Entre Scorpius y la pared
Cuando Hermione apareció en la sala de los Malfoy, Jane no pudo evitar dar un salto de sorpresa el cual se repitió cuando un nuevo plop puso en su campo de visión a Narcisa. Como contó dos de tres, ya estaba preparada cuando Pansy hizo su entrada y ni un gesto reflejó su cara cuando, con poca diferencia, Draco también se encontraba con ellas. Todos se estaban observando unos a otros, pero fue la mirada que le dirigió el platino, directa y firme, la que le dijo lo que necesitaba saber: se había hecho cargo de la situación. No pudo evitar la sonrisa que se dibujó en su rostro y el silencioso "gracias" que modularon sus labios y que él no tuvo problemas en leer.
Por curiosidad iba a preguntar cómo se habían desarrollado las cosas pero el opening de Feeling Good de Michael Bublé comenzó a subir de volumen llamando la atención de todos y anunciándole que tenía una llamada de su esposo. Se dirigió a la mesa de centro donde había colocado su Iphone y se disculpó con todos antes de dirigirse a una de las esquinas para responder.
Mientras tanto, Hermione observaba cada detalle de los gestos de Draco buscando algo que le diera indicios de lo que pudo haber pasado después que lo dejó con Astoria, pero como siempre, era una máscara impenetrable que no podía leer. Aún así, cuando él fijó sus ojos en los suyos no pudo evitar perderse en ese mar gris y, tras dudar unos segundos, tomó el valor para hacer la pregunta; sin embargo, ninguna palabra abandonó sus labios ya que el ruido de pasos corriendo la alertaron que los niños estaban entrando e instintivamente giró el cuerpo en la dirección que llegarían.
-¡Papá! –la felicidad que traslucía la voz de Antares cuando lo vio y la nueva velocidad que dio a sus piernas para correr hasta los brazos que la aguardaban abiertos le arrancó una sonrisa- ¡estás aquí de nuevo! ¿Cuándo llegaste? Con Scorpius estábamos jugando en el jardín de la abuela Cissy pero ahora nos cansamos y tenemos sed.
Draco la alzó en el aire y la envolvió en un cálido abrazo, depositando un amoroso beso en su frente. La pequeña también pasó su cortos bracitos tras su cuello y le dio un sonoro beso en la mejilla y el tan habitual piquito en los labios al cual el rubio ya estaba acostumbrado y que esperaba porque formaba parte del nuevo ritual de saludo que tenían entre ambos.
-Respira princesa –le dijo cuando sus ojos se encontraron y una enorme sonrisa se dibujaba en sus labios- si vamos por orden sí, estoy aquí y volví hace poco de mi viaje. Me alegra que lo hayas pasado bien jugando y estoy seguro que tu abuela está feliz que ustedes pongan en peligro sus plantas –no pudo evitar reir cuando ella puso cara de circunstancia ante los posibles daños que acarrearon los juegos con su hermano- y en cuanto a tu sed, pídele a Nimie o la empleada de servicio que te traiga un vaso de jugo.
Antes de bajar el precioso tesoro que cargaba y dejarlo con cuidado en el suelo, recorrió la sala buscando a Scorpius, al que ubicó parado junto a su abuela materna. Era obvio que su pequeño también lo estaba observando porque cuando sus ojos se encontraron este le mantuvo la mirada aguardando su reacción. Caminó con calma hasta él y se acuclilló para quedar a su altura.
-Hola Scorpius ¿no me saludas?
-Hola –respondió apoyando el cuerpo en las piernas de su abuela.
¿Qué hacer? Su instinto era tomarlo en brazos y darle un beso como lo había hecho con Antares. Sentía que había perdido demasiado tiempo con ellos como para medirse en sus demostraciones de afecto, pero era consciente que su hijo estaba resultando un hueso difícil de roer ¿él también fue así de terco cuando niño? En estos momentos no lo recordaba, pero considerando lo mimado que era lo posible es que la respuesta fuera sí. Pero como padre necesitaba el contacto, que se acostumbre a su cercanía y de alguna forma ir acortando la distancia emocional. Observó unas hojas húmedas enredadas en su lacio cabello, el que estaba humedecido con sudor por todo el contorno de su frente. Despacio levantó la mano y fingiendo no haber notado que se había pegado más a Jane retiró las hojas y estiró la palma para mostrárselas.
-Traes hojas en el cabello.
Scorpius llevó ambas manos a su cabeza y comenzó a pasarlas por el pelo.
-¿Cómo has estado? –insistió el platino mayor.
El breve apretón en el hombro hizo a Scorpius levantar la cabeza hacia su abuela, quien con la mirada lo instaba a ser educado con su padre. Lanzó un hondo suspiro de resignación y volvió su mirada hacia su progenitor. Si era honesto, debía reconocer que ahora que sabía que estaba cerca había extrañado verlo, a pesar que todos los días había hablado con Antares por red flu mientras él los observaba y contestaba con monosílabos sus intentos de charla.
-Bien, pero me aburro en casa ¿cuándo podremos ir de nuevo al colegio? –rezongó molesto.
-Graham me dijo que ya se había entrevistado con un amigo y el lunes debemos ir con tu madre a una entrevista.
-¿Puedo ir también? –no quería mostrarse interesado pero la curiosidad le había ganado.
-Si así lo deseas –Draco sonrío conforme con la petición, por lo menos estaban conversando- me interesa mucho lo que ustedes piensen y si no te gusta buscaremos algo que les agrade ¿te parece?
-¿Puedo elegir colegio? –se reprendió a sí mismo nuevamente por hacer la pregunta, pero es que su madre normalmente no les preguntaba ese tipo de cosas, aunque siendo honesto siempre habían estado en el mismo colegio y de no ser por los comentarios insidiosos de algunos compañeros, en lo general le gustaba el anterior.
-Por supuesto que puedes, para mí es importante que te sientas a gusto en el lugar donde vayas a aprender.
-¿Tienen esgrima? –quiso golpearse contra la pared por no poderse contener- sólo pregunto porque un compañero tenía clases de esgrima y cuando nos mostraba se veía entretenido… se veía muy parecido a como mueven los magos su varita –no pudo ocultar la emoción que le causaba esa posibilidad, ya todos le habían dejado en claro que no podría tomar una varita hasta los 11 años y cuando su compañero le mostró un video de sus prácticas le pareció que sería una forma entretenida de practicar movimientos.
-¿Esgrima? –su rostro se dirigió interrogante hacia Jane.
-Es un deporte de combate más exclusivo que sólo dan algunos colegios y academias –explicó Jane- se realiza con una arma blanca larga como espada pero similar en forma a la figura de una aguja que se llama florete, para ustedes es como una varita pero de mayor longitud. Y si es el colegio al que fue Graham no sólo tiene esgrima, sino también equitación, polo, natación y otros deportes de elite.
-¿No es peligroso? Si es un arma blanca…
-¿En serio abuela? –Scorpius se giró emocionado hacia Jane interrumpiendo a su padre- ¿el mismo colegio en el que estudió mi padrino? –ante el gesto afirmativo el entusiasmo lo poseyó y continuó hablando- mi padrino siempre cuenta historias entretenidas de su escuela muggle ¡eso sería simplemente genial! –sus rostro mostraba felicidad ante la perspectiva y de pronto sus ojos resplandecieron cuando su mente pareció hacerle otra revelación- ¡y cuando nos lleguen nuestras cartas iremos a Hogwarts como mis papás y tíos!
