Capítulo 9
‒ ¿Re…Regina?
‒ Emma. ¿Puedo entrar?
‒ …
‒ Tengo que hablar contigo
‒ ¿Que…tienes que hablar? ¿Aquí y ahora? ¿Con…Conmigo?
‒ ¿Puedo entrar?‒ repitió Regina
Emma se apartó, abriendo paso a la bella morena que dio unos pasos hacia adentro. Emma no se lo creía: después de días evitándose, ¿era Regina la que venía a ella?
‒ Yo…¿Qu…Quieres beber algo?
‒ No, gracias
Emma se quedó allí, inmóvil, sin saber qué hacer. Regina estaba delante de ella y apenas se atrevía a alzar la mirada hacia sus ojos…Hasta que escuchó la voz de Regina.
‒ Espero que no estuvieras durmiendo‒ dijo Regina. Evidentemente las ojeras y la mirada fatigada de Emma sin duda se debían a un sueño perturbado…del que ella misma era la culpable.
‒ No, no, aún no…
‒ Hope…
‒ Está aquí. Durmiendo‒ sonrió débilmente Emma
‒ Bien…
‒ ¿Qué quieres?‒ soltó de repente Emma en un tono más seco de lo que hubiera deseado.
‒ He venido a hablar contigo
‒ Creí que ya nos habíamos dicho todo. En todo caso, es lo que me dejaste entender antes de ayer, ¿no?
‒ Sí, yo…Bueno…Era complicado
‒ ¿Era? ¿Ya no lo es?‒ replicó Emma
‒ Las cosas…Han sensiblemente cambiado
‒ ¿En qué?
‒ Yo…
Emma percibió el nerviosismo de la bella morena. Muy pocas veces la había visto de esa manera. Dejó de lado su postura defensiva, y suspiró.
‒ Venga, siéntate.
Se sentaron en el sofá, cada una en un extremo, y Emma decidió darle tiempo a Regina. Ella se quedó, entonces, algunos segundos en silencio, callada, mirándola. Regina se trituraba los dedos, la cabeza gacha.
‒ Lo siento de verdad muchísimo
‒ ¿El qué?
‒ Haberte rechazado de aquella manera
Emma tembló. ¿De verdad iban a tener esa conversación ahora? Quizás fuera una señal del destino, según la dirección que esta tomara, la decisión de Emma sería irremediable.
‒ Lo he intentado, he perdido. Fui torpe y jamás debí haberte forzado de esa manera.
‒ No has perdido…‒ murmuró Regina
‒ Eso depende de lo que se tome por un fracaso…Si quieres decir que no he perdido nada porque no había nada que perder…
‒ No. Lo que quería decir es que no has perdido nada porque…‒ carraspeó ‒ Emma…Creo que…Yo…
‒ Hey, Regina, respira. Sea lo que sea que tengas que decirme, no es necesario que te pongas en este estado. Pareces estresada.
‒ Te tengo un enorme afecto, de verdad
‒ Eso jamás lo he puesto en duda‒sonrió débilmente Emma ‒ Ese no es el problema. Yo también te tengo afecto…Un poco más de lo que debería tenerse por una simple amiga.
‒ …
‒ No deseo que nuestra amistad sufra. Y…
‒ Emma, stop
‒ …
‒ Lo que iba a decir es que te quiero, yo también, un poco más de lo que pensaba. Emma se quedó callada. ¿Acababa ella de confesarle de verdad que…? No…Abrió la boca, pero no salió nada. Regina entonces continuó ‒ Creo que hace tiempo, pero…No podía explicarlo. Siempre admití que no serías sino una rival, después una aliada y al final una amiga. Estaban Robin, Hook…Tu matrimonio…Creo que, inconscientemente, dejé esa opción de lado, y a fuerza, la olvidé. Y además…Tú eres la Salvadora, y yo, la malvada de la historia.
‒ La antigua malvada. Ahora, eres amada y respetada en muchos reinos de los que te encargas porque fuiste elegida para ello.
‒ Sí, lo sé, pero…Está anclado en el inconsciente colectivo.
‒ Las ideas, las opiniones cambian. Los tiempos cambian. Mira, nadie dijo nada cuando presentaste oficialmente a Elsa en el baile.
‒ …
‒ Quizás…No sea una buena idea nombrar a tu ex ahora, eh…‒ suspiró Emma
‒ No, al contrario. Creo que es necesario…
‒ Necesario
‒ Mal me lo había, nada sutilmente, advertido.
‒ ¿Mal?
‒ Una rubia de ojos claros. Ella dijo, riendo, que ciertamente yo tenía un tipo de mujer. Y pensando en ello, creo, sinceramente, que no tengo ningún tipo…Solamente te tengo a ti.
El corazón de Emma saltó de su pecho
‒ ¿A mí?
‒ Sí, a ti‒ Regina se retorció un poco en el sofá, visiblemente igual de confusa como nerviosa ‒ Tienes, y siempre has tenido, un lugar en mi vida. Ciertamente no me di cuenta de la amplitud de lo que eso dejaba entrever.
‒ ¿Y ahora?
‒ Ahora, estoy perdida, totalmente, pero todo lo que sé es que…Cuando supe que estabas en San Diego, sentí un vacío, un miedo…Creí que era porque no sabía lo que hacías y que me preocupaba por Hope. Pero la verdad es que…No quería que estuvieras lejos de Storybrooke, lejos de…mí
Esa revelación sacudió a Emma. ¿Estaba soñando? ¿Estaba Regina…Declarándose? Se quedó quieta, silenciosa, con los ojos clavados en Regina.
‒ Solo quiero…Intento solo…‒ suspiró ‒ No sé cómo hacer. Muy pocas veces he tenido tan pocos puntos de anclaje.
‒ ¿Por qué no actúas como con Elsa?
‒ ¿Elsa?
‒ Quiero decir, parecías más…Cómoda‒ dijo Emma, con una pizca de celos en su voz
‒ La única razón por la que estaba tan cómoda con ella es porque…Lo que había en juego y la implicación no eran los mismos
‒ ¿Eso qué quiere decir?
‒ ¿De verdad, Emma?
‒ Sí, de verdad. ¿No sabes cómo hacerlo? Deja que te guíe. ¿Qué es para ti: no tiene la misma implicación?
‒ Contigo las cosas son más…intensas, más…Serias
‒ ¿Serias?
Regina suspiró
‒ Eres de verdad una pesada, ¿lo sabes?
‒ Lo sé. Es por eso que me am…― se calló de repente, imaginando la implicación que tal frase podría tener en ese momento preciso. Pero Regina comprendió y sonrió
‒ Sí, ya veo‒ después su mirada se focalizó en la mano de Emma y en el trozo de papel que sostenía ‒ ¿Qué es eso?
‒ ¡Oh, esto, nada!
Pero su respuesta había salido demasiado rápida como para ser creíble, y si Emma tenía el don de saber cuándo alguien mentía, Regina sabía muy bien cuándo Emma escondía algo.
