Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.

Mocking the bounds

Capítulo 31

Ya era lunes. Bella había entendido a Charlie finalmente. Él estaba en todo su derecho de darle un ultimátum, aunque pareciera que últimamente todos le estaban dando a Bella una última oportunidad. A excepción de Edward.

Edward le había abierto un mundo de posibilidades ayer por la noche, cuando le dijo que si podían tener un comienzo.

Bella no había dejado de quererlo y Edward, al parecer, tampoco, entonces Bella seguía sin entender por qué Edward hizo lo que hizo.

Estaba tentada a perdonarlo, pero no quería volver con él, no importaba lo mucho que lo quisiera y deseara y extrañara. Simplemente le daría el perdón y serían amigos, aunque nada bueno podía salir de eso.

Su teléfono vibró con un mensaje y Bella dejó de formar las bolitas de masa, que pretendían ser galletas, a un lado y tomó su teléfono. Era un mensaje de Alice.

Bella frunció el ceño. No se esperaba que le hablara.

Siento haberme portado como una idiota.

Bella tecleó una respuesta.

No, no fue así. Simplemente estabas preocupada por Rosalie.

Bella ya no quería dar explicaciones, estaba harta de rememorar los acontecimientos y ya había aceptado que había sido su culpa.

Pero te dejé sola, cuando tú también te sentías triste. ¿Cómo estás? No voy a interferir entre tú y Rosalie. Soy amiga de las dos.

Bueno, gracias, Ali. En verdad lo aprecio. Estoy mal, todavía.

Un peso se le había quitado de encima a Bella. Estaba aliviada de que Alice fuera comprensiva, lo necesitaba más que nunca. Seguía sintiéndose rara con Edward y no lo veía tanto como un apoyo, si no como alguien que buscaba su perdón para estar bien consigo mismo.

Te prometo que no voy a volver a comportarme así. Lo siento tanto tanto.

No te preocupes.

Fue lo último que Bella respondió, antes de volver a sus galletas.

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Edward salió corriendo de ahí, no literalmente pero si salió muy rápido de la cocina. Carlisle seguía molestando con el incidente de Rosalie y Edward volvió a insistir que no había sido su culpa.

—Admito que lo que le pasó a Bella si fue en parte mi culpa pero esto definitivamente no, Carlisle—Edward le había dicho—no puedes culparme por todo lo que le pasa a la gente cuando yo estoy a su alrededor. Cada persona toma sus propias decisiones.

—No vengas a tratar de darme una lección sobre toma de decisiones porque….

— ¡Carlisle, ya basta!—Esme intervinó—has estado regañándolo desde el sábado, creo que ya entendió. Edward, vete a tu cuarto.

Carlisle y Esme se quedaron discutiendo en la cocina pero a Edward no podría importarle menos, necesitaba ver a Bella. Quería estar a su alrededor siempre, en parte porque Bella no le había resuelto lo del perdón-no que la culpara-pero Edward creía que estar cerca de ella sería una forma de presionarla y así ella lo perdonaría más rápido, una visión un poco retorcida, a decir verdad.

Edward se calzó sus zapatos y aprovechó que sus padres estaban ocupados en la cocina para entrar y tomar las llaves del Volvo. Esme lo vio pero no le dijo nada. Edward se dio cuenta que había sido descubierto pero no le importó y siguió caminando hacia el garaje.

Hizo su camino de costumbre y se internó al bosque cuando estaba a punto de llegar a la casa de Bella. Estacionó el Volvo y bajó, asegurándose de que no se veía oculto entre los árboles.

La patrulla no estaba así que tocó el timbre. Esperó pacientemente y luego escuchó los ligeros pasos de Bella acercándose a la puerta.

Estaba usando unos jeans y un suéter rosa, llevaba el cabello recogido y traía un trapo de cocina en la mano.

Él le sonrió. Ella le devolvió el gesto ligeramente y sin decir nada, se hizo a un lado, dejándolo pasar.

Edward caminó hacia la cocina en donde olía a algo que se horneaba. Bella había horneado galletas.

