Holas chicas. ¿Ha pasado un tiempo, no? La verdad, lamento haberme tardado mucho. Pensé que al menos con la traducción de esta historia podría estar al día, pero no pudo ser así. Gracias por sus mensajes bonitos referentes con el tema de mi país, que aún se encuentra literalmente más enterrado. Ahora que he vuelto, pondré todo de mi parte por terminar mis historias. Planeaba actualizar hace unos días, como se lo comente a Daiana por dm, pero me fue imposible. Sin interntet, ¿como podría? Para los que me leen y viven aquí, saben que el servicio de intercable es una porquería al igual que mi querido Presidente. Así que, lamento no haberlo hecho cuando te dije Daia-chan, que lo haría. Espero disfruten este capítulo, el que viene se pondrá interesante.
Este capítulo esta dedicado a todas ustedes. ¡Muchísimas gracias por su paciencia y aliento! ¡Las quiero !
VI
Un puñetazo, un gruñido de dolor. Esquivar el golpe, otro puñetazo.
Ichigo le dio un fuerte golpe a Ganju en la mejilla y este se tambaleó hacía un lado con otro gruñido. Sin embargo, un segundo después, se vengó con un buen gancho de izquierda en la mandíbula de Ichigo, al cual le rechinaron los dientes mientras la boca se le llenaba de sangre. El gusto era metálico pero dulce, y en parte, sació la sed del espíritu.
Estaba sonriendo cuando le clavó la rodilla en l estómago a su contrincante. El guerrero se dobló hacia delante, resollando. Más. Necesitaba infligir más daño. Antes de que Ichigo pudiera darle con el codo en la cabeza, Ganju se echo hacia adelante con un aullido salvaje, rodeó a Ichigo con los brazos y lo tiro al suelo. Rodaron para conseguir la posición dominante; volaron los puños, chocaron las rodillas. Los codos se golpearon.
Ichigo silbó cuando Ganju volvió a golpearlo en la boca. La sonrisa se le borró de los labios y el interior de la mejilla se le desgarró. Noto otro chorro de sangre por la garganta.
— ¿Era eso lo que querías? —rugió Ganju.
Ichigo atrapo el cuello de su amigo con una mano y Ganju jadeó. Su piel comenzó a tornarse de color azul.
— ¿Era esto lo que tú querías? —preguntó a su vez Ichigo.
Ganju estaba luchando por respirar y el aprovechó que lo tenía inmovilizado para darle otros cuatro golpes, todos ellos en el rostro. Uno en el ojo, otro en la nariz, otro en la mandíbula, el último en la sien. «No más Violencia» «No más violencia», repetía constantemente con cada golpe.
«¿Estás seguro?», preguntó el demonio de un modo seductor.
Ichigo entrecerró los ojos y lanzó otro puñetazo. «Mátalo».
— ¡No! —gritó, y sólo entonces se dio cuenta que no había domesticado en absoluto al demonio. Ni siquiera un poco. Se quedó inmóvil, jadeando, sin saber qué hacer. No podía ir así al encuentro con Orihime, sediento de sangre y mucho más agresivo de lo que era generalmente. La espantaría.
—Oh, sí…
Lleno de cortes y magulladuras, Ganju rugió y le hundió el puño a Ichigo en el ojo derecho. El dolor le explotó en la cabeza cuando los anillos de su amigo le golpearon una vena. La visión se le oscureció momentáneamente. Algo húmedo comenzó a derramársele por la cara y finalmente, la voz sádica del espíritu se acalló.
Quizá necesitara someter al espíritu a golpes. Feliz de complacerlo, abrió los brazos para aceptar el siguiente golpe.
Ganju no le decepciono. El guerrero le dio una patada en el estomago e Ichigo cayó hacia atrás. En cuanto toco el suelo, Ganju se coloco sobre él, y le sujeto los hombros con las rodillas con una expresión de demoniaca satisfacción en los ojos, mucho más amenazante que el tatuaje que tenía en el cuello.
— ¿Quieres más, bastardo? —preguntó su amigo con una sonrisa.
Ichigo entrecerró los ojos de nuevo, o lo intento.
