Holas chicas. Largo tiempo, ¿eh?

Seguro se preguntaron muchas veces que ha sido de mi, o de mis historias, si las continuare o si las dejare inconclusas. JAMAS. Las terminare sea como sea.

El pasado diciembre, tome una decisión. Dejé Venezuela y me fui a Colombia a trabajar. La situacion de mi querido país no mejora, sino que empeora y se deteriora. Por eso no pude actualizar y no sabían nada de mí, puesto que allá en colombia, no tenía tiempo para actualiza y no había podido llevarme mi laptop porque se me habia dañado el cargador y en ese momento no tenia dinero para comprarme otro. Fueron meses algo turbos, extrañaba mi casa, a mis perros, todo. Conocí gente bonita y muy amable conmigo. Me ayudaron muchísimo. Sin embargo, debo confesar que estaba trabajando para una tía mía, la familia por parte de mi mama es Colombiana así que tenía esa ventaja.

Los primeros días, todo fue bueno, sin embargo con el pasar del tiempo, tuve muchisimos problemas con esta tía mía. Es increíble como muchas veces, mejor te trata la gente extraña que tu propia familia.

Hasta que me cansé y decidi irme de la casa de ella. Y fue una de las mejores decisiones que he tomado. Ella es buena, porque me ayudo en su momento, pero su actitud prepotente y egoísta ganaba por encima de sus buenas actitudes. Así que aquí estoy, despues de estos meses estoy de regreso en Venezuela, estoy aquí porque quiero terminar mi carrera, y me faltan algunos papeles que sacar. Así que me dije, has regresado, y vas a ponerte las pilas con tus historias. Si o Si. Por mi, por ustedes que tanto cariño me han brindado. Y por que es algo que me satisface, y me enriquece. La trama no es mía, cierto, ni los personajes tampoco, pero me llena de gratificacion poder traerles a ustedes uno de mis libros favoritos, con una de mis parejas favoritas.

Proximamente subiré un One-Shot Ichihime de mi autoria y que estara dedicado a una de mis mejores amigas, y que me ha dado su apoyo incondicional. ¡Te amo Ramychan!, probablemente lo suba la semana que viene. Actualizaré con regularidad -Espero y aspiro a eso-. Gracias por todo, son lo mejor de lo mejor.

Disfruten del capítulo.


VII

Orihime se tumbo en la cama, intentado controlar la respiración. Dios mío. Él había vuelto. No había sido un sueño, una alucinación ni un milagro. Ichigo estaba vivo. Ella había estado de verdad encerrada en un calabozo. Él había vuelto de verdad entre los muertos. Y de verdad, había hecho que las voces cesaran.

Cuando la había dejado en aquel extraño dormitorio de paredes desnudas, ella se había puesto a buscar un teléfono, pero no lo había encontrado. Después había buscado una salida. Nada. El cansancio la había vencido rápidamente. No había sido capaz de luchar contra el silencio relajante, como una droga adorada de la que finalmente podía disfrutar. Así que se había tumbado sin preocuparse de las consecuencias. Se había imaginado que quizá, solo quizá, todo aquello no fuera más que una ilusión y que, cuando abriera los ojos, se encontraría en su casa, en su cama.

Sin embargo, al abrir los ojos, había visto a Ichigo inclinado sobre ella, mirándola con sus profundos ojos de color ocre.

Su cara estaba llena de hematomas y cortes. Tenía el ojo izquierdo hinchado y el labio roto. Al recordarlo, sintió nauseas.

¿Aquellos monstruos habían intentado matarlo de nuevo?

«De nuevo». ¡Ha! Lo habían matado. Y dos de sus asesinos estaban con él. Además, Ichigo hablaba con ellos en términos amables, conversaba como si no tuviera ninguna razón para odiarlos. ¿Cómo podían seguir siendo amigos?

Salto de la cama. Le dolía el cuerpo a cada movimiento y frunció el ceño. Demasiado estrés..., y no había un final a la vista para todo aquello.

