Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 48
Edward no estaba. Se había ido y su ausencia le había parecido eterna.
Había regresado a California cinco días después de haber vuelto a Forks. Garret lo apresuró y le ordenó a empacar sus cosas.
Edward había estado viviendo en California por una semana ya y Bella lo extrañaba demasiado. Él estaba viviendo con Garret, estaban ocupados consiguiéndole un equipo y grabando su álbum debut.
Edward la llamaba por las noches y le contaba de lo cansado que estaba, le contaba las cosas que había hecho por el día y los lugares que había visitado.
Bella no tenía nada nuevo qué contarle, excepto la ocasión en que Emmett arrolló a Jasper por error. Habían estado lavando el auto de Jasper y Emmett lo encendió, creyó que Jasper se había ido por una cubeta pero supo que estaba equivocado cuando escuchó un golpe y un grito.
Edward se rió bastante con eso y Bella disfrutó del sonido de su risa.
Bella estaba viendo por la ventana, estaba tirada en el piso de su habitación y observaba el cielo, deseando que Edward apareciera de repente ahí y entrara y la besara.
Suspiró.
Sabía que desde el inicio había estado en lo correcto respecto a los cambios en California.
Edward tendría que esconderla y ella se limitaría a llevar una vida normal y corriente, como la que siempre había vivido pero sabía que tendría que tomar precauciones, de todas formas, quería creerle a Edward sobre el hecho de que la prensa la descubriría y así ya no tendría que ocultarse, pero se preguntaba sobre las consecuencias sobre eso.
Si la descubrían y descubrían dónde vivía Edward, el edificio estaría lleno de fotógrafos, tal vez cuando ella saliera, todos se le echarían encima tratando de ver si iba del brazo de Edward.
Sería peligroso y no sabía si estaba lista para la furia de internet sobre ella. Tenía que admitir que los comentarios en Twitter la habían preocupado y hasta lastimado un poco, no se imaginaba lo que pasaría ahora que Edward sería famoso.
Por otra parte, estaba un tanto aliviada por el hecho de tener que ocultarse. Podría vivir una vida normal por un poco más de tiempo y no sufriría de críticas, de bullying cibernético y de personas indeseables que se acercarían a ella sólo para obtener información de Edward.
Estaba tratando de irse por ese lado, de estar tranquila y pensar en los dos. Ella viviría tranquila por más tiempo y Edward no se vería amenazado por personas chismosas y no estaría preocupado por todo el rechazo que Bella tendría sobre sus hombros.
Frunció el ceño imaginando en lo difícil que sería la vida. Probablemente, Edward conocería a alguna mujer hermosa y sensual en algún lugar del mundo y se olvidaría de ella, Edward sería parte de Hollywood, por Dios. Hollywood estaba lleno de belleza, nada comparada a ella, a una delgada, pálida y castaña chica. A una simple mortal.
Probablemente, una relación con una mujer famosa funcionaría mejor para la imagen de Edward, probablemente él se vería mejor con una joven modelo colgada de su cuello en lugar de ella. Probablemente Edward se olvidaría de ella una vez que comprara su mansión, olvidaría Forks, olvidaría a sus amigos y a su lindo apartamento universitario.
Esperaba que Edward no fuera así, esperaba que no se convirtiera en alguien completamente diferente.
Quería creer que ella, junto con sus amigos, podían apoyarlo siempre, podían cuidarlo y protegerlo y mantenerlo sobre la tierra.
Quería creer que Edward la amaría por siempre, que sus canciones de amor siempre serían para ella, que cuando él comprara una gran y hermosa casa se la llevara con él, como si fuera parte de su equipaje más esencial. Quería creer que ella sería la que lo acompañara a una alfombra roja, que ella estaría en sus conciertos, en su camerino, esperándolo para darle un beso y decirle lo bien que se veía sobre el escenario.