‒ ¿Emma?
‒ No es nada.
‒ Lo sabes, he venido aquí para…Aclarar las cosas entre nosotras, pero si comienzas a mentir, no empezamos bien ‒Regina se había marcado un punto y Emma, con dificultad, le tendió el papel. Cuando Regina lo abrió y leyó, a medida que iba avanzando en su lectura, su expresión se hizo grave y acabó por doblar la hoja y mirar a Emma. ‒ ¿Pensabas de verdad marcharte?
‒ …
‒ ¿Emma?
‒ Es demasiado duro, Regina‒ confesó Emma, con lágrimas en los ojos ‒ Verte todos los días e inspirar ese desdén y ese odio…
El corazón de Regina se encogió
‒ Tú no me inspiras eso para nada, venga ya
‒ Bah, deberías haberte visto la cara cuando yo entraba en la misma estancia que tú. Evitabas mi mirada, perdías tu sonrisa. Era demasiado para mí
‒ Y entonces, ¿prefieres huir?
‒ Pensaba que era lo mejor para todo el mundo.
‒ ¿Para todo el mundo? ¿O solo para ti?
‒ …
‒ ¿Le habrías arrancado a Hope todo lo que conoce? ¿Y tus padres?
‒ ¿Por qué no dices de verdad la causa de que no quieras que me vaya?‒ refunfuñó Emma ‒ ¿No será por la misma razón por la que apareciste en San Diego?
‒ Lo confieso, sí, no me gustaría que te fueras. Porque…No quiero que te alejes de mí. Ni tú, ni Hope.
‒ ¿Era tan complicado?
‒ Es…Perturbador todavía
‒ Ah, ¿acaso eso es una declaración para ti? Perdóname, pero creo que la mía fue mucho mejor.
‒ ¿Quieres hablar de tu beso robado y la exposición de tus sentimientos?
‒ ¡Hey! Siempre es mejor que una confesión a medio tono haciéndolo pasar por un sencillo apego. En serio Regina. Parecías mucho más a gusto con Elsa…
‒ ¡Ya te he dicho por qué!
‒ Lo sé, pero eso no impide que sea…Desestabilizador
Regina tomó aire y se enderezó.
‒ ¿Quieres saber por qué? Porque tengo miedo
‒ ¿Miedo?
‒ Sí, tengo miedo. No sentía esto con Elsa, porque ella contaba menos para mí que tú. Lo que estaba en juego era diferente. Tú eres la Salvadora, nos conocemos desde hace tantos años, han pasado tantas cosas…Todo para que al final…Hoy me dé cuenta de que siempre has contado para mí, de muchas maneras.
‒ Quiero saber lo que represento ahora, Regina. Tú sabes lo que yo siento. Lo sé, es completamente de locos y retorcido que podamos imaginar un "nosotras". Pero quiero creer en ello. Porque desde que sé lo que siento, nada ha estado tan claro, pero también tan complicado. Y me pregunto si vale la pena…¿Y sabes qué?
‒ ¿Qué?
‒ Que vale la pena‒ sonrió Emma ‒ Porque ahora me siento entera. Estoy en paz con lo que siento. Oh, no reniego de mis sentimientos por Hook, pero no era nada en comparación con lo que siento ahora por ti. No sé…¿Tiene…Lógica?
El corazón de Regina se aceleró. Había escuchado declaraciones, pero esa la tocó profundamente.
‒ Emma…
‒ Sé que fui torpe, que fui impaciente. Pero…Te prometo no empujarte, tomarme tiempo. Solo quiero…Solo quiero estar segura de que no esperaré en vano.
Regina escuchó sus palabras, las asimiló y sonrió.
‒ Nos tomaremos tiempo. Y te prometo que no esperarás en vano.
‒ Entonces…Tú…
‒ Tomemos las cosas poco a poco. Comenzando por…Mulan.
‒ ¿Mulan?
‒ Lo que también me ha empujado a venir esta noche es porque, creo, que estaba celosa
‒ Entre Mulan y yo no hay nada. Jamás ha habido nada. Es una amiga.
‒ Una amiga muy tocona‒ replicó Regina
‒ ¿Huh?
‒ Os sorprendí en la comisaría este mediodía. Parecíais muy…Próximas.
‒ Oh, eso. Acababa de comunicarle mi decisión de marcharme de Storybrooke. Nada más. ¿En serio, Regina? ¿Después de soltarte todo aquello, piensas que habría corrido a los brazos de otra? ¿Crees que tengo tan pocos escrúpulos?
‒ …
‒ Solo tenía que confesarme con alguien…
‒ ¿Entonces ella lo sabe?
‒ Al igual que Mal, por lo que se ve
‒ Mal no hizo sino suposiciones, soltar el anzuelo a ver si picaba
‒ Y en este caso, picaste, ¿no?
‒ Cierto. Pero no soy de las de hablar de mis sentimientos
‒ Sí, lo he podido ver‒ ironizó Emma
‒ Muy divertido
‒ Pero justamente…Déjame tomar las riendas. Deja que te seduzca‒ se entusiasmó Emma
‒ ¿Seducirme?
‒ Cortejarte, si prefieres. Sacarte a un restaurante, al ciné, a pasear…Si vamos a hacer las cosas en orden, quiero hacer todo eso
Regina se enrojeció ligeramente y sonrió tímidamente
‒ Muy bien.
Emma se sintió, de pronto, avergonzada.
‒ ¿Está ok si hago…Esto?‒ posó sus dos manos sobre las de Regina y acarició con su pulgar el dorso de su mano.
Regina se estremeció. No era la primera vez que se sujetaban las manos, pero ahora ese gesto implicaba algo más especial. Sin embargo, esa sensación estaba lejos de disgustarle. Y eso la sorprendía. Y a fin de cuentas, quizás era lo que debía hacerse. Ella sonrió, lo que tranquilizó a Emma, y alzó su mano para quitarle un mechón dorado de su rostro. Las cosas parecían estar aún complicadas en su cabeza, pero no podía negar lo que sentía en su cuerpo: un ritmo cardíaco elevado, pinchazos en el vientre…Sí, eso era seguro, le gustaba.
‒ Es tarde…‒ susurró Regina ‒ Mañana será un duro día
‒ Sí‒ sonrió Emma
‒ ¿Sigues decidida a formar parte de la seguridad?
‒ Supongo que hacer una segunda salida del armario colgada de mi brazo estaría fuera de lugar, ¿no?‒ bromeó Emma
‒ Fuera de lugar, quizás no…Pero me gustaría que, de momento, seamos discretas. No es que me avergüence de nosotras, pero preferiría explorar lo que tenemos por vivir las dos solas, y no tener que escuchar las opiniones o los consejos de los demás. Quiero poder…Concentrarme en nosotras.
Emma no pudo evitar sonreír de oreja a oreja antes de acercarse dulcemente. Pero, al ver su movimiento de acercamiento, Regina entró en pánico y se desvió, como una anguila, hasta la puerta de entrada.
