sigues siendo una cobarde, jamás darás un salto de fe si no tienes la certeza de la respuesta- suspiró con cansancio- jamás habrá un nosotros porque nunca lo quisiste- comenzó a alejarse en dirección a la casa pero se detuvo aún dándole la espalda- no sé si hubiéramos fracasado Hermione, tal vez sí o tal vez no, pero al menos yo hubiera estado ahí para descubrirlo.

-Eso no es cierto- le gritó.

-¿No lo es?- se volteó hacia ella para observarla de frente- ¿tienes algo importante que decirme ahora?

Lo miró a los ojos y no vio otros sentimientos en ellos que no fueran ira, decepción y resolución. Y a lo único que atinó fue guardar silencio.

-Lo sabía- se respondió solo. Avanzó tres pasos pero retornó al recordar algo, parándose a escasos 40 centímetros de ella.

-Dijiste que habías tomado la mejor decisión para todos- se mofó pero su rostro se tornó serio- ¿sigues sosteniendo lo mismo ahora que Scorpius recibió una paliza en el colegio por defender tu honor y proteger a su hermana? ¿Por tener que callar con sus puños a los niños que dicen que su madre ni siquiera sabe quién es su padre?

Hermione lo miró sorprendida, iba a preguntar cómo sabía eso pero él decidió proporcionarle la información.

-El día que Potter y la comadreja te visitaron, Graham los esperaba en su piso, estaba tan furioso como ellos y me preocupé por ti- se río de sí mismo ante ese detalle- como sea, con Blaise fuimos a tu oficina y escuchamos parte de la conversación… ese día sentí ira por la injusticia que vivía ese niño y a la vez orgullo por su valentía… -pareció volver a ese momento y sus rasgos de suavizaron, mas cuando la miró estos eran tan duros como antes- sin saber que todo ese sufrimiento era el de mis propios hijos.

Las lágrimas rodaban nuevamente por las mejillas de Hermione, cómo no hacerlo si eso era algo que a ella también le dolía como si le hubiesen puesto un hierro caliente en el corazón.

-Hay mucha información y tiempo que me debes Granger pero ahora no es el momento- suspiró- siento que de un momento a otro perderé el poco control que me queda si te pregunto quién les enseñó a caminar o a quién llamaron padre por primera vez… me indigna pensar que Potter o Weasley les enseñaron a volar en escoba y que han existido otros hombres que tomaron el lugar que me corresponde por derecho, aunque esos hombres sean tus familiares y amigos- a pesar que su voz era calmada y fría Hermione no pudo dejar de notar que sus ojos estaban cristalizados.

La castaña inspiró llenando sus pulmones de oxígeno, tratando de brindarse calma frente a todo este mar de sentimientos que le estaban minando sus fuerzas. Fue entonces que nuevamente lo escuchó:

-Te voy a aclarar cuatro cosas que espero comprendas bien- hizo una pausa esperando que ella alzara la vista y sólo cuando sus ojos se encontraron continuó- no haré primar mi derecho a custodia por las leyes mágicas como corresponde porque no soy idiota, sé que eso sólo me distanciaría aún más de ellos, especialmente de Scorpius; mañana a primera hora se harán los trámites para cambiar su apellido al de Malfoy, Graham lo hará por las leyes muggles y tú y yo lo haremos en el mundo mágico- la vio asentir resignada y continuó- quiero estar al tanto de absolutamente de todo lo que ocurra con ellos, nada es irrelevante en lo que refiere a mis hijos y no importa si estoy en reunión con el primer ministro muggle o con el ministro de magia, quiero enterarme en el momento ¿está claro?- la chica volvió a asentir, dentro lo dicho todo era lo esperable.

-¿Y la cuarta?- se atrevió a preguntar.

-A las cinco de esta tarde estaré en tu casa y les contaremos la verdad…

-Pero es muy pronto, debo prepararlos- lo interrumpió asustada. Una cosa era gritarlo entre adultos pero explicarle a sus hijos que le había escondido a su padre su existencia era harina de otro costal, menos con él presente.

-No te lo estoy preguntando, te lo estoy comunicando- sentenció- mis hijos no se irán a dormir otra noche pensando que su padre no los quiere.