Fue hacia el baño y se sorprendió por su belleza, teniendo en cuenta lo espartano de la habitación. Allí, las paredes estaban recubiertas de azulejos blancos y el suelo era de mármol; además, había una bañera exenta, de hierro, con las patas de garras, que tenía el grifo elevado, « ¿acaso un gigante iba a ducharse allí?», y una enorme encimera llena de toallas.

Por algún motivo que ella no comprendía, todo estaba atornillado, y no había ninguna decoración.

Orihime se encogió de hombros y, con un suspiro, tomo una de las toallas y la mojo en el agua de la bañera que se había quedado helada. Sin quitarse la ropa se lavo lo mejor que pudo. No tenía intención de desnudarse. Uno de aquellos hombres podía volver en cualquier momento.

«Si, pero a ti te gustaría que volviera Ichigo»

« ¡No!», se dijo ella, ruborizada por la idea. No le gustaría. Ichigo la asustaba.

«Él te proporciona el preciado silencio»}

«Ya no». Ichigo no estaba allí y, sin embargo, las voces no habían vuelto. Tenía la cabeza clara, y solo oía sus propios pensamientos. «Estoy curada»

«No lo estas. Anoche, en el calabozo, oíste voces»

―Ahora estoy hablando conmigo misma ―murmuro, alzando las manos al techo―. ¿Qué será lo próximo?

Noto que tenía el estomago vacio y recordó que había una bandeja llena de comida que Ichigo debía de haber dejado allí. Salió del baño, la tomo entre las manos y se acerco a la ventana. Apoyo la bandeja en el alfeizar y tomo una uva. El jugo dulce de la fruta le recorrió la garganta, y estuvo a punto de gemir antes de concentrarse en el asunto más importante de todos: escapar.

Ella le hablado a Aizen, y por lo tanto al instituto, de aquellos hombres y de su fortaleza. Aizen sabia, incluso, que ella tenía intención de visitarlos. Lo más probable era que en aquel momento, él ya supiera adonde había ido.

¿Iría a buscarla o la abandonaría a su suerte como castigo por haber desobedecido?

Aunque siempre había sido bueno con ella, nunca había tolerado errores de otros empleados y, mucho menos, la desobediencia.

«Vendrá», pensó. «Me necesita»

Sin embargo, mientras miraba por la ventana, solo veía arboles y nieve. No dejo que aquello la desanimara. Tenía que salir de allí cuanto antes. Mientras pensaba, se comió todas las uvas. Y cuando termino con ellas, dio buena cuenta de los fiambres y el queso, y tomo un poco de vino. Nunca había comido nada tan delicioso. El jamón estaba espolvoreado con azúcar morena, y había sido una fiesta para sus papilas gustativas. El queso era suave, y las uvas habían sido un contrapunto perfecto. El vino, excelente.

Bien, aquel lugar si tenía algunos puntos a su favor.

Por otro lado, la comida no era una razón suficientemente buena como para quedarse. ¿Y el sexo? Claro que no, pensó, aunque sintió un cosquilleo en el estomago. Eso era…

De repente, todo en su interior se puso en alerta. Era como la calma antes de la tormenta. No sentía exactamente dolor, pero se dio cuenta de que algo no estaba bien en su cuerpo.

Un latido del corazón, dos…, tragó saliva, espero…

Entonces, estalló la tormenta.

La sangre se le heló en las venas, pero unas gotas de sudor, afiladas como cristales rotos, le cubrieron la piel. Grito, gimió, intento quitárselas. Sin embargo, no se iban. Eran como arañas, y ella veía sus patitas paseándose por su cuerpo. Se le formo otro grito en la garganta en el preciso instante en la que invadía un fuerte mareo, así que el sonido se queda en un gruñido. Tuvo que agarrarse a la ventana para no caer. La bandeja si cayó al suelo con estrepito.

De repente, el mareo se convirtió en dolor, y el dolor en un cuchillo que la atravesó desde el estomago al corazón. Se tambaleo, jadeo gimió, todo al mismo tiempo.

