Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.

Mocking the bounds

Epílogo

Bella se había olvidado del pollo en el horno.

Estaba mirando sus fotos por última vez antes de meterlas al sobre y cerrar la caja.

Su maleta estaba hecha, a un lado de la cama, como si pudiera olvidarla. El piso de su habitación estaba lleno de cajas y las paredes estaban vacías.

Se sentía como en otra habitación. Y se sentía nostálgica.

Esta no era la habitación que tendría por los próximos años, se iría de Forks y sólo volvería para Navidad y probablemente el verano.

No se engañaba y sabía que extrañaría a Charlie, extrañaría ver las gotas de rocío en su ventana cada mañana, extrañaría el cielo gris, el bosque estático, que siempre estaba allí, llamándola, tentándola a entrar y perderse.

Extrañaría la arena gris de La Push y el viento que traía agua y le mojaba la cara.

Ahora sólo tendría playas con arena amarilla y viento cálido.

Suspiró.

Entonces lo recordó.

— ¡El maldito pollo!—saltó y bajó las escaleras corriendo.

Abrió el horno pero ninguna cortina de humo salió.

El pollo estaba bien, había comenzado a tostarse más de lo necesario y probablemente iba a estar muy seco.

Lo sacó con ayuda de un guante y lo miró. No olía mal.

Se encogió de hombros y luego se dispuso a arreglar la mesa.

Charlie llegó cuando estaba poniendo los platos en su lugar.

—Hola, papá—lo saludó—espero que te guste el pollo seco.

— ¿Eso es algo nuevo?—Charlie entró a la cocina, poniendo los brazos en jarra—¿estás mejorando tus habilidades?

Bella lo miró feo.

—Me olvidé de él y nunca te he dado pollo seco.

—Eso es lo que tú crees—él dijo, revolviéndole el pelo.

Charlie fue a lavarse las manos y cenaron en silencio.

Bella iba a ir a dormirse tan pronto como terminara de cenar y cerrara todas las cajas. El vuelo a California saldría al día siguiente a las 2 de la tarde y tenían que estar con dos horas de anticipación, así que partirían a Seattle temprano por la mañana.

Edward estaba en California. Llevaba unos cuantos días allá, seguía viviendo con Garret y estaban grabando su primer vídeo musical.

Bella estaba emocionada, al igual que sus amigos, de verlo frente a la cámara.

Además, estaba terminando de grabar su disco y afinando detalles. El lanzamiento sería en Octubre 22 y Ryan le estaba pidiendo tenerlo listo con, al menos, un mes y medio de anticipación.

— ¿Estás emocionada?—Charlie le preguntó. Bella le sonrió.

—Por supuesto que sí, papá—respondió—estoy algo nostálgica pero ya quiero ir a la universidad.

— ¿Lo harás bien, cierto?

—Claro que lo haré bien.

—No te distraigas. No dejes que Edward sea una distracción.

—Prometo no distraerme.

— ¿Estás segura?

—Sí, papá—ella rodó los ojos.

—Oh y bueno… eh… toma tus precauciones.

—Si. Llevo el gas pimienta que me diste y compraré más allá.

—Qué bueno pero no me refería a eso.

— ¿No?—Bella frunció levemente el ceño.

—Me refería a que seas cuidadosa… con Edward…ya sabes, estás estudiando, eres joven… no querrás un bebé, ¿cierto?

— ¡Papá!—ella se sonrojó— ¿de qué hablas? No te preocupes por eso.

Él alzó las manos, en señal de paz.

—Es sólo que quería estar seguro, es decir, vivirán juntos y bueno, son jóvenes y…

—Papá—lo detuvo—está bien. No te preocupes.

—De acuerdo.

—De acuerdo—ella dijo y regresó la mirada a su comida.

.

.

.

Habían llegado al aeropuerto y estaban sentados, esperando su vuelo. Alice se iría ese mismo día también pero su vuelo salía más tarde.

—Los voy a extrañar—volvió a decir. Se miró las manos.

—Yo también te extrañaré—Rosalie le rodeó los hombros con su brazo—pero podremos hacer video llamadas.

—No es lo mismo.

—Es casi lo mismo—dijo Bella—además, estarás muy ocupada siendo una soltera universitaria viviendo sola en Nueva York. No lo desaproveches—Bella le palmeó la rodilla.

—No viviré sola—Alice se defendió—viviré con otras chicas.

—Es lo mismo—dijo Rosalie.

Para cuando se anunció la primera llamada del vuelo, Charlie se acercó a Bella y ella lo abrazó.

—Nos vemos después, papá.

