Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 38
Ya era hora de que Edward comenzara a buscar shows en Seattle. Había pasado una semana desde que Esme le había ofrecido eso y no iba a negar que estaba emocionado, además, ya se lo había contado a Garret y él lo había animado.
Estaba tirado en su cama, en la oscuridad, esperando que el sueño lo atrapara, mientras deslizaba su dedo por la pantalla de su celular. Era todavía algo temprano y se había dado un límite de tiempo de media hora para encontrar algún karaoke o algún concurso. Garret le había aconsejado que buscara concursos, así podría ganar más reconocimiento y él había dicho que algunos premios eran dinero. Edward necesitaba dinero y tenía que ahorrar, porque la idea de seguir buscando concursos y karaokes por otros estados del país le había cruzado la mente.
Tardó unos minutos más hasta que encontró un enlace. Al parecer era un concurso, a orillas del centro de la ciudad, era un concurso anual y el ganador se llevaría mil dólares. Eso sonaba bastante bien. Por el premio y la frecuencia del concurso, Edward intuyó que el evento ya se había ganado un lugar en la ciudad y en el público.
Se puso nervioso de tan siquiera pensarlo. Iba a estar frente a muchas personas. Ay no. ¿Qué pasaba si lo abucheaban?
Iba a vomitar.
Se deslizó hacia abajo y su pulgar tembló sobre el botón de "apuntarse".
No, no iba a hacerlo. Quería eso y bastante pero tenía dudas y miedos.
Bloqueó el teléfono y lo arrojó lejos.
Esta noche no sería la noche.
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La alarma rompió el silencio como una explosión. Enterró la cabeza en la almohada.
Gruñó, porque al despertarse recordó rápidamente lo de la noche anterior.
Se dirigió al baño sin darle una mirada al teléfono, no sabía dónde había quedado la noche anterior, tal vez y lo había tirado mientras dormía.
Al salir de la ducha, Edward fue con paso decidido a apuntarse a ese concurso. La adrenalina le estaba corriendo por las venas y se sentó en la cama, usando sólo una toalla en la cadera, mientras llenaba la base de datos que la página web pedía.
En realidad iba a hacerlo.
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No hacía falta decir que ellos se pusieron felices por él y después de que Alice lo golpeara con su libro de Historia en la cabeza, por tan siquiera haber dudado de él mismo, fue publicarlo en sus redes.
—Alice, me sigue pareciendo raro que escribas por mí en Instagram—él le dijo.
—Acostúmbrate, Edward—Jasper respondió—seguramente eso es común. Los famosos no mueven ni un dedo.
— ¡Ya está!—Alice dejó su teléfono sobre la mesa y aplaudió— ¡vayan a verlo!
—Genial. Tendré que lavar mi playera de Edward Cullen—Jasper rodó los ojos.
—¿Qué le pasó?—Bella mordió su manzana antes de preguntarle.
Jasper se ajustó los anteojos.
—La llené de refresco. Se me cayó encima.
Emmett se rió.
—Claro—dijo, no creyéndole— ¿seguro que no lavaste el baño con ella?
—Eso fue antes de echarle refresco encima—el rubio respondió.
—Cierren la boca—Rose espetó— ¿se dan cuenta de que Edward tendrá mil dólares?—sonrió, como loba.
Ellos comenzaron a hacer ruidos de festejo y Edward los detuvo, alzando su dedo índice.
—Ni lo piensen—dijo—no voy a gastarlo en una fiesta. Voy a guardarlo porque quiero ir a otros Estados.
— ¡Si, Edward!—Bella y Alice dijeron, sonrientes.
El resto lo abucheó.
Maldición. Si así se comportaban con mil dólares, ¿qué sería de él cuando tuviera millones?
Esperen, ¿qué fue eso? Era la primera vez que pensaba en su futuro como algo seguro. Se había sentido bien. Edward sonrió.
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Toda la tarde, Edward se había devanado los sesos pensando en una forma para grabar su canción de una forma perfecta.