—Más.
Un puñetazo. La cabeza de Ichigo se giro bruscamente hacia la izquierda. Puñetazo. Vuelta hacia la derecha. Otro golpe. El cartílago de su nariz crujió.
«¡Golpéame! ¡Más fuerte! ¡Más!».
A cada golpe, el espíritu se hundía más y más. Ira contra Violencia, pensó Ichigo, y Violencia se había acobardado. La idea de vencer a Violencia le producía casi un clímax sexual. Sonrió, pensando que así debía sentirse Renji cuando se infligía heridas a sí mismo para sentir dolor. Feliz en el sufrimiento. Desesperado por conseguir más.
Al recibir otro golpe, los dientes le mordieron la lengua, haciendo que se le hinchara.
Ahora no podré besar a Orihime, pensó para sí mismo con desagrado.
«No tienes que besarla para acostarte con ella», le dijo el demonio con malicia, y fue suficiente para provocarle un ataque de furia.
«¡Ya basta, maldición!». El quería besar a Orihime. Quería probar su sabor en la mientras ella se retorcía contra él. Y lo conseguiría. Mientras lo devoraban las llamas, aquella noche interminable en la que la conoció, no pudo pensar en otra cosa que no fuera ella.
Otro puñetazo.
— ¡Ganju, maldito idiota! —Ichigo oyó la voz de Ishida desde el pasillo—. ¿Qué estás haciendo?
—Darle a Ichigo lo que necesita. Puñetazos.
— ¡Basta!
—No.
El golpe siguiente se hundió más fuerte y más profundamente en la sien de Ichigo, haciendo que le retumbara el cerebro.
—No pares —le dijo a Ganju. Un poco más, y quizá el espíritu se mantuviera escondido durante el resto del día.
— ¡Basta! —Repitió Ishida—. Ahora mismo vas a parar, idiota, o esta noche te llevare a pasear un rato por el infierno junto a Ichigo.
Al instante, cesaron los golpes. Era una amenaza que Uryuu podía cumplir con facilidad.
Ganju estaba jadeando, e Ichigo también. Estuvo a punto de agarrarlo por la muñeca y obligarlo a que siguiera golpeándolo. Quería, necesitaba más. No podía arriesgarme. Si debía recibir golpes hasta que no pudiera moverse, se dejaría pegar.
No quería hacerle daño a Orihime.
Todavía no, al menos.
De mala gana, Ganju se levanto y le ofreció la mano para ayudarlo a incorporarse. Con la misma renuencia, Ichigo la acepto y pronto estuvo de pie. Juntos se enfrentaron a Ishida.
No había ninguna emoción e los ojos de Ishida mientras los observaba. Ichigo se paso la mano por la cara golpeada y encontró cortes que deberían haber sido suturado si hubiera sido humano.
— ¿Quiere decirme alguien que ha pasado?
—Estamos probando una nueva técnica de lucha —respondió Ichigo, con los labios hinchados. Por una vez, el espíritu se mantuvo callado. El casi se sentía normal. Darse cuenta de ello le resulto tan maravillosamente increíble que sonrió.
—Exacto. Una nueva técnica —lo secundó Ganju mientras le pasaba un brazo por los hombros. Tenía uno de los ojos cerrados y el labio inferior partido.
Ichigo sabía que en menos de una hora, sus heridas estarían totalmente curadas. La inmortalidad tenía sus ventajas.
¿Volvería Violencia a su cuerpo cuando estuviera sano?
Ishida iba a responder, pero Ichigo alzo la palma de la mano.
—No quiero oír tus quejas. Dejaste a Orihime en el calabozo. Deberías darles las gracias a los dioses de que no me tire a tu garganta.
—Hicimos lo necesario para que se mostrara dócil —dijo Ishida, y en su tono de voz no había ningún ánimo de disculpa o arrepentimiento.
Ichigo se puso tenso al notar una oleada de ira. Sin embargo, era una ira muy normal, que no le obligaba a hacer cosas terribles. Milagroso.
—Te pedí dos cosas. Solo dos cosas. Y no hiciste ninguna de las dos.
