Valemos la pena

Draco estaba que echaba chispas por los ojos. Estaba furioso con Callaghan y con ella por ese beso compartido pero más aún consigo mismo por haberse marchado tanto tiempo dándoles la oportunidad de acercarse, por haber sido tan necio y por negarse por tanto tiempo sus sentimientos por la castaña. Cuando aterrizó en la chimenea de Granger su corazón prácticamente explotó de alegría cuando al salir fue recibido por los niños que se arrojaron a sus brazos dándole besos y abrazos a la vez que le decían lo mucho que lo habían extrañado. Él devolvió todos los gestos de cariño, aspiró el delicioso aroma de sus cabellos y perfume y disfrutó sentir el calor físico y emocional que le transmitían sus pequeños cuerpos. ¡Por Merlín, cómo los había extrañado! se hizo la promesa de evitar ausentarse por tiempo prolongado y si tenía que hacerlo al infierno con el colegio, los llevaría con él. Inmediatamente recorrió con la mirada la sala esperando ver a Hermione, pero grande fue su desilusión al no encontrarla. Como si Scorpius le hubiera leído el pensamiento se adelantó a informarle.

-Mamá fue a despedir a tío Noah que hoy almorzó con nosotros- sus inocentes palabras fueron un detonante que lograron ponerlo alerta.

Sacó una de las bolsas con hechizo de extensión indetectable en la que les traía parte de sus regalos y se los entregó para que los vieran mientras tanto, asegurándose de esta forma que no lo siguieran. Tenía un mal presentimiento y no se equivocó. Cuando cruzó la puerta se detuvo y miró a su alrededor divisando a Callaghan unos diez metros más allá, en la acera junto a su coche, justo cuando agarraba por los hombros a Granger para evitar que cayera. Lo vio cambiar su expresión y lamentó no contar con las famosas orejas extensibles de los gemelos Weasley porque debido a la distancia no tenía cómo saber lo que estaban hablando. A medida que lo vio inclinar la cabeza quiso hacer notar su presencia pero se detuvo al comprender que no podía hacerlo ¿cómo justificaría al trigueño el haber llegado a la casa en el lapsus que él recién la había abandonado y sin hacerlo en taxi o automóvil? ¡Maldito sea y se lo llevaran los dementores!. Lo peor fue presenciar en cámara lenta cómo se acercaba a Granger y esta se dejaba besar ¿acaso la había perdido? No, no podía ser, no lo aceptaba... tal vez su rival haya ganado terreno pero él no se rendiría sin luchar, simplemente era demasiado egoísta para sacrificar su felicidad y dejarla ir sin dar pelea. Se obligó a observar sus posturas y gestos, no era mucho lo que podía concluir a esa distancia por lo que cuando se percató que Callaghan se marchaba se ubicó junto a la puerta para esperarla. Inspiró y exhaló varias veces tratando de retomar la calma, no quería cometer una idiotez que la empujara aún más a los brazos del trigueño; sin embargo, cuando ella lo vio y comenzó a tartamudear no pudo evitar las palabras celosas que arrancaron de sus labios.

-Hola Granger, bonito espectáculo -quiso lanzarse un avada kedavra cuando terminó la oración. "Contrólate Malfoy o la seguirás cagando" se ordenó al notar cómo se tensaba y su rostro adoptó una expresión herida. Cuando ella se recuperó y endureció sus facciones supo que tenía que arreglar pronto la situación si no quería que toda su determinación se fuera al carajo. Había vuelto para conquistarla y lo estaba haciendo todo mal, no podía darse el lujo de ser vencido por su propia estupidez así que cuando pasó a su lado la detuvo con suave firmeza y esperó uno, dos, tres, cuatro segundos hasta que levantó el rostro y sus pozos mieles se posaron en los suyos- lo siento Granger, estuve fuera de lugar -su expresión descolocada lo puso nervioso y se llevó las manos al cabello para acomodarlo- sólo me sorprendió enterarme de esta manera sobre tu relación con Callaghan -como la serpiente manipuladora que era escogió las palabras precisas que le permitieran esclarecer el terreno que estaba pisando para rediseñar su estrategia de cortejo.

Hermione por su parte no podía apartar los ojos de su rostro. Literalmente se lo estaba comiendo con la mirada y su delicioso perfume a madera almizclada con toques a pimienta y yerba buena inundó todos sus sentidos, sino fuera porque se había puesto alerta ante su actitud hostil y sus frías palabras no hubiera escuchado sus disculpas. Y allí cayó en la cuenta ¡Se estaba disculpando! esperaba un ataque frontal aprovechando que los niños no se encontraban cerca para increparla pero nunca una disculpa ¿qué estaba sucediendo? ¿acaso en este tiempo lejos había conocido a alguien y por eso nada de lo que ella hiciera tenía alguna importancia para él? ¿Debía retroceder? No, se había prometido luchar y se juró no acobardarse, no perdería sin dar batalla y aclarar esta situación era el primer paso, le creyera él o no. Uno de los dos al menos debía mostrar algo de honestidad y dar el paso.

-Me creas o no ese beso que presenciaste es lo más cerca que he estado emocionalmente de Noah y aunque me pidió una oportunidad no pude dársela -dijo forzándose a no bajar la mirada ante la intensidad de los orbes plata y dar credibilidad a sus palabras. Lo observó achicar los ojos que no abandonaron su rostro, registrando cada gesto, cada detalle.

-¿Por qué? -preguntó con voz suave.

-Porque sólo es un buen amigo y no quiero lastimarlo- observó cómo tras sus palabras un nuevo cambio se produjo en su endiabladamente atractivo rostro: sus labios se elevaron en una sonrisa dirigida a ella.

Draco estaba tan feliz que hubiera bailado un vals con McGonagal y Trelawney de cada mano, para luego seguir con la profesora Sprout. Al aclarar ese beso Hermione también le había dicho sin querer que nada había sucedido con Callaghan en el viaje a Brasil ni durante estos quince días. Aunque este pensamiento lo estuvo molestando desde navidad no podía ser tan hipócrita de exigirle abstinencia si él la había cagado follándose a unas cuantas muggles y brujas durante estos meses tratando de olvidarla, llevándolo a aceptar que había perdido ese derecho de exclusividad. Pero ahora se sentía eufórico al saber que seguía siendo sólo su mujer, que nadie la había tocado como lo ha hecho él. Se sentía estúpido, incluso cursi ante este pensamiento porque para él la virginidad de las mujeres que llegaban a su lecho nunca había sido relevante y no las definía a sus ojos, de hecho las rehuía porque las consideraba un problema, pero en el caso de Granger no, incluso antes de poseerla extrañamente había valorado su primera vez y lo seguía haciendo hasta ahora. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no mostrar sus emociones, abalanzarse sobre ella, besarla y abrazarla como tanto deseaba porque el hecho que no amara a Callaghan no significaba que lo amara a él. "Sé cauto Malfoy, no te aceleres", se dijo. Esta vez lo haría bien, la cortejaría, enamoraría y le pondría un anillo matrimonial en su dedo anular izquierdo para que nunca pueda huir de él.

-Aunque no tengo un giratiempos para rectificar mi saludo anterior creo que al menos puedo tener la oportunidad de repetirlo correctamente -nuevamente volvió a sorprenderla cuando descendió lentamente hasta posar sus labios en su mejilla y depositar un cálido y casto beso- hola Granger, he vuelto a casa -su aliento cálido golpeó su oreja y comienzo del cuello antes de volver a toda su altura y observar su reacción desde su metro noventa y tres. ¡Merlín, era tan naturalmente hermosa y su olor...! la extrañó tanto como a los niños. Justamente los gritos y risas alegres de los gemelos lo sacó de su contemplación llamando la atención de ambos, desviando la mirada en esa dirección- ¡vamos con nuestros hijos antes que hagan algún destrozo! -la apuró cerrando la puerta y colocando su mano en su espalda baja para guiarla donde se encontraban.


El corazón de Hermione bombeaba a mil por hora, estaba segura que si no se calmaba tendría un colapso. ¿Qué estaba sucediendo? aún podía sentir la sensación de los labios de Draco en su mejilla y el estremecimiento que recorrió su cuerpo cuando su aliento mentolado golpeó su oído. En el corto recorrido que había hecho del recibidor a la sala su mano se había mantenido firme y posesivamente en su espalda baja, próxima a su cuerpo aunque estos nunca llegaron a tocarse. Cualquier divagación que tenía contemplada al respecto desapareció cuando vio la cantidad de regalos que los niños tenían desperdigados por el suelo; cada uno tenía al menos ocho de distintos tamaños.

-¡Malfoy, esto es una locura! ¿cómo se te ocurre traerle tantos regalos? ¡los terminarás malcriando! -le reprochó con enojo volteándose hacia él para enfrentarlo. Su sonrisa ladina sólo aumentó su molestia y cuando cuadró los hombros se dio cuenta que había más- ¡no... no y no! ¿acaso esos no son todos? -lo acusó echando chispas por los ojos.

-Tal vez me podría declarar culpable de eso -aceptó sacando otra bolsa con el hechizo de extensión indetectable que expandió para entregarles sus otros regalos frente a una cada vez más iracunda chica- ¡vamos, no es para tanto Granger, recorrimos nueve países estos días y habían tantas cosas para los niños que me tuve reprimir para no traerles más! -se defendió- ¡además no tienes moral, cuando fuiste a Brasil al menos le trajiste cinco a cada uno y sólo estuviste en dos lugares!

-¿Esa es tu defensa Draco Malfoy? -dijo bajando un poco el tono. ¡Maldito hurón, tenía un buen punto! a ella también le resultaba difícil medirse en comprarles cosas cuando salía de Inglaterra. Movió la cabeza negativamente y suspiró, no había mucho por hacer y los niños estaban felices desenvolviendo sus regalos.

Draco sonrió cuando se dio cuenta que su argumento la había hecho claudicar en su reprimenda y optó por ir a sentarse en el suelo con los niños para ayudarles a quitar los envoltorios de los que aún les faltaban por abrir. Al romper los papeles estaba disfrutando tanto como ellos.

Disimuladamente, Hermione se deleitó observando el contraste de su piel con el terno negro, la camisa azul rey y la corbata en un tono más claro que llevaba puestos, demasiado formal para una visita a los niños, como si viniera saliendo de una reunión.

-¿Pasaste por la villa a saludar a tu madre? -preguntó curiosa.

-No, apenas terminó la reunión fuimos al Ministerio Español y viajé directamente por red flu hasta acá-dijo confirmando su suposición mientras seguía con su tarea de ayudar a Antares a extraer las matrioshkas más pequeñas del envase principal- extrañaba mucho a los niños como para detenerme en otra parte y quería verlos pronto -en la última frase la miró directamente y la intensidad de sus mares plata la hizo estremecer nuevamente ¿ese último comentario también la incluía ella?

-Tú eres el mejor regalo del universo papi -dijo Antares parándose frente a él y abrazándolo por el cuello aprovechando que al estar sentado en el suelo quedaba a su altura.

-Sí -se sumó Scorpius imitando el gesto de su hermana y colgándose también a su cuello- es genial que hayas regresado, te extrañé demasiado, de aquí a la luna.

Draco cerró el abrazo alrededor de sus pequeños cuerpos y Hermione juraría que sus ojos se cristalizaron por las palabras de los niños antes de cerrarlos, al tiempo que inspiraba su olor y besaba sus cabellos. Cuando volvió a abrirlos estaba totalmente recuperado y nuevamente mirándola fijamente por sobre los hombros de los gemelos murmuró:

-Yo también los extrañé -su voz sonó ronca y segura, provocando otra vez que su corazón latiera desbocado.

-¿No le trajiste nada a mamá? -preguntó Tari inocentemente soltándose del abrazo de su padre y volviendo a sus regalos mientras Scorpius se sentaba entre sus piernas y lo miraba por encima de su hombro para oír su respuesta.

Hermione no pudo evitar ponerse nerviosa porque obviamente conocía la respuesta y de alguna manera el que no le haya dedicado un espacio para pensar en ella la hería. Iba a inventar una excusa para escapar a la cocina y recomponerse cuando el platino llevó la mano al bolsillo derecho de su elegante saco y extrajo otra bolsa que había mantenido aparte.

-Por supuesto que hay regalos para mamá ¿quieres dárselos? -le preguntó a Scorpius al oído provocándole cosquillas. Con un asentimiento y otras carcajadas más se puso de pie y entregó la bolsa a una estupefacta castaña que lo miraba sin poder creer que haya tenido esa consideración para con ella.

-¡Mamá... mamá! -la llamó Scor tirando del extremo de su sweater rojo vino para llamar su atención. Como en un sueño bajó su rostro para mirarlo y tomó la bolsa que le extendía- ¡mamá estás como ida! -se rió su pequeño y volvió a su posición anterior entre las piernas de su padre esperando que ella también abriera sus regalos.

-¿No los sacarás mami? -la instó Tari corriendo hacia ella y jalando nuevamente su sweater para que también se sentara en el piso, quedando las dos frente a los rubios.

