Disclaimer: no me pertenece nada de esto. Es todo propiedad de la brillante Joanne Rowling.
CAPÍTULO 2: ¿VALE?
— Lily, nosotras vamos a bajar ya. Te cogeremos algo del desayuno — dijo su amiga, Marlene Mckinnon, golpeando la puerta del baño a la mañana siguiente.
— Vale, Mar, gracias. Nos vemos en clase de McGonagall — las despidió Lily.
Lily oyó la puerta de la habitación cerrarse y supo que Alice y Marlenne se habían ido ya. Ella acababa de salir aún de la ducha. Esa mañana se le habían pegado las sábanas: había estado hasta la madrugada hablando con sus amigas y, cuando ellas se fueron a dormir, Lily se había quedado un buen rato despierta, dando vueltas en la cama y pensando en James. Es decir, en Potter. Bueno, en él.
Después de pensarlo mucho, había llegado a tres conclusiones: no tenía nada de lo que avergonzarse, no iba a esconderse y no iba a darle más vueltas, sino que dejaría que las cosas siguieran su curso. Vaya, todo eso, y que esperaba que James no se hubiese ido de boca y ya estuviese enterado todo el colegio de que la prefecta se había liado con un castigado en el despacho de Slughorn. Porque, contado así, a lo mejor sí tenía de qué avergonzarse…
La prefecta se miró al espejo y, conjurando un hechizo, se secó el pelo rápidamente. Con un suspiro, se deshizo de la toalla que llevaba anudada sobre el pecho y volvió a verse en el espejo, esta vez inclinando un poco la cabeza, y con una mirada más crítica. No se consideraba una persona especialmente pagada de sí misma; de hecho, apenas se cuidaba: no hacía ejercicio, comía lo que le daba la gana y no usaba la ingente cantidad de cremas para el cuerpo y el cabello que usaba a diario Marlenne. Pero en ese momento, paseando la mirada por su cara, su pecho, estómago, caderas, y piernas, no pudo evitar pensar en qué pensaría James. ¿Le resultaría… bueno, atractiva? Cuando eran niños solía meterse con su pelo, y con sus piernas, pero de eso hacía mucho. Y, vaya, anoche no parecía tener ningún problema con ninguna de las dos cosas, pensó con una sonrisa.
Parpadeó un par de veces para salir de sus reflexiones y empezó a vestirse con rapidez. Estaba a punto de recogerse el pelo en una coleta cuando pensó "por qué no", y se lo dejó suelto para que cayese en ondas suaves hasta la mitad de su espalda. Se miró otra vez al espejo, coqueta, y se aflojó un poco la corbata, para poder desabrocharse los dos, "que sean tres", primeros botones de la camisa; para terminar, cogió el rímel que Alice se había dejado olvidado encima del lavabo y se puso un poco. "Lista", se dio la aprobación. Esa mañana, Lily le ganaba terreno a la prefecta perfecta, y salió del baño con paso seguro y ganas de ver cómo seguía el día.
James había esperado encontrarse a Lily en el desayuno. Ya no había aparecido por la cena la noche anterior, así que supuso que la prefecta necesitaría comer algo antes de ir a clase por la mañana. Pero no estaba en el Gran Comedor. Empezaba a preocuparle que la chica estuviese escondida debajo de su cama y no fuese a hacer acto de presencia hasta final de curso.
— Será mejor que vayamos yendo — dijo Remus, sacándolo de sus pensamientos. — A McGonagall no le gusta que lleguemos tarde; y a un mes de los exámenes no me parece la mejor idea del mundo enfadarla.
— Joder, Lunático, ¿desde cuándo eres el pelota de la clase? — preguntó Sirius Black, con su habitual tono socarrón. — Cornamenta, esto es el principio del fin de los merodeadores.
James sonrió y, dando una palmada en el hombro de Peter, que todavía engullía su desayuno a su lado, dijo para horror de Sirius:
— Lunático tiene razón, tío: no quiero llegar tarde. Si tengo que limpiar más calderos en lo que queda de curso, creo que en terminaré transformándome en fregona — dijo, haciendo reír a todos. Incluso a Remus, que lo miró con algo de culpabilidad, ante lo que James le puso un brazo por encima de los hombros al salir del Gran Comedor.
— ¿Lo veis? La puerta de la clase ni siquiera está abierta todavía — espetó Sirius al llegar al aula de Transformaciones. — Estamos nosotros y la prefecta. Lo que nos faltaba… Esto acabará con nuestra reputación — dramatizó, llevándose las manos a la cabeza.
— Canuto, yo también soy prefecto — apuntó Remus.
— Ni me lo recuerdes. Creo que nunca te podré perdonar semejante traición…
Sirius y Remus continuaron con su habitual discusión matinal, pero James hacía rato que no los escuchaba. Había identificado a Lily apoyada en la pared del fondo, hablando con Alice y Marlene mientras se comía un croissant, y todo en lo que podía pensar era en si debía acercarse a ella o no. Y en cómo lo recibiría en caso de se acercase. Casi sin darse cuenta, empezó a caminar hacia allí y, conforme se acercaba, le pareció que Lily estaba más guapa de costumbre, "se ha dejado el pelo suelto", apreció.
Lily no se dio cuenta de la presencia de James hasta que este apoyó una mano en la pared, junto a ella, y dijo:
— Buenos días — con una sonrisa juguetona.
La pelirroja se giró dando un pequeño respingo por la sorpresa, pero le devolvió la sonrisa.
— Hola, Potter — respondió.