¿Qué le había pasado? ¿Había veneno en la comida? Oh, Dios, ¿todavía tenía aquellas arañas en la piel?

Otra punzada de dolor la atravesó.

―Ichigo ―susurro.

Nada no oyó pasos.

― ¡Ichigo! ―gritó, proyectando el nombre con todas sus fuerzas. Intento llegar hasta la puerta, pero no podía moverse.

― ¡Ichigo!

« ¿Por qué lo llamas? Quizás sea él quien te ha hecho esto»

―Ichigo ―repitió Orihime en un murmullo. No podía quitarse el nombre de los labios―. Ichigo…

Se le nublo la visión y la garganta se le inflamo. No podía respirar y cayó al suelo. Necesitaba aire, necesitaba quitarse aquellas arañas del cuerpo, pero no tenía fuerza ni energía.

La botella de vino se inclino y el líquido que quedaba dentro se derramo a su alrededor. Perdió la visión completamente mientras el mundo se desmoronaba y se desaparecía, dejando solo la oscuridad.

.

.

.

Ichigo no podía creer lo que estaba viendo.

―Esto… no es posible ―dijo mientras se pasaba la mano por los ojos, pero la visión no cambio.

―Es evidente que no era a Orihime a quien estaba oliendo ―murmuro Renji, y dio un puñetazo en la pared. El polvo se extendió por el aire, y algunos trozos pequeños de piedra cayeron al suelo.

Urahara se limito a reír.

Kaien inhalo con reverencia.

―Venid conmigo.

Allí, en un rincón del dormitorio de Ishida, había cuatro mujeres de diferentes edades. Estaban agarradas de las manos unas a otras y acurrucadas, muy juntas, como si quisieran darse apoyo y fuerza. Estaban temblando y miraban a los hombres con los ojos muy abiertos, llenos de pánico.

Ichigo se dio cuenta de que no todas temblaban. Había una pelinegra muy guapa, que los miraba con furia. Tenía la mandíbula apretada, como si se estuviera mordiendo la lengua para no comenzar a proferir obscenidades.

― ¿Qué están haciendo aquí? ―pregunto.

―No me hables en ese tono ―respondió Ganju―. Tú empezaste con Orihime.

Ichigo puso los ojos en blanco, y luego miro a Ishida.

― ¿Por qué están aquí?

Ishida miro a Ganju. Ganju hizo un gesto con la barbilla hacia el pasillo. Los guerreros salieron. Todos estaban impacientes por saber lo que ocurría. Ishida fue el último en salir, y cerró la puerta con llave.

Observo con sus amigos. Todos tenían la misma cara de incredulidad que él. Nunca había sucedido nada parecido. Ninguno había llevado a una mujer al castillo, ni siquiera Kaien, y en aquel momento, había tantas féminas en la casa como guerreros. Era surrealista.

― ¿Y bien? ―insistió.

Ganju, entonces, explico que los Titanes habían derrocado a los Griegos, y que los nuevos soberanos querían…, no, le había ordenado que ejecutara a aquellas cuatros mujeres inocentes. Si se resistía, lo volverán loco de violencia; si se pedía que lo liberaran de la tarea, quedaría maldito, como Ichigo.

Ichigo escucho la historia sin salir de su asombro. El horror se iba apoderando de él.

―Pero, ¿por qué iban los nuevos reyes a pedirle a Ganju que…?

De repente, adivino la respuesta y apretó los labios.

«Es culpa mía», pensó. «Yo soy el responsable. Ayer desafié a los dioses, los insulte»

Aquello tenía que ser su venganza.

Miro a Urahara con consternación. El guerrero lo estaba observando con un brillo duro en los ojos. El día anterior, los dos habían afirmado que no les importaba que los dioses los castigaran. Había pensando que nada podía ser peor que la situación en la que vivían.

Se equivocaron.

