Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 26
Permanecieron sentados un rato. Bella se tranquilizó un poco y Charlie la alejó, tomándola de los hombros. Charlie había decidido que no era momento de decirle "te lo dije". Dudaba que Bella estuviera de humor para un regaño.
—Ehh, ¿quieres comer algo?—le preguntó, secándole algunas lágrimas.
Bella negó con la cabeza.
—Estoy enferma. Desde ayer, no te lo dije porque quería ir a la fiesta.
Charlie apretó los labios.
— ¿Sabes que lo que te pasó no define tu valor, verdad? A veces las personas se conforman con tan poco, Bella. Te prometo que un día, esto ya no dolerá.
Bella lo miró entre sus pestañas, con sus ojos llorosos.
— ¿Y si eso no pasa?
—Oohh, Bella. Te juro que pasará. El tiempo lo cura todo.
Bella le había contado entre hipidos lo que había pasado y ahora Jessica no le agradaba a Charlie y seguía odiando a Edward.
— ¿Quieres ir al hospital?—le preguntó.
Ella asintió.
—Sí, no me siento bien. Sólo tomaré un baño. Puedes comer mientras.
Bella se levantó y subió las escaleras lentamente, tratando de no caerse a pedazos.
Charlie suspiró. Detestaba a Edward Cullen.
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Charlie estaba comiendo cuando escuchó los sollozos de Bella que provenían del baño. Quería hacer pagar a Edward. Estaba enojado y apuñaló al pescado con más fuerza de la requerida.
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Bella había perdido sus Converse y había perdido a Edward también. ¿Qué otra cosa podía perder?
Rosalie le había respondido el mensaje.
Ve al hospital. Es una orden. Te quiero.
Charlie me está llevando en este momento, mamá. Yo también te quiero.
Tenía mensajes de Edward y llamadas perdidas. No le iba a responder.
Se puso unos pants y una sudadera. Bajó las escaleras después de lavarse los dientes.
El camino al hospital fue silencioso. Charlie era un hombre de pocas palabras y ella no tenía ganas de hablar. Quería dormir. Tal vez de esa forma podía olvidarse de toda esta mierda por un momento.
Se sentía vacía, como un cascarón, se sentía usada y desolada. Charlie le dio un apretón en la rodilla. Bella sonrió levemente.
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Cuando llegaron al hospital, Carlisle estaba en emergencias.
—No menciones a Edward, papá—Bella le dijo a Charlie. Charlie le acarició el cabello.
Era una tortura ser atendida por Carlisle, el padre de tu ex novio que te engañó la noche anterior y acabas de descubrirlo.
—Bien, Bella. Todo parece apuntar a que tienes una infección y estás algo deshidratada ¿Te asustan las agujas?—Carlisle preguntó.
—No—ella respondió, sin mirarlo. Le recordaba mucho a Edward.
—De acuerdo. Entonces te administraré una dosis de suero con antibiótico. Tendrás que quedarte unas cuantas horas aquí, ¿está bien?
Ella asintió. Charlie se sentó junto a ella, en silencio.
—Hay unas revistas por aquí, papá—le dijo.
— ¿No quieres hablar de…
—No—lo cortó—no quiero hacerlo ahora.
—Está bien—él aceptó.
Después de un rato, el teléfono de Bella vibró con un mensaje. Era Rosalie.
Yeeii. ¿Qué dijo el doc?
Voy a tener que quedarme aquí en el hospital unas cuantas horas.
Ay no. ¿Puedo ir a verte?
Seguro.
¡Genial! Le preguntaré a Alice que si puede venir conmigo.
De acuerdo.
La enfermera llegó y preparó a Bella. Bella se jactó de ver cómo la aguja le atravesaba la piel. Tal vez se haría un piercing algún día.
—Al parecer Rosalie va a venir, no sé si vaya a traer a Alice—le dijo Bella a Charlie.
—De acuerdo. Estaré dando vueltas por ahí.
Ellas llegaron después de unos veinte minutos. Bella y Charlie estaban viendo un partido de fútbol en la televisión.
— ¡Hola!—Alice entró saludando— ¡ooww, Bella!—hizo un puchero y se acercó a abrazarla.
Charlie salió en silencio.
— ¿Cómo te sientes?—Rosalie le preguntó, sentándose a los pies de la camilla.
