Nueva York.

Capitulo II

Una semana después…

John Wick se dio cuenta que había estado frente al espejo más de media hora, revisando y repasando su aspecto hasta el más mínimo detalle; traje completo de lana gris Oxford, si, el otoño estaba en todo su apogeo y definitivamente tanto podría estar soleado durante un rato y al siguiente estaría soplando viento helado, así que correría riesgos, camisa blanca y una corbata de color similar al traje, quizás pronto tendría que ver la confección de otros. Bajó por el ascensor directamente al garaje subterráneo del edificio donde rentaba el apartamento, para subir en su Dodge Charger; si, le habían comprado otro igual al último que destrozó, las ventajas de ser quien era.

Mientras conducía se miró nuevamente en el espejo retrovisor, su cabello estaba bien peinado, tenía que dar una buena impresión, no como la primera donde estuvo completamente desaliñado y desarreglado. Había dejado una buena dotación de alimento para Perro, así como una buena cantidad de juguetes, tapizado el cuarto de periódico, en un rato llegaría Ryan a sacarlo a pasear una hora, era un buen chico adolescente que estaba ahorrando para comprarse su Tableta para tomar apuntes en la escuela.

Condujo por al menos unos quince minutos, estaba por llegar al museo de Historia Natural, pero se detuvo en una manzana anterior, porque vio un local pequeño de flores, si eso haría llevaría flores. Era poco consciente del comportamiento en esto de pedir una salida a otra persona. En ese sentido fue Helen quien siempre daba el primer paso, como esa ocasión en la cafetería. Fue ella misma quien le regaló una ocasión un ramo de gerberas de muchos colores lo cual le provocó una sonrisa, una de las primeras en su vida. John sacudió la cabeza debía concentrarse.

—¿En qué puedo servirle? ¿Busca un ramo? ¿Algún acontecimiento importante?— la voz de la dependienta sacó a John de su desasosiego; era una mujer menuda de ascendencia mexicana probablemente con grandes ojos cafés, quien le sonreía amablemente y mostrándole con la mano la exhibición del pequeño establecimiento.

—Busco…—, John se sintió perdido, no sabía cómo solicitar ese tipo de cosas, jamás lo había hecho.

—Déjeme adivinar— la sonrisa de la florista se amplió más. —La primera vez que lleva flores ¿cierto?— John solo atinó a asentir la cabeza. —Ok, veamos entonces usted solo diga si o no y obtendremos las flores ideales para su objetivo.

¿Cómo era posible? Pensó John. La dependienta le estaba hablando de manera muy estándar, así que procedió a responder.

—¿Mujer?—, negó con la cabeza, —Ok, entonces eso ya me redujo casi la mitad de ramos que están aquí.

—¿Ya ha tenido una salida anteriormente?— inclinó su cabeza, no sabía que responder a eso. Pero la mujer lo resolvió. —Seguramente solo han hablado una vez, ¿por casualidad?— asintió.

Se acercó a la zona de ramos de flores coloridas.

—¿Le conoció en un sitio cerrado?—, esta ocasión si respondió con voz.

—No— la florista amplió más su sonrisa.

—Bien, entonces fue un lugar abierto. ¿Es de su edad?— volvió a contestar.

—No

—Entonces es más joven— llegó a la parte media de la floristería y sacó tres ramos sencillos uno de gerberas coloridas, el otro de tulipanes morados y el último de rosas amarillas. —Elija entre estos tres, mírelos fijamente y visualice a la persona con las flores en su mano, ¿con cuál le gustaría verlo más?

John analizó uno a uno los ramos y por curiosidad obedeció la orden de la mujer. Gerberas no, esas le traían demasiados recuerdos, tulipanes morados tampoco, no le calzaban del todo, incluso acentuarían más ese aire de tormento, serían las rosas amarillas. Alzó la mano por inercia para sujetar ese ramo a la vez que la dependienta se lo extendía.

—Excelente elección, son flores de un color muy alegre. Son sesenta dólares—, vaya precio pensó John, pero sin decir nada más sacó su billetera y pagó el ramo. El cual le fue entregado unos minuto más tarde adornadas con un listón de color morado. Le dio unas gracias muy quedas y salió, para abordar su auto nuevamente.