Dentro de su emoción Scorpius no se había percatado de lo que había dicho ni el efecto que sus palabras habían causado a los presentes, principalmente a Draco, quien lo miraba sorprendido. Inconscientemente Scorpius lo había incluido como su papá ¿acaso estaba pasando la barrera? Cuando su mirada se encontró esperanzada con la de Jane Granger encontró un claro mensaje de "no digas nada, compórtate como si no lo hubieras notado", orden que sin saber por qué, acató sin chistar.
-Sí tesoro, ya verás que de ahora en adelante las cosas se volverán muy entretenidas –le confirmó mientras con ternura le peinaba el cabello hacia atrás- tienes que confiar en tus padres, ellos saben lo que te hará feliz.
Ante la mención "padres" Scorpius volvió a su actitud de rigidez pero esta vez a Draco no le importó, ahora tenía renovadas esperanzas que su hijo inconscientemente lo aceptaba, sólo era cuestión de tiempo para que ceda y como buena serpiente, pacientemente generaría los espacios para que se vaya abriendo y aguardaría el momento en que la palabra "papá" salga espontáneamente de sus labios. No quiso presionar más su suerte por hoy por lo que se levantó para preguntar a Jane por su esposo. De inmediato vio a Scorpius caminar con total seguridad y desaparecer por el pasillo que conducía a la cocina, seguramente a pedir un vaso de jugo a Nimie, y al mismo tiempo reunirse con su hermana. Las conversaciones de adultos no eran de su interés, o eso era lo que quiso demostrar.
-Robert debe estar por llegar, dijo que estaba a cinco minutos de aquí… tal vez es hora que comience a prepararme para partir.
-Con mi madre estaríamos encantados de compartir unos momentos más con ustedes y a los niños les hace bien vernos a todos bien relacionados –sugirió el rubio.
-Es verdad lo que dice Draco –intervino Narcisa- y Nimie hace unas delicias que no pueden perderse.
-Si Robert no tiene inconveniente nos quedaremos por más tiempo –aceptó cautamente la castaña mayor.
-Gracias Jane, como dijo Draco, considerando que es la primera vez que los niños permanecerán en esta casa por un fin de semana es importante que nos vean a todos en términos cordiales –señaló Narcisa con cortesía.
Hermione no pudo evitar sentirse ansiosa sobre este fin de semana. Efectivamente era la primera vez que los niños dormirían con Draco y Narcisa y se sentía incómoda ante la perspectiva de no poder ir a verlos a voluntad como cuando se quedaban con sus padres, Graham o amigos. Sabía que tenía que aceptar la idea que ahora debía compartirlos con él pero es que siempre habían sido sólo de ella, nunca tuvo que pedir una segunda opinión para decidir qué, cómo, cuándo y dónde se hacían las cosas. Tal vez estaba siendo egoísta o posesiva, pero como madre siempre sentía que con nadie estarían más seguros que con ella. Por otro lado, la sugerencia de acelerar la relación entre los niños y Draco había surgido, para su asombro, de su propia madre, quien había argumentado que no era conveniente demorar que se hagan a la idea que tendrían tiempo compartido entre ambos progenitores, estar tiempo juntos sería beneficioso principalmente para los hombres Malfoy ya que podrían conocerse fuera del espacio de confort que le permitiera a Scorpius huir ante el mínimo intento de Draco. La verdad es que no entendía dónde quería llegar su madre, pero la conocía lo suficiente para saber que no daba puntada sin hilo.
-Mientras llega el señor Granger podríamos ponernos cómodos, luego pediremos a Nimie que nos sirva unos refrigerios –invitó el rubio extendiendo su mano hacia los finos sillones de la sala donde finalmente todos, excepto Narcisa, pasaron a acomodarse.
-Yo iré a ordenar que esté todo listo –y con su elegancia habitual desapareció por el iluminado pasillo.
-Te acompaño –se sumó Pansy poniéndose de pie para seguir el mismo camino que la rubia mayor.
Transcurrieron varios minutos donde las dos castañas y el platino quedaron abstraídos en sus propias cavilaciones, curiosamente en un cómodo silencio. Draco había centrado su vista más allá del paisaje pero después de un rato dirigió su mirada hacia Jane, quien a su vez observaba a su hija que parecía perdida en sus pensamientos, o fingía estarlo. La verdad era que en cierta medida se sentía incómodo porque la señora Granger hubiera visto ese listado de mujeres ligado a su nombre; sabía que no lo cuestionaba y, desde la reunión masiva en la casa de Granger, le había repetido insistentemente que lo entendía porque tenía claro que no existían lazos sentimentales ni compromisos con la castaña. Sin embargo, todo eso no dejaba de molestarle; ¡está bien! Era soltero, joven, triunfador, totalmente consciente de su atractivo, tenía sus necesidades y muchas mujeres gustosas de satisfacerlas en el transcurso de los años… además, ni siquiera tenía idea de la existencia de sus hijos, entonces ¿por qué ahora eso lo inquietaba? Y tuvo que reconocerse que algo dentro de él no quería que Jane Granger pensara que era un libertino, incapaz de comprometerse ni ser fiel… que no tenía intenciones de formar una familia con cimientos sólidos y perdurables. ¡Maldición! No quería tener este tipo de reflexiones ni sentimientos pero estaban ahí sin poder evitarlo. ¡Y santo Merlín! ¡Nadie que se diga humano se mantiene sin sexo por casi siete años! Entonces su mirada involuntariamente se dirigió hacia Granger y recordó la burla de Weasley sobre que ella había vivido en celibato ¿era eso realmente cierto? Todos sabían que Weasley no tenía filtro al momento de abrir la boca y la castaña se había ruborizado al máximo y sentido incómoda con el comentario; es más, nadie lo había contradicho. ¿Entonces realmente sólo él ha tenido el privilegio de descubrir los placeres del cuerpo de la castaña? ¿Qué sentía ella realmente por él?
En el caso de Hermione sus demonios también la atacaban porque lo cierto era que todo había sido un remolino de emociones que había comenzado con la fiesta del viernes y que parecía no tener fin. Todas sus emociones se habían visto comprometidas y no había tenido un minuto de respiro para decantar y analizar todo con la calma necesaria para poner todo en orden y darle una perspectiva racional a lo sucedido. Por un lado descubrió que estaba enamorada de Draco y por unas horas todo apuntó a que podrían tener un futuro, que construirían una relación fuerte que les permitiría proyectarse y ella le confesaría que era padre, sabía que él se molestaría pero al menos la confesión habría partido de ella y habría tenido tiempo para prepararlo; sin embargo, a las pocas horas él se enteró de la peor manera de la existencia de los niños y la acusó de marginarlo de sus vidas porque se avergonzaba de su pasado mortífago, porque supuestamente tenía prejuicios contra él. Y por otro lado, desde ese día todo había ido de mal en peor, ahora Scorpius también estaba molesto y se sentía traicionado, aún no sabía si era por haberle ocultado a Draco la existencia de ellos o a ellos la existencia de Draco. Todo era un mar de confusión donde todas las varitas apuntaban a ella ¿pero cómo iba a saber lo que estaban sintiendo los niños si siempre demostraron estar bien y felices ante ella? ¿Cómo podía saber el acoso que sufrían sus hijos en el colegio y los comentarios a los que se veían expuestos si nunca le dijeron nada? Y ¿cómo iba a saber que Draco los aceptaría con tal alegría y que se derretiría como mantequilla caliente ante Antares? ¿En qué momento se volvió todo tan caótico? Cautelosamente sus ojos se dirigieron hacia Draco y los desvió con rapidez cuando él alzó la cabeza en su dirección ¡Merlín, ayúdame!, suplicó, no puede ser que todo esté perdido, tal vez es mucho pedir que todo se solucione en cuatro días y todos necesitamos más tiempo, tal vez distancia…
El sonido del teléfono de Jane los sacó de sus tortuosos pensamientos y ambos agradecieron aquella interrupción, no era el momento de hacer ese tipo de análisis y querían evadir el final al que los llevaría esa línea de reflexión.
