Capítulo 10

Emma tuvo un despertar suave al día siguiente. Lo primero que sintió fue el labial de Regina sobre sus labios. El beso del día anterior le había traído dulces sueños, y llena de esperanza se levantó para afrontar ese día. Quedaba un día para la noche de Navidad, lo que quería decir un día para cerrar la lista de los regalos, acabar el menú o incluso ayudar en los últimos preparativos familiares.

Ese año otra vez Regina acogía a todo el mundo en su mansión. ¿Habría tenido tiempo de decorar la casa? Con el baile y todas las otras cosas. ¿Necesitaría que le echaran una mano antes de la llegada de Navidad? A lo mejor debía asegurarse de ello durante el día.

Cuando finalmente se levantó, Hope seguía profundamente dormida. Emma sonrió antes de descender y preparar un buen desayuno. Se contuvo para no llamar o mandar mensajes por miedo a parecer demasiado pegajosa. Cuando su hija se despertó y bajó aún con sus ojitos adormilados, la bella rubia la tomó en sus brazos.

‒ Cariño…¿No quieres dormir un poco más?

La pequeña, siempre malhumorada por las mañanas, sacudió la cabeza poniendo morritos. Se frotó los ojos antes de ver la montaña de tortitas aún humeantes delante de ella.

‒ Yo quiero…‒ balbuceó

‒ Claro, cariño

La sentó en su sillita alta y le sirvió dos tortitas que ella roció con sirope de chocolate.

‒ Hoy también vas con la abuela, ¿te acuerdas?

‒ ¿Por qué no puedo quedarme contigo?

‒ Porque yo voy a trabajar, tesoro

‒ ¿Por qué? Son las vacaciones…

‒ No para todo el mundo

‒ Oh…Yo quiero estar contigo

Emma lo habría adorado, pero también quería tener ese día en solitario para acabar sus compras de Navidad, sobre todo los últimos detalles para su hija.

‒ Entonces, ¿puedo ir con Regina?

‒ Ella también tiene trabajo, ya lo sabes. A ella le encantaría, pero…

‒ Oh…Ok…

‒ No te pongas así. La veremos mañana, ¿recuerdas?

‒ Sí…

‒ Bien. Tengo muchas cosas que hacer para mañana, así que vas a ir con la abuela, como estaba previsto, y nos vemos esta tarde.

‒ De acuerdo

Después, según lo convenido, dejó a Hope en casa de sus padres antes de marcharse a comisaría. Pero cuando bordeó Mifflin Street, dio media vuelta. No eran sino las nueve de la mañana, pero lo más seguro es que Regina ya estuviera en su despacho. Pero igualmente tentó su suerte y tocó, una vez, después dos…

Cuando ya se estaba dando media vuelta, la puerta se abrió.

‒ Hey, Ho…Oh….Lucy, ¿qué tal?

‒ Emma, bien, ¿y tú?

‒ Oh, euh…Yo…Me preguntaba si Regina estaba.

‒ Sí

‒ ¿Sí? Y yo que tenía miedo de que ya se hubiera marchado a trabajar.

‒ No, acaba de despertarse

‒ Oh, vale…Pasaré más tarde.

‒ No, no, entra. Ayer no te vimos mucho, así que…

‒ Ok, no quiero molestar…Es temprano.

Pero en su mente, Emma se estaba dando de bofetadas: se había olvidado totalmente que Henry, Ella y Lucy también estaban ahí. De repente se sintió incómoda, y mucho más cuando se halló a todo el mundo en la cocina, muy sorprendidos de verla ahí tan temprano.

‒ ¿Emma?‒ dijo asombrada Regina ‒ ¿Qué haces aquí?

‒ Oh, euh, yo…– echó una ojeada hacia su hijo que sonrió maliciosamente ‒ Solo quería…

‒ ¿Quieres desayunar con nosotros?‒ propuso Henry

‒ Yo…No quiero molestar

‒ ¡No digas tonterías, venga, ven!

Entró en la cocina, apenas se atrevía a mirar a Regina, y se sentó al lado de Lucy.

‒ Entonces, el baile, genial, ¿no?‒ dijo entusiasmada Lucy

‒ Sí, lo fue…Perfecto

Regina le mandó una sonrisa antes de tomar la palabra

‒ ¿Deseabas algo para venir tan temprano esta mañana?

