Los pequeños Malfoy, el orgullo del Dragón

Hermione observó por el espejo retrovisor la cara seria de Scorpius mientras este miraba indiferente el paisaje por la ventanilla del auto. Las marcadas ojeras, no diferentes a las que presentaba ella misma, eran clara muestra que su pequeño no había pasado una buena noche, aun así, cuando los fue a despertar por la mañana se mostró un poco más accesible y aceptó desayunar sin inconvenientes. Se mordió el labio mientras miraba con disimulo el feo moretón de su ojo que no había remitido en ese color entre azul y amarillo que presentaba el día anterior. Aunque lo dudaba, realmente esperaba que a raíz del golpe no se originara un nuevo enfrentamiento entre Scorpius y sus compañeros; era impensable que niños de seis años dejaran pasar una situación así sin hacer comentarios o burlas. Sin embargo, el pequeño rubio había insistido con volver al colegio en esas condiciones y considerando el temperamento actual que demostraba, no sabía si era por valentía, orgullo o una combinación de ambos; la única razón por la que había aceptado es porque su veta Gryffindor se había impuesto y razonó que retrasar las cosas no iba a evitar el desastre; era mejor dar la cara ahora. El cambio de semáforo la obligó a detenerse mientras observaba la hora en el panel de su SUV, 07:40 AM, estaba con tiempo suficiente para dejarlos en el colegio y llegar a la hora a la oficina.

Antares por su parte no disimulaba su alegría y lo primero que hizo al despertar fue preguntarle a qué hora vería a su padre. Era curioso lo que una noche de insomnio podía provocar en el cuerpo haciéndolo sentir prácticamente anestesiado, puesto que le había respondido con toda calma que sería en la tarde, luego de retirarlos del colegio. Al menos pareció entender y no insistió más ello, tal vez también por no molestar a su hermano, quien se puso rígido sólo ante la mención de su progenitor. Ahora, la melodiosa voz de su hija llenaba el silencio que imperaba en el automóvil con una alegre canción infantil mientras permanecía cómodamente instalada en su silla de seguridad.

Con el cambio de semáforo giró a su derecha y desde allí pudo vislumbrar la estructura del colegio al que asistían los gemelos. Por suerte había conseguido un buen establecimiento justo a 15 cuadras de su casa, lo que le permitía irlos a dejar personalmente todas las mañanas ya que no la desviaba tanto de la ruta a su trabajo y como también estaba cerca de la casa de sus padres, ellos los pasaban a retirar a la hora de salida. A medida que se iba acercando su mirada se dirigía una y otra vez a Scorpius, pero su rostro seguía tan indiferente e imperturbable como cuando salieron de casa, sólo apartando el rostro de la ventana cuando Antares le tocó el brazo para indicarle que estaban llegando.

Como era su costumbre, aparcó su SUV cerca de la entrada y bajó para soltar los cinturones de las sillas de seguridad, permitiendo que ambos niños descendieran por la puerta derecha. Supo que algo no andaba bien cuando al girar vio a la directora rodeada de otros seis adultos que los miraban a ellos tres insistentemente y no muy lejos de ellos, tres niños que se revolvían nerviosos y que presentaban feos golpes en pómulos y labios. ¿Scorpius había conseguido golpearlos tan fuerte él solo? Lo miró de reojo y se detuvo fingiendo agacharse para arreglarle el cordón de la zapatilla.

-Scor ¿esos son los niños con los que peleaste, cielo?

El pequeño rubio volteó la cabeza en busca de los compañeros a los que refería su madre y los ubicó unos metros más allá; cuando sus miradas se cruzaron cambiaron la expresión de su rostro y comenzaron a reírse y a apuntarlo con el dedo. Una furia enorme lo invadió y tuvo ganas de lanzarse contra ellos y quitarles la sonrisa con sus manos; si pudiera controlar su magia no dudaría en hechizarlos y convertirlos en sapos. Luego observó al grupo de adultos que miraba a su madre con hostilidad y, por primera vez desde que se enteró que Draco Malfoy era su padre, deseó que estuviera junto a ellos para que no tuviera que enfrentar sola a esas personas. Lo malo era que no estaba y él no podría protegerla del mal rato que se le avecinaba. Así que sólo movió afirmativamente la cabeza y cuadró los hombros mientras ella se ponía de pie; a pesar que aún seguía molesto la tomó firmemente de la mano, antes que todo él era el hombre de la casa y su deber era cuidar de su madre y Antares.

Los tres iban tan concentrados observando al grupo que los aguardaba que no se dieron cuenta del momento en que una cuarta figura se unió a ellos. Scorpius sólo fue consciente cuando una gran mano se tragó la suya y levantó el rostro para observar el perfil de su padre que se mantenía serio evaluando a los otros adultos; pensó en retirar su mano pero luego lo meditó mejor al recordar el miedo que inspiraba cuando estaba enojado, así que sólo se dejó guiar por su alta y fuerte figura. Sonrió disimuladamente al pensar la sorpresa que se llevarían quienes los esperaban cuando tuvieran que enfrentarse a él ¡a ver si esos odiosos seguirían riendo en un rato más!

-¡Papá!- gritó Antares soltándose de la mano de Hermione y corriendo hacia él.

La castaña observó aturdida a un Draco Malfoy cuyo porte aristocrático y elegancia innata pareció de pronto llenar todo el lugar ¿en qué momento llegó? ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué Scorpius aceptaba estar tomado de su mano? ¿Pasó algo el día anterior de lo que no estaba enterada? ¡Merlín! Con tanta pregunta sin respuesta pensó que se volvería loca. Lo vio detenerse y cargar en su brazo izquierdo a Antares para recibir su ya espontáneo piquito en los labios para luego él depositar uno en su frente, todo ello sin soltar a Scorpius. Hermione sólo lo miraba exigiendo una explicación la cual pareció entender cuando lo vio dirigir su mirada al grupo que los aguardaba, ahora ya no molestos sino visiblemente asombrados. Cuando terminaron de cubrir los dos metros que los separaban de la directora, la castaña observó con molestia como las madres literalmente se lo estaban comiendo con los ojos y las que se encontraban más lejos se apresuraban para observarlo mejor. ¡Definitivamente este tipo de situación es un martirio! Para ella era una certeza que este hombre era un pecado sólo por existir, "y qué delicioso pecado" no pudo evitar pensar.

-Señorita Granger, buenos días –saludó la directora sin quitarle los ojos al rubio y llevando nerviosamente un mechón de cabello tras la oreja.

¡Un momento! Esa mujer siempre seria y amable, de pasados 50 años, a pesar de lo bien que se conservaba, ¿le estaba coqueteando como una quinceañera hormonal a Malfoy delante de ella y sus hijos? ¡Esto era colmo!

-Señora Stone, buenos días –respondió amablemente pero la rubia mayor seguía sin quitarle los ojos al rubio.

-¿Y este joven es…? –inquirió a pesar que el grito de Antares fue más que audible hace momentos atrás y si eso no fuera suficiente, el parecido entre los tres no dejaba lugar a dudas.

-Es nuestro papá –la emoción y orgullo de su pequeña era evidente.

Draco, que aún sostenía a Antares en su brazo izquierdo volteó a verla y le dirigió una sonrisa cargada de ternura, suavizando su rostro y dejando traslucir en sus normales serios y fríos rasgos todo el amor que sentía por ella. Ante este cambio, las castaña juraría que escuchó varios suspiros de las mujeres que se encontraban a su alrededor. Entonces el rubio giró su rostro y este nuevamente se tornó frío al encontrarse con el grupo de adultos.

-Un gusto –saludó Draco con su voz de barítono y una elegante inclinación de cabeza que pareció estremecer a las mujeres - mi nombre es Draco Malfoy y como dijo esta pequeña belleza –su rostro se dulcificó al mirar el rostro feliz de su hija- soy el padre de Scorpius y Antares.

-Disculpe, pensé que por el parecido tal vez era el tío de los niños –la voz de la directora era claramente de desilusión y Hermione no pudo evitar rodar los ojos, gesto que no pasó desapercibido para Draco.

-Indudablemente somos muy parecidos –afirmó el rubio y el orgullo que ello le causaba era evidente en su voz, sin embargo, cualquier comentario que quisiera agregar fue interrumpido por uno de los hombres que se encontraba entre ellos.

-Lo que menos nos interesa en estos momentos es su parecido con sus hijos o si tiene la intención de reconocerlos… aunque así tal vez no se convertirán en pequeños delincuentes –el desprecio en las palabras hizo que Draco le dirigiera una gélida mirada que hasta a la misma Hermione, dentro de su ira, le provocó miedo; qué decir de la sorprendida directora que miró con reprobación al padre que pronunció la ofensa. La castaña estaba segura que ese comentario le costaría caro a ese hombre ¿Cómo se atrevía a decir eso delante de los niños?

Draco por su parte estaba que sacaba su varita y cruciaba a ese bastardo. Si los hijos eran como ellos ya imaginaba todos los malos ratos y humillaciones que había soportado Scorpius. Cuando sintió un leve quejido por parte de Antares se dio cuenta que en su molestia había apretado el abrazo por lo que procedió a bajarla con cuidado y así evitar lastimarla. Acto seguido soltó la mano de Scorpius y los volteó a ambos para que lo miraran de frente mientras hablaba.

-Vayan a jugar un momento mientras los adultos conversamos, luego vamos por ustedes con su madre –a pesar que la petición la hizo con suavidad Hermione se dio cuenta que su tono de voz no admitía réplica y se estaba controlando para no lanzarse frente a ellos contra el otro hombre.

Scorpius lo miró con detalle y luego a su madre, quien parecía preocupada en esos momentos, eso sólo podía significar que lo que venía no sería agradable para que ellos lo presenciaran. Y como realmente quería que el padre de su compañero lo pasara mal, tomó la mano de Antares para alejarla.

-Iremos al patio de juegos –avisó para que supieran donde estarían.

-Mejor vayan a su sala de clases para que inicien la jornada –ordenó la directora.

-Prefiero que se queden en un lugar seguro donde luego podamos ir por ellos –la interrumpió Draco- niños, hagan lo que les pedí –cuando los vio desaparecer obedientemente por el portón del colegio volvió la mirada al grupo y se puso protectoramente junto a la castaña, quien tenía las mejillas rojas de la ira. Definitivamente ese maldito iba a pagar el agravio.

-¿Cómo se atreve a ofender a mis hijos de esa manera estando ellos presente? ¿Quién demonios se cree que es? –a medida que la chica iba hablando su voz se elevaba y se acercó al hombre presionando su dedo índice en el hombro; cuando Draco vio que bajó la mano y la empuñó tuvo la intuición que la castaña se estaba preparando para golpearlo, por lo que procedió a tomarla por los hombros y luego rodear su cintura para mantenerla quieta. Por supuesto que él también quería matar a ese bastardo pero prefería desquitarse de una forma más sutil.

-¡Por favor mantengamos la calma! –suplicó la directora mirándolos a todos y luego a los otros padres que observan alrededor- no pueden perder la compostura, sus hijos están a poca distancia y hay otros padres y menores ingresando. Síganme a mi despacho por favor –y sin dar la oportunidad a rehusarse comenzó a caminar hacia el interior del edificio, seguida de cerca por el enfadado grupo.

