Mente sobre cuerpo
-¿Qué haces en nuestra habitación? -escuchó preguntar furioso a Scorpius mientras tomaba de la mano a su hermana que la miraba con igual cara de odio.
"¡Por Morgana y Circe! que esto sea una maldita pesadilla" fue lo primero que cruzó por la mente de Draco cuando escuchó la ira en la voz de Scorpius y luego ver a la rubia totalmente descolocada que trataba de cubrirse con la seda negra. Llegó hasta sus hijos en dos segundos volteándolos hacia su cuerpo para que no siguieran viendo el espectáculo que daba la bruja, pero el forcejeo de Scorpius tratando de soltarse de su brazo hizo que una mezcla de pánico y furia naciera desde su estómago apretado y se extendiera a cada partícula de su cuerpo. Juraba por Merlín que mataría con sus propias manos a Astoria si perdía todo lo avanzado con su hijo hasta ahora, ¡claro que lo haría y disfrutaría el sonido de su cuello rompiéndose entre sus dedos!, no utilizaría varita porque sería muy rápido, no, preferiría el método muggle porque así el placer de acabarla se extendería por más tiempo y observaría cómo el miedo se apoderaba de ella cuando se diera cuenta que había despertado al mortífago relegado en su interior. Utilizando un tono de voz que habría atemorizado al mismo Voldemort por la amenaza abierta, le preguntó con voz fría y arrastrada:
-¿Se puede saber quién mierda te autorizó a invadir mi casa y mi privacidad? -además del impacto que su voz causó en Astoria, Draco se percató que el cuerpo de Scorpius quedó quieto, percibiendo a su vez que alzó la vista para mirarlo. No quiso bajar la cabeza para que sus pequeños no pudieran observar con claridad ese lado oscuro que hacía mucho no había aflorado. Era completamente consciente que sus rasgos se habían vuelto rígidos, sus ojos debían haberse oscurecido hasta casi verse de un gris oscuro, sus labios apretados en un línea rígida y toda su postura amenazante.
-Draco... yo... -titubeó la rubia ya de pie junto a la cama- ¿pero qué hacen ellos aquí reclamando tu habitación?
-Esta es nuestra habitación también -la voz de Antares, normalmente dulce e infantil, resonó con una fuerza e ira que no tenía nada que envidiar a la de su padre. A diferencia de su gemelo, continuó forcejeando contra la jaula que representaba la mano de Draco que la sostenía con suave firmeza desde la nuca, impidiéndole voltearse a enfrentar a la mujer. Al parecer la furia del platino alimentaba la de ella e hizo cualquier cosa menos asustarla.
-Ellos, a diferencia tuya Astoria, tienen todo el derecho de estar aquí -respondió con voz gélida a la estúpida pregunta que hizo la estúpida bruja- y lo que reclamen o no mis hijos no es asunto tuyo.
-Amor... -dijo nerviosa mientras se abotonaba la única prenda del pijama negro que llevaba encima- no es así como...
-¡Santo Merlín!
-¡¿Pero qué mierda hiciste Astoria?!
Las voces elevadas de Narcisa y Pansy se combinaron interrumpiendo lo que quiera que fuera a decir la rubia.
-¡Pero qué cagada! -escuchó reclamar a Theo cuando entró a la habitación y vio la escena, olvidándose de guardar el vocabulario en presencia de la matriarca Malfoy y los gemelos.
-Madre, por favor llévate a los niños -habló el platino sin desprender sus ojos grises de Astoria.
-¡Nooo! -gritaron al unísono Scorpius y Antares, provocando que su padre volcara su atención en ellos.
-Por favor niños -pidió poniendo una rodilla en el suelo para quedar a la altura de sus ojos y luego centrarse principalmente en el niño- por esta vez sólo confía en mí para solucionar esto.
Tres pares de ojos grises se miraron entre sí, dos de ellos decidiendo si obedecer o no la solicitud de su padre.
-Scorpius, Antares -repitió con mayor autoridad- vayan con su abuela -ahora la petición definitivamente era una orden y ninguno de los dos se atrevió a desobedecer. Eso no impidió que tras ser liberadas sus cabezas se voltearan a mirar con odio a la rubia.
