Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos.

Mocking the bounds

Capítulo 21

El lugar estaba abarrotado. Había ruido y gritos por todos lados. Las personas se apretujaban en las butacas; otras cruzaban piernas para llegar a su asiento, balanceando la comida que acababan de comprar, otras tomaban fotos y otras que habían llegado más temprano, ya estaban impacientes, listas para que el partido comenzara. La multitud se había dividido, del lado derecho estaba todo Forks High, los estudiantes, los profesores, los directivos, los padres, todos esperando y con un espíritu animador. Los banderines se agitaban en el aire, las manos se alzaban junto con los gritos y todo estaba lleno de color azul marino y dorado.

Al otro lado, en el izquierdo, los contrincantes se estaban acomodando en sus asientos, gritando y viendo feo a cualquiera que estuviera vestido de azul. Los alumnos de Wenatchee High esperaban que los espartanos perdieran y se veía claramente en la forma furiosa en que agitaban sus banderines morados.

Bella suspiró mientras se acomodaba su sombrero, Alice le rodeó los hombros con el brazo.

—Mira todo esto, Bella – Alice le sonrió – tenemos que ganarle a esos perdedores.

Bella sonrió.

—Claro que lo haremos. No por nada Edward está en el equipo.

—Ugh, suficiente—Alice se quejó y se alejó de ella. Bella se rió.

—¿Estás lista, B? – Angela ya había llegado a su lado.

—Por supuesto.

Los jugadores seguían en los vestidores. Bella ya podía imaginarse la forma en que los músculos de la espalda de Edward se iban a mover mientras corría y saltaba, atrapando el ovoide; la forma en que la iba a mirar cuando hiciera su primera anotación; la forma en que el sudor le iba a escurrir por la frente y el cuello y cómo se le iba a pegar el cabello a la frente a causa del casco. Bella se relamió los labios.

Las porristas entraron al campo. La multitud se animó, los gritos y chiflidos no se hicieron esperar y Bella escaneó al equipo en busca de Rosalie. No hacía falta decir que se veía hermosa.

Con su ondulado cabello rubio sujeto en una coleta con dos listones, uno azul marino y otro dorado, se había puesto glitter en los pómulos y continuaba hasta las sienes, las tablas de su mini falda saltaban cada vez que daba un paso y su abdomen plano se agitaba cada vez que gritaba con una sonrisa.

Bella sonrió y alzó la mirada cuando la vio girar en el aire y caer agraciadamente en los brazos de dos chicos. Ese era el lugar de Rosalie. Entonces miró hacia otro lado y vio a Alice sentada en medio del campo, enfocando su cámara para tomar una fotografía de toda la multitud. Las porristas terminaron su espectáculo y otra ola de gritos se alzó, entonces una chica del periódico escolar se acercó a las porristas y les tomó una fotografía, esperaba que Rosalie tuviera su papel en el periódico este año.

Llegó el momento de la banda, los jugadores esperaban en el túnel, Bella miró hacia allá y alcanzó a ver a Edward, detrás de James Linton. Se estaba viendo los pies y apretaba los puños. Sonrió. Los nervios se apoderaron de su estómago y se miró las manos, con las que sostenía su saxofón. Entonces inhaló profundamente y lo acomodó en su boca.

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Edward alzó la vista y observó pasmado a la multitud mientras salía del túnel, los banderines se agitaban con el viento y las manos echas puño se alzaban, los gritos fueron ensordecedores.

—¡Linton, Cullen, Linton, Cullen! – alcanzó a escuchar que gritaban. Era su nombre el que gritaban y toda esa gente lo iba a ver esa noche, toda esa multitud se había reunido para ver cómo los Espartanos se llevaban el triunfo mientras las Panteras de Wenatchee se iban sin nada.

Edward miró hacia la banda pero no logró ver a Bella, tal vez ella si lo estaba viendo.

Edward estaba listo, sentía la sangre hervir y el sudor ya le escurría por la espalda, apretó las manos esperando sentir el ovoide.

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Esa fotografía del equipo formado definitivamente iba a estar en el periódico escolar, Alice le hizo un zoom para ver a Jasper. Tan guapo.

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Cuando el partido estaba a punto de comenzar, la banda fue a ocupar sus asientos. Bella vio a Esme pero no a Carlisle, también vio a los papás de Alice, ya no alcanzó a ver más, pero sabía que Charlie estaba en algún lugar por ahí. Alice se acercó corriendo, feliz, y se hizo un espacio entre Bella y otro chico, Ángela estaba del otro lado.