— ¿Quieres galletas?—ella le preguntó, con voz contenida. Seguía insegura, estaba caminando en un territorio desconocido.

—Sí, genial, huelen muy bien—Edward se sentó y tomó una del tazón donde Bella las estaba poniendo.

Sirvió dos vasos de leche y siguió vaciando la charola en completo silencio.

— ¿Cómo estás?—Edward le preguntó. Ella se encogió de hombros.

— ¿Cómo estás tú?—Bella le devolvió la pregunta. Edward suspiro.

—Carlisle sigue regañándome por lo que pasó. Está jodido y sigue echándome la culpa, cuando sé que yo no soy el culpable.

Bella bajó la mirada, avergonzada, y se giró para ir a lavar la charola.

—Lo siento, Bella, no quise decir eso—él se levantó al no recibir una respuesta después de unos segundos. Bella estaba fregando fuertemente la bandeja. Edward se acercó y se detuvo detrás de ella. La tomó del brazo.

— ¿Bella? Lo siento, perdón.

—Está bien—ella murmuró, tenía la voz quebrada.

Bella se secó las manos y se quedó ahí, dándole la espalda a Edward.

—Oye, mírame—Edward imploró. La jaló del brazo y la puso de frente. Bella estaba llorando—lo siento—él se atrevió a cruzar el espacio y la abrazó. Bella enterró su rostro en el pecho de él y se contuvo de llorar más.

—Perdoooon—Edward canturreó, mientras le acariciaba el cabello. Ella asintió.

Bella se alejó.

—Vamos arriba, no creo que a Charlie le agrade encontrarte aquí.

Bella tomó el tazón de galletas y Edward tomó los vasos, siguiéndola por las escaleras. Se golpeó mentalmente por haberla hecho llorar. Puntos menos para él.

Bella se sentó en su alfombra y Edward la siguió.

—Alice me pidió perdón, dijo que se arrepentía por la forma en que se comportó—Bella dijo, tomando una galleta y dándole una mordida. Estaban deliciosas.

— ¿La viste?—Edward preguntó.

—No, me acaba de enviar un mensaje—dijo Bella, buscando su teléfono con la mirada y cayendo en la cuenta que lo había dejado en la cocina.

— ¿Y qué piensas sobre eso?—Edward partió la galleta por la mitad y sumergió una parte en el vaso con leche.

Bella se encogió de hombros.

—Creo que…—suspiró—no sé qué pensar, no sé si tenía razón en enojarse, supongo que pudo haberse molestado, es decir, cometí un error, estaba asustada…—Bella se quedó callada. Estaba harta.

—Está bien—Edward le acarició la mejilla. Bella saltó, un poco incómoda, Edward alejó su mano, un poco reticente.

—También le pedí perdón a Rosalie, pero dijo que lo pensaría. Lo entiendo más de ella—Bella murmuró.

—Sí, puede que ella sea un poco más difícil. ¿Emmett y Jasper no te han hablado?— Edward le preguntó.

—No.

—A mí tampoco. Creo que me odian.

Bella frunció el ceño y tomó otra galleta.

— ¿Por qué te odiarían a ti?

Edward frunció los labios, con gesto pensativo, se debatía entre contarle a Bella o no.

—Simplemente como que te defendí en el hospital y se enojaron. Dijeron que sólo causábamos problemas—comentó Edward en general, omitiendo detalles.

Bella se miró las manos.

—Charlie me dijo que era una problemática, no quiere que cause más problemas, de otra forma me hará regresar a Phoenix.

— ¿Con tu madre?—Edward preguntó con un tono de burla y hastío.

—Eso mismo pensé—ella medio sonrió, una pequeña sonrisa que no le llegó a los ojos.

Se quedaron callados un momento. Edward terminó su galleta y engulló otra con gusto. Por su parte, Bella se estaba debatiendo entre sacar a colación el tema sobre ellos o no.

Suspiró.

— ¿Edward? Sobre nosotros…

Él la miró, expectante. Ella meneó la cabeza.

—No sé qué hacer.

—Bella, no te voy a presionar, puedes tomarte todo el tiempo que quieras pero lo que si te voy a prometer es que en todo ese tiempo no te dejaré sola, a menos que tú me lo pidas. Me alejaré sin objeción.