-Draco…

-Puedo hacerlo con o sin tu autorización. Tú decides si quieres que haga valer mis derechos ante el Wizengamont- la amenazó- por lo mismo tienes prohibido abandonar Dragonet, si te atreves a huir solicitaré se active su rastreador mágico y te los quitaré sin compasión. Sobornaré a quien tenga que sobornar y me gastaré hasta el último galeón, pero te advierto que no los volveré a perder- miró la hora en su reloj de pulsera- ahora por tu propia seguridad vete. Estaré en tu casa en dos horas más, tienes tiempo más que suficiente para calmarte y pensar en la explicación que les darás ellos.

Comenzó a alejarse de la castaña sin mirar atrás y pasó sobre su saco con el frío calándolo sin compasión pero no le importó, de cierta manera era una forma de concentrarse en otra cosa que no sea crucciarla como realmente deseaba. Había avanzado unos tres pasos cuando sintió el plop de su aparición. Se encontraba solo en medio de la terraza y recién ahora permitió que las lágrimas que había reprimido todo ese tiempo se deslizaran por sus blancas mejillas. Lloraba por la alegría de saberse padre, por la ira de que lo hayan alejado de ellos, por todos los años que se había perdido y que jamás recuperaría y sobre todo por el odio que vio en los ojos de su pequeño Scorpius. Inspiró y expiró buscando calma; su padre siempre le había dicho que llorar era de débiles, que los hombres jamás se denigraban de esa manera; pero su madre le enseñó que también era algo digno de hombres, que reconocer el dolor aunque sea en privado lo hacía humano.

Ahora debía volver a su villa de Weybridge, era más que seguro que sus amigos se encontraban allí esperándolo y hayan puesto a su madre al corriente. Miró los blancos acantilados que tanta admiración y paz le proporcionaban siempre que estaba allí, sin embargo, esta vez sólo le devolvieron unos recuerdos que ya no valía la pena conservar, vacío y desazón. Inspiró nuevamente dándose valor para lo que le restaba por hacer ese día y sólo el sonido de un plop anunció que también se había marchado.

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Cuando Hermione apareció en su casa esta se encontraba vacía. Suspiró y temblorosamente se llevó las manos tratando de ordenar su cabello como una forma de distracción. ¿Por qué todo había sucedido de esa manera? Miró los portarretratos de sus hijos y ella distribuidos por toda la sala de estar, siempre riendo, siempre felices, siempre los tres. Y ahora tendría que confesarles que su padre vivía en Londres, que era un mago y que quería formar parte de sus vida; pero sólo de ellos porque cualquier posibilidad que esta familia ahora fuera de cuatro había quedado totalmente hecha añicos.

¿Cómo se encontraron? Hoy Draco estaba en un seminario y dado que todos se negaron en rotundo a que Scorpius se presente en el colegio con el cardenal tan pronunciado, sus padres los llevarían a Westfield Stratford City; su padre y Graham coincidieron en que su asistencia sólo generaría otra pelea porque los niños se burlarían y lo mejor era que se distraigan. Se abrazó buscando consuelo pero la hora estaba pasando y Draco pronto vendría. Sin pensar consecuencias se apareció en su oficina, tomó su bolsa, abrigo y celular y se apareció en casa de sus padres. Eran las 15:32, su tiempo se estaba agotando.

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Draco se apareció en la sala principal de su villa en Weybridge y tal como pensó todos estaban allí aguardándolo. Su madre detalló sus ojos levemente rojos, la falta de saco que lo abrigara y la manga izquierda de su camisa levantada mostrando esa marca maldita que tanto daño le había causado. Eso era algo que Narcisa Malfoy Black jamás se iba a perdonar, haber permitido que su hijo fuera tatuado sin tener una convicción real de lo que ello conllevaba.

Se acercó lentamente hacia él y, como tantas veces después de la guerra, lo hizo inclinarse para acunarlo en sus brazos. Cuando sintió que también la envolvía en los suyos susurró suaves palabras de cariño y cuando lo notó calmado se separó para besarlo en la frente y luego mirarlo a los ojos, esos preciosos mares grises que ahora se veían atormentados.

-Tengo dos hijos madre- le susurró emocionado- eres abuela de dos hermosos niños de seis años.

Ella sonrió y le acarició la mejilla. Sus ojos azules también inundados de lágrimas.

-Lo sé, los muchachos me lo contaron.

