Los Puntos sobre la "i"

Las características llamas verdes que anunciaban la llegada de personas por la red flu llenaron la gran chimenea ubicada en el pasillo central de la villa muggle Malfoy en Weybridge y por ellas aparecieron Theodore Nott seguido de Draco Malfoy, quienes detuvieron su andar al encontrarse con la persona más inesperada observándolos con preocupación.

-¿señora Granger? –más que saludo, la pregunta de Theo apuntaba a obtener una respuesta.

-¿Jane? –saludó Draco preocupado- ¿le sucedió algo a los niños o a Granger? –mientras hablaba sus pasos se dirigieron a la mujer mayor que movía las manos con gesto nervioso y eso elevó aún más su inquietud, no comprendía que hacía en su casa su ¿ex suegra? ¿Casi suegra? Aún no encontraba un apelativo para nombrar a los Granger, pero definitivamente tenía que encontrar uno que no sean los padres de Granger o los abuelos de sus hijos, mal que mal de alguna manera ahora eran familia.

-Los niños están bien, no te preocupes, están jugando en el jardín trasero –y su vista se dirigió a un punto donde se alcanzaba a divisar unas pequeñas figuras corriendo entre las plantas de Narcisa.

Ambos jóvenes se voltearon donde apuntaba la madre de Granger y suspiraron aliviados al observar que los niños se divertían y reían felices mientras Scorpius trataba de atrapar a Antares que se escabullía veloz antes que su hermano pudiera ponerle un dedo encima. Draco buscó con la vista a su madre pero la mano de Jane se posó en su antebrazo izquierdo llamando su atención.

-Hermione fue a buscarme a la clínica para que me quedara con los niños mientras ella y tu madre iban al mundo mágico.

-¡¿Cómo?! –no pudo evitar exclamar Theo.

-¿Mi madre y Granger se fueron juntas? –interrogó el platino ahora aún más preocupado ya que se imaginaba la causa de esa ida conjunta.

-No sólo ellas, tu amiga Pansy se negó a quedarse –Jane caminó hacia el ventanal sin perder de vista a los niños y luego se volteó hacia Draco con su rostro totalmente transformado. La preocupación dio paso a la ira y sus ojos castaños parecían dos brasas dispuestas a incendiar cualquier punto donde se dirigiera su mirada y su rostro, normalmente amable y dulce, ahora se había transfigurado a uno duro y decidido; era claro de quién había heredado el genio la castaña- ¡si yo hubiera podido también hubiera ido! –dijo con la voz cargada de enojo- ¿cómo pudo esa horrible mujer escribir esto sobre mi hija? –se dirigió a una elegante mesa de arrimo y de un cajón extrajo una copia de El Profeta, el cual sacudió violentamente- ¿decir que mis nietos son una mala mezcla? ¡¿mezcla?! –su voz se elevó y ninguno de los jóvenes se atrevió a interrumpirla- ¿acaso ustedes pertenecen a una clase de animales que deben cruzarse para sacar buenas crías? ¿En qué época viven?¡Nadie ofende a mi familia y esa bruja maldita expuso a mi hija como una caza fortunas y una cualquiera que te sedujo sólo para embarazarse y poder sacarte plata!

En ese punto Draco se acercó a Jane y puso ambas manos con suavidad en sus hombros, tratando de traspasarle algo de calma, aunque él mismo lo veía difícil ya que hervía de sólo recordar todo lo allí escrito.

-No me interesa que comparen a todas esas mujeres hermosas y de "supuesta gran alcurnia" con mi hija, es tu vida, eres un hombre soltero y no tenías ni tienes compromiso alguno con ella –prosiguió Jane, provocando la tensión del platino ante la certeza que la madre de Granger había visto y leído todos los nombres que Skeeter vinculó en el artículo ¡maldita sea!- ella es mucho mejor que todas ellas juntas y sé que Ron, Harry y todos sus amigos la defenderán de este ataque, pero me siento impotente de no poder actuar allí como madre y abuela y protegerlos como es debido –una lágrima rebelde corrió por su mejilla derecha y Draco, por instinto la rodeó para confortarla entre sus brazos.

Sin embargo, no pudo evitar la punzada de molestia que lo inundó ante la referencia que los amigos de Granger la defenderían como si a él no le importara o estuviera marginado de hacerlo, puede que sus relaciones estuvieran acabadas pero ante todo ella era la madre de sus hijos y cualquier cosa que la dañara también los dañaba a ellos; sí, es sólo por eso, trató de convencerse.

-No se preocupe Jane, me encargaré en persona que esa mujer no vuelva a hablar de Hermione o los niños, esto no se va a quedar así –su voz era tan fría y dura que Jane sólo asintió.

Theo observaba a su amigo mientras consolaba a la madre de la castaña como si fuera una de los suyos y su intuición le decía que además de las insinuaciones sobre los niños, lo que más molestaba a Draco fueron todos los ataques directos sobre Granger que hizo Skeeter. Por supuesto que a él también le molestaban, Skeeter siempre se las arreglaba para causar el mayor daño posible y estaba consciente que si no la detenían, los hijos de Pansy, Blaise y si algún día llegaba tener los propios, serían sus próximas víctimas.