Quería creer que estarían juntos por siempre, que ella sería buena para él y que él sería bueno para ella, quería creer que Edward no pudiera vivir sin ella y que la amara tanto, tanto.
Quería creerlo, quería creer tantas cosas.
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Era muy temprano en la mañana cuando Bella se despertó temblando, estaba sudada y tenía frío. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, se hizo bola entre las mantas y sentía el cabello pegado a las sienes y al cuello.
Entornó los ojos y miró el reloj. Eras las 5:12 am y Charlie no estaba en casa.
Cerró los ojos e intentó dormir pero no lo logró.
Quería vomitar, le dolía la panza y los dientes empezaron a castañetearle.
Maldición. No quería enfermarse pero ya era muy tarde.
Sacó la mano de la cama y alcanzó su teléfono, con dedos temblorosos le llamó a Charlie pero un timbre comenzó a escucharse en la otra habitación. Charlie había dejado su celular.
Suspiró y entornó los ojos, demasiado cansada y fatigada como para tolerar la luz del celular.
Llamó a Emmett. No respondió. Luego llamó a Alice y a Rosalie, nada.
Le quedaba una persona y esperaba que el maldito rubio si respondiera.
No lo hizo pero ella volvió a intentarlo. Después de tres llamadas, Jasper respondió.
— ¿Hola?—su voz se escuchaba ronca y ahogada.
—Jas…Jasper—los dientes le temblaban.
— ¿Bella?
—Es… estoy mal.
Se escuchó un ruido del otro lado.
— ¿Mal? ¿Bella, qué pasa?—Jasper se escuchaba completamente despierto, pero su voz seguía estando ronca.
—Me… me sien…me siento mal.
— ¿En dónde estás?—Jasper se escuchaba asustado.
—En… en ca…casa. Estoy enferma.
— ¿Y Charlie? Dios, Bella, voy hacia allá—Jasper estaba agitado y estaba haciendo ruido mientras se calzaba sus tenis.
—Él tra…trabaja—ella dijo.
— ¡Voy hacia allá! Espera, aguanta un poco, Bella—Jasper dijo y cortó la llamada.
Bella abría y cerraba los ojos en agonía, esperando que la puerta de su habitación se abriera de golpe y Jasper apareciera.
— ¡Bella!—un grito desde el piso de abajo la alertó.
— ¡Aquí!—ella trató de gritar pero salió como un murmullo.
Jasper entró a su habitación y la miró.
— ¡Bella! ¿Qué ocurre? ¿Estás herida?—le tocó todo el cuerpo sobre las mantas.
—No—ella apretó los dientes, queriendo hablar bien—duele.
— ¿Qué duele?
—Panza—ella dijo e intentó moverse. Estaba muy débil y no logró mover las mantas.
Jasper la ayudó e intentó ponerla de pie, sus piernas estaban frágiles y las rodillas se le doblaron.
Él la atrapó y la dejó sentada, alcanzó un abrigo del armario y la envolvió en él.
La tomó en sus brazos.
—Jas…—ella susurró y apoyó su mejilla sobre su pecho.
Cerró los ojos, dejando que la inconsciencia la envolviera.
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Las luces blancas le traspasaron los párpados, frunció el ceño y escuchó voces a su alrededor. Se sentía fresca y ya no tenía frío. Recordó haber ayudado a la enfermera, mientras trataba de desvestirse para usar una bata.
Se removió ligeramente.
— ¿Bella?—una suave voz le habló al oído. Intentó sonreír pero se sentía desconectada, como si su cuerpo no obedeciera a su cerebro.
Era Alice. La recordaba.
—Ali—dijo entre dientes.
— ¡Yei! Si me recuerda.
—Claro que sí, no perdió la memoria—una voz grave la hizo sonreír.
Abrió los ojos lentamente. La luz le traspasó las pupilas y los entornó, enfocando su mirada.
Estaba en el hospital y Alice estaba a su lado. Jasper estaba a sus pies y Emmett la veía desde lejos.
