Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 14
El cielo estaba nublado, nada extraño, y se avecinaba una tormenta.
─ Ciao, má─ Alice se despidió con un beso─ conduce con cuidado.
─ Siempre con cuidado─ le sonrió─ tu padre vuelve por la mañana─ la mujer no dejó de acomodar las cosas dentro del auto.
─ Apresúrate, o ensuciarás tu uniforme, mamá─ Alice rodó los ojos.
─ Si, si, ya está listo─ sonrió y se alisó arrugas inexistentes del pantalón─ ahora sí, nos vemos.
─ Adiós─ Alice entró a la casa y cerró la puerta detrás de ella.
Se apresuró a la ventana y abrió la persiana con sus dedos, viendo como su madre conducía hacia el hospital. Pegó un salto y se acercó al armario.
─ Ya sal de ahí─ dijo con una sonrisa socarrona en los labios y jaló el brazo del rubio. Se acercó rápidamente y estampó sus labios en los de él.
─ Wo,wo, despacio, conejita─ Jasper se quejó mientras trataba de zafar su pie de la correa de una mochila pero sin alejarse de Alice.
─ Vamos arriba─ Alice lo jaló e inevitablemente un montón de cosas se cayeron
─ ¿Confiar en mí mismo? Ni siquiera me conozco.
─ Emmett ─ la mujer tomó un profundo suspiro y lo miró a través de sus largas pestañas ─ ¿podrías escucharme siquiera?
─ Si, pero es que… no entiendo─ Emmett se pasó una mano por el rostro. Un rizo negro le cayó en la frente ─ ¡La vida no se supone que debe ser así, se supone que tiene que ser hermosa!
─ Oh, querido, estás muy equivocado.
─ Creo que el problema es que nosotros dependemos de que nuestros amantes nos amen de la forma en la que nos deberíamos amar a nosotros mismos. Mmm… no sé si me amo a mí mismo, no sé qué hacer con mi vida, estoy lleno de dudas y de preguntas que ni siquiera sabía que tenía. Tengo diecisiete, nadie es serio a los diecisiete, ni siquiera sé qué es el amor.
─ Ya lo dijiste, tienes diecisiete, tienes toda una vida por delante, apenas estás comenzando a vivirla.
─ ¿Entonces por qué ya no la quiero?
─ Estás muy equivocado, otra vez, acabas de decir que no sabes qué hacer… Tienes sueños, quieres cosas… ¿qué vas a hacer para conseguir todas esas cosas?
─ La vida… la vida siempre se ha empeñado en quitarme todo lo que quiero. Me quitó a mi padre, me quitó a mi madre… ella sigue por ahí pero lo noto, que ha dejado de estar incluso antes de haberse ido… y luego, luego me quita a Rose, la única cosa real que he conocido.
─ Oh… vaya─ la consejera se quedó sin palabras, con una leve sonrisa en el rostro─ bueno, eso sí que está jodido─ dijo canturreando.
Emmett rodó los ojos.
─ Jódete, Becky─ murmuró y entonces el timbre sonó─ tengo que ir a clase. Nos vemos luego.
─ ¡Sólo quería aligerar el ambiente! ─ gritó mientras Emmett salía de la oficina y cerraba la puerta detrás de sí─ maldición─ murmuró para sí misma.
─ Enserio no sé por qué sigues yendo ahí, Becky no es de ayuda─ Jasper se encontró con Emmett en el pasillo, caminaron juntos.
─ ¿A dónde se supone que tengo que ir? Es la jodida consejera escolar, debería de servir para algo.
─ ¿Y funcionó?
─ Maldición, no─ Emmett hundió los hombros.
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─ Ahora, respondan esos ejercicios, un problemario de 80 derivadas, sé que pueden hacerlo─ el Sr. Vanner les sonrió. Las quejas no se hicieron esperar.
─ ¿Pueden verlo? ¿Pueden ver la maldad en sus ojos? ─ Jasper les murmuró a Edward y a Alice. Una chica de anteojos comenzó a repartir las hojas por todo el salón, cuando cada uno de ellos tuvo su copia la miraron.