-Tu padre acaba de llegar –informó Jane a Hermione, trayéndole a la realidad.
-Iré a recibirlo –dijo la castaña poniéndose de pie.
-Déjalo Granger, yo iré.
Y sin dar opción a rebatir se puso de pie con dirección a la entrada principal. Ambas mujeres escucharon desde esa distancia los formales saludos entre los hombres y cuando los tuvieron en su campo de visión no pasaron por alto la tensión entre ambos. Al parecer, Robert no se sentía tan cómodo entre los Malfoy como su esposa.
Robert Granger se dirigió al sillón donde se encontraban su esposa e hija, depositando un casto beso en los labios de la primera y uno en la coronilla de la segunda. Automáticamente Hermione le hizo espacio entre ambas y no pasaron ni tres segundos cuando los esposos ya tenían sus manos entrelazadas. Eso era algo que siempre había admirado en sus padres, el amor y el respeto con el que se trataban, aunque a veces parecían adolescentes y su madre tenía un particular sentido del humor que sacaba de sus casillas a los otros dos miembros de la familia. Con los gemelos era cosa diferente, nunca tuvieron los límites que le impusieron a ella, los regañaban de vez en cuando pero siempre había una excusa para disculparlos. Un día cuando los cuestionó sobre lo inflexible que fueron en algunas cosas con ella pero que sí permitían a los niños su padre le había respondido: "los hijos son para educarlos y los nietos para disfrutarlos; nosotros los mal enseñamos y tú los corriges, así es la vida". Después de ese comentario ya no hubo nada que los hiciera cambiar de opinión por más que lo intentó.
Draco observaba el comportamiento de los Granger y no pudo evitar compararlo con el de sus padres. Aunque según la tradición de los sangre pura el matrimonio de Narcisa y Lucius había sido arreglado, la realidad era que ambos se habían enamorado profundamente y en la intimidad de su hogar siempre se trataron con cariño y respeto; era imposible para él no darse de cuenta del brillo en los ojos de su progenitor cuando su madre estaba cerca y el cambio automático que se operaba en sus gestos; por su parte, su madre sonreía continuamente y no había límites al momento de demostrar su amor por los dos hombres de su vida, al menos hasta que cumplió los 11 años. El cambio se suscitó a medida que se preparaba la llegada del señor oscuro, Lucius se volvió más ansioso y comenzó a hacer más presión en él para que destacara en todos los ámbitos de la sociedad mágica, provocando constantes peleas entre los esposos y a él volviéndolo el niño caprichoso y pedante que todos conocieron más de lo que ahora le agradaba. Narcisa apoyó a su marido en lo relacionado a la supremacía de la sangre porque era algo que creía y claramente no quería terminar como Andrómeda. Y a él… a él por supuesto que le gustó saberse superior, no sólo en linaje sino también en riqueza y atractivo, le fascinaba saber que tanto él como sus amigos era codiciados entre las mujeres en general, sin importar casa ni estatus de sangre. Y ahora todo eso perdía valor porque sus padres ya no estarían nunca más juntos, todo el prestigio cayó porque no pudieron ver a tiempo que la sociedad mágica había cambiado, que ser minoría de sangre no era un privilegio sino que los volvía vulnerable. Él mismo jamás pensó en mezclar su linaje pero ahora no podía imaginar otros hijos que no fueran mestizos; siempre se dijo que no se dejaría dominar por mujer alguna y en la actualidad una pequeña de seis años aniquilaba su voluntad sólo con su mirada, lo derretía con una sonrisa y se volvía nada cuando lo abrazaba… y no haría nada que cambiara esa situación… hace cinco días que la tenía y ya le dolía pensar que su pequeña crecería y ya no sería tan suya. ¿Cómo hubieran sido las cosas si Granger se hubiera arriesgado? ¿Habrían fracaso realmente como ella afirmaba? De una cosa estaba seguro, nada hubiera evitado que se enamorara hasta la locura de sus hijos como lo estaba en estos momentos, los hubiera visto crecer, habría recibido sus primeras sonrisas, les hubiera enseñado a dar sus primeros pasos y no sería el extraño que su hijo rechazaba y que se esforzaba en no aceptar. Miró a la castaña y no pudo evitar que la furia volviera contra ella, le había quitado tanto.
Intuyó por los gestos de Robert Granger que le ha había dicho algo así que se obligó a hacer sus pensamientos a un lado y ponerle atención.
-Lo siento señor Granger, no estaba atento a lo que decía –aclaró.
-Te señalaba que tienes una hermosa casa, los niños disfrutarán mucho el espacio y podrán traer a Lucky cuando estén aquí.
-No creo que a Malfoy le agrade… -comenzó Hermione pero fue interrumpida por el rubio.
-¿Lucky?
-Sí, su perro, un rodesiano precioso que les regaló Graham… coincidentemente nació el mismo día que los gemelos por lo que se puede decir que, salvo los tres meses que se mantuvo con mi sobrino para dar espacio a Hermione a establecer una rutina, han crecido juntos –aclaró Robert mirando a su esposa e hija interrogante y luego a Draco.
-Definitivamente nadie me ha dicho nada hasta ahora, ni siquiera los niños –murmuró para sí, no entendiendo que hasta el momento nadie haya mencionado un miembro que al parecer es tan valioso en la familia.
-Creo que en estos momentos Antares no tiene ojos para nadie que no seas tú –dijo Jane restándole importancia.
-Puede ser –asintió- y por el momento no puedo esperar mucho de Scorpius, acercarme a él no ha resultado precisamente fácil –esta vez su mirada se fijó en Granger con reproche.
El cruce de miradas hostiles entre los jóvenes no pasó por alto por Robert, quien se aclaró la garganta antes de hablar.
-Creo que si te quedas pegado en lo que no fue difícilmente avanzarás en lo que puede ser –dijo serio, provocando que el platino fijara sus ojos en él- tú y yo no hemos tenido tiempo de hablar a solas y me gustaría hacerlo en un futuro no tan lejano, no por ti, por mí o por Hermione, sino por los niños –sintió la mano de su esposa presionando su brazo instándolo a guardar silencio pero hizo caso omiso de ella- como padre entiendo perfectamente tu reacción, creo que tienes mejores modales de los que yo ostento porque, en lo personal, hubiera armado la casa de puta si algo similar me lo hubieran hecho a mí –supo que su hija lo miraba sonrojada y que se había puesto rígida junto a él- pero también como padre en el pasado alguna vez tuve ganas de borrar a golpes tu sonrisa pedante cuando nos cruzábamos en King's Cross y dirigías tus miradas de superioridad a mi hija; aunque ella nunca lo confesó, sé que tuviste mucho que ver en los tragos amargos que pasó en Hogwarts… así que ya ves, tengo sentimientos encontrados en lo que a ti respecta –su mirada seguía fija en la gris, que en ningún momento se había apartado de la suya- pero aquí estamos, con dos preciosos niños que son parte tuya y parte de ella, a los que amo más que nada en el mundo y estoy dispuesto a comenzar de cero contigo si tú también lo estás… por los niños te ofrezco la posibilidad de conocernos aunque te tengo que advertir que no soy alguien que se vaya por las ramas, uno de mis mayores defectos, según mi esposa, es no tener pelos en la lengua al momento de decir las cosas.