―No podemos permitir que Ganju haga esto ―dijo Ishida, interrumpiendo los negros pensamientos que se agrupaban en su cabeza―. Ya está al límite. Todos los estamos.

Renji dio otro puñetazo a la pared y gruño con fuerza. Tenía cortes en los brazos y se le abrieron a causa del impacto. La sangre roja salpico en la piedra plateada.

―Los Titanes tienen que saber lo que ocurrirá si Ganju obedece. Tienen que saber que estamos en un equilibrio muy precario entre el bien y el mal. ¿Por qué hacen esto?

―Yo sé por qué ―interrumpió Ichigo. Todos lo miraron.

Mientras que contaba lo que había hecho, sintió una gran vergüenza.

―No esperaba que sucediera esto ―termino―. No sabía que los Titanes hubieran escapado, y mucho menos que se hubieran hecho con las riendas del Olimpo.

―No sé qué decir ―susurro Ganju.

―Yo sí… Maldita sea ―respondió Kaien.

― ¿Crees que Orihime es también un castigo de los dioses? ―Ishida lo miraba inquisitivo.

Apretó la mandíbula con mucha fuerza.

―Sí. Los Titanes debieron de conducir a los Cazadores directamente hacia nosotros, sabiendo que podían usar a Orihime, y como iba a trastornarme.

―Tú no maldijiste a los dioses hasta después de que hubieran llamado a Ganju. Además, ni siquiera los habías desafiado cuando Orihime apareció por primera vez en mis cámaras ―señaló Urahara―. Los Titanes no podían saber lo que haríamos y diríamos después―

― ¿No? Quizá no la enviaran, pero deben de estar usándola de algún modo ―dijo Ichigo. No había otra explicación para la intensidad de lo que sentía por ella―. Me ocupare de Orihime ―añadió. Sin embargo su cuerpo se puso tenso, y le rego que retirara aquellas palabras. Pero él no lo hizo―. Me ocupare de todas ellas.

Kaien lo miro con el ceño fruncido.

― ¿Cómo?

―Las matare ―una pausa―. A todas.

Había hecho cosas peores. ¿Por qué no podía añadir aquello a su lista? «Por que no soy una bestia». Si lo hacía, se convertiría en Violencia. No sería mejor que el espíritu que llevaba dentro, y su existencia solo tendrá un objetivo: causar dolor.

Sin embargo, él había llevado aquella plaga a casa. Tenía que arreglarlo, pero ¿podría destruir a Orihime? No quería saber la respuesta.

―Tú no puedes matar a las cuatro que están en la habitación de Ishida ―refutó Ganju―. Los Titanes me lo ordenaron a mí. Quien sabe como reaccionaran si no seguimos sus instrucciones al pie de la letra.

―Los escucho, canallas, enfermos ―grito interrumpiéndolos una voz femenina detrás de la puerta―. Si nos matan, les juro que yo los matare a ustedes. ¡Los matare! De alguna forma lo haré.

Hubo una pausa.

Y Renji sonrío con ironía.

―Una hazaña imposible, pero me gustaría verla intentándolo.

Unos puños femeninos golpearon la puerta.

― ¡Suéltennos! ¡Suéltennos! ¿Me escuchan, imbéciles? ¡Suéltennos!

―Te oímos, mujer escandalosa ―respondió Renji―. Estoy seguro que te oyen hasta los muertos.

El hecho de que Renji, el más serio de todos, hiciera una broma, era inquietante. Solo recurrían al humor cuando la situación era desesperada.

Aquello era una maldita pesadilla. Después de siglos de rutina rígida, de repente Ichigo tenía que interrogar a una mujer y después destruirla, antes de que pudieran usarla contra ellos. Tenía que salvar a un amigo de una orden impensable. Y tenía que aplacar a los dioses. A unos dioses a los que ni siquiera sabía cómo aproximarse.

Aquellos Titanes eran seres desconocidos. Si les pedía misericordia y ellos le ordenaban hacer algo vil, algo a lo que él se negara, la situación empeoraría con toda seguridad.