-Vamos niños -dijo Narcisa tomándolos de la mano y jalándolos mientras estos continuaban lanzando miradas asesinas- y Astoria, te exijo que tengas la decencia de vestirte correctamente y luego abandones mi casa. Ya no eres bienvenida aquí ni en Malfoy Manor... -ante el intento de reclamar de la otra mujer continuó- no te preocupes, personalmente se lo comunicaré a tu madre -y sin más sacó a sus nietos de la habitación.
-¡Narcisa, no es lo que piensas! -gritó Astoria tratando de salvar la situación- Draco y yo estamos en una relación seria -pero las palabras fueron al aire porque la destinataria de su disculpa no se giró para darle la oportunidad.
-Déjenme solo con Astoria -exigió Draco a sus amigos.
-¿Para que la mates y tengamos que ir a visitarte a Azkaban? -lo increpó Theo- de ninguna manera amigo.
-Gracias Theo -la voz de la rubia hizo que todos voltearan a verla.
-¿Crees que lo hacemos por tí, estúpida? -la encaró Pansy con ironía- ¿es que tu cabeza tiene alguna neurona que le funcione?
-Por supuesto que tiene neuronas, aunque aparenta lo contrario -dijo Draco acercándose y jalándola con fuerza por un brazo- ¿cuál era el plan Astoria? sé que no precisamente que entrara a mi habitación y al verte me lanzara a follarte como si no hubiera mañana -inclinó su rostro hasta casi juntar sus cabezas.
-No sabía que tus hijos estarían aquí -se excusó- imaginé que estaban con Granger, que ella precisamente como una buena madre los tendría a su lado pero en ningún caso que te tuviera de niñero mientras Merlín sabe en qué anda...
Los tres amigos la miraron como si se hubiera transformado en Lockhart. Draco ya harto la tomó por el cuello sin una pisca de consideración.
-No me salgas con esas estupideces que no tengo paciencia para oírte... lo que querías era generar una situación comprometedora que fuera vista por mi madre y la tuya ¿verdad? -Astoria abrió los ojos con asombro, dando a entender al rubio que había dado en el clavo- ¿pensabas que eso sería suficiente para forzarme a casarme contigo? -la soltó como si su contacto le diera asco.
La pose sumisa y asustada de Astoria cambió bruscamente, recuperando el control de sí misma y adoptando una actitud orgullosa.
-¡Por supuesto que tienes responsabilidades conmigo Draco Malfoy! ¿acaso piensas que soy una puta que puedes usar y dejar a tu antojo? ¡Nadie es mejor para tí que yo! -cuadró los hombros y levantó el mentón- ahora no lo ves pero me encargaré que lo entiendas.
-¡Eres una ofrecida patética! ¿en qué momento te transformaste en esto? -preguntó el platino asqueado.
-¡Tú me transformaste en esto! -le gritó de vuelta.
-No Astoria, yo sólo tomé lo que estabas dispuesta a dar y agradece que soy un caballero porque tú y yo tenemos claro que no fuiste precisamente una exclusividad -atajó la mano que pretendía cruzarle la mejilla y la sostuvo en el aire.
-¿Acaso Granger no es del mismo tipo de zorra? ¿dónde está ahora? -se burló, provocando que la ira del platino se multiplicara por mil, aunque no lo demostró- todo Hogwarts comentaba que el nombre "trío dorado" les iba bien por muchos motivos ¿Quién fue el primero? ¿Potter o Weasley? ¿o tal vez le gustaba jugar rudo y fueron los dos al mismo tiempo? -su risa inundó la habitación- ¿estás seguro que son tus hijos y que no tienen un hechizo de imitación? no sea que después se vayan a volver pelirrojos con un rayo en la frente.
-¡Es suficiente Astoria...! -comenzó con furia Pansy. Que se maldijeran entre adultos era una cosa, pero los niños eran sagrados.
-¡Déjala Pansy! -la interrumpió Draco- ni siquiera vale la pena gastar palabras en ella.
-Eso sólo confirma que Granger no es más que una puta... -atacó de nuevo.