-Un poco de diplomacia no te haría mal, querido –intervino Jane tratando de aligerar el ambiente.
Draco observaba el rostro un tanto redondeado de Robert Granger y por un momento no supo cómo sentirse: si enojado o avergonzado. Pero una cosa era segura, ese hombre sentado frente a él no se le alejaba mucho de su propia forma de ser cuando se trataba de decir las cosas.
-Agradezco sus palabras directas, señor Granger, yo tampoco me caracterizo por dar rodeos cuando tengo que decir algo –para Draco no pasó por alto que el hombre mayor pareció relajarse con sus palabras- y como entenderá para mí también es primordial una buena relación para bienestar de los niños. Tengo claro que ustedes son una parte muy importante en su vida y que les debo mucho por todo lo que han hecho por ellos estos seis años.
-Cuando se ama no se debe, aunque hubieras estado presente en su vida nuestro amor y forma de actuar no sería diferente… y por favor llámame Robert.
-Lo mismo pido por su parte, llámeme Draco.
El sonido de pasos acercándose y voces cuchicheando frenaron la conversación entre los hombres, pasando escasos segundos antes que Scorpius y Antares aparecieran corriendo delante de Narcisa y Pansy. Al ver a su abuelo, los niños se abalanzaron juntos sobre él, depositando un beso en sus mejillas.
-¡Tata! No te vi llegar –dijo Scorpius feliz mientras se sentaba en su rodilla izquierda y acomodaba su cuerpo a la forma del costado de su abuelo, en una posición que desde la perspectiva de Draco se veía bastante cómoda.
-No hace mucho que llegué –le respondió Robert depositando un beso en su frente y acomodando a Antares en su otra pierna. Cuando vio a las recién llegadas hizo amago de ponerse de pie, pero Narcisa le pidió que no se parara y saludó cortésmente con una inclinación de cabeza mientras se sentaba junto a su hijo.
-No se preocupe señor Granger, en unos momentos más estará todo listo y pasaremos a merendar.
Pasaron unos pocos minutos antes que Antares abandonara a su abuelo para irse a acomodar en las piernas de su padre, quien la recibió gustoso en su regazo. La conversación pasó por el trabajo, la visita a la escuela y el comienzo del entrenamiento de fútbol que comenzaría al día siguiente. Fue ahí cuando Scorpius pareció meditar algo y tras mirar por breves segundos a su padre centró su atención en su abuelo.
-Tata, mi lela me contó que fuiste seleccionado de fútbol en tu universidad.
-Es cierto, era delantero.
-¿Por qué no me ayudas a entrenar a… -hizo una pausa tratando de salir del embrollo de nombrar a Draco por su nombre o llamarlo papá. A pesar de su enojo se sentía mal llamándolo por su nombre de pila, pero tampoco quería decirle papá, eso sería darle a entender que lo aceptaba y aún no se sentía confiado en hacerlo ¿por qué su madre no le habló de ellos? Tenía que haber algo que la hizo desconfiar ¿pero qué?
-¿Quieres que te ayude a entrenar a quién Scor? –preguntó Robert, instándolo a nombrar de alguna manera a Draco.
-Tata, Scor tiene que entrenar a papá y a los tíos Blaise y Theo para jugar contra mis padrinos y tío Ron –intervino Antares en auxilio de su hermano. Ella sabía que el cabezota de su gemelo se negaba a aceptar a su papá y llamarlo como tal.
A pesar que oyó la intervención de su nieta, Robert no quitó la vista a Scorpius, quien estaba rígido en sus brazos mientras su mirada se dirigía hacia Draco. El rostro del platino era calmado y paciente, no trasluciendo el nerviosismo y temor que le provocaba ese silencio para referirse a él; es cierto que lo había autorizado a llamarlo por su nombre de pila, pero internamente sabía que le dolería que lo utilizara.
-¿Scor? –insistió Robert.
Los ojos grises de su nieto, tan similares en color y forma a los de su progenitor, quedaron fijos en los suyos y tardó otro par de largos segundos en tomar una decisión, que sólo de ver las emociones que cruzaron sus rasgos, le significaba todo un conflicto.
-Tenemos que entrenar al equipo de mi "padre" en un mes –dijo al fin, provocando que el resto de los adultos soltaran el aire que estaban reteniendo inconscientemente.
Hermione le sonrió dándole ánimos y alzó la mano para pasarla por sus cabellos, pero sólo se quedó en el intento porque su hijo enterró la cabeza en el cuello de su abuelo para evitar la caricia. Su corazón dolió como si le hubieran puesto un hierro caliente y sus ojos se llenaron de lágrimas que trató de ocultar del resto para evitar que se percataran, pero estaba entre serpientes y a ninguna de ellas se le escapó el brillo de los orbes mieles.
Para Draco, a pesar que Scorpius en su primer encuentro le había declarado abiertamente que no lo llamaría "padre", el reconocimiento que hizo ahora no le causó la felicidad que hubiera esperado, le alegraba que no se hubiera dirigido a él por su nombre, pero esa palabra forzada no le dio ninguna satisfacción, de hecho, nunca esas cinco letras le parecieron tan distantes. De acuerdo a su propia educación, él siempre se dirigió a Lucius como "padre" porque era la forma más respetuosa para los de su clase, sin embargo, sabía que en el mundo muggle el apelativo "papá" encerraba una gama de sentimientos más allá del respeto: cercanía, confianza, una relación más estrecha de amor entre padre e hijo, por eso sabía que no se quedaría tranquilo hasta que Scorpius cambiara el "padre" por "papá". Además, algo le decía que su hijo había recurrido a esa palabra con una doble intención.
-Por mi parte no hay problema, pero creo que también hay que tener presente la opinión de tu papá –respondió Robert.
Draco observó como Scorpius salía del refugio del cuello de su abuelo para mirarlo directamente, esperando que se negara a su petición, tal vez con la esperanza de sacarse de encima ese tiempo que tendrían que compartir obligadamente según la condición que le hiciera Graham y, que por supuesto, él no iba a desperdiciar. Ya Pansy había reorganizado las agendas de los tres para asegurar, que al menos ese mes, no tuvieran reuniones fuera del país en ninguno de los dos mundos.
-Aunque desde antes hemos observado ese juego, contar con la ayuda de alguien que lo entiende y que lo practicó en forma más profesional nos ayudaría bastante–señaló dirigiéndose directamente a Robert- si dispone del tiempo se lo agradecería muchísimo.
-Entonces no hay nada más que agregar, yo seré su nuevo entrenador y haré que suden la gota gorda para que le ganen a Graham –su sonrisa amplia y sincera terminó por contagiarlos a todos.
-Espero que tú también sudes la gota gorda, cielo –bromeó Jane- mira que se te están juntando "músculos" en algunas partes que antes estaban más que bien.
-¡Y mamá también jugará para el equipo de mis padrinos! –recordó Antares.
-¡!Noooo! Tendrás que usar todo un equipo de protección para no salir de la cancha llena de chichones –se burló su padre, provocando la risa de sus nietos.
-¡Que falta de fe en su hija, Robert! –lo acusó Pansy.
-No te confundas –respondió- cuando se trata de correr mi hija es como una gacela, veloz como nadie, pero si tiene que hacer algo más con los pies que dirigirlos hacia adelante se vuelve un caos… y si más encima le sumas que es como un imán con los balones, te aseguro que hasta las pelotas que no iban para ella terminarán por golpearla.