‒ De verdad tengo que irme
‒ Ok‒ dijo Emma, siguiéndola
‒ No has respondido. ¿Estarás presente mañana por la noche?
‒ Yo…Ya veré. No he elegido vestido
‒ Oh, ¿acaso pensabas ir de vestido? ¿Por propia voluntad?
‒ Ja ja, muy divertida‒ abrió la puerta y Regina sonrió ‒ Hasta mañana. ¿Nos vemos en tu casa para almorzar?
‒ Sí, Lucy no deja de hablar de Hope
‒ Ya, normal, es adorable, el vivo retrato de su madre‒ tras esa broma, Regina se alejó bajo la mirada de Emma antes de volver sobre sus pasos y acercarse a la rubia. Sorprendida, Emma no se movió un milímetro cuando los labios de Regina se posaron en su mejilla. El contacto no duró sino una fracción de segundo, pero ese sencillo toque la hizo estremecerse.
‒ Buenas noches
‒ Bu…Buenas noches. Hasta mañana
Regina le sonrió antes de desaparecer en su coche. Emma se quedó fuera hasta que el vehículo hubo desaparecido. Entró en la casa, con una sonrisa en los labios. Cuando vio la carta sobre la mesa de centro, la cogió y la rompió con placer. Por supuesto, nada estaba ganado y ciertamente tendría que luchar para poder disfrutar, pero valía con mucho la pena. Así que con el corazón ligero y la sonrisa en los labios se quedó dormida.
Por su parte, Regina volvió a su casa con el corazón latiendo a mil por hora. En su cabeza, una montaña rusa. Tantas emociones, sensaciones que se mezclaban. Por un lado, estaba aliviada por haberse declarado, o al menos haberle hecho saber a Emma que no estaba en contra. Y por otro lado, esa nueva relación conllevaba muchos cuestionamientos, miedos e inseguridades. Volver a comenzar una relación…
‒ ¿Dónde estabas?
Regina se sobresaltó al escuchar la voz de su hijo, sentado en las escaleras
‒ ¿Me espías?
‒ Eso no responde a mi pregunta‒ sonrió el joven ‒ ¿Y?
Regina hizo una mueca y desvió la mirada
‒ No tengo que rendirle cuentas a mi hijo.
‒ Hm…Ya veo…‒ sonrió él ‒ Espero que no hayáis peleado de nuevo
Ella se dio la vuelta, fusilándolo con la mirada.
‒ ¿De qué…?‒ pero era inútil, la sonrisa pícara de su hijo le señaló que era inútil seguir negándolo ‒ ¿Cómo?
‒ ¡Ah! Lo sabía
‒ ¿Has hablado con Emma?
‒ No, no fue necesario. Sabía que mi pequeño discurso sería eficaz.
‒ Mira tú por dónde…
‒ Entonces…Veo que no hay sangre en tu cuerpo, ¿es una buena señal?
‒ …
‒ ¿De verdad te vas a quedar callada? ¿Y crees que voy a dejar que te acueste así como así?
Regina suspiró y se sentó al lado de su hijo
‒ Yo…Le he dicho que le tengo afecto
‒ Ah, ah, ¿y?
‒ Y…No sé. Hemos hablado, nos hemos puesto de acuerdo…
‒ ¿De acuerdo sobre qué?
‒ En decir que…Que…Que algo puede ser posible entre nosotras
‒ Eso está bien
‒ ¿Eso está bien? ¿Es lo único que tienes que decir?‒ dijo asombrada Regina
‒ Lo importante es que seas feliz, y Emma también. Es lo que deseo. Es lo que siempre he deseado.
‒ ¿Crees que no lo éramos con Robin y Hook?
‒ Creo…Que fue una etapa necesaria para la felicidad que se os abre ahora. No digo que todo vaya a ser fácil, incluso será complicado…
‒ …Gracias por tus ánimos‒ refunfuñó la bella morena
‒ ¿La amas?
Regina, entonces, se tensó.
‒ ¿Qué? ¡No! En fin…Es demasiado pronto para decir eso. La quiero, mucho.
Henry sonrió
‒ Ok. ¿Tienes ganas de besarla?
‒ ¡Pero!
‒ Quizás ya lo hayáis hecho…
‒ ¡No! Henry, stop‒ Regina gruñó escondiendo su cabeza en sus manos ‒ No puede ser. ¿Cómo he venido a parar aquí, hablando de estas cosas con mi hijo?
Henry estalló en una carcajada
‒ Quién lo hubiera creído, eh…
‒ Para, por favor. No quiero para nada comenzar con ese tema, es demasiado…Personal
‒ Estoy contento de que lo sea. Personal, quiero decir
‒ …
Henry se levantó y se estiró.
‒ Bueno, ahora que sé que mi madre sale con alguien, yo…
‒ ¡No salgo con ella!‒ replicó Regina, avergonzada
‒ Aún no. Todo es cuestión de tiempo‒ sonrió él ‒ En todo caso, estoy contento por las dos. Y, no lo olvides, no estás sola. Si quieres hablar, estoy aquí
‒ Gracias
‒ Hasta mañana, mamá‒ se inclinó y le dio un beso en la frente antes de subir. Regina se quedó algunos segundos sentada en los escalones antes de subir a su vez. Cuando se desvistió y se metió en la cama, su teléfono, en la mesilla de noche, vibró.
Regina lo cogió y sonrió cuando vio un mensaje, sencillo, de Emma: "Buenas noches"
Sin esperar ni reflexionar, tecleó una respuesta básica: "Para ti también"
¿Sería ella como esas adolescentes de corazón palpitante cuando están cerca de sus amores? ¿Iba a estar enviando mensajes todas las noches? ¿Se convertiría en una mujer embargada de amor sintiendo mariposas en el vientre? Sonrió de oreja a oreja: daba igual, el simple hecho de haber respondido al mensaje le procuraba una sensación de bienestar y de alegría. Era lo único que le importaba de momento. Y con esa sensación se quedó dormida.
Ya no tenía la costumbre de tener tanto movimiento en la casa. Regina fue despertada por una música agitada que venía de la planta de abajo. Se incorporó y miró el despertador: muy pocas veces se había levantado tan tarde. Se enrolló en su bata y abrió la puerta, ya pudiendo oler el aroma a dulce. Cuando bajó, Lucy y Ella estaban en los fogones, preparando tortitas y donuts, mientras que Henry sorbía su café mirándolas con amor.
‒ ¡Ah, ahí estás! Casi subo a ver si aún estabas viva. No recordaba que te quedaras hasta tan tarde en la cama
‒ Será porque nunca lo hice
‒ Hm, entonces he de concluir que has dormido bien esta noche, con la mente serena. Me pregunto por qué…
Regina lo fusiló con la mirada antes de aceptar la taza de café que él le pasó. Ella bebió un sorbo antes de escuchar que su teléfono vibraba. Lo cogió y sonrió al ver la pantalla.
‒ Ohhh, qué mono…‒ hizo una mueca Henry
‒ ¿Que?
