Lo que la razón niega el corazón lo grita

Pronto amanecería y las montañas y sus picos comenzarían a pintarse de color en Powder White, mientras tanto, la luz de la luna y el cielo limpio y estrellado permitía admirar las siluetas nevadas, justo en ese punto que no está ni claro ni oscuro, que en toda su majestuosidad la naturaleza quitaba el aliento. Apretó contra sí el grueso abrigo de lana que llevaba puesto y dio calor a sus manos soplando el cálido aire de su aliento sobre ellas. El vaho de su respiración se hizo visible e inspiró una vez más el gélido aire que congelaba sus vías respiratorias pero que curiosamente le transmitía bienestar, le hacía sentir viva.

Giró la cabeza hacia el interior del lujoso chalet que Draco había arrendado por los próximos siete días que permanecerían en lugar, los que se extendieron a la planificación inicial por un acuerdo de la mayoría para la noche de navidad. Y decir la mayoría no se alejaba de la realidad. Fue la única que hubiera preferido mantenerse en Londres, incluso sus padres estaban entusiasmados con alejarse del bullicio y estrés de la gran ciudad durante esas fechas. "Esperar un año nuevo rodeados de naturaleza y la familia, sobre todo de un hermoso paisaje sería maravilloso", había dicho su madre. Sería la primera vez en muchísimos años que no pasaría la fiestas con sus amigos y los Weasley y eso la hizo sentir extraña, desarraigada de alguna forma, pero entendía que ahora la "familia" había crecido y que habría que dividirse para poder compartir con todos. Fue Draco, enterado de esta situación por los niños, quien ya había conversado con Harry y los Weasley para invitarlos a pasar la navidad en la villa y no en La Madriguera como normalmente ocurría, prometiendo que el próximo año se invertirían la invitación a las fiestas; lo más curioso, es que todos habían aceptado.

Desde su llegada a Londres, hace cuatro días todo había transcurrido tan rápido que aún no lo asimilaba por completo. Antes de separarse de Noah en el aeropuerto, el platino le informó al trigueño que no estarían disponibles hasta el tres de enero puesto que volverían el primero de Powder White y el dos tendrían el lanzamiento del video juego de la empresa de Blaise y todos lo acompañarían, por lo que cualquier avance sobre el viaje a Brasil deberían verlo posterior a esa fecha. Luego de un seco apretón de manos, había sacado a Antares del carro del equipaje y con ella en brazos rodeó el todoterreno para sentarla en su silla, justo detrás del asiendo del conductor. Hermione tuvo ganas de darle una clase de modales pero se dio cuenta que no llegaría a ningún punto, así que depositó un beso en la mejilla de su amigo y le dio un abrazo junto a sus mejores deseos por navidad. Scorpius, por su parte, también le dio un indiferente apretón de manos a Noah y caminó a la puerta trasera del copiloto esperando a que su madre lo subiera en su silla. El trayecto fue silencioso entre los adultos pero las múltiples preguntas de los niños y su narración conjunta de lo que habían hecho la entretuvieron hasta que llegaron a la villa y no a su casa como había supuesto. Su intento de objeción murió en sus labios cuando en el marco de la puerta divisó un grupo de gente entre los que se encontraban Narcisa, sus padres, Graham y su esposa y obviamente sus ahora tres serpientes favoritas. Reconocía que se esperaba una amorosa recepción por parte de sus progenitores y amigos, pero nunca se cruzó por su mente que sería una fiesta de bienvenida, con todas sus letras, en la casa de Draco.

La navidad fue otra suerte de cambios. Nunca, literalmente nunca, imaginó a los Slytherins intercambiando regalos con los Weasley, mucho menos ver en ellos puestos los sueters tejidos que Molly hacía cada navidad para sus seres queridos, Narcisa incluida. Si alguno miró por lo bajo el regalo, tuvieron la decencia de disimularlo a la perfección. Los más beneficiados en regalos fueron Scorpius, Antares, Ted y la pequeña Victoire, quienes se vieron sobre mimados en atenciones. Imaginó que Andrómeda avisó a Narcisa, porque todos los niños tuvieron regalos por parte de los Slytherins, que reían entre incómodos y encantados cuando Victoire también se dirigió a ellos como tíos. Ted recibió un juego virtual de quiditch (cortesía de Blaise) y todos los aparatos muggles adaptados para el mundo mágico por parte de Draco y Theo. Antares, por su parte, recibió su primera joya diseñada por el mismo Draco para ella, una fina pulsera de plata con dos serpientes entrelazadas con esmeraldas y rubíes como ojos, que daban la sensación que se deslizaban en torno a su muñeca; por lo que dijo el platino, los duendes habían aplicado un hechizo para que esta fuera creciendo en tamaño a medida que ella lo hacía y no sólo eso, poseía un encantamiento que le comunicaría inmediatamente a Draco si se encontraba en peligro. Scorpius también recibió un grueso anillo de plata envejecida con el emblema de los Malfoy, una serpiente con ojos de esmeraldas que rodeaba una prolija y elegante M e idéntico al que el platino llevaba en el dedo corazón de su mano derecha y que poseía los mismos hechizos que la joya de su hermana. Por el brillo de sus ojos, Hermione supo que el pequeño se sentía orgulloso de llevarlo puesto.

Todos habían quedado más que satisfechos con el intercambio de regalos y se sorprendió cuando los niños le entregaron una caja rectangular, regalo del platino para ella. Con manos temblorosas el moño del papel de seda verde que lo envolvía y sus ojos recorrieron maravillados la nueva edición de su libro favorito, Historia de Hogwarts, empastada en resplandeciente cuero de dragón, cuyas letras en relieve de plata acarició con la misma ternura que si de un bebé se tratara. Al abrir la portada fue mayor su asombro al ver una dedicatoria que nunca esperó encontrar. "Disfruta los nuevos capítulos, contienen dolor pero también sabiduría. Gracias por el mayor tesoro que alguien pudiera haberme dado. Draco". El mensaje era escueto pero su corazón lo sintió como un bálsamo. Levantó la mirada empañada por las lágrimas y se encontró con la mercurio, fija sobre ella, atinando sólo a murmurar un gracias que él aceptó con un movimiento de cabeza. No quiso entregarle inmediatamente el regalo que tenía para él, de pronto le dio vergüenza que lo viera delante de otros porque no sabía como iba a reaccionar, así que una vez se retiraron todos y antes de despedirse para ir a su casa, no sin su objeción y la de Narcisa por llevarse tan tarde a los niños, le entregó la pequeña caja y le pidió que lo viera cuando estuviera solo. Si lo vio no tenía idea, hasta el momento no había dicho ni demostrado nada y ya habían transcurrido dos días desde la noche de navidad.