-Apoyo a Pansy en tu falta de fe, papá… y siempre he jugado con los niños así que te podrías llevar una sorpresa –se defendió la castaña.
Draco observó a sus hijos cruzar miradas y rodar los ojos con complicidad, dándole a entender que no había la mejora en habilidades que pregonaba Granger. Parece que el partido también sería divertido por ese lado.
La aparición de Nimie interrumpió la conversación, la que fue retomada en el comedor de diario que poseía la gran construcción y que daba vista al vasto prado recortado por el bosque que anteriormente Hermione había visitado con Draco para hablar de los niños. La charla continuó con el partido y las posibles tácticas que se podrían emplear, dependiendo la condición física de los tres muchachos y sus habilidades de coordinación. Draco le comentó que los tres eran jugadores de quiditch, lo que implicaba mucha resistencia, equilibrio y buenos reflejos, despertando sin querer la curiosidad de Scorpius que lo miró con un nuevo interés a partir de ese momento.
Terminada la comida los Granger hicieron amago de despedirse, pero la entusiasmada voz de Narcisa invitándolos a conocer el resto de la casa impidió la inminente partida. A nadie le pasó por alto el intercambio de miradas cómplices con su hijo. Fue así como no dejaron de asombrarse con lo acogedora e iluminada que era la construcción a pesar de su impresionante tamaño: recorrieron la amplia cocina, que Jane envidió automáticamente por lo moderna y completa que era, la piscina techada, la oficina privada del platino, el cuarto de lectura de Narcisa y así sucesivamente hasta que llegaron al segundo piso.
Robert quedó sorprendido al enterarse que Draco había sido el arquitecto a cargo de la remodelación y los nuevos anexos que presentaba la hermosa casa, particularmente, porque tenía entendido que en el mundo mágico vivían en una mansión de siglos de existencia y erróneamente se había hecho la idea que esta casa sería una réplica de ella. Sin embargo, se encontraba con una construcción que tenía en cada habitación una dimensión armoniosa, con techos altos pero siempre predominando luz, madera, muebles modernos y antiguos, tan bien combinados entre sí que nadie dudaría de la clase a la que pertenecían sus propietarios. Cuando ascendieron por la hermosa escalera de madera de roble, lustrosa e impoluta, llegaron a una amplia estancia no sólo iluminada por gruesos vidrios termolaminados que hacían de techo, sino también de la luz que provenía de los ventanales de los balcones que estratégicamente se ubicaban al final de los cuatro pasillos que separaban la planta alta, permitiendo distintas perspectivas de la propiedad.
Narcisa amplió su sonrisa cuando tomó las manos de los niños y los guió en dirección del pasillo derecho, donde se apreciaban dos puertas por el lado izquierdo y sólo una por el derecho. Abrió la segunda puerta y ante la mirada asombrada de los Granger, pudieron observar una espaciosa habitación infantil decorada en verde y plata, una colorida cama en forma de automóvil y estantes con los juguetes favoritos de Scorpius: autos a escala, transformers, figuras de la Era del Hielo, afiches de su equipo de fútbol favorito, figuras de los Chudley Cannons y para sorpresa de la castaña, la réplica del dragón que había en la habitación de los niños en su propia casa y que recorría las paredes para finalizar en la cabecera de la cama, quedando en una posición claramente de guardián.
-¿Qué te parece Scorpius? Esta es tu habitación –Narcisa estaba impaciente por saber lo que pensaba su nieto -¿te gusta? Le preguntamos a Graham sobre tus gustos y él nos estuvo asesorando –continuó ahora un poco inquieta por la falta de entusiasmo del niño.
-Sólo hay una cama –respondió dirigiendo su atención al centro de la habitación, donde se ubicaba una cama con un precioso diseño de fórmula uno, asociado a los gustos inculcados por Graham a su ahijado- ¿dónde está la cama de Tari?
-¡Oh! –la voz de Narcisa ahora sonó más preocupada y miró con apremio a su hijo, quien a su vez observaba que el rostro de su pequeña se mostraba compungido mientras se acercaba a su hermano.
-¿No dormiré con Scor? –preguntó un tanto llorosa, fijando sus preciosos ojos grises en su padre.
-Te preparamos un hermoso dormitorio para ti también, princesa –Draco quería autogolpearse la cabeza por no haber escuchado la recomendación de Graham de preparar una sola habitación, pero en su fuero interno había pensado que al ver habitaciones decoradas especialmente con los gustos de cada uno los haría feliz. Craso error. De inmendiato intuyó que a pesar que la habitación de Antares era digna de una princesa, su hija no le encontraría tal encanto porque su gemelo no estaría con ella.
-Pero no será lo mismo sin Scor –su voz era baja pero audible.
-No te preocupes, pueden solucionarlo con magia –sugirió Scorpius mirando a su madre y pidiendo su ayuda silenciosamente.
-No es tan simple y creo que llevará unos días ¿cierto Draco? –interrumpió Robert, mirando al joven platino que automáticamente achicó a los ojos- en esta ocasión los niños podrían dormir contigo, después de todo los fines de semana comparten cama con Hermione.
Tres pares de ojos grises se miraron entre sí: uno feliz y los otros dos con claro desconcierto. La realidad es que Draco, salvo con Granger, ni de adolescente ni adulto había dormido con nadie y se le hacía extraño compartir su espacio con alguien más; además, ¿y si los aplastaba? ¿Si se giraba muy bruscamente y pasaba a golpearlos? Por su parte Scorpius rechazaba completamente la idea porque sabía que con magia podían resolver el asunto ¿qué importaba tener una cama de princesa junto a su automóvil mientras Tari estuviera con él? ¿Cómo podría cuidarla si dormía en otra habitación? ¿Cómo se aseguraría que su padre no la lastimara si no estaba cerca? Y por último, también podrían cambiar su propia cama a la habitación de Tari. ¿Por qué su abuelo lo ponía en ese aprieto? No pudo evitar mirarlo con enojo y estaba a punto de proponer alternativas cuando su hermana lo interrumpió.
-¡Dormiremos contigo papá! –miró a su gemelo feliz y al apreciar su enojo prefirió no darle importancia- ¡vamos Scor, así podremos hablar con él y nos contará cuentos como lo hace mamá o ver una película o contaremos chistes o podemos ver fotografías!
Había tal entusiasmo en la voz de su pequeña que Draco se sintió culpable por haber tenido la intención de proponer que durmieran con su madre para salir del paso o simplemente arreglar las habitaciones con magia como sugirió Scorpius… y la verdad es que aparte de meterlos en la cama no se le había ocurrido ninguna de las opciones que ella proponía. Tenía claro que su hijo no compartía la felicidad de su hermana pero que a pesar de ello se mantendría a su lado, caso contrario la habría rebatido y no se limitaría a observar con enojo a su abuelo. Y ahí cayó en la cuenta que Robert había hecho exactamente lo mismo que Graham: crear espacios donde Scorpius no se pudiera negar a compartir con él. Pero esto era totalmente distinto ¿debería darle la alternativa?
-Si no quieres dormir en mi habitación Scorpius puedes hacerlo con mi madre -silencio, su mirada hostil en la suya y luego dirigida a su hermana y nuevamente a él, aceptando una situación de antemano decidida.
-Con Antares nunca hemos dormido separados ¿por qué quieren separarnos ustedes? –respondió enojado mirando a su padre y abandonó la habitación con destino desconocido. Antares miró a los adultos pero luego salió disparada tras su hermano.