‒ ¿Mensajes? Parecéis dos adolescentes enamoradas
‒ Henry…‒ sermoneó Regina que, ofendida, dejó el teléfono. Su hijo, con una rapidez monstruosa, lo cogió ‒ ¡HENRY!
Ella y Lucy se sobresaltaron mientras Regina corría detrás de su hijo hasta el salón.
‒ Bah, mamá, ¿tienes algo que esconderme?
‒ ¿De qué estás hablando, por Dios? ¡Devuélveme el móvil, no seas niño!
‒ ¿No me digas que ya os mandáis mensajes atrevidos?
‒ Estás yendo demasiado lejos. No me obligues a…
‒ ¿A qué? Pero si sabes que no conozco tu pin‒ le dijo él riendo antes de devolvérselo.
‒ ¡Eres un pesado, de verdad! ¿Vas a estar jugando a esto hasta que te vayas?
‒ Solo estoy feliz por ti y por Emma
Regina recogió su teléfono, las mejillas enrojecidas por el esfuerzo pero también por la vergüenza.
‒ Sé discreto, te lo ruego. Ni nosotras mismas aún sabemos si…
‒ …¿Hacerlo público? Efectivamente sería desafortunado que pasara como con Elsa, durante un baile‒ rió él
‒ Cierto. De todas maneras, es demasiado pronto para eso. El baile es esta noche y nosotras no hemos…Definido lo que actualmente somos.
‒ No tardes
‒ ¿Perdón?
‒ En declarate. Conozco a Emma, es paciente, pero cuánto más pase el tiempo…
‒ Lo sé, lo sé…Solo que no sé cómo…
‒ ¿Qué? ¿La gran Regina Mills acaso tiene miedo?
‒ ¡Yo no tengo miedo! Solo estoy…Perdida.
‒ ¿Y si dejarás, por una vez, que los demás te ayuden y te guíen? Comenzando por Emma
‒ ¿Y sabe ella, de verdad, más que yo?
‒ Se declaró en primer lugar, te besó la primera. Para alguien que no tiene tanta experiencia como tú, creo que se las apaña bien.
‒ Bueno, no es como yo lo definiría. Fue torpe.
‒ Pero voluntariosa. Ella no sabe desenvolverse, cierto, pero quiere hacer bien las cosas.
‒ Ella quiere seducirme…‒ susurró Regina, como una confesión
‒ ¿Ah sí? Está bien, bueno, ¿no?
‒ Sí, por supuesto que sí. Pero es tan extraño. Aún me cuesta disociar el hecho de que podamos pasar de una sencilla cena entre amigas a…
‒ …¿Una cita? Es normal. ¿Hace cuánto…? Más de 10 años que os conocéis y nunca habéis sido más que buenas amigas. Traspasar esa etapa será importante y estresante. Pero como te he dicho, no estás sola.
‒ Lo sé, gracias
Su teléfono vibró de nuevo y Regina puso los ojos en blanco.
‒ ¡Por Dios, mira qué es impaciente!
‒ Ah, ah, te…Os dejo
Regina le lanzó a su hijo una mirada atravesada antes de encontrarse sola en el salón.
‒ ¿Qué le pasa?‒ preguntó Lucy cuando su padre volvió a la cocina.
‒ Oh, nada, solo está enamorada‒ sonrió él
‒ ¿Enamorada?‒ dijo asombrada Ella ‒ ¿De quién?
‒ Ah, eso…Misterio. Pero lo sabremos bastante rápido. Mientras…Chicas, ¿qué tal si nos preparamos para el baile de esta noche?
Ese día estuvo bastante cargado para que Regina pensara en Emma. Una vez que llegó a la oficina, tuvo que comprobar si cada reino tenía la intención de venir, si ningún incidente diplomático despuntaba por algún lado, si todos los preparativos estaban acabados. Apenas tuvo tiempo de ocuparse de su vestido.
Cuando tocaron a su puerta, apenas levantó la vista de su ordenador.
‒ Hey…Hola. ¿Te molesto?
Emma acababa de entrar, con una bolsa en las manos. Regina se incorporó y sonrió.
‒ No, entra. ¿No estás en la comisaría?
‒ Es la hora del almuerzo
‒ ¿Almuerzo? Pero…¿Qué hora es?
‒ Bah…Más del mediodía. Imaginaba, que siendo el día que es, ibas a olvidar alimentarte‒ dijo alzando la bolsa ‒ No sería muy bonito que te desmayaras en pleno baile. ¿Puedo?‒ preguntó dejando la bolsa en la mesa.
‒ Sí. Bueno, no. Aquí no, ven.
Ella invitó a Emma a seguirla hacia un pequeño saloncito, y una vez acomodadas en el sofá, Emma abrió la bolsa y sacó una gran caja.
‒ Pollo frito, ¿te apetece?
‒ ¿No tendrías algo más…Sano?
‒ Necesitas algo que te alimente. Debes aguantar hasta esta noche.
‒ Habrá un buffet.
Emma se encogió de hombros
‒ Como si fueras a detenerte en el buffet
Regina sonrió. Estaba aliviada de que esas pequeñas conversaciones estuvieran igual y que ninguna aparente incomodidad contamine sus interacciones.
‒ ¿Regina? Come antes de que se enfríe.
‒ Sí, gracias.
‒ De nada. Dudé en venir…
‒ ¿Por qué?
‒ Tenía miedo de que pensaras que soy de esas parejas pegajosas…Pero no soy nada de eso. Había ido a Granny's y pensé en ti, en fin, en tu estómago‒ sonrió la bella rubia
Regina hizo una mueca al escuchar "pareja" pero no dijo nada, Emma parecía haber pasado a otra cosa.
‒ Muy amable
‒ ¿Podemos considerar este almuerzo una primera cita?‒ soltó Emma a la ligera
Regina creyó ahogarse con un trozo de pollo antes de mirarla.
‒ Oh, ¿tú crees?
‒ Bah, no sé…Se parece. Quiero decir: tú, yo, solas aquí, compartiendo una comida. ¿Tú qué piensas? ¿Podemos decir que, oficialmente…Estamos saliendo juntas?
‒ Yo…No lo sé…
‒ Sin embargo sería irónico. Ni siquiera nos hemos dado un beso.
‒ Eso es falso. ¿Ya lo has olvidado?‒ bromeó Regina
‒ Bah…Ahora eso está lejano. Quizás habría que…Refrescarme la memoria, ¿huh?‒ Regina se tensó y Emma bajó la mirada ‒ Lo siento, demasiado pronto para este tipo de reflexión…
‒ Yo…Euh…
‒ No te preocupes, acabemos nuestro almuerzo tranquilamente
‒ Emma, yo…
‒ Stop, todo está bien‒ Emma agarró la mano de Regina y depositó en ella un tierno beso. Ese sencillo contacto hizo estremecer a Regina: sentir los labios de la bella rubia sobre su piel…No se imaginaba qué podría sentir en todo lo demás…Pero de momento, era incapaz de moverse.