-No -con una velocidad increíble la tomó de los brazos y acercó tanto sus rostros que la rubia podía ver cada veta plateada mezclarse con el gris más oscuro de sus ojos. Con voz fría y arrastrada prosiguió sin perder el contacto visual- eso sólo confirma que tú no vales mi tiempo... no tengo necesidad de defender a Hermione -intencionalmente pronunció el nombre de la castaña como si fuera una caricia- sé perfectamente quién es ella, sé que cada gota de sangre que corre por las venas de mis hijos es tan mía como suya, la mezcla más perfecta que cualquier mujer pudiera darme... ni siquiera una sangre pura como tú hubieras dado la talla para lograr dos seres tan increíbles -cerró con más fuerza sus dedos sobre la piel de la chica- te lo dije una vez pero creo que no lo entendiste así que grábatelo bien ¡YO NO EMBARAZO A CUALQUIERA! -y la soltó bruscamente provocando que perdiera brevemente el equilibrio.
-¿Estás drogado? ¿tienes un filtro de amor encima? ¿te dio amortentia?... ¡Por Merlín Draco, es una impura! -gritó frustrada- ninguno de nosotros es un mago cualquiera, pertenecemos a la realeza de los sangre pura... ¿todos ustedes ya olvidaron de qué lado estuvieron sus familias en la guerra? -miró con sorna a Pansy y Theo, para luego fijar nuevamente su mirada furiosa en el platino- ¿también olvidaste cuánto disfrutabas humillarla y llamarla sangre sucia y ahora prácticamente veneras la sangre mestiza de sus vástagos? ¿crees que me rebajaría así por cualquiera?
Draco la recorrió con desprecio y metió con elegancia las manos en los bolsillos de su pantalón, más que nada para ocultar la fuerte presión que hacía al apretarlos en puño.
-¡Nimie! -llamó con voz suave y al instante la elfina apareció- por favor recoge la ropa de la "señorita Greengrass" -era evidente la mofa al pronunciar la palabra señorita- y llévala al baño de visitas para que se vista, luego vienes y retiras el colchón y ropa de cama... quémalos de preferencia pero que la habitación quede libre de cualquier residuo que haya podido dejar.
-Sí amo -y la criatura comenzó a recoger la ropa tirada en el suelo.
-¿Cómo te atreves a tratarme como si tuviera viruela de dragón? ¡Soy una Greengrass! -gritó furiosa mientras Draco la tironeaba del brazo para echarla de su habitación- ¡te vas a arrepentir! ¿me oyes?
-Astoria -la detuvo Pansy- sácate el pijama de Draco y ponte esto -ordenó mientras hacía aparecer una bata.
-¡Por Merlín Pans! -reclamó Draco- deja que se vaya de una maldita vez.
-¿Y permitir que en un futuro utilice esa prenda a su conveniencia? ¡cámbiate o te dejo desnuda! -le volvió a ordenar la morena.
Astoria arrancó su muñeca de la mano de Draco y comenzó a desabotonarse el saco del pijama para luego dejarlo caer, quedando totalmente desnuda. Theo, antes que la prenda cayera, como un caballero giró la cabeza pero el platino la recorrió de pies a cabeza con hastío.
-Eres bella Astoria, no lo dudes, pero he tenido a muggles aún más hermosas que tú -y le cerró la puerta en la cara rogando no tener que verla nunca más.
-Bueno, eso fue algo impactante, por decirlo de alguna forma -dijo Theo en broma tratando de calmar los ánimos.
-Gracias.
El castaño volteó a ver a su amigo y movió la cabeza asintiendo. Sabía que le agradecía el haber impedido que cometiera una locura.
-Merlín no lo quiera, pero si alguna vez me persigue una psicópata como Astoria espero que me devuelvas la mano -su sonrisa fue un bálsamo para el platino que estaba recuperando poco a poco el control sobre sí mismo.
-¡Ni te atrevas a mezclarte con una bruja como esa o te lanzaré una imperdonable! -lo amenazó Pansy.
-Nunca he golpeado a una mujer pero te juro que hoy estuve muy cerca de hacerlo -Draco llevó sus manos a la cabeza y sacudió con fuerza su cabello.
-Bueno, creo que Scorpius y Antares te hubieran ayudado bastante... -rió Theo volviendo a su amigo a la realidad.