Volvió a dirigir la mirada al interior del chalet, el gran ventanal reflejaba escasamente su silueta y la de las montañas. Estaba en el tercer piso de la construcción para doce personas, que a pesar de lo enorme que era con sus espléndidas habitaciones con baño privado cada una y su lujoso inmobiliario, era extremadamente acogedora al ser de madera noble y piedra. Un edificio digno de un Malfoy y sus amigos. Suspiró profundamente y se giró hacia el clarioscuro paisaje aún no decidida a si entraba y dormía lo poco que quedaba de la madrugada.


El beso era suave, dulce, tierno. Una de las pequeñas manos se enroscaba en el cabello de su nuca mientras la otra reposaba en su corazón, haciendo trazos tímidos que le provocaban acunarla por la inocencia que aún conservaba. Su cuerpo delgado tembló cuando lo apretó más al suyo y su excitación creció al máximo cuando la alzó para acomodarla sobre su cadera pegándola al ventanal, haciendo que sus sexos entraran en contacto en el ascenso. El gemido que ella emitió al separar sus labios por el roce lo volvió loco y atacó desesperado su boca, que respondió a la demanda con la misma urgencia y pasión. Sus manos lo acariciaban con devoción, como si su níveo cuerpo fuera un altar y no carne que recorrer con lascivia; sus caricias siempre se sentían así. Agarró los largos cabellos y la obligó a echar la cabeza hacia atrás para dejar a la vista su cuello y sus pechos cubiertos por un fino encaje verde. ¡Por Merlín, esa mujer era la gloria y sólo le pertenecía a él! la escuchó gemir su nombre y su mano viajó a jugar con el botón que resaltaba erecto a través de la tela mientras ella se revolvía excitada, totalmente sumergida en la pasión que sólo él le provocaba. Su mano viajó al sur y se posesionó sobre su ardiente sexo mientras ella le rogaba que la hiciera suya porque la estaba volviendo loca. Quitó el molesto sostén que no le permitía mamar de sus pechos como era su deseo y la sintió meter sus dedos en el elástico de su bóxer ayudándose de los pies para dejarlo caer al suelo y que su miembro palpitante pudiera entrar en ella antes de arder por generación espontánea. Sabía que no soportaría demorar más el momento pero necesita que sus ojos de miel fundida estuvieran fijos en los suyos cuando se adentrara en ella una vez más, no quería perder detalle de sus expresiones, estar atento para tragar sus gemidos a besos, a quitar sus dientes de su labio inferior para reemplazarlo con los suyos con pequeños mordiscos, a recibir la señal de recorrer con besos húmedos su cuello para luego atrapar sus pechos cuando curve su espalda dejándolos más expuestos a su boca. La acomodó nuevamente sobre su cadera para dejarla en el ángulo adecuado y se enterró en su húmedo y apretado canal con fuerza, sintiéndose de inmediato pleno; su gemido lo hizo sentir amado y poderoso, en casa, algo que sólo le sucedía con ella, podría congelarse el mundo y sería feliz de continuar eternamente en esa misma posición, con ella recostada contra el ventanal de su oficina y todo el paisaje de Londres enmarcándola como si fuese una diosa. "Draco", la oyó gemir su nombre excitada, moviendo frenética sus caderas para marcar un ritmo más necesitado, estaba seguro que ni con todo su autocontrol evitaría que pronto los dos explotaran. Fue entonces que sintió la puerta de su oficina abriéndose y furioso se volteó para encarar a quien los había interrumpido y a la vez protegerla con su cuerpo desnudo. Al ver a Callaghan parado al centro de su oficina estuvo a punto de tirarse sobre él como una banshee y lo hubiera hecho sino fuera porque vio a la castaña totalmente vestida junto al trigueño, atrapando la mano que este le tendía. "Lo de ustedes ya acabó ¿porqué te expones, bonita? ¿quieres ser una más?", lo escuchó decirle, provocando que la castaña se girara a mirarlo. Percibió claramente el dolor en sus ojos y quiso decirle que no era así, pero antes de extender la mano para atraparla ambos desaparecieron.

Draco abrió los ojos en la oscuridad y la excitación y enojo del sueño se trasladó a la realidad. Sin pensarlo pero con sumo cuidado para no despertar a los niños, se levantó directo al baño y cerró con seguro la puerta tras él. Al encender la luz fue directo al lavamanos y con agua fría lavó su rostro para bajar el calor que sentía, pero cuando levantó el rostro el espejo frente a él le devolvió la imagen de un hombre con los ojos brillantes, pupilas dilatadas y mejillas sonrosadas. El recuerdo de lo que causó ese estado se hizo tan vivo que su miembro palpitó tan duro como en su sueño, pidiendo la liberación que tanto necesitaba. ¡Maldición!, masculló con molestia, miró hacia abajo y se dio cuenta que si no hacía algo con ese problema no podría volver a dormir y estaría lo que resta del día adolorido. Pensar en una ducha helada a esa hora y en pleno invierno no era una opción por lo que se quitó el pijama de seda negra y se metió a la ducha. El sonido del agua caliente amortiguó sus gemidos mientras bombeaba rítmicamente, pero fue la imagen de ella en su sueño, moviéndose excitada sobre él y gimiendo su nombre lo que lo llevó al límite, incluso podía sentir el sabor de sus pechos en su boca, la sensación de estar en su interior mientras sus paredes se amoldaban como un guante a su largo y anchura. ¡Merlín, Hermione! exclamó sin poder evitarlo y explotó lanzando su cimiente que se estrelló contra los azulejos y se mezcló con el agua. Su orgasmo fue tan intenso que quedó sorprendido y mientras los temblores acababan dejó que el agua caliente corriera por su cuerpo para terminar de relajarlo. En tanto se secaba trató de recordar cuándo fue la última vez que se había masturbado y definitivamente el tiempo se remontaba a su sexto año en Hogwarts, nunca después le faltó una mujer que pudiera "tratar" sus necesidades, por ello, estando totalmente cubiertas, no entendía porque precisamente un sueño con ella lo había vuelto a transformar en un quinceañero. El sueño había sido tan vívido que le extrañaba que no hubiera despertado a los niños y a ella. Ya totalmente en control de su cuerpo y libido abandonó el baño para recorrer la habitación al extremo de la cama que había ocupado junto a Antares.