-Por supuesto tesoro -le respondió aclarándose la garganta y con las mejillas rojas adentró su mano percatándose que en su interior había varios objetos. El primero que sacó era un antiguo libro de aritmancia que llevaba mucho tiempo deseando comprar pero que por falta de tiempo no lo había hecho; el segundo regalo la dejó impactada porque era un libro de runas antiguas que por la fragilidad de su empastado dedujo que era más antiguo que algunos ejemplares de otras asignaturas que se conservaban en Hogwarts, es más, no habían copias de este en particular en Inglaterra y siempre pedía a todos sus amigos que se lo buscaran cuando viajaban a lugares desconocidos ¿acaso había puesto atención a sus conversaciones cuando se reunían? y finalmente el tercero era una hermosa matrioshka tallada en abedul pero que a diferencia de la Tari, que era pintada, esta marcaba el diseño con elaborados relieves de intensos colores rojo, verde y plata. Al observarla con más detalle se pudo percatar que habían inscripciones en runas antiguas en el contorno inferior que más tarde se daría el trabajo de traducir. No pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas por el detalle del platino porque no eran regalos al azar, alguien se había dado el trabajo de buscarlos para ella, alguien que la conocía muy bien- gracias -susurró apretando sus presentes contra su pecho.

-Fue un placer -respondió el rubio no perdiendo detalle de sus expresiones, contento de haberse decidido por lo que sabía a ella más le gustaría.

-¡Te hicimos un pastel de bienvenida! -gritó Tari poniéndose de pie y tirando de la mano a su padre para guiarlo a la cocina.

Con calma se levantó llevándose consigo a Scorpius a quien colgó de la cadera mientras el pequeño reía y se sujetaba con fuerza su saco para no resbalar, aunque la castaña sabía con certeza que el platino jamás lo dejaría caer. Al verlos su sonrisa se ensanchó pero de inmediato su corazón golpeó al pensar que ella aún no formaba parte de esos abrazos. "Aún" se recordó, porque haría todo lo posible para llegar al corazón del rubio por lo que con paso decidido los siguió a la cocina.


Desde ese momento todo había transcurrido gratamente para todos. Draco saboreó y alabó el pastel, que según su apreciación era el más exquisito que había probado en su vida provocando una gran sonrisa en los niños; les contó que tuvo que defender sus galletas a capa y varita porque había sorprendido a sus amigos robándoselas cuando lo iban a buscar a su habitación, sacando carcajadas en la castaña que ya se lo imaginaba batiéndose a duelo con Blaise o Theo tratando de salvarlas. Respondió las miles de preguntas que una tras otra le hicieron los gemelos y detalló las ciudades en las que estuvo, prometiéndoles llevarlos consigo para la próxima ocasión.

La hora pareció volar y con renuencia los niños aceptaron dejar que su padre los acostara mientras Hermione ponía todo en orden en la cocina para luego continuar con la sala, al ver el deplorable estado con un hechizo limpió el desastre de envoltorios y ordenó los regalos. Pasaron los minutos y el platino no bajaba, cuando los minutos se transformaron en dos horas decidió subir a ver qué sucedía y poner orden si los gemelos se mostraban reacios a dormir; sin embargo, cuando entró a la habitación esta estaba completamente en silencio y Draco yacía dormido en la cama de Scorpius con este firmemente pegado a su costado y Tari durmiendo sobre su pecho. El saco y chaleco del terno descansaban colgados en una silla junto al pequeño escritorio y se veía algo acalorado con la corbata ¿qué debía hacer? ¿lo despertaba?. Intentó quitarle a Tari de encima pero aún en sueños cerró el abrazo sobre el cuerpo de su hija impidiendo que lograra moverla un centímetro. Se veía realmente relajado, su sueño era profundo y tranquilo, por lo que con un suspiro optó por dejarlo dormir con ellos hasta que despertara por sí solo. Al observarlos a los tres sabía que en cualquier minuto alguien se movería y uno de ellos se caería, resolviendo hacer algo al respecto. Con sumo cuidado levitó la mesita de noche que había entre ambas camas, encogió la que estaba vacía y aplicó un hechizo de extensión a la estaban utilizando, poniendo especial resguardo que la ampliación fuera hacia los lados y ellos quedaran al centro; por suerte ninguno despertó. Despacio le quitó los zapatos y calcetines al rubio, hizo desaparecer la corbata y transformó su camisa y pantalón en un pijama de algodón para que durmiera más fresco. Contenta con los resultados los cubrió con el cobertor y aplicó un hechizo de temperatura ambiente para que no se acaloraran durante la noche.

No supo cuanto tiempo permaneció sentada en la silla observándoles dormir. Era la primera vez que podía darse ese lujo, las tres cabezas platinas muy juntas y los brazos de Draco rodeando el cuerpo de sus hijos mientras sus bracitos también lo sujetaban de la ropa como para impedir que se marchara. Sus atractivas facciones transmitían una serenidad que raras veces ella observaba en su trato diario, sus labios estaban algo levantados en una sonrisa, al parecer estaba teniendo un sueño muy agradable y su cabello, un poco más largo que cuando partió, caía sedoso levemente cubriendo parte de sus ojos. Cuando comenzó a bostezar decidió ir a su habitación y dormir también, mañana sería un domingo ajetreado con el almuerzo programado por Narcisa. Tratando de no hacer ruido se acercó hasta los durmientes depositando un beso en la coronilla de los niños y sin detenerse a pensarlo hizo lo mismo con Draco. En el marco de la puerta les dio una última mirada y apagó la luz.

-Buenas noches mis amores -susurró al aire y cerró la puerta tras ella dirigiéndose con paso lento a su dormitorio.

Su compulsividad por el orden le impidió dormir antes de acomodar en su cómoda principal la matrioshka que le regaló Draco; junto a ella puso sus nuevos libros y se metió a la cama. Luego de acomodarse apagó la lámpara y se abrazó a la almohada pensando en las tres personas que eran el centro de su vida y que dormían plácidamente unos metros más allá. Se sintió feliz al pensar que él por primera vez estaba durmiendo en su casa y no había ido a encontrarse con nadie más. Antes de quedarse profundamente dormida con satisfacción pensó que esa noche, en un sentido egoísta, él era completamente de ellos.


Cuando Draco despertó a la mañana siguiente el calor del cuerpo de los niños fue lo primero que sintió. Observó a su alrededor y se percató de los cambios realizados en la habitación: la cama había sido ampliada y sus ropas transformadas, no era algo que él hubiera elegido pero eran bastantes cómodas y prácticas. Su sonrisa se ensanchó al pensar que Granger lo había dejado dormir allí por primera vez y se prometió que no sería la última, aunque preferiría hacerlo en la cama de ella. Besó la coronilla de los niños y con cuidado salió de la cama para no despertarlos dirigiéndose al pasillo en busca de la castaña que imaginó que ya estaría levantada, se sentía feliz y exquisitamente descansado. Caminó descalzo por la casa pero no la encontró ni en la cocina ni en ninguna de las habitaciones del primer piso por lo que subió nuevamente parándose frente a la puerta de su dormitorio.

Su corazón latió violentamente cuando recordó la desnudez de su cuerpo cuando entró hecho un basilisco hace meses atrás y sonrió ante la estupidez de su comportamiento en esa oportunidad. Tocó suavemente y esperó unos segundos, resolviendo entrar cuando no recibió ninguna respuesta; ella aún dormía. Ahora que podía observarla a su antojo recorrió la silueta de su pequeño cuerpo dibujado por las mantas y atravesado en la cama, signo que no estaba acostumbrada a compartir ese espacio con nadie; sus largos rizos desparramados en la almohada le daban un aspecto salvaje y su rostro se veía tranquilo. Se acercó despacio y se sentó al borde de la cama, admirando su piel cremosa y las casi invisibles pecas de su nariz. La parte de su cuerpo que no cubrían las mantas, brazos y hombros, mostraban aquel pijama de ositos que usó cuando estuvieron en Eastbourne, arrancándole una sonrisa ante el recuerdo; esta era la tercera vez que la veía llevarlo puesto deduciendo que debía ser uno de sus favoritos. Al recorrer la habitación con placer observó la matrioshka y libros que le regaló en el centro de su cómoda, acomodados con sumo cuidado como si fueran un tesoro, pero lo que más le llamó la atención fue ver justo en la mesa de noche el reloj que se le quedó olvidado cuando cenó la noche antes de su viaje, como si todo este tiempo lo hubiera mantenido cerca de ella. Inspiró profundamente y su aroma, concentrado en la habitación, llenó sus pulmones. Inconscientemente su brazo se estiró para acariciar su rostro pero cuando estaba por rozarlo se contuvo ante el temor de despertarla, no quería tentar su suerte y que lo echara a patadas, así que optó por invocar una lapicera muggle y una hoja para escribirle una nota. Dándole una última mirada se marchó hacia la villa esperando que pronto los tres se encontraran allí con él. Aún no se marchaba y ya los extrañaba.


Tres días habían pasado desde el regreso de Draco la tarde del sábado y todo había retomado su ritmo habitual, o al menos superficialmente, porque Hermione notaba sutiles detalles que por un lado la descolocaban pero por el otro le daban esperanzas. Para comenzar Draco estaba más accesible, lo notaba en el timbre de su voz sin indicios de rencor cuando le hablaba; si se encontraban en espacios cerrados que implicaban que sus cuerpos entren en contacto no se alejaba, muy por el contrario, el día anterior la había tomado por la cintura y pegado totalmente a él, utilizando su cuerpo como barrera cuando un numeroso grupo de personas había entrado de golpe al ascensor llenando todos los espacios y empujando para que cupieran todos. Draco sólo les había lanzado una mirada molesta pero cuando su rostro se volvió hacia ella una sonrisa juguetona escapaba de sus labios. "Suerte la tuya pequeña que estoy aquí para que no te aplasten" le había dicho y en ese momento, si no la hubiera tenido firmemente sujeta y pegada a él, estaba segura que hubiera caído al piso de la pura impresión. Es más, aunque el espacio fue quedando despejado poco a poco no la soltó hasta que el ascensor se abrió en su piso, empujándola con suavidad cuando se abrieron las puertas para que saliera aún descolocada, cuando se volvió alcanzó a verlo apoyado despreocupadamente en la pared trasera de espejos con sus ojos grises fijos en ella, no tuvo tiempo a decir nada porque las puertas volvieron a cerrarse conduciéndolo al piso 26, el piso de las serpientes.

¿Qué le estaba pasando al rubio? con todos estos cambios de actitud ni siquiera había podido pensar una forma de acercarse a él que no sea utilizando a los niños, algo que rechazaba de raíz. Quería asegurarse que Draco la amara por ella, no porque era lo mejor para sus hijos. Tal vez inventar algún trabajo que lo forzara a estar con ella y sus mentes volvieran a enfrentarse en acaloradas discusiones donde ponían todo su ingenio para conducir todo a un extraordinario resultado o tal vez...

-Creo que esa rebanada ya tiene más que suficiente mermelada -lo escuchó decir a sus espaldas, provocando que soltara el pan que tenía en la mano y se volviera abruptamente hacia él.

-¡Mierda! ¡Malfoy, por Merlín! casi me matas del susto -le reprochó molesta mientras se limpiaba la mermelada que escurrió entre sus dedos y miraba el reloj de la cocina extrañada- ¿y me podrías decir qué haces en mi casa a las siete cinco de la mañana?

-Vocabulario Granger, estamos educando...

-¡Papá! -gritó contento Scorpius cuando lo vio al entrar a la cocina, arrojándose a sus brazos para que lo alzara. Como si la hubieran invocado, Antares salió de la nada y también se lanzó hacia su padre, abrazándose a su cuello y dándole un sonoro beso en la mejilla.

Tras apretarlos entre sus brazos y corresponder sus muestras de afecto Draco los depositó con cuidado en el piso y volvió su mirada hacia ella.

-Si no te molesta y algo de eso alcanza para mí, además de desayunar con ustedes hoy te acompañaré a dejar a los niños al colegio -indicó mientras se apoyaba en la isla observándola detalladamente- tengo entendido que desde que los cambiamos de colegio tienes que sortear más tránsito matutino y creo que es justo que también compartamos esa carga ¿no crees?

Hermione lo miró asombrada. ¿Qué se había perdido en estos días que no lograba entender nada? ¿Y lo que le estaba proponiendo ahora qué quería decir? No se trataba sólo de ir a dejar a los niños al colegio juntos, sino lo que eso proyectaba hacia los demás padres y lo que podrían malinterpretar sus colegas al verlos llegar juntos a la oficina.

-¿Por qué? -no entendía esta nueva actitud.

-¿Por qué qué? -contra preguntó.

-Es solo que...

-¡Nos llevarás al colegio también? -exclamó contento Scorpius interrumpiendo a su madre y ante el asentimiento de Draco una gran sonrisa se dibujó en sus labios- ¡genial! ¿vendrás todos los días a llevarnos?

-Si a tu madre no le incomoda... -no quería presionar tanto su suerte, sólo quería demostrarle a Hermione que podían ser una familia y que estaba dispuesto a asumir todas las responsabilidades que conllevaba la paternidad. Además, cada vez que se iba a dormir al día siguiente le parecía que los niños habían crecido en su ausencia y ya no quería seguir perdiendo momentos con ellos; quería estar siempre allí. Se automofó de sí mismo ante tales pensamientos pues cuando se incorporó al mundo muggle y escuchaba a los ejecutivos jóvenes hablar sobre "colaborar con su mujer" lo primero que pensó fue que se comportaban como elfos domésticos, pero desde que los niños comenzaron a quedarse con él y debía llevarlos al baño, ayudarlos a ponerse la ropa y hasta bañarlos, descubrió que disfrutaba de esos momentos que definitivamente los acercaban más. Le gustaba ser un padre presente, pero también quería ser un compañero presente. Así que mientras todos estos pensamientos cruzaban su mente sus ojos estaban fijos en la castaña esperando su respuesta.

