Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 43
¿Por qué Charlie tenía que ser tan molesto? Ya había pasado una semana del incidente con Edward y seguía aferrado a que Bella durmiera con la puerta abierta. Iba y venía, sólo para revisar que estuviera sola.
Pues lo estaba, estaba sola, caliente y hundida en su miseria. Necesitaba a Edward, por eso, esa misma noche después de la cena, le dijo a Charlie que iría a dormir con Rose.
—¿Con Rose?
—Si, Rose. La rubia alta que es mi amiga.
—Bueno… date prisa, porque el partido ya va a comenzar.
Bella arqueó una ceja.
—¿Y eso qué tiene qué ver?
—Que yo te llevaré hasta allá.
—¡Papá!
—Te dejaré en casa de Rose, ¿qué tiene de malo eso?
—Todo.
—¿Por qué?
—Porque crees que estoy mintiendo.
—Claro que no.
—Claro que si.
—Bella
—Charlie
—Andando, no quiero perdérmelo.
Bella dejó la cocina y se fue dando pisotones a su habitación. Preparó su mochila y le dejó un mensaje a Edward.
"Señor Aguafiestas va a llevarme a casa de Rose. Te llamo cuando esté allá."
"Haha, de acuerdo."
—¡Bella!—Charlie le gritó. Ella rodó los ojos y fue a lavarse los dientes.
—¡Ya voy!—ella respondió, bajando las escaleras y sujetándose el pelo en una coleta.
Charlie la llevó a casa de Rose, afortunadamente no encendió las luces de la patrulla.
—Pudiste traerme en mi camioneta, ¿sabes?
—También la patrulla funciona.
Ella rodó los ojos y suspiró.
Cuando llegaron a casa de Rosalie, ella bajó de la patrulla y tocó el timbre. Charlie todavía no se iba.
—Hola—Rose abrió la puerta y la miró, luego vio sobre su hombro y se rió—lindo vehículo.
—Callate y déjame pasar.
Rose se rió y saludó al Jefe Swan con la mano, luego cerró la puerta tras ellas y Bella miró por la cortina.
—¿Puedo saber qué estás haciendo aquí?
—Edward vendrá por mí—Bella dejó de mirar cuando la patrulla se fue.
—¿Y? ¿No tienes casa?
—Charlie atrapó a Edward—le respondió, recordándole.
—Oh, claro. Agradece que no estaban haciendo nada malo.
—Ni me lo digas.
Se fueron a la sala y Bella llamó a Edward.
—¿Qué estabas haciendo?
—Viendo una película—Rose le ofreció palomitas pero ella se negó.
Después de un rato, en el que Rosalie reanudó la película, el timbre sonó.
—Entonces se supone que estás durmiendo conmigo—ella dijo.
—Ajá, exacto—Bella se levantó y tomó su mochila.
—De acuerdo.
Bella se despidió y salió de ahí. Edward estaba recargado en la pared y sonrió al verla.
—Hola—llevaba su pantalón de pijama y una camiseta blanca.
—Hola—Bella sonrió y se acercó a besarlo.
Él cargó su mochila y le abrió la puerta del auto.
—Te ves muy linda—él le dijo cuando arrancó el auto.
— ¿Linda? Claro que no. Tengo el maquillaje corrido y no me he bañado.
—Como dije: linda—Edward le sonrió y le puso una mano en la rodilla.
Bella se sonrojó y le dio un apretón a su brazo.
Cuando llegaron a casa de Edward, subieron a su habitación. Todo estaba a oscuras y Edward le dijo que Esme y Carlisle no estaban.
Ella dejó sus cosas en el piso y se quitó los tenis.
—Oye, ¿puedes tocar para mí?
Edward le sonrió.
—Claro. Empecé con nuestra canción pero todavía no la termino. Te la mostraré cuando esté lista. Y lista de verdad.
— ¿De verdad? ¿A qué te refieres?
—A cuando esté grabada.