Definitivamente fue un error aceptar la petición de los niños de compartir la habitación con la castaña, pero la opción era que ella se los llevara a su cuarto o que se dividieran un niño por noche. Los gemelos les habían suplicado que sólo por esos días durmieran todos juntos a cambio que cuando regresaran a Londres ellos volverían a su cuarto como antes; la castaña se había resistido tanto como él, pero finalmente habían terminado cediendo al ruego de sus pequeños. Después de todo eran sólo unos días que no afectarían en nada la situación actual, o eso pensó hasta ahora. Bastó un hechizo para agrandar la cama y los adultos ocuparon los extremos dejando a los niños al medio. Con lo que definitivamente no contó fue que todos terminaran juntos en el centro y sus aromas se mezclaran llegando a invadir sus sueños y, para su mala suerte, el único afectado parecía ser él porque ella dormía tranquilamente. O eso creyó, porque al posar su vista en el lugar donde debía estar la castaña lo encontró vacío, provocando que rodeara la cama y posara sus manos sobre las sábanas. Estaba frío, lo que significaba que hace mucho que ella había salido de la habitación. ¿Habrá ido al baño y no quiso arriesgarse a despertarlos? Conociéndola era lo más probable. Tuvo la intención de meterse a la cama pero la ducha había terminado por despertarlo así que decidió salir y tomar un poco de aire, tal vez el frío lo despejara lo suficiente para regresar y aprovechar el resto de oscuridad que se mantenía, después de todo el reloj indicaba que recién eran las cuatro treinta de la madrugada.

Al pasar se detuvo junto a la chimenea y arrojó otro leño para evitar que las brazas terminen de consumirse. Miró a su alrededor y cuando su vista se dirigió al paisaje divisó el recorte de una menuda figura tras el cristal de piso a techo que servía de ventanal. Por un momento pensó en dejarla sola y volver a la cama, pero luego, un impulso lo llevó a salir en su busca mientras con un accio invocaba una chaqueta para abrigarse. Estaba tan concentrada en lo que fuera que estaba ocupando sus pensamientos y sus pasos fueron tan silenciosos que cuando se apoyó junto a ella en el barandal la muchacha ni siquiera se inmutó.

-Es un poco tarde... o tal vez muy temprano para estar en el exterior con menos siete grados de temperatura ¿no crees? -señaló para hacer notar su presencia.

La castaña pareció salir de su burbuja y lo miró con los ojos muy abiertos, llevando su mano sobre su pecho, al lugar donde debería estar su corazón.

-¡Me asustaste! -más que un reclamo hacia él parecía ser una constatación para ella- ¿qué haces despierto?

-Al parecer lo mismo que tú, no podía dormir -contestó burlón- ¿de qué otra forma se justifica que esté parado junto a ti a esta hora?

-Cuando abandoné la habitación dormías profundamente.

-Bueno, ya no lo hago -aunque su tono era irónico en el interior estaba aliviado que saliera antes de percatarse de su sueño erótico.

Guardaron silencio por un largo rato hasta que Hermione, quien a momentos lo miraba de reojo esperando algún comentario, no soportó más y su boca fue más rápida que su cerebro, soltando la pregunta a la que llevaba dándole vueltas hace bastante rato.

-Pensé que estabas aquí para increparme tu regalo.

No volteó a verlo pero supo el momento exacto en que el giró el cuerpo para verla directamente. Deseó haberse mordido la lengua ya que lo más probable es que se viniera una fuerte discusión entre ellos. Su intención fue la mejor al momento de elaborarlo y se tomó bastante tiempo en lograr la perfección que deseaba, que consideró él merecía.

-¿Increparte? ¿porqué habría de hacerlo? -preguntó calmado, con su mirada de hielo fija en su rostro, totalmente indescifrable- ¿hay algo en él que tendría que molestarme? -su voz ahora denotaba curiosidad.

-Depende cómo lo percibas tú.

-Ahora realmente estoy muy curioso porque no, no lo he visto Granger.

La respuesta no supo si la dejó aliviada o decepcionada. Realmente sacar ese tema a colación no había sido lo más inteligente y Draco pudo leer perfectamente las emociones de la castaña. Cuando recibió la cajita con el regalo no supo cómo reaccionar porque no se esperaba algo de ella y como le pidió que lo viera a solas no volvió a encontrar un momento adecuado para hacerlo porque los niños se pegaron a él; luego, el día de navidad, todo fue un caos preparando el viaje, dejando las últimas instrucciones para los días que se encontrarían fuera y ahora, el día recién pasado era el primero en Powder White.

-Tal vez este sea un buen momento para hacerlo -y antes que la castaña digiriera sus palabras con un "accio regalo" el platino invocó la cajita que había llevado consigo en su maleta.

-Me voy entonces -con la intención de darle espacio, Hermione volvió su cuerpo dispuesta a entrar pero la mano del chico deteniéndola por el brazo le hizo imposible avanzar.

-Si crees que tu regalo iba a molestarme ¿por qué me lo diste entonces? -inquirió levantando su otra mano, donde ahora reposaba una caja cuadrada con un lazo dorado.

-Quería hacerlo, sólo que resulta difícil regalar algo a quien lo tiene todo y cuyos gustos desconoces -comenzó con voz nerviosa- quería darte algo que en alguna manera recompense lo que te quité -su voz era baja pero no tembló mientras salían las últimas palabras. Con suavidad desprendió su mano del agarre que el platino mantenía llevando ambas nuevamente a su boca para darles calor y sus ojos vagaron hacia la construcción, deteniéndose en el resplandor de un leño que se quemaba en la chimenea.

Draco la observaba ahora realmente curioso. Si había un momento para saber de qué se trataba el regalo ¿qué mejor que junto a quién lo hizo para él? Soltó el lazo y abrió la tapa observando su interior. Había otra caja dentro, con una brillante pulsera de plata, de gruesos eslabones que tenían diseños de escamas en ellos. Al sacarla y observarla en su totalidad a la semi luz se dio cuenta que era la figura de un dragón, cuya cabeza estaba tan bien realizada que no tenía nada que envidiar al trabajo de los duendes. Sus ojos eran dos pequeñas esmeraldas que parecían tener vida, al igual que toda la alhaja en sí. Le gustaba, estaba pensada en él, no era demasiado gruesa, tosca ni ostentosa, si tuviera que calificarla diría que era masculina y elegante. Sin pensarlo se vio envolviéndola en su muñeca derecha e inmediatamente la boca del dragón se abrió y sus dientes apresaron el otro extremo asegurándola, quedando en posición de descanso, como si estuviera arrullada en su mano. Levantó el brazo y la sintió liviana, como si perteneciera allí. No era la primera vez que una mujer le regalaba una joya, incluso prendas, todo con la intención de marcar posesión si las usaba, por ello, jamás utilizaba nada que no fuera una reliquia familiar, un regalo de su madre, sus tres amigos o algo adquirido por él. Sin embargo, sabía que la castaña no estaba tratando de marcar propiedad con la pulsera sino que ésta era el contenedor del regalo principal.