— Creí que ya habíamos superado todo eso de los apellidos, Evans — suspiró James, acercándose un poco más.
— Mm… Lily, nosotras… Vamos al baño antes de que empiece la clase. Te vemos luego — dijo Marlenne, al tiempo que arrastraba del brazo a Alice, que no terminaba de entender lo que pasaba.
— Mar, pero si acabamos de venir del baño…— decía Alice.
— Sshh, cállate Ali…
Lily negó con la cabeza y se rió de la torpeza de sus amigas, pero volvió rápidamente su atención hacia James cuando el chico la abrazó por la cintura con la mano que tenía libre.
— James, aquí no… — advirtió la prefecta, intentando apartar la mano de su cintura.
El merodeador, contento de que Lily lo llamase de nuevo por su nombre de pila, ignoró su petición y la abrazó un poco más cerca, disfrutando de su olor.
— Empezaba a temer que ya no te volvería a ver hasta final de curso, — le confesó el moreno, mirándola por encima de las gafas. Lily sonrió, divertida y, haciendo caso omiso de los alumnos que empezaban a llenar el pasillo, esperando a que empezase la clase, preguntó:
— ¿Ah, sí? — dijo, acariciando la corbata del chico. — ¿Y eso por qué? — añadió, acercando su boca a la de él. "Si estuviésemos a solas…".
James tragó saliva fuerte, sorprendido por la actitud de la prefecta, y se llevó una mano al pelo para revolvérselo, como era habitual que hiciese. "¿Está nervioso?, se preguntó Lily, reprimiéndose una risa por el gesto.
— Bueno, supongo que porque no te vi anoche en la cena, ni tampoco hoy en el desayuno — contestó, alzando las cejas.
— Ya… — dijo Lily, lentamente. — Yo… necesitaba tiempo para pensar. Estuve dándole vueltas anoche hasta tarde… Y hoy me quedé dormida para la hora del desayuno — admitió con una sonrisilla que James no pudo evitar corresponder.
Estaban tan pegados uno al otro que no habría podido pasar ni una hormiga entre ambos, y el grupo de alumnos empezaba ya a mirar con curiosidad a la prefecta y al merodeador, que tonteaban descaradamente frente a la puerta del aula. Los más sorprendidos de todos, el resto de merodeadores, que hasta ese momento no habían tenido la más mínima idea de lo que estaba pasando entre su amigo y la pelirroja. Ajenos a todo esto, la pareja seguía a lo suyo.
— ¿Y puede saberse en qué pensaba la prefecta? — Lily bufó un poco ante el tono de burla.
— ¡En el tiempo! — ironizó dándole un pequeño empujón. — ¿Eres tonto, o qué?
James se río del enfado repentino de la pelirroja, y la meció un poco de la cintura.
— ¿Pensaste en nosotros? — le susurró. Y Lily asintió, reprimiendo una sonrisa. — Yo también. Pensé en ti, y en mí, besándote, y acariciándote, y…
— Lo pillo, lo pillo — cortó, antes de que la conversación fuese a más. No era ni el momento, ni el lugar. Por desgracia.
— ¿Y has decidio algo, o necesitas seguir pensando? ¿O tal vez quieres algún incentivo? — añadió, dándole un beso en el lóbulo de la oreja.
— Ya está pensado. He tenido incentivos suficientes, gracias — dijo, separándolo un poco. "Joder, si estuviésemos en otro sitio…", deseó de nuevo la prefecta.
— ¿Y…? — apuró el chico.
— Y — repitió con énfasis — he pensado que lo mejor será ver como… como siguen las cosas. — James parpadeó, confundido.
— ¿Qué quieres decir? — inquirió, separándose un poco.
— Ey — dijo, atrayéndolo de nuevo. — Quiero decir que no quiero forzar nada. No me arrepiento — aclaró, ganándose una sonrisa de James. — Pero no quiero empezar a ilusionarme con algo que ni siquiera sabemos lo que es. Prefiero aprovechar el momento, pasarlo bien y… Eso, ver hacia dónde van las cosas, ¿vale?
James se la quedó mirando un momento, pensativo y, cuando iba a contestar, una voz los llamó desde el otro lado del pasillo.
— Señor Potter, ¿tiene pensado venir a mi clase, o prefiere seguir invadiendo el espacio personal de la señorita Evans en lo que queda hora? — llamó la profesora McGonagall.
Lily se deshizo rápidamente de su abrazo y se dirigió acalorada hacia la puerta del aula de transformaciones. James la siguió poco después. Entró en la clase bajo la mirada estricta de la profesora y se sentó en la última fila junto al resto de merodeadores, que lo miraban esperando una explicación. James les hizo un gesto para darles a entender que hablarían más tarde y cogió un trozo de pergamino. Garabateó algo en él y, en cuanto la profesora se dio la vuelta, lo envió con un encantamiento de levitación hasta el pupitre de Lily, en la primera fila.
Lily lo recogió antes de que McGonagall pudiese verlo y se giró alzando las cejas hacia James, en un gesto de reprobación. James le sonrió de lado y le hizo un gesto para que lo abriera. Haciendo girar los ojos, la prefecta se volvió a sentar correctamente y desdobló el trozo de pergamino. En él, James había garabateado con su letra elegante una sola palabra:
— Vale — leyó Lily en voz baja.
Con una sonrisa, se guardó el papel en el bolsillo de la túnica y volvió la atención a la clase, sintiendo la mirada del merodeador clavada en su nuca.
CONTINUARÁ ^^
