Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.

Mocking the bounds

Capítulo 32

El miércoles por la tarde, Bella le dijo a Edward que Charlie le había permitido ir a la cena de Navidad de sus padres. Edward se había puesto feliz y le dijo a Esme, que por su parte, también se alegró. Al menos ya no serían sólo los tres cenando.

El jueves, Bella tomó una ducha y se preparó para la cena. No sabía qué usar y estaba perdiendo mucho tiempo. Decidió empezar con el maquillaje y al final usó unos leggings y un suéter color violeta. Se dejó el cabello suelto y lo alació.

Edward pasó a su casa y esperó pacientemente afuera.

— ¿Sabes que debes volver temprano, cierto?—Charlie le dijo a Bella cuando bajó las escaleras. Ella rodó los ojos.

—Papá, por favor.

—Sólo decía—él murmuró. Charlie estaba listo para irse a La Push. Era la primera vez que Bella lo veía usar zapatos.

— ¿A qué hora llegarás tú?—Bella alzó una ceja, retándolo. Charlie frunció el ceño.

—Cuídate, ¿quieres?—ignoró la pregunta y subió las escaleras. Bella soltó una risita y abrió la puerta. El frío de la noche hizo que le temblaran las rodillas.

Edward salió del auto y le abrió la puerta. Sonrió.

—Te ves hermosa—le dijo. Bella le dio una pequeña sonrisa.

—Gracias—respondió. Los amigos no daban ese tipo de cumplidos. Edward exhaló ruidosamente y la instó a entrar al auto. Los amigos tampoco te abrían la puerta.

Edward encendió el auto y mientras Bella se ponía el cinturón de seguridad, habló.

— ¿Alguna noticia de Rosalie?

Bella sacudió la cabeza.

—No he vuelto a hablar con ella. No creo que quiera—Bella se rió con sarcasmo—¿tú sabes algo?

—Nop—Edward medió sonrió—pero al menos, ellos ya me hablan. Alice no respondió mi mensaje, tampoco lo vio. No sé qué pensar

—Tal vez estaba ocupada—Bella dijo, aligerando el ambiente.

—Si, tal vez—Edward frunció el ceño y encendió el estéreo—Creo que tienes razón sobre lo de California—dijo con voz insegura, contrario a lo que decía—les diré hoy.

Bella sonrió.

— ¡Genial! Vas a ver que todo va a salir bien al final—ella le dio un apretón en el brazo y quitó rápidamente la mano.

Edward deseó que la hubiera dejado ahí por más tiempo.

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Si la casa de los Cullen era hermosa por si sola y en cualquier momento del año, adornada con luces y adornos navideños hacia que pareciera sacada de un cuento de Navidad.

Era hermosa, Bella no podía quitarle la vista de encima. Edward soltó una ligera risa a su lado.

—Pareciera que nunca has visto luces navideñas—se burló mientras estacionaba su auto dentro del garaje. Bella lo miró, distraída.

—Claro que las he visto, ¿pero esto?—señaló con el dedo, incrédula—tu casa es hermosa, Edward.

Él meneó la cabeza.

—Gracias, pero supongo que tendrás que decírselo a Esme, ella agradecería más tus palabras.

Bella sonrió y bajó del auto, entusiasmada por ver el interior de la gran casa.

Esme estaba en la cocina, al parecer estaba terminando algunos detalles de la cena. Edward entró junto con Bella y Esme les sonrió.

—Hola, chicos—se acercó y abrazó a Bella—feliz Navidad, Bella.

— ¡Feliz navidad, Esme!—ella le sonrió—la casa se ve genial.

Esme sonrió aún más.

— ¿En verdad? Lo sabía—dijo con voz vivaz—estos chicos creen que exageré.

—Claro que no—Bella meneó la cabeza.

Carlisle entró a la cocina. Estaba usando un traje gris y una corbata color rojo oscuro. Se veía guapísimo. Bella desvió la mirada. Lo que menos necesitaba ahora era caer en las garras del padre de su ex novio.