— ¿Quieres decir que la escucharé al mismo tiempo que el resto de las personas?
Edward ya estaba tomando su guitarra. Bella se sentó en medio de la cama.
—Ajá. Exacto.
—Eso no es muy justo que digamos.
— ¿Por qué no?
—Porque soy tu novia.
— ¿Y? Yo pondré las reglas.
Él se sentó frente a ella y ella le puso el pie en la cara, pateándolo ligeramente.
—Asco—él le hizo cosquillas y ella se retorció, alejándose de él.
Edward comenzó a tocarle algunas melodías y Bella le saltó encima.
— ¡Ey!—él gritó, deteniéndose con el codo para no caer de la cama.
—Lo siento, es que me pareces muy ardiente.
Entonces comenzó a desvestirlo, poniendo la guitarra a un lado.
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—Maldición, Edward, debemos dejar de hacer esto.
— ¿Por qué? Y además tú fuiste la que se me echó encima, loca.
—No digas que no te gustó.
— ¿Qué pasa si lo digo?
—Te convenceré de lo contrario.
— ¿Cómo?
Bella meneó las cejas.
—Odié cada segundo de esto.
Ella soltó una risa burbujeante y se colocó encima de él, a horcajadas.
— ¿Qué fue lo que dijiste?—se inclinó y le habló contra su boca.
—Que odié cada segundo de esto.
Bella comenzó a besarlo, metiendo su lengua en su boca.
—Mmm, ¿enserio?
—Mmm, si—él habló contra su piel.
—Pues estás muy equivocado.
Entonces Bella comenzó a frotarse contra él.
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—No te he preguntado sobre tu mamá en mucho tiempo.
Emmett se pasó una mano por el cabello.
—Pues yo tampoco sé mucho.
— ¿No te ha llamado?—Rosalie alzó la cabeza y lo miró.
—No—él se rió entre dientes—no he sabido nada de ella desde que se fue.
— ¿Crees que vuelva?
—No, ni siquiera ha llamado, ¿por qué volvería?
— ¿Y no has pensado en… ya sabes, sus razones para irse?
Él se encogió de hombros y acarició la espalda desnuda de Rosalie. Su madre había vuelto a Seattle y ella había aprovechado para ir a casa de Emmett.
—Supongo que su depresión era suficiente razón para ella.
—Creo que tu mamá era egoísta.
—Lo es, lo fue… Dios…—Emmett se pasó una mano por el rostro—tal vez y abusó de sus antidepresivos y pastillas para dormir.
— ¿Lo crees? ¿Crees que esté…mmm…
— ¿Muerta? No me sorprendería.
Se quedaron callados un momento.
—Lo siento.
— ¿Por qué?—él dijo.
—Por hablar de eso. Supongo que no te gusta hablar de eso.
—Pues no pero no tengo muchas opciones.
— ¿Estás emocionado por California?—Rosalie era buena cambiando de tema. Se alejó de él y se sentó en la cama.
—Algo así, estoy más preocupado que emocionado. La vida en California es más cara que aquí.
—Sí, pero también hay más trabajo que aquí y mejor paga. Además, estaremos todos juntos, somos tus amigos y yo soy tu novia. No vamos a dejarte solo.
—Sí pero eso no evita que piense en que es posible que algunos días no tenga para la renta.
—Emmett—ella tomó sus manos entre las suyas—todo va a salir bien. Además, tú serás el más independiente, ganarás tu propio dinero.
—Sin contar a Edward, claro
Ella se rió.
—Él no cuenta. Tal vez y podremos robarle. Lo más seguro es que hay muchos cambios que se avecinan y yo estoy emocionada—le dio una sonrisa dentona, él no pudo evitarlo y se la regresó— ¡iremos a California! Estaremos solos, sin nuestros padres, estaré haciendo lo que me gusta ¡muero porque ya sea verano!
—Tenemos un verano para crecer.
—Lo queramos o no—ella le revolvió el cabello y se acercó a dejarle un beso en los labios.