-Es hermosa, Granger, gracias -su voz grave sonó tan sincera que no pudo evitar el estremecimiento que recorrió su columna vertebral- pero imagino que este es sólo una parte del regalo -la vio asentir afirmativamente- ¿cómo funciona?

Hermione se giró hacia él y se acercó tomando la caja más grande y sacando una tarjeta nacarada de su interior. En ella había escrito el motivo del presente y el hechizo para activarlo, sin embargo y dado que sería ella misma quien le enseñara a usarlo podría ahorrarse la vergüenza de verlo romper el papel en sus narices. Draco pareció leer sus intenciones y con una rapidez desconcertante se la quitó y la introdujo en el bolsillo interior de la chaqueta que llevaba puesta.

-Esto también es parte de mi regalo -una sonrisa ladina se instaló en su rostro- ahora muéstrame el resto.

La castaña estiró el brazo y puso el dedo índice sobre la cabeza del dragón, acariciándola mientras pronunció "racconto". Los ojos esmeralda destellaron y se proyectaron hacia la oscuridad; lo primero que Draco percibió fue el rápido sonido de latidos de corazón, por la combinación parecían ser dos, y al comprender de qué se trataba su propio corazón comenzó a igualar los sonidos que escuchaba: eran los latidos de Scorpius y Antares.

-Como no tuve tratamiento mágico, rescaté la historia de los niños desde el momento que supe que estaba embarazada. Esta es la primera ecografía a los tres meses -su voz estaba cargada de emoción mientras le explicaba.

El sonido ahora fue acompañado de imágenes donde el platino observó un fondo negro y unas figuras pequeñas, que fueron cambiando en tamaño a medida que el tiempo pasaba hasta verse claramente como pequeñas personitas dentro del vientre de su madre. Pudo detallar como el cuerpo de Scorpius siempre fue más grande que el de su hermana y sonrió con un acercamiento que mostraba a la niña con los dedos en la boca. Luego vino el nacimiento, las imágenes proyectadas venían tanto de los recuerdos de Granger como de fotografías y grabaciones; para él, sus hijos sobrepasaban la palabra preciosos. Pudo verlos amamantándose, sus primeras sonrisas, balbuceos, primeros pasos, cumpleaños, primer día de clases, paseos y lo que lo dejó atónito, cuando lo conocieron a él. La cara de adoración de Antares provocó que las lágrimas resbalaran sin permiso de sus ojos y aunque siempre pensó que la mirada de Scorpius era hostil pudo observarlo que a escondidas sus ojos contenían respeto y amor. Las imágenes que ahora se mostraban eran todas de él con los niños: conversando, riendo, cargándolos, durmiendo y concluían con el abrazo que les había dado para navidad, luego de recibir los dibujos que le habían hecho y que para él habían sido los mejores regalos que había recibido jamás, hasta ahora. De la misma forma que inició los ojos del dragón resplandecieron volviendo a la normalidad, dejando sólo la semioscuridad que lo rodeaba.

El corazón de Hermione latía incontrolable. No había perdido detalle de las expresiones del rubio, quien se mantenía en un silencio sepulcral, aún con la mirada fija en el punto donde se habían proyectado los recuerdos. Marcharse sería una cobardía aunque era lo que precisamente quería hacer, así que se obligó a mantenerse firme en su lugar.

-Puedes ir agregando tus propios recuerdos, sólo debes invertir la pulsera y traspasarlos con tu varita, como si fuera un pensadero. Reconocerá sólo tus dedos porque está hecha con uno de tus cabellos, por lo que sólo tú podrás accionarla -el rubio no dijo nada- sé que te has perdido muchos momentos importantes de la vida de los niños y quise devolverte de alguna manera todo lo que te quité -el dolor en su voz fue tan palpable y sincero que el rubio sólo asintió- pero créeme cuando te insisto que jamás, jamás lo hice con la intención de dañarte, te considerara un mortífago o me avergonzara de tí... pensé que era lo mejor y me equivoqué -los ojos mieles ya no retenían las lágrimas que fluían libres por sus mejillas- perdóname Draco.

Draco recorrió su rostro lloroso, sus ojos suplicantes, sus manos cruzadas a la altura de su estómago mientras sus uñas presionaban contra su piel. Cada vez que recordaba la ausencia de sus hijos la ira llegaba y lo invadía como veneno, sin embargo, la sensación esta vez fue distinta, sintió dentro de él que podría comenzar a perdonarla. La sinceridad de sus palabras, de sus gestos y el detalle de los recuerdos que incluyó, cuidando de excluirse para que sólo los niños y él fueran los visibles era un detalle que no había pasado por alto. Pero lo que sí había sido evidente era el infinito amor que la chica sintió desde el primer momento por sus hijos, era incluso tan palpable que pareciera que los niños se lo transmitían a él. Ella, Hermione Granger, heroína de guerra, la mejor amiga del niño que vivió, la más inteligente desde Rowena Ravenclaw adoraba los hijos de Draco Malfoy, nunca hubo siquiera un pensamiento de rechazo a su simiente ni a él, porque a pesar que los niños eran su viva imagen crecieron llenos de amor, de protección. Sí, parte de su odio había caído, tal vez... sólo tal vez, era momento de comenzar a sanar esa herida y luego a perdonar.

-Granger, no puedo decir que te perdono porque efectivamente fue demasiado lo que perdí -vio más lágrimas recorrer su rostro- sin embargo, creo que puedo comenzar a hacerlo -se acercó a ella y levantó la mano con la intención de secar sus lágrimas, pero luego se arrepintió y la metió al bolsillo de su chaqueta- jamás terminaré de agradecerte que los hayas dejado nacer y que los ames tanto... los has transformado en unos niños maravillosos. Gracias por tu regalo -y sin darle tiempo a responder se encaminó al interior, directo a la habitación donde se encontraban sus hijos. Los observó dormir y se inclinó para acariciar sus finos cabellos y besar sus frentes.