Bella lo miró entre sus pestañas.

—El problema es que no sé si te quiero tener cerca o lejos.

—Bella—él la llamó, con voz contenida. Ella lo miró de nuevo—te prometo que estaré ahí para ti, no te volveré a fallar. Te quiero y quiero sostenerte incluso cuando no deba hacerlo. Sólo…—Edward se levantó y caminó hacia la ventana. Bella estaba esperando que siguiera con su discurso, ansiaba tanto escuchar esas palabras, eran como ungüento para una quemadura. Él se giró y la miró—sólo vuelve, quédate aquí—dijo mientras la miraba con pena y arrepentimiento.

Bella lo miraba como un venado delante de unos faros, sólo que ella tenía migas en la boca y había dejado de masticar.

Bella finalmente se levantó y se limpió la boca.

—No porque te perdone vamos a seguir estando juntos. Necesito tiempo para eso.

Edward ocultó una sonrisa.

— ¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo?

—Edward, necesito tiempo, no estoy lista para volver a estar juntos.

—Sí, sí, sí, todo el tiempo que quieras, Bella—él ya estaba sonriendo y ella no pudo evitar hacer lo mismo.

— ¿Puedo, al menos, abrazarte?—Edward le dijo.

Bella asintió en silencio.

Entonces Edward se apresuró a cerrar la distancia entre ellos y la tomó en sus brazos, sin intención de dejarla ir nunca.

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El martes en el desayuno, Bella estaba muy callada, a Charlie no le pareció extraño pero de todas formas le preguntó qué le pasaba.

Ella volvió a encogerse de hombros.

—Mis amigos no me hablan.

— ¿Por qué?—Charlie frunció el ceño.

—Se enojaron conmigo porque creyeron que yo tuve algo que ver con lo que le pasó a Rosalie. Fuimos las únicas que se quedaron despiertas pero yo fui a dormirme y ella dijo que también lo haría. Yo me di cuenta de que no estaba por la mañana. Ya sabes lo que dicen, la última persona que vio a la víctima es el principal culpable.

— ¿Y tú no tuviste nada qué ver?—Charlie la miró con ojos entrecerrados. Bella arqueó la ceja.

— ¿Les crees a ellos y a mí no? Vaya, Charlie—dijo, fingiendo molestia.

—No, no, sólo quería… fue un comentario estúpido.

Bella asintió.

—También pasa otra cosa—ella dijo.

Charlie detuvo sus movimientos y se quedó a punto de darle un trago a su jugo de naranja.

Bella miró su plato, temiendo ver la reacción de Charlie.

—Perdoné a Edward.

Charlie se quedó en silencio por un rato, después explotó.

— ¿¡POR QUÉ!?

—No somos novios, no somos nada, simplemente lo perdoné.

Charlie se pasó una mano por la frente.

—Bella, ¿Qué…

—Está bien, papá. Somos amigos, supongo, pero todo está bien. No voy a volver con él.

Charlie abrió la boca para decir algo pero se vio interrumpido por el teléfono. Se levantó y caminó hacia allá con pisadas fuertes y respondió.

Bella aprovechó eso para levantarse a lavar su plato y huir para no enfrentarse a la furia de Charlie.

Estaba saliendo de la cocina cuando Charlie la detuvo del hombro. Bella rodó los ojos.

—Sí, sí, te escucho, Billy—dijo Charlie a través de la bocina. Le hizo una seña a Bella para que se sentara.

Al parecer, era una llamada de la reservación.

Charlie colgó y volteó lentamente.

— ¿Y estás segura que esa es la mejor decisión?—puso los brazos en jarra.

—Sí, papá, no es bueno vivir con rencores. Perdonar y olvidar—dijo Bella.

Charlie se rascó la mejilla con el pulgar.

—Si eso es lo que crees. Simplemente no quiero que vuelvas a caer, Bella. Ya te han hecho mucho daño.

—Voy a estar bien, papá. Dejaré de ser una estúpida—Bella se levantó, Charlie la atrajo a sus brazos.