El beso se convirtió en algo más.
En algo más que los mantuvo despiertos hasta entrada la media noche.
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El martes siguiente fue el cumpleaños de Rosalie.
Su madre ya había vuelto de Seattle y le preparó un desayuno de cumpleaños. No la felicitó hasta que bajó lista para ir a la escuela.
El infierno se desataba si despertabas a Rose y más si era para cantarle la canción de feliz cumpleaños. Rosalie y el ruido y las personas no se llevaban muy bien temprano por la mañana.
Engulló sus waffles con gusto y se despidió de su mamá con un abrazo y un beso.
—Recuerda que Bella y Alice vendrán para la cena.
—Hornearé un pastel—su mamá le sonrió. Ella rodó los ojos.
—Má, puedes comprarlo.
—No, yo quiero hornearlo.
—Intenta no quemarlo.
Lillian le lanzó el trapo de la cocina a la cara pero Rosalie lo esquivó y salió al garaje.
A Rosalie le gustaba ser el centro de atención y sus amigos lo sabían, por eso no dudaron en felicitarla frente a todos y cantarle la canción del cumpleaños en el almuerzo.
Alice había horneado un pastel de cupcakes y después de que Rosalie soplara la vela, comenzaron a comérselos.
—En verdad me alegro que no hayas dibujado a Rosalie con betún—dijo Jasper—que asco comerte algo de Rosalie.
—Ya quisieras, idiota—ella le lanzó una servilleta echa bola.
—No, gracias. Prefiero comer salchichas rancias que comer algo tuyo.
—Ugh—ella se cruzó de brazos—consíguete una novia.
Edward se rió.
— ¿Cuál es su obsesión porque me consiga una novia?
—Pues de esa forma dejaremos de pensar que eres gay—dijo Emmett, masticando una fresa.
— ¿Y qué si lo fuera?
—Pues sería gracioso y además, no me sorprende, le pones leche al café—dijo Edward.
— ¿Eso qué tiene qué ver?—preguntó Alice.
—Todos saben que el café con leche es de mujeres y maricones—dijo Emmett.
Bella se rió.
—Ay por Dios. Necesitan dejar esa cosa de los gays, es el siglo XXI—dijo—y además, he visto cómo ustedes le echan leche al café.
—Eso no es cierto—dijo Edward.
Bella arqueó una ceja y antes de que él la pudiera detener, tomó su termo y lo abrió.
— ¿Qué es esto, Einstein?
Edward le quitó el café.
—Es malteada.
Emmett se rió.
—Que buen chiste, Einstein.
—Dejen de llamarme Einstein.
— ¿Por qué?—dijo Jasper.
—Einstein era feo.
—Maricón—dijo Emmett.
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Al salir de clases, las chicas se fueron con Rosalie. Irían a Port Angeles a comprar sus vestidos de graduación y después tendrían una noche de chicas.
Alice había tenido la idea de hacer su propio vestido pero había tenido unos meses ocupados y quería descansar, además, con lo de la mudanza y adaptarse a Nueva York iba a estar cansada.
Por eso, compró un vestido verde de dos piezas, un pequeño crop top sin mangas y de cuello circular, acompañado de una falda larga con bolsillos y un cinturón de piedras.
Rosalie tenía dos opciones, un vestido color piel con encajes negros y transparencias, bastante sensual y un vestido azul sin espalda y que la hacía lucir como una vela; pero Bella se veía preciosa en un vestido azul, sin tirantes con un cuello pequeño en V y un dobladillo que se extendía hasta los hombros, sus clavículas se veían preciosas y su pierna estaba libre por la abertura al frente del vestido.
Rosalie se decidió por el vestido negro después de cuarenta minutos de buscar otro.
Cuando salieron de la tienda de vestidos, eran las 6:30 de la tarde, así que emprendieron el camino de vuelta a Forks.
Lillian las esperaba con un pastel recién horneado y estaba sacando el bistec del horno.