¡Los niños! y ahora cómo les explicaba lo acontecido. Desde hace un par de semanas Scorpius aceptaba que lo tocara cuando iba a la escuela por él y su rostro ya no mostraba la hostilidad inicial ¡mil veces maldita bruja!
-Voy a buscarlos -dijo emprendiendo rumbo hacia la puerta.
-¿Y Ariana y Astoria? -preguntó el castaño.
-Ellas pueden esperar -y sin más explicaciones desapareció por el pasillo. Tenía una idea de dónde podrían estar los niños en este momento.
Scorpius balanceaba los pies mientras permanecía sentado en una rama ubicada a mitad del gran roble. A su lado Teddy lo observaba mientras Antares, unos metros más allá, armaba un mono de nieve cerca del arroyo. Ya estaba prácticamente oscureciendo, pero no tenían ganas de volver a la casa para ver a esa horrible mujer. Tenía mucha rabia; durante un buen tiempo y hasta que le dolió el brazo, estuvo lanzando con furia algunas piedras que encontró a la orilla del riachuelo, incluso algunas de ellas se habían triturado y volado en pequeños pedazos a raíz del descontrol de su magia, dándole sin querer a Teddy en un brazo cuando se unió a ellos a los minutos después que dejaran la casa.
Llevaban un buen rato fuera y sabía que en algún momento vendría su abuela o uno de sus tíos a buscarlos. Esperaba que no fuera su padre porque no quería verlo; todo era su culpa por conocer a esa bruja mala y fea; es más, durante el tiempo que llevaban fuera había decidido pedirle que lo llevara donde sus abuelos Jane y Robert por lo que restaba del viaje de su madre. Nuevamente bufó enojado y divisó a lo lejos justamente a la persona que no quería ver caminando en dirección al bosque. Teddy fijó la mirada al punto que observaba a Scorpius y suspiró hondamente antes de hablar.
-No fue su culpa Scor.
-Claro que sí, esa mujer lo persigue y la dejó entrar a la casa -su mano quebró una pequeña rama que crujió al romperse.
-Entonces con quien deberías estar enojado es conmigo -la voz apenada de Teddy hizo que fijara su atención en él - nos las encontramos en el Callejón Diagon y mi abuela trató se deshacerse de ellas, pero como no se iban les dije que estábamos apurados porque veníamos a casa de tía Cissy y cuando mi abuela nos apareció la madre de Astoria se colgó de mi brazo y terminé arrastrándolas hasta acá -los ojos castaños se encontraron apesadumbrados con los metálicos de su amigo.
-No fue tu culpa, es de él... -el pequeño platino no estaba dispuesto a tranzar.
Teddy no quitó los ojos de su amigo y movió la cabeza de un lado a otro. Luego miró a Antares que ahora hacía levitar hojas secas a su alrededor para que se adhirieran al mono de nieve; estaba seguro que ella no pensaba igual que su hermano.
-No te entiendo Scor... hace dos años que comenzamos a buscar a tu padre porque ansiabas conocerlo y ahora que lo hiciste en lo único que insistes es en alejarlo -suspiró con frustración- si no te quisiera lo entendería pero mi primo te ama y te lo demuestra de todas las formas que puede... incluso tiene paciencia a tus desplantes a pesar que eso lo hace sufrir.
-Él no sufre.
-El único que no lo ve eres tú, pero lo hace -insistió el castaño- es un buen primo y también un buen padre, lo verías si se lo permitieras.
-Él no es bueno con mamá.
-Los problemas de adultos son de ellos y sabes que siempre lo complican todo, pero Draco te ama -insistió ahora un poco irritado
-Yo siempre he cuidado de mamá y Antares...
- ¿Sabes lo que yo daría por tener a mis papás conmigo? -lo interrumpió frustrado Teddy- no me importaría que vivieran juntos o separados, sólo quisiera...
Scorpius se volteó hacia su amigo y le cruzó un brazo por los hombros.
-Pero nos tienes a todos nosotros Teddy... tu abuela, mi mamá, mi padrino...TÚ padrino, todos te aman como si fueras su hijo...