‒ Bueno…Pensé que aunque era muy temprano todavía, ya estarías en la oficina…En fin, ya sabes…

‒ Me he tomado algunas libertades en el despertar, pero…Tengo unas horas que recuperar y los dos próximos días estarán bastante cargados.

‒ Sí, yo…Es evidente que serán ajetreados.

Henry notó la incomodidad en Emma y entonces comprendió. Carraspeó y se enderezó.

‒ Bueno, chicas, ¿y si vamos a vestirnos? ¡Tenemos compras que hacer!

‒ ¡Sí!‒ se entusiasmó Lucy desapareciendo escaleras arriba. Ella comprendió el mensaje y asintió también antes de subir.

‒ Bueno…Si teníamos dudas, ahora está claro. Está al corriente‒ sonrió Emma

‒ Cierto. Entonces, ¿por qué has venido realmente?

‒ Oh, bah…Te vas a reír…

‒ Prueba a ver

‒ Se me había olvidado por completo que Henry estaba aquí

‒ ¿Entonces esperabas que estuviera sola? ¿Para?

‒ Bueno, para nada en especial. Pensé que con los últimos acontecimientos, debías estar demasiado ocupada para encargarte de la decoración de la casa, por ejemplo, para Navidad, quiero decir.

‒ Hm, tienes razón. Pero Lucy se ha ofrecido a hacerlo hoy. Le he subido las cajas del sótano– dijo señalando con la mirada algunas grandes cajas en el pasillo.

‒ Oh, ok…¿Y la cena?

‒ Ya tengo el menú en mente

‒ ¿Las compras?

‒ Pensaba hacerlas este mediodía‒ sonrió Regina

‒ Oh, vale…Guay…¿Y los regalos?

‒ Ya todos hechos

‒ Ah…Bueno, está bien, si has logrado hacerlo todo…

Regina sonrió antes de dejar su taza, dar la vuelta a la isla y tomar a Emma por la cintura.

‒ ¿De verdad Emma?

‒ ¿Qué?

Ella se inclinó y la besó tiernamente, sacando un suspiro de satisfacción a la rubia. Después se separó y le acarició la mejilla.

‒ ¿De verdad tenías la idea de venir esta mañana para saber si necesitaba ayuda?

‒ Bah, sí…

Regina arqueó una ceja antes de reír y alejarse.

‒ Dios mío, Emma…

‒ ¿Qué?

‒ Tal potencial…Es como darle un ferrari a un niño

‒ Espera, ¿soy el niño o el ferraro aquí?

‒ Eres el niño‒ concluyó Regina ‒ Un niño al que se le conceden sentimientos con los que no sabe qué hacer

‒ ¿Eso quiere decir?

‒ Eso quiere decir…‒ Regina la pegó de nuevo a ella ‒ Que tendrías la posibilidad y el derecho de hacer lo que quisieras, si quisieras…

‒ Lo que quisiera con…

‒ …Conmigo

La sangre de Emma, literalmente, pareció abandonar su cabeza, como si un viento helado hubiera pasado entre sus orejas. Una tal bajada de tensión que creyó desmayarse. ¿Pensaba Regina encenderla de tal manera cada vez que se vieran? Sin embargo, solo hacía unos días, esa misma morena atractiva ni se atrevía a reconocer sus sentimientos.

‒ Pero…Pero…

‒ Entonces, Miss Swan, ¿encendemos una mecha sin saber qué hacer con la bomba que tenemos en las manos, hum?

Emma recuperó prestancia

‒ Una bomba, eh…Vaya…¿Te sobreestimas, no?

‒ ¿Ah sí?

Emma tragó saliva con dificultad

‒ Henry o Lucy podrían aparecer…

‒ ¿Tienes miedo?

‒ Un poco‒ confesó Emma. Regina, satisfecha, retrocedió y centró su atención en su taza de café. Emma sonrió: aunque pudiera aparentar estar incómoda, le gustaba ese pequeño juego entre ellas ‒ Entonces, ¿no necesitas ninguna ayuda, no?

‒ Si deseas pasar tiempo conmigo, solo tienes que decirlo

‒ No, en serio, solo quería ayudarte. Imaginé que con el baile y todo lo demás, probablemente no habrías tenido tiempo de ocuparte de las fiestas de Navidad. Y tenía razón‒ dijo ella barriendo con la mirada la estancia ‒ Menos mal que Lucy está aquí‒ sonrió ella

‒ Sí, menos mal. ¿Has terminado tú tus compras de Navidad?

