Hola chicas. Me he tardado un poquito trayéndoles esté capítulo, pero mi tiempo en la universidad me consumía. Pero adivinen quien tiene vacaciones, ¡esta nena que esta aquí! Así que hoy mismo me puse a traducir y acabo de terminar de hacerlo.

Quería aclararles, para aquellas que han leído el libro o lo están haciendo, a medida que avance modificare y cambiare algunas cosas para que se adapten mejor a los personajes de Bleach. ¿Esta bien? Oka.

Gracias por su Rw: Anya-chan (gracias por tus palabras linda, me emociona que me sigas leyendo), AsahiDragneel77 (yo también me enamore a leerlo por primera vez, y me supermega enamora traducirlo y hacerlo un Ichihime), JakiSanz (gracias por tu comentario y me alegro de tenerte como una seguidora más en esta historia, espero y te guste este capítulo), Daianapotter (jajaja si es algo raro que lo haya puesto como doctor, pero todo tiene su razón de ser. Más adelante explicare el porque o tu misma te darás cuenta nena), Erika (aquí esta la continuación, ¡disfrutala!), WidowSlayer (si es parecida, lo único es que Urahara sufre aún más... el saber que si tocas a alguien o alguien te toca, puede ocasionar que una plaga o enfermedad mortal mate a mucha gente... es algo rudo de asimilar y aceptar u-u) Gracias también a aquellos que le dieron fav, follow a la historia. ¡Son unos amores!

Antes de que bajen a leer el cap, les pido que lean las notas finales. Gracias. Les pido disculpar por cualquier error a la hora de leer, si ven alguno, díganmelo y tendré más cuidado a la hora de traducir el capítulo.

Sin más que decir, empiecen a leer.


III


«Llegar a casa, llegar a casa, llegar a casa». Ichigo repetía aquel cántico mentalmente para intentar distraerse del dolor. Para intentar ahogar la necesidad de hacer algo violento, una necesidad que aumentaba inexorablemente. La mujer, Orihime, botaba sobre su hombro, y era un recordatorio indeseado de que podía estallar en cualquier momento y asesinar a cualquiera. Empezando, por ella.

«Querías poseer a una mujer», le recordó el demonio. «Aquí tienes la oportunidad. Posee su sangre».

Él apretó los puños. Necesitaba pensar, pero no podía hacerlo con tanto dolor. Lo único que sabía con certeza era que debería haberla dejado en el bosque.

Sin embargo, había oído su grito de sufrimiento, un sonido torturado, el tipo de gruñido enloquecido que Ichigo quería emitir a menudo. Y dentro de él, algo había reaccionado profundamente. Había sentido la necesidad de ayudarla, de rozar su piel suave una vez más. Esa necesidad había sido más fuerte que Violencia. Una hazaña asombrosa, increíble.

Así que había vuelto a buscarla.

«Estúpido».

En aquel momento, ella estaba tendida sobre su hombro. Su olor a mujer le alcanzaba y sus curvas suaves se le ofrecían si quería explorarlas. «O cortarlas», intervino el demonio. Era fácil entender por qué la habían enviado los Cazadores: era una mujer increíblemente bella. ¿Quién ―en su sano juicio― iba a querer estropear aquella feminidad exuberante, quién rechazaría esa sensualidad tan descarada? Parecía que él no. Y eso que él nunca se encontraba en sano juicio.

«Estúpido», se dijo de nuevo.

¡Cazadores! Estaban en Budapest, seguro. Sus tatuajes eran un buen recordatorio de aquellos oscuros días de Grecia. Claramente, querían su sangre, porque cada uno de los cuatros hombres que seguían a Orihime llevaban un arma y un silenciador. Para ser mortales habían luchado con maestría.

Ichigo había salido victorioso de aquel enfrentamiento, aunque no indemne. Había sufrido un corte en una pantorrilla y tenía una costilla rota.

Se preguntó cómo reaccionaría Orihime cuando supiera que habían muerto. ¿Lloraría, gritaría, enloquecería? ¿Lo atacaría, cegada por la rabia?

¿Habría más Cazadores esperando en la ciudad? En aquel momento, a Ichigo no le importaba. Se sentía transportado con Orihime en sus brazos, y el infierno de su vida se estaba retirando momentáneamente, dejado sólo… deseo, quizá. Obsesión instantánea.

Ella tenía una piel suave y flexible, como la canela con miel. Sus ojos eran de un color grisáceo precioso, y una mirada tan atormentada que le provocaban una opresión en el pecho. Él nunca había visto un mortal que pareciera sufrir tanto, y sentía cierta empatía con ella.