—Me pediste que la mantuviera con vida e intacta. Ambas se han cumplido —replico Ishida en el mismo tono.
Cierto, pero ella estaba asustada y helada, y por algún motivo, eso le hacía más daño que los puños de Ganju. Era tan menuda, tan delicada…
—Yo no podía ocuparme de sus necesidades. Deberías de haberlo hecho tú.
Ishida puso los ojos en blanco.
—Mira, en este momento tu mujer no importa —refuto—. Desde tu última muerte han ocurrido cosas, muchas cosas…
— ¿Qué no importa? Si se enferma…
Los bordes de su ira se convirtieron en puntas afiladas que provocaron al espíritu. Después de todo, no debía de estar completamente vencido, porque Ichigo se dio cuenta de que su cuerpo se tensaba y se preparaba para la lucha.
Al demonio le gusto. «Mátalo, quiere quedarse con lo nuestro».
Si, necesitaba matar. La sangre le hervía. Su piel se estiraba sobre los huesos.
—No te escucha —le dijo Ganju a Ishida, y le dio un empujón a Ichigo—. ¿Me oyes a mí?
—Si —respondió entre dientes.
— ¿Cuánto tiempo piensas tener aquí a la mujer?
«Todo lo posible» respondió su mente por cuenta propia.
«Lo que sea necesario» corrigió él.
Tenerla en la fortaleza era peligroso para ella, para él y para los otros Señores. Él lo sabía, pero no iba a liberarla. No tenía la voluntad ni el deseo. No había nada más importante que descubrir las delicias que prometía su cuerpo—
De repente, alguien le dio un puñetazo en la nariz y su cabeza exploto de dolor. La furia desvaneció. La excitación también. Ichigo parpadeo con confusión y miro a Ganju.
— ¿Por qué has hecho eso?
—Tu cara no era tu cara, sino la de Violencia —le respondió Ishida sacudiendo la cabeza. Tenía una expresión cansada—. Estabas a punto de estallar.
—Tienes que controlarte, Ichigo —Ganju lo miró con exasperación—. Eres como una espada de Damocles(1), preparada para caer en cualquier momento y cortarnos a todos.
—Eso suena gracioso viniendo de ti —respondió seco.
— ¿Dónde está la chica ahora? —inquirió Ishida.
Ichigo se encogió de hombros.
—En mi habitación.
— ¿La has dejado sola en la habitación? —Inquirió Ganju mientras lanzaba los brazos al aire—. ¿Por qué no le das un cuchillo y le dices que nos apuñale?
—La encerré. No puede causarnos problemas.
—Puede que sepa forzar la cerradura —expuso Ishida mientras se frotaba la nuca—. Quizá en este mismo momento este dejando pasar a los Cazadores.
—No, yo los mate.
—Pero pueden haber más.
Ishida tenía razón e Ichigo lo sabía. Y lo molestaba.
—Está bien. Comprobaré que sigue donde la deje. Sola.
Cuando comenzó a andar, Ishida y Ganju lo siguieron. Por el rabillo del ojo, vio que Ganju sacudía los brazos y un par de cuchillos caían en sus manos.
No se había dejado dominar por su demonio durante la pelea, después de todo.
Ichigo se dio cuenta de que, de lo contrario, su piel estaría hecha jirones en aquel momento.
Sintió una punzada de culpabilidad. ¿Había luchado Ganju solo para ayudarlo?
—Nadie toca a la chica —dijo él, y su culpabilidad se intensificó. Debería ser más leal con sus amigos—. No importa lo que averigüemos, es mía. ¿Entendido? Yo me encargaré de ella.
Hubo una pausa tensa mientras los otros dos hombres pensaban en su respuesta.
—De acuerdo —dijo Ishida con un suspiro.
Ganju permaneció en silencio.
—Es mi maldita habitación. Puedo entrar solo y dejarlos afuera…
—Está bien —cortó Ganju—. Es tuya. Aunque sé que no vas a hacer lo que deberías… Pero los Cazadores serán ejecutados al momento.
—De acuerdo.
—De todas formas, ¿Qué ha hecho ella para que sientas tanta lealtad? —pregunto Ishida con seriedad.
