No exageres Malfoy

El agua caliente estaba haciendo maravillas sobre su cuerpo, tal vez estaba abusando de la temperatura porque el cuarto de baño estaba cubierto de vapor y su piel enrojecida, pero necesitaba quitarse de encima toda la tensión del día y ahora que se encontraba sola podía mimarse sin estar al pendiente que Scorpius o Antares la necesitaran para algo. ¡Merlín, los extrañaba! No habían transcurrido tres horas desde que los dejó en casa de Malfoy y su corazón pesaba. Sabía que estarían bien cuidados pero no era la misma sensación que cuando dormían en casa de sus padres, Graham, Harry o los Weasley… bueno, no eran tantas las ocasiones, las tenía contadas con los dedos de las manos y con suerte eran ocho las que no habían dormido con ella cerca. Y ahora debería hacerse a la idea que por un tiempo esto sucedería con frecuencia.

Una vez más aplicó jabón sobre la esponja y volvió a pasarla por sus hombros y vientre, aspirando el maravilloso aroma a almendras que se intensificaba con la temperatura del agua. Permitió a los recuerdos del día llenar su mente y comenzó a analizarlos con calma. Rememoró lo segura y satisfecha que se sintió cuando Draco llegó a El Profeta en la mañana y en lugar de acercarse a su madre fue directamente a ella, por un segundo su cercanía le transmitió que realmente le importaba y se preocupaba por ella y cuando le pidió que dejara todo en sus manos porque tenía un as bajo la manga… ¡Merlín! Todas sus células le gritaron que confiara en él y cediera en este punto… y tuvo razón, porque si bien ella hubiera acorralado al director del periódico sabía que el freno a Skeeter sólo hubiera durado con suerte unos meses, pero Draco literalmente la había aniquilado y de paso había protegido no sólo a sus hijos, sino a todos los seres queridos de ambos. Y luego su mente se trasladó a ese momento en el bosque cuando el platino bajó todas sus defensas ante Scorpius y le permitió ver su alma… y no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus ojos porque ella también pudo, por primera vez, apreciar a Draco Malfoy al desnudo. Fue tan claro como el agua todo el amor que el rubio siente por sus hijos, el dolor que le causa el rechazo de Scorpius, el anhelo por estrecharlo en sus brazos, la esperanza que lo acepte y el miedo intenso de perderlos.

Por experiencia era consciente que como amante era extremadamente apasionado, como hijo dedicado, como amigo leal e intuía que era un hombre de sentimientos intensos, el 99.9% del tiempo encubiertos por su máscara de frialdad, pero jamás lo había presenciado directamente. Su corazón le dolió físicamente cuando asimiló que la mujer de la que se enamorara tendría un hombre que la adoraría y protegería de todo y de todos, que sería un esposo fiel y siempre estaría para su familia. Cualquiera podría decir que esas eran características muy Gryffindor imposibles de encontrar en un Slytherin, pero nadie había presenciado lo que ella: que Draco Malfoy no sabe querer a medias, que todo lo que pasó en la guerra le enseñó a valorar y cuidar a quienes también le abrían con la misma intensidad su corazón; por eso cuidaba tanto a su madre y protegía la relación con sus amigos, por eso estaba tan herido por la separación de sus hijos, porque en la actualidad tal vez podía sentir consideración por un grupo más extenso de personas, pero verdadero amor sólo por pocos. Y ella no estaba incluida en ese grupo.

Pero ya estaba bien de lamentos, ella era una leona que había estado lamiendo sus heridas por demasiado tiempo. Tal vez fue necesario en su momento, todo le había caído encima como una avalancha que la arrastraba sin poder vislumbrar dónde pararía y dejarse llevar había sido una solución. Reconocía que todos tuvieron razón en advertirla sobre las consecuencias de negarle a Draco su derecho de ser padre pero sus motivos al hacerlo fueron legítimos. ¿Fue prejuiciosa como él la acusaba? Ahora aceptaba que lo fue. Tal vez temió tanto por ella como por los niños al no querer arriesgarse a sufrir, pero jamás el que sea un exmortífago fue una razón ¿Por qué Draco no podía verlo así? No podía cambiar el pasado ni las decisiones ya tomadas, no podían seguir viviendo de los tal vez sino de las certezas y tan cierto como que Merlín era el mago más grande y sabio de la historia, la verdad es que ellos en ese entonces no se amaban y su sentido de la familia era diferente: para ella el matrimonio se basaba en el amor, para él en la tradición y obligaciones de los sangre pura. ¿Dónde hubieran llegado? Sí, su decisión en ese punto fue la correcta, el error fue ocultarle por años la existencia de los niños. Ahora ya no podía hacer nada al respecto, salvo colaborar para que el acercamiento entre Draco y Scorpius se produzca lo más pronto posible, por eso también había cedido a la petición de su madre de dejarlos quedarse con él y Narcisa, porque ya no se trataba de conceder sólo por el platino sino porque se daba cuenta que aunque Scorpius aparentaba hacerse el fuerte también le dolía la distancia con su padre. Pero hasta ahí llegaba su culpa y por su bienestar emocional era el momento de recuperar el control de su vida.

La ducha caliente definitivamente logró su cometido pero ya sus dedos se estaban arrugando, así que cerró el grifo y se percató que el vapor estaba tan cerrado que su baño parecía sauna. Abrió la corredera de vidrio y tomó una de las esponjosas toallas con la que comenzó a quitar el exceso de agua de su cabello. Desnuda se paró frente al espejo y pasó la mano para ver su reflejo, pero inmediatamente volvió a empañarse ¡era el colmo, parecía que ni el espejo quería verla! Se rió de sí misma y miró a su alrededor, por lo menos el vapor ya se estaba diluyendo y parecía un cuarto de baño normal… ahora a secarse el cuerpo y buscar su pijama ¿dónde lo había dejado? Mientras se pasaba la toalla por la piernas y el agua del cabello le escurría por la espalda, comenzó a mirar a su alrededor y por la puerta entre abierta lo vio estirado a los pies de su cama ¡despistada! Se reprendió mentalmente y elevó sus brazos para volver a pasar la toalla por su cabello y fue precisamente en ese momento que la puerta se abrió hasta atrás.