-¿Acaso es lo mismo? -quitó con violencia el brazo que trataba de confortarlo y se enfrentó a los ojos grises- como los tienes no los valoras pero ¿acaso las caricias de tía Hermione te parecen iguales a las de tía Ginny o de tus abuelos? ¿o la presencia de mi primo te hace sentir igual que la de mi padrino o tío Ron?
El rubio fijó su mirada en los azules de su amigo, que todos decían eran iguales a los de su padre, y que ahora estaban llenos de lágrimas. Su barbilla tembló mientras trataba de contener las suyas.
-¡No sabes cómo te envidio a veces! yo sólo sueño con alguna vez sentir un beso de ellos, una caricia... poder abrazar a mi mamá y sentir su aroma... aprender hechizos con mi padre... pero nunca lo haré porque están muertos y no hay nada que pueda hacer para cambiar eso... y tú, tú que lo tienes todo sólo te centras en tu enojo.
Scorpius miró a Teddy. Su garganta se cerró cuando se dio cuenta de las lágrimas que rodaban por sus mejillas y a los pocos segundos sintió sus propias lágrimas rodar por su cara. Él más que nadie sabía cómo anhelaba Teddy a sus papás y el esfuerzo que ponía en no decir nada frente a su abuela para no entristecerla. Su mirada volvió hacia su padre que venía a mitad de camino. Su paso era rápido y aún a la distancia su actitud denotaba preocupación. A pesar que lo había negado, sabía que Teddy tenía razón; varias veces lo había sentido por las mañanas mientras él acariciaba sus cabellos y depositaba breves besos en su coronilla, haciendo lo posible por no despertarlo mientras le murmuraba calladamente que lo amaba. Él fingía dormir porque era la única forma de sentir su abrazo sin necesidad de tranzar su enojo, por eso secretamente disfrutaba esos momentos antes que su padre, como en cada ocasión, se levantara antes que ellos y ambos fingieran que ese momento no había sucedido.
-¡Lo siento Teddy! no sabía que te sentías así -murmuró con pena mientras nuevamente volvía a cruzarle los hombros con su brazo para acercarlo a él.
-Date una oportunidad Scor... lo rechazas porque lo tienes, no sea que te vayas a arrepentir.
-Si me deja de querer es porque no me ama tanto como dice -al momento de pronunciar las palabras se arrepintió, sobre todo cuando sintió a su amigo tensarse.
-Mis padres deberían estar conmigo pero no lo hacen... hay muchas formas de perder a las personas.
Los ojos grises se fijaron en la alta figura que estaba por llegar a la entrada del bosque. De sólo pensar que su padre no estuviera más a su lado provocó que un nudo apretara su garganta y el estómago se le contrajera; sin poder evitarlo sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Deseaba poder gritar de la frustración. Tenía pena, tenía rabia... él también quería dejar de estar enojado pero no podía, le molestaba que sus papás no se quisieran ¿para qué los tuvieron entonces si no deseaban estar juntos? y para colmo se daba cuenta que las mujeres siempre buscaban pegarse a él, qué mejor prueba que esa bruja que estaba hoy en su habitación. Si ellas hacían eso era porque se los permitía y eso significaba que nunca se casaría con su mamá. El sonido de unos pasos deteniéndose lo alertó y sus rasgos se endurecieron automáticamente antes de fijar la mirada en la cara preocupada de su padre.
-Scorpius, baja para que hablemos -pidió.
-No.
Sintió a Teddy secarse con disimulo el rastro de sus lágrimas y moverse inquieto a su lado. También vio de reojo a Antares correr hasta su padre y abrazarse de una de sus piernas. Automáticamente él se agachó para tomarla en brazos y observar ansioso su rostro.
-¿Ya se fue esa bruja fea? -preguntó su hermana algo enojada.
-Sí princesa, ya se fue -lo oyó responder tranquilo.
-¿Te casarás con ella?
-¡No, por Merlín no, princesa! -alzó la cabeza y sus ojos grises volvieron a fijarse en él- Scorpius, baja para que podamos hablar -insistió, pero su tono ahora era más firme.