—Va a correr sangre—Alice lanzó un grito.

—Esperemos—Angela la secundó—miren a Linton, Dios mio, debería de estar preso por ser tan ardiente.

—Pff, ni tanto—Bella bufó y las otras dos rodaron los ojos. Sus ojos estaban pegados en Edward.

Las Panteras hicieron la patada de salida y los Espartanos decidieron iniciar una ofensiva cuando Jasper atrapó el balón y corrió tan rápido como sus largas piernas se lo permitían. Alice ahogó un grito.

Cuatro contrincantes se le fueron encima, pero Jasper los pudo esquivar a todos, Edward cayó de espaldas cuando iba a atrapar el ovoide y una Pantera colisionó contra él, pero James saltó y abrazó el ovoide, tropezó pero se detuvo con el brazo derecho y siguió corriendo. El primer touchdown de la noche.

Bella se levantó gritando y se abrazó de Angela y Alice, la multitud estalló en gritos y aplausos.

—Te dije que ese capitán está que arde—Angela comentó.

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Diez minutos después, las Panteras le llevaban ventaja de un touchdown a los Espartanos. Angela le había pedido a un chico que si podía ir a comprar unos hot dogs, aceptó gustoso y para cuando el primer cuarto estaba por terminar, el chico llegó, pero tuvieron que dejarle los hot dogs encargados a Alice porque era hora de tocar otra canción.

Cuando terminaron con esa, fue el turno de la banda de Wenatchee para tocar otra canción. La multitud contraria se sentía por los aires, creían que los Espartanos estaban perdidos sólo por un touchdown.

Rosalie se acercó trotando y saludó a las chicas.

—Creo que tendré mi foto en el periódico, Alice, te juro que si esos nerds vuelven a cortarme estarás en problemas.

—Lo siento, Rose, yo no edito las fotos—la acusada se defendió antes de morder su hot dog.

—Eso no importa, tienes influencias. ¿Cómo creen que están jugando? Esos bastardos casi trituran a Emmett.

—¡Esto está emocionante!—Bella sonrió-¿Y qué fue eso de Emmett? ¿Lo estás defendiendo?

—Aaaww, que hermosos—Angela sonrió. Rosalie le entrecerró los ojos.

—No estoy defendiendo a nadie. Tengo que irme—y se alejó trotando.

—¡Huye, cobarde!—Alice le gritó. Rosalie le mostró el dedo medio.

Las porristas hicieron otras acrobacias y finalmente los jugadores volvieron al campo. Menos tensos, más concentrados, más hidratados y más competitivos.

Los banderines volaron por los aires y un poco de cerveza le cayó a Alice en la espalda.

—¡Mi blusa!—se quejó.

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Edward estaba convencido de que podían lograrlo, el entrenador se los había dicho allá adentro. Era un touchdown de diferencia, podían anotar uno y después ganarles. Las Panteras eran agresivos, un chico asiático, el número 7, lo estaba mirando fijamente y Edward preveía que ahora iban por él y por Linton.

Edward se había desconcentrado y sólo alcanzó a escuchar a Linton decir "hut hut hike", entonces su cuerpo comenzó a vibrar y corrió por el campo, sintiendo el aire entrar por su casco, sus pies hundiéndose en el césped y el silencio de la tribuna. El ovoide voló por el aire cuando el 7 interceptó a Linton y lo derribó, Edward aumentó la velocidad, estaba emocionado y no despegó los ojos del ovoide. Saltó, su cuerpo convulsionándose en el aire, como el de un jaguar atrapando a su presa, el ovoide pegó en sus manos, lo apresó fuertemente y sus pies tocaron el suelo. La tribuna rompió en gritos, Edward corrió, el aire golpeando en su cuerpo, yendo en su contra, sintió la textura rugosa de un guante que le tomó el brazo, se lo sacudió de encima, alguien cayó a sus pies y luchó por mantener el equilibrio. Su mirada estaba fijada en la línea de anotación, apretó los dientes y corrió tan rápido como sus piernas se lo permitían.

Tres chicos colisionaron a su lado, nada podía pararlo, se alzaron los gritos, estaba cerca, podía ver el azul agitándose en su vista periférica. Corrió más rápido y cayó de rodillas, el corazón quería salírsele del pecho, los pulmones le ardían.

