Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer en esta historia me pertenece. Todo es propiedad de la única e inigualable Joanne Rowling 3


CAPÍTULO 5: DÍA EN HOGSMEADE

El último fin de semana en Hogsmeade ningún alumno quiso perderse la excursión al pueblo. Lily, Alice y Marlenne llegaron después de comer y se pasaron media tarde deambulando entre las tiendas de la villa antes de dirigirse a Las Tres Escobas para despedir el curso con una cerveza de mantequilla. El pub estaba completamente abarrotado cuando entraron, por lo que tuvieron que esperar un rato en la puerta hasta que una de las mesas del fondo se desocupó y pudieron sentarse.

— ¡Por Merlín! ¿De dónde ha salido tanta gente? — exclamó Marlenne cuando consiguieron llegar a sus asientos.

— Es normal, Mar, la gente quiere aprovechar para pasar tiempo juntos antes de que termine el curso — explicó Alice.

— Pues que se vayan a tirarse en el césped, o a hacerse arrumacos en la Casa del Té, pero que hagan el favor de desalojar un poco el pub — se quejó de nuevo McKinnon.

— ¡Habló la dueña y señora de Las Tres Escobas! — bromeó Lily, que estaba de vuelta con tres cervezas de mantequilla en las manos. — Hacedme un sitio, venga.

Alice y Marlenne despejaron la mesa de bolsas para que Lily pudiese posar las jarras y se apartaron para dejarle un sitio donde sentarse.

— Estoy agotada — suspiró la pelirroja, dejándose caer sobre la silla, derrotada. — Recordadme por qué sigo yendo con Marlenne a comprar.

— Porque eres una ingenua. Las dos lo somos — contestó Alice, apoyando la cabeza en el hombro de Lily, también exhausta.

— Estáis hechas unas flojas — dijo Marlenne, quitándole importancia al asunto. — No ha sido para tanto, ¡si solo hemos ido a la tienda de túnicas y a la Casa de las Plumas! ¡Ha sido Lily la que ha insistido en ir a la librería! ¡Si ya hemos acabado los exámenes, por Morgana! ¿Qué libro puedes necesitar ahora?

— Alto ahí, Mckinnon, no intentes tirar esa pelota en mi tejado — contraatacó Lily, poniéndose derecha. — En la librería no hemos estado más de veinte minutos. ¿Qué me dices de las otras dos horas que nos hemos pasado haciéndote de asistentes mientras te probabas todos los vestidos de la tienda?

— ¡No es culpa mía que el que más me gustara fuese justo el último! — se defendió la aludida, alzando las palmas de las manos.

Las tres chicas se miraron un momento y estallaron en carcajadas.

— Ay, os voy a echar tanto de menos durante el verano… — lamentó Alice.


Al mismo tiempo, no muy lejos de allí, los merodeadores salían de Zonko con varias bolsas cada uno: necesitaban comprar provisiones para todo el verano y algunos objetos para la broma de fin de curso.

— Creo que está va a ser nuestra mejor broma — se emocionó Peter.

— Eso es, Colagusano — apoyó Sirius, pasándole un brazo por los hombros. — Los merodeadores harán historia con esto.

— Sí: pasaremos a la historia por ser los alumnos que más veces han sido castigados — lamentó Remus.

— Vamos, Lunático — animó James, con los ojos brillantes por la emoción — no te hagas de rogar. Siempre te pones en plan "oh, por Merlín, que cruz son estos amigos" y después eres el que sugiere las mejores bromas. Será genial. Además, nadie se lo espera porque llevamos varias días sin hacer nada.

— Dos semanas, concretamente — apuntilló Sirius. — Desde la broma de los slytherins flotando en el Gran Comedor. ¿Recuerdas, Cornamenta?

James suspiró y volteó los ojos, viéndose venir la nueva ola de pullas por su relación con la pelirroja.

— Y hablando del tema, ¿no te acojona que Evans se enfade por la broma? — preguntó Peter. El aludido se encogió de hombros, con gesto de indiferencia.

— Una cosa no tiene que ver con la otra — los merodeadores lo miraron, incrédulos. — ¿Qué? Es cierto. Además, si no le gusta, se va a tener que aguantar — añadió, con chulería.