‒ Me falta un regalo‒ respondió con naturalidad

‒ ¿El mío?

‒ Bueno, tenía uno, pero vistas las circunstancias, voy a cambiar

‒ ¿Las circunstancias?

‒ Bah…Tú y yo

‒ ¿Entonces somos una circunstancia?‒ dijo divertida Regina

‒ Sí, bueno…Quiero decir con eso…

– ¿Sí?

Emma suspiró entonces.

‒ Mierda…Soy yo la que se declara y al final eres tú quien da la talla…

Regina estalló en una carcajada.

‒ Así parece.

‒ Bueno, si no me necesitas, me voy a trabajar.

Rodeó la isla, y en un gesto natural, tomó el rostro de Regina entre sus manos y le dio un tierno beso. Después se marchó, dejando a Regina con la sonrisa en los labios.

‒ Y piensa que no da la talla‒ suspiró.


Cuando llegó a la comisaría, encontró allí a Mulan, ocupada en su despacho.

‒ Hey, hola, ¿en qué estás trabajando?

‒ En nada importante. Solo un informe del baile.

‒ ¿Ningún problema que señalar?

‒ Ninguno, a no ser los borrachuzos de siempre arrastrándose por las calles ya caída la noche.

‒ ¿En Arendelle?

‒ No, Storybrooke. Parece que creen que no queda nadie en la ciudad una noche como esa.

‒ ¿Consecuencias?

‒ Oh, nimiedades como vandalismo ligero, botellas y latas por todos lados, algunos graffitis…Nada que no pueda ser limpiado o reemplazado.

‒ Perfecto.

‒ ¿Y tu velada, cómo fue?

‒ Fue…Perfecta‒ sonrió bobaliconamente Emma

‒ Oh, ya veo…Algo me dice que Regina tiene la misma sonrisa pensando en el baile, ¿huh?

‒ Lo espero.

‒ ¿Eso quiere decir que las cosas son oficiales entre vosotras?

‒ Hala, no, aún no. Somos discretas. Pero pudimos estar solas un momento y…

‒ …Oh, oh, no quiero saber más.

‒ No, no es eso. Solo bailamos juntas y nos dimos un beso, nuestro primer beso verdadero. Y fue perfecto.

‒ ¿Crees que vas a tener que esperar mucho tiempo antes de poder anunciarlo?

‒ No lo sé. De momento, es raro: Regina parece poco segura en público, pero en cambio, cuando estamos solas las dos…Es otra historia.

‒ Ciertamente la frustración de no poder mostrártelo sin cesar.

‒ Sí, bueno, pienso que es también porque ella sabe lo que hace mientras que yo nado en aguas turbulentas en esta relación.

‒ ¿Creía que sabías lo que sentías?

‒ Oh, y así es. Sé que la quiero, y mucho más aún…Pero…Con todo lo que tiene que ver con el aspecto…Más técnico…

‒ Oh, ok…

‒ Jamás he tenido una relación con una mujer. Solo atracción, pero nada concreto, en todo caso nada como lo que vivo con Regina en estos momentos. Por eso tengo miedo de verdad a parecer una manazas frente a ella.

Mulan rió

‒ Oh, creo que no podría haber mejor profesora que ella, créeme

‒ No lo dudo.

‒ Estoy contenta por vosotras.

‒ Gracias. Por un lado estoy aliviada porque sé que ella me quiere, por no decir la palabra que comienza por A. Pero por otro lado…Comienzan los cuestionamientos y los problemas ligados a una nueva relación.

‒ ¿Cómo?

‒ Si estamos destinadas a vivir juntas: ¿quién va a mudarse? ¿Podremos agrandar la familia? Yo…Tengo en mente tantas cosas…

‒ Vas demasiado rápido. Apenas acabáis de empezar…Ahora que estáis juntas, aunque sea oficiosamente, nada os apura. Ella no va a echarse a volar.

‒ Solo…Solo tengo la impresión de haber perdido tanto tiempo.

‒ Me lo imagino. Pero si no quieres echarlo todo a perder, ten paciencia. No hay nada peor que una Regina puesta entre la espada y la pared.