—Hola—Jasper le apretó la pierna.
— ¿Qué me pasó?—dijo, con voz ronca.
Rosalie salió del baño y sonrió.
—Hey, tragona—se sentó del otro lado de la camilla.
—Carlisle dice que te intoxicaste—le dijo Alice—otra vez.
—No me había intoxicado antes—Bella dijo.
— ¿Y en diciembre?
—Eso fue una infección—rodó los ojos— ¿cuándo voy a poder irme? Gracias por traerme, Jasper.
—No es nada y dijo que tal vez hoy por la noche.
—Bueno—ella dijo— ¿y Charlie?
—Carlisle dijo que lo llamarían a la estación, tal vez en un rato más llega.
—Bien—miró alrededor, en busca de agua.
— ¿Qué necesitas?—Jasper preguntó, apresurado.
—Algo de agua.
Él se fue a la mesa y trajo una botella con un popote.
Mientras Bella se levantaba lentamente, con ayuda de Alice, la puerta de la habitación se abrió y Charlie apareció.
— ¡Bella!—la llamó.
—Está mejor, Jefe—Emmett le dijo, acercándose.
—Intenté llamarte pero olvidaste tu teléfono—Bella le dijo cuando terminó de beber agua.
—Sí, no creí necesitarlo—él meneó la cabeza—Carlisle me dijo que tal vez esta noche vayas a casa.
—Espero—Bella dijo—por cierto, ¿qué hora es?
—Las 6:30—dijo Jasper.
— ¿Las 6:30? ¿Qué hacen todos aquí?—se rió.
—Jasper nos llamó. Estábamos preocupados—Rose se encogió de hombros.
—Muchas gracias, chicos—ella dijo— ¿Edward…
—No lo he llamado—dijo Jasper— ¿quieres que lo llame?
—No, está bien así—ella dijo—estará ocupado, no hay que distraerlo.
Ella insistió en que se fueran, pero ellos no accedieron y en cambio, Charlie fue a casa a tomar un baño y a almorzar algo. Ellos se quedaron a hacerle compañía y a intentar hacerla sentir mejor.
La enfermera entró a saludarla y a revisar sus signos vitales, le suministró una medicina en su suero y se fue.
Cuando fue más tarde, alrededor de las 9, ellos se fueron y Bella se quedó dormida.
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—Bienvenida a casa—Charlie le abrió la puerta y Bella entró, caminando lentamente.
Estaba cansada, quería tomar un baño y dormir.
—No me fui por años, pa—ella dijo.
—No importa. Voy a comer algo, ¿no quieres?—Bella lo miró feo y Charlie se rió. Alzó las manos en señal de paz.
—Voy a tomar un baño y me iré a dormir—ella avanzó hacia las escaleras.
—No olvides tomarte tu medicina.
—Sí, papá—ella dijo en tono condescendiente.
Por la mañana siguiente, despertó y se sentía mejor. Seguía sintiendo el estómago débil y seguía cansada pero al menos ya no le dolía y no vomitaba por todos lados.
Descubrió que vomitó a Jasper encima.
Salió de la cama lentamente y se estiró. Tomó su teléfono y vio que tenía una llamada perdida de Edward. También tenía un mensaje de buenas noches y Edward decía que se había quedado hasta tarde en el estudio.
Suspiró. Suponía que así sería su vida de ahora en adelante.
Desayunó una manzana y cuando se había tomado la medicina, el teléfono sonó.
— ¿Hola?
— ¡Bella!—era Renée.
—Hola, Renée.
— ¿Cómo estás?
—Bien—mintió— ¿y tú?
— ¡Genial!—chilló. Parecía que cada vez que la llamaba era para presumirle algo o restregarle que ella siempre estaría mejor que ella.
—Que bien
—Te graduaste.
—Si.
— ¿A dónde irás? ¿Irás a la Universidad?