Cuando se sacó la chaqueta recordó la tarjeta que le había quitado a Granger y la extrajo para leerla. Con un lumus de su varita pudo apreciar el fino papel de la tarjeta y la cuidadosa letra de la chica. "Draco, sé que no puedo devolverte el tiempo perdido pero sí puedo acercarte a él. Espero que de esta forma, por ínfima que sea, puedas tener tus propios recuerdos e introducir los que ahora atesoras. Acaricia la cabeza del dragón y pronuncia "racconto", cuando todo lo que contiene acabe cesará inmediatamente; para introducir nuevos recuerdos voltea la pulsera y presiona tu varita en la cabeza del dragón, funcionará igual que un pensadero. Feliz navidad. Hermione Granger". No pudo evitar sonreír y acariciar las letras antes de guardarla en su bolsillo nuevamente. El alba había llegado pero sentía ganas de dormir. Con cuidado abrió las tapas y se acercó al cálido cuerpo de Antares, a quien besó en la coronilla y atravesó con su mano para alcanzar en el abrazo a Scorpius. Su corazón se sentía de pronto más liviano, más cálido y sin demora comenzó a dormirse. Antes de caer totalmente rendido oyó la puerta abrirse y poco después la cama hundirse levemente al lado de Scorpius. Hermione también parecía haber recuperado el sueño.


Era inevitable que la risa de los niños al rodar cuesta abajo no los contagiara a todos. Ya habían pasado tres días desde que llegaron y habían probado todas las variantes del deporte en nieve, claro, en el nivel que les permitía desarrollarlos con Scorpius y Antares la mayor parte del tiempo. Graham, experto en esquí, les había enseñado los movimientos básicos y las excelentes condiciones físicas de los jóvenes Slytherin les permitieron agarrar el ritmo rápidamente. Ahora, si bien no bajaban por las laderas de las pistas más altas, Hermione no dudaba que en dos días más pudieran hacerlo. Tanto los jóvenes como los más adultos del grupo habían paseado en el teleférico y en motos de nieve, celebrado los avances de los novatos y reído de las aparatosas caídas que más de alguno había tenido. Quizás influía la dificultad de no carcajearse por las cómicas posturas en las que terminaban aterrizando las primeras veces y cómo no hacerlo cuando Theo había enterrado la cabeza en la nieve y en venganza literalmente le sepultó la cabeza a Blaise diciéndole que por fin se había vuelto blanco.

Las bromas habían sido el tónico frecuente y Narcisa gozaba de ver a los jóvenes disfrutar como verdaderos niños con algo tan simple como arrojarse nieve. Cada carcajada no era reprimida, los ojos les brillaban y notaba que habían disminuido las distancias entre Pansy y Blaise. También notaba que los ánimos entre Draco y Hermione eran menos tensos y varias veces los encontró sonriéndose por situaciones ocurridas en el momento. Definitivamente este viaje familiar había sido una de las mejores ideas de su hijo y la compañía de los Puckle y los padres de Hermione habían complementado perfectamente las dinámicas de juego que habían extendido por largas horas durante la noche, a tal extremo que caían todos rendidos pero con una sonrisa boba imposible de quitar.

Ahora precisamente, Draco estaba tratando nuevamente de equilibrarse con Scorpius en sus hombros mientras se deslizaba en una tabla que Caitlyn le explicó se llamaba snowboard. No muy lejos, Blaise hacía lo propio con Antares, quien se afirmaba a su cuello con manos y piernas alentándole a ganarles sin ningún temor a la caída. Hermione se cubría el rostro con las manos cuando los veía tambalearse y estaba segura que de no ser por la presencia de tanto muggle, hace mucho los hubiera hechizado. Buscó con la mirada a sus dos "hijos" faltantes y divisó a Theo y Pansy deslizarse con agilidad por una de las pistas centrales, al parecer estaban en una dura competencia donde el castaño ya le había sacado unos escasos metros de ventaja. Suspiró profundamente disfrutando el aire frío que fluyó por sus vías respiratorias. En ese momento era total y completamente feliz.


Hermione jugó con la pata de la lujosa copa que tenía en la mano y con calma se llevó a la boca el líquido dorado y dulce que tanto le encantaba. Aunque en el mundo mágico disfrutaba enormemente de la cerveza de mantequilla, en el mundo muggle sabía apreciar los buenos vinos y, en especial, era una fanática de los Late Harvest. Caitlyn, a su lado, también bebía lo mismo, perdida en el oscuro paisaje invernal donde en el exterior sólo se apreciaba la nieve caer para terminar estrellándose en el gran ventanal. Otro día había pasado y después de acostar a los niños, sus padres y Narcisa los habían acompañado otro rato y luego también se habían retirado a descansar. Ahora, sólo el grupo de jóvenes se mantenían en pie.

-No puedo creer lo rápido que han pasado los días -murmuró la rubia con la mirada aún perdida en la negrura de la noche, provocando que la castaña se volteara y asintiera en conformidad a sus palabras- al principio pensé que no me adecuaría bien por tanto tiempo a ellos -con su mirada abarcó a los Slytherins- pero todos se han mostrado muy receptivos y amables y Graham realmente disfruta mucho de su compañía... a veces me preocupa lo apegado que se siente emocionalmente a ellos, como si los conociera desde siempre.

La castaña posó sus ojos en su primo, que en estos momentos estaba sentado sobre una gruesa alfombra de rombos blancos y negros, justo frente a la chimenea de piedra, mientras su espalda reposaba en el sofá blanco con forma de L que la rodeaba, transformando el espacio del tercer piso de la construcción en un área extremadamente acogedora. Su posición era relajada y reía de algo que le comentaba Theo, que se encontraba a su lado mientras que Draco, inusualmente para Hermione, también estaba sentado en el piso, el lado opuesto a Graham. Sonrió al verlo tragar nuevamente el líquido dorado de su vaso, entrecerrando de inmediato los ojos por el ardor que le debía causar el trago. Los otros jóvenes rieron y Blaise, sentado en junto a Draco, se paró para darle unas palmadas en la espalda. ¡Los muy malditos le habían servido whisky de fuego y como no que su primo se iba a negar! ¡hombres! no importaba en qué mundo vivieran, todos eran unos niños cuando de retos se trataba. Fue en ese momento que se sintió observada y sus ojos se encontraron con los de Draco, que parecían plata derretida por el reflejo de las llamas, la iluminación más fuerte que había en ese momento ya que habían bajado la intensidad de las ampolletas al mínimo para disfrutar mejor del paisaje.

-¡Ustedes dos! -las llamó Pansy, sentada entre Draco y Theo- no sean aburridas y vengan a unirse a nosotros.

-¡Ven amor! -pidió Graham a su esposa- no me dejes tanto tiempo solo con estos infantes, vaya a saber cómo termino luego de beber esto.

-Entonces no lo hagas -le respondió la rubia acercándose a él y acomodándose en el espacio que le había dejado entre sus piernas.

Hermione desvió su mirada de la del rubio y sin que le insistieran, fue a ubicarse junto a Blaise. El moreno le dirigió una sonrisa pícara y luego la tomó de los hombros mientras que con la otra mano le revolvía el pelo. Ella sólo bufó y trató de reordenar sus rizos que sujetaba en una cola de caballo.