‒ Ya…

‒ Habías dicho que tenías que cortejarla.

Emma se quedó estática y desorbitó sus grandes ojos esmeralda.

‒ ¡Mierda, tienes razón! ¡Voy a hacer eso! No será algo muy directo, y al mismo tiempo mostrará claramente mis intenciones.

‒ ¿Qué son?

‒ Bah…En fin, ya sabes…

Mulan sonrió

‒ Sí, ya veo.

‒ Tengo que encontrar algo

‒ Ya viene Navidad, puede pasar algo.

Emma sonrió

‒ Sí, en plena cena familiar…La cabeza de mi madre estará perfecta en medio del pavo humeante y del árbol‒ bromeó Emma ‒ No, voy a poner todo a mi favor. Voy a formar el decorado ideal. Y eso comienza por meter a mi hija entre las piernas de mi madre.

Mulan sonrió

‒ Efectivamente, sería un punto de partida

‒ No estoy segura de que le gusten las cosas románticas. Hablamos de Regina, imagino que ella es más bien…En fin, ya sabes…

‒ No, en realidad no. Desembucha

‒ Bah, es una mujer que le gusta tener las riendas. Ser la que dirige, la que decide. Ciertamente no le deben gustar las lentejuelas y las cosas superficiales.

‒ ¿En qué piensas?

‒ En algo…que mole un mogollón. Mierda…Jamás voy a estar a la altura…Voy a bloquearme, ella va a reírse de mí, me va a dar la patada…

‒ Stop, estás entrando en pánico por nada. Ella está totalmente rendida a ti.

‒ …

‒ Emma, no empieces a planificar planes imposibles. Pienso, sinceramente, que lo más sencillo será lo más eficaz. Regina está loca por ti, y solo por ti.

Emma suspiró

‒ Tienes razón. De todas maneras, tengo un problema…

‒ ¿Cuál?

‒ No tengo un regalo para ella…

‒ ¿No habías previsto nada?

‒ Sí, por supuesto que sí…Pero compré un regalo para Regina, mi amiga. No, para Regina, mi novia…

‒ ¿Y eso cambia algo? ¿Son dos personas diferentes?

‒ Hm, en realidad no. Pero lo que está en juego sí

‒ Creo que lo que ella ama de ti es tu forma natural. Si comienzas a cambiar…

‒ No es en realidad cambiar. Solo quiero satisfacerla.

‒ ¿Y con tu regalo ya previsto no sería el caso?

‒ Sí, bueno, eso espero…Pero…Quiero marcarme un tanto. Es nuestra primera Navidad juntas, oficiosamente, cierto, pero igualmente…

‒ Comprendo. Pero no cambies todo. Tendrás todo el tiempo para cubrirla de regalos.

‒ Lo sé, lo sé…Tengo miedo, pero al mismo tiempo quiero precipitar las cosas…Es extraño.

Mulan le dio un golpecito en el hombro.

‒ ¡Eso es el amor!


Storybrooke siempre tendría un lugar particular en el corazón de Henry. A pesar de sus deseos de aventura en su adolescencia, esa ciudad había sido testigo de cosas muy importantes para él: la llegada de Emma y todo lo que había desencadenado después, tanto positivo como negativo. Había decidido marcharse con su familia lejos de Storybrooke aunque Lucy era todo lo contrario a él y solo soñaba con una cosa: vivir aquí, entre todos esos reinos. Evidentemente cuando él era pequeño, las cosas eran menos atrayentes. No había reinos de fantasía…Solo Storybrooke y su avalancha de problemas, de malvados y de sorpresas.

Actualmente, él volvía a la ciudad con más placer y menos temor que antes. Pero, tenía que confesarlo, lo que más le emocionaba en esos momentos era el nuevo idilio de sus dos madres juntas. Evidentemente, cuando Emma llegó, cerca de diez años antes, jamás habría imaginado que esto se pudiera producir. Regina amenazaba sin cesar a la bella rubia, llegando incluso a querer envenenarla.

Pero, finalmente, ¿no se decía que solo había un paso entre el amor y el odio? En su caso, ha sido más de diez años, pero…Cuando se ama, no se cuenta, al parecer. Él siempre había notado una unión entre sus dos madres, y mucho más cuando las cosas se suavizaron para Regina. Todo comenzó a cambiar al regreso de Nunca Jamás, y en el discurso y la visión que Emma tenía de ella.