— ¡Huele deliciosa, mamá!—Rosalie le sonrió.
La saludó con un beso y después de mostrarle los vestidos, Lillian las mandó a la habitación para que dejaran sus cosas y cenaran.
La madre de Rosalie había preparado un bistec marinado y una pasta con crema de champiñones.
Cenaron todas juntas y volvieron a cantarle la canción del cumpleaños a Rosalie antes de partir el pastel.
Bella la empujó sobre él y después Rosalie le llenó la cara de betún.
Cuando subieron a su habitación, Alice sacó sus mascarillas de su mochila y después de ponerse el pijama, vieron una película. Alice y Bella se quedaron dormidas en los primeros veinte minutos y Rosalie las despertó para que fueran a la cama.
Rosalie seguía despierta y atenta a la ventana, cuando una pequeña piedra sonó contra el cristal, sonrió.
Dejó su habitación en silencio y salió de la casa hasta encontrarse con Emmett en el Jeep.
—Hola—él la besó en los labios.
—Esto fue una mala idea. Tendrás que venir a dejarme antes de la escuela.
—No importa. No iba a dejar que durmieras sola en tu cumpleaños—él comenzó a conducir hacia su casa.
—No estaba durmiendo sola. Alice y Bella están en mi cama.
—Ellas no cuentan.
Rosalie sonrió y Emmett le dio una sorpresa de cumpleaños que involucró mucha piel y muchos besos cuando llegaron a su casa.
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Al día siguiente, en el almuerzo, Rosalie llegó sonriente.
—Vaya, ¿te divertiste anoche?—Bella le dijo.
La rubia rodó los ojos.
—Que buena anfitriona, Rose. Dejar a tus invitadas solas por la noche.
— ¿Cómo se dieron cuenta?
Bella le arqueó una ceja.
—Me levanté para ir al baño.
Rosalie se rió entre dientes.
—Emmett quiso ir por mí.
—Pudiste haber dicho que no—Alice reclamó
—Olvídalo, Ali, Rose es una cachonda—dijo Bella antes de que los chicos llegaran a sentarse.
—Wow, Emmett, te ves más feliz de lo usual—comenzó Alice.
—Sí, Alice, deberías intentarlo—él le respondió y el resto se rió.
—Uhh, eso fue duro—dijo Edward, antes de abrir su bote de cátsup para echarlo a su hamburguesa.
Alice rodó los ojos.
—Es por eso que yo no comento nada, Brandon—el cobrizo siguió—son como hienas.
—Eso o no tienes nada que comentar—Jasper dijo por lo bajo, burlón.
—Sólo sobre las revistas debajo de su cama—Emmett codeó a Jasper.
—Algo así—Edward se rió entre dientes.
Bella lo miró.
— ¿Eso qué significa?
Emmett y Jasper se rieron.
Edward se quedó mudo, de repente recordando que Bella estaba ahí.
—Significa que la única diversión que obtiene es de esas revistas.
Edward se rió, nervioso.
Bella se cruzó de brazos
— ¿Edward?
— ¿Se supone que cada vez que veo los pechos de otra mujer tengo que decírtelo?
Bella le alzó las cejas, en gesto de "¿acaso no lo sabías?"
—Ahora lo sé—él dijo.
El resto del almuerzo, Edward trató de hablar con Bella pero ella simplemente lo ignoró.
Cuando salieron de la cafetería, Edward le pasó un brazo por los hombros.
—Hola, nena—le besó la mejilla. Ella no le respondió y él se rió entre dientes, causando que la molestia de Bella aumentara—sabes que no tengo revistas debajo de la cama—le dijo al oído.
Bella se estaba derritiendo pero tenía que ser fuerte.
— ¿Cielo?—entonces él comenzó a besarle el cuello.
—Está bien, aléjate—Bella se rió y lo empujó lejos.
Edward se rió y volvió a abrazarla.
Entraron a Biología y Edward se la pasó acariciándole la mano mientras ella trataba de escribir el reporte que tenían que entregarle al Sr. Molina.