Draco sintió la mejilla de Jane apoyarse en su pecho y su cuerpo relajarse. Era tan pequeña como Granger y su cuerpo igual de menudo, aunque a diferencia de su hija, no poseía una rebelde cabellera rizada sino un pelo sedoso y liso. Las risas infantiles llegaron nítidas a sus oídos y su mirada se dirigió al lugar donde un Scorpius jubiloso mantenía atrapada a Antares con una mano mientras con la otra le desordenaba los risos; su propia boca dibujó una sonrisa cuando Antares se dejó caer molesta sobre el césped con los brazos cruzados a la altura del pecho mientras su hermano se llevaba las manos al estómago tratando de frenar el dolor producido de tanto burlarse de su gemela. Pasados los espasmos se sentó junto a ella y luego de intercambiar unas palabras ambos se levantaron y la pequeña, con una desmedida agilidad, trepó en la espalda de su hermano y este la sostuvo de las piernas para comenzar a correr fingiendo ser un caballo. Sus hijos eran perfectos, era inimaginable para él pensar que otro niño pudiera superarlos, menos aún imaginaba que pudieran ser de otra mujer que no fuera Granger… con una sangre pura jamás existiría su princesa, no tendría ese regalo adicional y no se sentiría tan completo como lo hacía ahora. La ira volvió y sus rasgos se endurecieron, era hora de la revancha.

-Jane, por favor continúe cuidando de los niños mientras volvemos –quitó sus brazos y la miró directo a los ojos- no se preocupe, hoy una serpiente perderá los colmillos y no podrá volver a escupir veneno ¿vienes? –preguntó innecesariamente a su amigo mientras se volteaba; este ya estaba parado junto a la chimenea esperándolo para cruzar al mundo mágico.

Jane vio desaparecer entre las llamas verdes a un joven tras de otro y supo que el platino iba dispuesto a todo para poner a esa mujer en su lugar; de la misma manera, supo que no sólo defendería a los niños, sino también a su hija y eso la reconfortó. Su instinto de madre le gritaba que había algo más entre ellos que sólo tener a los gemelos en común, lo intuyó cuando Hermione volvió el sábado después de la fiesta a buscar a los niños irradiando felicidad por cada poro; cada sonrisa, cada gesto demostraba que estaba enamorada y que el responsable no era alguien recién conocido ni una cita de una noche; nunca había dormido fuera de casa sin avisar o llamar a los niños para saber cómo estaban y supo por Graham que tanto Hermione como Draco desaparecieron de la fiesta con minutos de diferencia. Desde que el joven había aparecido nuevamente en su vida fue notando cambios graduales: al principio temor, luego precaución y a medida que los meses transcurrieron el apellido Malfoy figuraba frecuentemente pero con timbres de admiración; notaba que lo extrañaba cuando viajaba por varios días y aunque trataba de disimularlo, su humor cambiaba cuando la ausencia se extendía a semanas y era demasiado susceptible a las palabras y acciones del rubio. Robert también lo había notado y por ello ambos conversaron por horas cómo hacer que su hija se atreviera a revelarle al chico la existencia de los niños antes que fuera demasiado tarde, lamentablemente, Dios quiso que las cosas no alcanzaran a acomodarse entre ellos antes que la bomba explotara.

Sin embargo, para ella no pasó desapercibido que cuando el joven entró a la cocina lo primero que hizo fue ubicar a Hermione entre los presentes y a pesar de su comprensible enojo hacia ella, se mostró molesto por las palabras de Ron cuando este se refirió a la falta de relación afectiva entre ellos cuando concibieron a los niños. Eso despertó su curiosidad y por lo mismo no pudo evitar observarlo durante todo el desarrollo de la conversación, no escapando a sus ojos de madre que las orbes grises volvieron demasiadas veces a su hija, a veces enojados, otras evaluativos y otras con mirada perdida, como si estuviera buscando un sentido a algo que no lo tenía para luego refugiarse en su impecable máscara de indiferencia y frialdad. Y como no podía quedarse con la duda sobre lo que un resquicio de su mente le gritaba, en un acto totalmente impulsivo le pidió unos minutos a solas, no sabía qué haría, pero algo se le ocurriría.

Temiendo que su hija escuchara tras la puerta le pidió al rubio que silenciera la habitación y él había acatado caballerosamente. No podía dejar de admirar sus impecables modales y su aristocrática postura, todo en él gritaba la clase a la que pertenecía e incluso sus gestos más básicos eran elegantes; y no sólo él, su madre y amigos irradiaban una energía diferente a la de los otros magos y brujas que conocía. Tal vez obedecía a que eran más reservados, más cautos, menos espontáneos, pero el aura que los rodeaba los hacía a los ojos de los simples mortales aún más interesantes.