—Sólo quiero estar seguro de que tomes las decisiones correctas, Bells.

—Está bien, Charles.

Se alejaron.

—Bueno y…—él carraspeó, incómodo— ¿quieres pasar Navidad en La Push? Es mi tradición.

—Mmm, suena bien—ella se encogió de hombros—iré contigo.

— ¡De acuerdo!—el ánimo de Charlie mejoró.

Bella finalmente pudo dejar la cocina.

Una vez en su habitación, se animó a dejarle un mensaje a Jasper. Jasper era su amigo, ¿no? Era su mejor amigo, sin contar a Alice. Edward era otra cosa.

Esperaba que Jasper la comprendiera.

Hola, ¿tú también dejarás de hablarme para siempre?

Pasaron algunos minutos en los que Bella fue a cepillarse los dientes y entonces Jasper la llamó. Bella respiró aliviada y contestó rápidamente.

— ¡Jasper!

—Hola, Bella—él se escuchaba tímido—oye, perdón por todo

— ¿Tú también me odias?

—No te odio, es sólo que…—el rubio suspiró—bueno, admito que fui el primero que te echó la culpa—Bella frunció los labios, decepcionada—sólo fue una suposición, se lo dije a Alice y ella se molestó. Es que fue tan obvio, Bella.

—Sí, fui una estúpida, ¿cierto?—Bella se sentó en su cama. Jasper se levantó de la de él y caminó en círculos.

—No, no me refería a eso, bueno, olvídalo. Lo siento.

—Yo también lo siento, Jazz. ¿Sabes cómo está Rosalie?

Él asintió.

—Sí, ayer fuimos a visitarla. Edward no vino. Emmett no quiso que le llamáramos—claro, Edward había estado en su casa toda la tarde—está mucho mejor pero… bueno, te mencioné y Emmett y ella se molestaron. Van a ser los más difíciles.

—Sí, eso creí—Bella se pasó una mano por la cara—Alice me habló ayer.

—Si me lo dijo. Se siente muy mal.

—No tienes que hablar por ella, Jasper. ¿Ya la perdonaste?

—Bueno pues… me sigo sintiendo un poco incómodo con ella alrededor pero creo que en general está bien. No voy a forzarla a quererme—se rió ligeramente— ¿y tú? ¿Cómo estás?

—Pues, ahora que no me odias mejor, Alice tampoco me odia y Edward… bueno… lo he estado viendo.

— ¿Lo has estado viendo?—él repitió— ¿eso qué significa?

—Significa que ya lo perdoné pero no estamos juntos. Sólo… estaba sola, Jasper y él también.

Hubo silencio del otro lado de la línea.

—Wow, bueno, sí, él te defendió de nosotros y si que está solo… Nadie le ha llamado, como si él fuera el gran culpable.

Una vez más, Bella era recalcada como la culpable.

—No me refiero a que tú lo eres—él se apresuró a decir—pero como que estos días los hemos estado odiando a los dos.

—Lo sé—Bella murmuró, cansada—él no hizo nada, ¿de acuerdo? Espero que se los puedas decir a ellos.

—Lo haré. Tengo que irme ya. El almuerzo está listo.

—Claro.

—Ah, y ¿Bella?

— ¿Si?

—Espero que perdonarlo haya sido la mejor decisión.

Jasper colgó.

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Podía formar teléfono con sus letras y con las del tablero. Dudaba que Edward tuviera una mejor palabra que esa.

Tomó la f con dedos temblorosos y miró a Edward, que la veía burlón. Maldición, ¿qué si tenía una mejor palabra?

—Vamos, Bella, no te tardes tanto—él picó.

—Cállate y mejor dime qué letras tienes.

—Sí, no lo creo—él dijo y le dio un trago a la botella de ron.

Edward se había robado una de la Tienda de Forks y había venido a casa de Bella a compartirla.

— ¿Quién diría que eras todo un ladroncillo, eh?—Bella se burló mientras trataba de abrir la botella.

—También me robé un chocolate—admitió él mientras lo sacaba de su mochila y se lo tendía a ella.