Anteriormente, ya había intentado grabar su música y admitía que tenía algunas canciones grabadas en un CD pero no eran tan perfectas y esta tenía que ser buena, porque todo el mundo la iba a escuchar, tal vez en este momento sólo algunas personas pero esperaba que algún día todo el mundo la escuchara.
Iba a necesitar ayuda. Conocía a la persona correcta. O tal vez no era la persona perfecta, pero la quería ver.
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El miércoles, Bella estaba usando una blusa azul, era nueva. La había comprado en Phoenix pero nunca la había usado. Se quitó su chaqueta cuando entró a Biología. Edward ya estaba en su asiento y estaba leyendo sus notas, seguramente sólo matando el tiempo.
—Hola—ella le sonrió y se sentó. Edward la recorrió con la mirada y le sonrió de vuelta.
— ¿Qué estás haciendo?—Bella le preguntó, tomando su libreta y leyendo en diagonal. No podía creer que él tuviera mejor letra que ella.
—Nada, sólo estaba aburrido. Oye, Bella—la llamó. Ella dejó de leer y lo miró.
— ¿Qué pasa?—se metió un mechón de cabello detrás de la oreja.
— ¿Sabes usar un amplificador?
Ella frunció el ceño.
—No—respondió— ¿por qué?—sus ojos se convirtieron en rendijas.
—Quiero grabar mi canción y necesito ayuda.
—Oh, bueno…—ella se rascó la mejilla, nerviosa— ¿por qué no se lo pides a Alice? O a los chicos, ¿ellos si saben usarlo, no?
Edward meneó la cabeza.
—No… bueno, quiero que tú me ayudes.
Ella boqueó.
—Mmm, bueno, haré el intento. No sé cómo hacer eso.
—Yo si—él se apresuró a comentar—yo te enseño.
—De acuerdo—ella sonrió.
El Sr. Molina comenzó con la clase y les repartió unas lecturas. Esperaba que hicieran un resumen.
Bella comenzó a trabajar pero Edward sólo tenía los brazos cruzados sobre su pecho, sin intención de trabajar. Le recordó al Edward del verano, el de los primeros días de escuela, en esos tiempos en que todo era más fácil y ni siquiera lo sabía.
— ¿No piensas hacer nada?—ella preguntó, sin dejar de leer.
—Algo así.
Bella tenía sus hojas desperdigadas por toda la mesa, trabajando entre un desastre, como solía hacerlo, Edward tomó una hoja y le robó su pluma. Ella lo ignoró.
—"Si se cruzan dos razas puras para un determinado carácter, los descendientes de la primera generación son todos iguales entre sí y, a su vez, iguales a uno de sus progenitores, que es el poseedor del alelo dominante…"—Bella estaba leyendo entre dientes, con el ceño fruncido y sus labios se movían rápidamente. Una hoja le cubrió la vista.
Alzó la mirada.
Edward había escrito en la esquina de la hoja, en mayúsculas y era obvio que había tratado de imitar su letra.
"Te ves bonita hoy. Me gustas en azul"
Bella lo miró entre sus pestañas.
Edward tenía su cuerpo girado hacia ella, tenía una gran sonrisa y le alzó las cejas.
Ella se sonrojó.
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Quedó de ir a su casa después de la escuela. Según Edward, grabar la canción iba a llevar un largo proceso. Bella le dejó una nota a Charlie sobre haber ido a casa de Alice por un proyecto y le ordenó terminarse las sobras de la cena del día anterior.
Edward supo que Bella venía en camino por todo el ruido que su vejestorio causaba, así que salió de la casa y la esperó en el porche, con los brazos cruzados. Sonrió al ver el monstruo rojizo. Bella se veía diminuta ahí dentro.
Bella sonrió levemente y estacionó. Lo saludó con un gesto de mano, antes de bajarse y caminar hacia él.
Se quedaron de pie, en el porche.
—Hola—ella dijo. La nota mental que se había hecho apareció en luces neón dentro de su mente. Frunció el ceño.