Bella hizo una mueca.
—Por supuesto que voy a ir.
— ¡Genial! ¿A dónde?
¿Acaso le importaba?
—A California.
—Te irás lejos, pero estarás más cerca de mí.
—No lo creo—Bella se salió por la tangente—iré a Los Ángeles.
— ¡Adoro LA! Iré a visitarte en algún momento.
—Claro.
— ¿Qué estás haciendo ahora?
—Estaba desayunando. De hecho, mi comida se está enfriando.
—Oh, bueno, te dejo entonces. Salúdame a tu padre.
—Sí, adiós.
Colgó, sin esperar a que Renée dijera algo más. No toleraba escucharla, la ponía de mal humor.
Sabía que estaba actuando mal, después de todo, Renée era su madre, pero ella también había actuado mal, además, había un montón de madres que no querían a sus hijos, los hacían sentir mal y al final, se alejaban de ellos, como si sus hijos tuvieran salpullido o algo parecido.
Suspiró.
Quería arreglar las cosas, sólo que para eso tendría que dar su brazo a torcer y no estaba segura si quería hacerlo. Lo había hecho incontables veces antes y Renée siempre le terminaba fallando. ¿Qué diferencia habría ahora? Tal vez sería más fácil ahora que no vivían juntas y que no lo harían, tal vez una conversación casual que las hiciera terminar en buenos términos era lo mejor.
Bella no lo sabía pero estaba dispuesta a intentarlo, a tratar de descubrir lo que pasaría.
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Bella abrió la puerta, sonriente. Estaba usando unos shorts y una camiseta roída, llevaba el pelo sujeto en una coleta y el baño le había caído bien.
— ¡Hola!—Alice y Rosalie la saludaron del otro lado.
—Hola, chicas—les sonrió y ellas entraron. Las besó en las mejillas y fueron a su habitación.
— ¿Cómo te sientes?—Rosalie le tocó la frente.
—Mucho mejor—ella respondió—sigo sin poder comer mucho pero estoy mejorando.
—Me alegro—Alice sonrió—nos has hecho falta estos días—hizo un puchero.
Habían pasado tres días desde que había vuelto del hospital y los chicos habían salido y se habían reunido en casa de Emmett.
—Lo sé. Yo también he estado muy aburrida.
—Pero lo mejor es que te estás recuperando y estarás repuesta cuando Edward llegue—Rose se había sentado en su sillón puff.
—Ugh, sobre eso…—Bella rodó los ojos—lo hubieran escuchado. Parecía que el mundo estaba por terminarse cuando se lo conté.
Alice se rió.
—Sí, me reclamó por no haberle contado—ella dijo—estaba molesto.
Rosalie rodó los ojos.
—Es una nena.
—Dijo que era algo importante, que no teníamos derecho de ocultárselo—dijo Bella—me gritó como por media hora.
—Sólo se preocupa por ti, Bella—dijo Rose—aunque es demasiado dramático.
—Lo sé.
—Por cierto, tengo que ir a Seattle—la rubia les dijo—el divorcio de mis papás se alargara porque mi mamá decidió hablar sobre la violencia doméstica que sufrimos.
Alice apretó los labios, comenzó a trenzar la coleta de Bella.
—Lo siento mucho, Rose—Bella dijo. La rubia se encogió de hombros.
—Yo también lo siento pero todo sea porque ella pueda deshacerse de él.
—Tú también vas a deshacerte de él—apuntó Alice.
—Si pero, bueno, la vida le dio otra oportunidad a mi mamá. Quiero que su vida cambie y sé que ella también quiere lo mismo.
—Todo va a estar bien, Rose—dijo Bella, dándole una sonrisa amable—ya lo verás.
—Lo sé—ella continuó—es sólo que todo esto es muy desgastante y quiero que se termine antes de ir a la universidad. No quiero que mi vida en Cali se vea interrumpida por eso una vez más.