― ¿Por qué no las toco? ―pregunto Urahara―. Si mueren de una enfermedad, nadie tendrá que preocuparse por su conciencia ―dijo. Bueno, salvo el mismo. Pero no era algo que le importara.

―No ―dijo Ganju, al mismo tiempo que Kaien gritaba:

― ¡No, mierda!

―Nada de enfermedades ―dijo Ishida―. Una vez que empieza, es imposible de controlar.

―Mantendremos los cuerpos en envoltorios sellados ―propuso de nuevo con decisión.

Uryuu suspiro.

―Eso no serviría de nada, y lo sabes. La enfermedad siempre se extiende.

― ¡Enfermedad! ―gritó la chica―. ¿Van a contagiarnos alguna enfermedad? ¿Por eso nos han traído hasta aquí? ¡Jodidos enfermos! ¡Asquerosos, odiosos, podridos, hijos de putt…!

―Chist ―la interrumpió otra voz femenina―. No los provoques, Rukia.

―Pero abuela, esos…

Sus voces se alejaron. Probablemente habían alejado a la chica de la puerta. A Ichigo le gustaba su valor. Le recordaba un poco a Orihime, que se había enfrentado a él en la celda y le había exigido que le enseñara el abdomen. Estaba claro que quería salir corriendo, pero no lo había hecho. Solo con recordarlo, se le endurecía el cuerpo y se le calentaba la sangre. Le había acariciado las heridas, incluso, y les había infundido algo de vida. Eso era algo que él no había podido comprender.

¿Ternura, quizá?

Sacudió la cabeza. Lucharía contra aquella emoción hasta su último aliento, que llegaría dentro de trece horas, pensó irónicamente. No podía sentir ternura por un cebo, ni por un castigo divino, ni por lo que fuera.

La prueba era que, cuando volviera a verla, la tomaría con dureza, rápidamente, embistiendo, embistiendo… Violencia se sentía satisfecha con aquella imagen.

«Cuando este con ella, en mi cama, voy a ser suave, tengo que recordarlo»

Aquel pensamiento fue arrinconado. Ella le pediría más, y él, se lo daría. Le…

―Esto está empezando a ser tedioso ―dijo Ganju mientras lo empujaba con fuerza hacia la pared―. Estas jadeando, sudando, y tienes un brillo rojo en los ojos. ¿Estás a punto de estallar, Violencia?

La imagen de Orihime, desnuda y excitada, se desvaneció… aquello enfureció al espíritu, que intento salir de la piel de Ichigo y atacar. Él también rugió, deseando obtener otra imagen de ella.

―Cálmate, Ichigo ―ordenó Ishida, y su voz serene penetro en la nebulosa mente de Ichigo―. Si sigues así, tendremos que encadenarte. Entonces, ¿Quién protegerá a Orihime, eh? ¿Podría ser yo?

Ichigo se quedo helado. Sabía que lo encadenaría, y no podía permitirlo. Durante el día, no. por la noche, si. Entonces, era una amenaza y no había otro modo de dominarlo. «Soy una amenaza también ahora», pensó. Pero si lo ataban en aquel momento, cuando estaba a punto de perder el sentido, quizá admitiera la derrota y dejara de intentar ser otra cosa que un demonio. Todos lo estaban mirando.

―Lo siento.

Algo no iba bien. Aquella danza frenética con el espíritu era completamente absurda. Era vergonzante. Normalmente, luchaban el uno con el otro, pero no así.

Quizá necesitara pasar más tiempo en el gimnasio. U otra ronda con Ganju.

― ¿Bien? ―pregunto nuevamente Ishida?

Asintió rígidamente.

Ishida se agarro las manos por detrás de la espalda y miro a todos los demás.

―Como esto ya está resuelto, vamos a hablar de la razón por la que las he traído aquí.