Draco se separó de ella y fue a sentarse en el gran sillón blanco que abarcaba la mitad de la sala. Una mano se posó en su hombro y cuando se volteó vio a Theo que le extendía un vaso de whisky de fuego que recibió gustoso. Blaise se sentó a su derecha y Pansy a su izquierda, mientras que su madre y el castaño se ubicaron en los sillones individuales que se encontraban frente a él.

-Salud por los mini Malfoys- escuchó decir a Blaise y no pudo evitar sonreír ante el apodo- y también salud por mi amigo Draco, que logró romper generaciones de hijos unigénitos y ahora no sólo tiene un heredero sino también una princesa que tendremos que cuidar con uñas y dientes si no queremos que nos mate.

Draco miró a su madre que sonreía feliz y cayó en la cuenta de las palabras de su amigo y su sonrisa se extendió. Tenía razón, después de siglos de varones unigénitos había por fin una niña en la familia, su pequeña princesa. Antares Malfoy. Saboreó el nombre y su corazón se hinchó, qué bien sonaba el nombre a sus oídos. Alzó su copa y bebió por sus hijos.

-Disculpa si le quito la miel al momento- dijo Pansy- pero ¿me puedes explicar en qué momento te llevaste a Hermione Granger a la cama y por qué no nos dijiste nada?- vio al rubio cruzar miradas con Theo y ahora su molestia se dirigió al castaño- ¡¿tú sabías y no nos dijiste nada?!

-No era mi secreto Pansy- se defendió el castaño- y eso no es lo importante ahora- se volteó a su amigo que volvía a estar serio- creo que es momento de saber qué pasó para que sólo te hayas enterado hasta ese momento.

Draco los miró evaluando por dónde empezar y resolvió que iniciar por Hogwarts era lo mejor, no con tantos detalles, sólo lo necesario para dar claridad a la existencia de sus hijos. La sorpresa no abandonó el rostro de las mujeres mientras el narraba su historia con Granger, obviando lo sucedido en Eastbourne por supuesto, y pasando al encuentro con los niños, la presencia de Astoria y la explicación de la castaña.

-¡Maldita perra malnacida de Astoria!- bufó Pansy- ¿Por qué mierda tenías que encontrarla justo hoy?- se lamentó- ¿De verdad la lastimó?- preguntó haciendo alusión al brazo de la pequeña.

-Cuando le mostró su brazo a Scorpius tenía las marcas de las manos de Astoria- masculló malhumorado- fue eso lo que detonó su ira, debió pensar que es mi novia y que no me importó que la lastimara.

-¿Y dices que entre los dos te mandaron a volar junto con Astoria por varios metros?- preguntó sorprendido Blaise. Las explosiones de magia eran normales en los niños magos, pero no a ese nivel.

-No sólo una vez, fueron dos- lo corrigió recordando su sorpresa ante ese hecho- y cuando se fueron se formó un tipo de escudo que no pude atravesar. Es como si me hubieran bloqueado.

-Combinaron su magia- concluyó Theo sorprendido; no era habitual que un niño tan pequeño pudiera realizar tal control.

Draco observó la hora en su reloj de pulsera, 16:07, debía marcharse a la casa de Granger. Quería llegar allí cuanto antes, pero también reconocía que estaba literalmente cagado de miedo; enfrentar a sus hijos después de todo lo sucedido ese día era una de las cosas más difíciles que había vivido, tan comparable a la noche en la torre de astronomía cuando debía matar a Dumblendore.

-Es hora de irme- dijo poniéndose de pie- Granger vive en un sector muggle y no puedo aparecerme fuera de la casa. Me daré un baño primero y luego conduciré hasta allá.

Se encontraba a la mitad de la escalera cuando Pansy llegó corriendo a su lado.

-No uses terno- le recomendó- no vas a una reunión de negocios y ellos te verán más lejano si te ven formal.

Draco asintió y no pudo evitar darle un abrazo por aquel detalle.

-Gracias Pansy.

-¿Por qué? Son mis sobrinos y quiero conocerlos pronto.

-Y lo harás. Todo el mundo lo hará- le dio un beso en la coronilla y continuó su camino apresurado hacia su habitación.

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Cuando Hermione se apareció en la sala de sus padres no encontró a nadie allí. Miró por el gran ventanal hacia el patio pero sólo vio hojas y más hojas volar desordenadamente al ritmo del viento. Escuchó unos susurros provenientes de la cocina y se dirigió hacia allá.