Alice suspiró.
— ¿Sabes que vamos a estar ahí para ti, verdad? Siempre
—Si—ella afirmó—gracias, chicas.
—Tal vez no vaya a vivir con ustedes pero seguiremos siendo amigos—dijo Alice—aunque vayan a olvidarme.
—No vamos a olvidarte—Rose rodó los ojos y cambió su asiento por la cama—por cierto, Bella, mi mamá me dijo que el trato quedó cerrado—sonrió.
— ¿Enserio?—Bella sonrió—Charlie no me ha dicho nada pero ¡eso es genial!
— ¡Lo sé! Iremos en Agosto.
—Nos queda sólo un mes aquí—dijo Bella—tendremos que disfrutarlo al máximo.
—Técnicamente nos queda más de un mes pero si, disfrutemos y hagamos cosas divertidas. Forks será tan aburrido después de que nos vayamos.
—Apuesto que lo más emocionante será cuando alguien atropelle a un ciervo en la autopista o algo por el estilo—se burló Alice.
—Esas serán las únicas noticias—secundó Bella.
—-Odio Forks—Rosalie arrugó la nariz.
—Amén, hermana.
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Bella estaba ansiosa.
Se secó las manos en los muslos y esperó pacientemente, sentada en la sala, esperando.
Miró el reloj. Los segundos pasaban y la aguja delgada seguía su curso.
Odiaba que su camioneta estuviera descompuesta.
Charlie prometió llevarla al taller. Ya había pasado una semana de eso. Probablemente Charlie la estaba dejando morir porque Bella ya se iba a California.
Entrecerró los ojos, deseando que los minutos pasaran más rápido.
El timbre sonó y la hizo saltar en su lugar.
Sonrió y corrió a abrir la puerta.
Se quedó sin respiración. Lo miró como si fuera el Sol.
— ¡Edward!—le saltó encima. Él dejó escapar una risa y la atrapó en sus brazos.
— ¡Hola, nena!—Edward enterró su nariz en el cuello de ella e inhaló. Había extrañado su aroma.
—Dios mío¸ te extrañé tanto—ella dijo.
—Yo también—él la alejó y tomó su rostro entre sus manos—pero ya estoy aquí. Dios—dijo y volvió a abrazarla.
—No vuelvas a dejarme—ella se rió entre dientes y lo miró a los ojos.
—No—él murmuró, siguiéndole la corriente y luego la besó.
Bella cerró los ojos y disfrutó de sus labios contra los de ella. Lo había extrañado, tanto, tanto.
Edward atrapó su labio inferior entre los suyos y succionó levemente. Bella pasó sus manos por su cabello y le pidió acceso. Edward se lo concedió y gimió cuando la lengua de ella asaltó su lengua.
—Mmm—Bella dijo.
Edward enterró sus manos en la cintura de ella y la pegó a su cuerpo.
Se alejaron, juntando sus frentes y con la respiración agitada.
—Quiero hacerte el amor—él dijo.
—De acuerdo—ella sonrió.
Edward se rió entre dientes y la tomó de la mano, llevándola hasta su auto.
Cuando llegaron a su casa, corrieron por las escaleras y Edward cerró la puerta de su habitación con seguro.
Tomó a Bella en sus brazos y la dejó caer en la cama, besándola en la boca y Bella se apresuró a quitarle la playera.
Edward recorrió su cuello con sus labios y le besó las clavículas. Bella gimió levemente y permitió que Edward le quitara la blusa y los pantalones.
Él se alejó para sacarse los suyos y mientras lo hacía, Bella terminó de desvestirse.
Edward le recorrió el cuerpo con la mirada y comenzó a besarle desde el abdomen hasta los labios.
Bella se estaba retorciendo debajo de él y tomó las mantas entre sus puños. Se mordió los labios y cerró fuertemente los ojos cuando Edward comenzó a besarle la parte interna de los muslos, dando en su punto más débil.
