Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 30
Bella cerró los ojos y respiró profundamente.
— ¿A dónde vamos?—Bella repitió, aunque ya sabía la respuesta.
Edward se encogió de hombros.
Después de un minuto, Edward aparcó en el garaje de su casa. Cerrando la puerta tras de sí.
Bella no se movió, simplemente se limpió las mejillas.
Edward fue a abrirle la puerta, tomó la mochila de Bella y esperó a que ella decidiera bajar del auto.
Se notaba insegura en sus movimientos y en sus decisiones. Estaba devastada, tan rota y triste.
Caminaron en silencio hasta la habitación de Edward. Ella se sentó en la cama, tenía la mirada perdida y las lágrimas no dejaban de salir.
— ¿Quieres tomar un baño?—él le preguntó. Ella asintió en silencio.
Edward suspiró y se dirigió a llenar la bañera. Dudaba que Bella estuviera de humor como para una ducha.
Edward observó el agua correr mientras se sentaba en el borde de la bañera. No tenía jabón con olor a frutas o shampoo para Bella, pero dudaba que a ella le importara en estos momentos eso, así que uso su propio jabón.
—Espero que no te importe oler a hombre—dijo Edward saliendo del baño.
Bella ya se había quitado los zapatos y la chaqueta.
—No—murmuró con voz rasposa por el llanto.
—Bueno, el baño está listo.
No recibió respuesta y Bella no se movió. Edward no sabía qué hacer en una situación así, con una persona tan aturdida y sin ganas de moverse por cuenta propia.
Se acercó y la puso de pie. Bella no peleó de vuelta, se dejó arrastrar hasta el baño.
— ¿Puedo?—Edward le preguntó mientras tomaba el borde del suéter de Bella. Bella se encogió de hombros. Edward volvió a suspirar.
La desvistió lentamente. Bella poniendo de su parte en alguna que otra ocasión. La tomó de la mano y la ayudó a entrar a la bañera, tratando de concentrarse en la situación y no en la manera en que la imagen desnuda de Bella lo había asaltado por completo, nublándole los sentidos y deseándola fervientemente.
Edward observó maravillado cómo el agua se rompía en leves olas contra la suave y blanca piel de Bella. Comenzó a mover el agua para que la espuma se formara. Bella se quedó ahí dentro, abrazándose las piernas con los brazos y llorando silenciosamente.
— ¿Quieres que te deje sola un rato?—él volvió a preguntarle y de nueva cuenta, no recibió respuesta.
Edward comenzó a llevar agua con sus manos hasta la espalda de Bella, mojándola por completo. Se alejó de la bañera para tomar el vaso en donde dejaba su cepillo de dientes, le serviría para lavarle el cabello.
Bella no se movía.
Edward dejó caer agua lentamente por su cabello, mojándolo y viendo cómo el agua se iba ensuciando por la tierra que Bella traía en el cuerpo.
Edward le llenó la cabeza de shampoo y torpemente se la masajeó y le quitó los restos de jabón, dejándole el cabello enredado y hecho nudos.
Estaba tratando de hacer lo mejor que podía.
Ver a Bella así, tan frágil, tan triste y tan desmotivada le caló profundamente. Edward sabía que estaba así por su culpa también y un nudo se le formó en la garganta.
Talló el cuerpo de Bella suavemente con la esponja, apenas tocándola, demasiado temeroso de hacerle daño. El cuerpo de Bella temblaba ligeramente, mientras sollozos se le escapaban.
Quería que dejara de llorar.
Por buena suerte, Carlisle y Esme no estaban en casa. Habían salido a cenar, después de que Carlisle siguiera descargando su furia contra Edward, culpándolo del incidente.
Quitó el jabón con ayuda del vaso y dejó que el agua corriera por el desagüe.
Uso la regadera de mano para terminar de bañar a Bella. Le lavó la cara y eso pareció despertarla, pero no tanto como él hubiera deseado. La ayudó a ponerse de pie y la envolvió en una gran toalla blanca, llevándola de regreso a la habitación.
— ¿Trajiste ropa?
Bella intentó alcanzar la mochila y Edward la abrió, sacando simplemente el pijama, no había traído ropa interior.
La ayudó a vestirse también y observó atento, relamiéndose los labios, la manera en que los pezones se marcaban a través de la apretada blusa.
— ¿Tienes hambre?—le preguntó. Necesitaba salir de ahí. Estaba demasiado tentado, quería besarla y volverla a desvestir pero dudaba que fuera bien recibido.