Bella se encogió de hombros.
—Me estoy sintiendo mejor. Carlisle dijo que tenía una infección.
—Ugh, seguro fue ese sándwich de Paper Towns—dijo Alice, sonriendo.
—No lo creo—Bella rodó los ojos—yo le apunto más a la comida cruda de la cafetería.
Se rieron. Bella hizo una mueca, le dolía reírse.
— ¿Chicas?—las llamó—hay algo que tengo que contarles.
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—Bella, lo siento tanto—Rosalie susurró—me refiero a… está bien, yo también me besé con él pero yo ni siquiera sabía que existías, pero… esa zorra.
Bella negó con la cabeza.
—Eso es totalmente diferente.
Alice estaba viendo a la nada.
—Tiene un novio, claramente no le importa. Estoy segura de que ni siquiera se lo dirá.
—Ella puede joderse. No la conozco—Bella dijo—es una perra y lo peor es que…—le tembló la voz—lo peor es que ustedes me lo advirtieron y no las escuché.
Alice apretó los labios, negando con la cabeza. Le apretó los dedos de la mano donde tenía enterrada la aguja.
—No te culpes, Bella. Nada de esto es tu culpa.
—Es culpa de esa perra y de ese idiota hijo de puta. ¡Se lo advertí! Le dije que no lo hiciera y el idiota respondió que no iba a intentar nada—Rosalie estaba caminando en círculos.
—Bella, te juro, que esa idiota va a pagar. Me las va a pagar—finalizó Alice.
— ¿Cómo es que no se dieron cuenta de que se quedó en la fiesta?—Bella preguntó, quitando pelusas inexistentes de la manta que la cubría.
—Si nos dimos cuenta—respondió Alice—pero él se quedó platicando con sus amigos del equipo. Emmett y Rosalie se fueron con Jasper. Le pregunté si quería irse y dijo que él lo haría después.
— ¿Creen que lo haya planeado?—preguntó Bella, queriendo y no queriendo saber al mismo tiempo.
Rosalie se detuvo de dar vueltas y la miró.
—No creo que sea tan cabrón como para hacer eso… ¿o si?—dijo.
Alice miró a Bella de vuelta.
—Lo importante es que confíes en que todo va a estar bien, Bella. Y que nada de esto es tu culpa.
Bella se frotó la frente, con la mano libre.
—No lo sé, Ali. Tal vez no es feliz conmigo, tal vez me equivoqué en algo.
— ¡Absolutamente no!—Rosalie chilló, señalándola con la mano y se acercó a la camilla. Volviéndose a sentar—te prohíbo que pienses eso. ¡El culpable es él! Es un idiota, ¿de acuerdo?
— ¿Te dijo que era infeliz?—Alice preguntó, alzando las cejas.
—No, pero también me dijo que confiara en él sobre lo de Jessica—Bella dijo en voz baja, sin levantar la vista.
Alice le acarició el cabello.
— ¿Qué le habrá dado ella que yo no le pude dar, Alice? Tal vez lo hice esperar demasiado, me puse difícil…—se le cortó la voz—ojalá fuera más como ella.
Bella ya estaba llorando.
— ¿Una zorra?—Rose rio secamente—créeme, he estado ahí y no es nada placentero.
—Bella, no, no lo hagas. No pienses que ella es mejor que tú. Ellos no definen tu valor—Alice dijo, repitiendo las palabras de Charlie.
—Quisiera saber cómo pasó, muero por saberlo; pero también muero por no saberlo. No sé qué es mejor: saberlo o no—Bella hipó. Rosalie le tendió un pañuelo.
—Todo va a estar bien—la rubia dijo.
—Gracias, chicas, por estar aquí.
Alice sonrió, con ojos llorosos y se acercó a abrazarla.
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Carlisle le aconsejó comer gelatina y té, luego podría comer sopas y papillas. Charlie la llevó a casa y Bella subió a su habitación, confundida y en una nube.
Se fue a sentar a su escritorio y vio las fotos de Edward que tenía pegadas en su pared. Mierda. No las quitó. Sólo se quedó ahí, quieta, observándolas.
Lloró un poco más.
Tenía la boca seca, así que bajó a tomar un vaso de agua. No le cayó tan pesada esta vez y antes de irse a la cama fue a lavarse los dientes. Seguía siendo temprano pero estaba cansada y este día parecía que se alargaba más y más.