Charlie tenía turno de noche pero aun así, Edward ocultó su auto en el bosque.

Bella terminó de formar la palabra y Edward gimió.

—Estás haciendo trampa—dijo.

—Claro que no. No es mi culpa que tu ebrio cerebro no pueda procesar palabras—dijo ella, molesta y le arrebató la botella.

Edward había estado viniendo a su casa desde el domingo, al parecer, era cierta su promesa de no dejarla y Bella lo agradecía, la soledad la hacía sentirse triste.

—Oye, Chica Bike, ¿crees que puedas venir a nuestra cena de Navidad?

Bella lo miró, sorprendida.

— ¿A tu casa?

—Sí, ¿qué tiene?

—No lo sé… es decir, Charlie me dijo que iríamos a La Push, tengo que pedirle permiso y… no sé si funcione, como que te odia.

— ¿Le contaste?

Bella bajó la mirada.

—Está bien, sólo… inténtalo, ¿sí?

Bella iba a responder pero el teléfono de Edward los interrumpió. Era Garret.

Él frunció el ceño.

— ¿Hola?—respondió.

—Hola, Edward, disculpa la hora pero tengo algo que preguntarte.

— ¿Si?

— ¿Crees que puedas venir a California conmigo? Tengo este amigo de una disquera y… bueno, me preguntaba si quieres venir.

Edward estaba mudo. Bella alzó las cejas, expectante.

—Wow, vaya…—Edward no podía hablar—sí, sí quiero pero…

— ¡Genial! ¿Pero qué?

—Mis padres, tengo que decirles, tengo que pedirles permiso, ¿no?

—Ah, definitivamente.

—Creo que…—Edward estaba dudoso, no iba a poder hacerlo. Carlisle definitivamente no iba a dejarlo ir a California.

— ¿Crees que sea posible?—ahora Garret se escuchaba preocupado.

—Voy a intentarlo. ¿Cuándo nos vamos?

—El 26 después de Navidad, volveremos para Año Nuevo.

—De acuerdo. Les diré.

— ¡Genial!

Garret colgó sin más y Edward seguía congelado en su lugar.

— ¿Qué está pasando?—Bella preguntó. Edward le quitó la botella y le dio un gran trago. Hizo una mueca.

—Garret quiere que vaya a California con él, el 26. Tengo que decirle a Carlisle.

—Oh oh

Edward suspiró, apesadumbrado.

— ¡Pero eso es genial!—Bella chilló y lo abrazó por el cuello. Ahuyentó a las mariposas en su corazón.

Estaba nerviosa porque todo era complicado, estar con Edward era fácil pero estaban en un punto tan delicado y mutante que cualquier error sería fatal.

Se alejó lentamente. Edward le sonrió.

—Pero Carlisle no me dejará ir. Definitivamente no lo hará—él meneó la cabeza.

—Tienes que intentarlo, Edward, decirle. Seguramente Esme estará contenta por ti y te abrazará.

Él se encogió de hombros.

—Seguro si pero…—suspiró—Carlisle es tan difícil—dijo, mirando al techo teatralmente.

Bella se quedó callada un momento. Agitando la bolsa con las pequeñas piezas del Scrabble dentro.

— ¿Por qué no se los dices en la cena de Navidad?

Él la miró como si tuviera dos cabezas.

— ¿Estás loca? Arruinaré el festejo.

—No lo creo, sólo trata.

—Definitivamente no conoces a Carlisle.

Bella frunció los labios.

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Charlie estaba sentado en la mecedora del porche, bebía una cerveza y se mecía. El rechinar de la mecedora con el suelo estaba hartando a Bella pero tenía que tener las agallas para decirle sobre la cena de Navidad en casa de los Cullen.

Había estado parada en el pie de las escaleras por diez minutos, tratando de hilar las frases y decir las palabras correctas para que no le diera un ataque al corazón a Charlie o para que no la abofeteara por ser tan estúpida.

Bella suspiró. Tenía sueño y quería terminar con esto de una vez. Abrió la puerta de la entrada y salió.

Charlie alzó la vista.

— ¿Qué pasa, Bells?—se llevó la lata de cerveza a la boca y le dio un trago.