-¡Granger, ¿no escuchas que te llamo? ¿por qué…

Se quedó congelada en esa posición con los ojos extremadamente abiertos ¿por qué Malfoy le estaba reclamando algo en su casa a esta hora? ¿y por qué la estaba traspasando con la mirada? Fue ahí cuando cayó en la cuenta de su desnudez y un profundo rubor cubrió no sólo sus mejillas, sino también orejas y cuello.

-¡Por Merlín, Malfoy, sal de aquí! ¿Acaso no respetas la privacidad? –mientras hablaba se cubrió como pudo los pechos y lo que alcanzaba a tapar la toalla, dirigiéndose hacia la puerta para cerrarla; el rubio pareció salir de su trance pero no se movió- ¡sal de aquí Malfoy para que pueda secarme tranquila! -le gritó.

El rubio volvió a recorrerla con la mirada y finalmente se movió.

-He hecho algo más que mirarte antes, Granger, no se de dónde viene tanta timidez ahora -dijo serio y cuando vio que el rojo de sus mejillas se intensificó y la furia se reflejaba en sus ojos se movió en el momento preciso para evitar que le cerrara la puerta en la cara y sus aristocráticos rasgos quedaran estampados en la blanca madera.

Hermione tomó aire y esperó unos segundos para calmarse, Malfoy no tardaría en volver a buscarla si demoraba. Y ahí cayó en que los niños no estaban con él ¿les abría sucedido algo? preocupada abrió la puerta para ir por su pijama y tomar la varita del velador para secar su cabello, Malfoy debía estar aguardándola en el primer piso... o eso pensó cuando avanzó hacia la cama. El rubio estaba parado con la parte superior de su pijama de franela con ositos, el mismo que había usado cuando fueron a Eastbourne y ante el fiasco su cuerpo se ruborizó entero en esta ocasión.

-¡Maldita sea, Malfoy! - le gritó exasperada mientras a toda prisa le quitaba la prenda y la pasaba abrochada por su cabeza para luego deslizarla por sus brazos; con la misma rapidez le quitó el pantalón que el rubio también había tomado y lo subió por sus piernas hasta asegurarlo en su estrecha cintura.

Y hasta ahí llegó el escaso control de la situación porque el rubio la cogió del brazo derecho y comenzó a tirar de ella con dirección a la escalera.

-¡¿Pero qué demonios?! -bufó- ¿le sucedió algo a los niños? -tiró de su manga para tratar de detenerlo pero fue imposible.

-¿Se puede saber qué clase de educación le estás dando a mis hijos? -le reclamó cuando estaban junto a la chimenea y los metía a ambos en ella.

-¿Qué?

En tres segundos estaban saliendo al pasillo central de la villa y Draco la tiraba por unos de los corredores laterales.

-¡Te pregunté qué tipo de educación le estás dando a mis hijos! -siseó enojado y ella continuaba sin comprender- ¿sabes que mi hija se paseó desnuda ante mi mientras Scorpius, imagino que en las mismas condiciones, llenaba la tina de mi baño? ¡Y no sólo eso! ¡también me preguntó si me bañaría con ellos.

Hermione lo miraba con la incredulidad reflejada en sus ojos mieles y ante el espanto que reflejaban sus atractivos rasgos no pudo menos que comenzar a reír estrepitosamente ¿ese era el gran problema? El rubio pareció molestarse aún más y sin miramientos la metió a una habitación que ni siquiera se preocupó en revisar.

-Malfoy, eso es algo normal son niños... -enjugó las lágrimas que amenazaban escapar de sus ojos.

-¿Normal? ¿te parece normal que mi hija de seis años camine desnuda ante mi, frente a su hermano? -como su voz se fue elevando sacó su varita y silenció el cuarto posiblemente para evitar que los niños los escucharan, según dedujo. Maldito Malfoy que no le dio tiempo a tomar su varita y traerla consigo, caso contrario ya le habría lanzado un hechizo para que se callara.

-¿Bueno y tú piensas que nació con ropa? -respondió ahora enojada ¿quién era él para cuestionar cómo estaba educando a los niños?- ni que fuera la primera mujer que ves desnuda.

-¡Ella no es una mujer, es mi niña, mi bebé! -rebatió molesto- y las niñas deben ser recatadas con su cuerpo... por lo menos las niñas de buena cuna.

-¿Estás loco o cuando niño te dieron leche de ogro? ¡Estás prácticamente insinuando que mi hija es una exhibicionista! -le gritó enojada.

-¡Nuestra hija, Granger, N.U.E.S.T.R.A! -recalcó enojado- y yo jamás utilizaría esos términos con ella.

Hermione tomó aire y trató de calmarse mientras observaba al rubio. Sus educaciones definitivamente eran contrarias y tal vez en la rigidez que aún reinaba en la sociedad mágica todo esto podría considerarse chocante. Trató de ordenar sus ideas antes de hablar.

-Malfoy, te voy a pedir que me des unos segundos -cuando lo vio a abrir la boca levantó molesta la mano para callarlo- en realidad te lo voy a exigir porque no voy a permitir que me estés cuestionando como madre sólo porque ves las cosas desde tu punto de vista.

Los ojos grises seguían fijos en ella y sus rasgos se veían tensos por el enojo. Exhaló un hondo suspiro cuando vio la decisión de la castaña en hacerse escuchar.

-Bien, Granger, trata de explicarte si puedes.