Hermione no sabía qué decir. Todo le parecía tan inaudito, tan irreal que estuvo a punto de decirle que no era necesario porque en el fondo su lógica aún no lo procesaba y llegaba a una conclusión coherente. Por suerte esa voz impetuosa que la llevaba a tomar decisiones ilógicas habló primero por ella y sin darse cuenta se vio asintiendo e indicándole con la mano que tomara asiento.

El desayuno transcurrió entre risas y adivinanzas infantiles que hacía reír a los adultos. Draco ocupó el mismo puesto que la vez anterior y disfrutó el café de grano con tostadas que le sirvió la castaña mientras los niños comían cereales con frutos secos y leche. Como no, apenas terminaron la castaña los envió en tres tiempos a lavarse los dientes y bajar sus mochilas para partir al colegio.

Para Hermione fue extraño cederle el puesto de conductor a Draco en su todoterreno y el viaje se le hizo más rápido que de costumbre al irle dando directrices. En dos oportunidades Draco pasó de largo y debieron dar la vuelta a la manzana, provocando que los niños se burlaran y él se mostrara falsamente ofendido. Aunque algo en su subconsciente se lo esperaba, no pudo dejar de molestarle que cuando bajaron a los gemelos del automóvil y los llevaron a su sala de clases varias mujeres prácticamente se lo comieron con los ojos y las más audaces incluso le hicieron un guiño. Sin embargo y para su sorpresa, él sólo se concentró en hablar con los niños y hacerle preguntas a ella, ignorando completamente los abiertos coqueteos de las mujeres que hacia ella sólo dirigieron miradas de envidia. ¡Y cómo no, si muchas de ellas estaban "felizmente" casadas con hombres que les doblaban la edad!. De regreso al automóvil fue la misma tónica y ya no estaba tan segura que venir a dejar a los niños con el platino fuera tan buena idea.

-¿Te molesta que haya venido? -le oyó preguntar, arrancándola de sus celos y deseos asesinos contra una morena que parecía modelo y lo miraba con descaro.

-No -se apresuró a contestar- por supuesto que no, los niños estaban felices.

Draco se detuvo y se colocó frente a ella, poniéndola inmediatamente alerta. Con lentitud alzó la mano y la llevó al ceño de la chica, haciendo círculos en ese punto hasta que las líneas de expresión se disiparon.

-Entonces cuéntame qué es lo que te molesta tanto, estás tensa -presionó.

-No me pasa nada Malfoy -respondió demasiado rápido y la astuta serpiente alzó una ceja dándole a entender que no le creía por lo que con un bufido añadió- está bien, me molesta el descaro de algunas madres, te han coqueteado descaradamente incluso con los niños presente; ya sabes lo posesiva que es Antares. Podrían tener algo de respeto al menos por ellos.

-¿Estás celosa Granger? -ahora una sonrisa se dibujaba en sus labios.

-Por supuesto que no -negó de inmediato y lo rodeó para llegar hasta el automóvil, mas no alcanzó a dar un par de pasos cuando lo sintió tomarla de la cintura y pegarla a su cuerpo- ¿qué haces?

-Pues poner fin a esas miradas supuestamente lascivas que dices me envían las otras madres.

-Malfoy -su cara estaba completamente roja y su corazón acelerado- esto puede malentenderse, no somos una pareja.

"No aún" pensó Draco haciendo caso omiso de la cara de la castaña a quien continuó guiando pegada a su cuerpo y cuando llegaron al coche le abrió caballerosamente la puerta del copiloto.

-Pero como dijiste -su voz la detuvo antes que subiera- Antares es posesiva y es mejor dejar claro que no estoy disponible ¿no crees? -y guiñándole un ojo cerró la puerta para dirigirse a ocupar su puesto tras el volante, dejando nuevamente a Hermione totalmente descolocada.

El trayecto hacia la oficina fue silencioso aunque no incómodo, cada cual absorto en sus cavilaciones, planeando la mejor forma de acercarse al otro.

Hermione definitivamente no entendía qué sucedía con Draco, prácticamente le había coqueteado en el estacionamiento del colegio y ella se había quedado paralizada sin que ninguna de sus neuronas se activara de forma inteligente, pero ¿qué podría haber hecho? ¿tirarse sobre él como deseaban hacerlo las otras madres? ¿dejarle ver que estaba disponible? ¿seguir el coqueteo? Algo estaba sucediendo con el platino, su comportamiento era totalmente distinto a cuando partió impidiéndole tomar la iniciativa de una forma sutil para tantear el terreno. ¿Qué debería hacer? Fingiendo ver las calles aledañas que iban pasando lo observó de reojo. Durante el viaje a Eastbourne le había quedado claro que era un excelente conductor, seguro y con excelentes reflejos, sin duda producto de la práctica como buscador en el equipo de quiditch de su casa; como siempre iba impecablemente vestido con un terno a la medida que le sentaba maravillosamente, ese tono grafito sólo lograba que sus ojos se vieran más intensos, más profundos y sus rasgos no mostraban ni una pizca de tensión, como si disfrutara el estar compartiendo ese espacio con ella. "Di algo inteligente" pensó, pero nada venía a su cabeza que no le pareciera burdo; definitivamente cuando repartieron los dones de conquista y sensualidad ella ya había emprendido la marcha. La fuerte lluvia que comenzó a azotar como un diluvio el parabrisas la sacó de sus tumultuosos pensamientos y pensó que al menos el clima era un tema neutro de conversación. Mas su intento quedó atrás cuando Draco ingresó al estacionamiento subterráneo del edificio de oficinas donde se encontraba Dragonet. Había pasado con él veinte minutos en los que no había sido capaz de formular ningún tema que le pareciera medianamente inteligente y ahora su tiempo se había agotado. ¡Si no se espabilaba demoraría años en siquiera dar un paso adelante!

Estaba por abrir su puesta cuando el rubio lo hizo por ella, tendiéndole la mano para ayudarla a bajar. Hermione se ruborizó ante el gesto; en muchos aspectos se reconocía una feminista independiente, pero no por eso dejaba de gustarle la caballerosidad de los Slytherins, esos pequeños detalles que el hombre moderno ya estaba perdiendo en pos de la igualdad y que de ninguna manera la hacía sentirse disminuida, sino más bien valorada, mimada e incluso protegida.

-Tengo entendido que a las diez expondrán con Callaghan los resultados del viaje a Brasil -señaló Draco mientras caminaban hacia el ascensor, sacando nuevamente a Hermione de sus cavilaciones.

-¡Tienes razón! -se le había olvidado completamente que hoy era el gran día- quedó de llegar más temprano para revisar por última vez la presentación por si existe algún detalle del que no nos hayamos percatado.

Draco contuvo las ganas de bufar y hacer un comentario sarcástico. Él la conocía a la perfección y estaba seguro que ese trabajo no tenía errores y que sería perfecto al abordar absolutamente todas las aristas que requerían para comenzar la inversión; Callaghan sólo se agarró de un pretexto para pasar un tiempo con ella a solas.

-Estoy seguro que está todo perfecto -aseveró dejándola entrar primero al elevador y posicionándose a su lado al fondo del mismo. Al mirarla hacia abajo adoró el rosa que se apoderó de sus mejillas con el halago- no sé de qué te sonrojas, eres una de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida.

-Si yo soy una ¿quiénes serían las otras? -preguntó alzando el rostro para mirarlo a los ojos y desviar el tema de ella.

-Sin que se preste a malas interpretaciones de tu parte he conocido varias mujeres que son muy inteligentes y que ocupan distintas cargos y profesiones -reconoció- curiosamente más en el mundo muggle que en el mágico... ya sabes lo fuerte que es aún el machismo allí lo que impide que las mujeres, sobre todo las sangre pura, puedan brillar con luz propia -sonrió por la sorpresa que tenía dibujada la castaña en el rostro- aunque no lo creas me molesta que se piense que una mujer bella no es inteligente, eso hablaría mal de nosotros los hombres que nos acercamos a ellas ¿no crees?

-Y de las mujeres que sí conozco ¿cuáles según tú serían inteligentes?

-Mi madre, por supuesto, Pansy y aunque me duela aceptarlo Luna Lovegood -Draco se vio a sí mismo perplejo de haber mencionado a la rubia en su lista.

-¿Hablas en serio con respecto a Luna? -preguntó la castaña porque nunca imaginó que pudiera pensar así de ella.

-Curiosamente sí. Tiene una forma extraña de ver el mundo, incluso es altamente intuitiva y cuando se trata de descolocar a alguien con sus argumentos incluso te supera -recordó lo ocurrido en Rusia sin contar que sin siquiera proponérselo tiene en su mano el corazón de Theo. Pero eso era algo que aún no podía contar a la castaña- ¡ah! y la más reciente es nuestra princesa -se sumó a la risa de ella cuando mencionó a Antares- ¡vamos Granger! sólo tiene seis años pero a veces creo que es más inteligente que nosotros dos juntos, igual que Scorpius.

-El amor de padre te ciega -lo contradijo sólo por molestarlo, porque concordaba totalmente con él.

-Absolutamente no, soy totalmente objetivo en este caso -insistió- además que nuestros hijos sean perfectos es sólo un bono adicional.

-Ves, estás siendo imparcial -lo volvió a picar, le encantaba el orgullo que destilaba su voz cuando hablaba de los niños.

Lo que no consideró fue que él se posicionara frente a ella y pusiera ambas manos a la altura de su rostro para inmovilizarla.

-Granger lee bien mis labios -dijo mientras acercaba su rostro al de ella para que pudiera hacer lo que pedía- nuestros hijos son P.E.R.F.E.C.T.O.S -remarcó cada letra haciendo llegar su aliento mentolado a los labios de ella y provocando que inconsciente los entreabriera para atrapar su calidez. Su voz sonó ronca cuando agregó- no habrá en este mundo ni el mágico seres más perfectos que nuestros hijos -remarcó.

La vio asentir y sonrió satisfecho, pero cuando ella mordió nerviosamente su labio inferior lo dominaron las ganas de besarla y mandó la idea de ir con calma al carajo. Necesitaba sus besos tanto como respirar. No alcanzó siquiera acercarse a su boca cuando un carraspeo llamó su atención a sus espaldas.

-Cualquiera que los viera pensaría que están a punto de tener la escena de 50 Sombras de Grey en el elevador.

Hermione y Draco se volvieron para mirar a Graham que los observaba con burla mientras se situaba junto a ellos y más personas ingresaron tras él. No se habían percatado el momento en el que el elevador se había detenido en el primer piso ni mucho menos cuando las puertas se abrieron. Draco no sabía de bendecir o maldecir la interrupción. A regañadientes se alejó de la castaña y se ubicó junto a ella apoyando la espalda contra la pared en forma despreocupada.

-¿Así que hoy es el gran día enana? -la pregunta era más que nada para rellenar el silencio pues había notado el aire un poco tenso entre su prima y el blondo, aunque debía reconocer que más bien era una tensión sexual. Había sido él quien había propuesto el día de hoy para llevar a cabo la reunión, se estaban retrasando demasiado y eso los podía llevar a perder el negocio- te entregaré un detalle de la presentación al final de la tarde para resolver si partimos con la inversión pronto -dijo mirando a Draco.

-No será necesario -denegó el platino- pienso asistir así que resérvame un puesto.

Cualquier pregunta que hubieran podido realizar los primos se vio interrumpida cuando Draco les indicó con su mano que habían llegado a su piso. Graham quiso preguntarle qué sucedía porque hasta donde él sabía, hasta antes del viaje del platino, sólo recibiría los reportes con las observaciones pero no participaría de la reunión. Y ahora no sólo cambiaba de opinión sobre su asistencia sino que también se mantenía casi rozando el cuerpo de su prima, algo que había evitado constantemente desde que supo de la existencia de los niños ¿qué había cambiado? Cuando ambos vieron cerrarse las puertas en el piso veinticinco quedó mirando interrogativo a la castaña.

-¿Me perdí de algo?

-Estoy tan perdida como tú, Graham -la voz de Hermione era insegura- todos estos días se ha comportado extraño.

-¿Qué tan extraño?

-Hoy desayunó con nosotros y me acompañó a dejar a los niños al colegio -le contó provocando el asombro de su primo- me dijo que correspondía que compartiéramos esa responsabilidad porque había sido su idea cambiarlos a un establecimiento que significaba que yo tuviera problemas con el tránsito.

El rubio observó detenidamente a su prima y sonrió. Ese cambio sólo podía significar una cosa y rogaba a Dios no equivocarse; ya era hora que Draco reaccionara. Con su perspicacia habitual también notó un cambio que no sólo afectaba al platino sino también a ella, algo muy importante estaba sucediendo con ellos, más de lo que querían demostrar.