Cuando ambos se encontraron sentados frente a frente, sintió la necesidad de defender a su hija, de darle a entender que si bien había tomado una decisión equivocada, tenía sus motivos. Tampoco quiso atacarlo porque a pesar que fue el chico que le hizo la vida imposible a su pequeña antes de la guerra, como madre se daba cuenta que él era producto de las enseñanzas de sus padres y quién era realmente quedaría demostrado cuando comenzara a tomar decisiones por sí mismo. Y hasta el momento, lo que veía le gustaba. Fue a medida que armaba el discurso sobre Hermione, especialmente cuando le dio a entender que comprendía y aceptaba que en el algún momento formaría una nueva familia, que se le ocurrió la locura de pedirle que le ayudara a buscar a alguien para que saliera con ella ¿por qué lo hizo? Simplemente para conocer de primera fuente qué tan importante era su hija para él, si le tenía consideraciones, si la respetaba, si había esperanzas que terminaran juntos a pesar del rechazo actual que el chico manifestaba al descubrir que fue alejado de sus hijos. Se sentía segura y complacida con el padre que mostraba ser, ahora quería saber si había dejado realmente sus prejuicios y se había convertido en un mejor hombre, un hombre para estar al lado de su Hermione.

-Lo que quiero Draco es que me ayudes a encontrar una pareja para Hermione, un hombre que ocupe el lugar que te correspondía en su vida –el joven rubio no tuvo tiempo de ponerse la máscara de indiferencia y la miró totalmente descolocado, sin saber qué responder, prácticamente pensando que se había vuelto loca. Obviamente lo había tomado por sorpresa. Se tomó al menos dos minutos en los que se recostó en el respaldo de la silla sin quitarle la mirada de encima, sus rasgos fueron mutando poco a poco a una actitud suspicaz. Sus ojos grises observaron cada rasgo de su cara y por un momento los nervios la dominaron, pero se obligó a ser fuerte, después de todo fue ella la que puso el tema en la mesa.

-¿Está segura de lo que me está pidiendo o es Granger quien lo desea? –su rostro se ladeó como si quisiera estudiarla mejor.

-No, si mi hija supiera que te estoy planteando esto me haría la ley del hielo por meses –al menos eso era cierto- pensaría que estoy tratando de dirigir su vida, debes saber que es algo orgullosa.

-¿Algo? –sus cejas de alzaron y su boca dibujó una sonrisa- Jane, su hija es el orgullo personificado.

-Lo sé, creo que tengo algo que ver en eso –respondió avergonzada. -Es bueno saber de dónde viene el gen –su sonrisa aumentó y luego volvió a su seriedad habitual- sin embargo, lamento no poder acceder a sus deseos pero no puedo ayudarla en lo que me pide.

-¿Puedo saber el motivo?

-Usted misma lo dijo, si lo hago Granger pensará que estoy interfiriendo en su vida y sabiendo cómo trabaja su cerebro, creerá que tengo segundas intenciones respecto a mi propia vida o sobre los niños –se inclinó hacia la mesa y apoyó los antebrazos en ella- además, su hija es demasiado inteligente, está en un puesto importante y estratégico en la empresa, si la pongo a viajar y a presentarle hombres pensará que me quiero deshacer de ella y que por lo mismo la estoy degradando a nivel profesional. Es cierto que nuestra situación actual es compleja y que será difícil trabajar juntos, por lo que sólo la marginaré en lo que refiere a trabajos conjuntos y salidas en solitario conmigo, pero cuando esté lista para iniciar una nueva relación –a pesar que lo disfrazó bastante bien, Jane no pudo evitar notar la molestia que este pensamiento le causaba- será ella quien dé el paso, no yo quien la empuje. Por último y la razón más importante, ante todo Hermione es la madre de mis hijos y no le faltaré el respeto a su inteligencia o su persona colocándola en situaciones que no desea.

Por largos segundos no pudo evitar perderse en la sinceridad de los ojos grises y terminó asintiendo a su argumento. Si él hubiera aceptado su propuesta la imagen que se había formado se habría ido al carajo y no le hubieran faltado las ganas de cachetearlo ahí mismo porque eso significaría que sólo estaba jugando con su hija en la actualidad y no tenía sentimientos por ella. En cambio, en su negativa sólo percibió consideración, respeto por los sentimientos de Hermione y algo más a lo que no quería poner nombre porque le daba miedo equivocarse. Definitivamente aún existían esperanzas para los jóvenes y ella haría todo lo posible para que las cosas se dieran entre ellos y así en algún momento llegar a llamarlo "hijo". Sólo había que darles tiempo y tener paciencia para que él sane sus heridas.

-Está bien Draco, no te preocupes –estiró sus propias manos sobre la mesa para coger las de él y apretarlas con suavidad- entiendo tu postura y agradezco tu sinceridad.

Su mirada abandonó la chimenea por la que desaparecieron los jóvenes minutos antes y se dirigió hacia el jardín donde jugaban los niños, prometiéndose internamente que lucharía para que los cuatro fueran la familia que se merecían.