Bella asintió.
Edward respiró aliviando y se dirigió a la cocina, cerrando la puerta tras de él.
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Bella se cepilló el cabello, Edward había dejado un desastre y fue difícil quitar los nudos. ¿Se arrepentía de haberlo llamado? No. ¿Se arrepentía de eso que había pasado en el baño? Tampoco.
Simplemente no quería pensar en nada. Estaba sola y devastada. Edward la había lastimado pero, extrañamente, su toque y su iniciativa de ayudarla la hicieron sentir querida y protegida. Menos sola.
Edward se había ido a la cocina y Bella no quería pensar en si esto era una buena idea o no, desconocía la percepción de Edward, no sabía qué es lo que Edward pensaba sobre esto. Y no quería saber, no quería pensar en nada. Quería estar inconsciente.
Edward volvió con un sándwich y un vaso de jugo. La encontró sentada en medio de la cama.
—No es el mejor sándwich pero creo que funciona—le dijo—iré a tomar una ducha. Ponte cómoda.
Bella le dio una sonrisa pequeña.
—Gracias—murmuró suavemente.
Edward entró al baño y pateó la ropa de Bella hacia un lado. Deshaciéndose de la suya, entró a la regadera.
Su mente se desvió a Bella, Bella mojada en la bañera, su cabello color chocolate cayéndole en la espalda, sus pechos redondos y sus pezones rosados, sus hoyuelos en la parte baja de su espalda, sus muslos suaves y tibios, su mano pasando la esponja sobre ellos, entre ellos, conteniéndose de ir hacia arriba y reemplazar la esponja con su mano.
Tuvo que ocuparse de eso, manchando la pared, Edward tuvo que usar la regadera de mano para quitar el líquido blanquecino que había salido de él.
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Bella ya se había terminado el sándwich, hizo bola la servilleta y la dejó sobre el plato. Estaba esperando que Edward saliera del baño para ir y lavarse los dientes.
Edward salió, usando una toalla en la cadera. Buen Dios. Claramente, Bella lo seguía deseando y le parecía el hombre más hermoso que hubiera visto en su vida. Ella desvió la vista y sacando el cepillo de dientes de su mochila se movió rápido hacia el baño.
Era lo más rápido que se había movido durante este día.
Cuando volvió, Edward ya estaba vestido y la habitación entera olía a desodorante y al olor del jabón que salía del baño.
Bella se sentó en la cama.
— ¿Fuiste al hospital?—él le preguntó.
—Si—ella contestó en un murmullo—no me querían ahí—dijo mirándose las manos.
Edward se sentó a su lado.
—Si… algo así entendí. Se pusieron pesados y me fui.
— ¿Cómo estaba?—dijo ella, refiriéndose a Rosalie.
—Sólo un golpe en la cabeza y una herida en la frente—él le restó importancia, encogiéndose de hombros.
—Fue mi culpa—ella dijo, mirando a la nada.
—No puedes controlar las reacciones que tiene tu cuerpo con las drogas, Bella.
Ella lo miró, frunciendo el ceño.
—Ella nos lo contó todo—él aclaró.
—Es sólo que… estaba triste… ella dijo algo que…—sacudió la cabeza, intentando borrar el recuerdo.
—Lo sé—él la miró, profundamente—y lo siento.
Edward se estaba disculpando en persona, después de una semana.
Bella no dijo nada, le sostuvo la mirada sólo por un momento.
—Estoy cansada. Será mejor que…
—Sí, duerme—él la interrumpió.
— ¿Vas a dormir en la cama?—ella le preguntó.
—No en realidad.
— ¿Por qué no? Hace frío.
—Prefiero dejártela a ti.
Bella pensó las palabras que iban a salir de su boca.
—No me molesta que duermas aquí.
Él la miró, inseguro. Torció la boca.
—No lo sé. No quiero…
—No importa, enserio—ella lo miró, alzando una ceja.
Bella tardó unos minutos más en convencerlo.
Edward apagó las luces y se acomodó en la cama.
Ambos estaban mirando el techo. Alejados, el uno del otro.
¿Cómo se suponía que iban a poder dormir juntos? ¿Después de todo lo que había pasado? ¿Después de todo lo que se querían?
Edward fue el primero en quedarse dormido.