La multitud se volvió loca. Se levantó y miró hacia la derecha. A su gente. El azul se movía en sincronía con el dorado, ondeando en el aire. Entonces la vio. Bella estaba parada sobre su asiento, sostenía su saxofón con la mano izquierda y con la derecha agitaba un banderín. Edward sonrió. Se veía hermosa. El pelo le rebotaba y tenía una sonrisa enorme, gritaba feliz y después Alice le dio un abrazo.

Alguien lo golpeó en la espalda. Era Emmett.

—¡Cullen!—fue todo lo que dijo antes de salir corriendo de vuelta. Edward lo siguió.

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Todo había terminado. La felicidad en el ambiente era palpable. Los Espartanos habían vencido a Las Panteras. Los jugadores se estaban dirigiendo al túnel, Edward corrió hacia donde estaba Bella, guardando su saxofón, ella le sonrió.

—¡Edward, lo hiciste!—gritó contenta.

Él la alzó en sus brazos y la besó en la boca.

—Te lo dije—le besó la frente—te ví saltando como una loca.

—Yo te ví todo el tiempo—Bella se maravilló de cómo la playera se le pegaba a los músculos y de cómo el 20 en su espalda se movía cada vez que corría. Le secó el sudor de la frente con la mano.

—¿Vas a querer ir a La Push?—le preguntó. Los chicos habían organizado una fogatada y se iban a dirigir una vez que estuvieran duchados.

—Claro. Ahora ve a bañarte, apestoso.

Edward le sonrió y le llenó la cara de sudor. Bella soltó un gritito.

Edward le besó la mejilla y se alejó trotando. Angela se acercó a Bella y le sonrió.

—Son tan lindos. Andando.

Ellas también se fueron a los vestidores.

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Bella se había puesto unos jeans y un suéter rosa, era el primer día de diciembre y ya estaba haciendo frío, no se imaginaba cómo iba a estar en La Push. Escuchó voces en el pasillo y caminó junto con Ángela a la salida de la escuela, vislumbró una cabellera rubia y se percató de que era Rosalie. Ángela se despidió de ella y caminó hasta su auto, Bella se acercó a Rosalie.

—Tengo frío, debí haber traído algo más—Bella se quejó tan pronto llegó. Rosalie le dio un trago a su bebida.

—Seguro Edward tiene algo para prestarte—Bella se cruzó de brazos, entonces llegó Jasper.

—Ok, señoritas, gracias por sus felicitaciones—Rosalie sonrió y le dio un golpe en el hombro.

—Estuvo fenomenal, Jasper, no creí que los juegos aquí en Forks fueran tan emocionantes.

—Tus comentarios nos lastiman, Bella. No somos unos simples pueblerinos—se llevó la mano al pecho, fingiendo dolor.

—Habla por ti mismo, a mí me encanta aquí—Emmett le pasó un brazo por los hombros a Jasper. Luego miró a Rosalie y se sonrieron, sin romper el contacto visual. Bella desvió la mirada, incómoda, y vio que Edward y Alice se acercaban.

—Tengo frío—Bella se acercó a Edward, frotándose los antebrazos, enterró su rostro en su pecho, oliendo desodorante y Edward. Él le besó la coronilla.

—Tengo una sudadera en el auto, andando.

Al final, Jasper y Alice se fueron con él y Bella. Emmett se fue en su Jeep con Rosalie. Bella se preguntó cuándo darían el gran paso.

Edward le tendió una sudadera de Espartanos a Bella y ella lo besó en los labios. Se enfiló detrás de los autos que salían del estacionamiento y la patrulla de Charlie los alcanzó. Se colocó a su lado. Bella miró por la ventanilla y le sonrió a su papá.

—¡Gran juego, chicos!—Charlie los felicitó y se despidió con un gesto de chicos.

—Le agradamos al jefe, deben de ser mis dotes con el ovoide—Alice le aventó el banderín a Jasper en la cara para que se callara.

Edward condujo por la interestatal para salir de Forks, delante de él iban algunos autos y Emmett iba justo detrás de él.

El camino a La Push fue animado, los chicos que conducían delante de ellos tocaban el claxon repetidamente y asomaban sus cuerpos por las ventanillas gritando un "oohh", Edward les respondía sonriente con el claxon y Rosalie sacó su cuerpo por el techo de la jeep, gritando y sonriendo, como una buena animadora. El resto de las porristas iban detrás de Emmett.