Decidió cortarlo yéndose a dormir temprano.
Se tiró en la cama y cerró los ojos. Su teléfono vibró. Era una notificación de Facebook. Algo sin importancia.
Tenía un nuevo mensaje de Edward.
Bella, por favor, decía.
¿Por favor? ¿Por favor qué? ¿Necesito tu atención después de que te descuide y te engañé? Edward podía irse a la mierda. Tal vez allí, podía sacar su cabeza de su culo.
Apagó las luces de su pared y arrojó el teléfono lejos, no importándole dónde caía.
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Edward estaba en la cocina, preparándose un sándwich de mantequilla y queso cuando Carlisle llegó a casa.
— ¡Edward!—gritó desde la puerta.
— ¡En la cocina!—le respondió el aludido. Embarró más mantequilla en el pan, sintiéndose miserable.
Carlisle entró, cargando su bata y su maletín.
—Bella está muy enferma, Edward—le dijo.
Si, sabía que estaba enferma, por eso se fue de la fiesta, de la fiesta en donde cagó todo.
—Lo sé. Ayer se fue de la fiesta temprano.
—Tiene una infección y está deshidratada. Deberías llamarla—diciendo eso, Carlisle salió de la cocina, sin conocimiento alguno de lo que había pasado.
—Sí, como si fuera tan fácil—Edward susurró.
Y eso era su culpa. No era culpa de nadie más.
Acomodó el sándwich en la plancha y guardó las cosas en el refrigerador.
¿Por qué lo había hecho? Porque era un imbécil.
Se apoyó en la encimera, rememorando su error.
Alice se había acercado a preguntarle si se iba o no. Edward estaba hablando con James y Tyler.
—No, Alice, me quedaré un rato.
— ¡De acuerdo!—Alice pegó un saltito y se fue.
La fiesta se había salido de control desde que los amigos del novio de Jessica habían llegado pero entonces otras personas mayores comenzaron a llenar el lugar. Tyler y James se despidieron de Edward pasada una media hora y los estudiantes de Forks High comenzaban a irse. Edward estaba terminándose su trago, estaba listo para ir a casa. Dejó el vaso rojo sobre la mesa del jardín y se dio la vuelta, entró a la casa, que estaba prácticamente vacía y avanzó por el pasillo.
Jessica y su novio mayor estaban discutiendo en la sala y una mujer bajita, rubia, se acercó a Edward.
— ¡Hola! ¿Quieres un trago?
—Ehh, no, gracias—medio le sonrió—ya me estaba yendo.
— ¿Estaba? Eso es pasado. Ven—lo tomó de la muñeca y lo arrastró a la cocina. Ahí había unos cuantos hombres y unas cuantas mujeres. Estaban bebiendo y hablando ruidosamente.
Edward aceptó un trago de vodka.
Entonces después de un rato, las personas comenzaron a irse, todos juntos, como si algo los hubiera llamado. Edward supo que el novio de Jessica estaba molesto y se llevaba a sus amigos con él.
La cocina se estaba vaciando y se estaban despidiendo de Edward.
Tomándose de un trago el contenido restante de su vaso, Edward salió de la cocina también, pasando por la sala.
— ¡Edward!—Jessica lo llamó desde dentro.
— ¿Qué ocurre?
—Espera a que se vayan. Benjamín está muy enojado. Se molestó porque…—y con eso Edward la bloqueó. Jessica abría y cerraba la mandíbula, hablando demasiado. Edward estaba esperando a que la multitud se fuera de ahí para irse.
—Ven—Jessica volvió a arrastrarlo a la cocina. Pasándole un vaso lleno de cerveza.
—Esto es una mala idea, Jessica. Tengo que irme.
—No, no tienes que irte. ¿Quieres un poco de pastel? Hay suficiente—ella se acercó al refrigerador y lo sacó.
Edward aceptó una rebanada y se sentó en el taburete, esperando. Le dio otro trago a su vaso.
Jessica comenzó a hablar de algo, no le estaba prestando atención. Él sólo asentía de vez en cuando. Suerte para él, ella no paraba de hablar.
—Entonces creo que terminé con él—dijo.
— ¿Terminaron?—Edward preguntó— ¿en tu cumpleaños? Vaya, eso no suena como algo que yo quisiera.