Apenas había puesto un pie la espaciosa habitación cuando su madre posó la mirada en ella y corrió a envolverla en sus brazos. Después de la discusión con Draco estar en aquella cuna cálida y amorosa se sentía tan bien, tan reconfortante y tan protegida que deseó quedarse allí para siempre. Sintió una mano en su cabellera y levantó sus ojos mieles para encontrarse con los marrones de su padre, quien con la mayor ternura atrapó una lágrima que sin permiso salió de sus ojos.

-¿Qué sucedió?- escuchó a Graham desde algún punto detrás de su progenitor.

Se obligó a abandonar los cálidos brazos que la rodeaban y caminó con desgano para sentarse en uno de los bancos de la isla que se situaba justo en mitad de la cocina. Miró a su primo, ubicado en el lado opuesto a ella y suspiró.

-Estaba furioso.

-¡Créeme que lo noté!- cruzó ambas manos sobre la mesa y por el rabillo del ojo vio a sus padres situarse junto a ella- ¿pretende quitarte los niños?- preguntó temeroso. Graham era consciente que económicamente Draco tenía el poder para quitarles los niños, de quererlo podía darse el gusto de un juicio legal que se extendiera por años y por otra parte, y la que más le preocupaba, era que de acuerdo a lo dicho por Jane, en el mundo mágico tenía todos los derechos y eran irrebatibles. Sin embargo, ellos no bajarían los brazos sin luchar si la situación lo ameritaba.

-No- respondió ella tranquilizándolo- no pretende quitarme a los niños porque sabe que eso causaría mayor distanciamiento con ellos… no sé por qué cree que yo los puse en su contra- suspiró cansada.

-Perdónanos hija- dijo su padre tomándole la mano- todo esto es porque los llevamos al centro comercial en la mañana… si nos hubiéramos quedado en casa o hubiéramos ido más tarde...

-No papá- apretó su mano para reconfortarlo- es mi culpa. Todos ustedes insistieron en que le confiese la verdad y yo me negué- movió la cabeza negativamente y un sollozo amenazó con escapar de su garganta.

-¿Pero cómo supo qué eran ellos?- interrogó su madre- no me explico cómo hizo la relación… salvo por el parecido, pero eso tampoco es para darlo por certeza.

-Draco escuchó varias conversaciones sin que supiéramos- miró a Graham- cuando Ron y Harry fueron a verme el jueves se encontraron…

-Vi a Draco en el elevador cuando ellos bajaron- interrumpió el rubio.

-Bueno… el bajó con Blaise y escuchó sobre la pelea de Scorpius y el cardenal que tiene en el ojo- volvió a suspirar profundamente con pesar- debe haber oído sus nombres porque los sabía cuando hablamos hace rato.

Un silencio se prolongó por minutos en el pequeño grupo, cada cual tratando de imaginar los alcances de la nueva situación.

-Mañana te pedirá que realices la gestión de cambio de apellidos en el mundo muggle y debo acompañarlo para registrarlos en el mundo mágico- les informó, llamando la atención de todos.

-¿No los rechazó entonces?- preguntó su padre sorprendido. Siempre pensó que ese joven rehusaría la paternidad porque no eran de su misma estirpe mágica, unos mestizos como aclaraba su hija.

-Todo lo contrario- aclaró- se sintió traicionado y piensa que se los negué por su pasado mortífago, porque me avergonzaba de unir su apellido al mío- llevó sus manos a su rostro para cubrirlo con frustración- los quiere cerca y exigió conocerlos hoy. Dijo que no dejaría que los niños siguieran pensando que nos los quiere.

Cuando bajó sus manos y sus ojos se encontraron con los orbes verdes de su primo vio todo el reproche en ellos; sabía que en ese punto Graham estaba con Draco, se lo había vuelto a recriminar cuando Scorpius peleó en el colegio.

-Pero los niños no están listos- exclamó su madre- Scorpius está molesto y Tari asustada… la mujer que hoy lo acompañaba le dejó marcas en su brazo…

-¿Qué mujer? ¿Qué marcas?- preguntó preocupada poniéndose de pie y sus padres le narraron la versión de los niños. ¡Merlín! Pensó a medida que escuchaba, esto se iba a transformar en un infierno. Sabía que Scorpius era protector con Antares y ella, pero ignoraba a cuánto podía llegar. ¿Realmente no los conocía como había dicho Draco? Miró la hora en el reloj de cocina- ¡Santo cielo! Debo marcharme a casa, tratar de al menos hablar con ellos antes de que llegue.