Cuando llegaron a La Push, todos situaron los autos en un mismo sitio y algunos chicos que ya habían llegado estaban reuniendo madera para iniciar con la fogata. Bella vio cómo algunos chicos de la reservación se habían unido al festejo, siendo amables y felicitando al equipo.

Todos bajaron del Volvo y Edward tomó la mano de Bella, caminando hacia la multitud. Un chico estaba sirviendo cerveza directo de un barril y se unieron a la fila para tomar algo de ese brebaje.

—¡No jodas, Cullen! Quiero ser tú, ¡jodido touchdown! –un chico del equipo se acercó y le dio un sorbo a su cerveza.

—¿Qué me dices de esa ofensiva maestra del segundo cuarto? –Edward le lanzó un cumplido de vuelta y el chico se alejó sonriendo. Edward miró a Bella.

—¿Estás cansado?—le preguntó, él se encogió de hombros.

—Todavía no—le sonrió y la besó—te ves muy linda.

—No tanto como tú en ese uniforme—Bella se acercó más a él y Edward le apretó la cintura—eres maravilloso—le colocó una mano en la nuca y acercó su rostro al de ella, Edward sonrió antes de corresponderle el beso.

Cuando los cuatro tuvieron sus vasos rojos llenos de cerveza, se fueron a sentar junto a Emmett y Rosalie, que hablaban animadamente.

—Aaahh, ya veo mi fiesta—Jasper suspiró—bastante similar—miró alrededor.

—Sólo que no estaremos celebrando un maldito triunfo, sólo tu cumpleaños—Rosalie dijo. Jasper la miró y le mostró el dedo medio.

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Después de un rato, la música se apoderó del lugar, la fogata ya estaba enorme y seguían arrojando madera, más chicos y chicas de la reservación andaban por los alrededores y algunos ya se habían puesto a bailar.

—¿Quieres ir al auto? —Edward le preguntó a Bella al oído, en un susurro, después de haberla besado. Ella estaba sentada en su regazo y le acariciaba el corto cabello de la nuca.

—De acuerdo—respondió. Se levantaron y él le tomó la mano, abriendo paso y guiándola.

Subieron al asiento trasero y Edward comenzó a besarle el rostro, la recostó y le besó los labios. Bella pasó una mano por su suave cabello y le acarició la espalda, porque desde que lo había visto entrar al campo, moría por hacerlo. Edward se dirigió a besarle el cuello y zambutió las manos por debajo de su suéter, Bella dio un respingo al sentir la fría piel.

Se rio, él también.

Edward volvió a besarle los labios y entonces un golpe en la ventanilla y un flash cegador los interrumpió. Edward abrió la puerta y unos chicos del equipo estaban ahí, riéndose y pasándose el teléfono con el que les habían tomado una foto. Bella enterró el rostro en su pecho y Edward tiró un puñetazo al aire. Luego se fueron y volvió a cerrar la puerta.

—Bastardos—rezongó. Bella se rió.

—Ya no puedo hacer esto—entonces se apoyó en sus codos, tratando de levantarse. Edward la miró un momento y la dejó libre. Bella se acomodó el suéter otra vez y la sudadera. Edward se pasó una mano por el pelo y se rio.

—Andando—le dijo y bajaron del auto. A la distancia, los chicos los vieron y se siguieron riendo. Edward caminó hacia ellos y Bella lo seguía, tomándolo de su cinturón.

—Buen tiro, Cullen—Bella no se sabía los nombres de todos, era un chico de cabellos rizados.

—Que buen touchdown, le dije a Liam que esperaramos un poco más, así veríamos si era un touchdown, si sabes a lo que me refiero—dijo otro más. Bella entrecerró los ojos. Ya los odiaba.

—Este cabrón quería ver un poco más—Bella supuso que era Liam el que hablaba—le dije que no ibas a dejar que la viéramos—el chico de cabellos rizados miró a Bella, entonces los demás lo hicieron, Liam la recorrió con la mirada. Bella escondió medio cuerpo detrás de Edward.

—Cuando quieras, sólo tienes que decirlo, si sabes a lo que me refiero—Edward les siguió el juego y los otros tres se rieron.

Bella sintió que una bola de demolición le había pegado, le temblaron las rodillas. ¿Qué mierdas había sido eso?

Entonces se alejó de ahí, caminando hacia atrás, de espaldas, Edward no se había percatado de que se había ido.

—Te tomaré la palabra—el que había acusado a Liam habló.

Una multitud que estaba bailando la cubrió de la vista de los chicos, entonces se giró y caminó lejos de ahí.