-¿Hay algo que quieras contarme Jane? -sus sospechas aumentaron cuando la vio morderse los labios y esquivar su mirada.

-Tal vez, pero no es el momento de conversarlo porque pronto llegará Noah, hablemos otro día -y con una sonrisa y un movimiento de mano caminó al refugio que le significaba su oficina.

Los siguientes treinta minutos trató de concentrarse en los datos que arrojaba la pantalla de su laptop pero le era imposible. La sensación del aliento de Draco lo sentía aún en sus labios y esa mirada juguetona que transmitían sus ojos mientras le aseguraba que sus hijos eran perfectos le entibiaba el corazón y se transmitía por todo su cuerpo. ¿Cuál era la mejor forma de llegar a él? ¿y si utilizaba su nuevo comportamiento para acercarse? Este fin de semana habían acordado con los niños ir al Callejón Diagon a ver las novedades que tenía una tienda recién instalada, a lo mejor podría pedirle que los acompañe. Aunque en un principio había desechado el acercarse a través de los niños por más vueltas que le dio a varias alternativas no veía otra forma en la que accediera a salir con ella porque sí... ¡Pansy! tal vez a esa serpiente ingeniosa se le ocurriría algo para ayudarla, aunque eso signifique confesarle sus sentimientos por el rubio.

El ruido del intercomunicador de su teléfono fijo la sacó de sus cavilaciones. Miró la hora e intuyó que la llamada era para avisar la llegada de Noah, así que se puso de pie y tras dar su consentimiento lo fue a esperar a la puerta. Estaba nerviosa, no podía evitarlo, después de todo el sábado lo había rechazado y lo había lastimado sin dar mayores explicaciones, sin darle esperanzas después de permitir que la besara ¿cambiaría él con ella ahora y la trataría como si fueran extraños? No podía negar que eso le dolería, después de todo lo consideraba un buen amigo y un colega al que admiraba profundamente. Cuando abrió la puerta y observó su rostro no vio rechazo ni distancia en ellos, sólo esa calidez habitual que siempre le profesaba acompañada de una sincera sonrisa que la llenó de tranquilidad. No lo había perdido como amigo.

-Hola bonita -saludó con su tono jocoso habitual y le propinó un corto abrazo- ¿lista para el momento decisivo?

-Si tú lo estás yo también -respondió con confianza mientras miraba la hora en su reloj de pulsera- aún contamos con una hora para revisar la presentación si lo encuentras pertinente.

-Entonces ojos y manos a la obra -bromeó- vamos a mostrarles lo que es nivel ejecutivo a la alta dirección de esta empresa de pomposos.

Hermione no pudo evitar devolver la sonrisa y guiarlo hacia su escritorio donde le instó a sentarse para acomodar sus cosas. Y así, frente a frente, cada uno en su laptop, se dedicaron a revisar al menos dos veces más el resumen de su estadía en Brasil, un proyecto que se traduciría en una conservación ambiental pero también en una inversión que redituaría muchos beneficios económicos a Dragonet.


Si Callaghan se sorprendió al verlo en la cabecera de la mesa de la sala de reuniones supo disimularlo muy bien. Junto a él se encontraba Edward Atkinson, Blaise, Theodore, Pansy, Graham y la plana de gerentes más importantes de la compañía. Así se había acordado ya que de los resultados de este trabajo se podrían proyectar otros similares en al menos ocho países que habían georreferenciado de antemano.

Con orgullo observó explicar a la castaña cada uno de los aspectos que consideraba el proyecto, los aspectos legales y las aristas no sólo de beneficios sino también de posibles conflictos, con un plan previo de mitagación desde ya diseñado para cada uno de estos eventos. Callaghan también apoyó con bastante acierto los aspectos legales relacionados con medio ambiente, políticas internacionales y leyes locales. Aunque no era su persona favorita en estos momentos no podía negar que profesionalmente valía cada libra invertida en su compañía. Terminada la exposición surgieron varias preguntas que fueron respondidas en rigor satisfactoriamente.

-Contigo a cargo de este trabajo no me esperaba un resultado mejor -la alabó abiertamente provocando que la chica se ruborizara visiblemente y recibiera un fuerte aplauso de los presentes mostrando su completo acuerdo. Y es que al menos profesionalmente, el amor que sentía por la castaña no lo cegaba, no había nada que mejorar a lo presentado, cada maldita hora que había pasado al lado de Callaghan había valido la pena si este era el resultado, aunque dudaba que la próxima vez sería ella quien lo acompañara a terreno pues el sólo pensar que se le acercara en plan de conquista le revolvía las tripas.

¡Sí, definitivamente ahora sí tenía las tripas revueltas! Como si lo hiciera con la firme intención de molestarlo Callaghan ahora estaba abrazando a SU castaña en mutuas felicitaciones y si esto continuaba unos segundos más nada evitaría que se le lanzara al cuello para separarlos de ser necesario. Si las miradas mataran el trigueño al menos habría caído muerto unas tres veces en los últimos quince segundos.

-¡Cálmate! sólo se están felicitando -dijo Theo a su lado tratando de desviar su atención de la pareja.

-¿En serio? -murmuró enojado para que nadie los escuche- no sé desde cuándo felicitar a alguien pueda conllevar tanto tiempo.

-¿Duele estar al otro lado de la moneda hermano? -lo picó el castaño haciendo caso omiso de la amenaza velada que le dirigieron los ojos grises -¡vamos! un poco de competencia no te viene mal por cabeza dura.

-¿Sí? ¿en lugar de molestarme no deberías estar preocupado que Lovegood esté aún en Rusia con Scamander, hermano? -le devolvió el golpe provocando que la sonrisa socarrona de su amigo se borrara automáticamente. Al juego de quién estaba más celoso podían participar dos.

-Eso lo solucionaré apenas regresen -aseguró Theo regresando a su postura socarrona anterior y negándose a caer en su trampa- mejor presta atención que todos están esperando tus indicaciones para dar por finalizada esta reunión.

Tras las palabras de su amigo observó a los presentes y efectivamente ningún ejecutivo se había atrevido a abandonar su posición esperando su visto bueno. Con calma dirigió una mirada a todos y apoyó la espalda en el respaldo del sillón de cuero negro.

-No hay nada que pueda agregar o modificar a lo presentado, como señalé anteriormente es un trabajo excelente y creo que no hay motivos para retrasar por más tiempo la inversión. Ahora debemos comenzar a evaluar en serio los otros lugares escogidos y conformar el equipo multidisciplinario para que sean abordados con la misma diligencia que fue realizado este proyecto. Mis felicitaciones a ambos -concluyó porque el profesionalismo así lo demandaba. Puede que esté celoso de Callaghan, pero era brillante en lo que hacía y sobre eso no tenía reparos, ya lo había admitido momentos antes y esto terminó de reafirmarse con las opiniones de los ejecutivos presentes.

Draco no fue el primero en retirarse como acostumbraba, llamando la atención de algunos gerentes que para su molestia también comenzaron a demorar la suya. Tuvo que soportar observaciones y comentarios de algunos dando ideas ya consideradas por Hermione y Callaghan para "mejorar" el proyecto mientras por el rabillo del ojo no perdía de vista a la castaña que en estos momentos conversaba con su primo, el trigueño y sus amigos. Ya no soportando no enterarse de qué iba esa plática, con educación terminó la palabrería infructuosa de su gerente de finanzas y se dirigió al grupo que realmente le interesaba.

-Podríamos ir a celebrar con una cena el éxito de este trabajo ¿qué te parece? -proponía Callaghan a Granger quien a pesar de sonreírle no se aceptó inmediatamente- es más -dijo dirigiéndose al resto- podríamos ir todos juntos ¿qué les parece?

Pero Draco no estaba dispuesto a permitir que ganara más terreno con ella, si tenía que soportar al trigueño lo haría, pero nadie iba a esa celebración si no estaba incluido.

-La verdad es que Blaise y yo teníamos un compromiso hoy -se disculpó Pansy al observar a Draco acercándose. Al parecer había notado su rechazo a la idea y sus celos con Noah; por suerte, Blaise tan suspicaz como siempre asintió inmediatamente y apoyó a la pelinegra.

-Espero que no te molestes Hermione pero podemos celebrar otro día si te parece -propuso de inmediato.

-También tengo planes para hoy y lamentablemente no los puedo cambiar -Theo se mostraba apenado por no poder asistir- prometo recompensarte y tener una salida como corresponda cuando Pansy y Blaise se nos sumen.

-¡Oh! no importa -aceptó Hermione- lo dejamos para otro día -Draco se alegró al notar que no había decepción en su voz y cuando notó su presencia en el grupo sus pozos mieles se elevaron para encontrar los suyos- y tú Malfoy ¿qué dices?

La invitación lo tomó totalmente por sorpresa ¿ella quería que estuviera presente?

-En realidad hoy soy tu chofer Hermione, no traigo mi coche ¿recuerdas? salimos de tu casa temprano con los niños para llevarlos al colegio -el comentario provocó que todos los ojos se centraran en ella, especialmente la mirada de Callaghan que le formulaba una pregunta silenciosa. Lo lamentaba por él... no, no lo lamentaba en absoluto y era consciente que su comentario podría malinterpretarse pero no le importó, comenzaría a marcar terreno de inmediato. Además, sus amigos sabían que había dormido en la villa y que se había ido por red flu donde la leona y Graham también podía deducir lo mismo. ¡Merlín, esta sensación de dejar en jaque al enemigo se sentía tan bien!

-Realmente estoy cansada Noah y como Draco no trajo su automóvil deberemos retirar a los niños en el mío, lo siento -se disculpó tratando de disimular el fuerte golpeteo de su corazón al escuchar al platino llamarla por su nombre frente a otras personas que no fueran los niños. Hacía tanto que no lo hacía sin un tinte de distancia.

-Está bien, ya tendremos oportunidad de celebrar y más proyectos por delante -aceptó disimulando su desilusión.

-Al menos yo puedo celebrar contigo -sugirió Graham- Caytlin está fuera de Londres y no llegará hasta mañana en la tarde.

-Será un placer hacer tus horas solitarias más entretenidas -se burló Callaghan y, para nueva molestia del platino, tras depositar un beso en la mejilla de Hermione y despedirse de mano de todos los otros, abandonó junto a Graham la sala de reuniones haciendo planes para la noche.


Para Hermione el tiempo comenzó a avanzar entre nubes. Los días siguientes Draco había llegado cada mañana a desayunar con ellos, llevaban a los niños al colegio y juntos los retiraban por las tardes. El primer día le había sugerido que cenara con ellos y él había aceptado de inmediato, pronto aquello también pasó a formar parte de su rutina. Entre todos ponían la mesa, ayudaban en sus deberes a los gemelos y luego Draco los metía a la cama hasta que se dormían. Era en ese transcurso de tiempo que Hermione trataba de idear algo para retener por más tiempo al rubio, pero siempre la timidez le ganaba. El día anterior en lugar de comer en casa habían ido a un restaurante italiano a cenar pizza y luego, a pedido de Scorpius y Antares, salieron a pasear a Lucky que saltaba feliz entre sus pequeños amos. Realmente parecían una familia feliz y consolidada para cualquiera que los viera desde fuera, sólo que ella hubiera disfrutado más si hubieran caminado de la mano.

-Hermione -la llamó Draco desde el marco de la puerta de la cocina y ella se volteó a verlo; ahora siempre la llamaba por su nombre y en sus labios parecía una caricia- mañana con Theo, Pansy y Blaise deberemos viajar a España a finiquitar una reunión que nos quedó pendiente con el Grupo Eguiguren y temo que se alargará hasta la cena.

-Comprendo -respondió de inmediato tratando de ocultar su decepción, ya se había acostumbrado a tenerlo todos los días. Al parecer el cuento de hadas estaba por terminar ¿la reunión era sólo de trabajo o tendría alguna cita con una bruja española?

-Me gustaría que nos acompañaras -lo oyó decir, provocando que ella lo mirara sorprendida, su corazón latiendo a mil por hora a medida que lo veía acercarse.

-Pero yo ya no veo los temas en los que interfieres directamente -se oyó decir en voz baja.

-Creo que estoy remediando eso al pedirte que nos acompañes -dijo con voz suave, casi acariciadora- te hubiera avisado antes pero la lechuza con la confirmación de la reunión llegó recién esta tarde. ¿Qué me dices? ¿irás con nosotros? ¿conmigo? -pidió deteniéndose frente a ella que quedó cautiva por los orbes grises que la miraban ¿con ternura?

-Los niños... -comenzó a objetar.

-Mi madre puede cuidarlos y la cena no nos tomará mucho tiempo -insistió- ¿vendrás?

¿Por qué dudaba? llevaba muchos días planeando cómo pasar más tiempo con él sin los niños y ahora le estaba brindando esta oportunidad. Es cierto, también iban sus amigos pero lo realmente importante es que le estaba dando un espacio en su vida profesional. Sin considerarlo por más tiempo para evitar que su lógica gane a sus impulsos terminó afirmando con la cabeza.

-Gracias -la sonrisa que le dirigió podría haber competido con la luz de la luna llena que iluminaba la noche y se colaba por las ventanas- entonces me iré para que descanses -con calma calculada se acercó a ella y depositó un beso muy cerca de la comisura de sus labios- buenas noches.

