Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.

Mocking the bounds

Capítulo 15

Un portazo. Algo se había caído. Rosalie cerró los ojos con fuerza y apretó la colcha contra ella.

─ ¡Maldita vaca puta, tú zorra! ─ los gritos se escuchaban ahogados, se ahogaban por la distancia, por las ganas de desaparecer.

─ ¡William!

Otro golpe, seguro, tal vez y estaba inconsciente.

─ ¡No entiendes! ─ nah, esta vez no la noqueó.

─ ¡Tú, mal agradecida! ─ otro grito ahogado.

─ ¡Aaaahhhh! ─ Rosalie gritó, contra la almohada. Agitada, salió de la cama y de su habitación. Corrió, salió de la casa y corrió por la carretera.

Se detuvo en un momento, se apoyó contra un poste. Agitada, trató de recuperar la respiración.

─ Cabrones─ musitó. Miró alrededor pero no había nadie.

Cuando llegó a su casa, tocó el timbre, pero nadie abrió. El entrenamiento, claro. Entonces entró, con ayuda de la llave que estaba debajo del tapete. No había luces encendidas pero la luz del exterior todavía ayudada un poco para ver alrededor.

Seguramente Clarece estaba dormida o sedada y no escucharía nada. Subió hasta la habitación de Emmett. Sip, en el entrenamiento.

Se dirigió hacia la cajonera y encontró una botella de vodka. Le dio un trago y se sentó en los pies de la cama.

─ Cabrones─ volvió a musitar.

Estaba buscando a Emmett porque quería arreglar las cosas, porque quería que toda esta pesadilla se terminara. Edward y Bella ya habían hecho las paces, Bella y ella ya habían hecho las paces y, bueno, con Edward era diferente… no sabía qué hacer con él, si se suponía que tenían que estar molestos el uno con el otro. Ella no estaba molesta con él pero no sabía si Edward lo estaba con ella; así que lo dejaría por un tiempo. No le hablaría hasta que él le hablara, porque no sabía si debía disculparse con él o no, aunque no creía que tuviera que hacerlo pero de todas formas.

Pero, en cambio, Emmett no había dado su brazo a torcer. Emmett aún no perdonaba a Edward y aún no la perdonaba a ella.

Se levantó lentamente y salió de la habitación de Emmett. Olía demasiado a su colonia y le hacía daño a su corteza cerebral. Cerró la puerta suavemente y fue hasta la habitación de Clarece, tal vez no estaba noqueada- no como tal vez su propia madre lo estaba ahora- y podría hablar con ella, aunque lo dudaba.

La habitación de Clarece estaba vacía, la cama estaba hecha y el baño estaba abierto. No había nadie, tal vez y finalmente había salido de ahí. Rosalie se giró sobre sus talones y desanduvo su camino, bajando las escaleras.

─ ¿Hola? ─ llamó en voz alta. Nadie contestó ─ ¿Clarece? ¿Emmett? ─ los llamó.

Se aproximó a la cocina. Nadie.

Había un sobre en la encimera. Lo vio y lo abrió.

Era imposible. ¿Clarece? ¿Salir?

Rosalie corrió hacia las escaleras, de vuelta arriba, de vuelta a la habitación y no había nada.

Lo había hecho. ¿Cómo pudo hacerlo?

Rosalie terminó sentada en la sala, con la botella de vodka en su mano derecha y dejó que pasara el tiempo.

Emmett no la vio cuando llegó, no se había molestado en encender la luz.

Rosalie subió, Emmett ya se había dado cuenta de la desaparición de su madre.

─ ¿Emmett? ─ lo llamó. Emmett le estaba dando la espalda y se giró al llamado de su nombre.

─ Rose… estoy tan solo─ la voz se le quebró.

─ Lo sé─ ella respondió y fue hacia él. Lo abrazó y él la abrazó de vuelta.

Emmett lloró, lloró demasiado y Rosalie sólo estuvo ahí para él. Lo abrazó y Emmett la abrazaba de vuelta.

─ Estoy tan solo─ repitió entre hipidos─ ¿cómo… cómo…? ─ su voz se ahogó.

─ Está bien, Em, está bien.

.

.

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─ Jasper, cuéntanos, ¿por qué has dibujado un conejo? ─ la Sra. Freeman preguntó.

─ Oh, mmm, pues es… felicidad, alegría, éxtasis.

Alice lo miró fastidiada.

─ ¡Jojojo, qué festín! ─ vitoreó la profesora─ entonces ¿estás extasiado?

─ Excitado, si─ el grupo entero se rió.

Emmett tenía la mirada perdida.