‒ Dime que vas a venir esta noche‒ soltó Regina tras un momento de silencio
‒ Voy
‒ ¿De verdad?
‒ Sí. No tiene nada que ver contigo. Se lo he prometido a Hope‒ sonrió Emma
‒ Oh…Entonces genial
‒ Ya. Mulan está de acuerdo en quedarse vigilando.
‒ Mulan, eh…
Emma la miró fijamente, con una ceja arqueada
‒ ¿Celosa?
‒ En absoluto.
‒ Hm, ya veo…
‒ ¿Ves qué? ¡Me gustaría saberlo!
‒ Veo que aún te cuesta decirte a ti misma que soy tuya
Regina la miró
‒ ¿M…Mía?
‒ Evidentemente‒ Emma se encogió de hombros ‒ No hay nadie más. Y no habrá nadie más. Toma, ¿quieres el último?
‒ ¿Hm? No, gracias
‒ Venga, cógelo‒ dijo ella extendiéndole el último nugget.
‒ Emma, no insistas.
‒ ¿Y si insisto, qué?‒ sonrió con una sonrisa sádica la bella rubia
‒ ¿De verdad quieres jugar a eso?
‒ Come
Regina agarró con fuerza la muñeca de Emma
‒ ¿Y si no?
‒ …
Regina sonrió maliciosamente antes de acercar la muñeca a su boca y con una mirada hacia Emma, una mirada lánguida y llena de insinuaciones, atrapó entre sus labios el nugget.
‒ Gracias
Esa sencilla maniobra casi había hecho estallar el corazón de Emma. Sí, Regina podría también jugar y hacer perder a Emma, la bella rubia se dió cuenta. Su corazón latía a todo galope y parecía que Regina podía escucharlo tamborilear en su pecho.
Si ella quería jugar, entonces lo harían las dos, pensó Regina
‒ Yo…Debería volver a la comisaría‒ balbuceó la bella rubia
‒ Haz eso‒ dijo divertida Regina ‒ ¿Nos vemos antes del baile?
‒ Ni idea. Tengo trabajo y después, tengo que ocuparme de Hope
‒ Bien. Entonces nos veremos esta noche.
Se levantaron las dos al mismo tiempo y Emma caminó hacia la puerta.
‒ Gracias por la comida.
‒ De nada‒ ella se acercó a Regina, pero de repente dio un paso atrás ‒Hasta…Hasta esta noche…
‒ Sí
En ese momento preciso, Regina habría querido hacer un gesto, pero la vio alejarse. Se habría dado de bofetadas por ser tan torpe. Pero con lo que se quedó de ese almuerzo fueron los latidos y la excitación que sentía cerca de Emma. Ese pequeño juego entre las dos, esa naciente atracción, ese juego del gato y el ratón que ambas encarnaban a la perfección. Amaba eso, quería eso…Y mucho más aún.
‒ ¡Mamá, no puedo!
‒ Despacio, deja de moverte, si no, no podré atarlos
‒ ¡Pero duele!
‒ Cálmate. ¿No quieres ser la más bonita de las pequeñas princesas del baile?
‒ ¿Estará Papá Noel?
‒ No, cariño, él vendrá dentro de dos días. Entonces haremos una fiesta para celebrar su llegada.
‒ Pero, ¿habrá regalos de todas maneras?
Emma rió
‒ Sí, cariño, una montaña de regalos
‒ ¿Solo para mí?
‒ Oh, no, habrá para todo el mundo, para todos los niños presentes de otros reinos
‒ Oh…
‒ Pero en Navidad tendrás muchos de toda la familia. Ahora, si no quieres que lleguemos tarde, deja de moverte.
‒ Okayyyy… ¿Vamos a ver a Regina?
Emma sonrió, enternecida por el amor que nutría su hija por la bella soberana. Amor que también era compartido por su madre.
‒ Sí, evidentemente. ¿Hope?
‒ ¿Hm?
‒ ¿Qué dirías si Regina y yo…Fuéramos novias?
‒ Bah…Eso ya es
‒ Sí, yo…En fin…Imagina que nos mudamos, y que nos vamos a vivir con Regina en su casa, ¿estarías contenta?
La pequeña pareció reflexionar
‒ ¿Somos las tres?
‒ Seríamos, cariño. Y sí, estaríamos juntas, por supuesto
‒ Bah, sí, entonces
Emma sonrió de oreja a oreja y continuó peinándola. Después, una vez que su hija estuvo preparada, le tocó a ella. Había pensado mucho en su vestido: tenía que dejar a Regina sin respiración. Si las cosas tenían que avanzar, probablemente sería esa noche.
Lo que Emma no sabía es que, por su parte, Regina pensaba exactamente lo mismo. Esa noche sería LA noche donde todo comenzaría. Ella ajustaba los últimos toques de su indumentaria, y aunque Emma le había garantizado que ella le era totalmente devota, Regina quería que solo tuviera ojos para ella esa noche.
‒ Mamá, ¿estás lista? Te estamos esperando
‒ Sí, ya voy
‒ Wow…
‒ ¿Qué? ¿Es demasiado?
‒ ¡Estás espléndida! El rojo te va bien. A Emma le va a encantar
‒ ¡Para!‒ replicó Regina antes de suavizarse ‒ ¿Tú crees?
Como única respuesta, Henry sonrió y le tendió la mano.
‒ Vamos a llegar tarde.
Durante el trayecto, Regina parecía nerviosa. Henry no se permitió ninguna reflexión, pero sí pensaba en ello. Estaba feliz por su madre. Evidentemente, lo había estado con cada una de sus relaciones. Pero que confesara finalmente que Emma y ella eran mucho más que amigas, como si el universo las hubiera empujado la una hacia la otra…Pensándolo bien, todo tenía…Lógica.
Cuando llegaron a Arendelle, todo el reino estaba decorado para el momento. Cuando las puertas del castillo se abrieron, Regina se sintió satisfecha de su trabajo, así como del de Elsa. En el salón del baile, se erigía un enorme árbol cuyas ramas más bajas eran decoradas por los invitados con objetos personales o confeccionados por sus manos. Los regalos se amontonaban y en la sala caía una débil nieve, centelleante, que se fundía antes de aterrizar en los hombros de los invitados como en Navidad en Hogwarts, pensó Lucy.
‒ Wow, es magnífico‒ exclamó Henry ‒ Sigues haciendo maravillas
‒ Gracias
‒ ¡Oh, Dios mío, su Alteza! ¡Habéis llegado! ¡Vamos a anunciaros!‒ se dio prisa en exclamar uno de los sirvientes de Elsa.
Entonces resonaron los tambores y la atención del público se centró en la entrada.
‒ Su alteza, la soberana de los mundos reunificados, La Reina Regina
Todos se giraron hacia ella y aplaudieron.