Antes de que Edward subiera un poco más su boca, Bella lo empujó lejos y se colocó a horcajadas sobre él.
Edward gruñó y la tomó de la cintura.
—Eres tan sexy—le dijo. Bella le sonrió con la boca cerrada y comenzó a frotarse contra él.
Edward le apretó el trasero y la levantó, posicionándola para entrar en ella.
Bella echó la cabeza hacia atrás y las puntas de su cabello le hicieron cosquillas en las manos a Edward.
Ella comenzó a moverse lentamente y Edward tomó sus pechos entre sus manos.
La miró moverse y se deleitó viendo la forma en que su blanca y suave piel se tornaba roja mientras él la sujetaba fuertemente, observó sus pechos saltando levemente y no la apresuró. Le estaba gustando demasiado la forma lenta en que ella se movía.
Bella fue la que pareció desesperarse y aumentó su ritmo, Edward se sentó, haciendo que ella rodeara su cintura con sus piernas y enterró su cara entre sus pechos. Lamiendo la suave piel.
Bella gimió en su oído y le jaloneó el cabello.
Cuando Edward terminó, salió de ella y la tiró de espaldas a la cama, rápidamente llevando su boca hasta su centro.
Bella cerró los puños y mientras el sudor le perlaba la frente, terminó.
Edward siguió lamiendo y besando su palpitante piel y luego desanduvo el camino con suaves besos.
A Bella no le importó probarse en él cuando lo besó.
—Te extrañé—ella dijo. Edward le dio una sonrisa perezosa.
—Y yo a ti. No sabes cuánto.
—Que bien—ella lo abrazó y dejó que él se colocara entre sus piernas.
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Rosalie bajó de un salto del Jeep y caminó hacia el Volvo.
Edward estacionó y Bella se desabrochó el cinturón.
—Lucen desesperados—ella dijo. Edward asintió con un "hmm"
—Vaya, hasta que se aparecen—Rosalie les dijo tan pronto bajaron del auto— ¿qué rayos estaban haciendo?
—Estaban teniendo sexo, Rose—dijo Jasper.
—Ugh, asqueroso.
Bella rodó los ojos.
—Veamos si piensas lo mismo sobre hacerlo con Emmett—Bella dijo.
Edward y Jasper comenzaron a andar.
—Dios, Emmett es tan sexy.
Bella volvió a rodar los ojos y fueron a encontrarse con el resto.
Habían acordado ir a La Push y al parecer el resto ya estaba ahí desde hace un buen rato.
Alice estaba lanzando rocas al agua y Emmett estaba sentado en el auto de Jasper, con la puerta abierta.
—Huelen a sexo—Emmett les dijo.
— ¿Envidia?—Edward le dijo, dándole un golpe en la espalda.
—No—Emmett se levantó y comenzaron a jugar, simulando posiciones de boxeo.
—Andando—Rosalie enredó su brazo alrededor del de Bella y caminaron hacia donde estaba Alice.
Se quitaron los zapatos y dejaron que sus pies se hundieran en la arena negra y que el agua las mojara.
Pasaron el resto del día en La Push y cuando se hizo tarde, volvieron a Forks y llegaron a cenar pizza a Tony's.
— ¿Vamos a dormir en tu casa?—Alice le preguntó a Edward, mientras se limpiaba la boca con una servilleta.
—No quisiera pero si—él respondió.
—Deberías agradecer de que nos importas y queremos despertar el día de tu cumpleaños contigo—Jasper le dijo.
—Gracias.
El resto rodó los ojos y cuando pagaron la cuenta se dirigieron a casa de Edward, en donde durmieron en colchones inflables en su habitación.
—Hey, vamos, quiero dormir en la cama—dijo Jasper.
—Como sea—Edward se encogió de hombros y se acomodaron. Edward apagó las luces y después de un rato, Bella pegó un brinco.