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Arcturus Macmillian miraba nervioso a las tres mujeres sentadas frente a él: dos sangre pura descendientes de los sagrados 28 y una hija de muggle, y no cualquier hija de muggles, sino la hasta estos momentos desaparecida heroína nacional y mejor amiga del niño que vivió dos veces, Hermione Granger. Cuando en Egipto leyó la publicación de hoy supo que tendría problemas por el reportaje de Rita y sin pensarlo dos veces dio por finalizadas sus recién iniciadas vacaciones. Tendría que hablar nuevamente con esa bruja en particular porque si bien las noticias jugosas producían muchas ventas, había familias con las cuales en estos momentos no convenía meterse y sin duda los Malfoys eran unos de ellos. En los últimos años el alicaído prestigio del apellido Malfoy estaba siendo recuperado por su heredero al igual que el de sus amigos y para nadie era secreto que lo que hacías a uno lo hacías a los tres restantes, lo que venía a reafirmar la presencia de la señorita Parkinson. Y esto sólo era una parte del conflicto, porque estaba seguro que los amigos de la señorita Granger también estarían furiosos, lo que conllevaría a que el mismo Harry Potter y el otro héroe nacional, Ronald Weasley y toda su familia, pronto estarían azotando su puerta para pedir explicaciones.

-Esto –manifestó Hermione Granger lanzando una copia de la edición de hoy en su escritorio- es un ataque directo a mi persona que podría haber dejado pasado por alto si no se hubieran referido en forma despectiva sobre mis hijos. Este artículo dista mucho de ser objetivo y da a entender claramente un desprecio por su condición de mestizos.

-Señorita Granger, entiendo su molestia pero creo que está exagerando…

-¿Exagerando, Arcturus? –lo interrumpió Narcisa- decir que son una mala mezcla es claramente una postura purista de tu periódico, lo cual viene a contradecir tus alegatos de negativas sobre posibles alianzas con el señor oscuro… aquí no hay doble interpretación –la voz de la rubia era bien modulada, sin elevarse, lo propio en damas de su alcurnia, pero la amenaza estaba tan implícita que no pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda.

-Este es un periódico serio y objetivo, Narcisa –se defendió- sabes que no tomamos posturas de sangre.

-No me haga reír –se mofó Pansy- los tres sabemos quién mandaba en este diario hace ocho años durante la segunda guerra mágica.

-Pansy, querida…

-No me importa lo de antes, señor Macmillan –intervino iracunda Hermione poniéndose de pie y apoyando las manos sobre el escritorio, sus ojos brillaban con enojo- sino lo que ocurre ahora y a menos que tenga una disculpa pública de su periódico y una amonestación hacia Rita Skeeter, le aseguro que utilizaré toda la influencia actual que me otorga mi condición de héroe de guerra, mi amistad con el Ministro y el ser amiga de Harry Potter para hundir su periodicucho, o por lo menos desvirtuarlo para que se vaya a la quiebra.

-Me sorprende señorita Granger –respondió el director alzando una ceja y tratando de no verse amedrentado- siempre la consideré más centrada y objetiva.

-Antes no era madre señor Macmillan –las mejillas de la joven estaban rojas- por años he tolerado las publicaciones insidiosas que sobre mi persona ha realizado la mal llamada periodista de Skeeter y a la cual tanto protege, pero ahora tocó lo más valioso para mí… tan valioso como para utilizar todos los medios de poder a los que no había recurrido antes –amenazó.

-No nos ofusquemos por favor –intervino el hombre pasando por su frente un fino pañuelo de lino- llamaré a Rita para que ofrezca las disculpas correspondientes y demos por finalizado este triste episodio.

Con parsimonia se levantó de su escritorio y salió de su oficina para hablar con su secretaria, dándole instrucciones.

-¿Y este viejo decrépito piensa que sólo con que Rita se disculpe se acaba todo? –las palabras furiosas de Pansy llenaron el silencio en el que se encontraban.

-Cálmate hija –la tranquilizó Narcisa- ese es sólo el primer paso, no aceptaré menos que una disculpa en la portada y páginas centrales.

Hermione se puso de pie y recorrió inquieta la oficina de Macmillan deteniéndose a observar las fotografías que habían colgadas en un extremo de la pared. La habitación era de una lustrosa madera de arce y elegantemente decorada, con suntuosos sillones de cuero café y candelabros de oro. Más que curiosidad lo hacía para desviar su mente de los instintos asesinos que predominaban en ella en esos momentos. Pasados unos minutos la puerta se abrió y por ella ingresó nuevamente Macmillan seguido de Rita Skeeter, quien al verlas les dirigió una sonrisa despectiva que sólo reavivaron las ganas de matarla que tenía la castaña.

-Señorita Granger, que sorpresa verla por acá –su vista viajó a Pansy y finalmente a Narcisa, quien le dirigió una mirada tan fría que fácilmente la pudo haber congelado- señora Malfoy, un gusto verla.