—Bienvenida, Bella—él le dijo y le dio un medio abrazo.

—Feliz Navidad, Dr. Cullen—ella respondió.

—Dime Carlisle—él le dirigió una sonrisa brillante y Bella se miró las manos, aturdida.

Edward estaba atacando el mini bar. Tomando el whiskey y el vino.

—Edward, lleva esto a la mesa junto con las botellas—Esme le ordenó, tendiéndole una canasta de pan—Bella, ¿puedes ayudarme con esto?

Esme le tendió el bowl lleno de pasta. Bella sonrió y lo tomó en sus manos, siguiendo los pasos de Edward.

—Wow—murmuró por lo bajo cuando llegaron al comedor y vio el árbol de Navidad en la sala. Dejó el bowl sobre la mesa y trotó hasta allá.

Edward volvió a reírse.

—Nunca había visto algo tan elegante—ella le explicó, mientras acariciaba una esfera.

Era un árbol enorme y ancho, con un montón de esferas y moños dorados. La estrella se veía inalcanzable.

—Siempre hay una primera vez—Edward le dijo y ambos se quedaron contemplando el árbol por un momento.

La cara de Bella brillaba, se veía hermosa. Reflejaba las luces de Navidad y Edward se quedó con las ganas de besarla, justo ahí, frente al árbol.

Esme y Carlisle salieron al comedor unos minutos después.

— ¿Te gusta, Bella?—Esme le preguntó al verla tan ensimismada.

—Me encanta, Esme. Hiciste un excelente trabajo—la felicitó y Esme le pasó el brazo por los hombros.

—Gracias, Bella. Se siente bien tener a alguien a quien si le agrade tu trabajo—dijo, mirando a Edward. El aludido rodó los ojos.

Después de un rato, se dispusieron a cenar. Carlisle trajo el pavo hasta la mesa y se sentó en la cabecera. Esme se sentó a su derecha y Edward a su izquierda, con Bella a su lado.

Lo que más le gustó a Bella fue el puré de papa, eso, hasta antes de probar el postre.

Esme y Carlisle se la pasaron hablando de cosas de su juventud. Al parecer, no había un tema de conversación para las Navidades y ellos sacaban cualquier cosa para tener algo de qué hablar.

Por la forma en que Esme hablaba de Wisconsin, Bella deseó ir a conocerlo. No conocía muchos lugares del país. Había vivido en Phoenix toda su vida, menos los primeros meses de nacida, esos los había pasado en Forks. Había visitado Florida con Renée y siempre quiso ir a Nueva York. Cuando Renée pudo ir a Nueva York con su entonces pareja, habían invitado a Bella pero todo se quedó en invitación cuando Renée se fue sola con ese hombre. Bella había olvidado su nombre.

Carlisle les permitió a Bella y a Edward tener una copa de vino tinto. Bella la bebió como un sediento en el desierto pero trató de controlarse, tomando cada trago como si fuera el último. Edward se las ingenió para servirles más cuando Carlisle se disculpó para atender una llamada del hospital. Esme les sonrió confabuladoramente.

Cuando terminaron con la cena, se quedaron hablando un momento sobre cómo se habían mudado a Forks. Bella descubrió que Edward había nacido en Chicago.

Al parecer, Carlisle había entrado a un programa de salud en todo Estados Unidos y le ofrecieron un puesto en Forks. Llegaron a Washington cuando Edward tenía un año de edad.

Esme estaba a punto de sacar el álbum familiar cuando Edward la interrumpió y le dijo que era hora del postre. Esme trató de objetar pero todos coincidieron en que ya era hora de probar ese dichoso postre de avellanas y moras que Esme había horneado.

Ella se levantó con una gracia natural y Carlisle la ayudó a recoger los platos sucios.

—Edward, ¿cuándo se los dirás?—Bella le preguntó. Él se pasó una mano por el pelo.

—Estoy nervioso, es todo. Toda la noche he estado pensando sobre eso.

—Bueno, tranquilo—ella le dio una sonrisa—presiento que al final si vas a poder ir.