Sirius, junto a James, trató de ahogar sin éxito una risilla irónica. El de gafas se giró hacia su amigo y le pegó un puñetazo en el hombro, mosqueado.

— A propósito, tío, estás muy pesado con este tema — acusó James. — Como sigas así, este verano vas a dormir en la caseta del perro.

— Tu madre nunca dejaría que su hijo favorito durmiese en un sitio como ese — contestó, ignorando deliberadamente su queja.

— ¿Os apetece una cerveza de mantequilla? — preguntó Remus, tratando de apaciguar el ambiente. Olvidando momentáneamente la discusión, los tres aludidos aceptaron la propuesta de Lupin de buena gana y se dirigieron a Las Tres Escobas.

— Oye, Canuto — llamó Remus mientras James y Peter se alejaban bromeando. — James tiene razón, tío, no paras de darle el coñazo con Lily.

— Joder, qué sensibles os estáis volviendo todos, ¿no? ¡Solo era un comentario! — se defendió Black.

— No es el primer comentario que haces sobre el tema — Sirius bufó y trató de irse, pero Remus lo agarró del brazo. — Escucha — insistió pacientemente —, es obvio que James no tiene ni idea de en qué cojones está metido, pero sigue siendo él. Una versión más relajada y menos gamberra de James, tal vez, pero James a fin de cuentas.

Sirius se soltó del agarre de Remus y lo encaró.

— Lo de que sigue siendo Cornamenta está por verse, Lunático. No está con cualquier tía; qué coño, ni siquiera con cualquier prefecta: ¡es Lily Evans, joder! — dijo gesticulando con los brazos. Remus se rió levemente.

— Lily es una buena chica, Canuto, te lo aseguro. Y James está feliz, joder. Si somos sus amigos, tenemos que apoyarlo, no tocarle los cojones cada vez que sale el tema. — Lupin dudó un momento antes de añadir: — Ya no somos críos, colega, no puedes ponerte celoso porque tu amigo haya empezado a hacerle caso a otro.

Sirius negó con la cabeza, ofendido, y, metiéndose las manos en los bolsillos, le dio la espalda al chico y se dispuso a seguir los pasos de James y Peter, que llegaban ya a la entrada de Las Tres Escobas. Remus suspiró frustrado y lo siguió poco después.


— Joder, todo el colegio está aquí, ¿o qué? — preguntó Sirius al entrar tras James y Peter en Las Tres Escobas.

— No todos: los de primero y segundo siguen en el castillo — apuntó Peter, ganándose una colleja de Sirius.

— Vaya, no hay ninguna mesa libre — dijo Remus, al reunirse con ellos.

James apenas los escuchaba: acababa de ver en una de las mesas del fondo a Lily, que en ese momento estaba de pie, tratando de alcanzar algo que tenía Marlenne, mientras Alice reía a carcajadas. Tenía los ojos brillantes y las mejillas coloradas de reír, y al chico le pareció que estaba más bonita que nunca, con el pelo recogido en una trenza ladeada, una camisa azul sin mangas atada con un nudo a la altura del ombligo y uno vaqueros ajustado de talle alto. "Es preciosa", pensó el chico, embelesado.

— Cornamenta, oye, ¡James! — insistió Remus.

— ¿Qué? — preguntó, algo desorientado.

— Que dice Sirius que podríamos ir a sentarnos con Lily y sus amigas — repitió, con una sonrisa. — Están en la mesa del fondo, ¿las has visto?

James parpadeó, totalmente perplejo, y miró a Sirius con gesto de duda. El chico se encogió de hombros, quitándole importancia.

— ¿Qué pasa? Es eso, o sentarnos con la sádica de mi prima Bellatrix, y no estoy de humor para sus locuras — zanjó, encabezando la comitiva hasta la mesa de las chicas.

Peter lo siguió, como era habitual, y Remus fue tras ellos, orgulloso de la iniciativa de Sirius. James cerraba la marcha, todavía perplejo.

— Buenas tardes, señoritas — empezó Black, socarrón y con una sonrisa — ¿tendrían lugar para dar cobijo a cuatro pobres merodeadores sin sitio en el que sentarse?