─ No, Jasper, mhmm… ─ la profesora carraspeó y miró alrededor, incómoda─ dije "extasiado"

─ Oh…ooohhh─ Jasper se sonrojó─ si, ¿por qué no?

─ Geeenial─ la Sra. Freeman lo cortó─ perfecto, ¿quién sigue? ─ miró su lista.

─ Yo─ Edward se levantó.

─ ¡Cullen, deléitanos!

Edward colocó su trabajo al frente.

─ Oh, veamos… ─ la Sra. Freeman se ajustó las gafas─ ¡oh! ─ ladeó su cabeza a la derecha, como encontrando la forma. El resto del grupo hizo lo mismo, Emmett estaba mirando la ventana, viendo como un mosquito se estampaba contra el vidrio.

─ ¡Oh por Dios! ─ Bella chilló y se cubrió la boca.

─ ¿Srita. Swan? ─ la profesora desvió la vista del trabajo de Edward y la miró.

─ Oh, humpf… lo siento, Sra. Freeman… eh… mi lentilla se cayó─ y miró rápidamente hacia abajo.

Edward carraspeó. Bella apretó los ojos. ¿Por qué hizo eso?

─ De acuerdo… ¿Edward? ¿Qué tenemos ahí? ─ la profesora preguntó incómoda.

─ Un desnudo, profesora, una chica desnuda ─ finalizó. Jasper se estaba riendo demasiado, que los lentes se le cayeron y estaba llorando. Alice tenía la boca y los ojos bien abiertos, anonadada, sin despegar la vista del dibujo.

Rosalie miró el dibujo y después se vio los pechos. Bella no podía estar más tetona que ella, no podía ser.

─ Si, eh, me he dado cuenta… pero… ¿por qué?

─ Bueno, creo que esta chica es hermosa y me gusta su piel.

Bella aun no miraba arriba pero una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

─ ¡Oh!

─ Belleza, Sra. Freeman, ¿a usted no le atrae eso?

─ Pues claro, Sr. Cullen. ¡Asombroso! ¿Quién sigue?

Edward tomó asiento, detrás de Bella. Bella seguía con la vista clavada en la mesa.

─ ¡McCarty, Emmett! Adelante.

Jasper lo sacudió.

─ Te toca

─ Eh… no, no hice mi trabajo, Sra. Freeman─ respondió. Todos lo miraron.

─ ¡Oh! ─ dijo compungida─ ¡eso es muy malo! Hablaré contigo al final de la clase… de acuerdo. Brandon─ la profesora la miró con los ojos entrecerrados.

─ Lo siento, Sra. Freeman─ siguió disculpándose y fue al frente.

─ Oh, un vaquero, interesante─ la felicitó la Sra. Freeman.

Jasper meneó las cejas. Alice se sonrojó.

─ ¿Por qué un vaquero?

─ Éxtasis, Sra. Freeman, ¿no lo ve en su cara?

─ Bastante literal, primor, ¿y qué está montando?

─ Oh, no querrá saber─ fue todo lo que dijo y quitó su dibujo de inmediato.

La Sra. Freeman se quedó pasmada.

─ ¿Qui… quién sigue?

─ Yo─ dijo Bella.

─ Swan, adelante.

─ Arte abstracto, Sra. Freeman

─ ¡Grandioso! ¿Y qué me dice tu dibujo? ¿Tus… figuras geométricas?

─ "Jódete"

─ Oh─ la Sra. Freeman la miró espantada.

─ No a usted, a otra… persona─ entonces miró a Edward.

Edward le guiñó.

─ Oh… bien… ¿quién sigue? ─ dijo.

Bella fue a sentarse.

─ No te enojes, gatita─ Edward le dijo al oído─ apuesto a que mi dibujo te gustó.

Bella le mostró el dedo medio.

─ ¿Hale, Rosalie?

Rose colgó su dibujo al frente.

─ ¿Un chico triste? ─ preguntó la Sra. Freeman.

─ Si, había un chico conocido por todos y por nadie, que está jodidamente solo y triste pero a nadie le putas importa. Eso es todo.

La Sra. Freeman se levantó de un salto.

─ ¡A partir de ahora nadie dirá palabrotas!

Rosalie rodó los ojos y se fue a sentar.

Edward, Bella, Jasper y Alice miraron a Emmett. Emmett tenía la mirada perdida.

─ Jodida madre─ musitó la Sra. Freeman

─ Creo que se le ha escapado una palabrota, profesora─ dijo Jasper.

─ ¡Largo de aquí, váyanse!

Todos saltaron de sus asientos y salieron.