Después de eso, se separaron para ir a Cálculo y a Música y cuando el timbre que anunciaba el final de las clases sonó, Bella se fue directo a su camioneta.
Se estaba muriendo de hambre y quería hacer pizza.
Se despidió de Alice, al encontrársela en el estacionamiento y cuando entró a su camioneta se dio cuenta que había olvidado Cumbres Borrascosas en su casillero, lo estaba leyendo otra vez.
—Maldición—murmuró y regresó al edificio.
Caminó por el pasillo, revolviendo en su mochila para sacar su teléfono, entonces alzó la vista.
Edward y Jessica estaban ahí, estaban hablando mientras él sacaba cosas de su casillero.
—Jessica, ¿puedes irte? Vas a causarme problemas.
—Pero sólo quería preguntarte sobre tu música, ¿cómo te va? ¿Estás buscando un contrato?
—Me va bien. Adiós, Jessica.
—Espera…—ella le puso su mano sobre el pecho, entonces Edward la miró y vio a Bella detrás de ella.
Estaba observándolos, tenía el ceño fruncido y apretaba su mochila contra el pecho. Entonces al percatarse de que Edward la veía, se dio la vuelta y corrió de vuelta al estacionamiento.
Le faltaba la respiración y tenía un nudo en la garganta.
Abrió fuertemente la puerta de su camioneta y sus manos temblaban mientras trataba de insertar la llave en el contacto.
La puerta del copiloto se abrió y Edward entró, llenando la camioneta de su presencia y del aroma de su loción.
—Hey, Bella—le dijo.
— ¿¡Qué mierda, Edward!?—ella seguía temblando y las llaves se le cayeron a los pies.
—Hey, no es lo que tú piensas—ella lo miró, incrédula—ella se acercó.
— ¿Por qué le estabas hablando? Mierda—despotricó mientras intentaba atrapar las llaves, que parecían correr lejos de sus dedos.
—Le estaba diciendo que se alejara, Bella, enserio.
Ella atrapó las llaves y se levantó para encender la camioneta.
—No te creo
—Pues créeme
— ¡No! Dijiste que ibas a alejarte de ella
—Y eso es lo que hice.
— ¡Estabas justo ahí!
— ¡Estaba tratando de alejarla!—él le gritó de vuelta.
— ¡Jodidamente conveniente!
—Estoy diciendo la verdad.
—No te creo
— ¿Sigues sin confiar en mí?
Ella no dijo nada y miró al frente.
— ¿Puedes salir de aquí? Quiero ir a casa.
Edward se quedó en silencio y luego alargó la mano para tocarle la mejilla. Ella alejó el rostro y él bajó en silencio.
Bella no horneó pizza, en lugar de eso, se preparó un sándwich y se tiró en la cama. Lloró un poco.
¿Qué rayos estaba haciendo ahí él? ¿Por qué demonios le estaba hablando? ¿De qué hablaban? ¿Acaso estaban planeando verse?
Charlie se despidió de ella y la obligó a abrir la puerta de su habitación, pero al verla enojada, no objetó más y no dijo nada cuando ella la volvió a cerrar.
Por la noche, al salir de la ducha y después de cepillarse el cabello, bajó a la cocina y comer una de las rosquillas que Charlie le había comprado.
La cocina se iluminó repentinamente por los faros de un auto que estaba estacionando en su casa.
Se levantó a ver por la ventana. Era Edward.
Volvió a dejarse caer en la silla y se quedó ahí mientras el timbre sonaba.
Después de varios intentos, la cocina volvió a quedar en penumbras cuando los faros del Volvo se alejaron.
…
Diablos.
Muchas gracias por sus comentarios y también a las lectoras nuevas o que dejaron su primer review en los últimos capítulos.
Por cierto, todavía no termino el borrador de la historia pero quedan alrededor de siete capítulos.
Nos leemos el miércoles, tengan buen inicio de semana :D