— ¿Qué pasa?—él preguntó.
—Olvidé mi teléfono en la camioneta.
—Ah, bueno—él hizo ademan de caminar hacia allá.
— ¡No, espera!—Bella sonó un tanto desesperada.
— ¿Qué?—él se detuvo en seco.
Bella respiró hondo, se miró las manos, que se movían incontrolablemente.
—Me preguntaba si… bueno… sé que no somos novios pero… ¿quisieras ir al baile conmigo?
Edward sonrió. El tipo de sonrisa de la cual un Dios griego estaría celoso.
—Por supuesto. De hecho, estaba esperando a que me lo pidieras.
Bella le dio un codazo y Edward la atrapó en un medio abrazo.
—Bueno, pues se supone que tú eres el que debe pedirlo.
—No, las personas vienen hacia mí. Yo no tengo que buscar nada.
Bella le pegó en el abdomen y él se alejó, sonriente, entonces caminaron juntos hacia el desastre ruidoso y rojo que era la camioneta de Bella.
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Edward le explicó algunas cosas básicas pero él hizo la mayoría de las cosas, porque Bella no entendía y él no quería demorarse más.
Antes de comenzar, él la miró.
— ¿Quieres cantar en mi canción?—ella abrió los ojos, asustada.
—Oh, no, no. Definitivamente no—se rió.
Edward le sonrió y descansó su mano en su rodilla, rodeando la guitarra.
— ¿Por qué no?
—Canto horrible.
—Bueno—él se encogió de hombros—no creo eso pero lo vamos a intentar, ¿sí? En alguna otra.
—No lo creo, amigo.
Edward medio borró la sonrisa, entendiendo mal la expresión, pero luego se recompuso.
—Si lo haremos.
Y esas fueron sus últimas palabras.
En realidad, Bella no ayudó mucho, sólo cuando Edward le hacía una seña para pausar algo o mover botones.
Edward no dejó de mirarla mientras cantaba y Bella estaba nerviosa. Veía en todas direcciones y se estaba sonrojando, sentía la cara caliente.
Trató de concentrarse en las órdenes mudas de Edward pero no podía dejar de escucharlo, aunque quisiera. Quería bloquear la canción pero no podía. La voz de Edward era atrayente, le estaba haciendo el amor a las letras y Bella estaba embobada viendo sus dedos moverse por las cuerdas. Su boca se abría y cerraba, estaba concentrado, con los ojos cerrados y frunciendo el ceño.
Bella quería besarlo.
He estado tratando de besarte,
No sé si te sientes de la misma forma.
Ella se abanicó con la mano.
Terminaron cuando ya estaba oscuro. Eran las 8 de la noche y Bella tenía hambre.
Edward la acompañó hasta la camioneta.
—Gracias, Bella—susurró. En la oscuridad de la noche sus ojos se veían tan verdes.
—No fue nada—ella respondió, con cara de boba.
Él sonrió y abrió la puerta de la pickup.
—Cuídate.
—Lo haré.
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La ida a Port Angeles para comprar vestidos para el baile tuvo que ser aplazada, porque Bella les había dicho a las chicas que Edward le había pedido ayuda. Así que ahora se dirigían hacia allá.
Alice les había pedido que se quedaran a dormir en su casa, porque necesitaba ayuda para el baile. Sólo tenía la tarde del jueves y del viernes para tener todo listo. La noche del sábado se iba a lucir.
Rose se había apoderado del estéreo y estaba poniendo canciones deprimentes. Ellas se quejaron.
— ¡Rose! Vamos de compras por San Valentín, no puedes estar así de deprimida—dijo Alice, golpeando el volante.
—No estoy deprimida pero personalmente considero que esa música es preciosa—dijo, orgullosa y le subió el volumen.
—Ay Dios—Bella recargó su frente en el asiento delantero mientras Eric Carmen cantaba que estaba completamente solo y que ya no quería estarlo.
Llegaron a Port Angeles y aparcaron en el estacionamiento del pequeño centro comercial.