—Cuídate—él reposó su mejilla contra su cabeza—y sabes que puedes volver cuando quieras. Siempre será tu casa.

—Lo sé, papá—Bella cerró los ojos y aspiró el olor a Old Spice y madera de Charlie—te extrañaré.

—Yo también, Bells.

Charlie le besó la frente y se alejaron.

—Sé feliz.

—Lo haré—ella le sonrió y tomó su maleta.

—Y estoy orgulloso de ti.

Bella sonrió.

—Gracias, papá.

Charlie sonrió y su bigote se movió.

Alice jaló a Bella para el abrazo grupal.

—No me olviden, por favor—Alice les dijo, había quedado en medio de todos—y me llaman siempre.

—Claro que si—Emmett le respondió.

Bella la besó en la mejilla y luego Rosalie la tomó de la mano.

Se dio cuenta finalmente de que no vería a Alice, la vería a través de una pantalla, ya no sería posible subirse a su camioneta y andar unas cuantas calles y tocar su timbre. Alice no viviría con ellos, ni sería su vecina.

Dejó que Rosalie la arrastrara hasta el pasillo de abordaje mientras pensaba en Alice, probablemente Edward dejaría de vivir con ellos también y eso le rompió el corazón.

Se estaba alejando de su papá, de su amiga, de su hogar y; a comparación de la última vez que dejó atrás su casa; en esta ocasión sentía un vació en el corazón.

.

.

.

— ¿Están viendo esto?—Jasper estaba mirando alrededor, por las ventanillas de la camioneta que los llevaba a su apartamento—miren todas esas luces—estaba sonriendo.

—Tengo un buen presentimiento—dijo Rosalie—esto se va a poner bueno—alzó la cabeza para mirar sobre el hombro de Jasper, que estaba dando brincos en su asiento.

Jasper se veía feliz, no había vuelto a mencionar a Lauren y Bella sabía que en realidad estaba bien. Probablemente estaba planeando hacer a California su nueva novia pero qué más daba, tenía un buen recuerdo de Lauren, había olvidado a Alice y tenía una gran sonrisa en su rostro que parecía que le iba a romper la cara.

Bella sonrió y miró a donde Jasper señalaba.

Era su complejo de apartamentos y la camioneta estaba disminuyendo la velocidad conforme se acercaban.

El chofer los ayudó a llevar sus equipajes hasta su puerta y Emmett le dio una buena propina.

Habían comprado pizzas en el camino del aeropuerto hasta acá y Bella se ocupó de llevarlas a la cocina vacía.

Miró el lugar y sonrió.

Un nuevo futuro se estaba abriendo frente a sus ojos y no podía estar más contenta.

—Andando, chica soñadora, toma tu maleta—Rosalie le dijo y Bella se acercó.

— ¿No estás emocionada?

—Jodidamente que sí. Mira este lugar, lo haremos nuestro—Rosalie se relamió los labios y fue a la sala, mirando alrededor.

— ¡De acuerdo! El chofer ya se fue y Jasper se perdió en algún punto de la camioneta hasta aquí así que comencemos a comer. Muero de hambre—dijo Emmett abriendo la caja de la pizza.

— ¿Cómo que se perdió?—Bella tiró su maleta al piso y la abrió, sacando unos vasos.

Rosalie abrió el refresco y Bella se acercó a la encimera.

—Pues venía justo detrás de nosotros pero algo le ocurrió.

—Extraño—Bella frunció el ceño.

Se fueron a sentar al piso de la sala y después de un rato, la puerta se abrió.

—Adelante, pasa—Jasper dijo.

Se miraron entre ellos, extrañados y luego vieron como una mujer de cabello negro entraba a la sala.

—Oh, hola—les sonrió.

—Hola—respondieron.

—Chicos, conozcan a María, es nuestra vecina—Jasper dijo—y no, no es mexicana. Muero de hambre.

Jasper fue a la cocina, con María pisándole los talones y luego volvieron.

Todos lo miraban, esperando una explicación.

Jasper suspiró.

—Conocí a María mientras venía hacia acá, es muy linda, ¿cierto?

—Si—Rosalie sonrió y la invitada le devolvió el gesto.

Comenzaron a entablar una conversación y María les estaba contando de lo buena que era la piscina cuando la puerta se abrió, interrumpiendo.

— ¡Hola!—Bella sonrió tan pronto escuchó su voz.

— ¡Edward!—dijo y se levantó rápidamente, corrió por el pasillo.

Edward le sonrió y la atrapó en un abrazo.

—Chica Bike—le dijo al oído y le besó los labios— ¿cómo estás?

—Bien—Bella lo jaló y Edward se sorprendió al ver a alguien diferente ahí.