— ¡Jasper!—chilló. Edward encendió la lámpara de noche— ¡quita tu mano de mi trasero!
Edward le propinó un golpe.
— ¡Lo siento! Fue un accidente.
— ¡Sigue ahí!
— ¡Sigue siendo un accidente!
Edward le dio otro golpe.
— ¡Lo siento, lo siento!
Cuando la calma volvió, Bella volvió a gritar.
— ¡Jasper, detente!
— ¡Sí!—Jasper se rió.
Edward lo golpeó en la cara.
—Lárgate de mi cama—lo empujó.
Jasper cayó sobre su culo y Alice ocupó su lugar.
—Hola—dijo, llegando a la cama. Edward rodó los ojos y finalmente se quedaron dormidos.
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— ¡Edward, despierta!—la cama se sacudió y una gritona Alice lo estaba agitando.
— ¡Feliz cumpleaños!—el resto gritó y él enterró la cara en la almohada. Estaba muy cansado.
— ¡Edward!—Alice lo jaló, enojada.
Edward se giró sobre su espalda y de repente tenía a dos pequeñas mujeres sobre él.
La cama se empezó a mover y vio que Jasper y Emmett estaban saltando. Rosalie estaba de pie, grabando.
No pudo evitar sonreír.
— ¡Edward!—Alice y Bella estaban gritando, comenzaron a hacerle cosquillas y él se retorció.
—Gracias, chicos—les dijo.
Bella le dio un ligero beso en los labios y cuando volvieron a hacerle cosquillas, él las amenazó con orinarlas encima, entonces se quitaron y él se fue al baño.
Esme preparó un desayuno de cumpleaños y lo disfrutaron mientras seguían en sus pijamas.
Cuando terminaron de desayunar, Esme los dejó ver la televisión y luego los mandó a bañarse.
—Voy a necesitar ayuda para hornear el pastel, andando—dijo, mientras apagaba la televisión.
Esme quería hacerle una fiesta de cumpleaños a Edward, él no quiso hacer algo grande y aceptó que Esme le horneara un pastel y preparara pollo.
Fue un día muy divertido y las chicas y Jasper fueron quienes más le ayudaron a Esme.
Emmett se la pasó robándose comida y Edward alegó que era su cumpleaños, que no tenía que hacer mucho.
Edward los observaba, disfrutando el momento y probablemente disfrutando los últimos momentos de su vida medianamente normal, se imaginaba que el próximo año, los deseos de feliz cumpleaños no sólo vendrían de su familia y amigos, sino de mucha gente que no conocería.
Carlisle llegó a casa y fue a tomar un baño mientras ellos ponían la mesa.
—Edward—lo llamó y él salió de la cocina, hacia la sala—feliz cumpleaños, hijo—Carlisle se acercó a abrazarlo, tomándolo con la guardia baja, Edward le regresó el abrazo, esperando que fuera corto.
Carlisle se alejó.
—Sé que no soy muy bueno contigo pero sólo quiero decirte que te quiero, ¿de acuerdo? Aunque creas que no lo parezca y estoy orgulloso de ti.
Edward estaba incómodo.
—Mmm, gracias, papá. Yo también te quiero.
Carlisle alzó las cejas y le dio una última palmada en la espalda antes de dirigirse a su habitación.
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Edward estaba soplando las velas de su pastel y entonces Alice lo empujó, llenándole la boca y la nariz de betún y mientras ellos estaban riendo, Bella sonrió y lo miró.
Iba a estar con él, quería estar con él, siempre, ya fuera como su leal novia o como su fiel amiga, aunque dudaba que una amistad funcionara entre ellos, pero quería estar con él.
El camino no iba a ser sencillo pero estaba dispuesta a afrontarlo, ¿qué importaba si él la dejaba? Él se iría a otro lugar a vivir su vida y ella seguiría con la suya. El mundo no se iba a acabar por eso, la vida seguiría y mientras eso llegaba o no, Bella quería estar con él.