Draco mantuvo a Hermione pegada a él durante el corto trayecto de pasillos blancos y sobrios hasta que llegaron a un recibidor donde se encontraba la secretaria de dirección. La directora se detuvo frente a una puerta de roble y la abrió invitando a los adultos a ingresar al despacho. Draco observó a los tres hombres entrar molestos y se hizo a un lado para dejar pasar a Hermione y las otras mujeres; ante todo él era un caballero.

Cuando cerró la puerta observó con molestia que el hombre que había lanzado la ofensa se encontraba sentado y su mujer de pie junto a él, evidenciando totalmente su falta de clase. Iba a lanzar un comentario cuando la puerta se abrió y la secretaria entró junto a un auxiliar cargando ambos una silla en cada brazo. Se acercó a ella para ayudarla y se dio cuenta que otro de los padres apoyó en la tarea. Llevó una silla hasta la castaña y esperó que se sentara para luego él hacer lo propio a su lado. Todos estos gestos no pasaron desapercibidos por las mujeres presentes que miraban al rubio embobadas y luego con molestia a sus respectivos maridos.

-Papitos –comenzó la directora para llamar la atención de todos ellos- les voy a pedir que por favor dejemos los insultos de lado así como los comentarios fuera de lugar, ante todo somos adultos responsables y…

-¡Señora directora, usted no nos puede pedir eso después de lo que ese niño le hizo a los nuestros, usted vio como los golpeó! –la interrumpió el mismo hombre.

-¡Señor Harrison, le exijo que se calme para poder resolver la situación! –la voz de la directora fue clara y autoritaria, más pareció no hacer efecto en su receptor.

-¡Y yo exijo que ese pequeño fenómeno sea expulsado del colegio, es un peligro para nuestros hijos! –a esta altura el hombre estaba fuera de control y algo le decía a la castaña que la apariencia elegante y aristocrática de Draco tenía mucho que ver.

-Vuelve a expresarte una vez más así de uno de mis hijos y me olvidaré que existen damas presentes y te voy a enseñar en persona lo que es golpear verdaderamente a alguien – Draco en ningún momento cambió su postura mientras habló y su tono de voz no se elevó ni un decibel, sin embargo, la frialdad de su mirada y la amenaza que estaba dispuesto a cumplir lo dicho era tan patente que la esposa del otro hombre lo tomó por el brazo instándolo a sentarse-. Por lo que observo todos ustedes ya se han reunido y llegado a un acuerdo para solicitar la expulsión de mi hijo pero en realidad lo hicieron en vano…

-¿Piensa que el que haya golpeado a otros tres compañeros es algo menor? –lo interrumpió una de las madres sentada frente a él.

-Ustedes hablan que Scorpius golpeó a sus hijos pero parecen dejar de lado que ellos también lo golpearon a él ¿o creen que los golpes en su cara son producto de maquillaje? –la furia de Hermione, a diferencia de la Draco, no era controlada, estaba a punto de lanzarse contra todos aquellos padres. Cuando se trataba de sus hijos la leona que llevaba dentro salía en todo su esplendor y no dudaba en defender a sus pequeños.

Para el rubio, aunque no lo demostró, resultó muy perturbador observarla puesto que las madres Slytherin no actuaban con tan evidente pasión al momento de proteger sus crías, eran más bien calculadoras pero no menos efectivas. Tenía la certeza que no era la primera vez que sacaba las garras por los niños y obviamente no sería la última.

-Tal vez es un poco exagerado solicitar la expulsión –habló un padre ubicado en otra de las esquinas- es normal que los niños pequeños peleen e inevitable que alguna vez terminen en golpes.

-¡Al menos alguien tiene algo de cordura aquí! –dijo la castaña con marcada molestia pero ahora fue ella la interrumpida.

-¡Pues yo no estoy de acuerdo Michael! –explotó el apoderado que hasta el momento no había intervenido, un atractivo hombre de color cuyos ojos negros no habían perdido detalle de lo sucedido- es peligroso para nuestros hijos que situaciones así se sigan dando. Es cierto que los niños pelean pero nuestros hijos nos contaron que los suyos los hicieron volar por los aires sin siquiera haberlos tocado –todos los otros padres apoyaron este argumento con un movimiento de cabeza.

-Ustedes son muy hipócritas –expresó el platino con ironía mientras los recorría con arrogancia uno a uno y se acomodaba en la silla apoyando elegantemente su tobillo derecho en su pierna izquierda- ¿justifica su solicitud de expulsión porque sus hijos alegan que los míos poseen poderes sobre naturales y así lograron que no siguieran golpeando a Scorpius? –Hermione abrió los ojos ante la argumentación de Draco, quien no se inmutó y continuó hablando- sin embargo encuentran totalmente justificable que entre sus tres hijos hayan golpeado al mío como matones y más aún, que de paso también hayan golpeado a mi hija… -levantó la mano con autoridad cuando iba a ser interrumpido por una de las madres- no sé qué tipo de valores le enseñarán ustedes a sus hijos, pero en mi familia las mujeres se protegen y se respetan y eso fue lo que hizo mi hijo cuando se enfrentó a los suyos… algo que me enorgullece completamente.

-Ahora se siente orgulloso y es la primera vez que se aparece –murmuró Harrison con ironía, según recordó Draco- que se puede esperar de alguien que le puso nombre de bicho a su hijo.

-Los motivos de mi ausencia es algo que sólo nos compete a la señorita Granger y a mí –aclaró sin demostrar emoción -. En cuanto a su nombre –hizo una pausa para darle más fuerza a sus siguientes palabras- comprendo que la astronomía es un conocimiento que se da en las familias cultas y de alcurnia, por lo que puedo entender su ignorancia al asociar el nombre a un insecto. De pertenecer a una clase al menos mínimamente educada, sabría que tanto mis hijos como yo llevamos nombre de constelaciones… pero como digo, entiendo su ignorancia.

-¡A mí nadie me llama ignorante! –el castaño se puso violenta y amenazadoramente de pie- para tu información ocupo un cargo ejecutivo muy importante y nuestra empresa le presta servicios a una de las corporaciones más importantes de Inglaterra, Dragonet. Tal vez no la conozcas ya que debes haber invertido mucho para aparecerte con ese trajecito hoy y fanfarronear delante nuestro –terminó con menosprecio.

-¿Y eres socio de la empresa que trabaja con Dragonet? –preguntó Draco restándole importancia.

-Soy Gerente de Mercadotecnia en Nichols & Sons –era obvio que se sentía muy orgulloso del cargo.

-¿Es efectivo lo que dice? –preguntó a la castaña, quien movió la cabeza afirmativamente. Su mirada se centró en Harrison, que continuaba con su pose altanera, mientras sacaba su celular del bolsillo para luego marcar un número.

-Señor Malfoy… -habló la directora pero se detuvo cuando el rubio levantó la mano.

-Edward, buen día –esperó la respuesta a su saludo desde el otro lado de la línea- en estos momentos estoy en algo personal pero ordena que para mañana que me tengan todos los antecedentes y contratos que tenemos con Nichols & Sons –nuevamente hizo silencio mientras su vista no se despegaba de Harrison y Edward Atkinson hacía consultas- me parece, también coordina una reunión con su directorio ya que hay cosas que deseo redefinir. Eso es todo Atkinson –hizo un alto para oír lo que señalaban al otro la do de la línea- sí, más tarde iré a la oficina pero como te dije en estos momentos estoy en temas personales de alta importancia, por lo que no estaré disponible para atender a ejecutivos –otro alto- sí, defínelo con Pansy.

Cuando el platino pronunció el apellido de Atkinson el rostro altanero del castaño se transfiguró y sus rasgos cambiaron de la ira al asombro y luego al temor; claramente se dio cuenta que el joven que tenía frente a él y cuyos hijos había ofendido no era cualquier persona. Ahora fue Draco quien sonrió con altanería mientras lo observaba sentarse sin la seguridad anterior; nunca había disfrutado tanto la sensación del poder que le otorgaba su posición y riqueza, tal vez porque era la primera vez que la utilizaba para defender algo invaluable para él, porque desde este momento se juró que se habían acabado los tiempos en que el mundo muggle sus hijos eran atacados y humillados; no si estaba en sus manos evitarlo. Sabía que en el mundo mágico se enfrentarían a otro tipo de circunstancias directamente ligadas a su participación y la de su familia en la guerra, pero allí también pondría todos los esfuerzos para que los alcancen lo menos posible y ciertamente el que su madre sea precisamente Hermione Granger equiparaba exponencialmente la balanza a un trato más justo con ellos.

-Usted no puede utilizar su poder para castigar a nuestros hijos… como dijo Michael son niños y los niños discuten –apuntó Harrison, ahora marcando mayor respeto al tratar al platino y apelando a sus sentimientos.

Hermione miró con enojo el cambio de actitud de ese padre en particular y por lo mismo le iba a aclarar unos cuantos puntos pero su platino acompañante nuevamente se le adelantó.

-Estoy totalmente de acuerdo en que los niños discuten y no tengo ningún problema con sus hijos, pero eso no se aplica para los adultos –su voz estaba falta de toda emoción- insultó directamente a mis hijos con sus comentarios hirientes y siguió haciéndolo durante todo el tiempo que hemos permanecido en esta habitación y ahora quiere consideraciones que no se ha ganado –acto seguido se puso de pie e instó a la castaña a hacer lo mismo- también me he dado cuenta que su mismo menosprecio ha sido extensivo a la madre de mis hijos y eso tampoco lo voy a permitir. Si fuera un hombre realmente inteligente como quiere hacer notar hubiera averiguado que la dama aquí presente es una de las abogados de Dragonet y eso significa que pertenece a la elite de profesionales de este país ya que allí no se contrata a nadie que no sea menos que brillante –todos los presentes enfocaron su mirada asombrada en la castaña y esta se sintió cohibida ante la exposición que de ella hacía Draco- no es necesario que soliciten la expulsión de mis hijos porque no estoy dispuesto a que permanezcan un minuto más en este colegio, rodeados de ciertos niños cuyos padres son ignorantes, prejuiciosos y cierran los ojos luego que sus hijos se encargan de ejercer la maldad que aprenden en sus casas; créanme que sé en el cabrón que un padre puede convertir a un hijo cuando se siente respaldo de dinero y posición social y por lo mismo no permitiré que los míos sean objeto de ello.

-Señor Malfoy, este es un colegio respetable y creo que esta situación está escapando de perspectiva, no tiene por qué retirar a sus hijos… -más la directora no pudo continuar porque el platino volvió a intervenir.