-Rita, como te explicaba, las señoras acá presentes insisten en que te disculpes por el artículo de hoy, encuentran que fue un tanto especulativo.

Hermione giró asombrada hacia el hombre ¡¿de verdad eso era todo lo que diría?! ¿Sólo especulativo?

-Comprendo -dijo la bruja acomodando sus lentes de media luna sobre la nariz- si soy sincera no veo dónde está el motivo de su enojo, el artículo es totalmente objetivo.

-¡Objetivo mi culo! –respondió molesta Pansy- tu artículo fue un ataque directo a Hermione, Draco y descalificador hacia los niños.

-Pansy querida –la sonrisa de Skeeter era venenosa- creo que la posición que tanto tu familia como la de tus amigos adoptó en la guerra te hace más susceptible a ciertas palabras que pueden salir en el artículo, dándole un sentido que no lo tiene.

-Creo que tú mejor que nadie sabe de posiciones, Rita querida –intervino Narcisa con voz gélida.

-Y tú mejor que nadie, Narcisa querida –imitó la reportera- sabes que hay temas que no se deben mencionar.

-Tal vez eso no me importe si consideramos a quienes atacaste –respondió de igual forma la matriarca Malfoy- si eso evita ese tipo de publicaciones tal vez esté dispuesta a arriesgarme.

La sonrisa de Skeeter quedó congelada y pasó las manos por su cabello.

-Sabes bien lo que eso implica –rebatió recomponiéndose.

-Ya te dije, por proteger a los que amo, principalmente mi hijo y nietos, estoy dispuesta a pagar el precio.

Hermione observaba a las brujas mayores y una alarma se activó ante ese cruce de palabras ¿qué le estaba advirtiendo Skeeter a Narcisa que conllevaría para esta un peligro? ¿Qué sabía Narcisa que la ponía en riesgo? La castaña no pudo evitar preocuparse ya que sabía que Narcisa no medía límites cuando se trataba de proteger a Draco… y ahora a los niños. Más cualquier pregunta murió en sus labios cuando la puerta se abrió de golpe y por ella entraron Draco y Theodore, preocupantemente tranquilos.

-Buenas tardes Macmillan –mientras inclinaba la cabeza en son de saludo al hombre mayor, su mirada viajó hacia las brujas, evaluando la posible situación. Por su parte, Theo se fue a parar protectoramente entre Narcisa y Pansy, dejando clara su posición.

Draco caminó hacia la castaña y se ubicó a su lado; esta era una pelea de padres y así se enfrentarían a Skeeter.

-Imagino que ya Hermione y mi madre dieron a conocer el motivo de nuestra molestia y las exigencias que tenemos –la voz del rubio sonó calmada provocando que Hermione lo mirara asombrada, pensó que comenzaría a lanzar maldiciones, no que adoptaría una postura tan pasiva… pero como siempre, se equivocó sobre su aparente calma- mañana El Profeta ofrecerá disculpas públicas a Hermione y a mis hijos, en primera plana, caso contrario estableceré mi propio periódico y comenzaré a contratar a los empleados de El Profeta y a cualquiera que quiera trabajar aquí.

Ante esas palabras, el rostro de Macmillan palideció y el miedo hizo presa de él.

-Joven Malfoy –Acturus adoptó una actitud reconciliadora ya que sabía que el joven ahí presente no estaba realizando una amenaza cualquiera- lo último no es necesario, personalmente firmaré las disculpas y serán publicadas mañana como gentilmente pides.

Draco asintió y luego se dirigió a Skeeter.

-También espero disculpas públicas de su parte como despedida de su vida de periodista –los ojos de la bruja se abrieron como platos y luego se recompuso adoptando una faceta de burla.

-No sé por qué cree joven Malfoy que voy a retirarme sólo porque lo insinúa.

-Justamente porque no lo estoy insinuando, después de escribir sus disculpas presentará su carta de renuncia y firmará un contrato legal que estipula que jamás volverá a publicar nada relacionado con mis hijos, Hermione Granger, mis amigos, mi madre, mi persona, los amigos de la señorita Granger ni nadie que se relacione con nuestro círculo.

Rita Skeeter lo miró por largos segundos y dejó salir una sonora carcajada.

-Lo siento querido, pero no puedo aceptar tu solicitud de retiro por el momento –las falsas pestañas postizas se agitaron coquetamente, provocando la ira de las mujeres más jóvenes- Creo que el éxito y restablecimiento momentáneo de tu apellido se te ha subido a la cabeza.

Draco al notar que Hermione iba a explotar la tomó por los hombros y la giró para que lo mirara.

-Confía en mí para solucionar esto –le pidió mientras se inclinó para que sólo ella pudiera oírlo- tengo una carta ganadora bajo la manga.

La castaña lo miró y su cuerpo se estremeció ante el contacto. Sus ojos platas estaban oscurecidos y sus rasgos demostraban decisión, por lo que terminó accediendo a su solicitud. Draco se estiró en toda su altura y miró con desdén a Skeeter.