Edward trató de darle una sonrisa pero salió más como una mueca.

Sus padres volvieron con el postre y se sentaron.

—Espero que les guste. Tiene buena finta—dijo Esme, mientras descubría el pastel.

— ¡Se ve genial, ma!—dijo Edward, entusiasmado.

El pastel se veía esponjoso y suave, una ligera capa de chocolate lo cubría mientras moras y avellanas estaban esparcidas sobre su superficie. Bella se relamió los labios y el olor a pan recién horneado asaltó su nariz. Estaba satisfecha pero de alguna manera, su estómago se las ingenió para rugir.

Esme tomó el cuchillo y partió el pastel. El cuchillo se deslizó como mantequilla en el pan y Bella pudo ver que era un pastel jugoso cuando le pasaron su porción. Quería comérselo ya pero según las reglas sociales de conducta, era de mala educación empezar a comer sin el resto de las personas.

Después de un momento de comenzar con el postre. Carlisle carraspeó y miró a Bella.

—Y Bella, ¿qué vas a hacer después de la preparatoria?

Edward tragó en seco. Sabía que el tema ya estaba a la vuelta de la esquina.

Bella tomó de su bebida y se aclaró la garganta.

—Quiero ir a UCLA. Quiero ir a la escuela de Artes y Arquitectura.

Esme sonrió y Carlisle alzó las cejas.

—Tal vez esa es la razón por la cual has estado haciéndole cumplidos a la casa—Bella sonrió y Esme soltó una risilla.

—Quiero ir a California. Nunca he ido y además no me gusta tanto el frío.

—Extraño que hayas decidido venir aquí—Esme dijo.

Bella se encogió de hombros.

—No me gustaba Phoenix y mi papá vive aquí. No es que tuviera muchas opciones.

El resto se rió.

Era extraño cómo Charlie nunca le había preguntado sobre la universidad pero al parecer, ese era un tema habitual con Carlisle.

— ¿Edward?—Carlisle lo llamó. Esme se detuvo de llevarse un bocado a la boca y los miró alternadamente.

Edward carraspeó y colocó su mano, hecha un puño, sobre la mesa.

—De eso te quería hablar—dijo él—pretendo ir a California.

Carlisle se notaba sorprendido, estaba esperando una negativa de Edward. Esto era nuevo. Los padres de Edward los miraron.

— ¿Irán juntos?—Carlisle los señaló con el tenedor.

—Mis razones son completamente diferentes, papá—dijo Edward.

Carlisle se quedó callado, atando cabos, endureció la quijada. Bella miró a otro lado.

— ¿Cuáles son tus razones?—él le preguntó, con voz contenida.

—El novio de la madre de Rosalie es productor…—Carlisle abrió la boca para hablar—y me dijo que pasado mañana podemos ir a California a hablar con un amigo suyo, dueño de una disquera.

Esme bebió de su copa, tratando de disimular una gran sonrisa. Carlisle, por su parte, estaba enojado.

—Creo que es bastante obvio que no te permitiré ir.

—Carlisle si tan solo…—Edward comenzó.

— ¡Dije que no, Edward!—esa fue su última sentencia.

Edward apretó la mandíbula y lo fulminó con la mirada.

El ambiente había pasado de ser ameno a ser totalmente incómodo.

—Vamos a hablar de eso después. No hoy—concilió Esme. Carlisle la miró.

—Es que no hay nada de qué hablar.

Edward alzó la vista al techo. Bella le apretó la rodilla por debajo de la mesa.

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Cuando la cena terminó, Esme y Carlisle se despidieron una vez que llevaron todo a la cocina. Edward llevó a Bella a su habitación. Él había estado callado desde lo sucedido con su padre.

—Edward, todo va a estar bien, en serio—Bella le dijo, tan pronto como cerró la puerta tras ella—al final vas a lograr ir a California.

Edward meneó la cabeza y se sentó en el borde de la cama.

—No será posible, Bella.

