Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 23
Cuando Rosalie llegó a casa y entró al garaje se percató de que ahí había un auto desconocido. Un auto costoso. Confundida y frunciendo el ceño, tomó su maleta con la ropa de la práctica y bajó. Se asomó por la ventanilla del copiloto. El auto estaba vacío.
Entró a la casa, todavía confundida y escuchó la voz de un hombre viniendo desde la cocina. Olía a algo que se estaba horneando. Caminó hacia allá.
Ahí dentro estaban su madre y un hombre, él estaba de espaldas. Era de espalda ancha y de pelo largo, hasta el cuello. Usaba una chaqueta de cuero negra, unos pantalones y unas botas negras.
— ¡Rosie! Estás en casa—su madre la saludo, sonriendo.
—Si…—respondió confundida. El hombre se dio la vuelta. Vaya, tenía barba y era atractivo. Rosalie entró y dejó su maleta sobre el banco de la encimera.
—Quiero que conozcas a Garret.
Oh.
Rosalie estaba muda. Todavía era muy pronto para conocer al novio de su mamá. Su papá se había ido hace apenas unas tres semanas. Las mejores tres semanas de su vida, debía recalcar.
—Oh, hola—Rosalie sonrió levemente.
Garret sonreía también y tenía los brazos cruzados. Se acercó un paso y le tendió la mano.
—Tu madre ha hablado mucho de ti, Rose. Moría por conocerte.
Rosalie estrechó su mano. Tenía manos cálidas y fuertes.
—Bueno… ¿por qué no vas a tu habitación a dejar esto y vuelves? Podemos adelantar la cena un poco— dijo Lillian.
Rosalie asintió y salió de ahí. Caminó en confusión hacia su cuarto. ¿Por qué Lillian se había apresurado tanto a traer a Garret a casa? Apenas habían pasado tres semanas de la huida de William, ¿acaso su madre no tenía miedo de que ese cerdo imbécil volviera?
Rosalie se lavó las manos y se miró al espejo. Esta era la nueva oportunidad de su madre. Y de ella también. William era cosa del pasado, sin importar que fuera su padre. Esta era una nueva oportunidad y no la iba a desaprovechar.
Bajó con buena cara y comieron entre charlas casuales. Garret le preguntaba a Rosalie sobre ella, sobre sus amigos, su escuela.
— ¿Y qué haces para ganarte la vida, Garret? —ella le preguntó cuando se terminó su parte de la entrevista.
Él sonrió.
—Soy productor de música—Rosalie alzó las cejas, sorprendida—es por eso que vivo en California. Estoy en proceso de comprar una casa en LA. Debí haber escuchado a mi padre en aquel entonces.
— ¿Qué decía tu padre?—Rosalie seguía sintiéndose rara por tutearlo, pero después de que él insistió varias veces lo aceptó.
—"¿Acaso estás loco? ¡No necesitas una casa en Palo Alto, la necesitas en Los Ángeles!" Tenía razón.
Rosalie y Lillian sonrieron. Lillian estaba extasiada.
— ¿Entonces sólo vives en Palo Alto? —Rose lo cuestionó.
—No. Tengo una residencia en Nueva York y otra en Nashville.
—Entonces te gusta el country.
Él asintió.
—Country y Pop. Aunque no lo parezca, están separados por una línea muy estrecha.
Rosalie meneó la cabeza, sonriendo y se quedó pensativa. Lillian se levantó.
—Hora del postre. Iré a traerlo.
Luego se fue.
Rosalie meneó levemente su vaso, sin despegar la vista de la bebida.
— ¿Sabes, Garret? Tengo un amigo… es de mis mejores amigos, de toda la vida. Le gusta la música. Escribe y toca la guitarra, el piano también. No estoy segura de sí ya tiene un género establecido pero… es grandioso.
Garret la miró, antes de darle un trago a su bebida.
— ¿Cuál es su nombre?
—Su nombre es Edward Cullen.
Garret sonrió.
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Bella estaba terminando de ponerse glitter en las mejillas cuando tocaron a su puerta. Rodó los ojos.
—Pasa.
Charlie asomó la cabeza y luego entró a la habitación. Llevaba una camiseta gris y un abrigo de lana. Zambutió las manos en sus bolsillos.
