Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.

Mocking the bounds

Capítulo 33

California era otro mundo. Sus colores vibrantes y cálidos hicieron que Edward ajustara su vista y los apreciara. Forks era todo verde, café, azul y grisáceo… California tenía toda la paleta de colores en ella. El azul del cielo despejado y el amarillo del vibrante Sol se combinaban con las tierras cafés y las palmeras que parecían traspasar las nubes.

Edward nunca había experimentado la vitalidad de una ciudad tan vibrante que se extendía hacia todas las direcciones. Se enamoró de California.

— ¿Habías estado en California antes?—Garret le preguntó mientras se arremangaba las mangas de su playera azul. Edward negó con la cabeza y sonrió.

—No y definitivamente me arrepiento de no haberlo hecho.

—Es genial, ¿no? A muchas personas les gusta California. Y eso que no has visto Hollywood. Te va a encantar—Garret le dijo sonriente, antes de deslizar su dedo por su teléfono.

El chofer de Garret los había recogido en el aeropuerto y ahora se dirigían a un hotel.

—Definitivamente tienes que comprar una casa aquí, Garret—Edward le dijo, mientras miraba por la ventana.

—Ni me lo digas—soltó un resoplido—estoy en eso. Por cierto, ¿ya sabes lo que le vas a decir a Ryan?

Ryan era el dueño de la disquera que iban a visitar. Garret había dicho que eran amigos desde hace años.

—Algo así. Pretendo impresionarlo.

Garret dejó de teclear en su teléfono y lo miró.

— ¿Cómo pretendes hacerlo?—le arqueó la ceja.

Edward parecía relajado, Garret no sabía si era por ingenuo o porque tenía una idea bien establecida de cómo impresionaría a Ryan.

—Pues le haré saber que tengo un género establecido, ya me escuchaste, hoy en día todos tocan pop, puedo combinar eso con algo más. Le haré saber que la música es mi vida y estoy dispuesto a todo por lograr un nombre.

Garret volvió a enfocarse en su teléfono.

—Vas por buen camino. Te aconsejo ser honesto pero no tan honesto. Comprométete a algo. Si Ryan te pregunta sobre lo que has hecho para ganar una audiencia dile que al menos algo, que lo harás mejor.

Edward bebió de su botella de agua, prestando atención.

—Sabes que esto es una negociación, Edward. Él buscará su beneficio y tú buscaras el tuyo. Ryan no tiene que ver sólo potencial en ti. Una disquera no te va a dar un contrato sólo porque ve potencial, es algo más que eso.

—No pretendo hacer algo diferente a eso. Carlisle me dejó venir con una condición, tengo que conseguir algo, siquiera una esperanza, si no, iré a la Universidad.

—Y tú no quieres eso

—Absolutamente no.

Garret asintió con gesto pensativo.

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Garret era rico, era productor de música y definitivamente no ganaba para pagar las cuentas, por eso Edward disfrutó de su habitación en la suite que había rentado. Tenía una vista genial, podía ver el monte Lee y esas nueve letras blancas que prometían demasiado. Sonrió y miró hacia abajo.

Las personas caminaban por las calles y el ajetreo era incesante. A pesar de que todos parecían ocupados y ensimismados en su propio mundo, había cierta calma en las personas, lo tranquilizaba. Era como si nunca hubiera un descanso, como si siempre hubiera algo qué hacer.

La puerta del baño se abrió y Garret salió.

— ¿Estás listo?—le preguntó. Edward asintió—andando, entonces.

Tomaron sus cosas y salieron de la suite. Edward miró atrás, viéndola una vez más, fascinado.

Tardaron cuarenta y cinco minutos en llegar a la disquera. El tráfico estaba algo loco y Edward se la pasó todo el camino repasando sus canciones en su mente, por miedo a que la letra se le olvidara. Planeaba tocarle a Ryan las mismas que le había tocado a Garret en casa de Rosalie.

—Lo harás bien, Edward—Garret le dio una palmada en la espalda cuando entraron por las puertas.

El interior era lujoso y moderno. Se acercaron al mostrador en la recepción y una sonriente señorita rubia los atendió.

Después de hablar con Ryan por el intercomunicador los hizo pasar y se adentraron más. Edward miró alrededor.