—¡Bella! ¿Quieres jugar Uno?—Alice la tomó del brazo y ella negó con la cabeza, incapaz de hablar, se sacudió el brazo de su amiga de encima y siguió caminando—¡Bella!

Todo se volvió borroso, la vista se le nubló y se dio cuenta de que eran lágrimas, se abrazó a sí misma y siguió caminando, el sonido se estaba volviendo más lejano y miró hacia atrás, el destello del fuego se veía lejano y se estaba cubriendo por árboles y hojas. Se estaba adentrando en el bosque oscuro y desconocido.

Un sonido rompió el silencio, un sonido que no encajaba con el de los gritos de adolescentes, ni con la música, ni con el vaivén de las hojas, era un sonido agudo, entonces se dio cuenta de que era ella. Estaba llorando fuertemente, entonces caminó más rápido, Bella estaba corriendo, alejándose de ese lugar, su confusión y desconcierto no encajaba en la alegría del triunfo ni en la quietud del bosque. Miró hacia atrás, ya no se veía el fuego, estaba completamente oscuro, como boca de lobo. Corrió más, ahora desesperada porque no sabía dónde estaba y no lograba vislumbrar nada. ¿Dónde estaba la Luna? No había. Era luna nueva. Corrió más, seguía alejándose. Había algo tirado. Estiró los brazos para detener el impacto, entonces, cerró los ojos.

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—¿Dónde está Bella?—Alice preguntaba sin cesar, mientras paseaba alrededor de la fogata, como si Bella fuera a renacer de las cenizas de la madera, como un Phoenix.

—¡Alice, tú la viste!—Rosalie le gritó. Ya todos se habían ido. Era entrada la madrugada y ellos seguían buscándola.

—Estaba caminando, le pregunté que si quería jugar Uno con nosotros y dijo que no, le grité de vuelta pero los que estaban bailando se interpusieron y creí que iba con Edward.

—No la encontré—Emmett venía saliendo del bosque—ahí está oscuro como el demonio—se limpió el sudor de la frente—caminé y caminé pero no la pude encontrar.

Jasper seguía llamando por teléfono.

—No responde—dijo.

—Dejó el teléfono en el auto de Edward—Alice respondió, meneando la cabeza.

Edward también salió del bosque, se veía nervioso y asustado. Sacudió la cabeza.

—No logró ver nada. Ustedes vayan a casa, yo me quedo a buscarla. Tal vez se fue con alguien más.

—¿En verdad lo crees?—Rosalie frunció el ceño, preguntándole.

Él se encogió de hombros.

—Quiero creerlo, pero en verdad, ustedes váyanse.

No quisieron irse. Edward fue a su auto a buscar una linterna y tomó el teléfono de Bella.

—¿Por qué jodidos no se lo llevó?

Entonces el teléfono comenzó a timbrar, era Charlie. Alice se lo quitó de las manos.

—¡Hola, Charlie!—fingió alegría—si, eh, Bella, ¿no te importa que se quede a dormir en mi casa? Eh, verás—miró al resto, asustada, ellos la veían igual—se nos ha hecho tarde. Eh, ella fue al baño. Si, yo le digo. Adios.

Colgó y suspiró.

—Tenemos que encontrarla para que venga a mi casa—se golpeó la frente.

Después de media hora, Edward volvió a correrlos. Finalmente se fueron y Alice se llevó su teléfono con ella.

Edward estaba preocupado, se pasó las manos por el pelo repetidamente. Maldición. Bella estaba enojada con él, lo sabía, no debió de haber dicho eso, ¿qué diablos había pensado?

Bella podía estar en cualquier lugar, sola, en la oscuridad, asustada, ¿había osos en ese bosque? ¿lobos?

—¡Bella!

Edward se adentró en el bosque, gritando su nombre.

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Se le estaba agotando la batería del teléfono, estaba usando la linterna de su móvil y la que había encontrado en el auto. Eras las 4:30 de la mañana, seguía sin encontrarla. ¿Tendría frío? ¿Estaba caminando en círculos? A las 4:43 dirigió su linterna a la izquierda y vislumbró un bulto. Se acercó rápidamente. Era ella. Usaba todavía la sudadera y se veía un trozo de su suéter rosa. Le alumbró la cara. Tenía los ojos cerrados. Se arrodilló y la tocó. Estaba fría.

—¡Bella! –la agitó levemente—¡Bella!

Bella no despertó.

Espero sus respuestas. Las adoro.