─ ¿Qué mierda es esto? ¿Cree que no tengo una vida? ─ Edward despotricó mientras giraba la hoja entre sus manos.
─ ¿Sr. Vanner? ─ Alice lo llamó alzando su mano.
─ Brandon─ murmuró, viéndole con sus ojos entrecerrados.
─ ¿Cuándo debemos entregarlo?
─ Mañana─ fue su única respuesta, las quejas se hicieron más fuertes.
─ Pequeño cabrón─ Alice susurró, viéndole también con ojos entrecerrados.
─ Y bueno… tú y Bella…─ Jasper codeó a Edward
─ ¿Yo y Bella qué? ─ Edward respondió sin dejar de escribir, había comenzado a trabajar. Alice estaba viendo a un lugar en la lejanía.
─ Están hablando de nuevo─ Alice murmuró, todavía con su vista perdida. Edward la miró y frunció el ceño.
─ Si, pero ¿a ti qué te pasa? ─ le preguntó.
─ Nada─ Alice se despabiló─ es sólo que tengo un montón de tarea de Cálculo y tengo que comenzar a hacer mis diseños─ se echó el cabello hacia atrás─ si no comienzo ahora, no tendré tiempo, no podré terminarlos ¡es mi futuro! ─ chilló un poco alto.
─ Bueno, Ali, relájate, es sólo un día, una tarde, mejor haz tu tarea de Cálculo y mañana comienzas con tus diseños─ comentó Jasper─ no te estreses tanto.
─ Humpf… ─ resopló.
─ Bueno, ¿y cómo estuvo lo de Bella? ─ Jasper siguió codeando a Edward.
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Arte. Lo mejor del mundo. Wuu.
─ Un trabajo, uno sólo les pido─ dijo la Sra. Freeman ─ emociones. Para mañana.
─ ¡Toda la jodida tarea para mañana! ─ chilló Alice, la Sra. Freeman la miró a través de sus gafas puntiagudas.
─ Brandon─ musitó.
─ Lo siento, Sra. Freeman─ murmuró bajito, apachurrada.
Jasper le dio unos golpecitos en el hombro, Alice se inclinó hacia atrás. La Sra. Freeman seguía hablando.
─ Te noto estresada, ¿no quieres poner al conejo en la madriguera?
─ Ahora no, Jazz, tengo un montón de tarea.
─ Serán sólo… diez minutos.
─ Te veo a las 5─ finalizó Alice y volvió a su posición.
El timbre sonó.
─ Para mañana. Emociones─ dijo la Sra. Freeman con tono cantarín─ y Brandon, no más palabrotas.
─ Lo siento, Sra. Freeman─ le respondió Alice mientras recogía sus cosas y salía.
─ Jodida madre─ susurró la Sra. Freeman.
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Rosalie llegó a la mesa de la cafetería. Por suerte, Emmett no se levantó esta vez, nadie se movió.
─ ¿Darás una fiesta de cumpleaños, Jasper? ─ preguntó la Rubia.
─ Ñeh, no lo sé, aún falta un montón─ respondió.
─ El año pasado comenzaste a planearla desde agosto─ murmuró Alice, se rieron bajito.
─ Eso fue sólo una exageración─ dijo Jasper, mientras se metía una papa frita a la boca.
─ Acabo de ver a la Sra. Freeman besándose con el Sr. Vanner─ dijo Bella, llegando a la mesa, derrapando, agitada y sonriente.
─ ¡No! ─ Alice dijo, asombrada. Los demás se vieron entre ellos, incrédulos.
─ ¡Sí! Tomé una foto, miren─ les mostró el teléfono. Se sentó, entre Edward y Rosalie.
─ Vaya, ¿quién lo diría? El Sr. Vanner ya tiene quién se la derive─ murmuró Rosalie mientras le pasaba el teléfono a Jasper. Se rieron, Emmett se rió más de la cuenta y ella lo miró. Emmett la miró y dejó de reírse, poniéndose serio. Rosalie bajó la mirada hacia su ensalada.