-Buenas noches ¿desayunas con nosotros? -preguntó para asegurarse que todo esto realmente estaba sucediendo.

-Por supuesto -aseguró- estaré aquí mañana temprano.

Hermione vio su espalda desaparecer en la oscuridad del pasillo que conduce a la sala y llevó sus dedos al punto donde el beso de Draco aún ardía. ¿Todo esto realmente estaba pasando? ¿acaso Draco de alguna manera la había perdonado y la quería de vuelta en su vida? Habían muchas señales que lo indicaban todos estos días: la llamaba por su nombre, era caballero y protector en los espacios abiertos, siempre caminando junto a ella y evitando que tropezara o alguien la pasara a llevar, cuando estaba en casa con los niños se integraba como uno más y si bien aún mantenían desacuerdos estos siempre eran de carácter práctico. ¿Era el momento que ella también dé el paso? Con un hondo suspiro y un movimiento de varita apagó las luces y emprendió rumbo a su habitación; dudaba que esta noche descansara como el platino le había sugerido.


Después de dejar a los niños en el colegio, Hermione y Draco se dirigieron inmediatamente a la villa donde los aguardaban las otras serpientes. Allí procedieron a cambiar sus vestimentas por túnicas y siendo las 08:30 de la mañana todos pusieron su mano sobre un cofre de plata antiguo que los trasladaría a algún punto de España. La castaña odiaba ese jalón inicial en el centro de su estómago antes de comenzar a girar y a los pocos segundos aterrizaron frente a una enorme construcción antigua, prácticamente un palacio de tres pisos con sus torres altas de ladrillos en tonos que iban del rojizo al blanco, rodeada por hectáreas de praderas que se perdían donde alcanzaba a llegar la vista; era arrebatadoramente imponente. A unos cien metros de distancia se distinguían construcciones planas y bajas por lo que Hermione dedujo que se encontraban en un aras. No tuvo tiempo de observar algo más porque una enorme puerta doble de madera, con un escudo tallado en ella se abrió y por ella apareció una hermosa joven que debía estar en sus veinte y tantos. Su cabello negro como el azabache brillaba en un moño alto y su piel aceitunada clara destacaba unos impresionantes ojos tan negros como su cabello. De reojo miró a Draco para observar su reacción pero este se mostraba indiferente a la belleza de la chica, de hecho sus ojos estaban fijos en los hombres que venían tras ella: uno claramente mayor y otro de aproximadamente 30 años o un poco menos, igual de atractivo e impresionante de quien evidentemente era su hermana.

-Que no te engañe su belleza Hermione -dijo Draco inclinándose disimuladamente hacia ella- Sofía Eguiguren es altamente inteligente y te puedo asegurar que no está de adorno en la empresa de su padre -no pudo señalar nada más porque la aludida había llegado hasta ellos pero notó el leve asentimiento de la castaña.

-Excelente, ya están aquí -saludó la chica con una voz grave y un ligero acento que incluso hacía el sonido agradable y sensual. Ese era un aspecto que le gustaba a la castaña de los españoles, tanto en hombres como mujeres, ninguno de los que había conocido tenía una voz aguda ni chillona- bienvenidos a la Estancia Luz del Ángel -con perfectos modales saludó a cada uno de ellos deteniéndose más tiempo en Hermione.- No tuve el placer de conocerte con anterioridad -dijo extendiéndole la mano a lo que la castaña correspondió el gesto agregando una sonrisa. Realmente le agradó mucho aquella chica abierta y espontánea- mucho gusto señorita...

-Granger, Hermione Granger.

Su nombre provocó que inmediatamente tanto la chica, como los hombres tras ella, la observaran en detalle.

-¡Vaya! hoy tenemos muchas visitas ilustres -dijo ampliando la sonrisa- durante la guerra que hubo en tu país, ¿no te importa que te tutee verdad? -inquirió y ante la negación de la castaña continuó- acogimos a muchos magos ingleses en nuestras propiedades que huyeron solicitando protección -le contó- pero ya hablaremos de ello en otra ocasión, espero -se puso de costado y los hombres se ubicaron frente a la castaña- déjame presentarte a mi padre, Don Federico Eguiguren y mi hermano Javier.

El mayor de los Eguiguren hizo una caballerosa inclinación y besó el dorso de su mano luego de pronunciar "un placer señorita Granger", gesto y palabras que fueron igualmente imitados por su hijo.

Al observar todo aquello Draco ya no estaba tan seguro que haya sido una buena idea haberla invitado, quería que pasaran tiempo juntos, no escuchando halagos de otros hombres hacia ella. Para no dilatar por mucho tiempo su estadía en la finca Eguiguren, Draco se puso al lado de la castaña e inició el saludo protocolar con los hombres quienes, luego de intercambiar apretones de manos, fueron guiados al interior, que resultó ser tan o más impresionante que el exterior.

-Esta es la primera casa patriarcal de nuestra familia -explicó Sofía al notar su curiosidad y asombro de sus invitados por la belleza que la rodeaba- fue construida a inicios del siglo IX y le hemos realizado pocas remodelaciones con el pasar de los siglos, más que nada hemos ampliado los ventanales para dejar entrar más luz natural y poder apreciar como corresponde el paisaje.

-Es hermosa -señaló sinceramente la castaña avanzando al paso que Draco y los muchachos marcaban junto a ella.

-Después de almuerzo los llevaré a los establos a ver nuestros caballos, tenemos grandes variedades de granianes, bicornios e incluso distintas razas muggles, son nuestra fascinación -le contó con entusiasmo.

-Será un placer -aceptó gustosa.

El grupo se detuvo frente a una gran puerta de alerce, también con el escudo familiar, la que fue abierta por un servicial mozo para dejarlos ingresar. En su interior, un grupo de cuatro personas formalmente vestidos que Draco y los demás reconocieron de la reunión anterior los aguardaban y luego de las presentaciones de Hermione inició la negociación. Desde allí en adelante no hubo tiempo para nada que no fuera hablar de negocios y tratar de zanjar las brechas generacionales que hacían reticentes a los magos españoles de mayor edad para aprobar la alianza económica entre sus empresas. La hora del almuerzo llegó sin que nadie se percatara y se dieron un espacio para decantar los acuerdos a los que habían llegado en las tres horas anteriores.

Tal como lo prometió, apenas terminaron el postre Sofía los invitó a recorrer los establos acompañada de su hermano Javier. Pasaron una hora admirando las distintas especies mágicas y no mágicas de equinos, de una belleza, majestuosidad y elegancia que quitaba el aliento y durante todo el trayecto Draco se mantuvo a su lado, intercambiando bromas y prometiendo que también adquirirían unas especies para que las disfrutaran con los niños. Ella sólo sonrió imaginando lo maravilloso que sería recorrer el campo sobre una de esas hermosas criaturas.

De vuelta en la casa continuaron con la reunión y para agrado de los jóvenes magos y de sus propios herederos, tras dos nuevas horas de discusiones y contra argumentos, don Federico, con algunas reservas, aceptó aliarse en la nueva sociedad que conformarían. Fue en ese momento que el mozo avisó la llegada de una nueva visita y a los pocos segundos Antón Greengrass ingresó junto a su esposa Ariana y Astoria.

La sonrisa de los Greengrass se congeló por una centésima de segundo al detallar quiénes se encontraban presentes en el salón pero en breve se recompusieron, adoptando la típica postura de correcta educación tan propia de los sangre pura. Ante todo debían obedecer a las reglas que les exigía su linaje lo mismo que los jóvenes magos que ocultaron perfectamente su recelo ante su presencia ¿qué hacían ellos allí?

-Antón, Ariana, es un placer tenerlos nuevamente en mi casa -saludó amablemente Don Federico- y por supuesto también es un enorme placer contar con la belleza de su hija Astoria.

La nada espontánea sonrisa de Sofía y Javier más la breve mirada que Astoria cruzó con Draco le dijo inmediatamente a este último que Antón Greengrass ya había encontrado un nuevo candidato a esposo para su hija: un hombre con una gran fortuna, sangre pura de un antiguo linaje europeo y que le triplicaba la edad. No pudo más que sentir pena hacia la chica y desprecio ante la avaricia del padre. ¡Y pensar que ése era círculo que hasta pocos años atrás gobernaba su vida y su comportamiento!. Nunca se cansaría de agradecer a Merlín, Morgana y Circe que ahora tenía el control de su futuro y nadie podría dictar lo que debía o no hacer con su vida.

Si alguien notó el tenso intercambio de saludo entre todos los ingleses nadie dijo nada, aunque a los más jóvenes no les pasó por alto que con Antón Greengrass allí presente era muy probable que todo el acuerdo logrado esta tarde se diera por perdido. Con una breve mirada resolvieron que lo mejor era partir y esperar que le comuniquen la disolución, pero la insistencia de Sofía y Javier a que al menos se queden a la merienda previa a la cena les hizo imposible declinar la invitación.

-¿Cómo se encuentra Narcisa, Draco? -preguntó Ariana con falsa cortesía e interés- hace mucho que no nos visita en la mansión.

-Mi madre se encuentra bien, gracias -respondió educadamente- llegando a casa le transmitiré tus saludos.

-Imagino que las familias mágicas inglesas se conocen todas entre sí -comentó don Federico para integrarlos a todos a la conversación.

-Las familias realmente sangre pura en nuestro país son pocas en la actualidad -tomó la palabra Antón- de hecho, salvo por la señorita Granger que es nacida de muggles, tanto Draco como Blaise, Theodore y Pansy pertenecen a los sagrados veintiocho, prácticamente somos parte de la realeza mágica.

Draco apretó con fuerza la cuchara que sostenía en esos momentos y hubiera hecho un comentario despectivo si no hubiera sentido la mano de Hermione sobre su muslo izquierdo llamando su atención. Un breve movimiento de cabeza de la castaña le dio a entender que lo dejara pasar.

-En nuestro país también existen familias ilustres muy antiguas -señaló el joven Javier- aunque la pureza de sangre no es algo que nos quite el sueño en esta familia. Gran parte de los mejores magos de la actualidad no tienen una herencia pura.

-Espero que no estés pensando en fallar al linaje de tus ancestros -lo reprendió Antón como si fuera un patriarca de la familia, provocando que la menor de los Eguiguren clavara su vista en él con molestia.

-En esta familia nos casamos por amor señor Greengrass, no por intereses económicos ni mantener linajes ni tradiciones que puedan conducir a la infelicidad de alguno de nosotros -intervino secamente Sofía.

-Por supuesto querida -apaciguó Ariana- te entiendo. Lo que sucede es que para nosotros los ingleses las tradiciones son muy importantes y nos preocupamos mucho de relacionarnos con las familias adecuadas. Sino puedes ver al mismo Draco y los muchachos aquí presente, ninguno de sus amigos es un mestizo y viceversa -argumentó.

-Para nosotros también son importante las tradiciones Ariana -intervino el mayor de los Eguiguren obviando el último comentario de la rubia- pero lo más importante para mi es que mis hijos sean felices, que los amen por ellos mismos y no por lo conlleva su apellido y su sangre. Es algo que mi amada esposa siempre les inculcó desde que nacieron y que yo me encargo de vigilar. Si hasta el momento nuestra sangre se ha mantenido pura es por azar del destino, no porque así lo hayamos buscado o privilegiado.

Hermione dirigió una sonrisa a Don Federico. Durante el transcurso del día le había parecido un hombre amable pero estirado, sin embargo, al escucharlo hablar ahora y defender la felicidad de sus hijos sobre los prejuicios económicos y de sangre tan comunes en la sociedad mágica, un sincero respeto hacia el hombre nació en ella.

Mientras fueron sirviendo y retirando platos durante los siguientes cuarenta minutos los ataques velados de Antón Greengrass hacia la castaña ya tenían cansados a las serpientes más jóvenes, especialmente a Draco que estaba a punto de tirar la educación al carajo y cantarle sus claras verdades. Hermione optó por darse un respiro y buscó refugio en el tocador, donde aprovechó de respirar profundamente en reiteradas oportunidades mientras la calma volvía a ella. Le llamaba la atención que el viejo Greengrass no hubiera sacado aún el tema de los niños para molestarlos, pero todos eran conscientes que en algún momento lo haría y cuando eso ocurriera Draco no dudaría en responder sin importar que eso arruinara el acuerdo comercial al que habían llegado con tanto esfuerzo. Tal vez esas eran sus reales intenciones. Por otra parte, no entendía como ese odioso hombre era el único que no había percibido que don Federico veía a Astoria como una joven como una chiquilla que podría ser amiga de sus hijos y no como una posible nueva esposa; sus apreciaciones sobre la rubia eran las normales frente a una mujer hermosa, pero cada vez que la miraba sus ojos viajaban inmediatamente a su hijo Javier, evaluando si él sentía alguna atracción por la chica. Tal vez ahí radicaba su amabilidad, pero también había notado que en varias oportunidades había endurecido el gesto al leer las ocultas ofensas en las palabras de su reciente visita. Inhaló profundamente y abandonó el cómodo refugio, no quería que Pansy o el mismo Draco se preocuparan innecesariamente por ella.