La alfombra era de color rojo y había discos pegados en las paredes. Se aproximaron a una puerta doble, de vidrio, Edward supo que era de esos vidrios espejo porque antes de que llegaran, las puertas se abrieron, revelando a un hombre alto y rubio que saludó a Garret animadamente.

—Ryan, te presento a Edward Cullen.

Edward sonrió y estrechó la mano del hombre.

—Un gusto. Pasen.

Se hizo a un lado, como si no hubiera espacio suficiente para pasar y cerró las puertas tras de sí.

—Edward, Garret me dijo que eras atractivo pero tenía que ver cuánto—dijo Ryan, mientras rodeaba su escritorio y se sentaba en su gran y cómoda silla.

Edward no supo qué responder a eso.

—Tienes un buen rostro, le gustarás a la gente—siguió diciendo y aclarando en el proceso su comentario.

—Eso suena bien—respondió el aludido, mientras se pasaba una mano por el cabello.

—Bueno, ¿y a qué viniste?—Ryan entrelazó sus dedos y se recargó en su silla.

—Garret me habló de ti y me ofreció venir a hablar contigo.

—Dijo que tenías buen material. ¿Por qué no me muestras un poco?

—De acuerdo—Edward dijo, mirando alternadamente entre Garret y Ryan.

— ¡Genial! Vamos al estudio—Ryan dijo, poniéndose de pie.

Salieron de la oficina y caminaron por el pasillo contiguo.

— ¿Qué edad tienes, Edward?—Ryan le preguntó mientras caminaba con paso vigoroso.

—Tengo 18—le respondió.

—Genial.

Entraron al estudio de grabación y Edward miró alrededor, memorizando cada detalle. Si tenía suerte, esto sería algo regular. Ryan encendió las luces.

—De acuerdo. Entra aquí—Ryan abrió la cabina de sonido y Edward entró, cargando su guitarra—Estaremos del otro lado, vamos a escucharte.

—Está bien—Edward respondió.

Ryan se encargó de encender el micrófono y de activar el sonido del otro lado del estudio. Le alzó el pulgar a Edward cuando todo estuvo listo. Edward ajustó su guitarra.

—Estoy seguro que te gustará—Garret le dijo a su amigo—Tenemos que pulirlo, pero es bueno.

—Bueno no me es suficiente y lo sabes—Ryan respondió. Edward aun no comenzaba a tocar. Estaba esperando a que Ryan se sentara y le prestara atención.

Edward se aclaró la garganta y rasgó las cuerdas.

¿Alguna vez te has sonrojado?

¿Hay algunos ases bajo tu manga?

Soñé que estabas cerca de mi cada noche de esta semana

¿Cuantos secretos puedes guardar?

—Me gusta—Ryan dijo inmediatamente, entre dientes.

—Te lo dije.

Siento interrumpirte pero es que estoy tratando de besarte.

¿Quiero saber si este sentimiento es mutuo?

Estoy triste por verte partir

De alguna forma estaba esperando que te quedaras.

—Creo que le escribió esta canción a una novia que tiene en casa.

— ¿Tiene novia?—Ryan preguntó.

—Estoy casi seguro que sí.

—Bien—Ryan dijo, saboreando la palabra, como gato tras ratón.

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Edward salió de la cabina y se sentó en una silla que Garret le había acercado.

—Me agrada tu canción, Edward. Me gusta bastante—dijo Ryan—pero tenemos que hablar primero de algo más.

— ¿Qué cosa?—preguntó Garret, que estaba bebiendo una soda.

—Hablemos de negocios—Ryan se inclinó hasta recostarse en su silla— ¿para cuánta gente has tocado?

Edward miró a Garret, quien le cerró el ojo.

—Para mis amigos. Tengo algunos problemas con mi padre y es demasiado autoritario, se me ha dificultado tocar en eventos más grandes—contestó honesto.

Ryan se quedó pensativo.

— ¿Crees que tu padre sea un problema?

—No lo sé. Me dijo que tenía una oportunidad, que lo intentará, si no, tengo que ir a la Universidad.

—De acuerdo. Digamos que tienes una oportunidad—Ryan agitó la mano— ¿qué estás dispuesto a hacer?

—Supongo que tengo que ganar una audiencia primero, ¿no? Estoy dispuesto a hacerme escuchar, en cualquier lugar.