-Existen muchas diferencias en la forma de criar a los hijos en el mundo muggle y el mágico y creo que más aún con las familias sangre pura como la tuya -comenzó- para los muggles es normal que la madre amamante a sus hijos y que ambos padres participen equitativamente en su cuidado porque va fortaleciendo su relación y la seguridad de los niños... es normal que un hombre cambie pañales, los bañe, cocine e incluso colabore con los quehaceres del hogar.

-Eso me suena a convertir a los hombres en elfos domésticos.

-¡Elfos no, Malfoy! sólo parte de una familia. No niego que también existen hombres que no colaboran ni hacen esos menesteres, pero no es menos cierto que a veces es por falta de tiempo, machismo o porque su condición económica les permite contar con empleados que lo hagan por ellos, pero la relación nunca es la misma. Las hora del baño o cuando compartes tu tiempo con ellos en distintas actividades permite que se abran a ti, se crea otro tipo de nexo más sólido y créeme que cuando sucede no existe nada mejor en el mundo.

El rubio parecía meditar sus palabras y movía negativamente la cabeza de un lado a otro, no convencido de la explicación de la castaña.

-Scorpius y Antares siempre han compartido habitación y desde bebés se han bañado juntos porque créeme que no es fácil atender dos niños de la misma edad al mismo tiempo, ellos no le dan a su desnudez un contexto sexual como supones -continuó- mucho menos verán tu cuerpo ni el mío bajo esa mirada -quiso reír nuevamente cuando el rubio se ruborizó, seguramente recordando a Antares desnuda frente a él o a sí mismo exponerse desnudo ante ella- con este tipo de relación no poseen el morbo de espiar a alguien tras una puerta porque saben perfectamente que un hombre tiene pene y una mujer vagina...

-¡Suficiente, Granger! creo que te has excedido, no voy a permitir... -se acercó amenazante a ella y la castaña no retrocedió.

-¡Pues no se trata de permitir, Malfoy, porque los niños incluso en el colegio tienen biología donde les enseñan didácticamente a conocer su cuerpo, justamente para quitar el morbo que sólo poseen los adultos como tú! -reclamó molesta levantando la mano para chocar su dedo índice en el fuerte pecho- y soy yo la que no voy a permitir que cuestiones la educación que les estoy dando sólo porque no los estoy criando como mojigatos y tratando su cuerpo como tabú... eso hoy en día es exponerlos a más peligros que protegerlos.

-¡No es morbo, es decoro!

-¡Decoro mi culo! eres tú el que invadió mi casa y me trajo a la rastra porque le dio pudor ver el cuerpo desnudo de su hija! ¡Evoluciona Malfoy, porque harás que los niños le den un sentido negativo y sientan vergüenza por algo que sólo te afecta a tí! -le gritó.

-¡No me voy a bañar desnudo con mi hija, ni siquiera con Scorpius! ¡Por Merlín, es como invadir su privacidad!

-¡Pues entonces no lo hagas, nadie te obliga! pero tampoco la hagas sentir incómoda... no entiendo cómo te resulta menos invasivo que una elfina o una criada bañe a tus hijos que su propio padre -le reprochó.

Un fuerte suspiro de frustración salió de lo profundo del pecho del rubio... era visible que ahora estaba en el dilema de no querer herir los sentimientos de sus hijos. Sin duda esta era una situación a la que el gran Draco Malfoy jamás se había enfrentado, mucho menos contemplado.

-¡Grrrrr...! -gruñó llevándose las manos a la cabeza y jalando sus finos y sedosos cabellos- ¿te das cuenta en la disyuntiva que me colocas con tu educación? Ellos pensarán que los rechazo o que me desligo si le pido a Nimie que se encargue de su aseo, todo porque a tí te ha dado por hacer la bañera comunitaria... esta bien Granger, le daré una oportunidad a tu método muggle, pero desde ya te advierto que si veo que es perjudicial aplicaremos el mío.

Se quedaron mirando fijamente, la castaña con la cabeza prácticamente echada hacia atrás para reafirmar su posición.

-¡Escúchame bien, Malfoy, si no te gusta mi método no lo hagas en TU CASA, pero EN LA MÍA, seguiremos como hasta ahora y nos veremos en pelota con los niños hasta que ellos mismos sientan que llegó el momento en que cada uno necesita su privacidad! -soltó un hondo suspiro antes de agregar- en mi casa no existen las puertas cerradas, es imposible cuando tienes niños cerca y así continuará.

Para Hermione era evidente que el rubio se estaba conteniendo y que por él la discusión podría continuar por horas, pues bien, ella estaba preparada para seguir porque en este punto no daría marcha atrás. No supo cuánto se mantuvieron así hasta que un carraspeo llamó la atención de ambos.

-Créanme que verlos ha sido mejor que ir al cine -comentó Blaise soltando una carcajada a la que se unieron Pansy y Theo- ¿Así que nuestro dragón se vio atemorizado por el cuerpo de su princesa de seis años?

Tanto Hermione como Draco se giraron para observar a los otros jóvenes presentes, cómodamente sentados en el sillón de tres cuerpos que poseía la habitación, claramente una oficina por el escritorio y demás muebles, y con un paquete de palomitas de maíz en la mano, seguramente invocados cuando ellos entraron sin percatarse de su presencia.

-¡Muérete Blaise! -masculló Draco enojado.

-A propósito Granger -la picó Theo- muy sexy tu pijama.

La chica sintió sus mejillas arder y en un acto impulsivo Draco se colocó frente a ella para cubrirla de la vista de sus amigos mientras estiraba el brazo para abrir la puerta instándola a salir de allí.

-¡Demasiado tarde dragón! -escucharon gritar a Pansy mientras se alejaban por el pasillo en dirección a las escaleras y acompañados del sonido de sus risas burlonas.