Ichigo no conocía la respuesta. Ni siquiera quería conocerla.
—Creo a nuestro amigo se le ha olvidado que el sexo es sexo —explicó Ganju—. La persona que lo ofrezca no importa. Esa mujer no es nada especial. Ninguna lo es.
De repente, Ichigo sintió otra oleada de furia y miro a Ganju fijamente. Ganju le devolvió la mirada y entre ellos hubo una gran tensión.
—No hables así de ella.
—Hablaré como quiera.
Ichigo sabía que, si volvía a oír a hablar a su amigo sobre Orihime de una manera tan despectiva, saltaría. A su garganta.
—Por la razón que sea —cortó Ishida—. Esa chica es un detonador. Dile que no volverás a hablar de ella, Ganju.
— ¿Y por qué? La última vez que lo comprobé, todavía tenía derecho a expresar mis opiniones.
—Ganju, tienes que estar cansado de limpiar la sangre de los suelos —dijo Ishida—. Piensa cuánta sangre correrá si los Cazadores están intentando invadir ahora nuestra casa y no les impedimos entrar. Díselo.
Ganju chasqueó la lengua disgustado.
—Está bien. No volveré a hablar de ella. ¿Contento?
Si. Ichigo se relajo al instante.
—No voy a decirlo, pero sabes lo que estoy pensando ¿verdad?
Si. Lo sabía. Era peor que Kaien.
— ¡Niños! —reprendió Ishida poniendo los ojos en blanco.
—Mamá… —respondió Ganju con sorna.
Finalmente, los tres hombres se pusieron de nuevo en camino hacia el dormitorio. Cuanto más se acercaban, más percibía Ichigo el olor a miel de Orihime. Aquel olor era suyo; no era de jabón, ni de perfume, sino suyo. Ichigo notó como se estaba poniendo duro. Tuvo la sensación de que llevaba toda la eternidad esperando probar aquella miel.
Miro a sus compañeros. No parecía que ellos percibieran aquel olor dulce que impregnaba el aire. Bien. El quería a Orihime por completo, en exclusiva.
Cuando llegaron al umbral, los tres se detuvieron. Ganju se puso tenso y preparo uno de sus cuchillos. Su cara se convirtió en una máscara dura, como si se estuviera preparando para hacer lo que fuera necesario. Ishida también sacó un arma: un revolver 45 cargado y preparado.
—Miren bien antes de atacar —advirtió Ichigo entre dientes.
Ellos asintieron.
—A la de tres. Uno —susurro mientras escuchaba atentamente.
Al otro lado de la puerta no se escuchaba ningún sonido. Ni el chapoteo del agua del baño, ni el suave entrechocar de un plato en una bandeja. ¿Se habría escapado Orihime, de verdad? Si lo había hecho…
—Dos.
Se le encogió el estomago. Apretó con fuerza el mango de su cuchillo.
—Tres.
Giro el pomo y abrió la puerta de par en par. Los tres hombres entraron rápidamente en silencio, preparados para cualquier cosa. Ichigo pasó la mirada por la habitación, asimilando todos los detalles. No había huellas en el suelo. Las ventanas estaban cerradas. La bandeja de comida, intacta. Había ropa suya fuera del armario, tirada por el suelo.
¿Dónde estaba Orihime?
Ganju e Ishida se prepararon mientras el avanzaba sigilosamente junto a la pared del armario, con los sentidos en alerta. Entonces las mantas de la cama se movieron y se oyó un suave gemido.
—Bajen las armas —ordenó en un susurro fiero. La sangre le había hervido al oír el sonido de aquel suspiro femenino.
Al acercarse a la cama, encontró a la bella durmiente. Orihime. Ángel. Destrucción.
Su pelo color naranja estaba extendido por la almohada blanca. Las pestañas, más oscuras que su cabello, proyectaban sombras picudas sobre sus mejillas, todavía manchadas de la porquería del suelo del calabozo. No se había bañado, no había comido. Debía de haberse quedado dormida en cuanto el la había dejado sola.
—Guapa —susurro Ganju con una admiración reticente.