En verdad no fue una sorpresa cuando comprendió, y cuando su madre le confesó sus sentimientos por Regina. Todo se volvió lógico y, hoy, estaba feliz por ellas. Todo parecía haberse unido para que todos tuvieran su final feliz, como Emma siempre lo había deseado. Lo que era irónico, a fin de cuentas, ella siempre le había prometido ese final a Regina, solo que no tenía consciencia de que era ella ese final feliz. En cuanto a Regina, ella siempre había creído que su final feliz residía en un hombre. Después, comprendió que su final feliz no tenía nada que ver con un hombre, sino solo con todo el mundo, Storybrooke, sus amigos, su familia. Ahí residía la verdadera felicidad, y la llevaba tocando desde hacía más de tres años.

Pero ahora, Henry estaba convencido de que su verdadero final feliz era Emma. Su némesis desde hacía tantos años, irónico. El destino había jugado con ellas mucho tiempo. Ya era hora de que recibieran finalmente su premio. Estaba seguro de que todo se calmaría, todos serían más felices.

Si había un sitio que amaba en Storybrooke, era Granny's. Así que cuando llevó a Lucy, ese acto se pareció a un paso de poderes y de conocimientos.

‒ ¡Hey, Granny!

‒ El príncipe pródigo ha vuelto. Oh, pero…¿Acaso es esta la princesa Lucy? Pero si la última vez que la vimos…Eras un niñita. Y mírate…Eres una magnifica jovencita…

‒ Gracias. Esto está genial

‒ Sí, creo recordar que no os quedasteis mucho tiempo tras la reunificación‒ sonó como un reproche velado, pero Henry no se lo tuvo en cuenta. Pues, efectivamente, poco tiempo después de la coronación de su madre, Henry decidió marcharse a Nueva York. Eso inquietó a Regina, que siempre había querido tener a su hijo a su lado. Pero él había tomado su decisión y Regina solo tuvo que aceptar sus deseos de irse lejos, sus deseos de evasión. Era, después de todo, lo que lo condujo a otro libro, a otra historia, a conocer a Ella, a tener a Lucy. Ella se resignó y ya hacía más de dos años que él vivía allí, e intentaba volver tanto como podía.

‒ Entonces, ¿qué puedo hacer por vosotros?

‒ Hm…Un chocolate con canela para mí. ¿Lucy?

‒ ¿Una tortita de arándanos?

‒ ¡Muy buena elección! ¡Vuelvo enseguida!

Los dos se sentaron en la barra, Lucy escrutó el sitio con la mirada.

‒ Casi había olvidado lo guay que era esto. Papá, deberíamos venir más a menudo.

‒ Lo sé, cariño, pero sabes que con nuestros respectivos trabajos, tu madre y yo…

‒ …Sería guay si viviéramos aquí, ¿no?

‒ Lucy…

‒ Bah, ¿qué? Emma me ha hablado de su proyecto de la reserva y de ese hogar de acogida para los niños. Es muy guay, ¿no?

‒ Sí, por supuesto. Lucy…Nueva York es genial, ¿no?

‒ Sí, pero aquí…También hay muchas cosas geniales: ¡todos esos mundos! ¿Te das cuenta de que podría visitar y pasar de Arendelle a Nunca Jamás, de Agrabah a Oz?

Henry suspiró

‒ Más adelante, quizás, cuando seas más gran…

‒ ¡Ya tengo 13 años!

‒ Entonces, aún esperarás unos años

‒ Pero, ¿por qué?

‒ Porque…‒ dudó pero se contuvo: sí, Storybrooke era mágico, sensacional, envolvente…Pero también era peligroso. Cierto, desde hace varios años las cosas se habían calmado, pero sabía que las cosas podían rápidamente darse la vuelta. Ya ni contaba el número de veces en que su vida estuvo en peligro. No quería eso para Lucy. Es verdad que Nueva York también tenía su lote de peligros, pero…Nada podría ser tan radical como Storybrooke.

‒ Tienes amigos en Nueva York, tu escuela. Tu…Novio

‒ ¡Papá!

‒ Oh, venga, no es un secreto

‒ Para, es…incómodo

Henry estalló en una carcajada y golpeó amorosamente la cabeza de su hija.