— ¿Sabes las reglas, no?
—Charlie...—Bella suspiró—si vienes a darme el sermón de la celebración del partido, te anuncio que aun lo recuerdo.
Bella terminó de calzarse sus zapatos.
—Bien.
Y con eso, Charlie se fue.
Le había prohibido ir a la fiesta después del juego, si es que ganaban. La fiesta sería en casa de James Linton y todos estaban emocionados por eso, se sentían confiados. Los Espartanos ganarían el segundo interestatal.
Bella entró al asiento del copiloto de su camioneta. Charlie iba a conducir. Rodó los ojos. Iba a ser tan jodidamente aburrido. Ya se imaginaba en su casa, después del partido, en su habitación, aburrida, mientras todos se embriagaban y se divertían en la casa de Linton. Lo peor de todo es que Charlie iba a estar en casa. Ni siquiera iba a poder escaparse. Deslizarse por el árbol no era una opción.
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El estacionamiento de la escuela estaba abarrotado. La gente salía de sus coches y se dirigía a las puertas del estadio. Bella tomó su saxofón y bajó de la camioneta. Se ajustó su chaqueta y caminó hacia allá. Sin esperar a Charlie.
Un montón de banderines azules se agitaban en el aire, con la misma emoción que habían tenido en el partido anterior. Un chico de la escuela rival chocó contra Bella.
—¡Idiota, casi rompes mi lengüeta! —ella le gritó.
—¡Cuida tu boca, niñita! —el chico la miró, enfadado.
—Oye, tranquilo ahí, amiguito—Angela se interpuso entre Bella y el chico vestido de rojo.
Esta vez, los Espartanos se enfrentarían con el equipo de la preparatoria Camas. Una ola de chicos vestidos de negro y rojo entró por la puerta del gimnasio, casi arrollándolas.
—Son unos simios—Bella se quejó. Angela se rio ligeramente.
— ¿Estás lista para la borrachera que te espera?
—No voy a ir—Bella rodó los ojos—Charlie me lo prohibió.
— ¿Qué? ¿Por qué?
Entonces Bella comenzó a contarle lo sucedido. Angela se preocupó instantáneamente.
— ¡Estoy bien! En serio estoy bien.
Bella la detuvo cuando Angela comenzó a tocarle la cabeza.
— ¿Y vas a terminar con Edward?
— ¡Absolutamente no! De hecho… —Bella sonrió, pícaramente.
— ¡Oh por Dios!—Angela chilló y la agitó por los hombros— ¡Cuéntamelo ya!
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La multitud estaba impaciente. Los cuerpos en las butacas se movían al ritmo de los banderines que ondeaban en el aire. Había gritos y conversaciones por todos lados. Las apuestas ya estaban hechas y Forks High estaba entusiasmado, pero también preocupado. Si los Espartanos conseguían este triunfo se enfrentarían con nada más y nada menos que con la preparatoria Southridge, entonces la final de los interestatales sería igual que la del año anterior.
—Oye, Angela, ¿por qué algunos hablan de Southridge? —Bella le preguntó, mientras se distraía con el vapor que salía de su boca. Era una noche fría.
—El año pasado, ganamos en el segundo interestatal. Nos enfrentábamos con los Mustang de la preparatoria Prosser; entonces se corrió el rumor de que los Suns, que es el equipo de Southridge, no nos iban a dejar ganar la final. Atacaron a Linton en el segundo cuarto y lo lastimaron. Creían que tenían el juego ganado pero se confiaron de Edward. Cuando el partido estaba por terminarse también fueron contra Edward—la mirada de Angela se tornó lejana—recuerdo cómo los cuerpos se apilaron sobre él, mientras Jasper anotaba un touchdown con ayuda de Tyler. La celebración duró poco. Comenzamos a darnos cuenta de que Edward estaba herido.
— ¿Entonces qué pasó?
—Se hizo un desastre. Los árbitros no sabían a quién culpar. Toda la tribuna estaba vuelta loca, furiosa, espantada. El padre de Edward estaba intentando entrar al campo para ver si se encontraba bien. Finalmente lo dejaron y fue a revisarlo. Le habían roto el brazo.