Draco, como una forma de castigar a la castaña por la situación que estaba viviendo en estos momentos, daba grandes zancadas a sabiendas que la obligaba prácticamente a correr para llevarle el paso. Era una niñería, lo sabía, pero necesitaba sacarse un poco de la frustración que lo embargaba antes de llegar a su habitación y enfrentar a los niños, más que todo a Antares. A mitad de las escaleras la escuchó nuevamente bufar enojada pero no le importó, aceleró aún más el paso y antes de lo que quisiera se encontraba frente a la puerta de su habitación. Se tomó unos segundos para darle tiempo de llegar a la leona y cuando la sintió a junto a él se hizo a un lado para dejarla pasar y que se adentrara al único espacio, que hasta hace poco más de una hora, era su santuario personal. Ni bien hubo cerrado la puerta, las risas provenientes del baño le avisaron que los niños continuaban allí, así que sin darle tiempo a la castaña de observar algo la empujó suavemente por los hombros para indicarle que no se detuviera.

En cuanto la chica cruzó el marco y se dirigió a sus hijos, inmediatamente el platino escuchó al mismo tiempo "¡Mamá!", la voz de Antares claramente feliz y la de Scorpius interrogativa. Inhaló profundamente y abrió los ojos que involuntariamente había cerrado por un segundo, tratando de acostumbrarse a la idea que debía ver a su pequeña desnuda. No es que Scorpius no le importara, sólo que ambos eran hombres y no vería nada que a alguno de los dos lo hiciera sentir incómodo. Al mal rato buena cara, había escuchado decir muchas veces a Atkinson, aunque en este caso más que mal rato lo correcto era "incómodo momento". Su enorme sala de baño, donde predominaba el lustroso negro en los azulejos del piso hasta la mitad de las paredes y de un gris metálico hasta el techo, propagaban la luz de las lámpara embutidas en el cielo de madera con vigas al aire, destacándose al fondo de la habitación la gigantesca bañera asimétrica, rodeada de dos escalones del mismo azulejo negro en todo el contorno. Era un baño enorme, masculino y elegante, como todo lo relacionado con él. Su madre, sentada en uno de los escalones dirigía miradas interrogativas desde la castaña hacia él y, como no estaba de humor, prefirió no dar respuesta por lo que sólo alzó los hombros y comenzó a caminar donde se encontraban las mujeres.

-¡Hermione, estás descalza! -exclamó Narcisa horrorizada cuando la castaña se reacomodó junto a ella en el peldaño superior- iré a traerte unas pantuflas o te vas a resfriar.

-Gracias Narcisa, la verdad es que vine algo apurada -respondió con clara referencia al rubio que se ubicó en el lugar donde segundos antes estaba su madre.

-¡Draco, ¿cómo pudiste ser tan irracional y traerla en esas condiciones por Merlín? Si llega a enfermarse me aseguraré que seas tú mismo quien la cuide -lo amenazó mientras con claro enojo se ponía de pie.

Cuando la rubia mayor salió sólo se sentía el chapoteo del agua que hacía Antares con las manos, Scorpius se ubicó al fondo y miraba con insistencia a uno y a otro, esperando sus próximos movimientos.

-¡Niños, saben que no deben llenar tanto la bañera, les puede suceder algo! -los reprendió la castaña al ver que el agua casi llegaba llegaba al borde y a ellos hasta la pera, era evidente que la tina estaba mágicamente extendida y era más profunda que las convencionales muggles- ¿es cosa mía o vaciaron el frasco de espuma de su padre en el agua? -preguntó- poco más y no los veo.

-Está bien Granger, no hay problema -y por el rubio podrían gastarse otro frasco porque al menos la espuma le cubría el cuerpo a su pequeña princesa, razonó aliviado.

-¡Ves mamá, a papá no le molesta! -exclamó la niña poniéndose de pie y mostrando el cuerpo de cintura para arriba.

Hermione vio a Draco desviar la mirada hacia Scorpius y no pudo evitar sonreír, cosa que no pasó inadvertida para el rubio.

-¿De qué te ríes mami? -la pregunta de Tari sólo provocó que la sonrisa se transforme en carcajada cuando sus ojos volvieron al rostro del rubio claramente enojado.

-¡De nada... Tari... sólo de algo... que recordé de pronto! -Hermione trataba de controlarse pero le era imposible, menos aún porque su hija comenzó a acercarse al borde llegando hasta Draco, que se revolvía nervioso en su lugar. Más atrás Scorpius también se acercó, curioso por las risas de su madre.

-¡Granger si no paras esa risa histérica te juro por Morgana que te lanzaré al agua! -amenazó el rubio molesto.

Hermione inspiró tratando de calmarse e intentó concentrarse tomando un poco de shampoo para lavar el cabello de Scorpius, quien movido por la curiosidad se quedó tranquilo mientras le masajeaba el cuero cabelludo y como siempre, luego que su madre hiciera su parte, comenzó a levantarse el pelo en puntas y amoldándolo tipo mohicano. "Concéntrate Hermione, ya no te rías" se repetía mientras se preparaba para hacer lo propio con Antares pero la niña le quitó el envase y se lo pasó a Draco, quien entendiendo la indirecta se quitó el reloj de pulsera y se levantó las mangas de la camisa dejando a la vista el tatuaje de la calavera y la serpiente de su brazo izquierdo. Hermione ya la había visto en sus encuentros anteriores y sabía que el chico ya había aceptado que tendría que cargar con ella hasta el día de su muerte; no era tan notoria como cuando Voldemort había vuelto, por lo que para todos aquellos que no son magos irónicamente pasaba como un original tatuaje. "Este será mi recordatorio de lo que no debo hacer" le había dicho Draco hace siete años atrás y ella le creía. Sin embargo, notó que cuando Antares puso su mano directamente sobre la marca, Draco automáticamente había retirado su brazo. Percibió el momento exacto en que los ojos del rubio se cargaron de tormento, tal vez sintiéndose indigno que su hija tocara aquella marca que tanto le pesaba, y en un acto impulsivo para sacarlo de ese estado, le lanzó agua directamente a la cara.