Emmett se quedó ahí y Rosalie le estaba mirando la espalda.

─ Largo─ les dijo.

Rosalie fue la última en salir.

.

.

.

─ Eso está jodido─ murmuró Edward.

─ ¿Y qué vas a hacer con todo ese dinero? ─ Jasper le preguntó.

Emmett se encogió de hombros y meneó la cabeza.

─ Esperemos a que lleguen Alice y Bella, Jasper, vamos por el almuerzo─ dijo Edward. Jasper se levantó y lo siguió.

Rosalie no decía nada. Estaba viendo su ensalada.

─ Rose…─ Emmett inició, ella lo miró─ ahora que me he dado cuenta qué tan solo estoy, quiero perdonarte.

─ Mmm, ¿me perdonas sólo porque estas solo? ¿Porque tu padre está muerto y tu madre está en quién sabe qué lugar?

─ No, te perdono porque no estoy dispuesto a perder a otra persona que amo, ya no. Eres todo lo que tengo, eres la única cosa real que he conocido y no estoy dispuesto a renunciar a eso.

─ ¿Estás hablando en serio? ─ una leve sonrisa se estaba dibujando en la cara de Rosalie.

─ Si. Ya estoy enamorado de ti, no importa qué hagas, igual voy a quererte.

─ ¡Oh, Dios, Emmett! ─ dijo contenta─ te prometo… te juro que no volveré a fallarte, estaré contigo para siempre, te lo prometo, no voy a dejarte, no porque yo lo quiera.

Emmett medio sonrió.

─ "Para siempre" es un buen inicio.

─ Carajo que si─ finalizó Rosalie.

Emmett se rió bajito.

─ ¿Y Emmett?

─ ¿Sí?

─ Yo también te amo.

─ ¿Ya me has perdonado, Emmett? ─ Edward le preguntó.

─ Si, Edward─ él respondió.

─ Genial.

─ ¿Por qué todos están tan sonrientes? ─ llegó Bella preguntando.

─ Es sólo que Emmett ha perdonado a Edward… y a Rosalie, al parecer─ dijo Jasper.

─ ¡Oh, al fin! ─ Alice celebró.

─ Pero ahora tenemos otro problema─ inició Rosalie.

─ ¿Cuál? ─ preguntó Bella, mientras se sentaba entre Jasper y Edward.

─ Ayer, que volví a casa, me di cuenta de que mi madre me dejó, dejó un montón de dinero, pero ella se fue, para siempre─ Emmett les hizo saber.

─ Oh─ dijo Alice.

─ Cabrona─ comentó Bella─ oh, yo lo siento.

─ Está bien─ le respondió Emmett─ es sólo que… ─suspiró.

─ Compra un par de cervezas y hay que disfrutar que no hay nadie en casa─ dijo Alice.

─ Alice, esto es serio─ dijo Jasper.

─ Yo también estoy siendo seria, disfruta el momento.

─ El problema es que Emmett está solo, Alice─ Bella rodó los ojos.

─ Qué lista, Swan─ dijo Edward.

─ ¡Tú no me hables! ─ lo mandó a callar con el dedo, pero sin mirarlo.

─ ¡Ay, vamos, Bella! Todos sabemos que ese dibujo te gustó bastante─ comentó Alice riéndose.

─ Vete al infierno, enana─ la castaña le respondió.

Se dejaron de reír y se hizo el silencio por un momento.

─ Bella, ¿siempre has tenido ese lunar en la…─ comenzó Jasper.

─ Bueno, ¡JÓDETE, JASPER! ─ le rezongó, el rubio se calló y miró a otro lado.

.

.

.

Bella estaba enojada. Edward ni siquiera entendía por qué, todo había estado muy bien últimamente, después del incidente con Rosalie y Emmett.

Mmm, qué extraño. Bella no parecía nada molesta ayer por la tarde mientras estaban haciendo un poco de ogi-ogi.

No era posible que un dibujo la enfadara tanto. Aunque tal vez la había enfadado que ahora todos en clase la habían visto desnuda. Aunque era probable que la mayoría ni siquiera sabría quién era la chica de su dibujo y ni siquiera había sido exacto. No dibujó los pliegues que se hacían en su cintura cuando Edward la tomaba con sus manos y la apretaba contra él, ni tampoco había dibujado el suave brillo que tenían sus pechos cuando los tomó con sus manos… Carajo, debía dejar de pensar en eso.

Muy tarde, una erección ya estaba ahí, mientras cenaba con Carlisle y Esme.

Edward removió su lasaña, con gesto ausente. Carlisle estaba hablando de algo, seguro porquerías, como lo que decía todo el tiempo.