-¡Cuándo madurarás, Blaise! -lo reprendió, aunque no pudo retener la sonrisa.

-Así me amas, castaña -se burló de vuelta, provocando que ella rodara los ojos.

-Por supuesto que te amo mi dios de ébano -respondió siguiéndole el juego, con Blaise era inevitable no hacerlo- he estado buscando una poción mística que no sea amortentia para lograr que también te enamores de mí -hubo una risa generalizada.

-¿Qué me dices Draco? ¿no crees que esta mujer está un tanto libertina? Deberías sentarla en tu regazo y darle unas nalgadas -las palabras de Blaise causaron que inmediatamente que las miradas voltearan al rubio que observaba a ambos, sus ojos brillando más de lo habitual aunque sin rastro de enojo.

-¡Ustedes son todos unos narcisistas! -se burló Graham, salvándola de cualquier respuesta que fuera a dar el platino- y además unos aburridos -agregó, provocando que seis rostros se giraran con distintas expresiones hacia él.

-¿Cómo?

-¿Perdón?

-¡Repite eso!

-¡Aburridos los calzones de Merlín!

Fueron algunas de las expresiones que se extremezclaron y que hicieron a Graham reír estruendosamente.

-¡Y sensibles! -los volvió a picar.

-Y ya que eres el rey de la entretención ¿qué propones rubito? -lo retó Pansy.

-Bueno, podríamos jugar a la botellita o verdad o consecuencia con prenda -se llevó una mano a los hombros cuando su esposa y prima le golpearon cada uno- ¡auch! eso dolió -se quejó.

-¿Con prenda, eh? suena interesante... no lo he jugado desde el colegio -señaló Blaise mirando a sus amigos mientras frotaba sus manos y movía las cejas repetidamente hacia arriba y abajo.

-¡Ni lo sueñes! -dijo Caitlyn, mientras volvía a golpear el hombro de su esposo- y tú deja de proponer estupideces, ni que quieras que quede desnuda frente a ellos.

-¡Sólo bromeaba, amor! -la trató de contentar el rubio mientras depositaba un beso en la frente y luego le susurró algo en el oído que la hizo sonreír.

-¡Verdad o consecuencia me parece bien! aunque en lugar de prenda el que no contesta debe tomar un trago de whysky de fuego -apoyó Pansy.

-Paso -dijo sin dudar la castaña. Conociendo a las serpientes podía imaginar hacia dónde irían las preguntas.

-¿Algo que ocultar? -preguntó travieso Theo.

-No, sólo que no quiero ser material de sus burlas por tiempo ilimitado -respondió.

-Hermione, eres una ñoña aburrida -la molestó Pansy- siempre eres libre de no responder y aceptar el trago.

La castaña movió la cabeza negativamente e hizo el amago de pararse, pero Blaise lo evitó sujetándola de la cintura.

-Bueno, ya que estamos todos de acuerdo comencemos -la sonrisa de la pelinegra era tan amplia que los pudo haber tragado a todos.

Theo buscó una botella vacía que había juntó a él y despejó la mesa para situarla al medio.

-Jugaremos a verdad o consecuencia pero con la botella elegiremos quién iniciará las preguntas para que sea justo, quien no responda bebe un vaso de Whisky de Fuego -ante el asentimiento de todos hizo aparecer varias botellas del licor dorado y luego giró otra vacía- la persona que apunte la botella inicia las preguntas -tras unos momentos el giro se detuvo y apunto a Blaise.

El moreno se frotó las manos y pasó la mirada lentamente po cada uno de ellos, provocando que a Hermione la recorra un escalofrío.

-Graham... ¿algunas vez has engañado a Caitlyn?

-No desde que nos comprometimos -respondió sin dudar, recibiendo un beso como recompensa.

Inmediatamente las cejas de todos los Slytherins se alzaron, leyendo inmediatamente entre líneas una infidelidad previa. Pansy iba a acotar algo pero Graham fue más rápido que ella y habló antes.

-Cometí algunos errores antes de darme cuenta que Caitlyn era la mujer de mi vida y tuve la suerte que ella me amara lo suficiente para perdonarme, sé lo que es estar sin ella y es algo a lo que no me voy a volver a arriesgar que suceda nuevamente -la sinceridad de sus palabras los dejó a todos con la boca abierta; por la personalidad de Graham nunca pensaron que haya sido infiel - Blaise -el aludido lo miró interrogante, no pensó que le devolvería inmediatamente el golpe- ¿cuál es el mayor sacrificio que has hecho por la mujer que amas?

Ojos verdes chocaron contra ojos verdes y los del moreno evitaron centrarse en Pansy. Ese había sido un golpe bajo, tenerla tan cerca todo el tiempo y no atreverse a dar el paso por temor a cometer el error a perderla después, incluso como amiga, era algo que nunca le ha confesado.

-No involucrarla en una relación que podría llegar a lastimarla.

Aunque la respuesta fue dicha con seguridad no pudo evitar del todo el dolor que le representaba esa decisión y sintió la mirada azul de la pelinegra fijarse en él.

-Granger -ahora todos volvieron su mirada a la castaña- cuando estuviste con Draco en Hogwarts ¿eras virgen?

-Sí -respondió roja como un tomate, color que aumento cuando vio a Theo chocar manos con Blaise y escuchar "lo sabía". Aunque se forzó a no mirar al rubio, fue inevitable que termina posando sus ojos miel en él. Su rostro era tranquilo y salvo un casi imperceptible levantamiento en las esquinas de sus labios, no había otro gesto que delatara emoción alguna- Theo ¿qué condición debe reunir una mujer para que te enamores de ella?

El castaño meditó por un momento la pregunta y pareció estar ordenando sus ideas.

-La verdad es que nunca me he enamorado y no tengo un estereotipo definido -se rascó la nuca y la miró con sus profundos ojos azules- si tuviera que poseer un atributo creo que sería que fuera única, que no se deje influir por los demás y sea ella misma a pesar de lo que el resto pudiera pensar. Mi turno -dijo de inmediato no dando tiempo a comentarios- Draco -los ojos grises de inmediato se posaron en él- ¿con cuantas mujeres has roto tus reglas Malfoy?

Todas las miradas se enfocaron de inmediato en él. ¿Reglas Malfoy? pensó Hermione ¿qué significaba la pregunta de Theo? Por las caras de las otras tres serpientes era muy claro que sabían perfectamente a lo que se refería el castaño.

-Hasta hoy sólo una y eso ya lo sabías -su mirada de hielo estaba fija en su amigo- Caitlyn ¿qué piensas sobre la existencia de magos como nosotros?