-¡Granger! -reclamó molesto.

-¡Uy, que mal genio Malfoy! -y volvió a lanzarle agua, ahora sí con mayor fuerza y también como una forma de vengarse por todo lo sucedido en el baño de su casa, además de traerla descalza sin importarle que se le congelaran los pies.

Lo que Hermione no consideró fue que Draco, aprovechando su rapidez, fuerza y estatura, se inclinara hacia ella y la empujara hacia el borde de la bañera y la sostuviera a milímetros de rozar el agua, haciendo más seria la amenaza. Lo que Draco no consideró fue que la castaña pensara que efectivamente la iba a dejar caer y que en un ágil e imprevisto movimiento envolviera sus piernas en sus caderas haciéndolo perder el equilibrio e irse a fondo, desapareciendo ambos bajo la espuma, para luego salir entre los gritos enojados de la chica y las risas de los niños.

-¡Por Merlín Draco, hace sólo unos momentos me había bañado!

-¿Y tú crees que tengo por costumbre bañarme con ropa? -respondió igual de enojado mientras se pasaba las manos por la cara y el cabello para sacarse la espuma. Hizo el amago de ponerse de pie para salir pero Antares se le lanzó a los brazos mientras reía contenta.

-Ahora nos estamos bañando los cuatro ¿no se sacan la ropa?

Ambos adultos se miraron incómodos por distintas razones: la castaña porque podía visualizar perfectamente la imagen de ellos cuatro, desnudos en esa enorme bañera; el rubio porque esa era una experiencia que aún no se atrevía a vislumbrar.

-No esta vez princesa -respondió quedándose quieto y sentándola en unas de sus piernas. Resignado se acomodó para sacar bajo el agua sus exclusivos zapatos italianos totalmente arruinados, escurriéndoles el agua antes de arrojarlos lejos.

-¿Me lavas el cabello? -insistió la niña y Draco la observó por unos segundos pensando en qué hacer.

Era un hecho que ya estaba totalmente mojado dentro de la bañera, había espacio más que suficiente para ellos cuatro aunque con la caída de Granger y él mucha agua se había desbordado hacia el piso. Ya no tenía excusa por lo que no le quedó otra que acercarse a tomar del borde de la tina el envase fucsia que contenía el shampoo de Antares. Cuando vertió una pequeña cantidad un agradable olor a fresas silvestres llegó a sus fosas nasales... lavarle el cabello no debería representar algo complicado así que con su mano libre la acercó a su cuerpo ubicándola entre sus piernas y con suavidad masajeó sus largos risos, de la misma forma en que había visto a la castaña hacerlo con Scorpius. Se sentía bien, más que bien en realidad, no podía explicarlo. Estaba con tres personas más en SU tina y sin embargo era todo tan íntimo, natural... perfecto. Entonces Antares se giró y le sonrió de esa adoración que tenía reservada sólo para él y se vio inmerso en esa dicha que sólo ella y Scorpius le provocaban y que ahora sabía claramente lo que significaba: eran su redención y su premio por todo lo vivido. No supo en qué momento la acunó entre sus brazos y depositó un beso en su frente mojada y cubierta de shampoo, pero no le importó. Un fuerte sonido seguido de agua salpicándolos lo sacó de su estado de dicha; miró el centro de la bañera esperando encontrarse con la leona haciendo bromas pero estaba ubicada al otro extremo con sus ojos mieles fijos en él, su rostro y cabello igual de mojado.

-¡Scorpius! -reclamó su hermana molesta cuando lo vio emerger en medio de todos ellos- sabes que no debes dejarte caer de esa forma, mamá te lo ha dicho un montón de veces.

Como única respuesta su gemelo le sacó la lengua y le tiró agua al rostro. Desde ahí todo se volvió una guerra de agua que terminó incluyendo a los cuatro, sobre todo cuando Scorpius se dejó caer de estómago al lado de su padre provocando que por estarse riendo le entrara espuma a la boca. El reírse del platino se volvió el error de Hermione, ya que este en venganza le arrojó agua al rostro siendo acompañado por los niños que reían jubilosos mientras ella no paraba de gritar, obligándola a defenderse de la misma forma.

Fue así como los encontró Narcisa, jugando y riendo mientras literalmente inundaban el piso del baño ¿pero qué importaba? no recordaba cuándo fue la última vez que vio a Draco reír de esa forma, verdaderamente feliz, distendido, sin preocupaciones, sin amargura... comportándose como un niño. Y supo que su hijo en ese momento y en esa habitación tenía todo lo que necesitaba para estar pleno y que si alguno de ellos faltara no volvería a verlo reír de esa forma nunca más. El único problema era que en su resentimiento estaba dispuesto a perder a Hermione y eso la preocupaba, lo conocía mejor que él mismo y sabía que en estos momentos era mejor no presionarlo, sólo pedía a Merlín que cuando estuviera en condiciones de perdonar no fuera demasiado tarde. A ella misma aún le dolía no haber presenciado más momentos como esos y que podrían haber disfrutado desde el nacimiento de sus nietos, pero una parte de ella, la de madre, comprendía los temores de la castaña aunque no los compartiera; no cuando todo lo sucedido entre Draco y ella fue después de la guerra. Por el momento continuó observándolos y grabando ese momento como uno de su mayores tesoros.

-Por los gritos pensamos que Draco y Hermione se estaban matando -escuchó susurrar por lo bajo a Pansy en su oído- pero vemos que no necesitas apoyo.