Edward suspiró y miró el reloj que estaba colgado en la pared sobre la chimenea, necesitaba salir de ahí, rápido.

Miró otra vez su plato. Esa lasaña no podía desperdiciarse así que tomó un gran bocado en el tenedor y se lo echó a la boca, restos de lasaña quedaron en la comisura de sus labios cuando Carlisle le preguntó algo, Carlisle suspiró y se rascó la frente.

─ ¿Edward, puedes limpiarte la boca? ─ pidió.

─ Lo siento… ─ él estaba hablando con la boca llena y eso exasperaba a Carlisle. Esme ahogó una risa─ tengo prisa. Tengo mucha tarea.

Edward se echó otro bocado a la boca y se levantó mientras usaba una servilleta, que luego arrojó sobre su plato.

─ Buenas noches─ luego despareció por las escaleras.

Al llegar a su habitación se olisqueó la playera. Iugh. Buscó otra en el montón de ropa que tenía por ahí. Encontró una negra, limpia. Un montón de desodorante en el pecho y en las axilas, una cepillada de dientes y listo. Tomó una sudadera, las llaves del candado de su bici y se deslizó por su ventana.

La casa de Bella estaba… pues ahí, como siempre. La patrulla no estaba, la luz del porche estaba encendida, la luz del patio trasero, la luz de la habitación de Bella…

Edward dejó su bici amarrada a un poste en el patio trasero y fue a tocar el timbre. Ni en joda treparía el árbol.

Esperó. Uno, dos, tres, pasos en la escalera, cuatro, un quejido, se rió entre dientes, cinco…

─ ¿Qué estás haciendo aquí? ─ una Bella gruñona abrió la puerta. Se cruzó de brazos.

Bella estaba usando unos shorts blancos y una blusa rosa, que había comprado en la sección de bebés. Edward carraspeó.

─ Sólo vine a saludar y a hacer las paces, por lo que veo─ dijo y entró sin invitación.

─ No te dejé entrar.

─ Dejar a las personas afuera es de mala educación─ Edward ya estaba subiendo las escaleras─ y además, somos amigos.

Escuchó la puerta principal cerrarse.

─ No me importa que seamos amigos. Los amigos no te muestran desnuda enfrente de toda la clase─ Bella ya estaba detrás de él.

Entraron a la habitación.

─ No seas melodramática, B. La mayoría ni siquiera sabe que eres tú. Sólo nuestros amigos. El resto no tiene ni idea─ Edward se dejó caer en la cama sin ninguna gracia.

Bella rodó los ojos, seguía apoyada en la puerta. Le echó el seguro y se acercó a la cama.

─ Estoy esperando que te disculpes─ le dijo.

─ Bueno, puedes esperar sentada─ y palmeó el lugar a su lado. Bella chasqueó los dientes y se acercó a su estéreo y puso play. La música ligera envolvió el lugar.

Se sentó junto a Edward.

─ Me disculpo por haber hecho ese dibujo─ murmuró Edward.

─ Gracias, Edward.

─ De nada, Bella.

Silencio.

Tengo la música en ti, cariño

Dime por qué.

Has estado encerrada aquí para siempre

Y no puedes decir adiós.

─ Buena canción─ murmuró Edward.

─ Yo no la escribí, gracias.

Tus labios, mis labios.

Apocalipsis.

─ Bella…─ Edward suspiró y miró al frente─ ¿puedo preguntarte algo?

─ Si

─ ¿Qué vamos a hacer con esto que sentimos? ─ preguntó en un susurro.

Bella se quedó muda.

Cuando estés completamente sola

Llegaré a ti

Cuando estés triste

Estaré ahí también

─ Lo que realmente pasa es que has estado tratando de burlar todos los límites desde que nos conocemos─ Bella se cruzó de brazos.

─ Y según tú, ¿cuáles son los límites? ¿Meterse mano sin compromiso y seguir siendo amigos?

─ No, hay uno más importante─ Bella estaba hablando en susurros y contemplaba las luces colgadas en su pared.

─ Dime cuál es porque ya se me acabaron las ideas.

─ ¡Dios, Edward! ─ Bella chilló─ el límite es el corazón y tú no has dejado de jugar con él.

Dios. Esa conversación en realidad estaba sucediendo.

─ Yo no he estado tratando de burlar eso o tratando de enamorarte o lo que sea que eso signifiqué─ Edward no iba a confesar su enamoramiento, no, qué vergüenza.

─ Sé que no has estado tratando de hacerlo… no conscientemente pero… agh─ Bella se rascó la cabeza─ … pero eres tú y tu insoportable forma de ser lo que me tiene jodidamente enamorada─ tomó una bocanada de aire.