—Lo sé, es sólo que…—ella suspiró—es… él es diferente. Quiere cosas que yo no puedo darle todavía. Es decir, era obvio que eso iba a pasar porque él es mucho mayor y supongo que quiere…
Adiós, Jessica.
Ella se dedicó a pasarle tragos mientras seguía hablando. Edward se estaba emborrachando y entonces Jessica le tiró la cerveza encima.
— ¡Ay, perdón! Dios, soy una tonta—se levantó a buscar un trapo.
Jessica comenzó a tallarle la ropa, tratando de quitar la mancha.
—Déjalo así, está bien—él intentó detener su mano, trastabilló—déjalo, está bien.
Cuando Jessica se rindió, lo invitó a la sala.
—Sólo espera, voy a apagar la música.
Edward tropezó en el camino hacia la sala y se dejó caer en el sofá. Completamente aturdido y mareado.
No iba a poder conducir así, tal vez podía esperarse un poco a que se le pasara la borrachera.
Jessica volvió y ahora la casa estaba en silencio. Había desorden por todos lados y la sala estaba a oscuras. La poca luz provenía de la cocina y de las lámparas de la calle.
Se sentó a su lado.
—Vaya fiesta, ¿eh?—ella dijo—perdón si te entretuve, es sólo que no quería terminar el día estando sola.
—No importa. Aunque creo que me quedaré un rato. Estoy demasiado borracho para conducir—él respondió.
Jessica alargó su brazo y le acarició el pelo.
—Sigues teniendo un pelo suave, dime qué es lo que usas—ella recostó su cabeza en el respaldo del sillón.
Edward soltó una risilla.
—Pues… shampoo y agua—respondió.
—Debe haber algo más—ella dijo y se acercó.
Edward se encogió de hombros. Jessica no siguió presionando pero si se acercó más. Edward tenía los ojos cerrados y ya se había recostado. Jessica pegó sus pechos contra su brazo. Edward no se movió. Jessica acercó sus piernas a él y luego lentamente le acarició el pecho.
— ¿Edward?—lo llamó en un susurro. Él no respondió—voy a besarte—ella susurró. Entonces se acercó. Presionó sus labios contra los de él y él abrió los ojos.
— ¿Qué rayos estás haciendo?—preguntó, tranquilo, demasiado borracho.
—Dije que te iba a besar.
—Tengo novia.
—No se va a enterar.
—No, Jessica—intentó moverse lejos de ella.
—Por favor, Edward, sé que lo quieres.
—No, no quiero nada—trató de alejarse más pero ya estaba contra el reposabrazos.
— ¡Claro que sí!—ella chilló y lo atrajo del cuello.
Estampando sus labios contra los de él, se subió a su regazo, tratando de meter la lengua en su boca. Edward trataba de quitársela de encima pero ella estaba bien sujeta.
—Vamos, Edward—ella susurró—soy como ella—dijo.
—No…—Edward dijo en un murmullo, pues Jessica estaba acaparando sus labios.
—Claro que si—finalizó antes de comenzar a restregarse contra él.
Edward la tenía tomada de los hombros y Jessica seguía moviéndose, sin dejar de besarlo. Le jaloneó el pelo y se alejó un poco.
—Soy Bella, Edward—ella no dejaba de restregarse— ¿ves?—otro embiste—te excito.
Jessica volvió a acaparar sus labios, metiendo finalmente su lengua en la boca de él, tocándole el cabello y restregándose contra Edward.
Él cedió, eventualmente.
La tomó por la cintura y comenzó a moverla sobre él. Le acarició la espalda y le agarró el trasero. Jessica no dejaba de moverse y de besarlo por todos lados. Edward le besó el cuello y Jessica movió la cabeza, dándole espacio. Edward recorrió todo el camino, hasta su escote.
Se estaban apretando, restregándose, arañándose sobre sus ropas. Jessica comenzó a moverse más rápido y ligeros gemidos salieron de su boca. Edward estaba gimiendo y gruñendo entre sus dientes. Enterrando su rostro en el escote de Jessica.
Maldición.
—Ese sándwich se te va a quemar—dijo Esme.
Edward despertó de su ensoñación.
—Oh, sí. Lo había olvidado.
El sándwich no estaba quemado pero si muy caliente.