Bella se estremeció. Pensar en Edward, herido, le hacía mal.
—Finalmente jugaron un cuarto más. Linton estaba en silla de ruedas cuando volvió al campo. Él sólo tenía un esguince. Necesitaban una foto del equipo completo, sosteniendo el trofeo, ¿no?—Angela suspiró, sonriendo—fue un buen juego. Edward quiso que el equipo completo le rayara el yeso al día siguiente.
—Es por eso que están preocupados por Southridge—Bella arrugó la frente. Angela la tomó por los hombros y alisó la frente de Bella con su pulgar.
—Todo va a salir bien. Ya lo verás. Ahora, ponte lista. Es nuestro turno.
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Bella siguió a Edward con la mirada mientras salía del túnel. Se veía… maravilloso. Alto, grande e invencible como un león y tan esbelto como una pantera.
La multitud gritaba "Forks" y el estadio retumbaba. Los banderines volaban por los aires. Los puños se alzaban y la bandera de la escuela ondeaba en lo alto. Bella se frotó las manos cuando dejó de tocar para mantenerlas calientes.
Cuando Edward corría, Bella lo seguía con la mirada. Observaba cómo sus músculos se movían debajo de su playera, recordando cómo se sentían debajo de sus manos cuando estaban en su habitación. Edward en su cama, sobre ella, moviéndose lentamente, haciéndole sentir cosas increíbles.
Edward le gritó a Tyler algo y se pasó la lengua por los labios, tenía el ceño fruncido. Su lengua, pasando por el cuello de Bella, por sus labios. Su ceño fruncido mientras se concentraba en…
— ¿En qué tanto piensas, pequeña Bella? —Rosalie llegó, sacándola de su ensoñación. Estaba usando un abrigo sobre su uniforme de porrista.
—Eh, en nada. Estoy disfrutando el partido.
—Seguro—Rose no se lo creyó— ¿ya viste a Emmett? Dios.
Bella sonrió y lo buscó con la mirada. Lo encontró interceptando a un contrincante mientras Linton se escurría por la izquierda y se dirigía a la zona de anotación.
—Mi hombre mono—Rose sonreía y se relamió los labios.
Bella meneó la cabeza.
Los gritos se alzaron. Celebrando el primer touchdown de la noche.
— ¡Aaahhh!—gritó Rosalie mientras se iba, dejando caer el abrigo a sus pies y uniéndose a las porristas que iban a comenzar a hacer piruetas.
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Edward anotó dos touchdowns y en ambos, miró hacia Bella. Bella gritó y brincó. Angela la abrazó por los hombros.
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Era un hecho. Los Espartanos de Forks High se enfrentarían contra los Suns de Southridge en la final.
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Edward fue a buscar a Bella una vez que el partido terminó. La tomó de la cintura y la alzó, besándola en los labios.
— ¿Viste eso, nena?—dijo, entusiasmado—para ti, nena.
Volvió a besarla otra vez.
—Estuviste…—Bella meneó la cabeza, no sabiendo qué decir—eres increíble.
Se abrazaron un rato más y luego ella se alejó.
—De verdad me pone triste no ir a la fiesta.
Edward le sonrió, acariciándole el dorso de la mano.
—Voy a ir un rato—le dijo—pero luego…—se inclinó y le habló al oído—luego voy a ir a tu casa. Quiero besarte y besarte.
Bella se sonrojó.
—De acuerdo. Tengo que irme. Charlie debe estar desesperado.
—Está bien. Te veo en un rato.
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Charlie y Bella se detuvieron a comprar hamburguesas. Luego comieron en la sala, viendo televisión. Después de un rato, Charlie se quedó dormido y Bella fue a lavarse los dientes y la cara.
Cuando entró a su habitación, Edward todavía no llegaba así que comenzó a desvestirse para usar el pijama. Un golpe sordo la asustó y se giró.
Edward le estaba sonriendo y se acercó a ella.
—Ojalá siempre me recibieras así—le dijo antes de inclinarse a besarla.
Edward le dio un apretón en el trasero. Luego, la jaló y la metió a la cama. Él se sacó los tenis y la chaqueta y se metió junto a ella. Bella tembló.