Sabía que llevarla a la fortaleza iba contra las normas, y que suponía una amenaza para sus secretos mejor guardados. Debería avergonzarse de sí mismo por llevarla.

Y ella… ella debería estar gritando de terror. ¿Por qué no lloraba? Cuando se había abalanzado sobre ella por primera vez, manchado con la sangre de los aliados de aquella mujer, había visto una sonrisa deliciosa dibujándose en sus labios, iluminándole la cara, dejando a la vista una dentadura blanca y perfecta.

Al recordar aquella sonrisa, Ichigo se excitó. Sin embargo, se sentía muy confuso. Aunque había pasado una eternidad desde la última vez que se había enfrentado a un cebo, no recordaba que los señuelos de los Cazadores fueran tan transparentes a la hora de mostrar su satisfacción.

Ni siquiera Mashiro, el cebo que había conseguido seducir a Kensei, el guardián de Desconfianza. Mashiro había representado muy bien su papel de alma maltratada, asustada. Al verla, Kensei había decidido actuar sin recelo por primera vez desde que lo habían condenado a alojar al demonio. O quizás no. Ichigo siempre se había preguntado si aquel guerrero no quería morir. De ser así, lo había conseguido. Lo habían apuñalado después de que él le abriera la puerta de su casa a Mashiro, que a su vez, había franqueado la entrada a los Cazadores. Y cuando lo habían apuñalado, lo decapitaron. Inmortal o no, Kensei no había tenido la más mínima oportunidad de sobrevivir.

Antes de Mashiro, otro cebo había seducido a Kaien, aunque aquello no había requerido demasiado esfuerzo. Durante su encuentro, los Cazadores habían entrado en el dormitorio de la mujer y habían apuñalado al guerrero por la espalda con la intención de debilitarlo antes de poder cortarle la cabeza.

Sin embargo, Kaien estaba fortalecido por el sexo. Incluso herido, se las había arreglado para liberarse y matar a todos los que lo rodeaban.

Ichigo no podía imaginarse que la mujer a la que portaba fuera lo suficientemente cobarde como para apuñalarlo por la espalda. Quizás Orihime fuera inocente. No había encontrado cámaras, ni explosivos, en los árboles cercanos a ella. Quizás…

―Quizás sea más idiota de lo que te crees ―murmuró para sí.

―¿Qué? ―él hizo caso omiso. Lo mejor era que estuviera callada.

Por fin, Ichigo vio la piedra oscura de la fortaleza. Sentía un dolor atroz en el estómago, que estaba a punto de hacerlo caer. Violencia recorría sus venas haciendo hervir su sangre.

«Mata. Hiere. Mutila»

―No…

«Mata. Hiere. Mutila»

―¡No!

«Matahieremutila»

―¡Ichigo!

El espíritu se revolvió, desesperado por liberarse. «Lucha contra ella», se dijo Ichigo. «Calma»

Inhaló profundamente y después espiró. «Mata, hiere, mutila. Mata, hiera, mutila»

―Resistiré ―susurro―. No soy un monstruo.

«Ya veremos…»

―¿Ichigo? ―preguntó Orihime otra vez. Su voz dulce le llegó a los oídos. En parte era un bálsamo calmante, y por otro, como ascuas―. ¿Qué…?

―Silencio ―corto.

Se la bajó del hombro, sin soltarla, y abrió la puerta principal de una patada, con tanta fuerza que estuvo a punto de sacarla de los goznes. Oyó voces enfadadas.

Urahara, Ishida y Renji estaban en el vestíbulo, discutiendo:

―¡No debiste haber permitido que saliera! ―gruño Ishida―. ¡Se convierte en un animal! Urahara, aniquila…

―¡Ya basta, maldición! ―gritó Ichigo interrumpiendo―. ¡Ayudadme!

Los tres hombres se giraron hacia él.

―¿Qué ocurre? ―pregunto Renji. Al ver a Orihime se quedo boquiabierto―. ¿Por qué has traído a una mujer al castillo?

Al oír el escándalo, Kaien y Ganju acudieron a toda prisa a la entrada, con la tensión reflejada en el rostro. Cuando vieron a Ichigo, se relajaron.

―Por fin ―dijo Kaien con alivio. Sin embargo, también vio a Orihime―. ¿Es un regalo para mí?

Ichigo le enseño los dientes en respuesta. «Mátalo», le dijo Violencia, susurrándole seductoramente. «Mátalo»

―No deberíais estar aquí ―les dijo con gran esfuerzo―. Tomadla y lleváosla antes de que sea demasiado tarde.

―Míralo ―susurro Kaien, cuyo alivio se había esfumado―. Miradle la cara.

―El proceso ya ha empezado ―sentencio Ishida.