— ¿Ya saben lo que quieren?—Rosalie cuestionó, mientras entraban a la primera tienda de vestidos.
—No—ellas respondieron.
—Sólo sé que no quiero gastar demasiado. Algo lindo pero no tan costoso—dijo Bella.
La mujer de la tienda se acercó a ellas ofreciendo ayuda pero después de un rato se rindió. Ellas se valían por sí mismas y la mayor parte del tiempo la habían ignorado.
Alice consiguió un vestido rosa pastel, tenía un escote y se anudaba en el cuello, con una abertura en la pierna. Alice se volvió loca y fue a probárselo.
Rosalie y Bella tardaron más pero no encontraron algo que les gustara lo suficiente. Esperaron a Alice y le sonrieron cuando salió del probador.
Rosalie consiguió su vestido en la segunda tienda y Bella en la tercera. El vestido vaporoso y blanco de Rosalie tenía pedrería en el frente y la hacía verse como un ángel. Por supuesto, Rose era hermosa.
Bella eligió un vestido rojo. Cubierto del frente, con un cuello circular, pero no tenía espalda. Tenía brillos y pedrería por todo el frente que se extendían hasta abajo. Tenía bolsillos y era pomposo, pero no demasiado.
Precioso.
Pensó en Edward. Ojalá la mirara como si ella fuera agua y él estuviera sediento. Esperaba que al bailar con él, le rozara la espalda con los dedos. Ella se derretiría. Entonces, Edward subiría sus manos por sus brazos y tomaría su rostro y la besaría. Bella se inclinaría hacia atrás y él la arquearía contra su cuerpo y…
— ¡Bella!—Rosalie le pegó en la frente— ¿si tienes zapatos?
—Ehh…—Bella la miró, trató de enfocar su vista—sí, si tengo.
Rosalie se quejó, rodando los ojos.
—Déjala, Rose. Está pensando en Edward—dijo Alice, dándole un caderazo.
Bella no dijo nada, sólo se rió.
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Bella necesitó la ayuda de Rosalie y de Alice para alistarse. Ellas vinieron a su casa y se maquillaron y peinaron. Bella no ayudó mucho, porque no sabía hacer esas cosas.
Luego ellas se fueron, para ponerse sus vestidos e ir al baile.
Bella se miró en el espejo y sonrió. En verdad le gustaba lo que veía. Las llantas de un auto se escucharon en el asfalto y corrió a su ventana para ver. Edward había llegado. Se moría por verlo en su traje, glorioso, perfecto.
Se alejó de la ventana cuando vio que la puerta del auto se abría, quería ahorrarse la sorpresa para cuando él se apareciera frente a ella. Tomó su bolso y se alisó arrugas inexistentes del vestido.
El timbre sonó. Sonrió como estúpida y salió de su habitación, apagando la luz detrás.
Charlie había abierto la puerta pero ninguna conversación entre los dos hombres se escuchaba.
Cuando los tacones repiquetearon en el piso de arriba, Edward alzó la mirada y esperó a que su hermosa no novia apareciera.
Charlie se hizo a un lado, lanzándole una fea mirada antes de ver hacia las escaleras también.
Bella bajó agraciadamente y sonrió.
A Edward se le secó la boca.
A Bella se le atoró la respiración.
Se veía perfecto, su saco se moldeaba en sus anchos hombros, su cabello peinado e increíblemente domado.
Bella estaba usando un vestido rojo y su cabello estaba recogido a la altura de su nuca. Sus labios estaban pintados de rojo y Edward quiso besarla.
Charlie carraspeó. Arruinando el momento.
—Nos vemos más tarde, papá—ella dijo.
—Si—Charlie respondió, mientras ella estaba saliendo de la casa, Edward quiso tomarla de la cintura y acercarla a él—el gas pimienta está en tu bolso—dijo Charlie.
—Papá—ella lo reprendió.
—Cuídate, Bella—entonces cerró la puerta.
Edward y Bella caminaron por el porche, hasta llegar al Volvo.