—Estás frío.
—Es una noche fría. Tengo que decir que te veías hermosa con todo ese brillo en tu cara y tu nariz toda sonrojada—le besó la nariz.
—Angela me contó lo de Southridge del año pasado. ¿Por qué no me lo habías dicho?
Él se encogió de hombros.
—No había salido a la conversación.
— ¿Crees que estará bien la final?
—Claro. Quieren pelear, pelearemos. Forks High se va a llevar ese trofeo de nueva cuenta.
—Me gusta tu entusiasmo—Bella murmuró, mientras se acercaba más a él. Edward le pasó una mano por la espalda.
—Bella, ¿sabes a qué universidad quieres ir?
Ella frunció el ceño y se alejó para verlo.
—Eh… estoy pensando en ir al sur. Definitivamente no quiero volver a Phoenix, pero estaba pensando en UCLA.
Edward asintió, mirando a lo lejos.
— ¿Por qué preguntas?
Edward se volvió a encoger de hombros.
—Rosalie me presentó a alguien esta noche. Después de que te fuiste. Su madre está saliendo con un productor de música, su nombre es Garret.
Bella pegó un salto y se sentó, mirándolo.
— ¡Eso es genial! —le dio un manotazo en el brazo.
—No me quiero emocionar, B.
— ¡Que importa! Es tu oportunidad.
—Estaba pensando en ir a California estas vacaciones.
A Bella se le borró la sonrisa.
— ¿Y no planeabas decirme?
Edward le acarició la mejilla.
—Por supuesto que sí, boba. Tenían que cubrirme con Carlisle.
Bella sonrió.
—Confío en ti, Edward. Puedes hacerlo.
—Bueno. Basta de plática, vine aquí a besarte.
Bella sonrió y se acercó.
— ¿Sólo a besarme?—dijo contra sus labios.
—Y tal vez a algo más—él dijo mientras deslizaba una mano dentro de sus bragas y le agarró el trasero.
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A Bella le dio frío después de un rato y fue a ponerse una sudadera. Edward protestó ante esto pero ella lo ignoró. Se quedó en bragas y fue a meterse a la cama. La luz estaba apagada y la habitación estaba alumbrada por las luces que Bella tenía colgadas en la pared. Pesados pasos se escucharon en las escaleras y Bella pegó un brinco.
— ¡Escóndete! —empujó a Edward y él cayó al piso. Deteniéndose apenas del impacto con el trasero y una mano.
La puerta del baño se abrió y se cerró.
—Ni siquiera vendrá aquí—protestó Edward, todavía sin esconderse.
— ¡Oh, claro que vendrá!—Bella le pegó en la cabeza con un cojín y él se metió debajo de la cama. Poniéndose de lado, atrajo sus piernas al pecho, tratando de hacerse lo más pequeño posible. Bella acomodó la colcha, agradeciéndole internamente a su rodapié de cama por cubrir a Edward.
Bella se deslizó por la cama y se cubrió el cuerpo, cerrando los ojos, fingiendo estar dormida.
La cadena del baño se escuchó y después de algunos segundos, que le parecieron eternos a Bella, la puerta de su habitación se abrió.
Charlie entró. Caminó alrededor y finalmente se acercó a ella y le dejó un beso en la sien, acariciándole el pelo de paso. Luego salió, cerrando la puerta tras de él.
Ni Bella ni Edward hablaron. Cuando la puerta de la otra habitación se cerró, Edward se deslizó para salir de su escondite.
Bella le sonrió, haciéndole espacio en la cama.
—Eso estuvo cerca—él le dijo.
—Sí, vaya que sí.
Edward la abrazó y Bella se sintió cálida, segura, protegida y en casa.
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El lunes, Bella se despertó optimista. Con ganas de aprobar su proyecto de inglés. Estaba nerviosa y apenada, Edward, su novio, iba a verla vestida de sólo Dios sabría qué cosa e iba a bailar, ahí, frente a toda la clase. Estaba segura que Jasper y Edward la iban a grabar.
Inglés. La primera clase del lunes. Jessica llegó un poco después que ella y le pasó su vestuario. Bella apretó los labios.