‒ A escena, mi reina‒ murmuró Henry al oído de su madre. Esta sonrió débilmente y caminó, atravesando la muchedumbre hasta subir a un pequeño estrado donde la esperaba un trono. Saludó a los invitados y dio, de esa manera, la señal para que la velada comenzara. La música se escuchó, algunos comenzaron a bailar y otros tomaron de asalto el buffet. Algunos dejaban todavía sus objetos decorativos en las ramas del árbol, cosa que hicieron Henry y Lucy colgando un ángel hecho a mano por la joven.
Pasaron unos quince minutos y nada de Emma. Sin embargo, Regina había visto a Mulan haciendo su turno en los balcones. Se hizo un camino entre el gentío, saludando a algunos, antes de darse cara a cara con…
‒ Oh, Elsa
‒ Regina‒ sonrió débilmente Elsa ‒ ¿Cómo estás?
‒ Muy bien. El baile ha sido un enorme éxito. Felicidades.
‒ Felicidades a ti también. Las ideas fueron tanto tuyas como mías‒ concedió Elsa
Regina sonrió
‒ ¿Tu…Tu amiga no ha venido?
‒ Mi am…Oh…No
‒ ¿Por mi culpa? ¿Por mi presencia?
‒ Oh, no, no, no tiene nada que ver. Ella no es de…Grandes ceremonias: los vestidos, las reverencias…
‒ Hm, es más natural, digamos
‒ Sí, podemos decirlo así
‒ Estoy feliz por ti.
Elsa miró a Regina fijamente y pudo ver algo diferente en la bella morena.
‒ Pareces…
‒ ¿Sí?
‒ Diferente. Algo en tu mirada…Una chispa que me hubiera gustado ver cuando estaba contigo. ¿Tú…Estás con alguien?
Regina se sorprendió ante la facilidad con la que Elsa abordaba el tema.
‒ Oh, euh…
‒ Oh, perdón, ¿demasiado personal?
‒ No, no, yo…Es solo…Muy reciente
Elsa sonrió
‒ Ningún problema‒ pero cuando vio la mirada de Regina cambiar de golpe, la siguió para ver aparecer a lo lejos la silueta de una hermosa rubia, acompañada de una pequeña princesa ‒ Oh, ya veo…
‒ ¿Perdón?
‒ Era hora
‒ Qué, pero…
‒ Imagino que no hay nada oficial, si no, el rumor de la soberana y la salvadora juntas ya habría recorrido todos los reinos.
‒ Sí, es…en fin…
‒ No te preocupes. No diré nada, no me incumbe. Solo debes saber que estoy feliz por ti, te lo mereces, y mucho más con ella. Sé que todo irá bien.
Regina le sonrió cálidamente.
‒ Gracias. También te deseo toda la felicidad de la tierra. Yo…Voy a irme, nos veremos más tarde.
‒ Por supuesto
Dichas esas palabras, Regina atravesó la muchedumbre para llegar casi a la altura de Emma.
‒ ¡GINAAA!‒ Hope corrió hacia ella antes de pararse en seco y mirarla. Ella agarró su vestido con sus manos, y se inclinó torpemente para hacerle una reverencia. Regina, divertida, hizo lo mismo, con un gesto elegante. Cuando alzó la mirada, la posó en una Emma esplendorosa, con su vestido azul pálido de seda y tul, cuyo corset estaba atado hábilmente a la espalda. Sus cabellos estaban recogidos a un lado y tenían brillantina en ellos.
‒ Regina…Estás magnífica
‒ Tampoco tú te quedas atrás
En efecto, Regina llevaba puesto un vestido rojo escarlata, decorado con miles de lentejuelas. El corset, sembrado de piedrecitas de cristal, ofrecía un pronunciado escote que haría temblar la tierra. Sus cabellos estaban recogidos en un moño del que se escapaban algunos mechones. Evidentemente, llevaba puesta su corona y fue eso lo que llamó la atención de la pequeña.
‒ ¡Wow, es grande tu corona!
‒ ¿A que sí?‒ rió Regina
‒ Mamá, ¿podemos ir a ver el árbol? ¡Mira, he hecho esto para ponerlo!‒ Hope le tendió entonces una figurita en papel maché, pintada de blanco, en forma de cisne sembrado de lentejuelas. Sobre su cabeza una pequeña joya en forma de corona.
‒ Es magnífico
‒ Es un cisne, como mi apellido. Y la corona porque soy una princesa.
‒ ¿Quieres colgarlo?
‒ ¡Sí!
‒ Ven, entonces
Ella le tendió la mano y Hope la siguió con placer hasta los pies del árbol, las dos seguidas por Emma, en silencio. Regina alzó a Hope para que pudiera colgar su cisne en una rama libre de toda decoración.
‒ ¡Wow, es muy bonito! Mamá, ¿has visto?
‒ Es magnífico, cariño…Magnífico
Esa última palabra fue murmurada hacia Regina, quien captó el mensaje. Ella le sonrió antes de volver a centrar su atención en la pequeña.
‒ ¿Quieres bailar?
‒ Síiiii. Mamá, ¿puedo?
‒ ¡Claro! Si yo voy después
Regina la miró y le sonrió. Pero, cuánto más avanzaba la noche, la promesa no llegó. Regina fue constantemente acaparada por sus invitados. Emma no dejaba de mirar a Regina todo el rato, haciéndole llamadas, más o menos, discretas. Y aunque Regina las veía, no podía responder, y eso le encogía el corazón. Habría adorado bailar con ella, compartir un plato con ella…
Entonces, cansada de tener que batirse con un centenar de invitados, Emma prefirió tomar el aire y se eclipsó del baile para ir a esconderse en un invernadero no muy distante. Echó a andar por los pasillos llenos de flores, todas de un agradable olor. Se detuvo mirando hacia el cielo.
‒ ¿Estás ahí?
Emma se sobresaltó y se dio la vuelta
‒ ¿Regina? ¿Qué haces aquí?
‒ Te buscaba. Has desaparecido de repente así que…¿Algún problema?
‒ No, no…
‒ Emma
La bella rubia suspiró
‒ Me harté de esperar y de verte fardar delante de uno y otro
‒ ¿Fardar? Es mi deber, lo sabes
‒ Lo sé, lo sé…‒ suspiró Emma ‒ Lo siento. Es solo que…Es tan frustrante verte en ese magnífico vestido, verte reír…Y esa música…Ni siquiera puedo invitarte a bailar sin que eso se preste a confusión. Oh, sé que no es fácil y que hemos decidido tomarnos tiempo…
Se calló cuando vio a Regina tenderle la mano, sonriente.
‒ Princesa Emma, ¿me concedería este baile?
Emma se quedó quieta, con el corazón a mil. Después, ella sonrió
‒ Será un placer
Deslizó su mano en la de ella y mientras la música se escuchaba débilmente, pero suficiente para que ellas pudieran escucharla, Regina deslizó sus manos por la cintura de la bella rubia y la pegó a ella.
‒ ¿Ya te he dicho lo espléndida que estás con este vestido?