Narcisa se giró para sonreír a los tres jóvenes. Para ella se habían convertido en verdaderos hijos, en su familia. Sabía que morirían por Draco y Draco por ellos y eso le traía paz, porque antes que aparecieran los niños, tenía la tranquilidad que si algo le sucedía su hijo no estaría solo.

-Son los mejores gritos que he escuchado... hacía tanto que no lo veía reír así -respondió en un susurro.

-Ni nosotros, Narcisa -dijo Theo- mejor nos retiramos para que no nos vean -y con el mismo sigilo que entraron abandonaron la habitación.


Cuando Hermione se percató que el agua estaba tibia dio por finalizado el baño con el reclamo de los niños que suplicaban por unos minutos más. Le pidió a Draco que le quitara el tapón a la tina y entre ambos se turnaron para trasladarlos a la ducha y allí enjuagarles el cabello y el cuerpo. En ese momento Narcisa entró con Nimie y tras unos chasquidos la elfina había dejado el piso totalmente seco, mientras tanto, la rubia los esperaba con dos gruesas y esponjosas toallas en las que los envolvieron y ambas mujeres se entregaron al trabajo de secarlos y ponerles el pijama.

Para Draco fue más que evidente la expertise de la castaña porque antes de decir quiditch ya había secado a Scorpius y su madre estaba en los pies de Antares. No tenía recuerdos que alguna vez lo haya bañado personalmente, ese era un trabajo de un elfo doméstico no de una mujer de la alcurnia de su madre, no de las sangre pura de la alta sociedad mágica. Sin embargo, los rostros de los niños eran de felicidad. Scorpius se apoyaba en el cuerpo de su madre sin importarle la ropa mojada y le sonreía mientras esta le ponía la parte inferior de su pijama, y Antares por su parte, jugaba con la blusa de su abuela mientras ella le pasaba suavemente la toalla por el cuerpo tratando de no descubrirlo, imaginaba que con la intención de no hacerlo sentir incómodo a él.

Una vez secos y listos, Narcisa llevó a los niños a la habitación principal y se quedó solo con Granger, que tan mojada como él lo miraba incómoda. Es más, no le pasó por alto el temblor que la recorrió y que indudablemente era de frío.

-Ya que todo el asunto del baño quedó resuelto me iré a mi casa -dijo la chica y se encaminó hacia la puerta.

-No seas absurda Granger. Si sales con esa facha pescarás una pulmonía y no quiero que luego me acuses de tratar de matarte para quedarme con la tutela absoluta de mis hijos.

-Nadie se muere de un resfrío hoy en día Malfoy, es más, unos días de cama te darán la oportunidad de no ver la cara que tanto te molesta -rebatió dolida.

-Pero podrías contagiar a los niños y prefiero ver tu cara a que ellos enfermen porque te estás comportando como una niña -el tono de su voz dejaba en claro que no aceptaría réplicas- déjate de niñerías y date una ducha caliente, espero que no te moleste tener que usar mi jabón y shampoo, por lo demás, aquí hay todo lo que necesitas.

-Como no me diste tiempo no traje mi varita así que tendrás que secar mi pijama, si no es mucho pedir -con una mirada elocuente indicó su ropa.

Los ojos grises brillaron al observar que el peso del agua provocaba que la franela se pegara como una segunda piel a cada curva del cuerpo de la castaña, notó sus pezones erectos a través de la tela y sintió que los ositos dibujados en ella se burlaban porque no podía tocarlos y ellos sí. ¡Pero qué demonios, a él no le interesaba tocar a Granger! era natural para un hombre reaccionar así con una mujer, no era necesario tener sentimientos involucrados para sentir deseo. Iba a responder cuando su madre entró con un camisón de seda en la mano acompañado de una bata y un pijama de seda negra para él.

-Ahí tienen ambos para que se quiten esa ropa mojada o pescarán una pulmonía -los reprendió y luego de entregarles las prendas salió dejando la puerta cerrada tras ella.

-Báñate primero Granger.

-Ten la amabilidad de salir para hacerlo.

-Granger, por si no lo recuerdas no será la primera vez que estás en mi ducha o que te veo desnuda -dijo con obviedad, sin embargo su voz sonó ronca al evocar los recuerdos de lo que hicieron en la ducha de Hogwarts y de su casa en Eastbourne.

-Antes las circunstancias fueron distintas -se defendió pero con un fuerte rojo cubriendo sus mejillas.

-No te preocupes Granger, te puedo asegurar que ya no me interesa repetir la experiencia -ahora su voz estaba cargada de amargura- no con alguien que tiene prejuicios contra mí y me ocultó algo tan importante como que soy padre.

-¡No tengo prejuicios contra tí ¿cuántas veces tengo que repetirlo?! -estaba dispuesta a comenzar una discusión para hacerle ver su punto de vista pero ¿qué resultado tendría si estaba decidido a no creerle? con frustración tomó una gran toalla y se dirigió hacia la ducha, abriendo la puerta de vidrio con fuerza y metiéndose en el interior, más que nada para alejarse de sus hostiles ojos grises.

Draco la vio cerrar la puerta de la ducha con la misma violencia que la había abierto y luego oyó el sonido del agua cayendo. Cuando el vapor comenzó a cubrir el cristal de la mampara pudo ver la silueta de la castaña comenzando a quitarse las prendas mojadas. Se giró molestó y se dirigió al mueble donde se guardaban las toallas, sacando una negra para él y obligándose a no mirar. Hizo un barrido de la sala de baño buscando una distracción y notó unos objetos de fuertes colores sobre su lavabo. Al llegar notó que eran los cepillos de dientes de los niños que estaban junto al suyo. Sonrió cuando tomó los objetos un poco más pequeños que el propio, pero con dibujos de los personajes de la Era del Hielo en el verde -que obviamente pertenecía a Scorpius- y otro morado con una princesa sirena que no pudo identificar correspondiente al de Antares. Era tantas las cosas que no sabía de ellos, sólo las que estaba conociendo a través de las conversaciones, más que nada con su pequeña, y que de alguna forma le permitían sentirse más cerca. Y a pesar de la distancia los gestos de Scorpius eran tan similares a los suyos: la misma sonrisa ladeada, la mirada penetrante, la postura soberbia... incluso a los dos les gustaba el helado de chocolate con menta y estaba seguro que una vez en Hogwarts tendría la habilidad suficiente para estar en el equipo de quiditch; y él pensaba asistir a cada uno de los partidos y apoyarlo en las victorias y en las derrotas.