Mientras hablaba se dirigió a la habitación de entretenimiento que tenían sus padres y allí encontró a sus hijos viendo televisión. Cuando la vieron Tari corrió a sus brazos mientras Scorpius caminó con calma hasta llegar hasta ella.

-¿Nos vamos a casa?- preguntó con indiferencia, cosa que le preocupó.

-Sí, cielo.

Scorpius asintió y abrazó a su padrino y abuelos para luego dirigirse a la chimenea, donde las esperó con una aparente calma. Hermione lo vio con actitudes tan similares a Draco que se inquietó; quizás estaba demasiado sensible, se reprendió y no había nada de qué preocuparse. Tras comprometerse a comunicarles todo lo que sucediera con la visita de Draco, a las 16:50 ingresaron los tres a la chimenea rumbo a su hogar.

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Draco llevaba 15 minutos estacionado fuera de la casa de Granger. El cielo gris y el fuerte viento hacían remolinear las hojas sueltas y daban un aspecto lúgubre al paisaje otoñal. Durante todo ese tiempo estaba tratando de controlar su impaciencia y le parecía que los minutos no pasaban ¡Merlín, ya no soportaba un minuto más encerrado en el coche! Si seguía así se volvería loco ¡y qué mierda! Tocar unos minutos antes no cambiaría el curso de los acontecimientos.

Abrió con calma la puerta de su deportivo y con movimientos elegantes descendió del coche mirando la estructura de la acogedora casa de dos plantas. Puso el seguro y lo rodeó para iniciar el corto recorrido por la vereda que lo separaba de sus hijos. Su corazón comenzó a bombear con fuerza y un sudor frío recorrió su espalda; con cada paso sus latidos se hacían más rápidos y su anhelo se contraponía al miedo. Recordó el odio en los ojos de Scorpius y el miedo en los de Antares y se detuvo a dos metros de la puerta asustado, mas retomó la marcha con el firme propósito de recuperar el tiempo perdido y de cambiar esa circunstancia. Eran sus hijos, tenían derecho a estar con él, tenía derecho a quererlos y que lo quieran. Y con esa convicción y siendo las 16:51 tocó el timbre de la puerta de Granger.

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Acababan de salir de la chimenea y quitarse los abrigos cuando sintió el timbre de la puerta principal. ¡No era posible que ya estuviese aquí! Pensó alarmada y miró a los niños que estaban estáticos esperando que fuera a abrir. ¡Merlín bendito! Pensó que al menos tendría unos minutos para hablar con ellos. El timbre volvió a sonar y ella seguía fija en su lugar.

-Mamá, están tocando- dijo Scor con obviedad y tomándola del brazo, pero ella continuó sin reaccionar.

Ante su extraño comportamiento Tari corrió hacia la puerta seguida de cerca por su hermano.

Draco estaba comenzando a impacientarse. ¿Sería que Granger se atrevió a huir con los niños? ¿Estarían en casa? Presionó el timbre por tercera vez y la puerta se abrió mientras aún mantenía el dedo en el interruptor, sin embargo, la castaña no se encontraba frente a él sino que la divisó al fondo de la sala. Bajó la mirada y descubrió unos asustadizos ojos grises fijos en él. Su corazón se detuvo por un segundo. Vio a Antares mover los pies nerviosa mientras lo recorría en su larga estatura y pronto Scorpius se paró a su lado, rodeándola protectoramente por los hombros. Le dolió ese gesto de defensa, ellos no deberían temerle ni estar molestos con él. ¿Qué debía hacer? Esto era totalmente diferente a cualquier cosa que hubiera afrontado jamás… y definitivamente más importante. Optó por lo más juicioso: dejarse guiar por su instinto. Con calma se puso en cuclillas para quedar a la altura de sus pequeños y esbozó una sonrisa nerviosa.

-Hola hermosa- saludó a Antares, quien le devolvió una tímida sonrisa.

-Hola- respondió con su cantarina voz.

Dirigió su mirada a Scorpius quien no había cedido un centímetro y le bloqueaba la entrada, firmemente rodeando a su hermana.