‒ Hm…Quizás. Pero…Me encanta escucharlo‒ sonrió Emma
‒ Estás magnífica esta noche. Y Hope…Qué princesita elegante
‒ Ella quería estar a la altura de la reina Regina
‒ ¿Oh, de verdad?
‒ Así como su madre, por cierto, que quería impresionar a su soberana.
‒ Y así ha sido.
Regina pegó un poco más a Emma a ella y, al sentir su cuerpo presionado contra el de ella, su corazón se aceleró. De repente, nada más contaba, la música estaba bien lejos, nada contaba más que el brillo de los ojos de la mujer que se encontraba delante de ella, esa mujer…
Alzó la mano y acarició su mejilla, rozando sus labios. Emma estaba absorbida por los trazos de Regina. Nunca la cicatriz sobre el labio superior de Regina le había sido tan atractiva. Su mirada se paró unos segundos en ella, y Regina se dio cuenta, y lo tomó como la señal que necesitaba para avanzar. Y a pocos milímetros se paró, como si tuviera miedo de que Emma cambiara de opinión, pero eso no estaba en la mente de la bella rubia. Así que, acabó con la distancia y sus labios se unieron finalmente en una explosicón de sensaciones, una más violenta que la otra. Todo estaba más amplificado: el toque, la dulzura de los labios, los latidos del corazón que traspasaban su pecho. Las manos que se aferraban a la tela de sus vestidos. Tras una fracción de segundo, Regina deslizó su mano desde la mejilla a la nuca de Emma para profundizar el beso. Emma suspiró de satisfacción, totalmente subyugada por ese beso, perdió pie. Había imaginado ese primer beso, pero las sensaciones imaginadas fueron totalmente subestimadas. Se estremeció y el vello en su brazo se erizó antes de que Regina se alejara.
‒ Wow…
‒ ¿Ha sido para tanto?‒ dijo, irónica, Regina
La bella rubia sonrió antes de, a su vez, acariciar la mejilla de la joven.
‒ Regina…Yo…
‒ Shhh‒ murmuró Regina ‒ Este beso…
‒ …Es el primero de una larga serie, espero
‒ Yo también lo espero
‒ Imagino que tienes que volver con tus invitados…
‒ Imaginas bien
‒ ¿Tendré derecho a otro momento como este a lo largo de la velada?
‒ No puedo prometerte nada. Pero, si no es así…Nos veremos mañana
‒ Sí…
Regina notó que Emma se sintió un poco desilusionada y frustrada. Se acercó y depositó un beso furtivo en sus labios.
‒ Prometido‒ Después salió.
El corazón de Emma no dejaba de latir a mil por hora. No podía contener su excitación y su alegría. Las cosas avanzaban y jamás había estado tan segura de su elección: sus sentimientos hacia Regina no dejaban de crecer y de fijarse. Sí, estaba segura, amaba a Regina. Sin embargo, debía ser paciente y no precipitar nada. Regina estaba más que receptiva y ese beso era la prueba.
Emma no podía sino soñar con pasar a la etapa siguiente y hacer avanzar más y más su relación. Tras haber esperado algunos segundos, también ella salió.
David buscó a su hija entre el gentío. Hope había preguntado por su madre y Snow ya no podía más. Cuando él se encontró con Regina, que salía del invernadero, con las mejillas sonrosadas y la cabeza en otra parte, y después a Emma, algunos segundos más tarde, igual de conmocionada, sonrió suspirando antes de ir al encuentro de Regina que se dirigía hacia el buffet.
‒ ¿Regina?
‒ ¿Sí?
‒ ¿Puedo hablar contigo unos minutos?
‒ Por supuesto
David la tomó ligeramente por el brazo y la condujo hacia una esquina de la estancia, lo que hizo fruncir el ceño a la hermosa morena.
‒ ¿Algún problema, David?
‒ Dímelo tú. ¿Voy a tener que sacar el discurso estereotipado, pero sin embargo eficaz de padre protector?
‒ ¿Perdón?
Él sonrió
‒ Bromeo. Estoy feliz por las dos.
‒ Pero, ¿de qué…‒ se calló cuando comprendió ‒ ¿Desde cuándo lo sabes?
‒ ¿Desde cuándo? ¿Debo decir desde que Emma me confesó tener sentimiento por ti, o cuando tú lo has hecho? ¿O quizás cuando os he visto a las dos salir del invernadero con esa expresión que me dice que habéis hecho más que hablar?
Regina desorbitó los ojos antes de ponerse roja de vergüenza
‒ Dios mío, David, no, nosotras…
‒ Hey, relax. Da igual, sois adultas y, espero que sea consentido.
Regina rió
‒ Así es, te lo aseguro
‒ Entonces, todo va bien. De todas maneras voy a tener que sacarte esa sempiterna frase, pero aún de actualidad: Si le haces daño, si la haces infeliz…
‒ Lo sé, lo sé…
‒ No, escúchame‒ dijo más serio ‒ Ella parece segura de sí misma, pero…Tiene tanto miedo como tú. Ella tiene muchas esperanzas en esta relación. No se puede decir que ninguna de las dos haya tenido mucho éxito en el amor. Pienso que esta relación puede ser un giro decisivo en vuestras vidas. Siempre os habéis necesitado la una a la otra. A veces para empujaros a superaros, otras para haceros comprender…Todo lo que sé es que vuestras vidas siempre han estado ligadas. Hoy, es el punto culminante de vuestra historia. Sé que os cuidáis la una a la otra, como la cosa más preciosa de vuestras vidas. Sé que tienes la fuerza y los medios para proteger a Emma y a Hope, no tengo ninguna duda de eso. Hope ya te adora, eso no es un problema.
‒ David…Gracias‒ soltó aliviada Regina ‒ ¿Crees que esta conversación sería igual por parte de Snow?
‒ Creo que las dos subestimais a mi mujer
‒ Digamos que, incluso con los años, tenemos un pasado complicado
‒ Sí, un pasado. Hoy las cosas han cambiado, tú has cambiado
‒ …
‒ Lo que digo es que no deberíais tardar en contárselo. Lo que sería penoso para ella es saber que es la última en enterarse.
‒ ¿Es el caso, no?
‒ Sí, pero será mejor que no se entere por ella misma‒ sonrió él
‒ Cierto.
‒ Bien, ahora que sé que las cosas son oficialmente oficiosas, debo ponerte en guardia, como todo buen padre haría
‒ David…
‒ No, no, no. Lo único que no puedo deciros es que…Toméis cuidado. En fin, ya sabes…
‒ Ok, stop. Es muy incómodo‒ dijo Regina falsamente irritada.
‒ Ja, ja, Regina…
‒ Stop. Tengo invitados que me esperan‒ mientras se alejaba, se detuvo en seco y dio media vuelta ‒ Y para que te enteres: no, no puedo dejar embarazada a tu hija como por arte de magia.
David se echó a reír antes de marcharse…Para reunirse con Emma y su mujer, rodeadas de los niños.
‒ ¡Hey, chicas!