Otros diez minutos y finalmente estaba frente al edificio. Faltaba media hora para que cerraran el museo, buscó donde aparcar el auto. Esa semana había investigado a fondo y su primera corazonada acertó, cuando le vio entrar toda esa semana a ese edificio a las 9.00 am y salir a las 7.00 pm, generalmente vestido con pantalón de loneta o mezclilla, camisa de franela y chamarra de mezclilla u otro material medianamente abrigador. Y un par de ocasiones lo vio acompañado por la sabueso, la que al parecer tenía libre acceso al museo.

Alzó el ramo del asiento delantero y salió con él, subió la escalinata de ese enorme edificio, la entrada principal en color claro y grandes columnas le recordaron a las ruinas de Grecia, pero era bien sabido que en el siglo pasado estaban obsesionados con esos estilos.

Se quedó mirando hacia la calle recargado de uno de los pilares en la misma dirección que sabía tomaría para ir a su casa, en esos momentos casi no había personas por ese rumbo y como lo había predicho un viento gélido soplaba esa tarde la cual estaba a punto de extinguirse para dar paso a la noche.

Escuchó varios pasos y miró a chicos jóvenes vestidos con la camisa típica verde brillante del uniforme de guías del museo, debajo de las chamarras, pero inútiles en un intento de ocultarlas. La mayoría iba en grupo o en pareja dispersándose en cuanto tocaban el último escalón. Revisó la hora en su reloj, ya pasaban de las 7:00 pm, no debería de tardar en salir. Pero sus cálculos fallaron porque pasó más de una hora para que finalmente escuchara la voz de un hombre mayor dirigirle un saludo de despedida a otro.

—Finalmente el Dr. Spleton le dejó salir maestro Guillory, lo tiene completamente esclavizado— las últimas palabras sonaron ligeramente divertidas.

—Solo cuando nos ponemos a armar especímenes, no tardará en salir—, reconoció la voz enseguida. John giró su cabeza y ahí estaba su compañía de Central Park

Esta ocasión venía con unos pantalones negros de lona, zapatos de gamuza café, una camisa café oscura y una chamarra negra. Su cabello rubio nuevamente iba cubierto por una gorra, solo asomaban sus rulos y esta ocasión sus lentes estaban aclarados debido a la poca luz presente. Le vio bajar los escalones rápidamente y comenzar a caminar en hacia donde estaba John con la mirada en el piso.

John se sintió de pronto un poco incómodo, ¿Cómo diablos se sintió más fácil con Helen?

Los nervios, porque eran simples y llanos nervios ganaron la partida y John se quedó paralizado, viendo como pasaba el otro sin detenerse, dejándolo atrás. Fueron solo unos segundos que pudo controlarse un poco, cuando finalmente estaba avanzando persiguiendo al otro. Tuvo que abrir más su zancada para alcanzarlo; el otro lo percibió, porque giró su rostro levemente para mirar hacia atrás y enseguida apresuró más el paso, de pronto todo se tornó en una ligera persecución.

Cuando John se dio cuenta estaban pasando junto a su auto. No tuvo más remedio que hablar, lo primero que se le vino a la mente.

—¿Cómo está Molly?—, casi lo gritó, para hacerse escuchar, ya estaba cinco metros delante de John. Funcionó, porque eso hizo que el otro se detuviera abruptamente, girando el rostro y dándole una mirada con el ceño fruncido.

John tomó un leve respiro y caminó hacia el otro de manera más lenta, porque estaba claro que en ese momento seguramente el otro lo percibía como una amenaza, pero pronto su frente comenzó a destensarse, al reconocerlo poco a poco. Siguió hablando.

—Estuvimos juntos en Central Park, debido a ti, no perdí a Perro.

El entendimiento llegó al otro, quien se dedicó a observarlo, su vista parecía intentar diseccionarlo pedazo a pedazo. John le costó pasar saliva, no iba a amilanar por alguien quien era claramente menor así mismo y que no tenía ninguna idea a lo que se dedicaba. Tenía que seguir hablando para no perderlo.

—Así que ese día que estuvimos en Central Park, regresando a casa en la noche Perro y yo te vimos salir del museo, supuse que trabajas ahí, por lo cual quise traerte un pequeño presente en agradecimiento por la ayuda y que debido a tus consejos he comenzado a trabajar más con mi mascota y creo que al menos ya obedece una orden.

El otro hombre solo lo observaba fijamente ese lo ponía muy nervioso.