-¿Y dónde estaba usted y el resto de los profesionales de este establecimiento mientras los hijos de estas personas golpeaban entre tres al mío y de paso lastimaron a mi hija? –alzó la mano para evitar que lo interrumpieran- claramente no existe la seguridad para que ellos permanezcan en este lugar y no tengo ninguna intención de dejar pasar esto… y si bien antes no tenía considerado adoptar medidas legales ahora evaluaremos esa opción –se volteó a la castaña y con la mirada le pidió que lo apoyara. La tomó del codo y se dirigió a la salida, pero antes se volvió a los que aún permanecían sentados y que no se atrevían a rebatirlo abiertamente- una cosa les puedo asegurar sin temor a equivocarme: no importa cuál sea la circunstancia de vida de sus hijos siempre serán los nuestros los que estarán en la cima de la cadena y hoy se acaban de perder la oportunidad de haber establecido lazos que hubieran asegurado un cierto estatus en el futuro –y con una elegante inclinación de cabeza como despedida instó a la castaña a cruzar la puerta.

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Hermione caminaba junto a Malfoy sin poder creer que en menos de media hora no sólo había amenazado a los padres y la directora, no es que no lo merecieran claro está, sino que también haya retirado a los niños del colegio. Mientras el rubio parecía sumergido en sus propios pensamientos no pudo evitar dirigir parte de su ira ahora hacia él ¿cómo se atrevía a tomar decisiones sin consultarla? Se detuvo en seco y tomó el brazo del rubio para llamar su atención.

-¿No crees que antes de tomar cualquier decisión debiste consultarlo primero conmigo?

Draco se detuvo y observó la pequeña mano que reposaba en su brazo, ya se esperaba un comentario como ese en cualquier momento. Sus ojos siguieron desde los dedos que empuñaban la tela de su exclusivo terno negro con finísimas líneas grises y recorrieron el brazo, el hombro para pasar a observar las mejillas rojas de ira y los brillantes ojos mieles que eran tan expresivos. Su otra mano picó por alzarse y suavizar la línea que había entre sus cejas, pero luego se recordó que ya no debía cruzar otra línea con la castaña, no bajo las circunstancias que rodeaban la existencia de sus hijos y la causa de que recién ahora los esté conociendo. Eso era algo que no debía permitirse olvidar.

-¿Acaso teníamos un lugar privado para hacerlo? ¿O prefieres que los niños sigan en este colegio después de todo lo que pasó?

-¡No, por supuesto que no! –rebatió indignada.

-¿Entonces cuál es tu problema? ¿Qué lo haya dicho yo y no tú? –retiró bruscamente su brazo y se giró para continuar hasta la salida.

-No se trata de eso Malfoy y lo sabes bien –tuvo que casi correr para ponerse a la altura del platino- simplemente trato de explicarte que no puedes tomar decisiones sin consultarme como si yo no tuviera derecho a opinar al respecto –inspiró tratando de calmarse, varias personas tenían la vista fija en ellos y no era bueno dar un espectáculo en este lugar después de todo lo sucedido con Scorpius- esto lo vamos a discutir después con calma –sentenció y el rubio sólo giró para mirarla ante el cambio de actitud- y estás yendo por la salida equivocada, los niños están en el patio interior, sígueme –ordenó y comenzó a caminar sin esperar respuesta.

Draco prefirió caminar unos pasos más atrás para detallar a Granger. Por supuesto que se dio cuenta que detuvo la discusión por los curiosos que se encontraban alrededor y que no dejaban de mirarlos, bueno, siendo honestos, era a él a quien no le quitaban los ojos de encima. Esa era una de las cualidades que admiraba en ella, el saber contenerse y no hacer escándalos públicos como tantas veces le había pasado con otras mujeres, aunque definitivamente la situación y su historia eran totalmente diferente a cualquier relación pasada o presente.

Cuando se encontró frente a una puerta doble de vidrio, pudo divisar a Scorpius y Antares jugando divertidos en un sube y baja mientras el vaho de sus alientos se hacía visible cada vez que reían. Se detuvo a observar el cuadro que representaban porque aún le costaba creer que dos seres tan perfectos y puros sean parte de él. Siempre fue totalmente consciente que en algún momento tendría que engendrar un heredero y sabía que sería un varón, mas todas las dudas sobre la llegada al mundo de ese futuro hijo se cernían en todos los problemas que le acarrearía al niño ser un Malfoy y como padre no quería que sus malas decisiones fueran un lastre con el que debiera cargar, pero ahora no sólo tenía su heredero sino una hermosa niña que con solo una mirada se había vuelto su adoración, dos seres no planificados ni concebidos con un objetivo de perpetuidad de linaje ni otra intención de trasfondo y era precisamente por ese motivo que los encontraba más perfectos e irreales aún, porque fueron concebidos de una noche que fue la más sincera de su vida, de una noche en la que rompió las reglas y de la cual no se arrepentiría jamás, no si significaba que ellos no existieran.

-¡Papá! –gritó feliz Antares sacándolo de sus cavilaciones e instando a Scorpius a detener el juego y poder bajarse ¿alguna vez su corazón dejaría de emocionarse al escuchar la palabra "papá" de sus labios? La respuesta fue automática, jamás; pero su felicidad sólo estaría completa cuando Scorpius también la pronunciara, cuando llegara ese día se sentiría pleno, sería el otro día más perfecto de su vida. El primero fue el día anterior, cuando pudo procesar en la tranquilidad de su casa que era padre.

Automáticamente sus brazos se abrieron para recibir a su pequeña que saltó con imprudencia para llegar pronto a él, una vez acomodada en su regazo ella cruzó sus pequeños brazos en su cuello y él depositó un beso en su mejilla y otro en su coronilla. Cuando sus ojos se posaron en Scorpius su alegría se esfumó al observar su rostro serio y la rigidez de su cuerpo cuando su madre se paró junto a él y cuando sus ojos, tan iguales a los suyos, lo miraron con la misma hostilidad que el día anterior se dio cuenta que la aceptación que tuvo cuando llegó al colegio fue sólo en beneficio de las circunstancias. ¡Mi pequeña serpiente astuta!, pensó. Bajó con cuidado a Antares y la tomó de la mano para luego acercarse a madre e hijo y quedar frente a ellos.

-¿Debemos ingresar al salón? –preguntó el pequeño platino con indiferencia mientras cuadraba los hombros.

-No, tendremos que regresar a casa y veré si alguna de sus madrinas puede cuidarlos ya que sus abuelos están ocupados…

-No es necesario, irán con nosotros a la oficina –la interrumpió Draco- mi madre estará más que encantada de conocerlos durante la mañana y cuidarlos mientras hacemos los trámites en el mundo mágico.

-¿A la oficina? ¿No crees que es muy pronto? –preguntó preocupada la castaña- además, son niños, se aburrirán.

-Para nada –afirmó sin vacilar- Scorpius y Antares son mis hijos y no existe motivo para que no vayan–su mirada bajó a los niños que se movían inquietos entre ambos –la verdad es que no quiero retrasar los trámites y sólo quiero hablar con Graham y tomar algunos documentos, luego iremos a mi casa y nos reuniremos ahí con mi madre.

-¡Supongo que no estás hablando de Malfoy Manor! –preguntó la castaña tratando de disimular su horror frente a los niños.

Draco percibió el rechazo que le producía a la chica que sus hijos pisaran la casa en la que fue torturada y por supuesto que la comprendía. Él mismo los dos primeros años después de la guerra odiaba aquel lugar y evitaba pasar tiempo allí, después de todo sus padres y él también fueron torturados ahí, sin embargo, resolvió que huyendo las pesadillas no desaparecían así como tampoco reviviría a las personas que habían sido asesinadas dentro de sus cuatro paredes y mazmorras. A partir de esa resolución con su madre decidieron modernizar la mansión y darle un toque más hogareño, de hecho, uno de los primeros lugares que fue derribado y transformado íntegramente fue el salón donde la castaña fue torturada, sentía que se lo debía. Pero no era algo que ella tuviera que saber en estos momentos.

-No, no me refiero a Malfoy Manor sino a mi villa en Weybridge-aclaró volteándose para retomar de la mano de Antares el trayecto hacia la calle.

Hermione lo miró con exasperación y taladró su aristocrática nuca mientras tomaba la mano de Scorpius para seguirlo. El trayecto hasta su automóvil fue breve y cuando abrió la puerta los niños ingresaron acomodándose en sus respectivas sillas de seguridad. Con la agilidad que entrega la fuerza de la costumbre bajó los cinturones e insertó el seguro ubicado entre las piernas de los niños, sonriendo levemente cuando se percató que Draco observaba sus movimientos.

-¿Son seguros esos asientos? –preguntó mientras se inclinaba sobre Antares y pasaba sus dedeos entre las correas y sus hombros para medir el ajuste y luego hacer lo mismo con Scorpius.

Hermione rodó los ojos y esperó con falsa paciencia a que terminara su inspección, haciéndose a un lado para conservar una distancia prudente cuando el rubio se enderezó y la miró desde su gran estatura. Como odiaba tener que alzar la cabeza para mirarlo a los ojos ¡y eso que estaba usando siete centímetros de taco!

-Por supuesto que son seguras, las han utilizado desde que nacieron y nunca han tenido problemas… además, les puse un hechizo adicional de protección por lo que puedes tener la certeza que aunque el coche se destrozara ellos no saldrían con ningún rasguño.

-Buena chica –murmuró y un acto totalmente involuntario levantó su mano derecha y apretó levemente su mejilla izquierda.

Hermione no pudo evitar ruborizarse y apartar su mano para sobar su mejilla, que parecía quemarle en el punto donde él había puesto sus dedos. ¿Cómo serían las cosas si le hubiera dicho la verdad a tiempo? Desvió la vista para evitar que vea las lágrimas traicioneras que habían llenado sus ojos y resolvió que la línea de sus pensamientos no era segura. Con el corazón a mil por hora se volteó y rodeó el auto para dirigirse a la puerta del conductor.

Draco la observó en silencio mientras abría la puerta y se acomodaba detrás del volante, sus ojos viajaron de nuevo a sus hijos que lo observaban a través del vidrio, Antares con una sonrisa y Scorpius serio y con el ceño fruncido, claramente evaluando todo lo que sucedía entre Granger y él. Suspiró profundamente y abrió la puerta del copiloto para darle instrucciones.

-Vayamos directo a la oficina.

-Nos vemos allá, el lugar donde estaciono queda a tres cuadras del edificio –respondió la chica.

-Utiliza el espacio de Pansy, al final nunca lo utiliza.

-¿Debo dar alguna identificación al ingresar? –los ojos mieles se encontraron con los grises.

-No, en el trayecto daré los datos de tu automóvil a Camile para que haga la gestión con seguridad. Sólo sígueme y da tu nombre al llegar, nos estacionaremos en el segundo subterráneo.

-Está bien –apartó la mirada y dio contacto al motor, luego ajustó su cinturón de seguridad y esperó que Draco cerrara la puerta- ¡Espera! ¿Cuál es tu automóvil para seguirte?

-Estoy justo tras tuyo –y con su elegancia habitual comenzó el corto trayecto hacia un impresionante Weismann negro efectivamente estacionado tras su SUV. Hermione volvió a bufar.

-¡Señor Malfoy!