El silencio predominó en la habitación y Narcisa se sentó en la cama con la decepción marcada en su aristocrático rostro mientras los Granger recorrían la habitación. Draco y Pansy los observaban en silencio y un hondo suspiro brotó desde el pecho de la joven.
-Mírenlo por el lado positivo –dijo Jane rompiendo el silencio- si hubieras preparado una sola habitación no tendrías la oportunidad que se te ha presentado. Los niños siempre han tenido como un ritual el dormir con Hermione las noches de viernes y sábado y ahora podrán hacer lo mismo contigo –sonrió a Draco dándole ánimos- ¿acaso no disfrutabas dormir con tus padres de niño?
-Nos costó un mundo sacarlo de nuestra cama –intervino Narcisa- pero me preocupa la reacción de Scorpius, tal vez no sería bueno forzarlo a dormir con Draco si podemos solucionarlo con magia.
-Iré a hablar con él –dijo Draco mientras se encaminaba a la puerta.
-No Malfoy –lo frenó Hermione- yo lo haré, en estos momentos créeme cuando te digo que no es un buen momento, te puedo asegurar que en su carácter tus genes son los dominantes y sería como enfrentarte a ti mismo a esa edad.
-No puedo hacerme a un lado cada vez que meto la pata Granger y salgas tú a solucionar el problema, Scorpius también debe aprender a escucharme.
-Draco tiene razón hija –intervino su padre- pero sería mejor que lo aborden juntos esta vez.
Con reticencia, ambos jóvenes salieron de la habitación en busca de sus hijos, aunque la construcción era tan grande que para la castaña era un poco difícil predecir dónde se podrían encontrar los niños. Sin embargo, Draco parecía no tener este problema ya que sin dudarlo se dirigió a la escalera y bajó de dos en dos los escalones, cruzando uno de los pasillos de la primera planta y saliendo por la terraza en dirección al jardín trasero. Hermione apuró el paso para no quedar atrás aunque esto significaba tener que prácticamente correr tras él, "por qué seré tan baja" se lamentó con rabia.
Cuando cruzaron el jardín ubicaron a los niños unos 20 metros más allá, Scorpius le daba la espalda a Antares y esta trataba de tirarlo del brazo sin éxito, aparentemente también estaba enojado con ella. Hermione paró un momento para tomar aire y Draco restó velocidad a sus pasos para dar tiempo a los niños que lo vean. Por primera vez desde que se conocieron como padre e hija Antares no corrió a sus brazos sino que permaneció lealmente junto a su gemelo, quien a pesar de haberlo visto cuando volteó un momento la cabeza, le dio nuevamente la espalda y comenzó a caminar en dirección al bosque.
-¡Scorpius! –lo llamó Draco, pero el niño rebeldemente continuó su camino, seguido de cerca por su hermana.
-¡Scor! –lo llamó esta vez su madre; el resultado fue el mismo.
Ambos adultos recorrieron el mismo trayecto hasta encontrarse con los niños en medio del bosque y con Scorpius tirando piedras al riachuelo. Draco desaceleró el paso para acercarse lentamente hasta él y acuclillarse de tal forma de quedar a su altura, sabía que tenía que aclarar las cosas pero necesitaba que su hijo lo mirara, ya estaba bueno de que le dieran la espalda sin siquiera otorgarle el beneficio de la duda, esta vez lo escucharía. Cuando lo vio agacharse para recoger otra piedrecilla lo detuvo por los hombros con suavidad pero con la firmeza suficiente para girarlo y quedar frente a frente. Lo vio temblar levemente por el frío, con el apuro todos habían salido al frío de la tarde sin abrigo alguno y ahora el viento soplaba fuerte entre los árboles, haciendo que sus cabellos se agitaran y las hojas volaran a su alrededor. Sin dudarlo sacó su varita y aplicó un hechizo no verbal para mantenerlo caliente y luego apuntó a Antares, ubicada a poco más de medio metro de su hermano; los adultos podían aguantarlo.
-Creo que antes de juzgarme deberías permitir que me explique –dijo con voz calmada, desviando su mano izquierda para alzar la barbilla de su pequeño que se negaba a mirarlo- Scorpius, de verdad estoy poniendo todo mi esfuerzo por comprender tus sentimientos y darte el tiempo para que nos vayamos conociendo pero también debes cooperar, esto también es difícil para mí –esperó un segundo antes de continuar cuando las miradas grises se encontraron- no me malinterpretes, cuando digo que es difícil sólo me refiero a la distancia que hay entre nosotros, no imaginas cuánto deseo poder estrecharte entre mis brazos y mimarte como lo hago con tu hermana, pero me contengo porque te prometí darte tiempo.
Los ojos de Scorpius lo observaron fijamente, tratando de determinar su sinceridad y luchando contra sus propios sentimientos. Tal vez había reaccionado irracionalmente y su padre de verdad no quería separarlo de Antares… sólo por esta vez lo escucharía.
-Pero nos hiciste dormitorios separados, mi padrino sabe que siempre hemos compartido habitación –reprochó.
-Y reconozco que fue un error –se disculpó- es solo que pensé que les gustaría tener un espacio propio que reflejara sus gustos personales, no lo vi como una separación –se pasó la mano derecha por el cabello con frustración y la otra la mantuvo sobre el pequeño hombro- verás, soy hijo único, mi padre también lo fue y por el lado materno no tuve otros primos con los cuales compartir, hay muchas cosas de convivencia entre niños que desconozco.
-¿Y la mamá de Teddy? –lo interrumpió- ¿acaso no era tu prima?
-Lo era, pero me llevaba algunos años y nuestras familias estaban distanciadas –explicó sin dar mayores detalles- a lo que voy es que no sé cómo es la vida entre hermanos, cómo es compartir tu espacio, tus juguetes y tu tiempo… desde niño todo fue sólo para mí y cuando entré al colegio las cosas no cambiaron porque gozaba de una condición económica privilegiada –sus miradas se mantenían enlazadas y su mano se alzó para acariciar sus finos cabellos, fue agradable que Scorpius no lo rechazara- estoy aprendiendo cómo ser padre, como adulto sé manejar negocios y situaciones que ni imaginas pero esto es totalmente nuevo, tú y Antares son el mayor reto y a la vez mayor motivación que existe hoy en mi vida… no sé cómo explicarlo de otra manera más que asegurándote que son lo mejor que me ha sucedido y sólo quiero recuperar en alguna medida todos los años que me he perdido –su mirada ahora viajó hasta Antares y le sonrió con dulzura, recibiendo como recompensa una sonrisa que opacaría al mismo sol.
Los ojos de Scorpius parecían taladrarlo y querer llegar a lo más profundo de él ¿cómo podía un niño de esa edad tener una mirada tan intensa, tan cargada de sentimientos? ¿Qué más podía hacer que dejar que leyera en sus rasgos lo que tan necesitadamente quería saber? Así que abrió su corazón y dejó que su rostro también reflejara todo el dolor y la emoción que sentía por estar cerca de él en estos momentos… esta sinceridad era algo que sólo se permitía con su madre, amigos y ahora sus hijos.