—Deja de decir esas cosas. Sabes que si es posible—ella se sentó a su lado— ¡oh, ya se! Garret dijo que volverían antes de Año Nuevo, así que serán pocos días los que estarán allá. ¿Por qué no hacemos un plan para cubrirte?

Edward soltó una risa.

—Ya se los dije, lo sospecharán. Lo sabrán.

—No, Edward. Mira…—Bella se rascó la frente—te vas el 26, ¿no? Diles que mañana vas a dormir en casa de Jasper. Puedes dormir en mi casa, entonces te vas…—Bella se levantó— ¿cuánto tiempo crees estar allá? Probablemente te lleve un día y medio. Puedes decirles que vamos a salir por Navidad, que iremos a Port Angeles. Sabes que no te buscarán, Edward.

Edward la miró intensamente. Bella se quedó congelada en su lugar, él la desestabilizaba.

— ¿Ves que puedo crear un plan?—ella le dijo, sonriente. Edward le sonrió levemente.

— ¿Y crees que funcione?

Bella lo miró, dudosa.

—Creo que sí. Creo que si va a funcionar.

—No lo sé, Bella.

— ¡Vamos, Edward! ¿Acaso eso no es lo que más quieres?

Edward le dio una mirada traviesa, Bella le sonrió.

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Cuando Edward aparcó fuera de la casa de Bella, Charlie todavía no llegaba.

—Ese Charlie es todo un libertino—dijo ella y se giró a verlo—Ya no estés triste, Edward, verás que todo saldrá bien.

Él suspiró.

—Eso es lo que quiero creer.

—Mis planes nunca fallan, así que, alégrate.

—Lo haré—él le sonrió pero era claro que seguía triste y preocupado.

—De acuerdo. Buenas noches—ella le dijo y se giró a abrir la puerta.

—Buenas noches—él le acarició el cabello y se dio cuenta de lo que hacía, así que dejó caer su mano.

Edward esperó a que Bella entrara a la casa para acelerar.

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Los primeros rayos de sol que entraron por la ventana hicieron que abriera los ojos lentamente, un ceño fruncido lo miraba de vuelta.

—Al estudio, ahora—Carlisle le dijo y con eso se fue.

Al parecer, Carlisle había abierto las persianas. Edward se frotó la cara y rodó los ojos. Era demasiado temprano como para discutir.

Miró el reloj en su mesa de noche y vio que eran las 12 del mediodía. Salió de la cama, dirigiéndose al baño y se lavó la cara.

Al entrar al estudio, Carlisle estaba sentado en su sillón de lectura y sostenía un libro en sus manos.

— ¿Qué pasa?—Edward preguntó, sentándose en el sofá contiguo.

—Tu madre y yo hablamos ayer de la locura que dijiste en la cena—Edward se abstuvo de rodar los ojos.

—No es una locura, Carlisle. Es lo que quiero, es sólo una oportunidad en la vida.

Carlisle lo miró, sin decir nada.

—Por favor, déjame ir—Edward pidió—sólo quiero intentarlo.

—Esme y yo llegamos a un acuerdo. Te dejaré ir con una condición…—ante esto, Edward prestó atención—tienes una oportunidad, Edward, una sola—Carlisle levantó su dedo índice—para conseguir algo. Si no consigues nada, te vas a la Universidad y dejaré que estudies lo que quieras. No te impondré medicina.

—Papá…—Edward no sabía qué decir.

—Una oportunidad, Edward.

—Creo que sabes que conseguir un contrato lleva mucho tiempo—Edward le dijo.

—Por supuesto, no soy estúpido, pero espero que al menos te den luz verde o una mínima esperanza. Y no vas a poder mentirme, se lo preguntaré a este hombre, Garret.

Edward no podía hablar.

—Si, por supuesto, si, Carlisle—tartamudeó.

Carlisle rodó los ojos.

—Ahora ve a jugar—le dijo—estoy en medio de este libro.

Edward se levantó y salió de ahí completamente sorprendido. No sabía qué decir.

Esme salió de su habitación y Edward le sonrió. Esme le devolvió la sonrisa y se apresuró a abrazarlo.