Ella durmió poco esa noche. Eran las 2:00 AM y Bella sentía que había perdido a un amigo o incluso a todos. Los recuerdos de la noche del viernes se convirtieron en sueños, entonces se soñó en el hospital, Rosalie estaba en ese sueño también y esta vez, si le había sonreído cuando la había visto.
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Era temprano en la mañana cuando Bella abrió los ojos. Miró el reloj. 9:24.
Edward seguía profundamente dormido a su lado. Estaba acostado sobre el costado, con un brazo estirado, unos centímetros más e iba a tocarla.
Bella salió de la cama.
Debía salir de ahí.
No sabía que estaba haciendo, no sabía qué señal le había dado a Edward desde la noche anterior en que lo llamó. ¿Qué idea mal concebida tendría Edward en su mente?
Se calzó los zapatos y entró al baño, echó su ropa en la mochila y escuchó en la lejanía las voces de los padres de Edward. Tal vez estaban en la cocina.
Se amarró el cabello en una coleta y abrió la puerta del balcón de Edward. Era una mañana fría. Se estremeció. Edward se removió en la cama.
Bella salió en silencio y trató de no caerse mientras se deslizaba por el árbol junto al balcón.
Cayó sobre sus pies y se tambaleó, sintiendo un tirón en la planta del pie. Se sacudió las manos y comenzó a caminar. Alejándose de la gran casa donde dormía su talón de Aquiles.
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Caminó sola, abrazándose para soportar el frío aire de Forks. Se había puesto la chaqueta y ahora se dirigía a casa de Rosalie.
Quería disculparse, quería aclarar las cosas. Lo necesitaba, no estaba siendo fácil para ella y desde luego no quería perderla.
No había nadie ahí para salvarla, nadie la haría sentir mejor. Estaba cansada de sentirse así, triste y sola todo el tiempo.
Le sorprendió que Rosalie fuera quien abriera la puerta.
—Rose…—la saludo, con un hilo de voz.
Rosalie no le habló de vuelta, sólo la miró, con tristeza en los ojos.
— ¿Cómo estás?
—Mal—la rubia le respondió—afortunadamente, sanará.
—Lo siento tanto, Rose—Bella tenía un nudo en la garganta. Las lágrimas amenazaban por salir de sus ojos.
—Yo también, Bella—ella dijo.
— ¿Qué cosa sientes?
—Que esto haya terminado así.
Bella se sintió morir.
— ¿De qué hablas? Vas a perdonarme, ¿no?
Rosalie no respondió.
—Rose…—dijo Bella, sollozando—por favor, dime que vas a perdonarme.
Rosalie bajó la mirada.
—No lo sé. Déjame pensarlo.
— ¿Vas a pensar si puedes perdonarme?—Bella le preguntó, se limpió la mejilla.
—No lo sé—ella respondió—deberías irte, Bella.
Bella hipó. Aguantó la respiración, para ver si de esa manera podría contener sus sollozos.
—Rose…—su voz estaba ronca y era un hilo—Rose, por favor.
—Adiós, Bella.
Entonces, Rosalie cerró la puerta lentamente.
Bella se quedó ahí de pie, sola y llorando.
Tembló, aunque ya no tenía frío.
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Edward despertó y entonces recordó la noche anterior. Abrió los ojos rápidamente. El otro lado de la cama estaba vacío y frío. Justo como se sentía por dentro.
¿Había sido un sueño?
Miró alrededor.
Un solitario y largo cabello café que reposaba en la almohada le dijo lo contrario.
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Charlie llegó a casa después de que Bella entrara.
— ¿Qué hacías afuera?—le preguntó.
—Nada—ella respondió.
Charlie había traído el desayuno. Dejó la bolsa de papel con el logo de la Cafetería de Forks sobre la mesa. Bella estaba haciendo su camino hacia las escaleras cuando su padre la llamó.
—Todos en la estación de policía estaban hablando de lo sucedido en el bosque, Bella.
—Nadie llamó a la policía—ella respondió. ¿O lo habían hecho? Tal vez sus amigos, ex–amigos, lo habían hecho. Pensar de esa forma le había calado hasta el fondo.
—Es un pueblo pequeño, Bella—Charlie se rascó la barba con el pulgar.
—Pero…
La interrumpió.
—Te he pasado muchas, Bella. Ya basta. ¿Qué rayos pasa contigo? ¿Eres tú? ¿O esos amigos que tienes? Desde que llegaste no haces más que meterte en problemas. Te pierdes en el bosque, se pierde ella en el bosque, fiesta tras fiesta, Edward te engaña con esta chica—de acuerdo, eso había dolido—ya basta de esto, Bella.