—Hola—saludó.

Se sentó junto a Bella, en el piso, y miró a María.

— ¡Oh! Edward, ella es María, mi cita esta noche—Jasper la presentó.

Edward alzó las cejas y le sonrió.

—Hola, soy Edward.

—Ah, pero que descuido, no nos hemos presentado, soy Rose—Rosalie le sonrió—ella es Bella y el Emmett.

—De acuerdo—dijo María.

Estaban cenando en California mientras Alice estaba llegando a Nueva York. Probablemente, ahora estuviera esperando en el aeropuerto a que su Uber llegara. Estaba del otro lado del país, tan lejos de ellos.

Bella suspiró.

— ¿No extrañan a Alice?

—Si—Emmett dijo, mirando a la nada—probablemente ahorita estaría hablando aquí.

—Eso es todo lo que hace—Edward dijo.

—Por eso lo dije.

Edward rodó los ojos.

— ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que estabas ocupado.

—Sí, pero la luz ya se fue y necesitamos luz de día para hacer las tomas que faltan—explicó—mañana iré temprano.

— ¿Ya terminaste el álbum?—Emmett le preguntó.

Edward meneó la cabeza.

—No, tengo que grabar dos canciones más.

— ¿Eres cantante?—María le preguntó.

—Si—Edward dijo—bueno, algo así, mi disco sale en octubre.

— ¡Eso es genial!—ella dijo, con su voz ronca.

—Bueno, si nos disculpan…—dijo Jasper—María y yo tenemos que revisar algo en su habitación.

— ¿Algo como qué?—Emmett le entrecerró los ojos.

—Jasper me va a ayudar a mover mi librero—dijo ella.

El resto se rió.

—Eso significa que vamos a hacerlo—dijo Jasper, poniéndose de pie— ¿verdad que sí, María?

—Algo así.

— ¿Algo así? ¿Cómo que algo así?—le tomó la mano—tendremos que resolver eso camino hacia allá.

Jasper dijo y luego salieron del apartamento.

—Wow—dijo Rosalie—apuesto 100 dólares a que terminando la universidad Jasper va a tener tres tipos diferentes de Clamidia.

—Hecho—Edward dijo—Bueno, yo ayudaré a Bella a mover su librero.

— ¿Qué? No tengo un librero.

—Pues ahora lo tienes—dijo él.

Bella lo obligó a llevar su equipaje hasta su habitación y mientras ella sacaba su pijama de la maleta y su cepillo de dientes, Edward se sacó la camisa.

—Parece que tienes prisa—ella dijo—ya vuelvo.

—Prisa es mi segundo nombre.

Cuando Bella se cepilló los dientes y salió del baño, se despidió de Rosalie y Emmett.

—Buenas noches—ellos le respondieron.

Edward estaba acostado.

—Estoy cansada—ella dijo.

—Durmamos entonces—él abrió los brazos y ella fue hacia allí.

—Te quiero.

—Yo también te quiero—Bella respondió, mientras usaba el brazo de Edward como almohada en la cama de su nuevo hogar.

Y justo ahí fue cuando se dio cuenta de que la mejor decisión de su vida había sido ir a Forks. Su intuición le había tratado de decir algo el día en que lo conoció pero no había sabido qué. Tal vez trataba de decirle que se cuidara de él, porque Edward sería su perdición. Había jugado con fuego y no le había importado quemarse, al fin y al cabo, algo bueno saldría de esto.

De todas formas, amaba la espontaneidad de Edward, su impredecible jugada hacía de este juego el más emocionante y amaba la forma en la que la estaba mirando justo ahora, siempre tratando de encontrar algo en ella que le dijera que aceptaba ciegamente como él estaba burlando sus límites.

Estaba con él y planeaba estarlo siempre. El camino no iba a ser fácil, probablemente la distancia, el tiempo, los celos y la tristeza se iban a meter entre ellos pero estaban dispuestos a enfrentarlo, a no rendirse.

Al menos eso es lo que se habían prometido en la oscuridad de su cocina, en el cumpleaños de Edward.

Y, en realidad, no podían pedir algo mejor que esto.

Y esto fue todo por mi parte. ¿Les gustó? Espero que si.

Muchas gracias por haberme acompañado en esta historia, que si bien me tardé años en terminarla, me ha gustado bastante el resultado.

Ahora, me ausentaré por unos meses pero aun no he tomado la decisión sobre seguir en Fanfiction o no. Mi vida ha cambiado y sé que seguirá cambiando pero espero que sea cual sea la decisión que tome, sea la mejor.

Me despido y muchas gracias por todo.

Espero leer sus comentarios :D