Aquellas palabras pusieron a Ichigo en acción. Aunque no quería soltar a Orihime, la tiró contra el grupo. Ishida la agarró sin esfuerzo. En cuanto ella apoyó el peso del cuerpo en el suelo, hizo una mueca de dolor. Ichigo se dio cuenta de que debía haberse torcido el tobillo, y la preocupación desplazó al deseo de sangre, al menos, durante un instante.

―Cuidado con el pie ―ordenó. Ishida la soltó para mirarle el tobillo, pero Orihime se alejó de él y cojeó hacia los brazos de Ichigo. La preocupación de Ichigo se intensificó cuando la abrazó sin poder evitarlo. Ella estaba temblando. Sin embargo, un momento después dejó de importarle. Una niebla pestilente se extendió por su cabeza y borró brutalmente cualquier emoción que hubiera en su camino.

―Suéltame ―gruñó empujándola.

Ella se aferró a él.

―¿Qué pasa? ―Ishida la agarró y tiró de ella, sujetándola con fuerza. Si hubiera tocado a Ichigo un segundo más, quizás la hubiera hecho añicos. De hecho, Ichigo dio un puñetazo en la pared más cercana.

―Ichigo ―susurro ella con la voz temblorosa.

―No le hagáis daño ―dijo él, tanto para sí mismo como para los demás.

―Tú ―añadió, mientras señalaba a Renji con un dedo teñido de rojo―. A la habitación, ahora.

No esperó respuesta. Comenzó a subir de dos en dos los escalones.

Oyó a Orihime protestar.

―¡Quiero ir contigo!

Él se mordió el interior de la mejilla hasta que saboreó la sangre. Se permitió mirar atrás una sola vez.

Ishida agarraba a Orihime con más fuerza, y su pelo rojo le rozaba los delicados hombros. Al verlo, la necesidad de derramar sangre que sentía se intensificó. «Mía. Es mía. Yo la encontré. Nadie más que yo puede tocarla»

Ichigo no sabía si era el espíritu o él mismo quien sentía aquello, y no le importaba. Sólo quería matar. Sí, matar. La furia se adueñó de él. Se detuvo y cambió de dirección. Iba a partir a Renji en dos y a cubrir todo el suelo con su sangre.

«Destruir, destruir, destruir. Matar, matar.»

―Va a atacar ―dijo Renji.

―¡Sacadla de aquí! ―exigió Urahara.

Ishida arrastró a Orihime fuera del vestíbulo. Sus gritos de pánico alcanzaron los oídos de Ichigo, y eso sólo sirvió para incrementar sus impulsos más oscuros. La imagen de su cara pálida, preciosa, se le apareció en la mente una y otra vez. Era lo único que veía. Ella estaba aterrorizada. Confiaba en él. Había extendido los brazos hacia él.

Su estómago se había convertido en una masa latente de agonía, pero no aminoró el ritmo de sus pasos. En cualquier momento llegaría la medianoche y él moriría, pero iba llevarse consigo a todo el mundo. «Sí, debo destruirlos»

―Ah, maldita sea ―dijo Ganju―. El demonio lo controla completamente. Tendremos que reducirlo. ¡Renji, vuelve! ¡Date prisa, joder!

Ganju, Renji y Kaien avanzaron hacia él. En una fracción de segundo, Ichigo desenfundó sus dagas y las lanzó. Como esperaban el ataque, los tres se agacharon. Las cuchillas pasaron silbando por encima de ellos y terminaron clavándose en la pared. Un instante después, sus compañeros habían caído sobre él y lo habían derribado. Estaba de espaldas en el suelo, luchando contra ellos, rugiendo, dando golpes.

Los guerreros consiguieron arrastrarlo escalera arriba hacia su habitación. A Ichigo le pareció oír los sollozos de Orihime, creyó que la veía intentar apartar a los hombres de él. Entonces dio un puñetazo que impacto con algo… una nariz. Oyó un aullido de dolor. Experimentó una gran satisfacción. Quería más sangre.

―¡Maldita sea! Encadénalo, Renji, antes de que le rompa la nariz a alguien más.

―Es demasiado fuerte. No sé cuánto voy a poder sujetarlo.

Pasaron los minutos mientras luchaban, quizás una eternidad. Después, Ichigo sintió unas argollas de metal en las muñecas y los tobillos. Se retorció y se arqueó, y las argollas le cortaron la piel.

―¡Desgraciados!

El dolor que le atenazaba el estómago era insoportable. Ya no era esporádico, sino constante.

―¡Os mataré! ¡Os llevaré a todos al infierno conmigo!