Ahora fue el turno de la rubia de pensar en su respuesta. Miró a su esposo, Hermione y luego su mirada viajó por cada una de las serpientes.

-Nunca me imaginé que la magia fuera real en todo el concepto de la palabra. Conozco a Hermione dos años después que comencé mi relación con Graham y ella tenía 17 años, pero nunca tuve ningún indicio hasta que nacieron los niños. Comenzaron a ocurrir situaciones extrañas como explosiones de vasos o loza cuando se enojaban, juguetes que parecían volar hacia ellos y sólo tenían meses para ir por su cuenta a buscarlos -Draco sonrió con orgullo, desde que los conoció pudo percibir una magia poderosa en ellos y aún recordaba lo lejos que lo habían arrojado cuando sucedió ese maldito encuentro con Astoria en el centro comercial- también estaban las inexplicables y rápidas apariciones de Hermione para llegar a recogerlos, en un tiempo que era imposible aunque tuvieras el auto más veloz, algo que no era su caso... hasta que Scorpius hizo levitar una pelota hacia mí para que juguemos que al final terminaron por contármelo y desde ahí todo comenzó a tener sentido. Y cuando ustedes llegaron a Dragonet en algún momento pensé que, a diferencia de Harry, Ron y los otros magos que ya conocía, utilizaban su magia para conseguir todo el éxito hasta que Graham me explicó que todo era gracias a su exclusivo mérito. Reconozco que tenía mis propios prejuicios cuando me enteré que eras el padre de los gemelos, pero ahora que los conozco, aunque sea livianamente, entiendo el afecto que les tiene Graham.

Hermione apretó la mano de su prima política y la rubia llevó su copa a la boca para distraerse de la atención que habían causado sus palabras. Hubo un momento de silencio hasta que recordó que a ella le tocaba continuar el juego.

-Draco ¿qué son las reglas Malfoy? -preguntó directamente al platino que miró a Theo como queriendo lanzarle un hechizo por haber sacado el tema en juego.

-Son reglas que practico desde que tengo 14 años para evitar situaciones indeseadas en temas íntimos -bueno, en términos prácticos sí había respondido la pregunta, nadie dijo que tenía que enumerarlas- Pansy ¿darás el paso en algún momento?

La pelinegra lo miró seria y luego tomó el vaso del centro de la mesa y lo bebió de un sorbo. Era obvio que no estaba dispuesta a discutir sus sentimientos en un juego. Theo y Draco cruzaron miradas y Blaise trató de no lucir desanimado.

-Hermione ¿con cuántos hombres te has acostado? -atacó Pansy. Ya era hora de sacar trapitos al sol y que su rubio amigo comenzara a verse amenazado.

La castaña la miró molesta ¿no se supone que son amigas? ¿qué tipo de pregunta era esa? Se obligó a no mirar al platino cuyos ojos sentía fijos en ella. ¡Demonios! tanto Graham y Caitlyn sabían la verdad así que no podría mentir tan campante, pero tampoco quería confesar que ningún otro hombre le había movido el piso ni de cerca para desear acostarse con él. Así que tomó el vaso que Theo había rellenado y lo bebió hasta el fondo. Inmediatamente se llevó la mano al cuello, como si de este modo pudiera aplacar el ardor que le provocó el licor al deslizarse por su garganta. Observó a todos para decidir a quién hacer la próxima pregunta, pero las palabras "reglas Malfoy" se repetían una y otro vez en su cabeza.

-Malfoy ¿cuáles son las reglas Malfoy? -ni siquiera tenía considerado decirlo en voz alta, pero las palabras salieron sin control de su boca. Necesitaba saber cuáles eran esas reglas por las que se guiaba y, por qué no, poder al menos atisbar qué tipo de mujer podía llevarlo a romperlas. Debía ser alguien importante como para ser la única que lo había logrado.

Pero Draco no estaba dispuesto a responder. ¡¿Qué mierda era eso que no podía decir con cuántos hombres se había acostado?! ¿Acaso con Callaghan había pasado algo más en Brasil? Hasta hace un par de meses tenía la certeza que era él único con el que había intimado, se lo había oído accidentalmente en una discusión con Graham y, aunque no lo hubiera escuchado, lo había notado cuando estuvieron en Eastbourne. ¿Y ahora quería que él se desnude admitiendo que ella era la única con la que ni siquiera se cuestionaba en romper sus propios códigos de conducta? ¿Que aunque trataba siempre tuvo una justificación para quedarse más allá de lo permitido con ella? Porque sólo debía mencionar una regla rota y ya podría atar acabos al igual que todo el resto. Sí, sus amigos sabían que había roto la del hechizo anticonceptivo porque caso contrario Scorpius y Antares no existirían, pero no que Hermione Granger había tocado algo tan profundo en él sin darse cuenta que había faltado a las de "no tocar vírgenes" y "no dormir con la amante de turno". ¡Para qué decir de la regla del trabajo de no meterse con empleadas o despedirla en caso de involucrarse con una! Mejor no seguiría por esa línea de pensamiento porque esta semana se había transformado en un suplicio con tanto sueño caliente donde ella era la protagonista; cada mañana despertaba excitado, tan duro que si no recurría a la masturbación cual quinceañero sabía que no tendría un humor mejor al de un ogro. Varías veces estuvo tentado a encerrarla en el baño y que se hiciera responsable de la condición en la que lo tenía. Lo único que lo detenía era su orgullo al saberse no correspondido. Así que simplemente imitó la acción anterior de la chica y bebió hasta el fondo el vaso de whisky de fuego.

-Caitlyn -la rubia inmediatamente le prestó atención- ¿tu prima está actualmente enamorada? -sabía que Granger no le diría nada, lo que no impedía que no averiguara por otro lado. Atacar el eslabón más débil podría ayudar.

La rubia miró a Hermione y tomó el vaso del centro de la mesa y por primera vez bebió whisky de fuego. Comenzó a toser con fuerza y Graham le aplicó suaves masajes en su espalda mientras le pasaba el ardor de garganta. Por su parte Draco no estaba contento ¿quién mierda se había metido en el corazón de Granger?

-Draco -Caitlyn llamó su atención- ¿has tenido aventuras desde que te instalaste en la oficina central de Londres este año?