Hermione observaba asombrada el intercambio de palabras de los dos hombres más importantes de su vida y sus ojos se humedecieron cuando vio a Draco quitarse la careta y mostrarle su alma desnuda a su hijo. Cuando los capturaron y llevaron a Malfoy Manor por primera vez había visto a Draco abatido emocionalmente pero siempre tratando de ocultar la profundidad de ese temor; sin embargo ahora, voluntariamente estaba permitiendo que Scorpius viera lo vulnerable y temeroso que se sentía por su rechazo, que leyera en sus expresiones el inmenso amor que sentía por él y su hermana y lo frágil que era ante ellos, e internamente rogó a Merlín que su hijo dejara a un lado su orgullo y se entregara al amor que ahora claramente ella podía ver sentía por su padre. Pero al parecer era mucho más obstinado que ellos dos juntos, porque dio un paso atrás y volteó a verla directamente a ella.
-Tú también eres hija única pero no eres como él. -Nuestras educaciones son distintas, el mundo muggle está más avanzado en algunos términos de relaciones familiares y sociales que el mundo mágico y tu papá pertenece a una clase muy tradicional, al igual que sus padres –se acercó con calma hasta su pequeño y ahora fue ella quien se acuclilló para quedar a su altura- cuando ingresen al colegio te darás cuenta que hay mucho más de lo que ves en nuestra familia y los magos y brujas que conoces. Dudo que tu abuela Narcisa alguna vez haya lavado la loza después de una comida o ella misma haya preparado un plato y no es porque no quiera, sino porque así la criaron, al igual que a tu tía Andrómeda.
-Pero tía Andrómeda cocina para Teddy y hace muchas cosas –refutó.
-Lo sé cariño y eso demuestra que todos podemos cambiar si lo deseamos y también podemos aprender cosas que ignoramos si las personas están dispuestas a apoyarnos –le acarició con dulzura la mejilla mientras su hijo procesaba seriamente lo que le había dicho. Entonces su rostro giró hacia su padre y lo miró interrogante, Draco automáticamente se preparó para lo que venía.
-¿Odias a mi madre?
El platino mayor miró de inmediato a la castaña que lentamente se paró para enfrentarlo. Eran muchas las emociones que habían estado en juego estos últimos cinco días y pensar en la leona más que para despotricar contra ella era lo único que se había permitido. Y ahora su hijo le preguntaba si la odiaba y con la mirada le estaba exigiendo una respuesta sincera. ¿Odiaba a Granger? Suspiró profundamente tratando de buscar en su interior si esa era la palabra que reflejaba su sentir hacia ella.
-No –respondió tras unos minutos- no la odio, sólo siento mucha ira hacia ella por haberme privado de ustedes.
-¿Se te pasará algún día? –preguntó Antares con voz trémula.
-En algún momento sucederá, princesa –dijo caminando hacia ella e inclinándose para cogerla en brazos- pero ahora todo es muy reciente, tu hermano es un ejemplo que necesitamos tiempo para que nuestras emociones se acomoden.
Scorpius miró a su padre y no pudo rebatirlo, sus palabras ahora se habían vuelto en su contra. Así que optó por girarse y comenzar el recorrido de vuelta a la casa, pero cuando llevaba recorrido escasos metros se volteó para gritarle:
-Dormiré contigo y Antares –y tras esas palabras continuó su camino desapareciendo en el sendero.
-Scorpius sí te quiere papá pero siempre ha sido un terco, comenzamos a buscarte porque él quiso –lo tranquilizó Antares mientras acompañaba sus palabras con caricias simultáneas en su cabello y mejillas- ¿me puedes bajar? iré con Scor –y apenas su padre la puso en el suelo salió corriendo en busca de su hermano.
Una vez solos, desde su gran altura Draco miró a la castaña quien le devolvió la mirada estoicamente y aunque sus ojos tenían el brillo de las lágrimas ninguna de ellas resbaló por sus mejillas. Inmediatamente notó el cambio en la chica, sabía que aceptaba su grado de culpa en la situación actual y que estaba poniendo todo de su parte para remediarlo, pero cuando la vio alzar orgullosa el mentón supo que la etapa de docilidad había concluido. Sin mediar palabras se volteó y cuadró los hombros, iniciando el mismo trayecto que los niños hace momentos atrás; la postura de su cabeza le recordó a cuando se paseaba por los pasillos de Hogwarts con su pequeña y respingada nariz apuntando el cielo, era claro para él que la princesa de Gryffindor había regresado.
Blaise escuchaba atento el resumen que hacían Draco y Theo del problema de la oficina de Viena y los avances logrados hasta el momento. Los tres habían coincidido en despedir al equipo completo ya que indudablemente habían fallado las líneas directas de supervisión; por otra parte el cuerpo legal mágico ya había realizado las denuncias correspondientes y ejecutado todas las recomendaciones de Granger para asegurar las penas correspondientes según grado de responsabilidad.
En ese momento se encontraban en la cómoda y amplia oficina que adecuaron en la villa para trabajar por las noches. Ocupaban los cómodos sillones dispuestos alrededor de una mesa de centro que en esos momentos estaban llenas de documentos.
-Debemos asegurarnos que las medidas sean ejemplarizadoras para que nadie más se tiente y crean que estamos perdiendo el control de las empresas –comentó Theo.
-Concuerdo contigo –apoyó el moreno- son muchos los puestos de trabajo que dependen de una buena gestión, no podemos darnos el lujo de tirar por la borda todos estos años de quemarnos las pestañas día y noche para salir adelante.
-Al menos quedó probado que el equipo de auditoría externa está cumpliendo bien su función –prosiguió Theo, llenando nuevamente su vaso con whisky de fuego.
Sus ojos azules se detuvieron en Draco que giraba su vaso entre los dedos mientras su vista vagaba ausente más allá del ventanal, sin ver nada más que la oscuridad de la noche de la última semana de octubre.
-¿Algún problema Draco del que no estemos enterados?
Ante la mención de su nombre el rubio salió de sus cavilaciones y fijó sus ojos grises en su amigo.
-Disculpa Theo, estaba en otra parte ¿decías?
-Amigo, tienes la misma cara de perdido que le veíamos antes a Lunática Lovegood –lo toreó, más que nada para levantarle el ánimo porque se veía bastante alicaído. La realidad es que la rubia había cambiado esa apreciación de antaño en la reunión sostenida en casa de la leona.
-Mi madrina no es ninguna lunática –escucharon una voz infantil reclamar a sus espaldas.
Theo lanzó una maldición y ofreció una disculpa con la mirada a su amigo que ahora se la devolvía enojado. Era consciente de las dificultadas que tenía Draco con Scorpius para agregarle otra más por su falta precaución ¿en qué momento había entrado?
-Tienes razón Scorpius –se disculpó ahora con su sobrino- no debí llamarla así.
-Mi madrina es muy inteligente y me quiere mucho.
-Theo no quiso ofender a Luna intencionalmente, Scorpius –intervino Draco tratando de salvar la situación- es sólo un apodo que le dábamos en el colegio.
-¿Has hablado alguna vez con ella? –volvió a la carga el pequeño contra Theo.
-No había hablado nunca con ella hasta hace poco, prometo nunca más llamarla por ese apodo ¿me perdonas? –insistió el castaño para restablecer la buena relación que tenía con su sobrino hasta hace breves minutos.
-No es a mí a quienes debes pedirle perdón sino a ella –lo enfrentó orgulloso sin abandonar su postura entre el marco y la puerta entreabierta.
-Lamentablemente ella y yo no coincidimos en los mismos lugares para ofrecérselo personalmente.
-El miércoles que viene es el cumpleaños de mi abuela Jane y mi madrina siempre asiste, ahí podrás disculparte con ella ¿lo harás?
Theo se sintió literalmente acorralado y era consciente que a pesar de su ira Draco estaba aguantando la carcajada lo mismo que Blaise.