─ Bueno, voy por mi almuerzo, ¿alguien quiere acompañarme? ─ dijo Bella mientras dejaba de reírse.
─ Yo iré─ murmuró Rosalie, el resto se miró entre sí.
Las dos emprendieron el camino.
─ ¿Ves, idiota? Ya todos lo olvidaron y lo superaron, solo faltas tú─ Jasper le dijo a Emmett, golpeándolo en la cabeza─ Rose y Bella ya son las mejores amigas por siempre, Bella y Edward ya se acuestan otra vez y tú sigues sin enrollarte con Hale.
─ ¡Ey! Yo no me acuesto con Bella─ se defendió Edward, frunciendo el ceño. Un mechón de cabello le cayó en la frente.
─ Cállate, Cullen ─ dijo Jasper.
─ Fuck you, my dear─ respondió, con su estúpido acento británico.
─ No es tan sencillo, Jasper─ Emmett respondió.
─ Ya déjalo─ murmuró Edward. Emmett lo miró─ enserio que la cague, en grande, estuvo jodidamente mal, pero estaba medio loco y medio estúpido…
─ Todavía─ Alice chifló por lo bajo
─… pero sólo quiero dejarlo atrás, eres mi amigo, y quiero que me perdones. Perdóname.
Alice y Jasper se miraron entre ellos, incómodos. Emmett se encogió de hombros. Las chicas llegaron y se sentaron.
─ ¿Qué pasa? ─ preguntó Bella, se sacudió la blusa, quitando arrugas inexistentes, un trozo de piel se dejó ver, en el abdomen, Edward se puso ansioso.
─ Nada─ dijo Alice─ debería comenzar a hacer esta porquería de mate… odio al Sr. Vanner.
─ La Sra. Freeman no está de acuerdo contigo─ dijo Edward.
Entonces la Sra. Freeman entró a la cafetería, pasando a lado de su mesa. Todos se miraron.
─ Iiiiuuu─ dijeron a coro, estremeciéndose.
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─ Edward ¿no vienes? ─ Jasper preguntó. Edward iba a argumentar─ ¡Oh, si, estás suspendido! ─ dijo, riéndose. Edward lo golpeó en la cabeza.
─ Espero que así te rías cuando pierdan en los estatales─ Edward murmuró, presumido.
─ No eres necesario, hemos trabajado muy bien─ lo codeó Jasper.
─ Si, y mi mamá es Britney Spears─ dijo el cobrizo.
─ Pero, enserio, ¿qué vas a hacer esta tarde? ─ Jasper le preguntó.
─ Voy a liarme un porro mientras me hago una paja con mi mano izquierda y con la derecha estaré haciendo derivadas, estúpido.
─ Oh, genial…─ Jasper soltó una risita─ pero sólo tienes dos manos, ¿con qué mano sostendrás el porro?
─ Oh, cállate, idiota─ Jasper volvió a reírse.
─ ¡Oh, ya sé! Bella será quién sostenga el porro o tal vez ella será la que va a estar derivando… ¿entiendes? Te la va a estar derivando…─ a este punto Jasper ya tenía lágrimas en los ojos. Edward lo miraba sin ninguna expresión.
─ Jasper, andando─ Emmett llegó, lo jaló del cuello.
─ Ah, seh… nos vemos por ahí, viejo─ Jasper se despidió de Edward.
─ Adiós.
Y caminó hacia el Volvo.
─ Eh, Edward─ Bella corrió hacia él─ ¿te vas ya?
─ Si, ¿por qué?
─ Oh, bueno… eh… verás… mmm
─ Suéltalo ya, Bells.
─ Mmm, Charlie no está en casa, vuelve en la noche─ habló muy rápido. Edward se rió entre dientes.
─ Andando, te sigo
─ Asombroso─ dijo contenta y corrió hacia su camioneta.
Bella entró a su vehículo y aceleró, en el camino miraba por el retrovisor y por las laterales, observando a Edward en su glorioso Volvo, tan guapo, era como una mansión con vista al océano, tan asombroso.
Edward bajó la ventanilla y sacó su cabeza.