-Bueno, bajo estas circunstancias deberé concurrir al Ministerio y entregar antecedentes sobre una bruja que aún no han sido juzgada por colaborar con el señor tenebroso. Como todos sabemos, a pesar de los años el Ministerio no ha cerrado los casos que permitan formalizar cargos contra mortífagos fugados o colaboradores indirectos –la tan conocida sonrisa ladeada marca Malfoy provocó la palidez de la rubia bruja quien se le acercó lentamente, evaluando la decisión de las palabras del chico.

-Si haces eso tu madre morirá –le susurró de tal forma que sólo él y Hermione pudieron oírla- hay un juramente inquebrantable que me protege de ella o cualquiera que maneje esa información.

La castaña miró preocupada al rubio ¿un juramento inquebrantable? Sus ojos mieles viajaron a Narcisa quien los observaba impasible desde el otro extremo de la habitación, adivinando de qué iba la charla. ¿De verdad ella amaba tanto a sus nietos que estaba dispuesta a morir por protegerlos? ¿Era esa la amenaza que le había lanzado a Skeeter antes de la llegada de Draco? Tenía que serlo porque de lo contrario Skeeter no se mostraría tan confiada.

-Veo que la edad te ha hecho perder la memoria Skeeter –se burló el rubio- el juramento inquebrantable implicaba que ninguno de mis padres te podían delatar ni contar a nadie sobre tu aporte para el lado de los mortífagos, nunca se incluyó a su descendencia como parte del hechizo y tampoco me lo contaron, yo tenía un conjuro desilusionador por lo que ninguno de ustedes se percató de mi presencia. Además –agregó con ironía- mírala, Granger acaba de escuchar y ella sigue en pie ¿me crees tan estúpido para arriesgar la vida de mi madre? Me decepcionas Skeeter.

Ahora el rostro de Rita no se mostraba tan seguro.

-No serías capaz.

-¿No? Mi familia y yo ya fuimos juzgados, no tenemos nada que ocultar ni deudas pendientes con la justicia –Draco sabía que había ganado la partida- pero eso no significa que no me ensuciaré las manos si tengo que proteger a mis hijos, así que elige: Azkaban o tu renuncia.

Hermione se percató el momento exacto en que Skeeter claudicó. La mirada de odio que le dedicó a Draco hubiera atemorizado a cualquiera pero no a él. Cuando la bruja mayor se retiró un poco, el rubio volvió a hablar más fuerte para que todos escucharan.

-Mi abogado te esperará mientras redactas tus disculpas para que luego firmen el contrato bajo los términos que he señalado y espero Acturus –su tono se tornó en una advertencia al dirigirse al hombre mayor- que en el futuro este tipo de situación no se vuelva a repetir. No tengo nada contra la libertad de prensa pero sí de su mal uso para revanchas personales o para atacar inocentes. Skeeter lleva años abusando del poder mediático que tú le has dado y como adultos estamos conscientes que nos encontramos en una posición que lamentablemente nos hace vulnerables a sus publicaciones. Pero en este caso, no debió involucrar a mis hijos ni mucho menos realizar prejuicios de sangre… métete conmigo todo lo que quieras, pero nunca más vuelvas a mencionar a mis hijos en tono malsonante o que los dejen en una posición frágil porque el día que suceda no me tendrás en tu oficina sino que sabrás de mí cuando tu periódico se vaya a la quiebra. Lo mismo corre para los futuros hijos de mis amigos y los amigos de la señorita Granger. Buenas tardes.

Y sin esperar respuesta instó a la castaña a abandonar la habitación y esperó que su madre y amigos también lo hicieran. A medida que avanzaban por los pasillos de El Profeta, con Draco escoltando a Narcisa, la castaña se dio cuenta de demasiadas brujas que literalmente se comían con los ojos a ambos jóvenes y que varios magos babeaban tras Narcisa y Pansy, haciéndola sentir como el patito feo entre tanto cisne.