— ¿Quieres un jugo?—Esme le preguntó, tendiéndoselo.
Edward lo tomó y salió de ahí, directo a su habitación.
Estúpido. Estúpido. Estúpido.
¿Por qué tuvo que hacerlo?
Tomó su teléfono, esperando una respuesta de Bella. No la tenía.
La llamó. Tampoco respondió.
Quería verla. Quería contarle todo y pedirle perdón. Quería ver cómo estaba. Quería tirarse con ella en su cama, acercarle una botella de agua y una cubeta por si vomitaba. Quería estar con ella.
El episodio de Jessica se había repetido, hasta que él se quedó dormido. Por la mañana, despertó aturdido y Jessica no estaba. La escuchó bajar las escaleras.
—Oh, estás despierto—ella venía cargando ropa en sus manos.
—Sí y ya me voy—Edward se pasó una mano por el pelo y se levantó del sofá. Estirándose.
Jessica entró a la sala y le sonrió.
—Gracias por quedarte ayer. En verdad lo necesitaba.
Edward fue hacia la puerta, abriéndola y saliendo.
— ¿Necesitabas compañía o necesitabas correrte?—le preguntó, burlón.
—Ambas—ella sonrió, ladeando la cabeza y apoyándose en la puerta.
— ¿Sabes que nadie lo puede saber, cierto?
—Sí, lo sé—ella respondió y entonces él se dio la vuelta y se fue.
Si tan sólo se hubiera ido desde la noche anterior, si tan sólo se hubiera sacado de encima a esa mujer rubia.
Edward suspiró y se tiró en su sofá.
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El lunes por la mañana, Bella tomó una manzana y la echó a su mochila antes de partir a la escuela. Se sentía mucho mejor pero no iba a tentar a la suerte y por eso seguía comiendo frutas y papillas.
Se subió a su camioneta y fue hacia Forks High, con la ansiedad hasta las nubes. Respiró profundamente, tratando de calmarse, pero no resultó.
Edward iba a estar en la escuela, ahí, en clase de inglés. Bella iba a estar sentada entre la traición, con Jessica a sus espaldas y Edward al frente. Edward sujetándola de los hombros dándole oportunidad a Jessica de enterrarle el puñal en la espalda.
Cuando entró al salón, Jessica ya estaba ahí, en su lugar. Bella barrió el salón con la mirada y fue a sentarse al frente, en el rincón, frente al escritorio de Miss Sheriddan.
La profesora le sonrió.
—Hola, Bella, siéntate—le dijo, atrayendo el escritorio hacia su pecho, pues nadie usaba ese lugar.
—Gracias—Bella medio le sonrió.
Bella recargó su cara en su mano y deslizó la pantalla por su celular. Comenzando una nueva partida de Candy Crush.
No había podido sacarse a Edward de la cabeza el resto del fin de semana y se culpó. Como que ya sabía que Edward iba a traerle problemas, el mismo Charlie se lo dijo. Le dijo que se mantuviera alejada de él, mientras le cambiaba el neumático a su bici, cuando Bella apenas había llegado a Forks.
Pero Edward… Edward era inevitable, era como un campo magnético y Bella era un imán sin voluntad propia volando por ahí, al final iba a ser atrapada entre sus manos.
Él la había llevado a lugares en los cuales nunca había estado, la había hecho sentir cosas que nunca había sentido, pero todo era culpa de ella. ¿Por qué había sido tan débil? ¿Por qué había caído a sus pies?
Debió haberse alejado de él desde el inicio y debió haber pensado más cuando Rosalie le había dicho que se habían besado.
Una conducta de toda la vida no iba a cambiar en cinco meses. Él era así. La había dejado tirada y sola en el piso, como un papel arrugado y usado, en donde se había escrito el borrador de una historia que no funcionó. La había desechado y ya había caído en cuenta de que nunca la había querido, ni a ella, ni a Jessica ni a Rose, ni a nadie.
Bella intuía que Edward se había disculpado ya en los mensajes que le había dejado, los que no había visto. No necesitaba sus disculpas, no las quería escuchar. Al fin de cuentas, a él no le había importado tirar la única cosa real que había conocido por algo tan ligero y momentáneo como besar a Jessica, besar y acariciarla y tomarla del cabello y besarle el cuello; entonces a ella tampoco le iban a importar sus disculpas.