Teddy comenzó a descender y Draco acomodó a Antares en su cadera para ayudarlo con extremo cuidado. Extendió uno de sus brazos y sin mayor esfuerzo lo tomó en el aire deslizándolo con delicadeza por su costado hasta que tocó el suelo.
-Scorpius, no puedes quedarte allí toda la noche y no tengo intención de irme, así que por favor baja -pidió por última vez, provocando un escalofrío en el pequeño rubio por la severidad de su voz.
De mala gana comenzó a descender entre las ramas y a propósito eludió la mano estirada que lo aguardaba, brincando sin cuidado del árbol. Su pie se torció pero no dio ninguna señal de dolor, o eso pensó, mientras se paraba rígido en todo su metro veinte. Si su padre lo notó tuvo mucho cuidado de no traslucir nada, algo muy propio en él cuando trataba de no incomodarlo, porque por lo general se esforzaba por ser muy abierto en expresarles sus afectos. Eso era algo que había aprendido en estos casi dos mes de conocerlo y compartir a diario a con él: no se limitaba en cuidar y proteger a quienes amaba, pero era una hoja en blanco con los extraños, casi imposible de saber lo que estaba pensando o sintiendo a menos que lo conocieras muy bien y al parecer, salvo su abuela Narcisa y sus amigos, nadie más tenía ese privilegio. Secretamente, admiraba esa habilidad en él y sus tíos, un rasgo muy de Slytherin al parecer, era como si al encubrir tus sentimientos nadie pudiera lastimarte, o por lo menos, ser consciente que lo hizo. Algún día él sería como su padre y no sentía vergüenza en admitirlo, porque aunque adoraba a los demás miembros de su familia, en el poco tiempo que lo conocía, se había vuelto su mayor ídolo. Era justamente eso que no quería que se casara con otra mujer que no fuera su madre, no quería tener otros hermanos sino eran de ellos juntos, no quería que otra persona que no fueran ellos tuvieran su afecto... simplemente quería a su familia junta ¿acaso era mucho pedir?
-Teddy ¿te sucede algo? -preguntó preocupado Draco al notar el rastro de lágrimas en la pequeña cara de su primo, que él se esforzó en disimular- ¿te sientes mal?
-No es nada, sólo me entró polvo en los ojos -respondió restando importancia- voy a ir donde mi abuela ahora -anunció y antes de girarse le envió una mirada a Scorpius como advirtiéndole que recapacitara. Sin embargo, pareció recordar algo y nuevamente se volteó hacia su primo- Lo siento Draco -la voz de Teddy temblaba- fue mi culpa que esas mujeres estuvieran aquí... si no les hubiera dicho que veníamos...
-Teddy -dijo el platino soltando a Antares y poniéndose a la altura del niño- no fue tu culpa, se las hubieran arreglado para llegar de otra forma o por medio de otra persona... mírame -pidió mientras alzaba el pequeño rostro- ¡no fue tu culpa! ¿está bien? -Teddy asintió- ahora déjame hablar con Antares y Scorpius y luego te alcanzo.
Teddy dio una última mirada a todos y caminó cabizbajo, aunque evidentemente más tranquilo tras lo dicho por su primo. Cuando desapareció por la entrada del bosque, Draco elevó su varita y les lanzó un hechizo que de inmediato les calentó el cuerpo. Por unos minutos los tres no hicieron otra cosa que mirarse, el rubio mayor evidentemente buscando las palabras apropiadas para iniciar la conversación.
-Lamento mucho lo que ocurrió hoy con Astoria -dijo sin rodeos- les juro por Merlín que es algo que jamás hubiera permitido que presenciaran de poder evitarlo.
-¿Por qué te persigue esa bruja fea? -preguntó Antares causando la risa interna de Draco. Sin duda Astoria se sentiría profundamente ofendida con esa descripción, sobre todo, porque a pesar de todas sus estupideces y defectos, era una de las brujas más hermosas del mundo mágico, algo que había jugado a su favor al momento de pasar unas buenas noches con ella.
-A veces los adultos se encaprichan con otros de la misma forma que un niño lo hace con un juguete -trató de explicar- pueden haber muchas otras opciones pero estás tan obsesionado con ese juguete que no ves que hay otros igual o mejores.
-Ella no me gusta -dijo molesto Scorpius como si eso finiquitara todo.