No había dado ni diez pasos en dirección a la terraza donde se encontraban todos cuando se cruzó con la alta figura de Antón Greengrass. Observó su atractivo rostro blanco enmarcado por sus rubios cabellos entrecanos perfectamente cortados y los ojos azules tan similares a los de Astoria que la observaban con desprecio. Decidió no perder tiempo en él, o al menos eso intentó, hasta que su voz la detuvo.

-Imagino que te sientes muy segura e importante porque supiste amarrar a Draco con un par de bastardos -la increpó- reconozco que eso nunca lo vi venir.

-Con todo respeto a su edad, señor Greengrass, pero le exigiré más respeto a mis hijos -le respondió tratando de guardar la calma y manteniendo un tono controlado de voz.

-¿Tú? ¿una poca cosa como tú me exige algo a mi? Draco era el prometido de mi hija y tú te metiste en medio ofreciéndote como una zorra -la acusó.

Hermione se puso roja de furia ¿cómo se atrevía ese viejo decrépito a ofenderla de esa manera?

-Creo que su memoria le está jugando malas pasadas porque al parecer no recuerda que fue usted quien rompió el compromiso de ambos en el juicio de Draco para no ligar su apellido al escándalo público -le rebatió molesta, tratando al menos ella controlar la situación.

-¿Por qué simplemente no reconoces que la defensa que haces de él es porque ahora tiene una gran fortuna a la que puedes echar mano a través de tus bastardos?

-Creo que él único que quiere echar mano a la fortuna Malfoy es usted, señor Greengrass -aclaró poniéndose frente a él y manteniendo sus ojos mieles en los azules- cuando Draco era despreciado y su fortuna se encontraba mermada no dudó en hacerlo a un lado, humillarlo y despreciarlo y ahora que se ha reposicionado en nuestra sociedad resulta que es un hombre con los méritos más que suficientes para que se case con una de sus hijas ¿quién es entonces el interesado? -su voz llevaba una mofa que el mismo Draco haría aplaudido.

Antón recibió con sorpresa la respuesta de la chica pero de inmediato soltó una carcajada ante su descaro.

-¿Y tú crees jovencita que una impura como tú, sin ninguna gracia ni atractivo hará que Draco olvide sus orígenes puros y se quede a tu lado? -el silencio de la chica pareció darle una respuesta que le causaba placer- no ¿verdad? -respondió por ella- sólo eres un buen revolcón a los que los sangre pura como nosotros echamos mano cuando lo necesitamos y están disponibles. Recuerda que él a pesar de todo es un Malfoy y te aseguro que en cuanto tenga un hijo sangre pura entre sus brazos se olvidará de tus hijos mestizos y los hará a un lado como la vergüenza que son.

Hermione retrocedió un paso como si la hubiera golpeado físicamente al hablar así de los niños. ¡Ya estaba bueno! de ella que diga lo que quiera pero de los niños no.

-¡No se atreva a decir que mis hijos son una vergüenza! -dijo enojada acortando un par de pasos con el hombre- son mil veces más puros que toda su élite de hipócritas racistas y que usted.

-Pero no por eso mis palabras son menos ciertas, él los despreciará y lo sabes.

-No, no lo hará -dijo sin dudar un segundo- él los ama y jamás les dará la espalda.

El hombre volvió a reír.

-Será una heroína de guerra señorita Granger pero es más estúpida de lo que pensaba -se burló- ¿dónde quedan tus valores? ¿acaso te enamoraste de él? ¿de un mortífago?

-Aquí el único estúpido es usted -lo miró con asco- cuando le conviene trata a Draco de mortífago frente a la comunidad mágica y resulta que ahora lo quiere casar con su hija por interés. Déjeme decirle que él vale más que todo su maldito linaje puro y lo que haya sido en el pasado fue por sus circunstancias, pero al menos tuvo el valor de tomar decisiones, erradas sí, pero tomó un bando, no como usted que se mantuvo al margen como un cobarde esperando al vencedor para no quedar mal con nadie y asegurar su fortuna -el desprecio en su voz no tenía nada que envidiar al del hombre.

-Así que realmente te enamoraste de él -rió con sorna.

-Eso sólo me concierne a mí y no es su problema -sus ojos castaños brillaban con furia. No se iba a dejar amedrentar.

-¿Te contó que mi hija Astoria estuvo con él en su viaje y que es muy posible que ella esté embarazada? -la sorpresa y dolor que se reflejaron en los ojos de Hermione tras sus palabras debieron haber sido muy evidentes para el hombre que volvió a carcajearse en su cara- ¿no te lo dijo? ¿Crees que alguien como él realmente podría amar unos mestizos y a una impura como tú?

-Sí -se escuchó una voz tras ellos. Y para sorpresa de ambos, Draco apareció del recodo del pasillo y caminó directamente hacia Hermione.


Cuando comenzaron a pasar los minutos después que Greengrass abandonó la terraza y ni Hermione ni él aparecían la inquietud comenzó a hacer presa de Draco. Intentó permanecer calmado pero terminó obedeciendo a su instinto y se disculpó indicando que iría a ver qué detenía a la castaña; un mal presentimiento se había apoderado de él. Sofía le dio las indicaciones y tomó el primer pasillo a la izquierda. Lo primero que oyó fue a Antón acusar a Hermione de ir tras su dinero y tratar a sus hijos de bastardos y una furia infinita se apoderó de él. Al infierno todo, tomó su varita con la clara intención de lanzarle unos cuantos cruciatos al maldito, pero la respuesta de Hermione lo detuvo, lo estaba defendiendo. Una calidez se fue extendiendo por su cuerpo ante la convicción de su voz y aunque estuvo a punto de salir de su escondite en varias oportunidades se obligó a permanecer quieto."Un salto de fe, Hermione" oró internamente a Morgana pidiendo que a la castaña no le flaqueara la fe en él que estaba demostrando. Sin embargo, cuando Greengrass lo acusó de haberse acostado con Astoria, que esta estaba embarazada y que sería incapaz de amarla a ella o a sus preciosos hijos no dudó en exponer sus sentimientos y el rotundo sí que salió alto y claro de sus labios llenó cada recodo del pasillo en el que se encontraban.

-Sí -repitió para que no queden dudas- por supuesto que soy capaz de amar a esta "impura" como la llamaste y a nuestros hijos.

El hombre mayor lo miró con asombro, no se esperaba que los encontrara discutiendo, pero nuevamente lanzó su artillería contra ambos.

-No me hagas reír Draco, tú y yo sabemos que las tradiciones y nuestros apellidos es algo que difícilmente podemos dejar atrás. Además, Astoria estuvo contigo en tu viaje ¿o vas a negarlo?

-No, no lo haré -dijo Draco y Hermione sintió como su corazón caía a pedazos y la sonrisa de Greengrass prácticamente mostraba todos sus dientes- es cierto que Astoria estuvo en mi hotel cuando nos encontrábamos justamente en España pero creo que no se ha atrevido a contarte que incluso con la poción multijugos no pudo meterse en mi cama -miró el rostro asombrado de Hermione y pasó protectoramente su brazo por su cintura para acercarla a su cuerpo mientras la cara del otro hombre apretaba los labios- te diré lo que le dije a ella en ese momento: soy perfectamente capaz de reconocer a mi mujer.

-¿Y quieres que te crea eso? -atacó el rubio mayor- Astoria podría estar embarazada en estos momentos y de ser así te exigiré que respondas como hombre.

Draco entrecerró los ojos y Hermione lo sintió hacer más presión sobre su cuerpo. No quiso intervenir porque necesitaba entender qué estaba sucediendo y saber a quién había suplantado Astoria con la poción.

-Pues después de haber vivido en carne propia la experiencia te puedo asegurar que gracias a tu hija me di cuenta que soy capaz de identificar a mi mujer y también te aseguro que Astoria ni siquiera tuvo tiempo de sacarse el vestido antes que me percatara del engaño -su rostro se volvió hacia la castaña y su dulcificó cuando sus ojos se encontraron- descubrí para mi asombro que estás tan grabada en mi mente y en mi cuerpo que incluso bajo una poción puedo saber cuando eres o no tú.

Fue en ese momento que Hermione se percató que cuando Draco se refirió a "su mujer" estaba hablando de ella y su corazón latió violentamente en su pecho al procesar lo que esas palabras significaban. Recordó el incidente del elevador y la mujer que enredó sus pulseras en su cabello ¡Había sido Astoria! ¡la maldita rubia trató de acostarse con Draco haciéndose pasar por ella! ¿Acaso su sueño se estaba volviendo realidad y realmente la amaba o sólo estaba protegiendo a los niños con esa actitud?

-¿Estás loco? -le reprochó iracundo Greengrass- tu padre se revolcaría en su tumba por manchar su apellido ¿es que no la ves? No tiene gracia, es insípida, pobre y sin abolengo -el hombre prácticamente gritaba.

-Verla es lo único que hago -dijo Draco con calma- aún con los ojos cerrados su cara es la única que aparece -sus ojos no abandonaron el rostro de la castaña mientras hablaba- no podrías entenderlo Antón pero yo quiero una mujer con todas sus letras a mi lado, no un florero o un objeto para lucir colgado a mi brazo -sus palabras hacían que Greengrass se pusiera cada vez más rojo- no necesito a nadie más que a ella para estar completo, le duela a quien le duela.

-¡Manchaste tu linaje con esos bastardos y ahora eliges a una sangre sucia por sobre mi hija! -gritó furioso.

Todo sucedió en unos segundos para Hermione. En un momento Draco la abrazaba y presionaba a su cuerpo y en el siguiente tenía agarrado a Greengrass por el cuello de su túnica, dispuesto a golpearlo.

-Draco -intervino, no quería que se metiera en líos por una basura como ese hombre- Draco, suéltalo, no vale la pena.

-Escúchame Greengrass -dijo haciendo más presión en el cuello- jamás vuelvas a referirte a mis hijos o Hermione con esas palabras porque no respondo -lo amenazó- ten por seguro que nadie me detendrá y me olvidaré de tus años si vuelves a ofenderlos.

-Su sólo existencia es una ofensa -rebatió con asco.

-Draco -Hermione puso sus manos sobre el brazo del platino- por favor suéltalo, no vale la pena -repitió. Estaba asustada de la furia que traslucían sus ojos y rostro, no quería darle el placer a Greengrass de perjudicarlo, algo le decía que eso pretendía.

Draco desvió la mirada y sus orbes grises que parecían una tormenta a punto de desencadenarse se centraron en los mieles de la castaña que lo instaban a no caer en la trampa del otro hombre, pero él no podía controlar su furia. No iba a permitir que nadie ofendiera lo más puro que tenía que eran sus hijos y a la mujer que amaba. Sintió sus pequeñas manos nuevamente presionar sobre su brazo y poco a poco fue soltando la túnica que afirmaban sus dedos, pero no se iba a ir sin dejar algo claro antes.

-Me das pena Greengrass. Vendes a tus hijas como unas prostitutas sólo para tu propia vanidad y ambición, ten por seguro que yo no haré eso con las mías y tampoco con mis varones.

-¿Piensas caer aún más bajo...

-Sí -lo interrumpió- pretendo tener más hijas e hijos con Hermione y me aseguraré que su felicidad esté por sobre todo -sonrió ante la cara de espanto del otro hombre- el apellido Malfoy sobrevivirá por varias generaciones a través de mis varones mientras que el tuyo desaparecerá en esta... y mis hijas se casarán por amor, jamás las trataré como potrancas de cría y tú desde lejos te revolcarás de rabia porque este mortífago rechazó el linaje de tu precioso linaje puro. Espero que al menos Daphne y Astoria puedan liberarse de tu yugo porque eres tú el que das vergüenza -y sus dedos lo soltaron mientras su expresión le demostraba el asco que le causaba.

-¡Sí Malfoy, vete con tu sangre sucia! -le gritó provocándolo nuevamente.

-¡¿Pero qué significa este escándalo en mi casa?! -la voz de don Federico se impuso clara y firme en su idioma natal, haciendo que los tres se giraran hacia él.

El enojo brillaba en los aristocráticos rasgos del español al igual que en la de sus hijos y demás invitados, quienes al parecer se habían acercado motivados por los gritos intercambiados entre Draco y Greengrass. Automáticamente Theo, Blaise y Pansy se acercaron a ellos haciendo frente, dispuestos a abandonar el lugar a la primera señal del platino, estaban tan furiosos como él, desde la terraza habían oído las ofensas que el hombre hizo contra Hermione y los niños.

-Federico -el primero en hablar fue Greengrass- lamentablemente Draco está mal influenciado por esta señorita tanto en su vida privada como en los negocios y me vi en la necesidad de hacérselo ver.

Los ojos grises de Draco brillaron con furia ante el descaro del hombre y estaba a punto de responder pero fue interrumpido por Javier Eguiguren en un perfecto inglés.

-No nos quiera tomar por tontos señor Greengrass, hemos oído perfectamente todos los insultos que ha realizado a la señorita Granger y el señor Malfoy y le aseguro que no toleramos este tipo de comportamientos en nuestra casa, aquí respetamos a nuestros invitados y exigimos el mismo respeto entre quienes se encuentran presentes -aseguró con firmeza.

-Creo que me malentiende Javier -insistió Greengrass- a veces los mayores debemos encarrilar a nuestros jóvenes cuando pierden el camino...