—Te ves hermosa, Bella—él dijo.
—Mmm, gracias—ella sonrió—tú también te ves bien.
Él le dio una gran sonrisa y la abrazó. Su esbelto cuerpo entre sus brazos, olía delicioso y quiso morderle el cuello.
La ayudó a entrar al auto y una vez dentro, Bella suspiró, tratando de inhalar la colonia de Edward.
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El gimnasio se veía genial. No había rastro de un lugar lleno de sudor donde ocurrían cosas vergonzosas. Los globos de corazón y las vaporosas cortinas colgaban del techo y la pista con luces rojas y blancas se veía espectacular.
Alice había puesto manteles rojos y en el centro de cada mesa había rosas y margaritas.
El túnel de globos daba la bienvenida para las fotos y Edward tomó a Bella de la cintura, ella sonrió para la cámara y él le besó la mejilla en el último momento.
Se estaba pasando del límite. Estaba actuando como un novio y eso no era cierto. Bella quería creer que quería detenerlo pero fallaba miserablemente en eso. Estuvo tentada a besarlo en los labios.
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A mitad del baile, las chicas fueron al baño y ellos se quedaron sentados en la mesa. Edward cuidaba el trago de Bella y quería que ella volviera para poder bailar y tocarle la espalda. Amaba la forma en que sus omoplatos se marcaban en su espalda, lástima que el vestido le cubría las clavículas.
Ellas finalmente aparecieron. Alice estaba usando un vestido rosa, Rosalie uno blanco y Bella uno rojo. Eran los típicos colores de San Valentín.
Edward se removió en su asiento y sin esperar más caminó hacia Bella, quien le devolvió una sonrisa.
— ¿Ya te dije que luces hermosa?
Ella entrecerró los ojos. Recordándole con ese gesto lo que le había dicho unos momentos antes: "somos amigos todavía, ¿recuerdas?"
—Edward, eso no es lo que…
—Disculpa. ¿Ya te dije que luces hermosa, amiga?
Bella rodó los ojos y quiso besarlo, ahí en medio de la pista, pero no lo hizo. En cambio, aceptó el trago que él le estaba ofreciendo.
Rosalie y Emmett los jalaron para que fueran a bailar con ellos. Alice y Jasper ya estaban ahí.
Ni Jasper ni Alice tenían pareja, no habían venido juntos, más porque Alice estaba avergonzada con él y más porque él no sabía cómo tomaría su invitación Alice.
Así que ninguno de los dos dijo nada.
Jasper tampoco le dijo que se veía hermosa.
Alice no le ajustó los anteojos para besarlo, como quería hacerlo.
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El baile se había terminado y se despidieron. Rosalie iba a pasar la noche en casa de Emmett, así que se despidieron y él la ayudó a subir al Jeep.
—Andando, Bella—dijo Edward.
—Nos vemos—Bella besó a Alice en la mejilla y abrazó a Jasper.
Edward chocó los puños con ambos y caminaron hasta el Volvo.
Edward le abrió la puerta.
Alice y Jasper se quedaron ahí, de pie, solos.
Ella hizo ademan de caminar.
—Espera, Alice…—Jasper la detuvo.
— ¿Si?—ella respondió.
Le iba a decir que se veía hermosa y que todavía la quería.
—Feliz San Valentín—le dijo.
Ella sonrió.
—Feliz San Valentín, Jasper—ella dijo, con los brazos cruzados sobre su pecho—descansa.
—Descansa también.
Entonces ella se dio la vuelta y caminó sin voltear hasta su auto.
Jasper pateó una piedra.
Era mejor así.
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— ¿Quieres que te lleve a casa?—Edward le preguntó.
— ¿A dónde vamos?
Él se encogió de hombros y tomó el volante con las dos manos.
—A donde sea.
—De acuerdo.
Edward condujo sin rumbo fijo por la autopista, quería alejarse, ojalá pudiera llevarla lejos y amarla por siempre.