Renji se acercó a él con una mirada sombría de determinación y expresión de tristeza. Ichigo intento derribarlo con un golpe de rodillas, pero las cadenas se lo impidieron. El guerrero también se mantuvo firme. Tomó una espada que había a su lado..

―Lo siento ―susurró, mientras el reloj daba las doce.

Entonces le clavó la espada a Ichigo en el abdomen. El metal atravesó todo su cuerpo hasta la espina dorsal antes de volver a salir. Al instante, la sangre brotó de la herida y se extendió por su pecho y estómago. La bilis le quemó la garganta, la nariz. Ichigo maldijo, mientras se retorcía.

Renji volvió a atravesarlo. Y otra vez… el dolor, la agonía… la piel le quemaba. Con sólo aquellas tres cuchilladas, sus huesos y sus órganos ya estaban desgarrados. Sin embargo, siguió luchando. Sentía una desesperada necesidad de matar. Una mujer gritó.

―¡Ya basta! ¡Lo estáis matando! ¡Basta! ¡Oh, Dios mío!

Renji volvió a atravesarlo con la espada.

Unas telarañas negras le cubrieron la visión mientras miraba la habitación. Vio borrosamente que Kaien agarraba a Orihime. La sombra del hombre la engulló. Sin embargo, las lágrimas le brillabas en los ojos grises y en las mejillas pálidas.

Ella se resistió, pero Kaien se mantuvo firme y empezó a sacarla de la habitación.

Ichigo emitió un gruñido animal. Kaien la seduciría. La desnudaría, la saborearía. Ella no podría resistirse. Ninguna mujer podría.

―¡Suéltala! ―gritó―. ¡Ahora!

Su visión se oscureció por completo.

―Sacadla de aquí y que no vuelva a entrar ―ordenó Renji mientras lo apuñalaba por quinta vez―. Lo está enloqueciendo más de lo normal.

Tenía que salvarla. Tenía que ir por ella. El sonido de las cadenas se mezcló con los jadeos de Ichigo mientras intentaba seguir luchando.

―Lo siento ―susurro Renji nuevamente.

Finalmente, lo atravesó por sexta y última vez.

Entonces Ichigo se debilitó. El espíritu se tranquilizó y se retiró a un rincón de su mente.

Hecho. Estaba hecho.

Quedó exánime en la cama, empapado en su propia sangre, incapaz de moverse ni de ver. El dolor no lo abandonó, ni tampoco el calor abrasador. Se intensificaron, se convirtieron en una parte de sí mismo, como la sangre. Un líquido caliente le burbujeó en la garganta.

Ishida. Ichigo supo que era él porque reconoció el olor engañosamente dulce de Muerte. Ishida se arrodilló juntó a él y le tomó la mano. Aquello significaba que su fallecimiento estaba cerca. Sin embargo, para Ichigo, el tormento verdadero no había comenzado todavía.

Como parte de su maldición, Violencia y él pasarían toda la noche en el infierno, quemándose en sus llamas. Abrió la boca para hablar, pero sólo consiguió toser. La sangre le estaba anegando la garganta, ahogándolo.

―Por la mañana tendrás que explicarnos muchas cosas, amigo ―dijo Ishida con voz dura―. Ahora, muere. Llevaré tu alma al infierno, como es obligatorio. Sin embargo, quizá esta vez prefieras quedarte ahí en ves de tener que enfrentarte a lo que te espera cuando vuelvas a casa.

―La chica ―susurro Ichigo ignorándolo.

―Relájate ―respondió―. No le haremos daño. Te estará esperando aquí por la mañana.

―Intacta ―exigió.

Era una petición extraña, Ichigo lo sabía. Ninguno de ellos había sido posesivo nunca con una mujer. Sin embargo, esa mujer… no estaba muy seguro de lo que quería hacer con ella. Sabía lo que debería hacer, y lo que no podía hacer. Ninguna de las dos cosas tenía importancia en aquel momento. Porque, más que nunca, sabía que no quería compartirla.

―Intacta ―insistió débilmente ante el silencio de Ishida.

―Intacta ―acepto finalmente.

El olor a flores se intensificó. Pasó un instante e Ichigo murió.


Si chicas, lo sé. Quedaron picadas, ¿y quien no? Por eso les tengo una buena noticia, la próxima actualización será entre mañana y pasado. Así que no tendrán que esperar tanto para saber que continuara... y por lo que puedo decirles, estará muy bueno. Así qué, no se desesperen.

Pronto, no sé si lo subiré esta semana o la otra, pero subiré una historia Ichihime, pero con una trama que es totalmente de mi autoria. Así que cuando tenga una fecha exacta para subirlo, les aviso y así me dicen que tal, ¿ne?

¡Pasen linda noche, dulzuras!

Isabel