─ ¡¿Vamos a enrollarnos o estamos siguiendo a una carroza, Bella?! ¡Acelera! ─ le gritó.
Bella sacó su mano y le mostró el dedo medio.
─ ¡Ten paciencia, mi cacharro es un anciano!
─ Cojones─ Edward murmuró.
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─ Pero tengo un montón de tarea de mate─ Bella se quejó tan pronto entraron a la casa.
─ Cojones─ dijo Edward─ serán sólo… diez minutos.
─ Bueno─ entonces Edward la tomó de la cintura y la besó.
─ Vamos… vamos a arriba─ Bella dijo bajo su aliento, cuando se alejaron.
Esa fue la primera vez que Edward finalmente conoció los pechos de Bella.
─ Mmm, carajo, son preciosos─ murmuró y se apresuró a tocarlos.
Los amasó y los apretó. Bella estaba callada, con la respiración entrecortada, debajo de él. Edward volvió a apretar, se concentró en el pecho izquierdo y lo apretó, hasta que dejó el pezón entre sus dedos y lo lamió. Bella gimió en silencio. Entonces se apresuró y lo lamió todo, apresó el pecho en su boca sin dejar de apretarlos, apretones coordinados y pasaba su pulgar por el pezón derechos mientras se jactaba del izquierdo. Bella lo estaba viendo, Bella veía sus ojos cerrados, sus pestañas delgadas y largas, su ceño fruncido, su frente con sudor, su cabello revuelto y su boca abierta, alrededor de su pecho. Era la primera vez que experimentaba eso y lo estaba disfrutando demasiado, llevó su mano derecha hacia abajo y comenzó a tocarse.
Un gemido se escapó de sus labios, mientras escuchaba a Edward, mientras escuchaba a Edward saboreándola. Mientras veía a Edward.
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─ ¡Aaaahhh! ─ Alice gimió.
─ ¿Te gusta así, conejita? ─ Jasper preguntó.
─ Carajo, si─ respondió─ ahora intenta con el otro.
─ De acuerdo─ la obedeció.
─ Esos pantalones se ven muy bien en ti, Jazz─ comentó mientras golpeaba con el lápiz su cuaderno.
─ Si, bueno, gracias… mmm… pero… yo creí que íbamos a tener un poco de ogi-ogi
─ ¿Qué es "ogi-ogi", Jasper? ─ preguntó Alice.
─ Mmm… pues ya sabes… ¿poner el conejo en la madriguera?
─ Oh, Jasper─ Alice se rió, sonrojándose─ tengo mucha tarea.
─ Pero… a eso vine─ él se quejó─ no a probarme pantalones.
Alice lo miró, entrecerrando los ojos y de repente arrojó el cuaderno y el lápiz al suelo, trepó por la cama.
─ Entonces, tómame, vaquero─ murmuró.
─ ¡Yeee-haa!
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Emmett entró a la casa, todo estaba a oscuras y nada de eso le pareció extraño. Fue a la cocina y encendió la luz. Se acercó al refrigerador y lo abrió. Tomó un jugo y lo agitó, miró alrededor. Nada raro, nada extraño… Oh, sólo algo, ahí, sobre la encimera. Se acercó. Era un sobre.
"Emmett", decía, con la letra de su madre, lo giró, "tuve que irme, volveré pronto, te amo"
Emmett abrió el sobre, dólares, un montón de ellos.
Salió de la cocina.
─ ¿Mamá? ─ la llamó desde el pie de las escaleras, subió hasta su habitación, con el sobre en su mano, con el dinero en su mano, con su nota en la mano.
La habitación estaba desierta, la cama hecha, todo en su sitio. Fue hacia el armario. Nada, no quedaba nada. Fue hacia los cajones, nada, no quedaba nada. Fue hacia el baño, nada, no quedaba nada.
No quedaba nada, sólo una nota. Miró alrededor, no había nada.
Se había ido.
─ ¿Emmett? ─ una suave voz lo llamó a sus espaldas.
Se giró.
─ Rose… estoy tan solo─ dijo con voz rota, con la certeza del hallazgo.
─ Lo sé.
…
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