Edward desaceleró la marcha cuando llegaron a un costado del bosque. Se detuvo.
—Vamos—murmuró.
Bella se había quitado los zapatos y bajó. Edward la tomó de la mano y ella no dijo nada. Sólo le dio un apretón de vuelta.
Las estrellas se veían hermosas. Era una noche fría pero a ninguno de los dos les importó mientras caminaban por el pasto. Bella sólo deseaba que ningún bicho extraño le picara.
—Me gusta la oscuridad—ella susurró—sin la oscuridad nunca podríamos ver las estrellas.
—El cielo está hermoso.
La noche se sentía tan íntima, tan cerrada y tan única. Sólo ellos dos. Edward había tenido razón, cuando pasó a su casa, cuando Bella se sentía tan culpable por lo sucedido con Rosalie. Las palabras le resonaron en la mente: "Sólo tú y yo, nena. Siempre seremos tú y yo".
Esperaba que fuera así.
Se acostaron en el césped y ella suspiró, deseando alargar la mano y tomar la de Edward, que estaba a mínimos centímetros de la suya.
Si tan sólo fuera tan fácil.
La fresca brisa meció la hierba a su alrededor. Estaban en silencio. Sus hombros se cepillaban uno con el otro. El pasto estaba húmedo debajo de sus pies.
Podía sentirlo en el ambiente, en esa oscura noche, estaba ahí, como un grito silencioso. Lo quería tanto. Estaba enamorada de él y no había nada que pudiera hacer para impedirlo.
—Eres mi mejor amiga, Bella—él susurró.
Entonces, Bella cerró los ojos y lo besó.
En su mente, lo estaba besando y Edward le estaba correspondiendo. Él tenía sus dedos enterrados en su espalda y ella había sumergido sus manos en el suave cabello de él.
Bella alargó la mano y tomó la de él.
Edward le dio un apretón.
—Bella…
Ella lo miró. Él sólo le devolvía la mirada a las estrellas.
—Te amo.
Los ojos se le llenaron de lágrimas. Había ansiado tanto esa frase. Quería escucharlo decírsela.
—Yo también te amo, Edward.
Entonces, él la miró. Sus cejas fruncidas, sin tocarse.
— ¿Quieres intentarlo otra vez?
Ella sonrió.
—Si—tembló.
Edward se apoyó en su codo y le acarició la mejilla.
—Eres tan hermosa.
Bella pasó sus dedos por el cabello de él.
Edward se inclinó y rozó sus labios. Bella lo atrajo y la besó, completamente. Su cálido aliento llenando su boca, Bella quería más, lo había extrañado demasiado.
Edward amasó sus labios y tomó su labio inferior entre los suyos. Lo saboreó. Dejó escapar un gruñido. Delineó su boca con su lengua, Bella gimió.
Estaban luchando con sus bocas, queriendo más y más del otro. Bella bajó la mano y tocó el corazón de Edward.
Latía desbocado y era por y para ella.
Entonces, creyó que Edward debería escribir una canción sobre el latido de su corazón.
Él se alejó, con la respiración entrecortada y reposó su frente contra la suya.
—Te amo—le repitió.
—Eso es todo lo que necesitaba escuchar.
Edward enterró su rostro en su cuello y ella recostó su mejilla en su suave cabello.
Si tan sólo pudieran quedarse así, para siempre.
Para siempre, eso sonaba muy bien.
…
¡Oh, si! Jaja, espero que les haya gustado. Me estoy estresando mucho con tenerles los capítulos listos porque si no lo hago, esto ya valió, jaja. pero eso me pasa por dejar de actualizar por meses :( bueno, espero sus comentarios y muchas gracias por los suyos.
Todos van a tener un final feliz y le quedan como... mmm...12 capítulos, aun no sé si 12 o menos. Faltan 12 miércoles y sábados hasta que me tenga que ir, por eso digo que 12 pero todo depende de cómo vaya acomodando la línea de tiempo en la historia. Más adelante se los haré saber.
Nos leemos el domingo!