Draco se volteó cuando escuchó que lo llamaban y una sonrisa despectiva se formó en sus labios cuando vio a Harrison prácticamente correr para llegar hasta él, seguido de cerca por su esposa y el otro matrimonio de color que no se había identificado. Se mantuvo de pie junto a su puerta y apoyó ambas manos en el techo mientras el grupo lo alcanzaba. Harrison observó con los ojos abiertos su lujoso vehículo y no pudo ocultar el asombro y envidia hacia su dueño. Por supuesto que Draco entendía el porqué, los Weismann eran deportivos exclusivos, montados completamente a mano, equipados con los mejores materiales de la industria y escasamente se producía una centena ejemplares al año; todos a pedido.

Para el rubio no pasó por alto el gesto nervioso del otro hombre y la dificultad en pedir las disculpas por las que no dudaba se había acercado.

-Señor Malfoy –comenzó nervioso el otro hombre- realmente espero que acepte mis disculpas y que esto no pase a más que ser una discusión entre niños.

Por el rabillo del ojo el platino se percató que la castaña descendía de su auto y que los niños volteaban a ver lo que sucedía con los adultos. Por algún motivo no se sorprendió cuando percibió su cálido y pequeño cuerpo junto al suyo y aunque sospechaba que estaba ahí para evitar que la situación se saliera de control frente a sus hijos, internamente le agradó la sensación de familia que proyectaban. Sus ojos grises se fijaron en el castaño que tenía al frente y adrede se dedicó a recorrerlo con la mirada como si fuera un molesto insecto y al parecer el otro hombre captó el mensaje porque comenzó a hacer gestos nerviosos con las manos.

-Como dije antes, usted no sólo me insultó a mí sino a toda mi familia y lo peor, lo hizo delante de mis hijos sin mostrar mayor respeto ni consideración por su corta edad –la calma y frialdad de su voz era una condena- ya está todo dicho, buenos días.

-¡Pero no puede utilizar su poder para perjudicarme! –insistió el otro hombre.

Los ojos grises se posaron en él con renovado desprecio.

-Ese es su problema…pecisamente que puedo y quiero hacerlo –se volteó hacia Granger y la instó a volver a su SUV- vamos, acá ya no hay nada que nos retenga.

Cuando emprendieron la marcha, tanto Hermione como Draco observaron desde sus respectivos retrovisores al hombre que pasaba nervioso las manos por su cabello mientras, al parecer, era consolado por el resto de su grupo.

Para Hermione el trayecto fue el más corto de su vida. No perdía de vista el Weismann negro y en cada luz roja sus ojos se encontraban con los grises reflejados en el retrovisor. Antares por un rato trató de hablar con Scorpius pero ante las monosílabas respuestas se dio por rendida e intentó hacerlo con su madre, pero al parecer iba tan concentrada en el volante que no siempre atendía a sus preguntas, dándose por rendida también con ella.

Cuando llegaron al edificio donde se emplazaban las oficinas de Dragonet, Hermione siguió a Draco a través del subterráneo hasta llegar a un extremo que estaba identificado con los nombres de los ejecutivos más importantes de la empresa. En un espacio separado y próximo al ascensor se encontraban los del mismo Draco, Blaise, Theo y Pansy. Hermione aún no terminaba de salir de su puerta cuando notó a Draco por la puerta de Scorpius soltando el seguro de su silla y luego rodeó el vehículo para hacer lo mismo con Antares, ayudándola a bajar.

-Por aquí –los guió mientras su gran mano se tragaba la de su hija y los cuatro caminaron en silencio hasta el ascensor.

-¿Aquí trabajan? –preguntó con curiosidad Antares- mamá nunca nos había traído –lo último iba dirigido a su padre.

-Porque este es un lugar de trabajo y se aburrirían –respondió su madre con calma mientras le acariciaba la coronilla.

-¿Entonces mi padrino Graham también trabaja acá? –interrogó Scorpius.

-Sí, él trabaja en el mismo piso que yo –la castaña también le acarició la coronilla.

-¡Genial, podré verlo! –y Draco no pudo evitar la punzada de dolor al ver la primera sonrisa de Scorpius desde que lo conoció ante la perspectiva de ver a Puckle. ¡Deseaba con fuerzas que pronto llegara el día en que ese tono de amor fuera para él!

La llegada del ascensor interrumpió sus tristes pensamientos y los cuatro ingresaron al reducido espacio. Cuando llegaron al primer piso ingresaron tres personas, obligándolos a acomodarse en la parte posterior; en el segundo subieron otras dos por lo que Draco tomó a Antares en brazos para evitar que la pisaran en algún movimiento; en el tercero, Hermione también cargó a Scorpius, acomodándolo en el costado de su cadera, cuando otras tres personas subieron.

Para ninguno de los adultos pasó por alto las miradas de interés que les dirigían quienes entraban y salían al observar el asombroso parecido entre los niños y el platino; de hecho más de alguna chica se quedó pegada con la imagen de Draco hasta que Antares le sacó la lengua y apretó sus pequeños brazos en el cuello de su padre. Draco no pudo evitar sonreír ante el claro mensaje de posesión de su hija hacia las otras mujeres. Si la curiosidad fue la tónica de los extraños, el asombro lo fue en los últimos cuatro pisos correspondientes a Dragonet. Absolutamente todos sólo se limitaron a saludarlos y se forzaron a mantener la vista al frente y Hermione estaba segura que los cotilleos ya estarían circulando apenas pisaran sus respectivos pisos. ¡Por Merlín, el trayecto se le hizo eterno!

Cuando las puertas se abrieron en el piso 26 Hermione estuvo a punto de estirar su mano para cerrar la boca de Camile, cuya sorpresa al verlos aparecer a los cuatro la hizo olvidar que debía cerrarla. Su mirada viajaba desde Draco a los niños y luego a la castaña para volver a Draco y repetir el ciclo.

-Buenos días Camile –saludó Draco y a pesar que había dado un paso para seguir su trayecto lo pensó mejor y se volteó hacia la impactada secretaria- te presento a nuestros hijos: Scorpius y Antares, los verás seguido por acá –y con una enorme sonrisa emprendió el recorrido, una sonrisa que la subalterna jamás le había visto en los seis meses que corrían desde su llegada.

-Buenos días –murmuró una sonrojada castaña y reacomodando a Scorpius en su cadera siguió al rubio.

Si hubieran permanecido un momento más hubieran visto cómo Camile se sentaba en shock tratando de digerir la noticia y volteando una y otra vez hacia el pasillo por donde habían desaparecido. Simplemente aún no podía procesar esa noticia. Un ruido lejano se coló por sus oídos y una mirada a su teléfono le indicó que llamada era de la secretaria de Recursos Humanos.

-Buenos días Francine –respondió automáticamente.

-Camile ¿es cierto lo que se dice? –la voz al otro lado de la línea bajó a un murmullo- ¿que el gran jefe llegó con unos niños idénticos a él y acompañado de Hermione Granger? ¿Sabes si son sus hijos o parientes cercanos?

-Disculpa Francine, pero aunque supiera lo que me preguntas no puedo entregarte esa información. Buenos días –y colgó el auricular con la certeza que no pararía de sonar.

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Draco apenas había bajado a Antares de sus brazos cuando la puerta se abrió y entró Pansy con una enorme sonrisa en los labios. Su mirada viajó de Antares, quien se pegó a las piernas de Draco, hacia Scorpius, quien la observó con curiosidad a medida que se iba acercando.

-¡Por Merlín Draco! ¡Son idénticos a ti a tu edad! –se acuclilló frente a Antares para quedar a su altura- aunque tú eres más hermosa –su mano derecha se levantó y le acarició con ternura la mejilla, recibiendo como regalo una preciosa sonrisa. Luego se levantó para llegar hasta Scorpius, parado junto a uno de los sofás individuales, quien permanecía serio y erguido, sin dejar pasar detalle de sus movimientos- y tú debes ser Scorpius, no sabes la alegría que me produce conocerte –le extendió la mano y para sorpresa de todos el niño le sonrió, respondiendo el saludo- yo soy su tía Pansy.

-Eres bonita- dijo Scorpius sin timidez. Realmente le agradó la amiga de su padre, por lo general los adultos eran demasiado melosos y le desordenaban el cabello, algo que le cargaba, pero a diferencia del resto, ella lo había tratado como un adulto.

-Sí, definitivamente eres hijo de Draco- la morena notó que el niño se puso serio ante la comparación pero decidió ignorarlo- ya verás que nos llevaremos muy bien. Conozco a tu padre desde que tengo memoria, así que si pude sobrevivir a él puedo hacerlo contigo –la sonrisa no abandonó su rostro y nuevamente para sorpresa de los otros adultos el pequeño carcajeó sin tapujos.

Draco rodó los ojos cuando vio a entrar a Theo y a Blaise y dirigirse directamente hasta los niños sin siquiera saludarlo, por lo que resolvió tomar nuevamente a Antares en sus brazos. Por supuesto que los iba a llamar a los tres para presentarles los niños, pero ni siquiera le dieron tiempo a acomodarse.

-¡Por los calzones de Merlín Hermione, realmente tuviste verdaderos clones de Draco! Aunque para su fortuna por ser tus hijos estoy seguro que son mil veces mejorados- bromeó el moreno.

-¡Déjate de ridiculeces Blaise!- masculló el platino, provocando la risa de su hija- niños, les presento a Blaise Zabini y Theodore Nott, al igual que Pansy, más que mis amigos son mis hermanos, mi familia- el afecto en su palabras era tan evidente que Hermione fijó sorprendida sus ojos en él, pero cuando los grises la atraparon los quitó con rapidez- Estos son mis hijos, Antares y Scorpius.

Las otras tres serpientes miraron a su amigo con intensidad; quizás para Granger no fue evidente, pero ellos que conocían tan bien a Draco no pasó por alto el leve temblor y la emoción en su voz cuando dijo "mis hijos". Definitivamente el platino amaba a esos niños, Merlín libre a aquel que les dañara sólo un cabello porque no tendría compasión en su venganza y por supuesto ellos estarían allí para ayudarlo a cumplirla.

-Princesa, un honor conocerla- dijo Blaise y caballerosamente tomó la pequeña mano y la besó con ceremonia, provocando que las mejillas de Antares adquirieran un exquisito color rosa. Cuando se paró frente a Scorpius extendió su mano para saludarlo con la misma ceremonia- Scorpius, espero que tú y yo seamos buenos amigos- el pequeño rubio alzó la cabeza y no dudó en entrelazar manos con el moreno mientras asentía a la solicitud.

Theo repitió el mismo saludo, besando gentilmente la mano de Antares y extendiendo la mano a Scorpius, quien, al igual que a Blaise, lo aceptó sin dudar. Realmente al pequeño esos hombres altos e impresionantes le cayeron muy bien, lo trataban como un hombre y no como un niño; sí, definitivamente le agradaban.