Recordó todos esos rostros y nombres publicados en el reportaje de hoy, habían al menos 13 y eso que sólo consideraban algunas brujas extranjeras, no las bellezas muggles que habían o estaban compartiendo cama con él. Y eso le dolió ¿por qué Malfoy la llevó a Eastbourne? ¿Realmente él había querido algo más con ella, la menos bella de todas las mujeres que pululaban a su alrededor? ¿Había algo que la hacía diferente al resto para él? ¿Estaba realmente todo terminado entre ellos? Alzó la cabeza para volver observar su aristocrática figura. Todo en él gritaba belleza, masculinidad, elegancia, riqueza, absolutamente todo lo que la mayor parte de las mujeres deseaban internamente en su hombre ideal, sólo que ella le sumaba otras cualidades que sólo podías percibir estando junto a él: inteligencia, astucia, pasión, audacia, la capacidad de reinventarse, su humor de doble sentido en unas oportunidades y directo en otras, el hombre en el que se transformaba cuando estaba con sus hijos y sobre todo, el ponerse como un muro para proteger a los suyos. ¡Por Merlín! Si incluso se sentía atraída por ese lado oscuro que persistía en él, esa aura de chico malo que le movía el piso y que retaba a todos sus sentidos a estar siempre alerta. Todas esas características adicionales a lo meramente físico que había ido descubriendo en estos seis meses que la fueron conquistando de tal forma que ni siquiera fue consciente que se había enamorado hasta el tuétano y que la había llevado a despertar emocional y físicamente hasta el punto de volver a entregarse a él. ¿Cómo podría seguir trabajando a su lado? Él había dicho claramente que no podía perdonarla y sabía de primera mano que no era de aquellos que cambiaba de opinión ¿Debería considerar el abandonar la empresa? Continuar viéndolo a toda hora sólo la dañaría pero tampoco quería salir corriendo como una cobarde. Sin percatarse, sus ojos reflejaban nítidamente todo el conflicto interior que llevaba dentro y aunque trató de mantener su rostro imperturbable no le fue posible, menos para las dos serpientes que se habían situado a su lado y que observaban las emociones pasar mientras la vista de la castaña se mantenían fija en la espalda del rubio que los precedía.

Cuando cruzaron las puertas de El Profeta y salieron al frío del Callejón Diagon, Hermione se refugió en el cuello de su abrigo muggle de lana marrón que la cubría hasta la mitad de las pantorrillas, hundiendo el rostro en el cuello del suave material para darse calor. El grupo se veía curioso a los ojos de quienes allí pasaban, sobre todo porque Narcisa y Pansy también estaban elegantemente ataviadas con ropa muggle y Theo y Draco hacían contraste con sus caras capas de invierno. Ver precisamente a esas aristócratas mujeres ataviadas con prendas de un mundo que siempre rechazaron era algo que haría a cualquiera detenerse. Las ráfagas de viento hicieron a ambos jóvenes actuar de muro para que no llegaran directas a las mujeres que escoltaban y quizás por eso no se percataron de la rubia que dobló por unas de sus calles con su elfina doméstica y que al ver al platino, imprudentemente se dirigió hacia él para finalmente abrazarlo por la espalda.

-¡Draco, amor! ¡Quería tanto poder conversar contigo!

Hermione sólo vio unas manos que aparecieron desde la espalda del rubio para finalmente terminar uniéndose posesivamente un poco más arriba de su cintura. Sin poder evitarlo sus ojos buscaron los suyos y cuando ambos se encontraron, todos los sentimientos encontrados que la traían tan absorta los últimos minutos afloraron como un libro abierto para quien quisiera leerlos. Pero los de él, los de él no decían nada. Sin embargo, su rostro cambió abruptamente de indiferencia a hastío cuando alzó con parsimonia sus brazos y con firmeza se posicionaron sobre las manos que lo rodeaban separándolas para que lo dejara libre.

-Astoria –siseó en respuesta mientras se volteaba a enfrentarla.

Ante la mención del nombre todo rastro de conflicto abandonó a la castaña y una ira excesiva se apoderó de ella cuando recordó lo que esa bruja le había hecho a su hija. Así que sin siquiera dudarlo rodeó al rubio y sin considerar los 10 centímetros de diferencia de estatura con la otra mujer la giró fuertemente del brazo para enfrentarla.

-Escúchame Greengrass y espero que en las pocas neuronas que tenga tu cabeza grabes bien lo que voy a decirte –la rubia asombrada trató de soltar su brazo pero increíblemente la menuda castaña tenía una fuerza que nadie creería posible en su metro sesenta de estatura- vuelve a dañar nuevamente a uno de mis hijos y te aseguro que la próxima visita que hagas al mundo muggle será para ver a un cirujano plástico. Estás advertida –y la soltó tan inesperadamente que la rubia trastabilló y hubiera caído al suelo sino hubiera sido afirmada de cada brazo por ambos hombres que también la miraban asombrados.

Y es que en ese momento Hermione Granger era todo un espectáculo digno de ver. Sus rasgos se habían endurecido, sus ojos oscurecido y los numerosos rizos que habían escapado de su habitual moño volaban salvajes al viento, dándole una apariencia de medusa; pero lo más decidor era la firmeza y convicción en el timbre de su voz, porque en esos momentos estaba claro que no estaba amenazando a Astoria, sino haciéndole una promesa.

-Ahora y como estoy a punto de darte una muestra de lo que te podría pasar –continuó hablando la castaña provocando que la bruja buscara protección tras el cuerpo del blondo- mejor me retiro antes de hacer algo de lo que puedas sacar provecho –dio dos pasos atrás y antes de aparecerse reiteró su advertencia-. Pero recuerda Astoria, no vuelvas a tocar a mis hijos.