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Estaba sosteniendo el teléfono como si su vida dependiera de ello, miraba el exterior frío a través de la ventana. Un timbrazo, dos timbrazos, tres, cuatro…

—Hola—la voz al otro lado del teléfono la tranquilizó.

—Hola, Rose—Bella la saludó— ¿cómo estás?

—Bien, Bella. Mucho mejor.

— ¡Me alegro!

Un silencio se instaló en la línea.

— ¿Qué pasa, Bella?

—Ehh… quería... quiero saber si… si me has perdonado—esto último lo dijo con voz baja.

Rosalie suspiró.

—Bella…—la rubia meneó la cabeza—sí, no puedo odiarte—Bella exhaló en alivio—simplemente… no puedo, estaba… tenía… es decir…—Rose no sabía qué decir—me sentí muy mal contigo, te fuiste y me dejaste ahí pero… no puedo dejar de hablarte. Eres mi amiga. Esa es la cosa sobre los mejores amigos, se perdonan todo.

—Rose…—la voz de Bella tembló—te quiero, tanto, tanto—unas lágrimas se le escaparon.

—Yo también te quiero, Bella. Mucho.

—Gracias, Rose.

—Gracias a ti, Bella.

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—No jodas, Edward, ¿estás hablando enserio?

—Lo digo enserio, cabrón. ¡No me lo puedo creer!

—Ay por Dios—Jasper se abanicó con la mano— ¡VAS A SER FAMOSO!

—Ehh, eso no lo sé todavía pero ese es el propósito de esto.

—Es obvio que sí, Edward. Dios mío, eres buenísimo. Te van a amar en California.

—No me quiero crear expectativas. Bien pueden decirme que aceptan o me dan una patada en el trasero.

Jasper se echó un puño de Cheerios a la boca.

— ¿Qué van a aceptar?

Edward se pasó una mano por el pelo.

—No lo sé, me refería a que tal vez dicen que tengo que promocionarme o algo así.

— ¡Oh, sí, sí, sí!—Jasper se rió—estoy muy feliz por ti, viejo.

—Gracias, Jasper. Yo también.

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Se tronó los dedos en anticipación. Estaba frío afuera y exhaló por la boca. El vapor salió y se perdió en la noche. Unos faros iluminaron la carretera y pegó un salto de la mecedora.

Corrió por el porche y se quedó de pie en la acera, esperando a que el auto llegara.

Edward estacionó su Volvo y se bajó de él.

— ¡No era broma!—Bella saltó contenta y corrió hacia él, lo abrazó y el hundió su nariz en su cuello.

—No, no era broma—él sonrió, alejándose. Estar tan cerca no era correcto—me voy mañana a las 7. Tenemos que llegar a Seattle.

— ¡Si, si! ¡Te dije que iba a funcionar!—Bella estaba muy feliz por él. Estaba sonriendo y ya ni siquiera le importaba el frío de la noche.

—Lamento no haberte creído—él dijo—es sólo que…—se pasó una mano por el pelo y exhaló—era difícil de creerlo.

—Está bien. Ahora ve y deslumbra a quién sea que esté en California.

—Haré lo mejor que pueda.

—Más que eso. ¿De acuerdo?

—Está bien—Edward le revolvió el cabello.

—Prométeme algo.

— ¿Qué cosa?

—Que serás el mejor.

—Te lo prometo—él le dijo.

Entonces ella volvió a arrojarse a sus brazos, con ganas de besarle todo el rostro, pero recordó con pena que los amigos no pueden besarse.

¿Qué les pareció? Espero sus comentarios. A partir de esta semana, las actualizaciones serán los miércoles y los domingos. Apliqué para un programa de estudio en el extranjero y al parecer voy a ir a Canadá por cuatro meses, entonces tendré que acoplarme y es obvio que no podré escribir como yo quisiera. Así que me organicé y MTB tendrá su último capítulo en agosto. Muchas gracias por leerme, por sus follows, fav y comentarios. Si todavía no están en el grupo, pasen y envien una solicitud.

Nos leemos el domingo :)