Edward se envaró y tomó las servilletas que Esme le ofrecía. Rosalie estaba tomando fotos y Carlisle sonreía, viendo la escena, sosteniendo una copa de vino tinto.
Edward se acercó a Bella.
—Te quiero—le dijo al oído, cuando lo abrazó.
Edward no le respondió pero le dio un apretón a su mano.
—Y estaré aquí.
—Lo sé—él dijo.
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La fiesta se había terminado y los chicos estaban ayudando a Esme a limpiar. Edward se escabulló a la cocina y se sentó sobre un taburete.
Tomó otra rebanada de pastel.
Escuchaba las bromas de Jasper, le estaba tomando el pelo a Bella.
—Enserio, Bella, pruébalo
Ella se rió.
—No—se rió— ¡No, Jasper, aléjate!—gritó y luego se escuchó un manotazo.
Edward se rió entre dientes.
Después de un momento, Bella entró a la cocina, cargando una bolsa de basura.
—Ah, hola—saludó—creí que habías vuelto a California de urgencia—se burló por su ausencia.
—Vine a comer pastel.
Bella dejó la basura en su lugar y luego fue a pararse a un lado de él.
—Sabe muy bien—dijo ella.
—De hecho—él dijo antes de meterse otro bocado a la boca.
Se quedaron en silencio un momento.
— ¿Era enserio lo que dijiste hace rato?—él preguntó. Bella lo miró.
— ¿Qué cosa?
—Lo de que ibas a estar conmigo, siempre.
Bella se miró las manos.
—Claro que si, al menos eso es lo que yo planeo.
Edward dejó de comer y giró su cuerpo hacia ella.
—Bella, ¿estás segura?—le tomó la mano.
Ella le dio un apretón.
—Claro que sí.
—Muchas cosas van a cambiar, Chica Bike, ¿enserio?
Ella se rió bajito, mientras miraba sus manos entrelazadas.
—Es gracioso que ahora tú seas el que cree eso—lo miró—pero sí, estoy segura. Estoy dispuesta a vivir con eso, si estoy contigo. Sé que al final del día, cuando esté contigo, nada de eso va a importar.
Edward sonrió y la atrajo por la cintura.
—Entonces estaremos juntos.
—Si, por el momento—él frunció el ceño.
— ¿Por el momento?
—Si. Es decir, me alejaré de ti cuando quieras que lo haga. Seguiré con mi vida y tú con la tuya.
—Bella, no…
—Si eso pasara…—ella se apresuró a agregar—no interferiré con tu vida.
—No quiero eso, Bella. Si nos alejamos, no quiero que sólo sea porque yo te lo pida. Si tú no quieres estar conmigo, también vas a decírmelo.
—No imagino un escenario en donde no quiera estar contigo.
—Yo tampoco imagino el mío, así que deja de decir eso.
—Lo siento, es sólo que…
— ¿Qué?
—Tengo mis inseguridades.
—Yo también tengo las mías, ¿sí? Y trabajaremos en eso, será difícil por el giro que nuestras vidas tomaran pero tengo todo el tiempo del mundo.
Ella sonrió.
— ¿Todo?
—Sí, para siempre—sus ojos se arrugaron al sonreír.
Bella lo miró sonriente, le pasó una mano por el cabello, tirándole el gorro de cumpleaños en el proceso.
—Eso es lo que quiero.
—Y lo tendremos.
— Feliz cumpleaños, Edward.
Bella se acercó y le dejó un ligero beso en los labios.
— ¿Bella?
Ella lo miró a los ojos.
—Te amo.
Asintió.
—Lo sé—ella respondió.
…
¿Les gustó? Espero ansiosa sus comentarios. Nos falta el epílogo y entonces esto será todo por mi parte :)
Hablenme de sus dudas y las cosas que creen que pasarán.
Muchisimas gracias, dulzuras.