El sonido de un plop y el espacio vacío donde antes estaba Hermione Granger sacó a todos del trance que le produjo ver a la leona en estado puro de furia. Ninguno de ellos, incluyendo a la misma Astoria, dudó que esta faceta de Hermione Granger mamá era más peligrosa que la de la bruja más brillante de su generación, porque acababan de ver su lado más primitivo, dispuesta a todo por proteger a sus crías y sin importarle para nada el tamaño del adversario. Algo que sin duda complació en su fuero más íntimo a Draco, aunque no estaba dispuesto ni a aceptarlo ni a darlo a conocer.

-También me retiro –la voz de Narcisa era calmada pero Draco sabía que estaba molesta con la aparición de Astoria- los niños y la madre de Hermione me están esperando. Adiós Astoria –y con una breve inclinación de cabeza se apareció.

-Debieron dejar que se cayera –dijo con Pansy con la mirada fija en la rubia.

-Ante todo somos caballeros Pansy –intervino Theo- hay cosas que nos salen por instinto, aunque a veces deberíamos dejarlas pasar por alto.

-¡¿Pero qué les pasa a ustedes dos?! YO soy su amiga, pertenezco a su misma clase, misma casa, no la trepadora de Granger –respondió molesta.

-Lo dicho, debieron dejar que se golpeara la cabeza, tal vez así le comience a funcionar la única neurona que no le ha consumido su obsesión por Draco. Mejor me voy –e imitando a Hermione y Narcisa, la pelinegra se apareció.

-Aprovecharé de ir a la oficina antes de volver al mundo muggle, quiero ver si hay avances con lo de Viena –anunció Theodore a Draco- Adiós Astoria –y tras una elegante inclinación, emprendió rumbo por unas de las calles laterales.

Cuando Theo desapareció de su campo de visión los ojos de Draco se dirigieron fríos hacia Astoria y cuando ella nuevamente trató de alcanzarlo para abrazarlo él dio dos pasos atrás.

-Te voy a pedir que no trates de dar una imagen nuestra que no corresponde, no quiero ridiculizarte frente a quienes están transitando aquí en estos momentos –la severidad en su voz y postura detuvieron a la bruja en su intención de insistir.

-Necesitamos hablar, aclarar las cosas –suplicó haciendo pucheros- por favor amor, sabes que Granger no es digna de ti, ni siquiera de haber llevado en el vientre a tus hijos ¿no lo entiendes? –su voz se estaba volviendo molestamente aguda- ella lo hizo a propósito para vengarse de ti por como la trataste en el colegio, por eso lo hizo de esta forma, echando a perder tu linaje puro con su horrible sangre muggle.

Las últimas palabras fueron un detonante para Draco, quien la tomó violentamente del brazo sin importarle si la lastimaba.

-Jamás –siseó iracundo- vuelvas a referirte de esa forma de mis hijos Astoria porque no responderé de mis actos. En la actualidad, específicamente en este preciso momento, me importa una mierda el puto linaje de mis antepasados, ahora he construido el mío propio y te aseguro que estoy más que orgulloso de su resultado –soltó el brazo femenino como si no soportara por más tiempo su contacto- ¿acaso crees que embarazo a cualquiera? Piénsalo antes de hablar de ellos o de Granger –y para mayor molestia de la rubia, el lugar que ocupaba el platino también quedó vacío.

¿Pero qué se creían todos? Ella era Astoria Greengrass, descendiente de una de las mejores familias sangre pura, tenía alcurnia, riqueza, linaje y sabía que era extraordinariamente hermosa. Ella era la mujer adecuada para estar al lado de Draco, lo amaba desde que tenía memoria y no iba a permitir que la insípida de Granger se lo quitara. Si tenía que soportar a esos pequeños engendros con tal de reconquistarlo lo iba a hacer, estaba segura que la fiesta se les acabaría cuando ella pusiera en brazos de Draco su hijo sangre pura. Porque Draco podrá haber cambiado algunos de sus ideologías, pero en esencia seguía siendo un Malfoy. Sonrió al imaginar la belleza de hijos que tendrían y ella se aseguraría que eso se hiciera realidad, no importa que método tuviera que utilizar para lograrlo. Miró buscando a su elfina y la ubicó inclinada unos metros más allá, le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera, aún tenía compras que realizar.

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Hola, a medida que leía sus reviews como madre me sentí obligada a defender a Jane Granger, al principio no lo había considerado necesario, pero como digo, como madre necesitaba hacerlo. Para quienes tenemos hijos este tipo de actitud no es tan alejada de la realidad, siempre queremos saber lo que afectará a nuestros retoños y normalmente sacamos verdades de mentira. Como dijo Blaise, Jane debió haber sido una Slytherin en su vida anterior, porque es muy observadora y manipuladora cuando quiere. Su solicitud a Draco siempre fue para saber su reacción y sentimientos hacia Hermione, no para que realmente le buscara un hombre, aunque obviamente nuestro rubio favorito no ha visto la estrategia aún… Muchas gracias por su mensajes y por continuar siguiendo la historia y obviamente ahora que todo está aclarado veremos en los nuevos capítulos más Dramione y los malabares que hará Draco para ganarse a Scorpius. Nos leemos pronto.

Sabina