‒ Ah, ya era hora, ¿dónde estabas?‒ le sermoneó Snow
‒ Charlaba con Regina
Emma se tensó al escuchar el nombre de la mujer y se tensó más cuando vio el discreto guiño que su padre le hacía. Evidentemente, Snow no se dio cuenta y Emma ciertamente no escaparía a una pronta conversación con su padre.
La velada transcurrió tranquilamente: todos bailaron, se divirtieron, bebieron y comieron hasta que grandes auroras boreales iluminaron el cielo. Después, siguió un espectáculo de fuegos artificiales durante el que Emma no tenía ojos sino para Regina, algo más alejada entre la multitud. Bajo las luces multicolores y las auroras, la soberana estaba más bella que nunca. Y tras ese beso prometedor, quería más, muchos más. Así que, se escurrió entre el gentío, discretamente, y llegó a ponerse detrás de la bella morena que, estaba segura, no la había visto acercarse. Entonces sonrió y lentamente, posó sus manos sobre las caderas de Regina.
Esta se sobresaltó, pero no se giró: nadie estaba tan loco para tocarla de esa manera, salvo una persona…
‒ Emma…‒ murmuró ella ‒ ¿Qué haces?
‒ Disfruto de este momento contigo. Quiero estar cerca de ti.
La respiración de Regina se entrecortó al sentir el aliento de Emma en su nuca. Deseaba ese momento, deseaba incluso más que eso. En cualquier otro momento, la habría tomado entre sus brazos, la habría colmado de besos y caricias, y juntas, con una misma mirada, habrían admirado ese espectáculo nocturno. Tantos actos no realizados por miedo a ser mal juzgadas. ¿Sería esa su vida? ¿Esconderse de otros para no herir la sensibilidad de nadie? ¿O solo debería ser paciente y esperar a que Regina estuviera lista?
Ese beso intercambiado no era sino el comienzo, ella lo sabía. Y ese instante, aunque podría ser diferente, era un regalo que había que aceptar. Así que, se contentó con sus manos en sus caderas, esperando que Regina, por su parte, sintiera lo mismo y tuviera los mismos anhelos. Su cuestionamiento no duró mucho cuando sintió las manos de Regina cubrir las suyas. Regina se dejó abrazar por Emma, tanto como la discreción y el pudor le permitían.
Estaba feliz, daba igual si podía mostrarlo al mundo entero, mientras Regina lo supiera. Una vez acabados los fuegos artificiales, acto que marcaba el final de las festividades, Regina saludó a sus invitados antes de volver a su casa.
‒ ¡Regina!
La bella morena se giró y vio a Emma y a Hope correr hacia ella.
‒ ¿Sí?
‒ No queríamos acabar la velada sin desearte buenas noches
‒ ¡Síp!
‒ Ha sido una noche encantadora‒ admitió Regina ‒ Un éxito en toda regla.
‒ Efectivamente. Me ha encantado la noche…Cada momento ‒ dijo Emma, recalcando esta última parte de la frase, cargada de segunda intención. Segunda intención que Regina captó enseguida.
‒ Emma…
‒ ¿Qué? Bueno, ¿nos vemos mañana?
‒ Ciertamente habrá muchas cosas que hacer…
‒ Tengo muchas ganas de verte mañana
Con su mirada de acero posada en ella, Regina se estremeció. ¿Desde cuándo Emma tenía tal poder en ella o…en sus hormonas?
‒ Muy bien
‒ Pasaré primero por la comisaría a que Mulan me dé el informe
‒ Entendido
‒ ¿Y yo, mamá?
‒ Oh, tú, podrás pasar, al menos, la mañana con tu abuela, hasta que yo acabe de trabajar.
‒ ¿Con Snow?‒ dijo asombrada Regina
‒ Bah, sí, ¿por qué?
‒ No, por nada…
‒ ¿Algún problema?
‒ No, no…
‒ ¿Regina?
‒ No pasa nada. Se hace tarde, deberíamos volver a casa.
‒ Ok. Entonces…¿Hasta mañana?
‒ Hasta mañana‒ confirmó Regina con una sonrisa. Y cuando ella se estaba acercando para besarla, David y Snow aparecieron a lo lejos…Retrocedió rápidamente ‒ Buenas noches…‒ después desapareció en su remolino de humo violeta. Emma se sintió frustrada, pero no lo dejó ver.
‒ ¿Regina se ha marchado?‒ preguntó, asombrada, Snow
‒ Oh, sí, ella…Estaba cansada. Ya sabes, un día duro.
‒ Sí, imagino. El baile ha sido un éxito‒admitió Snow ‒ Deberíamos volver.
Y fue lo que cada uno hizo. Emma arropó a Hope, y esta se quedó dormida en un santiamén. Después, la bella rubia entró en su habitación, se desvistió y se puso una larga camiseta antes de meterse en la cama. Pero apenas hubo apagado la lámpara de la mesilla de noche, una luz violeta apareció en su habitación.
‒ Pero, ¿qué…?‒ Emma encendió la lámpara y vio… ‒ ¿Regina? Pero, ¿qué…?
Recta a los pies de su cama, Regina, vestida con ropa más convencional, sonreía maliciosamente.
‒ Si hay una cosa que detesto es que me interrumpan.
‒ ¿Qué? Pero…
Con un movimiento fluido y rápido, Regina trepó por encima de Emma, aprisionándola con sus brazos, antes de inclinarse y besarla, un beso más apasionado que aquel que se habían dado unas horas antes en el baile.
Emma, totalmente sorprendida, se quedó estática unos segundos antes de posar sus manos en las caderas de su amada, acercándola mucho más a ella. El beso se intensificó y cuando la rubia estaba sintiendo las primicias de un beso olvidado desde hacía tiempo, Regina cortó el acto y se enderezó, dejando la cama, y a una Emma, atónita.
‒ Pero…
‒ Buenas noches, Emma
‒ ¡Espera, Regina!‒ exclamó Emma antes de que la bella morena desapareciera
‒ ¿Sí?
‒ ¿Vas…Vas a dejarme así? Quiero decir…¿Después…De esto?
Regina esbozó una sonrisa
‒ Evidentemente
‒ Pero…Estás loca, voy…
‒ ¿Qué? ¿A acabar sola? No te atreverías
‒ De verdad eres una…
‒ Cada cosa a su tiempo, princesa
Emma se calmó de repente y sonrió
‒ Hasta mañana, mi reina.
Y tras esas palabras, Regina desapareció. Ese momento, aunque breve, hinchó el corazón de la bella rubia. Si antes no estaba enamorada, en ese momento se habría enamorado. Sí, estaba feliz, así de sencillo. Pero también sabía que la situación en la que ambas se encontraban no podía durar más. Estaba orgullosa por haberse ganado el corazón de Regina, orgullosa y feliz por amar de nuevo. Quería decirlo, quería que se supiera. Sí, Regina tenía miedo, pero juntas, habían superado cosas peores. Sí, pronto todo el mundo lo sabría.