—Supones bien. Tu género es común. Todos tocan pop ahora y podemos mezclarlo con algo más muy bien. ¿Qué tan grande es tu compromiso?—Ryan entrecerró los ojos. Garret sonrió contento, todo estaba saliendo como lo esperaba.

—Muy grande. La música es mi vida y estoy dispuesto a jugármela. Si me das una oportunidad ni siquiera iré a la Universidad.

Ryan sonrió y se colocó las manos detrás de la cabeza. Se balanceó en la silla.

—Igual tienes mucho trabajo todavía. Tienes que pulirte y ganar una audiencia primero—le dijo—y eso es mucho. Consigue un público primero y luego veremos.

—Esto está saliendo mejor de lo que esperaba—dijo Garret, antes de darle otro trago a su bebida.

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— ¿Estás seguro de que salió bien?—Edward le preguntó nervioso a Garret. Iban caminando rápidamente por la calle, tratando de llegar a la camioneta que los esperaba.

—Sí, Edward. Todo salió bien. Te dio una esperanza, ¿no?

—Pues no lo sé. Sólo se fue y ya.

Garret meneó el cabeza, divertido.

—Ryan es así, es su cara de jefe; pero es cierto lo que te dijo. No va a ofrecerte un contrato de un demo sin un público primero. Mataste a dos pájaros de un tiro. Dile a tu padre que te dieron luz verde y ahora ya podrás tocar frente a personas, así se consiguen los públicos, Edward.

Subieron al auto y Garret le dio instrucciones a su chofer de ir al In-N-Out más cercano.

—Ya lo sé, no soy estúpido—le respondió— ¿pero crees que funcione?

Garret se encogió de hombros.

—Depende—dijo y luego se estiró para darle un papel al chofer con la orden escrita ahí—depende de la audiencia que ganes.

Edward se quedó pensativo.

—Ahora todo lo que importa son las ventas digitales, ¿cierto?

—Si… algunos artistas siguen vendiendo millones de copias físicas pero empecemos con el streaming, suena bien, Edward—él le dio una palmada en la espalda al cobrizo.

Llegaron al restaurante y esperaron pacientemente. A Edward se le ocurrió algo.

— ¿Cuándo vuelves a California?

—Pasaré Año Nuevo en Forks. Volveré el 3, ¿por qué?

—Tal vez… puedas pegar panfletos en las calles—Edward ofreció, inseguro. Garret se rió.

—Le diré a una amiga que lo haga—dijo Garret, entonces comenzó a teclear en su teléfono.

Era un hombre ocupado al parecer.

Las hamburguesas las comieron en su hotel. Entonces, Garret tuvo una idea.

—Edward, ve a bañarte. Iremos a un karaoke—ordenó, levantándose del sillón.

— ¿A un karaoke?—él le preguntó.

—Sí, andando. Nos vamos en una hora—dijo y salió.

Edward resopló y miró su guitarra.

—Rayos—murmuró. Entonces tomó su teléfono.

Bella respondió al segundo timbre.

— ¡Edward!—lo saludó contenta. Él sonrío.

—Hola, Chica Bike. Tengo noticias.

Bella se levantó de la cama rápidamente.

—Dímelas—ordenó con voz alegre.

—Fuimos a la disquera, Ryan, el dueño hizo que le tocara una canción. Me dijo que le había gustado pero quiere que gane una audiencia primero.

— ¿Entonces nada es seguro?—ella preguntó, un tanto confundida.

—Algo así. Es decir…—se pasó una mano por el pelo—no puede ofrecerme un contrato de un demo sin que tenga un público ¿entiendes?

—Claro—ella respondió, se mordió la uña del pulgar.

—Es por eso que esa es mi tarea.

— ¡AY POR DIOS, EDWARD! Estoy muy feliz por ti, ¡oh por Dios! Te ayudaré, ¿quieres que te ayude? Seguro Alice también querrá ayudar.

Edward soltó una risa ligera. El buen humor de Bella era contagioso.

—Claro. Voy a necesitar ayuda.

— ¡Eso es genial! Te dije que todo iba a salir bien. Sólo tienes que confiar en ti.

—Gracias, Bella, por todo, te…—se quedó callado. Estuvo a punto de decirlo.