—También ya le compré su placa de identificación y el veterinario me regañó porque no llevo bien su registro de vacunación—, sintió un poco de vergüenza cuando el otro le dio una mirada enfadada. Finalmente ya estaba junto a él, solo lo separaba medio metro, extendió el ramo de rosas amarillas para dárselo, entonces John se dio cuenta que el presente ya estaba bastante maltratado; en la persecución al menos debieron caerse la cabeza de dos rosas y el listón ya estaba a punto de arrugado.

Intentó arreglarlo, para solo conseguir pincharse con una espina presente de una de las flores que no venía bien limpia, así que terminó tirando el ramo al piso.

Paso una mano por su cabello, hacía años se sintió nervioso por última vez. Estuvo a punto de darle una patada a las flores cuando una mano apareció y levantó. Al alzar la vista dio de lleno con unos ojos azul—verdoso que lo miraban igualmente. Ahora esa mirada era curiosa.

—Sí, te recuerdo, el dueño del Pitbull gris—, sonrió levemente. —Casi no te reconocí, sin el cabello desalineado y sin rasguños.

—Eh—, titubeó John, pero finalmente extendió su mano para un saludo. —Mi nombre es John, John Wick, ese día el parque no nos presentamos, aunque pasamos un rato juntos.

Pasó diez segundos en incertidumbre, pero finalmente otra mano estrechó la suya. Al parecer había decidido dejar de desconfiar.

—El mío es Illiam Guillory— le dijo, pero sin darle ninguna sonrisa, solo el estrechamiento de manos, el cual duró un poco más de lo políticamente correcto. —Gracias por las flores—, agregó.

—Son por lo de Perro—, Illiam alzó la ceja izquierda con un poco de incredulidad.

—Por lo cual has estado esperándome al menos un par de horas—, John se sorprendió ligeramente. ¿Cómo lo supo? Tendría respuesta inmediata.

—El estado de tu traje me dice que estuviste cambiando de posición varias veces, porque está ligeramente arrugado. Y por estado de las flores y el listón; las cuales estuviste jugando en tus manos bastante tiempo—, le vi exhalar ligeramente, girando su rostro para observar alrededor de este y finalmente agregar. —No sé si sentirme alagado o asustado.

—¡Oh!, ¡No, no deberías!— espetó rápidamente. —No quise, no quise…— se interrumpió cuando escuchó una risa contenida de parte del otro.

—No debí decir eso, solo quería embromarte, pero lo tomas todo muy en serio—. En el rostro de Iliam aún quedaban restos de una sonrisa de diversión. —De todas maneras, de nuevo gracias por las flores, es extraño porque generalmente soy quien las doy pero, agradezco el gesto.

Iliam le dio inclinó ligeramente la cabeza en gesto de despedida, John no deseaba eso. Así que dijo lo primero que le vino a la mente. —¿Me permites llevarte a tu casa?— la mueca del otro le dio a entender no era tan bien recibida la propuesta. —Al menos acercarte a la parada de autobús o de metro, lo que prefieras—. Corrigió a toda prisa.

—No creo sea conveniente—, respondió el más joven sin atisbo de duda, no sería sencillo que lo dejara acercarse y aunque podría prácticamente obligarlo, John no era de ese tipo de hombres. Asintió con la cabeza para dejarlo ir.

Iliam comenzó a caminar despreocupadamente pero se detuvo cinco metros adelante, su rostro estaba reflejando indecisión, pero solo fueron un par de segundos.

—Mañana trabajaré en el castillo Belvedere y me autorizaron llevar a Molly, si no te es inconveniente puedes pasar a buscarme a las 5.00 de la tarde espero a esa haber terminado de trabajar.

Le estaba dando ¿una cita?, no creía eso, pero si era otra oportunidad para verse no iba a desaprovecharlo.

—De acuerdo, ahí estaré—, le respondió medianamente aturdido por la sorpresa.

John le vio alejarse a paso regular hacia una de las calles principales, en dirección del metro, no iba a seguirlo sería invadir su privacidad, además por lo visto era una persona desconfiada, así que debía avanzar pausadamente de lo contrario no le dejaría acercarse más.

Apretó los labios conteniendo un intento de suspiro, mientras se rascaba la cabeza en un gesto nervioso. Era hora de irse a casa, seguramente Perro querría salir a pasear un rato, de lo contrario comenzaría a realizar desastres en el departamento. Por otro lado, lo llevaría a esa cita.

Continuará…