Marlenne y Alice le rieron la gracia, pero a Lily le sorprendió tanto que fue incapaz de devolverle la sonrisa y miró por encima de su hombro a James, que la miraba con los brazos cruzados y una sonrisilla juguetona.

— ¿Evans? — volvió a preguntar Sirius.

— ¿Qué? Ah, eh, sí, sí, claro, sentaos — reaccionó la prefecta, moviendo su silla hacia un lado para hacerles sitio.

Remus, Sirius y Peter convocaron con sus varitas unas sillas pero James, en vez de eso, se acercó hasta Lily, que no lo había perdido de vista, y la tomó de un brazo para que se levantase.

— Ni lo sueñes, Potter — dijo Lily —. Búscate una silla.

— Venga, Lil, hazme un sitio — insistió James, mirándola con una sonrisa y haciendo algo de fuerza para levantarla. Finalmente, la prefecta cedió.

Tras ocupar el sitio de la pelirroja, James cogió a Lily de la cintura y, para su vergüenza y deleite, la sentó en su regazo. Sus amigos los miraron con sorpresa y cierta diversión, y no era para menos: después de semanas de secretismos, era la primera vez que la pareja se presentaba frente a ellos así, juntos.

— ¿Vais a quedaros mirándonos el resto de la tarde? — preguntó James, alzando las cejas en un gesto burlón.

— Oh, no, por favor. Todos sabemos cuánto odia Cornamenta ser el centro de atención — se burló Sirius, llevándose las manos al corazón en un gesto dramático y ganándose las carcajadas de todos.

— ¿Y acabáis de llegar? — preguntó Alice. — No traéis ninguna bolsa.

— Oh, no — explicó Remus. — De hecho, llevamos un par de horas dando una vuelta por el pueblo. Enviamos todas las bolsas al castillo antes de venir a tomar algo.

— ¿Algo interesante entre las compras? — dejó caer Marlenne, mirándolos con una sonrisilla.

— Nada — contestó James al vuelo. — Hemos estado casi todo el tiempo en Honeydukes, en realidad.

Marlenne lo miró con gesto incrédulo pero prefirió cambiar de tema e inició una conversación con Peter y Sirius sobre cómo creían que terminaría la temporada de Quidditch profesional.

— ¿Estás mejor? — le preguntó James en un murmullo a la pelirroja mientras los demás estaban entretenidos, refiriéndose a lo que había pasado el día anterior con Snape.

— Mucho mejor — aseguró ella, apoyando la cabeza contra la sien del merodeador.

Los chicos pasaron en el pub el resto de la tarde, bromeando y charlando sobre sus planes para las vacaciones de verano. Una vez superado el shock inicial, Lily no pudo dejar de sorprenderse al encontrarse tan cómoda rodeada de los merodeadores, esos chicos que durante años habían hecho de su vida en Hogwarts un infierno. "Cómo cambian las cosas", se dijo así misma.

— Pero Colagusano, ¿cómo coño esperas poder llevarte a tu casa el colchón de la escuela? — preguntó Sirius, con guasa.

— Durante el verano Dumbledore no lo echará en falta, y si tengo que dormir un día más en el colchón de mi casa creo que tendré que aparecerme cada noche en El Caldero Chorreante para pedir una habitación.

Mientras todo el grupo reía de la ocurrencia de Peter, James se distrajo al sentir que alguien los miraba. Se giró buscando el origen de esa mirada y se encontró con Severus Snape quien, sentado junto a otro grupo de slytherins en una esquina alejada, los contemplaba con el rostro lívido de ira. Recordando todavía las lágrimas de la pelirroja el día anterior por su culpa, el chico no lo dudó: "puede que Lily no quiera que le gaste ninguna broma, pero eso no significa que se vaya a librar así como así", pensó.

— Ey — le susurró a la prefecta al oído para captar su atención.

— ¿Sí? — preguntó Lily, volviéndose hacia él.