Bella no dijo nada.

—De nada, Edward—dijo con voz bajita, incómoda.

—Bueno, tengo que irme. Garret quiere llevarme a un karaoke o algo asi.

— ¡Genial! Sé el mejor.

—Nos vemos.

—Nos vemos.

Edward colgó.

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El lugar al que Garret había llevado a Edward tenía un ambiente familiar y juvenil. Eso le agradó. No quería que su primera presentación fuera en un bar en donde entró ilegalmente y tocó para personas borrachas, dudaba que eso fuera una buena primera impresión y más para el mundo entero.

—Le pedí a un amigo que viniera—Garret le dijo—él grabará tu presentación.

Edward tragó pesado.

— ¿Gr-grabar?—preguntó.

Garret se rió.

—Deberías ver tu cara ahora. Sí, Edward, grabar. Necesitas material.

—De acuerdo—dijo, no tan convencido.

Tomaron unas bebidas y Garret se apuró a anotarlo en el programa.

—Hazlo bien, Edward. Les gustarás.

Vieron las presentaciones de algunos chicos y chicas y cuando el presentador llamó a Edward, le dio miedo.

—Andando, Edward—Garret lo empujó por la espalda y Edward se acercó al escenario.

— ¡Edward Cullen!—el hombre gordo y viejo que estaba presentando se hizo a un lado para dejarle el escenario al cobrizo.

—Buenas noches, soy Edward Cullen—se presentó y miró al público. Tenían caras amigables. Garret le sonrió y le alzó el pulgar—esta es una canción que escribí para una chica—dijo. Hubo algunos gritos de chicos y algunas quejas.

Con tan sólo haber dicho eso y con las chicas quejándose, se sintió confiado.

Edward tocó la misma canción. Pensaba en Bella al cantarla y Bella lo tranquilizaba.

Hubo muchos aplausos y gritos cuando terminó. Bajó aliviado del escenario.

—Y ese fue Edward Cullen—dijo el hombre canoso—búsquenlo por ahí, chicas. Estoy seguro que les querrá dar un autógrafo—dijo riéndose.

—Lo hiciste bien, hijo—Garret le dio un medio abrazo—ahora conoce a Max—le presentó al chico que estaba grabando. Había dejado su cámara sobre un asiento.

Unos toquecitos en la espalda llamaron la atención de Edward y se giró. Un trío de chicas estaban ahí.

— ¿Nos das un autógrafo?—le tendieron un pequeño bloc de notas. Edward sonrió y tomó la pluma que una de ellas le dio.

Garret se rió a sus espaldas.

—Seguro—dijo Edward. No tenía un autógrafo. Les pidió sus nombres y firmó en mayúsculas.

— ¿Enserio tienes novia?—una rubia le preguntó.

Edward la miró brevemente, riéndose.

—Eh, sí.

—Edward comenzará a postear videos entrando el nuevo año, chicas—Garret se entrometió a la conversación—corran la voz.

—Seguro—dijeron y se fueron sonrientes.

— ¿Qué fue eso, Gar?

—Pues lo acabo de inventar pero más te vale que lo hagas.

Unos minutos más tarde, las chicas volvieron y le pidieron una foto.

Más personas también se acercaron y Edward supo que ese karaoke era famoso por mostrar talento que deseaba ser escuchado en todo el mundo. Edward les sonrió a todos y ellos le devolvieron el gesto.

Edward se preguntó si todo el mundo le daría una sonrisa siempre.

Lo dudaba.

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Tan pronto como el avión aterrizó en Seattle, Edward se sintió mal. Ya extrañaba la calidez y vida de California. Era temprano cuando llegaron. Eran las 5 de la mañana y Edward estaba un poco cansado, así que dormitó en el camino a Forks en la parte trasera del auto.

Iban a ser las 9:30 cuando llegaron finalmente a Forks. Edward se concentró en ver el paisaje verde y azul en el camino a su casa. Garret estacionó afuera y Edward se apresuró a sacar su equipaje.

—Buen trabajo, Edward—le dijo—tenemos mucho qué hacer.

—Lo sé—dijo él, apesadumbrado.

—Bueno, descansa.

—Sí, nos vemos luego.