Las cosas habían cambiado, hasta Miss Sheriddan se había dado cuenta, los estudiantes que estaban entrando al salón se habían dado cuenta. Jessica ya se había dado cuenta.
Bella perdió la partida en Candy Crush y le llegó un mensaje.
"¿Puedo preguntar por qué rayos estás allá?"
Era Jasper.
Bella rodó los ojos.
"¿Te importa?"
"Es por eso que estoy preguntando, estúpida."
"Terminé con Edward."
"¿QUÉ? ¿POR QUÉ?"
"Después te digo."
"NO, ESPERA. DIME YA"
—Ok, chicos. Vamos a iniciar.
"Nooo, después."
"BELLA"
"JASPER"
"Te odio"
"Te odio más".
Con eso, Bella bloqueó el teléfono y lo puso a un lado. Miró hacia atrás y Jasper la estaba viendo con los ojos entrecerrados. Le mostró el dedo medio. Bella se rio bajito.
Bella había visto a Edward. Estaba usando una sudadera negra y estaba tamborileando los dedos en su escritorio, con la mirada perdida. El asiento de Bella estaba vacío y después estaba Jessica, que estaba usando su celular.
Eran basura.
La clase de inglés había pasado como un borrón. Bella había intentado concentrarse pero sólo se la pasó haciendo notas, sintiendo una mirada insistente a sus espaldas, sentía unos ojos que la perforaban pero no quiso mirar atrás para ver quién era.
Su ansiedad estaba creciendo y le estaba dando un ataque. Por el resto de la clase se había dedicado a encontrar cinco cosas que podía ver, cuatro cosas que pudiera tocar, tres cosas que pudiera oír y dos cosas que pudiera oler para tratar de calmarse. Se sentía fuera de contexto, como desconectada y eso la ayudaba a centrarse y a sentir que pertenecía a algún lugar.
El timbre sonó y suspiró. Sintiéndose libre finalmente. Iba a ser una semana muy difícil. La buena noticia es que las vacaciones de Navidad estaban cerca.
Jasper estuvo a su lado en un abrir y cerrar de ojos.
— ¿Vienes a preguntar cómo estoy o vienes a saber el chisme?—Bella le preguntó mientras cerraba su mochila. Sin guardar sus cosas.
—Ambas, Bella—le dio una mirada conciliadora.
—Pues… me siento de la mierda, gracias.
— ¿Y tu pancita?—Jasper se la sobó y ella se echó la mochila al hombro.
—Estoy mejor de eso. Tenía una infección. Me contagiaste algo—Bella tomó sus plumas y su carpeta y se apresuraron a la puerta.
—Lo siento. La clamidia no afecta a la panza—él le respondió. Bella se rio, mirándolo por el rabillo del ojo.
—Enserio, ya dime.
Bella borró su sonrisa y suspiró. Mirando al frente.
—Pues digamos que… al final de cuentas, Jessica es una zorra y pasaron la noche juntos.
— ¿Qué putas…
Bella trataba de esquivar a los estudiantes en el pasillo, Jasper se quedó congelado.
—Sí, eso mismo pensé.
—No creí que Edward quisiera quedarse en la fiesta para eso.
Bella meneó la cabeza.
—En realidad no sé cómo pasó ni qué. No quise escuchar sus explicaciones, no es como si se hubiera esforzado por dar alguna pero dijo que sólo la había besado.
—Hijo de puta. Bella, enserio, lo lamento… Ni siquiera pensó en ti o en nosotros.
Ella se encogió de hombros.
— ¿Y cómo te enteraste?—él preguntó, ajustándose los anteojos.
—Bueno, ¿ya ves que me vomité encima? —Jasper se rio y asintió, musitando un "lo siento" después—Jessica me prestó ropa y el sábado que desperté fui a recoger la mía. Él estaba saliendo de su casa.
— ¿Los enfrentaste?
Ya habían llegado a Arte y estaban afuera del salón.
—No, dejé que él se fuera. Eso sí, abofetee a Jessica—Jasper sonrió—luego fui a casa de él y me dijo lo del beso.
Jasper se acercó y la abrazó. Bella medio sonrió, disfrutando de los cálidos brazos de su amigo.
—No te culpes, ¿de acuerdo? Te quiero, Bella. Aquí estoy para ti.