—Perdón, Charlie pero…—ni siquiera sabía por qué había hablado. No tenía nada que objetar ni nada con qué defenderse.
—Si sigues así, regresas a Phoenix con tu madre.
—¿¡Qué!?—ella chilló—no puedes hacerme esto, Charlie.
—Es tu decisión, Bella—él dijo, con los brazos en jarra.
—Odio Phoenix.
—Tú decides. O te detienes o vuelves a Arizona.
—No me iré de Forks—dijo. ¿Por qué no se iría? No tenía nada en Forks. No tenía amigos, no tenía un novio. ¿Qué la detenía?
Charlie se encogió de hombros.
—Un problema más y estarás empacando—Charlie finalizó, señalando con el pulgar.
— ¿Sólo por tener problemas me echarás de tu casa?
—Forks no es bueno para ti, Bella—él dijo, con voz suave.
—Phoenix tampoco lo es. Odié cada segundo allí. Odio a Renée. No tengo a dónde ir.
—Y cómo te lo digo: es tu decisión.
— ¡Vaya padres de mierda!—chilló Bella, alzando los brazos al cielo.
Se dio la vuelta y subió las escaleras a brincos. Llegó a su habitación, dando un portazo.
¿Podía irse de Forks? ¿Cuánto tiempo le tomaría? Había huido de Phoenix, podía huir de Forks también. Un certificado de preparatoria la detenía.
Iría a la Universidad, a la soleada California, Bella encontraría ahí su paz. Con nuevas personas, nuevos amigos. Lejos de la lluvia y sempiternas sombras de Forks.
Se quedó tirada en la cama, ignorando los sonidos de su hambriento estómago. La ducha se escuchó y Bella salió de su habitación, rumbo a la cocina.
— ¡Tu desayuno está en la mesa!—Charlie le gritó desde dentro del baño.
Bella rodó los ojos y abrió la bolsa.
Ahí dentro habían salchichas y panqueques. De acuerdo, no podía rodarle los ojos a eso.
Su estómago dio un brinco cuando el olor le llegó.
Encendió la cafetera y esperó pacientemente.
Engulló los panqueques con avidez, no sin antes llenarlos de miel. Estaba terminando de comer cuando Charlie entró a la cocina.
—Voy a ir a La Push, ¿vienes conmigo?
—No—Bella respondió.
—Sí, eso pensé. Nos vemos luego.
—Adiós.
Lo que le gustaba a Bella de Charlie es que no le había importado que ella viniera a vivir con él, él simplemente había seguido con su vida como siempre lo había hecho. No le importaba dejarla sola todo el tiempo.
— ¿Segura que no quieres venir?
—Si—ella se levantó para lavar la taza de café.
—Es que te dejo sola todo el tiempo.
Oh maldición. Lo había pensado demasiado pronto.
—No me importa estar sola. Soy como mi papá en ese aspecto.
Charlie soltó una risa ligera.
—De acuerdo—dijo y salió, cerrando la puerta tras de sí.
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Rosalie estaba sola en su habitación, estaba leyendo una revista pero leer le estaba trayendo un dolor de cabeza enorme. El médico le había dicho que tenía que descansar y Rosalie ya había intentado de todo para distraerse pero todo la hacía sentir mal. Estaba comenzando a creer que sólo iba a poder dormir todo el tiempo.
Un golpe en la puerta la trajo de vuelta a la realidad y miró hacia allá.
—Adelante—contestó y dejó la revista sobre su buró.
Alice abrió la puerta lentamente, asomando su cabeza. Le sonrió. Rosalie sonrió aliviada también, al menos iba a distraerse hablando con ella.
— ¡Hey! ¿Cómo estás?—Alice entró saludando. Se sentó en la cama.
—Pues mejor, creo suponer, pero todo me da dolor de cabeza—la rubia respondió.
Alice apretó los labios en una mueca condescendiente.
—Se te pasará. ¿Tomaste Tylenol o qué te recetó el doctor?
—Sí, Tylenol. Me tomé una hace media hora, pero… no funciona—se quejó Rosalie, sobándose las sienes.
—Tal vez en un momento más. Por lo que nos debemos de preocupar es porque no te quede una marca—Alice se acercó y le tocó la frente, teniendo cuidado de no lastimarla.
Rosalie hizo una mueca.