—Ehh…—ella se pasó la mano por el pelo—me preguntaba si… ehh… verás…

—Suéltalo ya—Charlie le entrecerró los ojos.

—Edward me invitó a la cena de Navidad de su mamá—habló rápido, mientras se retorcía los dedos del nerviosismo.

Charlie se quedó callado, sorprendido.

Se aclaró la garganta.

—Creí que no estabas saliendo con él—dijo con voz dura y le dio otro trago a su bebida embriagante.

—No estoy saliendo con él. Somos amigos y… bueno, me pareció buena idea porque… bueno… no conozco a nadie en La Push y nadie más me invitó a su cena de Navidad.

Charlie la analizó. Bella se miró los pies.

— ¿Estás segura que no estás saliendo con él?

Ella lo miró, con los ojos bien abiertos.

—Completamente. Es sólo que estamos trabajando en nuestra amistad, papá. Eso parece un buen inicio.

Charlie no contestó nada. Se quedó callado.

—Tú no entiendes, ¿cierto?

Ella rodó los ojos.

—Papá no es como si…

Él alzó las manos.

—Ya lo intenté. Dejaré que tú te des de golpes contra el piso. Ve y haz lo que quieras.

—No si te enojas.

Charlie se encogió de hombros, como si no hubiera otra opción.

—Sólo quiero lo mejor para ti, Bella, pero parece que tú no.

—No estoy cometiendo un error, papá, no esta vez—dijo Bella con voz ferviente, porque en verdad lo creía.

—De acuerdo—él levantó las manos en son de paz.

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Alice le había hablado a Jasper, era la primera vez que lo hacía desde que, literalmente, lo desechó.

—Hola, Jasper, ¿cómo estás?

Jasper tecleó en su computadora.

—Hola. Bien

Jasper se sentía un poco incómodo hablándole, todavía le dolía lo que le había hecho.

— ¿Estás ocupado?

—No, estaba por ver una película.

— ¿No quieres venir a verla aquí? Estoy un poco aburrida.

— ¿Para qué?—él fue escueto y preciso, ya no iba a andarse con rodeos.

—Pues para ver la película. Será más divertido.

—No lo creo, Alice.

Ella tardó en responder, asimilando el trasfondo de esa respuesta.

— ¿Estás molesto conmigo?

Ella se mordió la uña del pulgar. Jasper suspiró y se quitó las gafas. Se talló los ojos.

—No, sólo… sólo me siento un poco triste.

—Jasper, lo siento, cambié de opinión. No había estado pensando claro. Deberíamos estar juntos.

Jasper sentía que eso no era verdad, era la desesperación y calentura de Alice la que hablaba.

—No.

— ¿No? Creí que eso era lo que querías.

—No así. Eras todo lo que quería, pero no así. No seré una opción en el menú, Alice. No estaré ahí para cuando quieras tomar un poco de Jasper. Espero lo entiendas.

Jasper tenía la mandíbula apretada. Estaba haciendo lo correcto. Alice había jugado con él, ella sabía que él estaba pensando profundamente, esperando algo grande a cambio y ella nunca se molestó en pensar en ellos. Simplemente era un juego y un momento en el que podía desinhibirse.

—Claro.

Ella respondió, aunque tenía un nudo en la garganta.

Jasper ya no respondió, vio el mensaje y se desconectó.

Ojalá fuera así de fácil desconectarse de Alice.

Esto fue más que nada un capítulo de transición, ahora veremos qué pasará con Edward y esa dichosa reunión en California, ¿creen que vaya? Ya vieron que Alice y Jasper perdonaron a Bella, que así es como las cosas deben ser. ¿Qué creen que pase con Jasper? Pobre :(

Muchas gracias por los comentarios al capítulo anterior, a mí también me gustó y me pareció un capítulo muy emocional. No, afortunadamente no me engañaron pero eso de creer que uno va a terminar con alguien para siempre es una mentira bien grande, aunque aceptemos que se siente bien genial creerla.

Espero sus comentarios para este capítulo. Muchas gracias por su tiempo, por los follows y los favs.