«Exquisita», lo corrigió Ichigo para sus adentros. «Mía». Tenía los labios rojos y deliciosamente hinchados. ¿Se los habría mordido de preocupación? Observo el movimiento ascendente y descendente de su pecho y, sin poder evitarlo, alargo el brazo para tocarla. Sin embargo, apretó el puño antes de rozarla. De nuevo, su cuerpo se había endurecido como una roca y la necesidad borboteaba en su interior. Una necesidad oscura, intensa, más poderosa incluso que Violencia.
¿Cómo era posible que ella consiguiera aquella respuesta de él, sólo con un suspiro?
Finalmente, extendió los dedos y le acarició la mejilla con la suavidad de una pluma. Su piel era suave, pero a él le produjo un cosquilleo eléctrico y, al instante, la temperatura de su cuerpo subió otro grado.
Orihime abrió los ojos de golpe, como si ella también hubiera sentido el cosquilleo. De golpe, se incorporo, y la melena le cayó en cascada por los hombros y la espalda. Con ojos somnolientos, lo miro.
—Ichigo —susurro.
Se echo hacia atrás hasta que toco el cabecero de metal, y las cadenas repiquetearon contra los lados de la cama. Eran las cadenas con las que la ataban todas las noches.
—Ichigo —repitió ella. Asustada, alucinada… ¿feliz?
Los tres dieron un paso atrás al unísono. Él sabía por qué se movía; había visto su ruina en los preciosos ojos de ella cuando sus miradas se habían encontrado. Sin embargo, no sabía por qué los otros dos reaccionaron igual que él.
— ¿Qué… que estás haciendo? —preguntó ella—. ¿Y qué te ha pasado en la cara? ¡Estas sangrando!
Entonces se fijo en los otros y gimió.
— ¡No fue suficiente con matarlo anoche! ¿Han tenido que golpearlo hoy también? ¡Salgan de aquí asesinos! ¡Fuera!
Salto de la cama y se interpuso entre Ichigo y ellos, tambaleándose ligeramente mientras abría los brazos para mantenerlos alejados. ¿Para protegerlo? ¿Otra vez?
Con los ojos muy abiertos, Ichigo miro a sus amigos, que también tenían una expresión de asombro.
Las acciones de Orihime eran los de alguien inocente… O de alguien que fingía ser inocente.
De todos modos, Ichigo notó que quería tocarla otra vez. ¿Para sentir consuelo, quizás? No, no podía ser. Tenía que ser por deseo. Eso tenía más sentido. Él era un hombre, ella era una mujer. Era obvio, la deseaba.
Pero, ¿se haría aquel deseo más oscuro, tal y como temía?
La tomo del brazo y tiro para que se colocara tras él. Compartió una mirada de confusión con Uryuu, y después se volvió a mirarla. Antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, ella dijo apresuradamente:
— ¿Vas a llevarme a la ciudad ahora? Por favor.
¿Y no volver a verla? Ni loco.
—Come —le ordeno—. Lávate. Volveré pronto —dijo. Después les ladró a sus amigos—. Vamos.
Salió al pasillo, Ganju e Ishida vacilaron un momento antes de seguirlo. Después de cerrar la puerta con llave, Ichigo apoyo la frente contra el muro de piedra y respiro profundamente.
«Esto tiene que parar».
—Nos has traído el problema a casa —dijo Ganju—. ¿De verdad estaba intentado protegerte de nosotros?
—No puede ser…
Sin embargo, era la segunda vez que lo había hecho, e Ichigo estaba más confundido en aquel momento que antes.
Se irguió y se paso la mano por la cara.
—Déjame marchar, Ichigo —pidió Orihime a través de la puerta—. Me equivoque al venir. Si sirve de algo, te prometo que no se lo contare a nadie.
—Sé que he traído problemas —reconoció Ichigo a su amigo.
Ganju arqueó una ceja.
— ¿Y no te vas a disculpar?
Aquello era lo peor de todo, no lo lamentaba.
—Olvida a la mujer por ahora —dijo Ishida agitando una mano en el aire—. La has visto, está bien. No parece que haya dejado entrar a los Cazadores, al menos todavía. Ahora tenemos algo más importante de lo que hablar. Antes intente decirte que los dioses… no son quienes piensas.