-Hola Scorpius- lo observó entrecerrar los ojos y mirarlo con recelo, decidiendo si debía ceder a las buenas costumbres y responderle el saludo o simplemente ignorarlo. Ganó lo primero.

-Hola- dijo secamente.

Por el rabillo del ojo observó a la castaña acercarse y situarse detrás de los niños, poniendo una mano sobre los hombros de cada uno. Lentamente se puso de pie y la enfrentó.

-Granger- la saludó sin emoción y cuando percibió la mirada hostil de Scorpius sobre él se dio cuenta de su error- Hermione- se corrigió, pero era tarde, el gesto en el pequeño rostro no cambió.

-Buenas tardes Malfoy- respondió y ahora fue él quien se sintió aliviado cuando el mismo rostro de su hijo se volteó a su madre interrogante. ¡Demonios! Definitivamente deberían hablar sobre el trato- pasa por favor.

La castaña tomó las manos de los niños y los hizo caminar a su lado hasta la sala mientras Draco los seguía de cerca. A medida que avanzaba observaba los contrastes de colores blanco y madera que conformaban el pasillo y la sala, iluminando el acogedor espacio con sus grandes ventanales que daban al patio trasero. La presencia de los pequeños no sólo era evidente por los innumerables portarretratos distribuidos en la sala, sino por los juguetes esparcidos en ella. Posó su vista en una fotografía de dos bebés sonrientes cuyos dientes recién comenzaban a salir y sintió ira, pero no era el momento para dejarse llevar por ella, no con ellos allí. Se acercó al mueble y con sus blancos y largos dedos recorrió los regordetes rostros del portarretratos. Cuando se sintió nuevamente en control de sus emociones se giró hacia la castaña y la vio morderse los labios nerviosa, a su lado ambos niños se apoyaban en sus piernas.

Hermione comprendió que era el momento de las presentaciones. Por lo que le dijeron sus padres los niños sabían o habían deducido que Draco era su padre, ahora estaban frente a frente y tenía que encontrar las palabras adecuadas para contarles la verdad. Cuando vio a Draco acariciar el portarretratos su corazón volvió a encogerse y el sentimiento de egoísmo volvió a atormentarla. Tomó valor y se agachó para quedar a la altura de Scor y Tari y los giró para que la miraran a los ojos.

-Quiero presentarles a una persona muy especial para todos nosotros- comenzó nerviosa, logrando no sólo la atención de los niños, sino también la mirada nerviosa de Draco, quien sin darse cuenta estaba conteniendo el aliento- él es alguien a quien siempre han querido conocer y…

-Sabemos quién es- la interrumpió Scorpius girándose hacia el platino mayor y mirándolo directamente a los ojos, gris contra gris- es Draco Malfoy, nuestro padre.

-Y es un príncipe- complementó Antares emocionada- el Príncipe de Slytherin.

Ambos adultos los miraron asombrados y no fueron capaces de pronunciar palabra. Así no era como habían imaginado que se daría esta revelación.

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Hola, sé que todas estaban ansiosas por este capítulo y me disculpo por la demora, pero por temas familiares y de trabajo no había podido dedicarme a escribir como lo deseaba. Algunas se preguntarán porque volví a subir el capítulo 12, la verdad es que me di cuenta que como no me manejo bien en la página de Fanfiction estuve copiando y pegando y no todo se transcribió correctamente, faltando algunas palabras. Tal vez ustedes ni siquiera noten la corrección, pero yo sabía que faltaban parte de esos diálogos incompletos y quise subirlo nuevamente.

Por otro lado este capítulo fue todo un reto porque creo que me excedí con el anterior y había tantas expectativas en sus reviews que me anduve un poco asustando. Cuando dije que nunca esperé esta reacción a mi historia estaba siendo sincera, según yo esta era una página donde podía escribir y subir mi fic y en el futuro decirle a mi hija "esto lo escribió para ti tu madre" y que sólo yo y algún día ella sabríamos que existía.

Agradezco infinitamente todos sus comentarios, sugerencias y apoyo en esta historia. Ahora veremos realmente una postura desconocida en Draco, la convivencia y la experiencia de ser papá y afrontar esos pequeños detalles que pueden trastornar tu vida cuando no estás acostumbrado a las trivialidades de convivir con dos inquietos y reticentes niños. Un abrazo y no leemos pronto.

Sabina G.