Shidou, Origami y el matrimonio
Mientras elaboraba el desayuno, ya que era sábado y era su turno, su hija entró a la cocina para contarle algo muy emocionante.
—¡Papá, vi un fantasma! —dijo una niña de cabello azul corto y ojos azules que brillaban con ilusión, de hecho, su rostro parecía brillar.
Shidou Itsuka, el padre, era bastante similar a la niña, pero diferente por sus ojos cafés y porque su expresión era de consternación, parpadeó un par de veces y una gota de sudor apareció en su cabeza.
—¿En serio, Chiyogami?
—¡Sí! Yo lo vi, solo fue un instante, fue durante la noche y bajé a tomar algo de agua, ¡fue muy rápido! Solo alcancé a ver su cabello blanco, ¿o tal vez fue un vampiro entonces? Hmm… —Ahora que lo pensaba, alzó los ojos y se tomó de la barbilla para pensarlo un poco, luego miró a su padre, quien le observaba contento—. ¿Estás feliz por qué vea fantasmas…? Cuando se lo conté a mamá, se puso nerviosa…
Luego soltó una risa muy audible, mientras Shidou negó con la cabeza.
—No, no. Creo que no es algo bueno, pero es sorprendente. Espera, ¿mamá se puso nerviosa? —preguntó bastante interesado y se agachó a la altura de la niña de seis años, ella asintió con la cabeza—. ¿Por qué?
—¡No sé! —Y después volvió a reírse audiblemente, su risa llenaba toda la cocina y le hizo sonreír también—. Mamá es rarita.
Su padre no pudo evitar reírse y un segundo después, su hija también lo hizo. No era bullying, era solo la verdad y era tan gracioso que la pequeña también se diera cuenta, aunque viviendo juntos no era difícil adivinar esto.
Origami Tobiichi tenía dos personalidades conviviendo en su cuerpo, una se manifestaba cuando Shidou no estaba cerca y era la que más conocían sus hijos, una personalidad amable, linda y no muy seria que representaba un pasado. Y la otra era seria, callada e inexpresiva, era como tener agua fría y caliente.
—Bueno, Chiyogami, pero los fantasmas no se pueden ver, así que lo que viste anoche debió ser… Indudablemente… ¡Un espíritu! —dijo un poco emocionado y la niña se quedó con la boca abierta haciendo un ovalo y con los ojos bien abiertos.
—¿Un espíritu? ¿Es un no-muerto?
—Eso es un zombi, los espíritus son diferentes. No se sabe por qué aparecen y causan desastres cuando lo hacen, es muy difícil atraparlos y cuando lo logras, después ya no se quieren ir —explicó como si fuera un experto en el tema, lo cual era, en otro sentido.
—¡Que pesados! ¿Y qué es lo que quieren? —preguntó con una pizca de interés; los fantasmas eran mejores para ella.
—Hmm… Supongo que… Ser bienvenidos. —Sonrió por su respuesta, ella parpadeó un par de veces.
—¿Solo eso? ¡Suena fácil!
—Deberías hacerlo la próxima vez.
Y entonces, en la noche, cuando volvió a bajar a tomar agua, le pareció ver a un espíritu por el corredor, asomarse a la cocina, ella no lo sabía, pero era Origami vigilando que todo estuviera bien, sin embargo, era la personalidad cálida, así que no sabía ser una buena acosadora.
Chiyogami se giró y solo pudo ver parte de su cabello blanco, pero esta vez sabía qué hacer, así que tomó algo de aire.
—¡PASE, BIENVENIDO!
Y por el corredor se pudieron escuchar unas risitas, de una Origami que se cubrió la cara con las manos, aguantándose la risa y llena de vergüenza.
Hubo alguien más que reía, en el piso de arriba, un hombre que había orquestado todo esto desde la mañana y ahora solamente disfrutaba.