Entonces Garret se fue y Edward entró a casa. Carlisle estaba trabajando y Esme bajó las escaleras para saludarlo.

Lo abrazó.

— ¿Tienes hambre?

—No, ma, comí algo en el aeropuerto.

Esme lo obligó a contarle lo que había pasado. Estaba contenta y se sentía optimista respecto a Carlisle.

—Ya verás que lo dejas con la boca cerrada.

—Eso espero, mamá.

Edward volvió a abrazar a Esme antes de subir a su habitación y dormir un rato. No sin antes, dejarle un mensaje a Bella diciéndole que había vuelto y que fuera a su casa por la tarde. Al resto de sus amigos también los invitó.

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Bella manejó hasta la casa de Edward a las 5. Se encontró con Jasper en el camino, cuando giró en la esquina de la calle de Edward. Bella se estacionó primero y luego Jasper detrás de ella.

—Hola—lo saludó al bajar de la camioneta. Jasper le sonrió y se acercó a ella.

—Hola, Bella—le respondió y entonces la abrazó. Bella cerró los ojos y disfrutó del contacto—te extrañé.

—Mmm, yo también te extrañé, Jasper—confesó.

Se mantuvieron juntos por unos minutos más, hasta que Bella se apartó.

—Lo siento—dijo Jasper y se ajustó sus anteojos—nunca soy el primero en apartarse de un abrazo porque no sé cuánto lo necesita esa persona.

Bella sonrió levemente.

—Eso es muy considerado—dijo, entonces comenzaron a caminar hacia la puerta—me he dado cuenta de que eres muy considerado.

—Sí, es por eso que soy moralmente superior a ustedes—respondió. Bella rodó los ojos y presionó el timbre.

Esme abrió la puerta después de unos segundos.

—Hola, niños—los saludó sonriente—pasen. Edward está en su habitación.

—Hola, Esme—Bella la saludó.

—Espero que tengan hambre—les dijo, sonriente—voy a ordenar pizza para ustedes y les llevaré snacks en un rato más.

—Ay, gracias, Esme—Jasper la abrazó.

—Gracias, Esme—Bella dijo y entonces subieron a la habitación de Edward.

Edward estaba tomando un baño y la cama estaba desecha.

—Ugh, este bastardo—Jasper se quejó tan pronto como entraron y comenzó a hacer la cama.

Bella lo miró raro, arqueando una ceja.

—Lo siento. Me gusta que todo esté ordenado.

Bella lo miró con ojos entrecerrados y fue a sentarse en el sofá.

Una vez que Jasper terminó con la cama se acostó y se puso a jugar con su teléfono. Bella abrió su bolso y sacó su esmalte, entonces comenzó a pintarse las uñas.

Después de un rato, Edward salió del baño.

— ¿Qué hacen aquí?—los miró, interrogante.

—Tú nos invitaste, idiota—Jasper le dijo—por cierto, tendí tu cama.

—Gracias. ¿Por qué tan temprano?

Alice entró a la habitación en ese momento.

—No es temprano. Dijiste que a las 5 y son las 5:25.

Edward rodó los ojos y se aproximó a su cajón a tomar ropa interior. Alice se acercó a Bella y la abrazó.

— ¿Qué estás haciendo?—le preguntó y entonces Edward volvió al baño para vestirse.

Rosalie llegó minutos después y entonces todo se puso tenso. Jasper deseó escaparse y entonces Bella y ella se abrazaron. Edward las encontró abrazadas cuando salió del baño. Le dio una mirada a Alice y a Jasper y ellos se encogieron de hombros.

—Hola, chicos—Rose los saludó.

—Hola—respondieron ellos.

— ¿Emmett va a venir?—Jasper le preguntó.

—Creo que si—ella dijo—está trabajando. Supongo que llegará más tarde.

—Genial—Edward dijo— ¿se quieren quedar aquí o vamos al sótano?

—Al sótano, andando—Jasper se levantó de la cama y salieron.

En su camino hacia allá, Esme los detuvo y los hizo que se llevaran los tazones con comida. Había chips, palomitas y gomitas.

Una vez que estaban instalados en el sótano, Esme llegó con bebidas.

—Disfruten, chicos—les dijo antes de irse.

—Entonces ya dinos, Edward—dijo Jasper— ¿cómo es California?