-Malfoy, puedes utilizar la ducha -la voz de la castaña lo sacó de sus pensamientos y se volteó para enfrentarla, no demoró tanto como había supuesto.

¿Pero qué pretendía su madre al facilitarle aquella prenda? sus pupilas se dilataron cuando observó su rostro limpio y cremoso, sin una gota de maquillaje, siguió a su largo cuello hasta la clavícula y la boca se le hizo agua cuando sus ojos continuaron bajando hasta el escote en V que insinuaba sus redondos pechos, que recordaba eran suaves, de pezón rosado y del tamaño perfecto para ser cubiertos en su totalidad por sus grandes manos; la fina seda color plata se marcó cuando los pezones se erigieron duros y majestuosos bajo su mirada; quería detenerse pero sus ojos se negaron a abandonar la prenda que caía sensualmente insinuando su estrecha cintura y amoldándose a sus redondas caderas para finalizar a la altura de los tobillos. Sintió su virilidad cobrar vida y volvió a despotricar contra Narcisa, ese camisón, a pesar de no mostrar mucho lo tentaba a acariciar la fina seda sabiendo exactamente como era cada una de las formas que cubría.

-Malfoy -la voz de la castaña le pareció un ronroneo erótico por lo ronca que se escuchó.

Miró sus ojos mieles y notó sus pupilas dilatadas, era evidente que sentía el mismo deseo que él. Sería tan fácil acercarla y besarla hasta hacerle sangrar los labios, jugar con la suavidad de la tela mientras la iba subiendo lentamente por su cuerpo y ella se deshacía entre sus brazos... Pero nada de eso sucedió. Haciendo gala de todo su auto control Malfoy endureció sus rasgos y totalmente erguido pasó por su lado en dirección a la ducha mientras comenzaba a desabotonar su camisa. En su caso la ducha sería con agua helada.


Hermione salió del baño totalmente excitada, su cuerpo pedía a gritos volver y meterse en la ducha con Draco hasta que le hiciera el amor como lo había hecho en Eastbourne; ni siquiera eso, se sentía tan encendida que no le importaría si la tomaba contra la pared y se introducía con fuerza en ella, llegando a cada terminación nerviosa de su cuerpo... y a la vez quería responderle con la misma pasión, acariciar y besar su piel pálida y marcarlo con sus uñas. Estaba completamente loca, él la despreciaba y sin embargo bastaba una mirada de esos impresionantes ojos grises para que su cuerpo cobre vida y su mente se vaya de vacaciones ¡Merlín, tenía que irse de ahí y pronto, idealmente antes que salga y note su estado de excitación! Respiró profundamente para calmarse y luego recorrió los pocos pasos del corto pasillo que hacía de separación entre una habitación y otra.

-Aún tienes el cabello mojado -la voz de Narcisa la hizo reaccionar y mirar hacia la gran cama que ocupaba el centro del dormitorio- déjame secarlo -y ante el consentimiento de la chica la rubia la apuntó con su varita y tras murmurar el hechizo, su bucles se ensortijaron para luego caer en sedosas ondas por su espalda.

Ambas mujeres se sonrieron y la más joven caminó hacia la cama para despedirse de sus hijos.

-Es hora de marcharme y ustedes jovencitos ya pasaron su hora de irse a la cama -fingió reprenderlos.

-¿No te quedarás a dormir? -preguntó Antares.

-Sólo vine a ayudarle a tu padre con su baño por hoy, desde mañana él ya puede hacerse cargo.

-Pero...

-Pero nada Tari -interrumpió a lo que quiera iba a decir su hija, no se sentía con fuerza para ser paciente- ustedes deben pasar tiempo con su padre para que se conozcan y nosotros tenemos toda la semana para estar juntos.

-Mamá -la voz de Scorpius llamó su atención y la emoción la embargó porque hacía días que no la llamaba así- ¿no te puedes quedar hasta que me duerma? -preguntó dudoso.

-Esta es la habitación de tu papá, Scor -con su mano derecha le peinó los sedosos cabellos hacia atrás- estoy segura que cuando se acueste no te tomará mucho tiempo dormirte.

-¿Sólo por esta vez? -insistió.

Hermione lo miró dudosa. Su instinto de madre la inducía a decirle que sí pero también sabía que sería un error.

-Por supuesto que puede quedarse hasta que te duermas -la grave voz de Draco hizo que todos se volvieran en su dirección. Estaba recostado en el marco de la pared que fungía de pasillo, se veía imponente con el reflejo de la seda negra y su cabello aún húmedo por la ducha observándolos desde allí- entiendo que te sea extraño dormir por primera vez aquí.

Mientras hablaba comenzó a caminar en dirección a la cama y se situó al lado derecho, junto a su madre y Tari, por lo que Hermione entendió que Scorpius y ella debían ocupar el izquierdo.

-Eso indica que es hora que me retire a mi habitación -Narcisa se puso de pie y abrazó por la cintura a Tari mientras depositaba un tierno beso en su coronilla, repitiendo el mismo gesto con Draco, Scorpius y una sorprendida Hermione- nos vemos mañana mis amores -y sin mediar mayor comentario abandonó la habitación.