James no le contestó. En lugar de eso, mientras con un brazo la mantenía abrazada por la cintura, con la otra la tomó por la barbilla y la besó con ganas. Notó como Lily daba un respingo por la sorpresa pero, lejos de alejarse, le devolvió el beso con una sonrisa y le pasó los brazos por el cuello. Conforme el beso se alargaba, oyó como sus amigos empezaban a jalear alguna canción obscena, pero estaba demasiado ocupado como para hacerles caso: Lily había comenzado a arañarle suavemente la nuca y la mano del chico había abandonado la cara de la prefecta y descendía hasta sus piernas, que estaban ahora entrelazadas con las de James.

La cosa habría seguido subiendo de tono de no ser por Marlenne, que empezó a arrojar bolitas de papel a la pareja hasta que se separaron y la miraron, frustrados.

— Mirad, ya sé que llevamos mucho tiempo dando por culo con que nos expliquéis qué coño os traéis, pero una cosa es que lo expliquéis, y otra que nos lo enseñéis con pelos y señales, ¿vale? — se defendió la chica. El resto de amigos le dieron la razón.

James y Lily se miraron y, negando con la cabeza, se rieron de la explicación de Marlenne.

— Lo pillo, lo pillo — aceptó James. — Pero, en ese caso, y si no os importa, yo voy a secuestrar a Evans un ratito, ¿vale? — terminó, imitando a Marlenne. — ¿Te vienes a dar una vuelta? — le preguntó a Lily, acariciándole la piel de la espalda que quedaba al descubierto entre el pantalón y la camisa. Lily se mordió el labio, dudosa y, mirando a sus amigas, dijo:

— ¿Nos vemos en el castillo? — preguntó, mientras se ponían en pie.

— Te guardamos un sitio en la cena — aceptó Alice, con una sonrisilla.

— Hasta luego — se despidió James, dejando un puñado de galeones encima de la mesa. — Invito yo — aclaró, con un guiño.

— Puto niño rico — oyó que decía Sirius a sus espaldas, en broma. James sonrió y tomó a Lily de la mano para guiarla por entre la multitud hasta la salida. Al llegar a la puerta, el merodeador volvió a sentir la sensación de estar siendo observado, y se giró de nuevo hacia el rincón en el que todavía seguía Snape, mirándolos. James resistió la tentación de levantar el dedo corazón en su dirección y, en su lugar, se limitó a mirarlo por un momento y alzar las cejas con socarronería antes de salir del bar arrastrado por Lily.


— ¡Por Merlín! ¡Qué alivio respirar aire fresco! — exclamó Lily, estirando los brazos y levantando la cabeza hacia el cielo al salir.

James se acercó a ella y la abrazó por la espalda.

— Sí, qué alivio — aceptó, respirando el aroma del cuello de la prefecta y haciéndola reír.

— Oye, ¿a qué ha venido lo de hace un momento? — preguntó Lily girando en los brazos del chico para encararlo. James se encogió de hombros, inocentemente.

— ¿Por qué? ¿Te ha molestado?

— No, no es eso. Pero no me has contestado, Potter — espetó, no dejando pasar el tema.

— No sé, me apetecía besarte, ¿por qué no? De hecho, todavía me apetece — añadió, acercándose a sus labios. No obstante, la pelirroja le impidió seguir avanzando poniendo un dedo sobre sus labios.

— ¿Y el hecho de que Severus estuviese a unas mesas de distancia, no ha tenido nada que ver? — sugirió. James abrió los ojos y sonrió como un niño bueno que en la vida ha roto un plato.

— Mmm… ¿no sé de qué me hablas? — tanteó.

— ¡Mierda, James! — se irritó Lily, soltándose del abrazo del chico. — No me trates como si fuese estúpida. Sabes perfectamente de qué te hablo.

— Está bien, está bien, tienes razón. Me di cuenta de que Snape no te quitaba ojo de encima, y me jodió, ¿vale?

— ¿Y darme un beso hizo que dejase de joderte? ¿Eres un crío o qué? — preguntó, incrédula.

— ¡Pues sí! Seré un crío gilipollas, pero me toca los cojones que ese hijo de puta se atreva a mirarte siquiera después de cómo te ha tratado. Y sí, me sentí mucho mejor al verle la cara verde de envidia cuando salí del bar contigo de la mano — terminó, sin un ápice de vergüenza. Lily volteó los ojos y echó a andar sin un rumbo fijo, tratando de ignorarlo.