-Te juro que si tu abuela Jane nos invita me disculparé con Luna en tu presencia –caminó hasta la puerta y le estiró la mano para cerrar el trato- ¿seguimos siendo amigos?
-¿Cómo sé que cumplirás tu palabra?
Por el rabillo del ojo Theo vio a Blaise darle la espalda, deducía que con la intención que el niño no viera que ya no contenía la risa, y a Draco observar, sin demostrar burla, en la interacción que se estaba dando entre él y su hijo ahora. ¡No podía creer que mini Malfoy estuviera dudando de su palabra! ¡Y alguna vez había dicho que era imposible que exista otro Draco en el planeta! ¡Merlín, debía ser cosa de genética!
-Te quiero mucho Scorpius pero escúchame bien –se acuclilló para quedar a su altura y mirarlo a los ojos- nunca dudes de las promesas que tu padre, Blaise, Pansy, tu abuela Narcisa o yo te hagamos, porque la única forma que no las cumplamos será que nos hayan secuestrado o estemos muertos ¿está claro? –a pesar de la inflexión y firmeza de su voz el pequeño ni se asustó ni retrocedió, realmente era digno hijo de su padre.
-Está bien, me aseguraré que mi abuela Jane los invite para que puedas disculparte con mi madrina –alzó su brazo y sus pequeños dedos quedaron sepultados en la gran mano que se cerró sobre la de él- Antares quiere ir a la cama –le dijo a Draco y acto seguido salió con el mismo sigilo con el que había llegado.
-¿Acabo de ser reprendido por un niño de seis años? –murmuró el castaño verificando que ya no estaba cerca y cerrando la puerta detrás de él.
Ahora sí que las carcajadas de Blaise no se hicieron esperar y resonaron en la habitación, a los pocos segundos Draco se unió a la risa de su amigo mientras Theo los miraba incrédulo.
-Esa es mi pequeña serpiente –dijo Draco con orgullo encaminándose a la puerta que hace poco había cerrado Theo- ahora si me disculpan debo ir a hacer dormir a mis hijos –y sin esperar otro comentario abandonó la habitación.
Recorrió la cocina, la sala de estar que habitualmente ocupaba su madre, la sala de televisión y ante el sonido de risas proveniente del piso superior comenzó a subir las escaleras. No tuvo problemas para identificar que lo que quiera que hacía reír tanto a todos provenía de su habitación y dirigió allí sus pasos, la puerta entreabierta le permitió ver algo que en primera instancia lo dejó choqueado: los niños saltaban en su cama que estaba completamente desordenada mientras su madre reía divertida. Al abrir completamente la puerta Antares caminó con calma hasta la cama y antes de llegar Antares se lanzó imprudentemente hacia sus brazos y sólo los reflejos adquiridos como buscador impidieron que cayera al suelo.
-Papá- rió feliz y se apretó con brazos y piernas a su cuello y cuerpo respectivamente.
-¡Princesa, pudiste haberte caído y golpeado! -la reprendió, aunque no pudo evitar depositar un beso en su frente.
-Sabía que me ibas a atrapar -respondió segura, conmoviendo el corazón de su padre por su fe ciega en él.
-Pude no haberlo logrado.
-Si no lo hubieras hecho Scor lo hubiera impedido -dijo riendo y Draco miró a su hijo que se encontraba como a metro y medio de ellos- usa su magia para evitar que me lastime y yo hago lo mismo con él -aclaró como si lo que comentaba fuera lo más natural del mundo.
-Es bueno saberlo -murmuró mirando a su madre desconcertado y sin saber qué más decir. Narcisa alzó los hombros con el mismo desconcierto.
-Ya es hora de prepararse para la cama -señaló la matriarca Malfoy poniéndose de pie- iré por las pijamas que están en sus habitaciones -mientras hablaba ya estaba con dirección a la salida.
-Vamos a lavarnos los dientes Tari o mi tata se dará cuenta mañana -la apuró Scorpius y Draco los vio a ambos desaparecer por la puerta del baño.
Al parecer los niños habían estado revisando su gran habitación y no pudo evitar mover la cabeza de un lado a otro con una sonrisa en los labios. Esa era su nueva vida ahora, su privacidad hasta cierta medida se había acabado y por lo visto eso sería siempre así los fines de semana, lo cambiaría: ni bajo amenaza de un avada kedabra. Llamó a Nimie y tras una breve orden la elfina puso nuevamente todo en su lugar, sin embargo, cuando hubo terminado la notó extrañamente nerviosa.
-¿Sucede algo Nimie?
El pequeño ser se movía inquieta y mantenía la cabeza gacha.
-Lo siento amo, Nimie debía castigarse por no haber consultado al amo primero pero la joven amita insistió tanto e impidió a Nimie comentarle algo y no me atreví a contradecirla...
-Ya sabes que tienes prohibido golpearte Nimie... ahora dime qué es lo que hizo mi hija que no te atreviste a decirme antes.
-Esto...
Draco siguió a su elfina hacia el gran cuarto adjunto que contenía su ropa y demás accesorios de vestir y abrió de par en par sus ojos cuando al abrir uno de los cajones con su ropa interior vio pulcramente ordenada en el extremo izquierdo dos prendas pequeñas de lencería, donde por en la parte superior se apreciaba un dibujo de la película infantil La Bella y La Bestia. La elfa apuntó el costado superior y vio una chaqueta infantil colgada junto a uno de sus ternos ¿cómo subió Antares allí?, junto a sus zapatos habían unos de cuero rosado que se veían pequeñísimos al lado de sus finos zapatos de cuero.
-Nimie retirará todo ahora amo.
Draco dibujó una sonrisa y volvió a mover la cabeza de un lado a otro. Su pequeña serpiente ya había marcado territorio.
-¿Y la ropa de Scorpius?
-El amito no trajo nada amo, sólo regañó a la amita por poner sus cosas acá, le dijo que usted se molestaría.
-Has un espacio también para él y trae sus cosas.
-¡Papá! -escuchó que lo llamaba Antares.
-Voy enseguida princesa -le respondió mientras se encaminaba aún con la sonrisa en los labios. Sin embargo está se transformó en una mueca de horror y sus mejillas se tiñeron de un fuerte rojo cuando la vio desnuda en el marco de la puerta del baño, haciéndole señas para que se acercara.
-¿Te bañas con nosotros? Scorpius puso a correr el agua, debes temperarla como lo hace mamá para que no esté caliente ¿papá? -preguntó dudosa cuando el rubio le dio la espalda.
En ese momento entró Narcisa y la ropa que traía en las manos cayó al piso al ver a su nieta desnuda y su hijo más rojo que los colores de Gryffindor.
-¿Qué sucede Draco?
-Quédate con ellos por favor.
-Pero ¿dónde vas a esta hora? -interrogó cuando lo vio encaminarse a la puerta, mas cualquier duda sobre su próximo paradero quedó aclarada cuando lo escuchó bufar con enojo:
-¡Granger!
Acá está el nuevo capítulo que ha costado un poco que saliera por problemas de tiempo, sin embargo disfruté mucho el escribirlo. Me gusta esta relación de Draco con Scorpius, creo que un hijo de él no podría ser de otra forma y por otro lado me gusta pensar que nuestro dragón sólo tendría paciencia de oro con sus hijos y sólo por ellos aceptaría cosas que no haría por nadie más. También quisiera saludar a todas las lector s de Venezuela, espero que se encuentren bien y que lo que está ocurriendo en su país no las alcance fuertemente, independiente del lado político en el que se encuentren. Un fuerte abrazo y nos leemos pronto.
Sabina -