—Ichigo tenemos que hablar contigo —dijo una voz áspera, que cortó cualquier respuesta que él hubiera podido dar.
Ishida bajo los brazos con exasperación mientras Ichigo se daba la vuelta. Renji se acercaba junto a Kaien y Urahara. Los primeros tenían el ceño fruncido. El tercero sonreía, como el loco que era.
—Tu mujer tiene que marcharse —rugió Renji—. La he estado oliendo toda la noche, y no puedo soportar otro instante más de esa esencia de tormenta.
¿Tormenta? Orihime olía a miel.
—Se queda —dijo lacónicamente.
— ¿Quién es? ¿Por qué esta aquí? ¿Puedo verla desnuda? —pregunto Paris, rápidamente moviendo una ceja.
—Alguien debería matarla —sentenció Renji.
— ¡Nadie la va a tocar, maldita sea!
Ganju cerró los ojos y sacudió la cabeza.
—Ya estamos otra vez.
—Al contrario que Renji, a mi no me importa su esencia —dijo Kaien, frotándose las manos—. Solo me importa el hecho de que no quieras compartirla. Me gustaría…
Ichigo empujó a Kaien antes de que este pudiera terminar la frase.
—No digas nada más. Se lo que te gustaría hacerle, y antes, te mataré.
Entonces, Kaien frunció el ceño y su piel pálida enrojecida.
—Apártate idiota. No he estado con ninguna mujer hoy, así que no estoy de humor para tonterías.
Urahara permanecía en la esquina, sonriendo.
— ¿A nadie más le parece divertido esto? Es mejor que escuchar a los brokers(2) cuando las acciones bajan en picado.
Ichigo lucho para dominar su temperamento y quitarse a Orihime de la cabeza. Como mujer, como humana, como posible cebo, era la última persona que debería suscitarle aquel sentimiento de protección.
Debería, debería, debería, ¡Aj! «Termina con esto». Finalmente. Pronto. Ya.
— ¡Ya basta! —gritó Ishida.
Todo el mundo quedo en silencio y miro a Ishida con sorpresa. Rara vez gritaba.
— ¿Había Cazadores en la ciudad? —preguntó a Kaien y a Renji,
Renji sacudió la cabeza.
—No encontramos ninguno.
—Bien. Eso está bien. Quizá Ichigo los mato a todos —dijo Ishida, y asintió con satisfacción—. Pero Ichigo no sabe nada de los dioses todavía. Tenemos que contárselo. Y hay más. Ganju y yo… hicimos algo anoche.
— ¿Qué está ocurriendo? —preguntó Ichigo—. Quiero saberlo. ¿Qué pasa con los dioses? Sé que llamaron a Ganju, pero estaba muy distraído como para preguntar antes por los detalles. ¿Qué quería de él?
—Más tarde —contestó Urahara, sin apartar los ojos de Ishida—. ¿Qué han hecho, Muerte?
—Explícate —exigió Renji.
—Una explicación no será suficiente. Necesito enseñárselos —dijo Ishida, y comenzó a caminar por el pasillo—. Síganme.
No podía ser nada bueno, pensó Ichigo. Ishida nunca se había mostrado tan misterioso. Confuso, intrigado, preocupado, miro hacia la puerta donde se encontraba Orihime antes de seguir a sus amigos.
Aclaraciones:
(1)Damocles: La espada de Damocles es una frase popular que debemos a un historiador griego y hasta hoy se utiliza para referirse a un peligro inminente, aludiendo a una espada que pende sobre nuestras cabezas y que en cualquier momento caerá sobre nosotros.
(2)Brokers: Es un individuo o institución (agente de bolsa) que organiza las transacciones entre un comprador y un vendedor para una comisión cuando se ejecute la operación. Es decir, es el agente que actúa como corredor o intermediario entre un comprador y un vendedor, usualmente cobrando una comisión y convirtiéndose en director de parte del acuerdo. Directo de Wikipedia, señoritas.
Nos leemos pronto, espero poder subir el proximo entre mañana viernes y el sabado por la noche.
Besos.
