"LA LLEGADA DE KAGOME EN LA ÉPOCA SENGOKU".
—Kagome baja por favor...
Escucho a su madre gritar, dejó los libros sobre la cama donde estaba recostada y bajo corriendo un poco molesta.
—¿Qué ocurre mamá?. Estaba estudiando para un exámen de álgebra muy importante.
—Lo sé pero necesito de tu ayuda.
Kagome sabía lo que se refería, antes que su madre pudiera decir alguna palabra ella lo pronunció antes.
—Quieres que limpie el pozo del templo no... Verdad.
—¡Si por favor hija!— sonrió algo tímida, pero con la misma dulzura de siempre.
Amargamente ella reprochó que porque no lo hacía esa labor Sota, su hermano menor pero él estaba enfermo de una fuerte infección estomácal que le impedía hacerlo y el abuelo se había marchado a un retiro espiritual.
No le quedó más remedio que hacerlo, cogió un plumero de color azul con una liga que traía en la muñeca se recogió el cabello y se puso un delantal amarillo, salió de la casa regañadientes.
Llegó a dónde estaba el pozo, el lugar estaba totalmente sucio, con olor a humedad y el polvo era excesivo.
¿Por qué el abuelo sería algo descuidado?. Pensó Kagome que se trataba por la edad.
Con sólo mirar todo lo que tenía que realizar, le entró la sensación de flojera, pero también debía darse prisa porque el exámen no se contestaría sólo, mañana por la mañana.
—¡Le diré al abuelo que lo que le paga a Sota por estas labores me lo dé a mi!— dijo entre dientes mientras un poco de polvo le entraba por la nariz y la boca. Estornudo en varias ocasiones.
Se acercó al pozo, se inco de bruces y miro hacía dentro, era tan profundo y lleno de obscuridad, tenía miedo, nunca había estado tan cerca, de repente escuchó un ruido, que la hizo atemorizarse aún más.
—¿Hay alguien ahí?... Hola— escuchaba el eco de su voz a través del pozo. —No hagan este tipo de bromas— gritó con dificultad. No estoy jugando.
Nadie le respondió, se dió prisa para salir de ese lugar sin embargo al momento de levantarse, el pie se le torció por querer huir del sitio, resbaló y cayó dentro del pozo.
Entonces una especie de portal se abrió, un remolino de color amarillo muy desplande ciente que le provocaba algo de ceguera. Pedía ayuda diciendo auxilio con todas sus fuerzas, sin embargo nadie apareció.
El final del portal llegó a su fin y Kagome cayó al extremo de otro pozo, con dificultad se levantó sobándose la cabeza, se había hecho un gran chichón.
—¡Auch, duele!— abrió los ojos muy sorprendida. —¿Qué es este sitio? No es el templo del abuelo.«Ahora como saldré de esto»,pensó Kagome.
Creía que estaba soñando, o peor aún creía que había muerto y este lugar era una especie como el Inframundo.
Se tocó el rostro y se miró las manos estaban sucias y noto que su rodilla se había raspado. Tenía que salir de ese lugar de inmediato, su familia estaría sumamente preocupada sino regresaba a casa. Inhaló profundamente y posterior exhalo, notó que había una enredadera que le sirvió como impulso para salir
Al principio le fue difícil pero Kagome es muy persistente y estaba claro que nadie vendría a rescatarla.
Al llegar al final del pozo abrió los ojos sumamente sorprendida, está no era su casa, no se parecía en nada a lo que ella estaba acostumbrada a ver en Tokio, todo era tranquilo, lleno de árboles y naturaleza, ese lugar era un misterio, la curiosidad invadió a Kagome y emprendió el andar.
Cuando de repente una pareja de aldeanos se acercaban caminando y Kagome les hablo, para ver si la ayudaban, pero ellas al momento de verla se espantaron y corrieron, sus vestimentas eran de aspecto antiguo.
—¡Ey no se vayan por favor, necesito ayuda!
No pudo alcanzarlos, continuo su camino preocupada y llena de miedo, la sangre de su rodilla seguía aún fresca. Escucho cerca de ahí había agua, así que siguió el son del agua y la cual la llevo a una cascada...
Donde había alguien ahí, totalmente desnudo, lleno de esplendor y belleza. Kagome se tapo la boca para no gritar y se escondió detrás de un árbol, ella seguía mirándolo, no entendía por qué.
«¿Y se tratará de un humano o de una cosa sobrenatural»,pensó Kagome.
—¿Vas a seguir mirando?— una voz varonil le pregunto. Se trataba de aquella criatura.
—¡Sal de ese escondite sino quieres que te mate!— dijo de manera desafiante.
Kagome salió del escondite, pero de repente aquel hombre estaba enfrente de ella desnudo en un instante, trago saliva. Sus ojos eran desafiantes y fríos.
—Lindo atuendo— dijo Sesshomaru al mirar la vestimenta tan extraña que llevaba esa chica. ¿Quién eres tú?
Ella no dijo palabra alguna, estaba totalmente muda
—¿De dónde eres?. ¿Por qué no me respondes?. Una especie brillosa de color verde invadía a aquél hombre, poseía unas enormes garras, cabello plateado, orejas algo extrañas y una media luna en la frente. Era hermoso pero aterrador.
Kagome se giró, corrió lo más rápido que pudo por su vida, estaba avergonzada, había visto por primera vez a un hombre en paños menores tragaba amargamente y la respiración se le aceleraba, giró la cabeza pero aquel hombre no la persiguió seguramente porque tendría que vestirse, no podría andar desnudo por todas partes.
Miro el alba y estaba oscureciendo, entonces decidió regresar al pozo por donde había llegado y esconderse y quizás alguien vendría ayudarla.
