Zen no estaba para nada listo para los gritos de la rubia, aunque la verdad se lo merecía, durante el último año solo le había causado problemas.

Lo único que entendió de todo el sermón fue que era un caso perdido y un gran desperdicio de talento; ni siquiera le permitió replicar porque su manager le colgó.

Su solución fue tirarse en el colchón de nuevo, y obviamente, ponerse a llorar.

Cuando despertó ya era de noche y tenía una llamada perdida de MC, de hace tres horas.

Nunca había sentido tanta impotencia, nunca había odiado tanto su vida, nunca había metido tan profundo la pata como ahora.

Realmente no quería seguir viviendo.

Ir al tejado del edificio en el que ahora vivía era demasiado tentador.

[Nota de la autora: Perdón por la brevedad de este capítulo, pero se vienen cosas emocionantes, lo prometo. ¡Felices fiestas!]