‒ Te prometo que un día lo pensaremos. Pero de momento…

‒ Lo sé, lo sé…Entonces…¿Crees que todo el mundo está al corriente?

‒ ¿De?

‒ Emma y Regina

Henry se ahogó con la saliva, antes de mirarla

‒ ¿Qué estás diciendo?

Lucy lo miró con expresión segura

‒ Por favor…No soy una cualquiera, soy la hija de Henry Mills

El joven sonrió

‒ Ya veo…¿Se lo has dicho a alguien?

‒ No, claro que no. Pero lo veo guay. Pegan juntas

‒ ¿De verdad? ¿No te asombra?

‒ Te recuerdo que he leído el libro de cuentos tantas veces como tú…Sin contar tu propio libro. Os conozco a todos de memoria. Os he seguido…Para mí, era algo natural. Ellas…¿Cómo decirlo?...¿Se complementan? Como el Yin y el Yang, el Bien y el Mal…

‒ Ah, muy poético

‒ ¿Tú crees?

Henry le sonrió

‒ Estas Navidades serán particulares, eh…


Pero Henry no tenía idea de hasta qué punto esas Navidades iban a ser extrañas. Regina y Emma habían decidido no verse antes del día siguiente, lo que dio tiempo a Emma de encontrar un regalo y a Regina de preparar todo para las fiestas de la noche.

Y mientras que Lucy y sus padres se habían marchado a dar una vuelta y a unas últimas compras antes de la noche, Regina, sola en la casa, daba los últimos toques a la cena. Estaba en mitad de la decoración de su entrante, cuando tocaron a la puerta. Frustrada, gruñó antes de secarse las manos en el delantal, quitárselo, dejarlo sobre la encimera e ir a abrir la puerta.

‒ ¿Emma?

‒ Hey, ¿estoy adelantada?

Regina miró su reloj

‒ ¿Adelantada? Algo así…Llegas con más de una hora de adelanto

‒ Ah…Puedo pasar más tarde si quieres

‒ No, entra, ya que estás. ¿Hope?

‒ Duerme en el coche, he aprovechado para sacar los regalos antes de que los vea. ¿Puedo dejarlos aquí?

‒ En la solana. Voy a buscar a Hope

‒ Ok. Gracias

Emma despareció en la parte de atrás de la cocina con los brazos cargados de regalos, mientras que Regina se dirigió al coche de la bella rubia donde dormía apaciblemente Hope. Recordaba que ya desde bebé la pequeña no conciliaba el sueño sino cuando Emma la metía en el coche y daba la vuelta a la casa. A veces, cuando el insomnio hacía presencia en Regina, ella se ofrecía para acompañarla y hacer una ronda nocturna con Hope dormitando en la parte de atrás.

Pensándolo, ese tipo de cosas eran quizás una señal, ¿no? Como otros pequeños gestos, anodinos en su momento, pero que, ahora, adquirían algo más…Intenso.

Abrió la puerta y Hope, poco a poco, fue abriendo con dificultad los ojos

‒ …Gi…Na…

‒ Soy yo, cariño. Ven.

Hope se dejó llevar con toda confianza, hasta la casa. Una vez dentro, totalmente despierta ya, la pequeña se quedó admirando la decoración.

‒ ¡Wow! ¡Qué bonito! Mamá, ¿has visto?

Emma llegó justo a tiempo

‒ Sí, cariño. Todo lo ha hecho Lucy

Hope vio el inmenso árbol y se deshizo de los brazos de la bella morena para correr hacia él y admirar los pequeños objetos decorativos colgados de las ramas.

‒ Creo que es su período preferido, sin lugar a dudas.

‒ Yo también lo creo

‒ Yo…¿Podemos vernos…Cinco minutos?

‒ Ya nos vemos‒ sonrió Regina

‒ No, quiero decir…A solas…

‒ Oh…

‒ Me gustaría disfrutar del que será probablemente el único momento a solas de esta noche…

‒ ¿Y Hope?

Emma sonrió antes de dirigirse a la pequeña y encender la tele.

‒ ¿El Grinch, cariño?

‒ ¡Síiiii!

‒ Perfecto, no te muevas, mamá está aquí al lado

‒ ¡De acuerdo!

Dicho y hecho. Hope se sentó en el sofá delante del Grinch, y Emma volvió junto a Regina, delante de la puerta.