Alice y Rosalie se miraron curiosas.

—Uff, es lo mejor, viejo—le respondió el cobrizo—hace calor y hay colores, ¡hay colores! Creí que los únicos colores que existían eran el verde y el gris.

—Odio Forks—dijo Bella.

— ¿California? ¿De qué me perdí?—Alice preguntó.

— ¿Fuiste a California con Garret?—Rosalie preguntó, emocionada.

—Oh por Dios—Alice lo miró con ojos entrecerrados—y no me lo dijiste.

Edward se echó un puño de palomitas a la boca y les sonrió.

—Eso es lo que voy a contarles.

Entonces Edward comenzó a contarles su viaje, siendo interrumpido por preguntas y exclamaciones por parte de todos.

— ¡Ay, Edward! Estoy tan feliz—Alice dijo, levantándose y abrazándolo— ¿puedo, por favor, ayudarte?—le hizo ojos de cachorro—juro que me comportare.

—Está bien, Alice. Voy a necesitar ayuda.

— ¡Yeii!—Alice dio un brinquito.

—Que buena noticia—dijo Rosalie, sonriendo—sabía que Garret no iba a ignorarte.

—Gracias por eso, Rose, por hablarle de mí—le dijo él. Ella le restó importancia con un gesto de mano.

—No es nada.

Entonces Alice comenzó a divagar sobre el futuro de Edward. Luego, Jasper le aventó una papita a la cara.

—Ya cállate, duende—le dijo—si lo dices, lo ahuyentas.

—Claro que no—Alice se quejó.

—Puede que no, pero me estás poniendo nervioso—dijo Edward. Entonces Alice se quedó callada y comenzaron a hablar del resto.

—Quiero ir a Nueva York—dijo Alice—ya quiero que la semana de aplicaciones comience.

—Seguro entrando a la escuela nos van a decir que empecemos a llenar solicitudes—dijo Rose—yo quiero ir a California.

— ¿Enserio? Yo también quiero ir ahí—Bella dijo, con la boca llena de pizza.

— ¡Genial!—Rose aplaudió— ¿a dónde irás?

—Quiero ir a UCLA, a la escuela de Arquitectura.

— ¡Yo también quiero UCLA! Pero quiero enfermería.

Jasper se rió.

— ¿Tú? ¿Enfermera? Por favor.

— ¿Qué tiene de malo, idiota?

—Todo. Ni siquiera eres amable y odias a las personas.

Edward se rió entre dientes.

—No odio a las personas—dijo ella—es sólo que muchas no me agradan.

—Ay, qué diferencia—Alice se burló— ¿tú, Jasper?

—Ya les había dicho, ¿no? También quisiera ir a NY, estudiar en Columbia y todo eso, pero mis padres no pueden pagarme una escuela privada. Estoy pensando en ir a UCLA también, no lo sé…—se pasó una mano por el cabello—a la escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas, me gusta su programa de Ingeniería Aeroespacial.

Todos se le quedaron viendo fijamente.

—Bueno, al menos es todo lo que te gusta, Jasper—Bella le dijo. Él se encogió de hombros.

—El resto de las universidades son malditamente privadas—se ajustó los anteojos—me agrada UCLA, además puedo aprender varias cosas, no sólo de Aeroespacial.

— ¿Ves? Ya estás viendo el lado bueno.

— ¿Entonces seré la única que va a NY? Dios—Alice se golpeó la frente—ya siento mi reemplazo.

—No vamos a reemplazarte—Bella le dijo.

—No, pero… ustedes estarán más unidos… Maldición. Incluso Edward vivirá en California.

— ¿Qué pasa con Emmett?—Edward miró a Rosalie. Ella se encogió de hombros.

—Tengo entendido que no irá a la Universidad. Supongo que querrá venir a California también.

— ¡Ay no!—Alice se quejó.

—Juguemos Password—dijo Jasper, aplaudiendo y dando por terminada la plática.

Entonces, Emmett llegó mientras se estaban preparando para el juego.

—Hola, chicos—los saludó.

Cuando llegó a Bella la abrazó.

—Hola, Bells—le dijo al oído, el resto se había distraído con el juego y ya estaban tomando sus lugares.

—Hola, Emm—ella le respondió.

—Lo siento—le besó la mejilla y le dio una sonrisa gentil.