Los cuatros ocupantes cruzaron miradas y Hermione, que sólo quería huir a la paz de su casa, tomó la iniciativa echando para atrás las mantas y palmeando el espacio, le indicó a Scorpius que se acostara. Al instante Draco la imitó haciendo lo mismo con Antares.

Las sábanas de seda se sintieron como una caricia cuando se metieron en ellas, lejos de lo que pensó Hermione, no estaban frías sino tibias, dándoles una cálida acogida que la castaña agradeció. Lo más probable es que Narcisa haya aplicado un hechizo para que si los niños se destapaban sintieran la misma temperatura acogedora que tenía la habitación.

Draco se sintió extraño cuando el pequeño cuerpo de su hija se amoldó al suyo buscando una posición cómoda. Por instinto extendió el brazo izquierdo que luego cerró en un abrazo cuando ella apoyó su cabeza a la altura de su hombro y clavícula. El aroma infantil a fresas llegó a sus fosas nasales y la suavidad de sus cabellos le hacía cosquillas; sin darse cuenta sus dedos comenzaron a trazar círculos sobre el algodón que cubría su bracito.

-Te quiero papi -le murmuró suavemente Antares y cuando sus ojos grises se encontraron, los de él emocionados y los de ella somnolientos, Draco bajó la cabeza y besó su frente.

-Yo también princesa, yo también.

Cuando alzó la vista, se encontró con los ojos mieles fijos en él, había emoción y ternura en ellos, seguramente a raíz del intercambio con su hija. Se fijó que Scorpius y ella tenían la misma posición, aunque su pequeño había sacado el brazo y jugaba con un rizo de su madre mientras ella acariciaba su espalda; ella cortó el contacto visual para depositar un beso en la blanca frente y subir la mano para peinar el cabello platino con los dedos. Por la fuerza con que Scorpius ceñía al mechón de la castaña y lo pegado que estaba a su cuerpo, era obvio que estaba tratando de mantenerse despierto para evitar que se vaya.

-Duerme Scor, no mi iré hasta que te duermas.

-Lo prometes.

-Lo prometo cielo.

A pesar que la enorme cama mantenía sus dimensiones originales, aún había un espacio entre los cuerpos abrazados que Draco sintió demasiado grande. Sabía que si estiraba la mano podría acariciar el cabello de Scor y que si la castaña estiraba su mano, ambas podrían entrelazarse. Mientras esperaba que los niños se durmieran profundamente y volvía a fijar los ojos en la castaña, no podía negar la sensación de paz que llenaba su corazón al tenerlos con él; a pesar que fue incómodo cuando Antares se le acercó desnuda en la tina pronto eso dejó de tener importancia y sintió natural verlos jugar e incluso de participar en la guerra de agua. Por más que le molestara, la leona tenía razón en que eran momentos únicos, por unos instantes todos volvieron a tener a seis años y no recordaba desde cuándo que no se sentía tan distendido. Por otra parte, su resquemor de dormir con ellos era que a pesar de los años transcurridos, a veces tenía pesadillas de la guerra y se despertaba gritando; lógicamente no quería que los niños presenciaran algo así. Había decido que esa noche se mantendría despierto sólo para disfrutar verlos dormir.

Al sentirse observado sus ojos nuevamente se encontraron con los mieles, no se dijeron nada, sólo se miraron. Ambos sabían que no valía la pena hablar, nada cambiaría las cosas, no en ese momento y tal vez tampoco en el futuro, pero compartían esos dos pequeños tesoros que estaban dispuestos a proteger a costa de todo, incluso de su propia vida. El rubio estaba totalmente negado por lo que consideraba una traición por parte de ella; la castaña se sentía atrapada por la culpabilidad que le impedía luchar por él. Sólo pensamientos caóticos llenaban sus pensamientos y sentían atrapados en un corredor cuyas puertas sólo mostraban murallas sin salida al abrirlas.

No supieron en qué momento la calidez del cuerpo de los niños los llevó a cerrar los ojos y quedarse dormidos. Esa noche Draco no tuvo pesadillas, su sueño fue profundo y tranquilo, lleno de paz. A la mañana siguiente despertó un poco acalorado con Antares prácticamente tendida sobre su pecho y el cuerpo de Scorpius pegado a su costado. Por primera vez en años una sonrisa fue la primera mueca de su rostro al iniciar el nuevo día e inconscientemente sus ojos se dirigieron al otro extremo de la cama esperando ver a la castaña dormida, pero el espacio estaba vacío. Fiel a su palabra se había marchado, sólo que no dejó sólo a Scorpius dormido sino a todos, escapando como una sombra en la oscuridad de la noche. Acomodó el cuerpo de Antares a su costado derecho y pegó aún más el de Scorpius a su izquierdo; aprovechando que aún dormía acarició sus finos cabellos platinos y besó repetidamente su frente y coronilla como tanto había deseado hacerlo desde que lo conoció, luego se levantaría para ordenar el desayuno y comenzar el día. Apretó aún más los brazos acercando a los niños y se dedicó a disfrutarlos, sin embargo, la sensación de plenitud había desaparecido, el cuadro ya no estaba completo.


Hola a tod s, aquí estoy con un nuevo capítulo, algo meloso y nostálgico pero creo que Hermione y Draco merecían el momento. He leído sus reviews, que agradezco enormemente y he considerado muchos de su alcances, gracias por interesarse en mi historia y proponer circunstancias para los personajes.

Amiga Doris, hace tiempo que no sé de ti, espero sinceramente que estés bien al igual que todas las lectoras de Venezuela, este capítulo es para ustedes. Sé que el fic pareciera no avanzar, pero desde el próximo capítulo nuestros personajes comenzarán con su recta final. Muchas gracias a tod s ustedes por el tiempo que dedican a leerme. Hasta pronto.

Sabina.