—Ay, ni me lo digas—dijo, tomando un espejo del cajón del buró. Sip, se la había pasado viéndose en el espejo, preguntándose si se iba a convertir en Leatherface.
Alice soltó una risita ligera.
—Bella vino hoy—Rosalie dijo, bajando el espejo. Alice frunció el ceño.
— ¿Qué te dijo?
Rose se encogió de hombros.
—Vino muy temprano. Eran como las 10—Alice arqueó una ceja, demostrando que las 10 de la mañana no es temprano. Rosalie rodó los ojos y eso le dio dolor de cabeza también—como sea, Alice. Estaba en pijama y tenía el pelo revuelto. Acababa de salir de la cama. Ni siquiera estaba usando sostén pero traía su chaqueta puesta.
Alice bajó la mirada y comenzó a quitar pelusas inexistentes de la colcha.
—La está pasando muy mal y me siento mal por ella—dijo Alice—está completamente sola en estos momentos. Al menos nos tenía a nosotros antes, Rose.
—Alice si tú quieres perdonarla y hablarle está bien. Yo no me voy a enojar, después de todo, a ti no te hizo nada. Yo le dije que iba a pensarlo, sobre darle mi perdón. Estaba llorando. Quería abrazarla, Alice, quería decirle que todo iba a estar bien pero…—Rosalie bajó la mirada—me lastimó, Ali, y me dejó tirada ahí, esperó hasta la mañana para decirles y ella ni siquiera me buscó. Se fue, ¿cómo quieres que reaccione ante eso?
—Lo sé, Rose, cometió un error y es que la verdad estaba asustada, ella no podía controlar su cuerpo pero fue algo muy cobarde el haberse ido.
Rosalie meneó la cabeza.
—Bella tiene problemas—dijo.
—Sí, ¿y quién no?—dijo Alice.
Rose suspiró y miró por la ventana.
—Mira, Alice, yo también estoy triste por lo que sucedió, por lo de Edward, por lo que me sucedió a mí. Estoy lidiando con una decepción aquí, ¿sí? Yo también me siento mal por Bella, quería abrazarla y quiero estar con ella, sé que no se siente bien pero tampoco yo me siento bien. Ahora, como ya te dije, tú puedes hacer lo que quieras.
Alice asintió.
—De acuerdo, Rose. Espero que tú también tomes la decisión correcta.
Rosalie la miró, preguntándose cuánto tiempo le tomaría sentirse bien.
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El teléfono de Bella timbró sobre su buró. Dejó el libro que estaba tratando de leer a un lado y contestó.
—Hola
—Hola… mmm… te fuiste temprano—dijo Edward al otro lado de la línea.
Sí, Bella seguía sin saber qué hacer respecto a este desastre cobrizo.
—Si—Bella dijo bajito—Ehh…
— ¿Estabas incómoda?
—Mmm, algo, por cierto…—Bella se sonrojó al recordar la noche anterior—perdón por obligarte a darme un baño, me refiero a que… gracias.
Edward soltó una risa ligera.
—No me obligaste—él dijo—no estabas en tu mejor humor pero fue bueno ayudarte.
—Fue vergonzoso
—No parecías avergonzada, más bien, estabas… —Edward se abstuvo de decir "destrozada"—un poco triste.
Bella bajó la mirada. Se rascó la frente.
—Pues sí pero ahora que lo pienso…
—Ya déjalo. En realidad te llamé para preguntarte algo… sobre… sobre nosotros—Edward suspiró—supongo que encontraste mi nota.
Fue el turno de Bella de suspirar.
—Si.
Hubo un silencio del otro lado de la línea.
— ¿Y qué piensas sobre eso?
—Me duele—ella respondió.
—Bella, lo siento mucho—él dijo, frunciendo el ceño.
Bella trató de tragar el nudo en su garganta. Seguía imaginándose a Jessica sobre él.
—Hablamos luego, Edward—susurró con la voz cortada.
—No, Bella, espera…
—Adiós, Edward—entonces colgó.
Se llevó el teléfono al pecho y se echó a llorar.
¿Y qué si todavía le dolía? Había comenzado a permitirse sentir el dolor, esa era la única manera de superar las cosas. Para que una herida sane primero hay que dejarla sangrar y luego desinfectarla.
La televisión se escuchaba a través de la puerta. Charlie la tenía a un volumen muy alto y mientras lloraba escuchaba al comentarista narrando el partido de beisbol.