Mientras los adultos se sentaron y Antares continuó sentada en las piernas de Draco, Scorpius se dedicó a recorrer la oficina, no perdiendo detalle del amplio espacio. Le gustó la vista de Londres que ofrecía el gran ventanal pero no pudo evitar quedarse parado por varios minutos observando el cuadro del dragón rodeando a un león, cada animal estaba tan bien representado que parecían que en cualquier momento cobrarían vida y comenzarían a luchar. Su vista viajó hasta una biblioteca de madera negra que cubría en su totalidad la pared junto a la puerta y avanzó para revisar los libros y acariciar su empaste; desde que tenía memoria amaba la hora antes de acostarse porque su madre les leía cada noche un cuento de princesas para Antares y otro de animales o fábulas para él, combinando siempre los del mundo muggle con el mágico. Lo más disimuladamente que pudo acercó su nariz y dejó que el olor a cuero y papel inundara sus fosas nasales.

Cada expresión y movimiento del pequeño era seguida sin perder detalle por Draco, quien iba registrando toda esa información que le permitía de alguna forma conocerlo mejor. Ese recorrido le dio a saber que era muy observador y que al igual que a Granger y él mismo, a Scorpius también le gustaban los libros, que sabía apreciar una buena obra arte y que era cauto, ya que lo primero que hizo fue recorrer el entorno. Todos los adultos fingieron no ver cuando el heredero del platino se dirigió sin dudar al escritorio de ébano y de un brinco se acomodó en el gran sillón de cuero, rodándolo para mirar nuevamente desde allí la vista panorámica de la ciudad. Hermione le iba a pedir que se baje cuando un gesto de Draco le indicó que no lo hiciera.

Un golpe en la puerta los desvió de su objeto de atención y tras la autorización verbal del platino la puerta se abrió dando paso a Graham.

-¡Padrino!- el grito de felicidad de Scorpius fue tan evidente y doloroso para Draco, que no pudo evitar sentir envidia cuando con agilidad el niño saltó del sillón para correr a los brazos abiertos que lo aguardaban.

Graham lo abrazó para luego alzarlo sobre su cabeza haciéndolo equilibrarse como un avión.

-¿Acaso este es mi campeón? ¡Estás creciendo demasiado rápido, sólo dejé de verte el viernes y ya estás enorme!- lo lanzó suavemente hacia arriba y luego lo atrapó acomodándolo en la cadera. La risa de Scorpius se detuvo cuando el rostro de su padrino se puso serio al mirarle el ojo morado y luego pasar con cuidado dos dedos en el lugar- ¿duele aún?

-No.

-Yo también alguna vez también me metí en peleas y recibí golpes Scor y sé que aún duele- insistió.

-Está bien, duele un poco- reconoció por fin.

-Entonces deja de ser tan testarudo y permite que tu madre o tu padre te lo curen con magia- el movimiento negativo de la pequeña cabeza provocó un suspiro exasperado en el rubio que lo tenía en brazos- ¡Por Dios santo, eres tan terco como tu madre!

-Pues el padre no se queda atrás- comentó con burla Pansy, provocando que Graham se encaminara hacia ellos aún con Scorpius en brazos.

-Hola padrino- saludó Antares poniéndose de pie en el sillón para darle un sonoro beso en la mejilla y enredando sus pequeños brazos en su cuello.

-Hola mi princesa- la alzó con una mano y la acomodó en su costado libre. Antares rió contenta pero pasados unos segundos estiró sus brazos pidiendo volver junto a su padre, quien la recibió feliz.

-¿Cuándo iremos a jugar de nuevo fútbol al parque?- preguntó Scorpius llamando la atención de Graham.

-Cuando se te cure el ojo.

-¡Pero podrían pasar semanas!-protestó el pequeño platino.

-No si permites que te lo curen con magia… y tal vez podríamos hacerlo más entretenido si hacemos equipos con tu padre y sus amigos y también Harry y Ron ¿qué piensas?

Automáticamente Scorpius fijó su mirada en los ojos grises de su padre, midiéndolo y sopesando la sugerencia de su padrino; luego las orbes plata saltaron a Theo y Blaise, no perdiendo detalle de sus impecables trajes y lustrosos zapatos.

-No creo que sepan jugar o les interesen los juegos muggles- resolvió levantando los hombros.

-¡Ey, espera un momento pequeño Malfoy!- lo reprendió Blaise- si podemos montar una escoba podemos jugar futbol. Además, desde el tiempo que llevamos en el mundo muggle hemos visto un par de veces ese deporte y entendemos las reglas…

-Blaise… -lo interrumpieron Theo y Draco al mismo tiempo pero los ignoró.

-No- levantó su mano pidiendo silencio a los otros adultos- ahora es personal… mini Malfoy- sus ojos verdes se fijaron en Scorpius y se puso de pie para dar fuerza a sus próximas palabras; por supuesto había captado la treta de Graham y no iba a desperdiciarla- como has ofendido mi ego y el de mis amigos tendrás que enseñarnos a jugar y luego nos enfrentaremos al equipo de tus padrinos así que pongamos una fecha inmediatamente al encuentro.

-Pero… -comenzó a rebatir el pequeño.

-Nada de peros ¿o no tienes la confianza de ser un buen entrenador?

Hermione presenciaba el cambio de situación y por un momento quiso ir en auxilio de Scorpius para evitar que lo presionen demasiado; sin embargo, pensó que esa trampa que le había puesto Graham había sido una buena estrategia para lograr que Draco tuviera tiempo de compartir con él y todo solapado con la presencia de Theo y Blaise.

-Yo sí puedo enseñarles, que aprendan es otra cosa –se defendió.

-Entonces fijemos el partido para un mes más si Scor se cura el ojo ahora- insistió Graham.

-Yo no tengo problemas –aceptó Blaise.

-Yo tampoco- lo secundó Theo.

-Está bien por mí- aseguró Draco, aunque por dentro se sentía aprehensivo; sabía que estaban presionando a su hijo y temía que esto fuera a ser causa de un mayor distanciamiento.

-Y para que veas que soy justo, tu madrina y tu madre jugarán en mi equipo- agregó Graham.

-¿Qué? A mí no metan en sus problemas- objetó la castaña mientras veía con horror como dos sonrisas de medio lado, demasiado idénticas, se dibujaban al mismo tiempo en los labios de padre e hijo.

-Acepto- dijo por fin Scorpius y se giró hacia su madre- ¿puedes curarme el ojo madre?

"Madre no mamá". Scorpius estaba manteniendo sus distancias a pesar de mostrase más asequible las horas anteriores pensó Hermione. Llevó su mano hacia su rodete y se percató que no estaba su varita ¿dónde la había dejado? Frunció el ceño mientras repasaba sus movimientos desde que despertó hasta que llegaron a la oficina y el recuerdo de haberla dejado en su velador la tranquilizó al instante.

-No traje mi varita cielo, lo haremos cuando lleguemos a casa.

-¿Traes tu varita Draco?- interrogó Graham volteando el cuerpo de su ahijado hacia el platino.

Draco asintió pero prefirió actuar con prudencia.

-La traigo conmigo pero curararé tu ojo sólo si aceptas que lo haga yo Scorpius.

Un nuevo silencio reinó en la habitación mientras ambas miradas grises se encontraban. Scorpius sabía que los amigos de su padre debían tener sus varitas consigo, pero también era consciente que no se los podía pedir a ellos porque se vería como un caprichoso y tal vez se negaran. Así que con un profundo suspiro asintió.

-Está bien, hazlo.

Draco retiró a Antares de sus piernas y con cuidado la sentó en el sillón. Se paró con calma y ralentizó sus movimientos para que Scorpius aceptara su cercanía. Introdujo su mano en el interior de su saco y extrajo su varita, apoyando una rodilla en el suelo y la otra mano en el pequeño hombro mientras recitaba un hechizo no verbal de curación. No pudo evitar sonreír a medida que el maldito moretón iba desapareciendo y sólo quedaba su blanca y perfecta piel a la vista.

-¿Mejor?

Scorpius se llevó la mano a su ojo derecho y presionó allí, efectivamente ya no dolía. Una sonrisa se escapó de sus labios destinada a su padre, pero se controló y su rostro nuevamente se tornó serio.

-Sí, ya no duele.

Draco sonrió abiertamente y se ubicó nuevamente en el sillón, junto a Antares. Scorpius dejó soltar el aire que estaba reteniendo y nervioso volvió al enorme sillón, volteándolo de tal forma de quedar mirando el paisaje; por un momento pensó que su padre querría tocarlo más o acercarse, pero de alguna manera siempre sabía hacer las cosas sin incomodarlo. ¿Era realmente el hombre que había imaginado todo este tiempo? pero si no era malo ¿por qué su madre le ocultó que habían nacido? Con disimulo giró el sillón para observarlo y reparó que sus amigos parecían quererlo mucho y él también a ellos, no eran tan abiertos como su tío Harry, su padrino Ron y todos sus tíos y abuelos Weasley, pero era evidente que se trataban como familia. Cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los plata de su padre sus mejillas se encendieron y giró rápidamente el sillón; parecía tener un radar cuando se trataba de él o Antares y siempre sabía cuándo lo estaba mirando, todo lo contrario a su madre que pocas veces se daba cuenta cuando lo hacía, pero él no, era distinto en eso.

-Bueno, ya que todo está resuelto te informo que a primera hora inicié la tramitación que me pediste anoche- informó Graham llamando la atención de Draco- sólo me resta un certificado de nacimiento para que toda la gestión inicie en nuestro mundo- luego se volvió a Hermione para también darle instrucciones- de ti necesito que firmes un autorización de conformidad para el cambio de apellidos y así agilizarlo, si no hay oposiciones el trámite no debería demorar más de dos semanas.

-Pansy te entregará el documento en un momento más- Draco se puso de pie y se dirigió a su escritorio acomodándose de pie junto al sillón donde se encontraba Scorpius- no es necesario que bajes sólo sacaré unos papeles- mientras le hablaba desplazó el sillón unos centímetros y abrió un cajón desde el cual extrajo una carpeta. Acto seguido, llevó una mano al bolsillo derecho de su saco y extrajo un cuadrito en miniatura que puso con cuidado en el mismo lado del imponente escritorio de ébano para luego sacar su varita y aplicar un encantamiento engorgio y así aumentar su tamaño. El pequeño cuadro ahora era visible y el hermoso portarretrato de plata envejecida visualizaba el dibujo de ellos cuatro que Antares le había regalado el día anterior. Ahora siempre tendría visible el primer regalado que le había dado su princesa.

-¡Mi dibujo!- exclamó Antares cuando se dio cuenta de lo que puso su padre en el escritorio y corrió a mirarlo emocionada.

-Te prometí que estaría en un lugar de honor- el rubio la tomó en sus brazos y tras besarle la coronilla la dejó en el suelo.

-¿Cuáles son los planes ahora?- preguntó Pansy mientras Draco se acercaba a ellos y los niños conversaban, ahora ambos sentados en el lujoso sillón admirando el paisaje.

-Iremos a mi villa de Weybridge para que los niños conozcan a mi madre y se queden con ella mientras con Granger iremos al mundo mágico para registrarlos.

-En el mundo mágico eso quedará listo hoy- aseguró Blaise- sólo basta el reconocimiento del padre para que un niño sea incluido en el linaje familiar.

Hermione rodó los ojos y no pudo evitar bufar con molestia ante esa situación tan machista que aún se aplicaba en el mundo mágico, definitivamente allí aún faltaban décadas para acercarse en algunos ámbitos a la igualdad de género.