-Pues espero que sea usted quien no pierda el camino hasta la chimenea cuando abandone nuestro hogar -dijo Sofía- ya no es bienvenido en esta casa ni en nuestras empresas.

Ariana miró con congoja a su esposo al sentirse claramente humillada. Los españoles estaban prefiriendo a esa impura sobre ellos, una de las familias más importantes de Inglaterra. Astoria, sin embargo, cruzó una mirada avergonzada con la castaña y los slytherins, claramente se sentía humillada pero por motivos diferentes a los de su madre y por primera vez Hermione pudo tener un indicio de la imperfecta y sometida vida que llevaba la chica, no pudiendo evitar sentir una profunda lástima por ella.

-Hay personas que son sagradas para mi -volvió a intervenir don Federico- más que una fortuna, más que un apellido y esos son los hijos. Desconozco la historia de estos jóvenes pero claramente usted ha basureado y ofendido a sus niños -sus ojos negros se posaron en Hermione y Draco apenados- me disculpo de todo corazón porque todo esto lo hayan sufrido entre las paredes de mi casa y en cuanto a usted Antón -dijo volviéndose al otro hombre -mi hija Sofía ha sido muy clara sobre su presencia en nuestra casa.

Antón Greengrass cuadró los hombros con soberbia y se dirigió hasta donde se encontraban su mujer y su hija.

-¡Nunca había sido tan humillado en mi vida! -se quejó- tenga por seguro que somos nosotros quienes no deseamos pisar nuevamente su casa -y comenzó a caminar totalmente recto hacia la chimenea.

Antes de desaparecer completamente por el pasillo la voz de Don Federico volvió a sonar clara en el lugar.

-¡Astoria! -llamó a la rubia más joven y ella se volvió a él con sorpresa- si en algún momento necesita nuestra protección no dude en solicitarla. En esta casa se le tratará con respeto.

-Mi hija tiene todo el respeto que necesita a nuestro lado -intervino Greengrass y tras tomarla firmemente del brazo desaparecieron por el pasillo.

Sin embargo, en los breves segundos que Astoria se volvió todos se percataron del brillo de esperanza y gratitud que transmitieron sus cristalizados ojos azules.


Tras la partida de la familia Greengrass los españoles insistieron en que se quedaran a cenar y permanecieran unos días para compensar en algún modo la afrenta de la que habían sido objeto. Sin embargo, Draco y Hermione insistieron que debían regresar a Londres con sus hijos a lo que los Eguiguren no tuvieron más que acceder no sin antes hacerles prometer que traerían a los niños a la finca para conocerlos. Con una sonrisa y los ánimos renovados, todos volvieron a posar sus manos sobre el mismo cofre de plata que los trajo y a los pocos segundos estaban nuevamente en la sala de la villa de Weybridge.

Los niños se encontraban en el lugar y se lanzaron hacia los adultos para saludarlos, mientras Narcisa los miraba asombrada porque hayan arribado tan temprano. Aún no eran las nueve de la noche.

-Luego te explicamos -le susurró Pansy al oído mientras Draco y Hermione cargaban a los niños en sus brazos; la rubia sólo asintió.

-¡Ustedes par de regalones deberían estar en la cama! -los reprendió con falso enojo la castaña mientras le hacía cosquillas en el estómago a Scorpius que se carcajeaba y contorsionaba entre sus brazos.

-Estábamos jugando a las escondidas y se nos pasó el tiempo -se disculpó con una sonrisa Narcisa sin una pizca de remordimiento.

-¿Ya cenaron? -preguntó Draco a lo que los gemelos afirmaron con un movimiento de cabeza. Antares se había acomodado en su pecho y sin poder evitarlo había bostezado sonoramente- creo que alguien está necesitando ir a la cama -sonrió mientras depositaba un beso en su coronilla.

-Como aún están en pie prefiero llevarlos a casa -dijo Hermione mirando a Draco intensamente y el rubio entendió el mensaje, necesitaban hablar.

Narcisa observó los intercambios de miradas entre los jóvenes y resolvió no insistir en que los niños durmieran en la villa como había planeado. Algo había ocurrido en el viaje a España y estaba segura que se enteraría en cuanto abandonaron la villa.


Antares había caído rendida en cuanto Draco la arropó en su cama y Scorpius había luchado un poco más, tratando de mantener los ojos abiertos mientras su madre acariciaba sus cabellos y su padre lo observaba sentado a los pies de la suya, pero por más que lo intentó quince minutos después estaba profundamente dormido.

El corazón de Hermione latía profundamente cuando depositó un beso en la coronilla Scorpius y luego en la de Tari, gesto que fue imitado por Draco para luego abandonar juntos la habitación. Cuando se miraron en el pasillo ambos estaban conscientes que el momento de la verdad había llegado más pronto de lo que habían planeado. Como si hubieran pactado un silencioso acuerdo ella emprendió el rumbo a la escalera y no se detuvo hasta llegar a la cocina, siendo consciente durante todo el trayecto de la intensa mirada del platino en su nuca. Ambos habían aceptado tener sentimientos el uno por el otro frente a Greengrass pero ¿eran sinceros o sólo lo habían dicho para hacer frente común ante el ataque del hombre? La duda era un sentimiento muy descorazonador.

Hermione se ganó a un lado de la isla, cerca de ventanal y Draco se apoyó en el lavaplatos, ambos mirándose fijamente, esperando a quién diría la primera palabra y sus corazones rebotando con violencia en su pecho, seguros que el otro era capaz de oírlo.

Draco recorrió su rostro de piel cremosa que se mostraba ansioso y se detuvo en su boca, cuyos dientes hacían presión sobre su labio inferior en un gesto nervioso ¿se daría cuenta que lo estaba lastimando y de presionar un poco más lo haría sangrar? Recordó la intensidad con la que lo defendió ante Greengrass y la seguridad con la que afirmó que él nunca abandonaría a sus hijos y su pecho se llenó de calidez. Era hora de jugársela por ella y por la familia que podían construir.

-Gracias -la palabra salió de su boca sin siquiera haberla considerado y al notar su gesto interrogativo continuó- por defenderme frente a Greengrass.

-No tenía derecho a decir todas esas cosas de ti sin conocerte realmente -la sinceridad de sus palabras se transmitía en la elocuencia de su voz.

-Creíste en mí.

-Jamás podría dudar del amor que le tienes a los niños, hay cosas que no se pueden fingir -sus ojos miel no abandonaban su rostro.

Draco la observó jugar con sus manos y con dos pasos se situó frente a ella con la mesa de por medio.

-Gracias -la oyó decir ahora a ella- tú también me defendiste frente a ese viejo.

-No puedo permitir que ni él ni nadie te ofenda, eres la madre de mis hijos -realmente con esas palabras quería darle a entender lo importante que era ella para él pero cuando la vio asentir dedujo que no le dio la lectura que deseaba. ¡Al demonio con todo! estaba dando muchos rodeos así que con una calma calculada caminó hasta quedar justo frente a ella- no puedo permitir que nadie ofenda a la mujer que amo -y mientras las palabras salían de su boca sonrió al ver como sus ojos se agrandaron incrédulos y luego se llenaron de lágrimas- porque aunque hubo un momento en que realmente te odié después de enterarme de la existencia de los niños para ese entonces ya también te amaba, por eso dolió tanto que me los hubieras ocultado.

Hermione asintió llorosa, recordando todos los reproches y el dolor del platino cuando descubrió la verdad.

-Jamás lo hice por tu pasado mortífago ni por tu apellido Draco, debes creerme -las lágrimas resbalaban libremente por sus mejillas pero no le importó. Quería que supiera que eso nunca fue relevante para ella- jamás me he avergonzado ni deseado que no fueras su padre, sin ti ellos no existirían y mi vida no estaría tan plena como desde el momento que me enteré que venían en camino.

Draco no pudo más que perderse en sus mares miel que brillaban más que nunca y llevó la mano a su mejilla pasando a secar con sus dedos las lágrimas que fluían sin parar.

-¿Fue cierto lo que dedujo Greengrass? ¿Me amas? -preguntó acercando más sus cuerpos, necesitaba oírla decir esas palabras pero sólo la vio asentir con una sonrisa nerviosa en los labios- ¿desde cuándo?

-Lo supe desde la cena de la gerencia legal, al estar cantando con Graham la segunda canción -cerró los ojos cuando sintió la caricia en su mejilla- me di cuenta que estabas sentado en la mesa y nuestras miradas se encontraron y fue ahí que supe que cada palabra era para ti -ahora fue ella quien elevó la mano a su mejilla- te amo Draco.

Ese te amo era todo lo que necesitaba para dejar todos sus miedos atrás y ya no hubo motivo para que sus bocas no se devoraran ansiosas y sus cuerpos se mantuvieran separados. Las manos blancas del platino se enredaron en los suaves y largos rizos para luego bajar por sus espalda hasta sus caderas, presionándola más a su cuerpo para que note la ansiedad que sentía por ella.

-Bendita canción -le dijo entre besos- desde ese día es una de mis favoritas -y cuando se separó de ella para mirarla Hermione notó que le estaba dedicando la sonrisa más hermosa que alguna vez hubiera visto y su corazón prácticamente explotó de alegría.

-Pensé que ya no volveríamos a estar así -dijo ella después de un rato, cuando los besos se hicieron más intensos y necesitaron respirar- no hallaba cómo acercarme a ti y lograr que me perdonaras -apoyó su mejilla contra su pecho y lo abrazó con fuerza- me prometí conquistarte a tu regreso y si no lo lograba por lo menos tenía la tranquilidad de haberlo intentado.

Sintió la risa de Draco en su cabello y levantó la cabeza para mirarlo. Él la alzó con facilidad y la sentó en la mesa, como lo hizo antes de marcharse a su viaje, y luego se hizo espacio entre sus piernas.

-Pues durante los quince días que estuve fuera llegué a la misma conclusión... me vi forzado a reconocer mis sentimientos por ti y cuando Astoria adoptó tu cuerpo tuve que aceptar que estaba perdido -le dio un beso en la frente antes de continuar- y decidí que desde que pusiera un pie en Londres me dedicaría a conquistarte, sólo que no me iba a dar margen a "haberlo intentado".

-Somos unos tontos -dijo ella besando su cuello y provocando un estremecimiento en él. Sonrió feliz al notar lo que sus caricias le provocaban.

-Pero unos tontos que se aman -susurró apoderándose nuevamente de su boca y llevando la mano a su pecho. Tocarla se sentía tan bien pero necesitaba más. Con calma fue abriendo los botones de su blusa mientras su labios se deslizaban por su cuello y clavícula, al mismo tiempo su cadera seguía un ritmo tortuoso haciendo contacto íntimo con la de ella- me propuse cortejarte con calma, darte el espacio para que te des cuenta de la intensidad de mis sentimientos, pero no sé si seré capaz de marcharme hoy -volvió hambriento a su boca que lo recibió ansiosa- te necesito.

Las palabras tuvieron el efecto de desatar una tormenta de fuego en Hermione que con desesperación también comenzó a desvestirlo, paseando sus manos posesivamente por su espalda y pecho, transmitiéndole de esta forma que ella se sentía igual. Draco se tomó su tiempo como el demonio atormentador que era; se dedicó a acariciarla sobre la ropa negándose a retirarla en su totalidad, tocando la piel expuesta de vientre y cuello pero acariciando sus pechos y su intimidad sobre el sujetador y sus pantalones, mordió sus sensibles pezones sobre el encaje y Hermione estaba segura que ardería de combustión espontánea. Pero a ese juego podían jugar los dos y con un movimiento totalmente inesperado para el rubio se pegó a su pecho y antes que dijera quiditch se deshizo de su camisa mientras su boca recorría ansiosa su clavícula y comenzaba a descender a partes más sensibles de su anatomía.

-Me vas a volver loco -masculló él acomodándola en su cadera y sin dejar de besarla hizo el recorrido a esa habitación que hasta hace poco le había estado vetada.

Con delicadeza la recostó en su cama y comenzó a quitar las prendas restantes, la urgencia era presa de ambos hasta que Hermione tomó nota de algo y puso las manos sobre su pecho para alejarlo. Su rostro adoptó una preocupación tan palpable que Draco se asustó.

-¿Que sucede pequeña?

Hermione no quería romper el hechizo del momento, pero antes de dar cualquier paso necesitaba tener la certeza que todo realmente estaba bien.

-¿Realmente me has perdonado? ¿Esto no es sólo para darles a los niños una familia?

Draco la miró con esas preciosas orbes plata que ahora estaban oscurecidas y que le prometían muchas cosas.

-Por supuesto que quiero darle una familia a mis hijos Hermione -notó cómo se ponía rígida entre sus brazos- pero también es cierto que te amo y si no te hubiera perdonado no estaría aquí en estos momentos -cuando ella sonrió él también lo hizo, pero esta vez con una sonrisa ladina al recordar algo que él también quería- aunque...

-¿Aunque qué? -preguntó curiosa.

-Mi perdón estará completo cuando pongas en mis brazos una niña de rizos castaños igual a ti, quiero más hijos contigo -su sonrisa aumentó al verla bufar.

-¡Eso es trampa Draco Malfoy! ¡Podríamos tener media docena de varones sin que nazca una niña! -aún en esas circunstancias su mente barajaba las probabilades que nazca una nueva Malfoy, pero los besos que ahora estaba recibiendo en sus pechos la desconcentraba. ¡El muy maldito estaba jugando rudo!