-A mí tampoco -concordó Draco y suspiró frustrado al notar la reactividad de su hijo- de verdad Scorpius, siento lo que sucedió pero no estaba aquí para evitarlo... ¿crees que haría algo que pudiera alejarnos más aún?
Scorpius levantó el rostro y fijó su mirada en la de su padre. No era tonto, podía ver su miedo y su sufrimiento... sí, esta vez no lo estaba dejando pasar porque las palabras de Teddy estaban demasiado frescas en su memoria. ¿Sabes lo que yo daría por tener a mis papás conmigo? Como los tienes no los valoras. Tú que lo tienes todo sólo te centras en tu enojo. Cada frase lo estaba atravesando como daga y por primera vez se sintió injusto. Date una oportunidad Scor... lo rechazas porque lo tienes, no sea que te vayas a arrepentir.
A cada segundo una decisión se iba formando en su mente pero era tan difícil dar el paso ¿qué debía hacer?
Draco observó la cara seria de Scorpius y se dio cuenta que nada de lo que dijera haría que su apreciación sobre él mejorara. Todo lo que pensó que habían avanzado se fue a la mierda... o es que simplemente en su deseo de que por fin su hijo lo aceptara lo hizo formarse una idea equivocada de su conducta pasiva ¿acaso la pasividad y la aceptación a veces no eran otra cara del rechazo?
El dolor volvió a atravesar su pecho obligándolo a inspirar buscando aire para controlarse. Si antes sentía que estaban separados ahora estaba seguro que Astoria había matado cualquier opción. Tal vez mañana volvería a encontrar la esperanza, pero ahora, en este preciso instante, sólo quería volver a la casa y encerrarse a beber en su despacho para lamerse las heridas.
-Es mejor que volvamos -dijo poniéndose de pie- es tarde y todos están preocupados por ustedes -tomó la mano de Antares y miró a Scorpius dejándolo decidir si caminaba delante o detrás de ellos. Al no moverse comenzó a dirigirse lentamente hacia la entrada del bosque, a un ritmo que Antares pudiera seguir sin problemas y, que a su vez, le permitiera escuchar los sonidos que hacía su hijo atrás.
Habían caminado al menos unos 10 metros cuando sintió los pasos de Scorpius acelerar y ubicarse a su lado. Su corazón latió violentamente cuando sintió su pequeña mano enlazarse a la suya y sus ojos se dirigieron a aquel punto para convencerse que en realidad aquello estaba sucediendo. Scorpius siguió caminando con la vista al frente y él lo imitó... haría lo necesario para no estropear ese momento.
-No sé si sabes pero nosotros no sabemos volar -comentó con voz temblorosa el pequeño y tratando de sonar despreocupado.
-Lo sé, lo dijiste en el partido de fútbol -respondió con una calma que estaba lejos de sentir.
-Me estaba preguntando si podrías enseñarnos antes que regrese mamá, si tú lo haces no podrá regañarnos.
Draco sonrió y lo miró brevemente mientras seguían avanzando. Enseñar a volar a sus hijos era el sueño de todo mago, más aún de un amante del quiditch como él.
-Podemos comenzar mañana en la tarde ¿te parece bien?
Scorpius asintió y se detuvo obligando a Draco a fijarse en él. Sus miradas se encontraron y lo vio inspirar antes de volver a hablar.
-Esta bien, gracias... papá.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé. Uno de los motivos es que estuve fuera de mi país y con mala conexión y la otra y la más importante, es que recientemente perdí a mi papá. No tenía pensado volver a escribir pronto, pero luego, en un momento de pena tomé el computador y releí lo que llevaba escrito y terminé dándole un giro que no tenía contemplado para este capítulo, pero no que no cambiaría por nada del mundo. Espero que quienes lo han leído y tienen a su padre cerca le den un abrazo, un beso y le digan cuanto lo aman... y las que están lejos puedan sentirse cerca con una llamada, porque quienes ya no tenemos la dicha de escuchar su voz, sentir un abrazo, un beso y esas palabras sabias que no siempre nos gustan, sólo podemos recordarlos y añorarlos en lo que nos resta de vida. Un abrazo.
Sabina.