Entonces tomó pizza y palomitas y se fue a sentar con el resto.

—Vamos, Bella—Alice la llamó con la mano.

Bella sonrió y fue a sentarse con los que parecían ser sus amigos otra vez.

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Los chicos se fueron tarde. Eran las 12 de la madrugada y Bella se había quedado dormida en el sillón del sótano. Edward la despertó con golpecitos en los hombros.

Ella lo miró.

— ¿Qué hora es? ¿Ya se fueron todos?

—Sí, son las 12:20

—Oh, maldición—se levantó rápidamente y se mareó.

— ¿Quieres dormir conmigo?—él le preguntó. Ella sólo asintió con la cabeza y Edward se alegró.

Había aprovechado su estado inconsciente para proponérselo y había resultado. Sólo quería tenerla cerca más tiempo.

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Despertaron a las 10. Edward fue el primero en despertar y después de ir al baño volvió a la cama para ver a Bella dormir junto a él. Estaba abrazando una almohada y se veía tranquila.

Edward no se contuvo y le besó la mejilla. Bella se removió y abrió los ojos.

— ¿Por qué me besas?—le preguntó con voz pastosa y hundió el rostro en la almohada.

—Quise hacerlo. Oye, ¿quieres ir a La Push?—Edward se había levantado y se apoyaba en su codo.

— ¿Con este frío?

—Ay vamos, no es tanto.

—De acuerdo—ella sonrió y salió de la cama.

Estuvieron listos media hora después y Edward arrancó el auto.

La Push estaba más fría que Forks. Había mucho viento y se tomaron de la mano al caminar por las rocas resbalosas de la bahía.

Bella miró el horizonte y observó con fascinación la forma en que el gris del mar se perdía con el gris del cielo. Se miró los pies y vio la arena oscura llenando sus botas.

—Esta playa es deprimente, ¿no lo crees?—le dijo a Edward—pero me gusta.

—A mí también me gusta. Es como una playa abandonada, como el contrario a todas las demás. Es como una dualidad.

—Me gustan las dualidades—ella dijo y alzó sus manos, que seguían entrelazadas.

Edward se quedó callado un momento.

— ¿Bella?—la llamó— ¿Cómo te sientes? Respecto a nosotros.

Ella se encogió de hombros y metió su mano libre al bolsillo de su chaqueta. Estaban parados frente al mar y las gotas de agua les salpicaban la cara, causándoles más frío.

—No lo sé. No estoy lista aún—ella lo miró—sé que te quiero, demasiado pero… no puedo—meneó la cabeza.

Edward la tomó de la barbilla e hizo que la mirara.

—Te voy a esperar, Bella, ¿de acuerdo? Te quiero, demasiado. Me encantas…—Bella no lo podía creer, Edward, ese chico guapísimo de ojos verdes la estaba mirando fijamente diciéndole cosas que moría por escuchar. Le temblaban las rodillas y no por el frío—me vuelves completamente loco y sé que cometí un error, un gravísimo error. Voy a ganarme tu confianza y voy a estar aquí para cuando estés lista.

Ella asintió, aturdida y miró los labios de Edward. Un beso, si tan sólo pudiera acercarse y besarlo.

Edward se inclinó y dejó un casto y delicioso beso en la comisura de su boca.

Bien, eso era lo más cerca que podía estar de sus labios.

Se quedaron un rato más ahí, hasta que comenzó a llover, entonces Edward la volvió a tomar de la mano para caminar al auto.

Mientras se acercaban a Forks, Bella notó que estaba comenzando a nevar.

—Está nevando—dijo, asombrada.

—La primera nieve del invierno… ya se había tardado—respondió Edward.

Bella bajó la ventanilla y sacó la mano. Un copito de nieve cayó en su dedo y se lo mostró a Edward.

Edward miró la pequeña mano de Bella y volvió a entrelazarla con la suya.

—Edward no creo que…

—Sólo por hoy, Bella, sólo por hoy déjame hacerlo—él dijo.

Bella calló y disfrutó de ese pequeño momento, que se derretiría como el copo de nieve lo hizo entre sus manos.

Gracias por sus comentarios :) ¿les gustó este cap? Ahora ya vimos lo que pasó en California. Esperemos que todo salga bien.