―Como esto ya está resuelto, vamos a hablar de la razón por la que has traído a las mujeres aquí ―intervino Kaien―. En vez de dejarlas en la ciudad. Si, Ganju tiene un trabajo que hacer, pero eso no explica…

―Las mujeres están aquí porque no queríamos que se marchara de Buda y que Ganju se viera obligado a seguirlas ―se justificó―. Y yo quería que las vieran para que no las maten si las encontraban en la fortaleza. Si consiguen escapar, vuelvan a traerlas a mi habitación y enciérrenlas adentro. No hablen con ellas, ni le hagan daño. Al menos, hasta que pensemos como librar a Ganju de esto, las mujeres son nuestras invitadas. ¿Entendido?

Uno por uno, los señores asintieron. ¿Qué otra cosa podían hacer?

―Por ahora, déjenmelas a mí y descansen. Sigan adelante con su jornada. Estoy seguro que pronto los necesitaré.

―Yo, para empezar, pienso beber hasta perder el sentido ―dijo Ganju, pasándose una mano por la cara―. ¡Mujeres en la casa! ―murmuro mientras se alejaba―. ¿Por qué no invitamos a toda la ciudad y hacemos una fiesta?

―Una fiesta estaría bien ―dijo Urahara―. Quizá me ayudaría a olvidar esta sociedad masculina por obligación.

Dicho eso, él también se marcho.

Renji no dijo nada. Se limitó a sacar un cuchillo de su funda y se marcho por el pasillo, sin dejar duda de lo que pensaba hacer. Ichigo se habría ofrecido para cortarle, para darle latigazos o golpearlos y ahorrarle la agonía a Renji de hacerse las herida a sí mismo, pero se había ofrecido demasiadas veces, y la respuesta había sido un no muy brusco.

Él entendía que Renji necesitara hacerlo por sí mismo, ser un carga era casi tan malo como esta poseído. Todos tenían sus demonios, y Renji no quería empeorar las cosas para ninguno de ellos.

En aquel momento, sin embargo, quizá Ichigo hubiera recibido de buen grado la distracción.

―Nos veremos más tarde ―se despidió Kaien―. Yo vuelvo a la ciudad― tenía finas arrugas de tensión alrededor de los ojos, ojos que, en vez de brillar de satisfacción, como de costumbre, estaban de un azul verdoso apagado―. No he estado con ninguna mujer, ni esta mañana, ni anoche. Todo esto… ―dijo, e hizo un gesto con la mano hacia la puerta―. Me ha alterado la agenda. Y no de un modo positivo.

―Ve ―lo animo Ishida.

―A menos, claro, que me permitas entrar en tu habitación…

―Vete ―repitió Ishida esta vez con impaciencia.

―Ellas se lo pierden ―replico. Se encogió de hombros y desapareció por la esquina.

Ichigo sabía que debía ofrecerse para vigilar a las mujeres. Después de todo, seguramente estaban allí por su culpa. Pero, necesitaba ver a Orihime. No, no lo necesitaba. Quería verla. Él no necesitaba nada, y menos a una humana con motivaciones cuestionables que estaba destinada a morir.

―Ishida…

―Vete ―lo cortó su amigo―. Haz lo que necesites para mantener las cosas bajo control. Tu mujer…

――No quiero hablar de ella ―respondió interrumpiéndolo. Ya sabía lo que quería decirle Ishida. «Tienes que ocuparte de tu mujer lo antes posible». Él ya lo sabía.

―Sácatela del cuerpo y después haz lo que tengas que hacer para que nuestras vidas puedan volver a la normalidad.

Más que una amenaza, parecía una sugerencia mezclada con suplica.

Asintió, y se marcho. Preguntándose si merecía la pena volver a su vida normal. Una vida, sin ella.


¿Y que les parecio? ¿Que pasara con Hime?

¡Lo sabrán mañana! ¡Si señoras y señoras! Mañana volveré a subir otro capítulo de esta historia en recompensacion del tiempo ausente.

Las quiero. En serio.

Saludos, las quiere y las ama

Lela.