Bella se alejó lentamente.
—Gracias, Jazz.
—Yo también tengo el corazón roto, ¿sí? Pero creo que lo tuyo es peor.
— ¿Roto? ¿Qué te pasó?
—Ehh… después te digo—respondió mirando sobre el hombro de ella.
— ¡Bella!—Alice la abrazó por atrás. Bella se dio la vuelta.
— ¡Hey!
—Andando, chicas—instó Jasper.
Emmett saludó a Bella con un ligero golpe en el hombro y le sonrió.
— ¿No me vas a vomitar encima, cierto?
Bella lo miró feo pero no pudo evitar reírse.
—Si sigues en mi asiento tal vez lo haga.
—Andando—dijo sonriente y se dirigió a su lugar—no queremos que Emily Rose aquí nos bañe a todos.
Se rieron todos, menos Edward. Seguía con la mirada perdida y no veía a Bella.
La clase comenzó y Bella en realidad se distrajo mientras dibujaba de toda la mierda que la invadía.
Emmett le dejó un papel doblado en la orilla de su escritorio. Bella lo abrió.
¿Es cierto?
Bella rodó los ojos y miró feo a Jasper.
¿El bocotas de Jasper te lo dijo? ¿En qué momento? Si, Emmett, es cierto.
Se lo devolvió. Emmett suspiró pesadamente mientras lo leía y se frotó la nuca. Arrugó el papel.
Le dio un apretón en el brazo, sonriéndole en simpatía.
—Tal vez puedas vomitarle encima a ambos.
Bella arqueó las cejas.
—Y de paso a ti, ¿no?
Emmett se rió. Dándole otro apretón en el brazo.
Todos se dirigieron juntos al almuerzo, Edward venía atrás de todos pero cuando entraron a la cafetería ya no estaba ahí.
Emmett le había dado un abrazo de oso a Bella una vez que la clase terminó. Bella temió devolver el estómago por lo fuerte que la había apretado.
— ¿Qué vas a comer, Bella?—Emmett le preguntó, tan pronto como llegaron a la mesa.
—Tengo una manzana justo aquí—ella le respondió.
— ¿Estás segura de que puedes tolerar eso, Emily?—le dio una palmadita en la mano. Bella le mostró el dedo medio y él se rió fuertemente.
—Oh, Emmett, cállate—Alice le dijo—mejor dile a Riley que haga una fumigación en Paper Towns.
—Sí, tu puto sándwich me enfermó—Bella rezongó.
— ¿Acaso hice yo el sándwich?
—No, pero ahí trabajas, así que es lo mismo.
—Seguro Bob hizo el sándwich. Nunca se lava las manos después de ir al baño—todos hicieron una mueca—el otro día un cliente encontró un trozo de…
— ¡Ah, por Dios, cierra la boca!—Rose chilló, arrojándole una servilleta echa bola.
Cuando las risas se apaciguaron, Jasper miró a Bella.
—Entonces, Bella…—carraspeó— ¿si vas a ir a mi fiesta?
—Sí, ¿por qué no lo haría?
—Pues ahí va a estar él y están todos tristes y…
—Si voy a ir, Jasper. Eres mi amigo y nada de esto fue tu culpa.
Todos estaban callados, habían comenzado a comer.
—Bueno…—Jasper le dio una palmada en la espalda—pero no llores.
—No estoy llorando—ella le dijo, frunciendo el ceño.
—Por si tenías pensado hacerlo. ¿Sabes, Bella? Los chicos de diecisiete no obtienen principios, obtienen finales.
Bella asintió con la cabeza y giró la manzana entre sus manos.
—Tengo dieciocho, idiota.
…
Bueno, ya vimos cómo está Bella y lo que en realidad pasó. Esperemos qué ocurre en el transcurso de la semana. Lamentablemente, esas cosas pasan y esa última frase que dijo Jasper, es muy cierta, no me dejarán mentir.
Gracias a todas por tomarse el tiempo de leer y de comentar. Estoy de regreso en la escuela pero ya me organicé para guardar unos días para escribir. Desafortunadamente, salgo tarde de clases y posiblemente sólo actualice una vez por semana. Eso es más que los meses que las dejé sin nada :(
Anyway, love you all. xoxo.
Espero sus comentarios.