-Entonces tendremos que prepararnos todos a partir de hoy y sugiero que pronto nos reunamos en tu casa Hermione- comentó Theo bajando la voz y provocando la inquietud de la castaña- debemos acordar qué vamos a decir y sugiero que Potter, los Weasley y todos quienes sepan su existencia estemos presentes.

-¿Algún problema? No es como si todos se fueran a enterar apenas los registren- comentó Graham restándole importancia pero ante la seriedad de los magos comenzó a dudar- ¿Qué tan grave puede ser?

-En nuestro mundo, específicamente el Ministerio de Magia Inglés, cuando se registra un niño automáticamente figura en un catastro totalmente accesible a la población- comenzó a explicar Blaise- en el caso de las familias sangre puras, como es nuestro caso, lamentablemente la prensa tiene nuestros apellidos destacados por lo que apenas se inscriban los nombres de Scorpius y Antares como unos Malfoy tendremos a todos los buitres encima.

-¿Entonces no sería mejor esperar y que se reúnan primero?- sugirió Graham.

-Eso no variará lo que se especulará y los distintos tipos de noticias que se publicarán- la voz de Draco denotaba molestia y miró en dirección a los niños- no permitiré que nada de esto los alcance.

-No lo permitiremos- aseguró Pansy llamando la atención del grupo- ahora se trata de los mini Malfoy pero en el futuro los nuestros- indicó a Theo y Blaise- también pasarán lo mismo y sé que estarás para protegerlos. Lamentablemente no podemos huir de nuestro pasado para siempre.

Un pesado silencio se produjo en la sala mientras los cuatro Slytherins se miraban unos a otros y Hermione se percataba que a pesar de lo exitosos que eran en la actualidad y todas las acciones para enmendar los errores de sus progenitores y de ellos mismos, el pasado era un enorme peso que todos cargaban en sus hombros. Además, el comentario de Pansy le dio claras luces que el temor por su descendencia era algo que ya habían conversado entre ellos anteriormente ¿sería ese el motivo por el cual Draco había dicho que no tenía pensado tener hijos aún? Aunque le doliera, ella sabía que no había estado viviendo como monje, pero era obvio que se cuidaba de no embarazar a sus amantes en el proceso. Claramente cuando pasaron esa noche juntos en Hogwarts Draco no tomó precauciones y ella simplemente no pensó en consecuencias, sólo en el placer, pero su reacción ante la existencia de los niños fue de total aceptación, eso no lo ponía en duda. Sus mejillas se sonrojaron ante el recuerdo de aquella noche en que engendraron a sus hijos y el color se intensificó ante el recuerdo de la noche del viernes. ¿Sólo habían pasado dos días y unas cuantas horas? Giró el rostro para que nadie se percatara de su rubor y fijó la vista en sus pequeños. Por supuesto que nadie los iba a dañar, ella no lo permitiría y sabía que sus amigos tampoco.

-Creo que lo que señala Graham es lo mejor Malfoy- la seguridad en su voz llamó la atención de las serpientes e intuyendo el giro que tomarían los pensamientos del rubio alzó la mano para no ser interrumpida, con la misma firmeza que él normalmente empleaba para imponerse con ese gesto- no estoy diciendo que no haremos el trámite, pero es mejor ponernos de acuerdo como sugirió Theo antes que Skeeter y los reporteros en general enloquezcan. Estoy de acuerdo que esperar un día no cambiará el tono de las noticias y la cacería que comenzará de nosotros en el mundo mágico, pero al menos tendremos un lineamiento común y podremos dirigir las cosas de tal forma que sean lo menos dañinas para los niños.

-No quiero que mis hijos continúen sin el apellido que les corresponden un día más- rebatió con molestia y enfocando sus fríos ojos grises en ella.

-El tema del apellido lo solucionaremos mañana luego que tú y yo definamos qué vamos a revelar de esta historia y que todos quienes conocen su existencia nos apoyen en revelar cualquier consulta en la misma línea- argumentó con firmeza. No estaba dispuesta a transar en este aspecto.- Además, quienes más te interesan que sepan la verdad ya lo hacen- su voz se suavizó al hacer un gesto hacia los niños que ahora se encontraban de pie en el ventanal apuntando algo que veían en el exterior.

Draco miró en esa dirección y apretó los puños con molestia. Sabía que los argumentos de Graham, Theo y Granger eran válidos pero también quería los niños llevaran ya su apellido, sentía que mientras no lo tuvieran podrían desvanecerse en cualquier momento y él despertaría de este sueño y ya no los encontraría, no sentiría los abrazos de Antares ni las miradas desafiantes de Scorpius. La realidad es que su centro había cambiado y lo único que deseaba era que fueran realmente suyos en ambos mundos, que fueran unos Malfoy. Volteó la mirada hacia el grupo que aguardaba su respuesta y reacio consintió a la solicitud.

-Está bien Granger, lo haremos a tu manera, pero sin importar quienes asistan no pasa de mañana para que registre a los niños en el mundo mágico.

-Llamaré a Harry y a Ron para que citen a Luna y todos los Weasley en mi casa esta noche, ellos cuentan con móviles que adaptamos para que funcionen en el mundo mágico.

-Con Caitlyn cuidaremos a los niños hasta que terminen- propuso Graham- imagino que en esta reunión también participarán mis tíos.

-De hecho prefiero que con tu esposa también estén presentes, después de todo son sus padrinos y aunque no tengan inferencia en el mundo mágico nada impedirá que Skeeter u otro periodista trate de filtrarse al lado muggle, debemos cubrir todos los frentes en esto- la voz de Draco no dejaba pie a oposición y por supuesto el resto no pudo menos que darle la razón.

Cuando Antares se acercó al grupo Hermione y Graham guardaron un serio silencio, sin embargo las serpientes hicieron honor a su casa y le dirigieron una sonrisa tranquila, como si hubieran estado hablando del clima.

-¿Cuándo conoceremos a la abuela Narcisa?

¿Cómo no adorar a su pequeña si cada palabra que salía de sus labios le daba sensación de pertenencia a su vida? Nunca la palabra "familia" había tenido tanto sentido para Draco.

-Iremos en un momento princesa, ella también se muere por conocerte- sus pálidos y aristocráticos dedos acariciaron con ternura su suave mejilla- su mirada volvió a Graham para hacer su última solicitud antes de partir- una vez me hablaste del colegio al que asististe después que Gran… Hermione- se corrigió por Antares- recibiera su carta de Hogwarts ¿crees que puedes utilizar tus contactos para ingresar a Scorpius y Antares?

Graham lo miró sorprendido y luego a su prima, quien rodó los ojos molesta.

-Mal… Draco- se corrigió también- retiró hoy a los niños del colegio, después te cuento los pormenores- le explicó a su primo.

-Siempre le ofrecí a Jane pagar por la colegiatura de Scor y Tari en ese colegio pero siempre se negó- sus ojos verdes se encontraron con los mieles- aunque te moleste sabes que es uno de los mejores establecimientos que el dinero puede pagar aquí en Londres.

Hermione mantuvo el rostro alzado y le sostuvo molesta la mirada a su primo; definitivamente no sería su aliado en este tema.

-Su educación es mi responsabilidad- dijo con firmeza.

-Ahora también es mía- el enojo en la voz de Draco la hizo alzar más la cabeza para enfrentarse a sus témpanos grises.

-Creo que es hora de partir donde Narcisa, Draco- intervino Theo cortando la batalla campal de miradas que en esos momentos se estaba dando entre su amigo y la leona.

La guerra de miradas continuó un momento más hasta que finalmente Draco desvió la vista cuando Antares le jaló el pantalón. Sus gestos duros se transformaron al instante y se dulcificaron cuando se agachó para tomarla en brazos, sin embargo, algo lo impulsó a voltear hacia Scorpius y se maldijo cuando se topó con su postura rígida y su mirada reprobadora; el macho estaba protegiendo a sus hembras. Se recordó que debería controlarse en el futuro en presencia de los niños o no tendría ninguna chance con su hijo, incluso si ahora también estaba molesto con su madre.

-Tienes razón, mejor nos movemos.

Pasaron unos minutos en los que se despidieron de los presentes, con el compromiso de reunirse en la casa de Hermione en la tarde.

Cuando llegaron al estacionamiento Draco ayudó a los niños con los cinturones de los niños y con disimulo aplicó un nuevo hechizo no verbal sobre las sillas y sobre el mismo automóvil; no dudaba sobre la habilidad de Granger como bruja, pero él conocía escudos más efectivos que estaba seguro la castaña estaba muy lejos de siquiera saber que existían, de algo que sirviera toda la magia negra avanzada que se había visto obligado a aprender para sobrevivir. Al menos en esta oportunidad la estaba utilizando para proteger y no para dañar.

-Sígueme.

Y tras esa breve orden se subió a su automóvil y emprendieron la marcha para que sus hijos conocieran a su abuela.

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Narcisa Malfoy se movía nerviosa de un lado a otro en la amplia terraza de su mansión de Weybridge y sus ojos no se separaban de la lejana entrada de fierro forjado por la que debería entrar cualquier momento su hijo acompañado de sus nietos. Por años había sido una mujer que siempre controló perfectamente sus emociones y jamás dejó traslucir un solo gesto que acusara debilidad en sus hermosas facciones. Sin embargo, ahora no podía evitar sentir miedo ante la posibilidad de ser rechazada por uno de sus nietos de la misma forma que le había sucedido a Draco. Sí, tenía miedo de un niño de seis años, sangre de su sangre que no sólo era la continuación de su apellido sino que junto a su hermana eran su reivindicación, una señal de Merlín que sus pecados del pasado habían comenzado a ser perdonados.

Su mirada viajó nuevamente al portón de fierro que continuaba sin dar muestras de abrirse y recorrió otra vez los cinco metros de mármol color marfil de la gran terraza; inconscientemente llevó las manos a su cabello en busca de algún mechón que hubiera escapado de su elegante moño que con sumo cuidado había peinado Nimie hace unas horas para luego buscar alguna pelusa inexistente en su fino traje dos piezas verde pálido.

Presintió más que escuchó el momento en que la reja comenzó a abrirse lentamente para dar paso al deportivo negro favorito de Draco, seguido de cerca por un SUV blanco. Su corazón se aceleró por cada metro que disminuían los vehículos y jugó nerviosa con sus manos mientras caminaba con fingida calma hacia la bajada de tres peldaños del porche. A medida que recorría el sendero de tres metros de donde habían estacionado, observó a su hijo descender del automóvil y dirigirse a la puerta trasera del vehículo que manejaba Hermione Granger. Tanto la castaña como Draco hicieron algunos movimientos en la parte trasera y pudo ver con toda claridad como cargaban a los niños en brazos y comenzaban a acercarse a ella. Fue en ese momento que la máscara calló y Narcisa Malfoy Black, madre y abuela, hizo aparición dejando traslucir sin tapujos la emoción que la embargaba.