Joder.

Satán.

Jesucristo.

Virgen María.

Eso era. Bella lo acababa de confesar.

Edward trató de ignorar el peso en su pecho, el aleteo en su estómago, el frenético latido de su corazón.

Edward no podía hablar. Bella se retorció y se sentó sobre sus rodillas, viendo a Edward fijamente. Edward tragó seco y apretó el cojín que tenía en el regazo.

"…son tus ojos los que me piden quedarme, son tus manos las que me jalan hacia ti y me convencen de no irme, son tus abrazos los que me hacen sentir segura, son tus labios los que con un beso encienden algo en mí y me ruegan que me quede, eres tú ahí sentado el que me hace querer estar ahí para siempre y es tu corazón el que sueño con enamorar y me hace querer ser la jodida Mujer Maravilla para protegerlo y cuidarlo siempre. Estoy jodidamente enamorada de ti y haría lo que sea por ti y todo lo que me pidieras, pero Edward… por favor no me pidas que me aleje de ti porque no lo soportaría. Te quiero para mí pero simplemente soy egoísta si se trata de ti.

Edward volvió a tragar en seco. Bella no se había detenido ni para respirar y eso era lo más ardiente que una chica le haya dicho jamás. Bella se relamió los labios, con gesto nervioso, entonces Edward supo que era momento de decir algo, así que carraspeó y miró hacia todos lados menos hacia Bella.

Tienes mi corazón.

Nunca seremos mundos separados.

Seguirás siendo mi estrella.

Cuando el sol brille,

Brillaremos juntos.

Te dije que estaría aquí por siempre,

Dije que siempre sería tu amiga,

Hice una promesa que llevaré hasta el final.

Edward se levantó, Bella siguió sus movimientos y la miró a los ojos. Volvió a tragar.

─ Bueno, Bella, puedes estar tranquila porque no te pediré que te alejes de mí y sólo quiero que sepas que he soñado con este momento desde hace unas semanas… varias semanas…─ volvió a carraspear─ y ahora que veo que se está volviendo realidad estoy aterrado y… nada podría haberme preparado para esto y… mmm…─ se revolvió el cabello. El corazón de Bella estaba latiendo fuertemente─ estoy completamente seguro de que no estoy listo para que dejes de ser mi problema y estoy dispuesto a renunciar a todo por ti y asegurarme de que eres… mmm… de que eres mi chica y… así que sólo, por favor, sé mi novia porque después de esto no estoy seguro de querer alejarme de ti.

Eres parte de mi identidad.

De aquí a la eternidad.

Juntos repararemos tu corazón.

Ahora que está lloviendo más que nunca,

Sabiendo que nos tenemos el uno al otro…

Edward se metió las manos a los bolsillos y miró el suelo, no miró a Bella. Bella se levantó y quedó frente a él.

─ ¿Me estás pidiendo que sea tu novia? ─ la sonrisa en los labios de Bella podía escucharse. Edward alzó la mirada.

─ Si, por eso estamos aquí.

Bella sonrió en grande y la mirada en sus ojos, Dios, la mirada en sus ojos lo era todo.

─ ¿Quieres ser mi novia sí o no? ─ Edward preguntó impaciente.

─ ¡Joder, sí!

Y Edward sonrió.

Entonces la besó.

─ ¿Edward? ─ ella dijo cuándo se alejaron.

─ ¿Qué?

─ ¿Me quieres?

─ Supongamos que si─ se encogió de hombros─ ¿nos llevaría al sexo?

─ ¡Eres un idiota!

─ ¡Si, Bellaaa, si, te quieroooo! ─ Edward respondió en un gorjeo, con una gran sonrisa en su rostro.

.

.

.

─ No voy a acostarme contigo, no todavía.

─ Bueno, entonces ya me estoy yendo

─ Cállate─ Bella se rió.

Estaban acostados en la alfombra de Bella, contemplando el techo y escuchando la música.

Sé que me enamoraré de ti, pequeña

Y no es algo que quiera hacer.

Espero que nunca me mientas

Y si lo haces, sé que no seré tu bebé llorón.

─ ¿Estás escuchando eso? ─ él preguntó.

─ Sí

─ Bien.

Bella sonrió y arrastró su mano por la alfombra, hasta que la entrelazó con la de Edward, y la apretó tres veces.

─ Bien.

¿Qué dicen? Dejen sus comentarios porque en realidad quiero conocer su opinión, criaturas. Nos leemos en el siguiente. Gracias por sus reviews anteriores.