Bella había dejado caer sus paredes para Edward, había confiado en él y Edward le estaba mostrando el amor que siempre había querido. Renée la había defraudado y Edward parecía estar convirtiéndose en su salvación y en su cura pero… él también la dejó caer. ¿Ahora cómo podía confiar en alguien?
Las personas prometen cosas que no sienten o prometen cosas sin pensar en un futuro, sin cuestionarse si sus sentimientos cambiarán en algún momento. Bella se preguntaba cuándo había sido el momento en que Edward la había dejado de querer, o tal vez nunca la había querido de verdad, habían salido por ¿cuánto tiempo? ¿Algo más de tres semanas? Tres semanas que se habían convertido en un salvavidas para Bella, se había permitido sentir y aunque le seguía siendo difícil pretendía dejar entrar a Edward completamente.
Edward por su parte, había estado luchando contra sus demonios, tenía problemas parentales y eso, de alguna o de todas las maneras, lo había marcado y lo había convertido en alguien hermético, había sido muy difícil mostrarse cariñoso con Bella o decirle algo lindo. ¿Acaso lo había hecho?
Las cosas cambiaban pero Bella nunca se imaginó que fueran a cambiar tan pronto, es más, ni siquiera se imaginó que fueran a cambiar algún día, había dado todo por sentado. Bella iba a estar ahí, junto a él, el día de Navidad, en el baile de San Valentín, en la graduación, iban a estar juntos siempre pero… pero algo se había suscitado. Algo que no estaba en los planes. Nunca planeó que Edward pudiera cambiar su mente.
Los pensamientos sobre el futuro que ya no tendrían juntos era lo que más dolía. Bella había iniciado esta relación sin molestarse a echar un vistazo a la fecha de caducidad y es que eso es lo bello y peculiar del primer amor: no creemos que tiene una fecha de caducidad, pero nada dura para siempre y Bella lo había aprendido de la peor manera.
Un golpe sordo la sacó de sus cavilaciones. Sabía lo que era. Cerró los ojos con fuerza y se hizo bola en la cama.
— ¿Bella?—su suave voz llamándola hizo que le doliera el pecho.
—Vete—respondió, con voz ronca.
— ¿Todavía estás llorando?—la voz se escuchaba más cercana.
—No te importa.
—Si me importa. Me importas tú.
—Lo que hiciste demuestra lo contrario.
Edward suspiró.
—Bella, por favor… déjame entrar—le picó la espalda con el dedo, insistiendo en que se moviera para que él pudiera entrar en la cama.
Bella se movió sin saber por qué. Edward se quitó los zapatos y la cama se hundió.
—Oye, mírame—él le pidió. Bella no lo hizo. Edward tuvo que tomarla de la cintura y girarla, lastimándola en el proceso, pues Bella se estaba resistiendo.
Ella hizo una mueca de dolor, Edward le había enterrado los dedos en la piel.
Edward la acercó a él, la abrazó y ella volvió a resistirse. Él la sujetó fuerte y eso hizo que Bella se rompiera. ¿Hacia cuanto tiempo que alguien no la sujetaba así de fuerte?
Lo abrazó de vuelta, pero Bella no sabía que no se puede buscar sanación en aquel que te lastimó.
Se quedaron callados por un momento.
— ¿Crees que puedas perdonarme?
Era irónico cómo Edward le pedía su perdón y como ella se lo pedía a Rosalie.
—No lo sé—susurró ella.
Edward se alejó para mirarla a la cara.
—Juro por Dios, Bella, que lo haré funcionar. Seré cariñoso y te cuidaré. Me interesaré por ti. Me ganaré tu confianza otra vez—dijo con voz contundente. Sus ojos verdes la penetraban.
Ella no respondió.
—Te haré llorar sólo el día de nuestra boda—él dijo.
Bella lo miró, alarmada.
— ¿Qué?—preguntó con voz aguda.
—Estoy siendo serio, Bella. Eres mi presente pero también eres mi futuro.
—No—ella dijo, de tajo. Edward frunció el ceño.
—Los chicos de 17 obtienen finales, nunca comienzos—dijo, repitiendo la frase de Jasper.
—Déjame cambiar eso—él dijo, acariciándole la mejilla.
…
Muchas gracias por sus comentarios, sus follows, sus favs, por unirse al grupo y todo eso. Nos leemos la próxima semana. Espero sus opiniones :)
Pd: Hay un poco de mí en este capítulo, me sirvió bastante escribir eso, no lo había hecho en ningún lugar y fue liberador, tal vez si adivinan qué parte es.