-No te preocupes, los amaré a todos -realmente ganarle a los Weasley en este sentido no le parecía nada mal.

-En el caso de aceptar -susurró dudosa sobre sus labios- prometamos que no sabremos el sexo del bebé ni por medio muggle ni mágico hasta el día que nazca -estaba segura que Draco no aguantaría una condicionante así.

-Me parece justo, algo de incertidumbre no es mala para aumentar la emoción ¿entonces tenemos una promesa?

-Eres un tramposo hurón botador pero eso también significa que al momento de nacer una niña cerraremos la fábrica de mini Malfoys.

-Hasta que nazca una niña castaña -insistió.

Hermione bufó nuevamente.

-Está bien, una niña castaña -accedió.

-Entonces ¿dónde estábamos? hay una princesa que nos está esperando.

Y Hermione rió mientras lo atraía a ella disfrutando sus manos recorrer su cuerpo. Una cosa era segura, pensó cuando los besos se volvieron demandantes y las caricias los tenían gimiendo descontroladamente, si la búsqueda de esa niña castaña que tanto quería Draco significaba noches tan apasionadas como esta estaba dispuesta a tener una docena de niños, aunque claro está que nunca se lo diría. Cuando lo sintió introducirse en ella su mente se desconectó y sólo se dedicó a recibir y dar placer. Lo amaba con locura.


Hermione estaba sentada en su escritorio con una sonrisa de boba que se había mantenido desde que se despertó abrazada a Draco esa mañana. Se sentía tan feliz que estaba segura que todos notaban que algo sucedía con ella pero no podía evitarlo, este era uno de los mejores días de su vida. Habían decidido que en la tarde, después del colegio, hablarían con los niños, y aunque hubiera preferido no dar luces de su relación en la oficina para evitar comentarios Draco insistió que eso no le competía a nadie más que a ellos y agarró firmemente su mano y entrelazó sus dedos mientras la miraba fijamente. "Desde hoy siempre caminaremos así Hermione, de la mano, lado a lado y no importa cuántos Greengrass se nos atraviesen en el camino, les daremos la pelea a todos y venceremos ¿sabes porqué? -ella negó porque no sabía dónde quería llegar con esas palabras- porque valemos la pena. Tú, yo y nuestros hijos valemos la pena".

Trató de concentrase en el mail cuyas palabras no lograba conectar cuando un mensaje de Draco se desplegó en la pantalla.

-¿Puedes subir?

Rió ante lo escueto de la frase.

-Subiendo -respondió y se puso de pie para ir a su encuentro.

Optó por utilizar las escaleras en lugar de aguardar por el ascensor, era sólo un piso. Camile no se encontraba en su escritorio así que pasó directo hasta la oficina de Draco y tocó esperando la autorización de entrar. La puerta se abrió y no había dado dos pasos en el interior cuando sus brazos la atraparon y sintió el golpe de la puerta al cerrarse y luego ser aprisionada entre su cuerpo y la madera.

-Te extraño a morir -lo escuchó decir antes que su labios se apoderaran de los de ella y su lengua recorriera el interior de su boca con desesperación mientras sus manos la alzaron obligándola a envolver su piernas en su cadera.

Hermione perdió de tal manera la noción de la realidad hasta que pasados unos minutos se percató que ya no estaba apoyada en la puerta sino en el gran ventanal, con su falda subida hasta su cintura y las manos de Draco trazando cada centímetro de sus piernas.

-Alguien puede entrar -dijo apenas mientras él ahora se preocupaba de sus pezones.

-Hechicé la puerta muy bien -respondió desabotonando su blusa- nadie entrará.

-Deberíamos estar trabajando -Hermione lanzó un gemido cuando sintió su mano en su zona sur y prácticamente olvidó porqué quería que trabajar en lugar de continuar ese delicioso tormento.

-No puedo trabajar por tu culpa -lo oyó decir justo en su oreja, después de besar un punto especialmente sensible en su cuello- verás, tengo un sueño desde navidad que me persigue todos los días y que Santa no me cumplió.

-A lo mejor no fuiste un niño bueno -lo picó sosteniendo su rostro entre sus pequeñas manos.

-Pero sí lo fui -respondió mientras contorneaba el costado de su cuerpo haciéndola gemir nuevamente- pero creo que se traspapeló y lo estoy recibiendo con atraso -Hermione descubrió que amaba esas sonrisas ladinas que lo hacían parecer un niño travieso.

-¿Y de qué iba tu sueño? -preguntó curiosa- a lo mejor puedo ayudarte a cumplirlo, aunque pensé que todas tus fantasías las realizarías en Eastbourne.

-Pues estábamos justo aquí, en esta misma posición pero con menos ropa -con ansiedad le quitó todas las prendas hasta tenerla completamente desnuda y ella, al igual que en su sueño, llevó las manos a su cinturón y con los pies empujó su bóxer y pantalones que él se apuró en hacer a un lado. Ansioso por sentirla piel con piel se quitó la corbata y la camisa disfrutando el contacto de sus pechos con el suyo- ahora sí -murmuró rozándola de todas las formas posibles- haz realidad mi sueño Hermione y te prometo que luego yo cumpliré cada uno de los tuyos -y cuando entró en ella supo que estaba vez aquel sueño que comenzó en navidad terminaría de la mejor forma para los dos. Pero no terminarían ahí, Merlín no lo permita, después de hacerle el amor en cada punto de su oficina los aparecería en Eastbourne para hacer realidad las fantasías que sin ser ella consciente había inducido. ¡A la mierda el trabajo por el día de hoy!


Narcisa se encontraba cortando unas rosas blancas hechizadas para dar flor durante todo el año mientras pensaba en organizar una fiesta de compromiso para Pansy y Blaise, algo íntimo, con las personas que realmente importaban cuando los escuchó llamarla desde la sala. Le llamó la atención que no estuvieran en la oficina porque no pasaban de las cuatro de la tarde y normalmente llegaban cerca de las seis cuando no planificaban algo por separado. Al entrar dejó la canasta en la que cargaba los delicados tallos y escuchó sus voces provenientes de la sala, Theo estaba con ellos.

-¿Sucede algo? -preguntó curiosa- pensé que llegarían más tarde.

-Considerando que Draco y Hermione están desaparecidos desde la mañana decimos tomarnos un tiempo libre también -dijo Pansy sonriendo.

-Espero que hayan podido arreglar sus problemas -murmuró la rubia esperanzada. Anoche Draco no había ido a dormir después de haberse ido con la castaña y los niños pero eso no significaba que había pasado la noche con ella; prefería no sacar conclusiones apresuradas.

-Pues yo diría que por la sonrisa de idiota que se cargaba cuando lo vi a primera en su oficina debe haberlo hecho -la contradijo Theo riendo.

-Concuerdo con Theo -lo apoyó Blaise- tenía esa sonrisa de idiota enamorado.

-Querido, es la misma que tu tienes todos los días desde que volvieron de su viaje-lo molestó Narcisa tomando asiento en uno de los sillones individuales. Mas no alcanzó a acomodarse cuando unas voces inquietas comenzaron a acercarse a ellos, provocando que bruscamente se pusiera de pie. Junto a Nimie se encontraba Artai, el elfo que custodiaba Malfoy Manor y que se veía claramente asustado- Artai ¿qué sucede? -preguntó inquieta acercándose a la pequeña criatura.

-Ama, desde esta madrugada se sienten ruidos extraños y fuertes temblores que no han parado en todo el día -respondió mirando a Narcisa con claro temor sobre lo que sea que estaba afectando la mansión.

-¿No investigaste? -preguntó Theo acercándose al elfo.

-No joven, aunque todos los ruidos se concentran en el ala este -los grandes ojos celestes estaban llenos de lágrimas, como disculpándose por no poder entregar más información.

-¡Vamos! -dijo con firmeza Narcisa apareciéndose en el hall de Malfoy Manor, seguida sólo por un lapsus de segundos por los otros tres jóvenes. No permitiría que nada malo vuelva a ocurrir en su casa, el lugar que esperaba algún día sea el hogar de su hijo y nietos.

Un aura totalmente distinta se respiraba en la construcción, el aire se sentía fresco y liviano, las paredes parecían más claras y brillantes, parte por las remodelaciones efectuadas por Narcisa tras la guerra y en parte como si la propia casa se estuviera rearmando desde sus cimientos. El sonido de algo rompiéndose se oía claramente desde el pasillo que conducía a la biblioteca familiar. Blaise y Theo tomaron firmemente sus varitas y guiaron a las mujeres sirviendo de escudo ante cualquier ataque, lo cual era improbable ya que se habían vuelto a levantar los hechizos protectores que impedía que un Malfoy y quienes ellos incorporaran fueran agredidos dentro de la propiedad. Sin embargo, después de toda la magia negra que había sido utilizada en el lugar era mejor no confiarse.

Cuando se acercaron a la biblioteca se dieron cuenta que el sonido provenía de más al fondo, de un cuarto que había sido destruido con saña por el señor oscuro como un castigo al linaje Malfoy y tras intercambiar una breve mirada, con varita en mano, los cuatros ingresaron al lugar. Lo que vieron los dejó asombrados, no era destrucción lo que estaba sucediendo sino que la pieza se estaba reconstruyendo por sí sola. Cada trozo de piedra volvía a tomar su lugar en las altas y blancas paredes hasta que el árbol genealógico de los Malfoy volvió a lucir intacto, desde su primer antepasado hasta terminar en la línea que nacía de Narcisa Black y Lucius Malfoy con el nombre de Draco. ¿Pero qué sucedía con el nombre de los gemelos? ¿Acaso la mansión no los reconocía como herederos? La pared estaba hechizada para visualizar hasta el último Malfoy que pisara el mundo ¿entonces qué estaba pasando? ¿sería la magia negra del lord?

-Narcisa -escuchó que la llamaba la voz asombrada de Pansy, haciéndola voltearse a la pared que estaba frente a ella. Un sollozo ahogado escapó de su garganta y casi con reverencia se acercó a ella.

En medio del muro apareció el rostro de Draco y a su lado el de Hermione Granger, con sus nombres en elegante caligrafía bajo cada imagen; más abajo dos nuevas líneas comenzaron a dibujar las bellas caras de Scorpius y Antares y trazar sus nombres y apellidos. Las lágrimas se deslizaron libremente por su blancas mejillas mientras acariciaba los rostros que dominaban ese lado del muro pero no le importó. Todo esto significaba una sola cosa: su hijo, su Dragón, había logrado formar su propio linaje, uno tan puro que impedía que se mezcle con el horror del pasado. Pero si eso de por sí ya los tenía a todos sorprendidos el que los nombres de los niños se desplazara unos centímetros al costado los dejó con la boca abierta. Una nueva línea neutra descendió de los nombres de Draco y Hermione formando un recuadro sin indicación de sexo, como era lo habitual. Lo importante era el hecho que ninguno podía rebatir: un nuevo Malfoy venía en camino.

Fin


Después de tanto tiempo he concluido este fic, este reto que comenzó como algo supuestamente anónimo escrito para una persona importante para mí como lo es mi niña y que se transformó en un canal de compañía y conocer virtualmente personas maravillosas. Si los primeros comentarios me dejaron con la boca abierta por lo inesperado todos los que los siguieron fueron un aliciente para continuar: millones de gracias por todas sus palabras de aliento, respaldo, sugerencias, todas sus críticas cuyas palabras tomé como una muestra de interés para mejorar la historia, en fin, me podría pasar mucho tiempo sólo escribiendo gracias. Mi querida Doris, siempre pendiente de mí y de escribirme para transmitirme que había personas esperando cada capítulo, gracias por tu interés y darme la oportunidad de acercarnos, estás totalmente incorporada a mi vida y agenda telefónica, un abrazo a la distancia para tu hermosa familia. A través de sus mensajes, que los leí absolutamente todos y los considero un tesoro, también pude interiorizarme de sus propias historias, al menos de quienes escriben, lo que agradezco profundamente porque he podido leer fanfic que son verdaderas obras de arte, felicitaciones a cada una de ustedes que se da el tiempo de crear tan maravillosas narraciones para que mortales como yo puedan salir de la realidad y devorar sus letras. También para quienes traducen historias y dedican parte de su tiempo a ello. Aún me falta el epílogo, espero que publicarlo pronto porque lo he ido avanzando de a poco.

Stphie, una vez me propusiste ayudarme con correcciones y con la historia, gracias hermosa y aunque no pudo ser en esta oportunidad fue más que nada porque mis tiempos eran de locura y ni yo podía organizarme. Pero gracias por tu interés y tu oferta. Creo que debe ser fabuloso combinar ideas para sacar una historia, espero hacerlo algún día. También estoy consciente que a muchas le hubiera gustado leer más de Theo y Luna, pero pensé que merecen su propia historia y haré lo posible por narrar cómo hizo esa serpiente para atrapar su luna.

Nuevamente gracias a todas y nos leemos pronto con el epílogo. Una muy feliz navidad a cada una de ustedes y que sólo bendiciones, inspiración, amor, estabilidad, unión familiar y éxito lleguen a sus vida. Con cariño,

Sabina G.