— No me lo puedo creer, esto es... — Lily trataba de buscar las palabras hasta que, tras inhalar profundamente, dijo: — James, escúchame. No tengo ningún derecho a pedirte que cambies, y creo que hasta ahora no lo he hecho, pero no voy a consentir que me utilices a mí para vengarte de las personas que te caen mal. Sobre todo cuando esas personas son amigos míos, joder — añadió, enfadada.

James quería decirle que los amigos no se tratan así entre ellos, y que sí había hecho aquello era porque sabía que, en el fondo, Snivellus quería a Lily como algo más que una amiga. Pero, para intentar evitar una pelea en la que sabía que llevaba las de perder, decidió callarse lo que pensaba y, en su lugar, prefirió agachar la oreja y tratar de apaciguar a la pelirroja.

— Tienes razón, lo siento — dijo, haciendo que la chica se girase hacia él, sorprendida. — Pero, para que conste, sí que me apetecía besarte. Todavía me apetece.

Lily estaba totalmente patidifusa. ¿James le acababa de dar la razón? Y más aún, ¿se había disculpado? Tal y como el chico se esperaba, a la prefecta no se le había pasado por la cabeza que él pudiese reconocer un error (y, de hecho, interiormente seguía sin reconocerlo), y James aprovechó su momento de sorpresa para volver a cogerla de la cintura y acercarla a él.

La chica volvió en sí cuanto sintió la lengua de James instando a su boca a abrirse para poder profundizar un beso. No obstante, su prefecta interior todavía estaba enfadada y trató de apartarse. James dejó de besarla por un momento para poder mirarla a los ojos con esa sonrisita traviesa que a Lily le encantaba y odiaba al mismo tiempo. Acercó su cadera a la suya y le dio un pequeño beso en los labios antes de susurrarle un "no te enfades, pelirroja" mientras la mecía de la cintura. Lily negó con la cabeza y, mordiéndose el labio inferior, lo agarró por la pechera de la chaqueta.

— Me manipulas. Eres malo, James Potter — dijo antes de ponerse de puntillas para volver a besarlo.

James se rio entre dientes y la tomó de las manos y, arrastrándola con él, le susurró:

— Pues hagamos cosas malas, Evans.

Con una sonrisa, Lily se dejó hacer y siguió a James hasta un pequeño hueco entre dos casas. El chico se giró hacia ella y la tomó nuevamente de la cintura para apoyarla contra la pared. Lily le rodeó los hombros con sus brazos y le rozó la nariz con la suya, tentándolo. Como era habitual, a James no le hizo falta ningún otro incentivo y se inclinó un poco para volver a besar a la pelirroja.

Lily suspiró en el beso y se estiró para poder llegar mejor a la boca de James. Notando su esfuerzo, el chico la agarró por el culo y la levantó para que la prefecta pudiese entrelazar sus piernas en su cintura. Aprovechando la nueva postura, James bajó su boca y empezó a besar y lamer el cuello y el escote de la chica, que suspiró entrecortadamente.

— Mmm... Voy a echar esto de menos durante el verano — dijo con la voz queda.

— ¿Sí? En ese caso supongo que podremos encontrar la manera de que la espera no se haga tan larga, ¿no te parece? — preguntó James, jugueteando con el botón de los pantalones de Lily.

— Mm—hm… — aceptó la pelirroja, demasiado abstraída por los dedos del chico jugando con su estómago y sus labios acariciándole la mandíbula como para pronunciar alguna palabra.

Tironeándole del pelo, consiguió que el merodeador levantase la cabeza para poder volver a besarlo con fuerza y calmar así esas ansias de más, y más, y más que, con cada día que pasaba, se le hacían más difícil de reprimir. "Tal vez sea el momento de dejar de reprimirse", pensó con deseo Lily mientras sentía como una de las manos de James le acariciaba el culo y la otra subía y bajaba sin ningún pudor por su torso, haciéndola sentir muy sofocada. Definitivamente, iban a ser unas vacaciones terriblemente largas…


CONTINUARÁ ^^

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