¡Mierda, mierda! pensó. Quién lo mandó a abrir la boca. Miró a la rubia sin demostrar emoción alguna y de reojo vio a Granger beber de su copa de vino haciendo demasiada presión en la delicada pata de cristal. En términos del juego todos sabían que habrían preguntas quisquillosas y esta en particular no tenía nada de malo. Él era un hombre que no tenía compromiso que lo obligara a guardar fidelidad. Siendo honesto, había dejado de ver mujeres cuando se dio cuenta que estaba sintiendo más de lo necesario con Granger, antes de descubrir la existencia de sus hijos, y después de eso había saciado sus necesidades con sólo tres mujeres, dos brujas y una muggle. ¿Entonces por qué se sentía impedido de responder algo tan simple? ¿Por qué no quería que la castaña lo supiera incluso si ella se había acostado con Callaghan?... ¡pero qué mierda! ¡él era Draco Malfoy no un santo! "No has hecho nada malo", pensó para animarse.

-Sí -respondió finalmente y aunque inmediatamente se arrepintió no tenía razón para mentir ni motivo para hacerlo.

Para Hermione esa afirmación la golpeó como un látigo. Cada vez que le llegaba El Profeta salía una foto con una mujer distinta cerca de él, pero siempre había sido la palabra de alguien más, nunca su aceptación como en este caso. "Nos mataste dos veces" recordó que le dijo cuando se enteró de la existencia de los niños ¿acaso en algún momento había considerado dedicarse a una sola mujer? Al parecer no. Seguía siendo el mismo presumido y mujeriego que en Hogwarts. Un silencio tan pesado cayó tras la respuesta del platino y sentía todos los ojos viajar entre de uno a otro, esperando su reacción. ¿Qué excusa podía utilizar para levantarse, huir y así recuperar el control que había perdido?

"Mírame Granger", pedía Draco en silencio con la esperanza que sus pozos miel le dieran al menos un indicio de lo que sentía... ¿acaso una pequeña señal que no todo estaba perdido? ¿por qué estaba rogando por esperanza? era ridículo pero su corazón tomó un ritmo más rápido sólo esperando que ella alzara la cabeza. Si no lo hacía por voluntad propia diría algo para obligarla a hacerlo pero necesitaba aunque sea una negativa de su parte.

-¿Mamá? -la voz de Scorpius a sus espaldas hizo que todos volcaran su atención hacia él, incluso de la castaña- no puedo dormir ¿vienes un rato conmigo?

-Claro cielo -respondió rápidamente poniéndose de pie y aprovechado la tenue luz que había en la sala, ocultó las lágrimas que tan firmemente había retenido. Caminó hasta encontrarse con su pequeño al pie de la escalera y lo tomó en brazos para llevarlo a la habitación, donde en el calor de su pequeño cuerpo encontró consuelo a su dolor. Al menos era la única que tenía algo puro de Draco que nadie podría quitarle y agradecía a Merlín y Morgana que fuera la viva imagen de él, porque nadie podía poner en duda que en algún momento Draco Malfoy había sido suyo.

Además, al menos lo tenía en sueños... y aunque todos esos días durmiendo juntos habían revolucionado sus hormonas a tal grado que se sentía avergonzada al recordar todas las veces que en mitad de la noche había despertado acalorada y excitada, viéndose obligada masturbarse en más de una ocasión, agradecía que al menos en lo onírico él le siguiera perteneciendo.


Faltaban diez minutos para que dieran las doce y un nuevo año comenzara. Era el primero que la "familia" estaba completa y los niños, aunque algo somnolientos, se mantenían firmemente en pie. Por primera vez las serpientes habían dejado de lado la rígida formalidad pero no por ello desechado la elegancia. Todos, incluidos los niños, vestían trajes de diseñador y se veían cómodos y felices los unos con los otros. Habían tenido una cena maravillosa y ahora, cerca de una mesa dispuesta con la mejor champaña, esperaban el pasar de los minutos.

Cuando Caitlyn comentó que era de buena suerte dar el primer abrazo a una persona del sexo opuesto todos tomaron una posición que se los permitiera, total, no perdían nada con probar. Antares, como no, inmediatamente tomó la mano de su padre y éste le sonrió como sólo lo hacía para ella y Scorpius abrazó a su madre por la cintura. Pansy y Blaise se quedaron junto al otro, porque aunque no dieran el paso tampoco se permitían pensar en no tenerse al lado y dado que tanto los Granger como los Puckle eran pareja, Theo se posicionó junto a Narcisa.

-10... 9... 8... -las voces de todos hacían el recuento- 7... 6... 5... -los cuerpos comenzaron a girarse hacia la persona que abrazarían- 4... 3... -los ojos grises buscaron los miel y los encontraron, pero le rehuyeron demasiado rápido para su gusto- 2... 1... ¡Feliz año! -gritaron todos a la vez.

Los brazos de Draco abrazaron con firmeza el amado cuerpo de su hija cuando saltó de la silla en la que estaba para que la agarrara en el aire. El ya tan normal piquito en los labios fue bien recibido y mientras le volvía a susurrar feliz año besó sus mejillas y coronilla. Hermione hacía lo propio con Scorpius y como si se hubieran coordinado sus miradas se alzaron e intercambiaron a los niños entre sus brazos. Se observaron por algunos segundos pero Robert tocó el hombro de su hija y ella se volteó a su padre con Antares aún en brazos y comenzaron el recorrido de abrazos y buenos deseos hasta que volvieron a encontrarse; era inevitable y ahora ya no tenían a los niños como protección.

El platino levantó una mano para acomodar un rizo rebelde que caía por su mejilla y lentamente se inclinó para abrazarla. Hermione levantó los brazos y los envolvió a la altura de su espalda.

-Feliz año Draco.

-Feliz año Hermione.

Sus nombres escaparon al mismo tiempo, en voz baja, casi un murmullo y aunque lo normal hubiera sido un beso en la mejilla, cuando Draco se separó y posó sus ojos en su sonrojado rostro, su cabeza bajó rápidamente para buscar los labios que de igual forma esperaban por los suyos. Fue un beso que duró un segundo y una eternidad a la vez, insuficiente para dejarlos satisfechos y asombrados de haberlo buscado. Fue tan rápido que nadie alcanzó a percatarse y cuando se dieron cuenta de lo que hicieron, como si fueran expulsados por un resorte se separaron y se sumaron al brindis que los esperaba.


Hola a todas, espero que estén bien dentro de sus actividades, trabajos, estudios y diversos roles que desempeñan. ¡Al fin pude publicar! gracias miles por su reviews que son verdaderas fuentes de ánimo para continuar. Los lee todos y tomo en consideración todos sus alcances, ideas e incluso críticas, que siempre son muy positivas. Entiendo que muchas sufren y rabean por el comportamiento necio de los personajes, pero entre líneas trato de ir aclarando algunas de sus consultas e incertidumbres. Un abrazo a todas y espero que dentro de mi tiempo, que se ha vuelto muy limitado, nos leamos pronto.

Sabina