Miró el rostro de Scorpius tan idéntico a Draco a su misma edad y luego sus ojos se dirigieron totalmente cristalizados al mayor milagro de generaciones de Malfoy, la pequeña Antares. Era consciente que su hijo se había percatado de su estado emocional y como siempre, se sintió más segura cuando sintió su mano tomar la suya.

-Madre, ellos son Antares y Scorpius- por supuesto para ella no pasó por alto la emoción de Draco al presentarlos y la primera lágrima rodó cuando se encontró con la sonrisa de Antares mientras estaba pegada al cuerpo de su padre.

Inconscientemente estiró los brazos y tras una pequeña duda por parte de la niña también estiró los suyos en aceptación… y aunque habían transcurrido muchísimos años desde que había sostenido un niño, el pequeño y liviano cuerpo de su nieta se adaptaba con perfección a la curva de su cadera. Depositó un amoroso beso en su mejilla y aspiró el olor fresco a fresas de sus cabellos platinos para luego fijar sus profundos ojos azules en los cautos y grises de Scorpius ¡Por Merlín! Si no supiera que era su nieto hasta ella misma podría confundirlo con Draco a la misma edad. Con la consciencia que el niño era reactivo a ellos, se acercó con calma para quedar frente a él e intercambiar breves miradas con Hermione Granger.

-Señorita Granger, un placer tenerla en mi casa- saludó con sincera cortesía. ¿Cómo rechazar a la mujer que era responsable de haber dado a luz y criado a sus nietos? En estos momentos la presencia de los niños era más importante que los sucesos anteriores y como todo era muy reciente ya se daría el tiempo de analizar la historia de su hijo y la bruja que tenía al frente; estaba segura que tenía algo que hizo a Draco perder la cabeza como para no haberse cuidado, él jamás perdía el control con otras mujeres, de eso tenía tanta certeza como que su nombre era Narcisa Malfoy Black.

-señora Malfoy- respondió con la misma cortesía la castaña y acomodó a Scorpius a su costado izquierdo para tenderle la mano a la bruja mayor. Definitivamente se sentía como si la hubieran cambiado de dimensión porque ¿en qué otro mundo esa aristocrática y arrogante mujer la habría aceptado? ¿Acaso estaba feliz de tener nietos mestizos y que el linaje de pureza que tanto defendió ya no fuera importante? Enfócate Hermione, a los niños no les hace bien ese tipo de pensamiento.

-Por favor dime Narcisa o Cissy, lo que te haga sentir más cómoda, ahora somos familia.

¿Familia? Ahora sí lo había escuchado todo; por supuesto se refería a su relación con los niños, eso es todo, porque a Draco ya lo había perdido definitivamente se admitió con dolor y se obligó a no dirigir la mirada hacia su rubio tormento.

-Esta bien Narcisa y por favor llámame Hermione.

-Y tú eres Scorpius por supuesto- afirmó por fin enfocándose en el niño que parecía ahora más relajado en los brazos de su madre- eres un hombrecito muy guapo y muy alto para tu edad ¿me permites darte un beso?

Scorpius miró a su abuela y ahora que la podía observar tan de cerca estaba impresionado con lo hermosa que era y lo bien que olía y a pesar de lo mucho que amaba a sus abuelas Jane y Molly, su abuela Narcisa junto a su madre eran definitivamente las mujeres más hermosas de este planeta. Además, le gustaba que no lo comparara con su padre y lo haya tratado de hombrecito ¿eran así todos los slytherins? Eso sin duda le gustaba de todos ellos ¿así que cómo no aceptar su solicitud? Le hizo un gesto afirmativo y se inclinó para acercarle el rostro. Cuando sintió sus tibios labios besarle por instinto se giró y también depositó uno en la mejilla de la matriarca a la vez que un instinto protector hizo presa de él cuando al alejarse se percató de una lágrima que rodó por el rostro de su abuela y con prisa secó con su pequeña mano. Ahora tenía otra mujer en su vida que debía proteger.

-Hola abuela- saludó con su voz cristalina.

Draco observó fascinado la reacción de Scorpius para con su madre y se alegró que al menos a ella le haya abierto las puertas de su corazón. ¡Pronto también me querrá a mí! Se prometió, sólo debía darle tiempo y compartir con él para que aprendiera a conocerlo y a aceptarlo.

-Mejor entremos, el clima está helado y no quiero que se enfermen.

-Madre, deja que lleve a Antares para que no te canses- sugirió Draco.

-No soy ninguna vieja hijo, ten por seguro que si Scorpius lo permitiera podría cargarlos a los dos y ni siquiera sudaría- aunque lo dijo con mucha seriedad la risa que provocó su comentario en los niños terminó por contagiaros a todos.

-Scor pesa como un saco de papas abuela- dijo Antares- nunca he podido cargarlo y tampoco me deja.

-Eso es porque eres una debilucha Tari- contraatacó el pequeño Malfoy.

-No es cierto yo…

-Niños, no comiencen sus alegatos sin sentido por favor o terminarán causándole dolor de cabeza a su abuela- intervino Hermione siguiendo de cerca a Narcisa e interrumpiendo de esta manera la guerra de miradas que habían comenzado.

-De cierta forma me hacen recordar cuando Pansy nos visitaba cuando niña… más de una vez comenzaban peleas con Draco que terminaban con explosiones involuntarias de magia y ambos con rasguños y moretones- la risa de Narcisa llenó el lugar y Draco no pudo evitar sonreír ante el recuerdo. La presencia de los niños provocaba que los buenos recuerdos hicieran aparición y que la alegría comenzara a llenar el lugar de una forma que no lo había hecho hasta ese momento. Bendita la apuesta que hizo Granger y que los llevó a esa noche que rompió sus propias reglas, porque prefería recibir mil crucios a cambiar un segundo vida de sus hijos.

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Cuando cruzaron la puerta principal la exclamación de los niños y Granger quitó la aprehensión que tenía Draco sobre lo que pensarían de la construcción. Si bien parte de los antiguos cimientos aún se conservaban en la antigua construcción, personalmente se había encargado de quitarle rigidez y realizar más espacios abiertos que comunicaran visualmente las diferentes separaciones. Después del año que Voldemort y Bellatrix vivieron en la Malfoy Manor dejó de apreciar las inmensas mansiones y la infinidad de cuartos que poseían que la hacían todo menos un hogar. Por eso, cuando supo que la arquitectura era una de sus pasiones y comenzó su estudios en construcciones mágicas y muggles quiso que todas sus propiedades fueran un lugar que conservaran el lujo al que estaba acostumbrado pero que también les den a su madre y a él un sentido de pertenencia, que sean acogedores.

-Tiene una casa hermosa señora Malfoy- le escuchó decir a Granger y fingió no prestarle atención mientras esperaba la respuesta de su madre.

-Esta casa me encanta. Inicialmente todas las habitaciones eran cerradas y había mucho ladrillo interior, pero Draco la reformó para que no hubiera tantas paredes que nos oculten unos de otros y mandó a construir estos grandes ventanales para que primara la luz- la voz de Narcisa contenía mucho orgullo- también agregó otras alas en ambas plantas dándole este encantador aspecto campestre.

Draco miró de soslayo el recorrido visual que seguía haciendo la castaña del interior y se sintió complacido de la clara admiración que denotaban sus facciones. Luego su mirada se dirigió a los niños que giraban la cabeza en una y otra dirección y comentaban por lo bajo entre ellos. Un plop anunció la aparición de Nimie quien fijó sus grandes ojos en sus pequeños.

-Ama Narcisa, amo Draco, señorita Granger, pequeños amitos- saludó con una respetuosa inclinación de cabeza.

-Mira Scor, papá y abuela tienen un elfo como mi padrino Harry- Antares, que hace rato había bajado de los brazos de Narcisa se acercó a Nimie quien vestía un sobrio vestido color lila- hola, soy Antares Malfoy –extendió su manita para saludarla y la elfa dirigió sus ojos hacia Draco buscando su aprobación, cuando él asintió con la cabeza levantó su delgado brazo y su grande mano cubrió la de la niña- todos me dicen Tari por culpa de Scor pero a mí me gusta así que puedes llamarme así ¿cómo te llamas?

-Nimie, amita.

-Yo no soy tu amita- rió la pequeña- sólo Tari ¿vamos a ser amigas verdad?

-Yo me llama Scorpius- Nimie vio ahora otra mano extenderse hacia para saludarla y esta vez la tomó sin dudar- ¿eres pariente de Kreatcher?

Draco por un momento sintió pena por su elfa, no le extrañaba que los niños sean tan abiertos y receptivos ante otras criaturas mágicas, especialmente considerando quién era su madre y que desde el colegio había sido la precursora en los derechos de los elfos.

-Yo soy Nimie amitos- dijo la criatura esbozando una tímida sonrisa.

-Un placer volver a verte Nimie- la saludó cálidamente la castaña.

-Lo mismo digo señorita Granger- contestó de igual forma la elfa. Luego se giró hacia Narcisa- ama, los refrigerios están listos en la terraza techada, tal como lo ordenó.

-Gracias Nimie, vamos para allá- y con una nueva inclinación la elfa se apareció- Nimie preparó algunos dulces para todos y chocolate caliente ¿alguien quiere?

El sonoro y conjunto SÍ de los niños sacó nuevamente una sonrisa a Draco quien observó a su madre tomar a cada uno de la mano y guiarlos hacia la terraza.

La comida fue tranquila, todo acompañado de deliciosos platos dulces y salados preparados pensando en satisfacer el paladar de niños adultos. Draco disfrutó de otra faceta de sus hijos al verlos agarrar al mismo tiempo un mismo trozo de pastel o discutir por situaciones que de tan insignificantes no sabía cómo lograban transformarlas en importantes, provocando la continua intervención de Granger para apaciguar las aguas o reprenderlos para que se comportaran. Antares se había situado a su lado derecho, lugar que normalmente era ocupado por su madre; sin embargo, Narcisa no dio importancia a esta expropiación y se ubicó a su izquierda, sentando a Scorpius entre ella y la leona. Interiormente agradecía el haber pensado en esa mesa redonda, cuyas dimensiones eran perfectas para sentar seis personas y visualizarlos a todos. Aunque la realidad es que odiaba ese tipo de mesas después de ver a Nagini asesinar y reptar por la enorme mesa rectangular del comedor principal de Malfoy Manor, y ahora prefería espacios pequeños donde todos pudieran estar cerca para interactuar.

Con esta nueva sensación de familia recorriendo todas sus células perdió noción del tiempo respondiendo las preguntas de Antares y tomando nota mental de la información que le iba proporcionando "¿te gusta el puré de manzanas? Mi abuela Jane siempre nos hace tartaletas y nos la devoramos" o "¿cuál es tu helado favorito? A mí me gusta el de fresas, a Scorpius el de chocolate y menta y a mamá el de vainilla", "¿cuál es tu color favorito? A Scorpius le gusta el negro pero mamá no lo deja usarlo porque dice que es muy pequeño pero a mí me gusta como se ve… muchas de nuestras compañeras quieren ser sus novias". Ese último comentario había provocado una nueva discusión y una caricia orgullosa de Narcisa hacia su nieto, sólo pasaron unos cuantos minutos hasta que el ataque de preguntas volvió, pero esta vez también dirigidas a su abuela.