— ¿Enserio tenemos que hacer esto? —Bella dijo, apesadumbrada.
— ¡Lo sé! Qué vergüenza. Odio a Sheridan. Estúpida—dijo Jessica.
Cuando la clase inició, Jasper miró a Bella y meneó su teléfono en su cara.
— ¿Lista para ser grabada, Jelly-Bells?
Bella rodó los ojos.
—Puedes guardarte tu teléfono por donde no te alumbra el sol, idiota.
Jasper se rio, echando la cabeza hacia atrás.
Miss Sheridan le dio a la clase diez minutos para ir a cambiarse de ropa.
Bella entró al cubículo del baño y sacó su traje. Era una camisa de mangas color blanca, con un moño esponjoso al frente, también iba a tener que usar un corsé, similar a un chaleco color negro con botones dorados y una falda, de estampado cuadrado, que llegaba hasta el piso. Se iba a hacer unas trenzas en el cabello.
Cuando todos estuvieron listos y volvieron al salón, Bella se sentía cómoda con su ropa, se sentía refinada y no parecía ser algo vergonzoso. Todos la estaban pasando bien mostrando sus vestuarios a los compañeros y dando vueltas alrededor. Esa emoción se iba a terminar cuando el baile comenzara, Bella estaba segura.
Edward, por el contrario, estaba sentado, hablando con Jasper. Se veía… maravilloso. Con sus pantalones de vestir y su saco con cola y su sombrero, todo un caballero británico. Era todo un Darcy. Su sueño hecho realidad.
Edward la miró y le sonrió. Jasper soltó una risilla y le tomó una foto antes de que se acercara a ellos.
—De acuerdo, Edward, acomódate a su lado. Déjenme tomarles una foto.
La profesora impuso orden y comenzaron las presentaciones. Edward y Tom fueron los primeros. Tom también era un chico apuesto, pero Edward captaba toda su atención, era su centro gravitacional. No podía dejar de verlo.
Y por supuesto, Edward tuvo que ser un ridículo y hablar con su estúpido acento británico.
Bella rodó los ojos mientras cruzaba las piernas para disminuir sus… ganas.
Bella no sabía que Edward era un buen bailarín, no parecía tener dos pies izquierdos y obviamente Jasper lo grabó mientras se reía silenciosamente. Le lloraron los ojos.
Jessica y Bella fueron las cuartas en pasar. Bella estuvo nerviosa todo el tiempo, le estaban sudando las manos y la espalda. Asco.
Bella siempre se ponía nerviosa en las presentaciones, al hablar delante de todos, pero se mostraba muy segura aunque estuviera sudando como un maldito cerdo todo el tiempo.
El baile fue lo peor. Jasper estuvo riéndose todo el tiempo. Edward también la estaba grabando pero él sólo estaba sonriendo y mirándola juguetonamente. Se veía fascinado.
Jessica y Bella tuvieron que sujetarse de las manos y alzar los pies en sintonía, tuvieron que dar vueltas como un juego infantil y entrelazaron sus brazos al dar vueltas en el mismo lugar, alternando los brazos cada vez que cada vuelta se terminaba.
Se veían adorables.
Jasper le pidió a Bella que lo grabara cuando bailara. Mike era un desastre bailando pero Jasper se esforzó, lo hacía parecer muy sencillo y parecía disfrutar de su sombrero de charro. A Bella se le antojaron unos tacos.
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En el almuerzo, Emmett y Rosalie ya estaban en la mesa. Edward llegó un poco después, tomado de la mano con Bella. Alice y Jasper seguían en la fila.
—Edward—Rosalie buscó en su mochila—toma esto. Te lo envían.
Edward frunció el ceño.
— ¿Qué es eso?—tomó el pedazo de papel de la mano de Rose y lo abrió. Recostándose en el respaldo de la silla.
Jasper y Alice llegaron. Edward leyó.
Edward: Creo que todos merecemos una oportunidad. Trae tu guitarra y tus letras esta tarde.
¿Esta era la oportunidad que estaba buscando? ¿Qué se suponía que tenía qué hacer? Carlisle lo iba a matar.
…
Espero sus reviews, bellezas.
