Shidou, Origami y el matrimonio 2

Una mujer joven de largo cabello blanco y ojos azules que brillaban un poco en la oscuridad de este cuarto, se encontraba usando una blusa algo gruesa de color azul que le llegaba hasta medio muslo de tan larga que era.

Esta mujer estaba cargando a un niño pequeño y delgado en sus brazos, este tenía los ojos cafés y cabello castaño, vestía un pijama de rayas blancas con azul.

—Takeshi, ¿tienes sueño? —preguntó suavemente mientras seguía dando vueltas por el cuarto y acariciando su cabello para adormecerlo—. ¿Sabes? Mamá hacía esto cuando eras un bebé y siempre terminabas durmiendo muy tranquilo.

—¿Qué pasó con papá? —preguntó algo preocupado, pero con los ojos cerrados, poniendo de su parte también, para conciliar el sueño.

Origami se detuvo de dar vueltas, parpadeó un par de veces, ahora todo era claro, su pequeño hijo estaba preocupado y por eso no podía dormir.

—Takeshi, yo también extraño a papá, pero no te preocupes, regresará muy pronto. No lo vemos desde el desayuno, pero avisó por teléfono que iba a trabajar unas horas más, ¿recuerdas? —explicó con una sonrisa y llevó a su hijo hasta su cama.

Ahí lo dejó y tapó con la sábana celeste, luego se arrodilló en el suelo y acarició su cabeza, viéndole con cariño.

—Tu hermana ya se durmió y mañana hay escuela, así que tienes que dormir.

—Uum...

—Ya sé, me quedaré aquí hasta que te puedas dormir —dijo con una sonrisa y algo alegre, el niño sonrió con ilusión—. Eso solo si... Quieres.

—¡Sí, sí quiero, mami!

Origami entonces se acostó a su lado y también se tapó con la sábana, su hijo se sintió seguro y protegido, pero tardó en conciliar el sueño y como ella era más normal que antes, terminó dormida.

Para cuando Shidou regresó, solamente quería dormirse al lado de su esposa, pero no la encontró en el cuarto, le pareció extraño, así que pensó que seguramente estaría con alguno de sus hijos.

En el cuarto de Chiyogami no estaba, así que solo le quedaba el cuarto de Takeshi, donde sí que la encontró, sonrió cálidamente y se acercó para ver como dormía su hijo.

—Qué lindo... —susurró y antes de poder retirarse, fue tomado del brazo—. ¿Eh?

—Shidou, espera, iré contigo —dijo en voz baja, una persona completamente diferente.

—P-Perdón por llegar tan tarde, Origami...

—Está bien, ¿terminaste?

—Ah, sí... Se acabaron las horas extra, mañana volveré a la hora de siempre.

Origami sonrió y dejó la cama con una cautela de espía, su hijo ni lo notó. Luego ambos volvieron al cuarto que compartían como marido y mujer, y se quedaron dormidos.