Después de terminado el almuerzo, Narcisa invitó a todos a conocer y recorrer y la casa, pero Draco tomó a la leona por el brazo y los excusó a ambos diciendo que tenían cosas que hablar. Al instante notó la mirada de Scorpius viajar de su madre a él y pararse en toda su altura con los hombros rectos, para él el mensaje fue bastante claro: cuidado con lastimarla.

-No te preocupes Scorpius- lo tranquilizó- hay temas que tenemos que hablar y que resultarían aburridos para ustedes.

-Es cierto, cielo- apoyó Hermione aunque no sabía qué quería hablar Draco- ve con tu abuela y ya me dirás las cosas interesantes que veas- se acercó a su pequeño hombre y quiso acariciarle la mejilla pero retrocedió y alzó los hombros con indiferencia. No pudo evitar sentir dolor por ese gesto de rechazo.

-No estaba preocupado- tomó la mano de Narcisa y la jaló para que avanzaran- vamos abuela.

Draco los observó caminar hacia el pasillo que conducía a la piscina techada y con la mano derecha le gesticuló a la castaña para que lo siguiera por el gran ventanal que daba a la terraza trasera y a la piscina descubierta. De reojo observaba los gestos de admiración que sin tapujos traslucía Granger y la fue guiando por el gran jardín, que con gran devoción cultivaba su madre y donde se mezclaban sus flores favoritas con arbustos y otras plantas ornamentales. A objeto de quedar fuera del alcance visual de los niños, una vez terminado el gran jardín continuó caminando hacia un bosque existente dentro de la propiedad y se detuvo en un claro que era cruzado por un pequeño arroyo; durante todo el trayecto, si bien la chica no dejó de admirar el paisaje no parecía en absoluto asustada.

-Es una propiedad muy grande ¿tiene las mismas dimensiones de Malfoy Manor?

Por supuesto se dio cuenta que ella sólo estaba rellenando el silencio al no saber qué era lo que quería decirle, tenía muy claro que no era una mujer materialista, así que respondió con honestidad.

-Es mucho más pequeña que Malfoy Manor, sólo son siete hectáreas y la casa sólo cuenta con dos plantas y seis habitaciones para invitados.

-¡Pequeñísima!- soltó con ironía- supongo que eso te hace pensar que he criado a los niños en un armario.

-Simplemente contesté tu pregunta, Granger- rebatió, pero decidió que mejor era tener una discusión calmada, por nada del mundo quería que Scorpius los viera llegar descompuestos tras su conversación- y honestamente me gusta tu casa, se ve que los niños han crecido felices y amados allí.

Hermione alzó el rostro sorprendida de su respuesta ¿de verdad pensaba eso o sólo lo decía para calmarla? Observó cómo apoyaba con despreocupación su gran estatura en un gran roble, sin importarle que su caro traje negro se pudiera estropear. En realidad la posición era mucho más cómoda y ella hizo lo mismo en el árbol que se encontraba frente a él. Se miraron por un largo momento, gris contra miel, decidiendo cómo iniciar esa charla.

-Le pusiste nombre de constelaciones a los niños siguiendo la tradición Black ¿por qué lo hiciste si no estabas dispuesta a que ellos me conocieran?- preguntó primero Draco, no trasluciendo ni en su voz ni en sus gestos lo mucho que eso le dolía.

Hermione bajó la mirada y la centró en la punta sus zapatos color hueso decidiendo que esto era inicio de otra gran pelea, pero le debía ser honesta con él.

-Quería que al menos tuvieran algo tuyo, algo que los uniera aunque nunca llegaran a conocerse.

-Gracias por eso.

Hermione levantó tan rápido la cabeza que de milagro no se causó una luxación.

-¿Hablas en serio?

-Sí, porque al menos eso significa que aunque sea subconscientemente querías tuvieran una unión común conmigo. Sus nombres son hermosos ¿pero cuáles son los nombres completos?

-Scorpius Hiperion y Antares Electra.

-Elegiste sólo nombres griegos, me alegro- la miró sin rencor por primera vez- al menos cuando mañana vayamos a registrarlos sé sus nombres completos.

Ahora Hermione entendía el motivo de esta charla, no quería parecer desinformado ante los del Ministerio y que se percataran que estuvo toda su corta existencia alejados de ellos.

-¿Por qué le dicen Tari?

-Cuándo comenzaron a hablar a Scorpius no podía pronunciar Antares y siempre le salía Tari, así que quedó así. Cuando está molesto con ella o necesita llamar su atención en una situación seria le dice Antares. A ella también le costaba decirle Scorpius y lo abrevió a Scor.

Draco recordó su encuentro en el centro comercial después de Astoria apretara su brazo. Efectivamente cuando no reaccionó al diminutivo Tari la llamó Antares. Ahora entendía mejor.

-Me dijiste que nacieron en marzo ¿qué día?

-El 24- no le extrañaba que no estuviera anotando nada, tras trabajar con él todo este tiempo sabía que poseía una mente prodigiosa y que era capaz de retener la información de una manera sorprendente, más aún si se trataba de algo importante.

Lo vio asentir y dirigir la mirada hacia el arroyo. Cada vez que hablaban el vaho de sus alientos se hacían visible debido al frío del nublado día de octubre; gracias a Merlín ella llevaba un grueso abrigo de lana que la mantenía caliente. El silencio se estaba prologando demasiado y esto la estaba poniendo nerviosa, pero había algo que necesitaba saber.

-¿Por qué fuiste al colegio hoy? Pensé que verías a los niños en la tarde.

El comentario lo molestó en un principio, pero al notar que la pregunta no era un reproche sino mera curiosidad se obligó a calmarse.

-Anoche me quedé preocupado cuando dijiste que Scorpius insistía en ir a clases con ese moretón. Mejor que nadie sabes que fui un maldito cabrón y por lo mismo no era de genios intuir que esos niños volverían a burlarse de él y podría venir otra nueva pelea- suspiró con pesadez, como recordando su pasado de peleas e insultos- no podía permitir que mi hijo pasara nuevamente por ello y quise estar allí por si se presentaba el problema- como la castaña no lo interrumpió continuó- por eso me vine temprano y los seguí… no tenía contemplado intervenir directamente pero cuando noté que te detuviste y fingiste arreglar un cordón de Scorpius supe que algo andaba mal y sus miradas al grupo de adultos me dio todas las respuestas, así que sólo actué.

Hermione lo observaba sorprendida y admirada a la vez, jamás pensó que Draco fuera un padre intuitivo y sobreprotector; estaba viendo una faceta del blondo que la cautivaba y emocionaba y nuevamente se maldijo por no haber hablado a tiempo. Tal vez el resultado no habría tan diferente pero también podrían haber tenido una oportunidad.

-Aunque no lo demostró, Scorpius estaba feliz que estuvieras allí- reconoció- cuando lo vi aceptar tu mano lo supe.

-También lo noté aunque no sé si estaba feliz- Draco rió por lo bajo- sabía que no podría protegerlas de los adultos y sólo me usó… es una pequeña serpiente que sabe aprovechar las oportunidades, sin duda será un Slytherin.

Hermione se sumó a su risa y movió la cabeza afirmativamente.

-No sólo Scorpius, en estos momentos te encuentras cegado por Antares pero te puedo asegurar que esa niña es una verdadera manipuladora y cuando está molesta es verdaderamente peligrosa- la risa de ambos alzó en volumen y un cierto nivel de camaradería pasó a darse entre ellos- Harry y Ronald hace mucho asumieron que de ir a Hogwarts serían Slytherins.

-Ellos irán a Hogwarts- afirmó Draco volviendo a la seriedad y frialdad anterior.

-Ahora no existe motivo para que no lo hagan.

Un pesado silencio se hizo nuevamente entre ellos y Hermione mordió sus labios nerviosa.

-¿A qué hora citarás a tus padres, los Potter, Weasleys y quienes deben estar enterados de la nueva situación?

-A las nueve, después que los niños estén durmiendo. No creo prudente que ellos escuchen nuestra conversación.

-Estoy de acuerdo, deberás conectar tu chimenea con la nuestra para que podamos llegar por red flu, como no conozco bien tu casa no podemos aparacernos- razonó el rubio.

-Está bien, haremos la conexión una vez llegue a casa. Ahora es mejor que me vaya con los niños, tengo que contactar a mis padres y los demás para que estén presente en la noche.

Hermione emprendió el camino de regreso ya que no había nada que agregar. No había dado ni tres pasos cuando la voz de Draco la detuvo y volteó a verlo.

-Granger, los acuerdos y esta tregua no cambian la situación entre nosotros. Como lo veo, no existe ninguna posibilidad que algún día pueda perdonarte, todo esto es beneficio de los niños- la gravedad y dureza de su voz reafirmaban sus palabras.

La castaña no pudo evitar que las lágrimas asomaran a sus ojos por lo que rápidamente giró la cabeza para que el rubio no la viera. Cuando se sintió en control de su voz y emociones respondió dándole la espalda.

-Ya lo sé Malfoy, no pretendo forzarte a lo contrario- y sin esperar otro comentario comenzó el camino de vuelta.

Para Draco no pasó por alto el brillo de lágrimas en los ojos mieles, pero se obligó a hacer a un lado el sentimiento de dolor que de pronto lo inundó, por lo que también comenzó el retorno. La chica estaba al menos siete pasos delante y fácilmente hubiera podido alcanzarla ya que sus piernas eran más largas, sin embargo, se mantuvo en un frío silencio mientras recorrían el corto trayecto y observaba su pequeña y frágil silueta desde atrás. Quizás era muy pronto, tal vez en un futuro muy lejano o tal vez nunca sucediera, pero ahora tenía la certeza que jamás podría perdonar todos los años lejos de sus hijos. Era mejor pensar en lo que sucedería esa noche con los otros adultos que eran tan importantes para sus hijos.

Desde el balcón de la segunda planta Narcisa observó las dos siluetas que se acercaban a la casa y por las posturas de ambos jóvenes adivinaba el tormento interior de cada uno de ellos. Volteó su vista a su habitación donde los niños revisaban el álbum familiar y rezó a Merlín para que pronto se volvieran una familia real, porque estaba segura que estaban unidos no sólo por los niños.

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(*)Electra: Significa "brillante" y designa a una mujer con luz propia.

Por fin he podido publicar. Quiero disculparme con todas ustedes por todo el tiempo en que no he podido actualizar pero realmente he tenido problemas personales que me hicieron imposible publicar con la regularidad de antes. He leído sus reviews los cuales les agradezco por sus palabras de aliento y si bien no los contesté fue simplemente para no crearles falsas expectativas porque ni yo sabía cuándo lo avanzaría. La mayor parte de sus consultas es si lo abandoné o lo terminaré, la respuesta es que no pretendo dejarlo a medias, sólo les pido paciencia a mis ausencias. Espero que el capítulo les haya gustado, realmente quiero hacer una transición adecuada en las distintas emociones y no dar un final abrupto dejando vacíos entre medios. Ahora me despido y realmente espero que nos leamos pronto. Cariños,

Sabina G.