‒ Y ya está, hecho‒ cogió a la bella morena por la cintura y la condujo hasta la cocina. Apenas hubieron entrado, Emma la besó fogosamente ‒ Ya no podía esperar más. Ayer fue una verdadera tortura.

‒ Solo dejamos de vernos una tarde…

‒ Ya es demasiado

‒ Eres una cría.

‒ ¿Ah sí? ¿Acaso una cría haría…Esto…?

Pegó a Regina contra un armario y hundió su nariz en su nuca, respirando a pleno pulmón, el aroma afrutado de su amada. Depositó algunos besos discretos, lo que provocó que Regina emitiera algunos suspiros.

‒ Stop…Stop, Emma…

‒ ¿Por qué? ¿No te gusta?

Regina rió

‒ No es eso. Pero si insistes, no podrás asumir lo que seguiría.

‒ ¿Es una amenaza?‒ sonrió Emma

‒ Es una promesa.

‒ ¿Mamá?‒ Emma y Regina se quedaron quietas antes de girarse hacia la puerta donde Hope estaba de pie, mirándolas ‒ ¿Qué hacéis?

‒ Oh, euh…Nada, nada, cielo…

‒ Os dabais besitos…

‒ ¿Q…Qué? No, no, no, es…No es…

‒ Sois novias

La sangre de Emma se heló y se arrodilló delante de su hija.

‒ Hope…

‒ Está bien, ¿no? ¿Eso quiere decir que tengo dos mamás?

‒ Ohhh, no vayamos tan rápido, eh…Hope, mírame. ¿Es un secreto, de acuerdo? Nadie debe saberlo.

‒ ¿Por qué?

‒ Porque…Vamos a hacer una sorpresa.

‒ ¡Me encantan las sorpresas!

‒ Es genial, ¡eh! Entonces, para que la sorpresa tenga éxito, no hay que decir nada a nadie, ¿prometido?

‒ Prometido‒ después la pequeña miró a Regina y sonrió ‒ ¿Entonces nos vamos a mudar?

‒ ¿Mudar? ¿Cómo es eso, cariño?‒ preguntó Regina que, a su vez, se arrodilló delante de la pequeña.

‒ Bah, nos venimos aquí

‒ ¿Ah, de verdad?

‒ Sois novias, eso quiere decir que vais a casaros

Emma oscilaba entre la risa y el temor. ¿Cómo hacer huir a la mujer de tu vida, que detesta ser puesta entre la espada y la pared, tras tal declaración? No se atrevió a mirar a Regina. Así que, cuando esta respondió a Hope, se sorprendió

‒ Quizás sí. Un día, quién sabe. Pero de momento, debes mantener el secreto.

‒ De acuerdo

‒ Bien. Entonces, mientras esperamos a que Henry, Lucy y Ella vuelvan, ¿qué te parecería ayudarnos a preparar los tentempiés?‒ Hope rió ‒ ¿Qué te hace reír?

‒ Esa palabra…Tentempié

‒ Oh…Vale. Entonces, ¿quieres hacer los aperitivos con nosotras?

‒ ¡Síiii!

‒ Bien, vamos entonces

Regina cogió a la pequeña en sus brazos y la llevó a la encimera donde le dio las salchichas de cóctel.

‒ Envuélvelas con la pasta.

‒ De acuerdo

Emma asistía a esa escena con el corazón latiendo descontroladamente. Regina y Hope tenían tal sinergia, como si hubiesen estado destinadas a estar cerca.

Pasaron una hora cocinando las tres, riendo a carcajadas. Emma y Regina evitaron todo nuevo gesto tierno para no reanimar las preguntas y la memoria de Hope. Cuando Henry volvió, Hope y Lucy se marcharon a jugar en la habitación de esta última.

‒ Entonces, ¿la cena está lista?‒ preguntó Henry. Regina y Emma, lado a lado, lo miraron ‒ No, venga, dejemos esta farsa.

‒ ¿De qué estás hablando?

‒De vosotras dos.

‒ ¿De nosotras? ¿Crees que es…Una farsa?

‒ Oh, no, todo lo contrario. Pero ya sabéis que estoy al corriente de todo, que estoy feliz por vosotras y de vuestro lado al 100%

‒ Y bien…Tanto entusiasmo por tu parte es…desconcertante‒ dijo Regina

‒ Imagino que nadie está de verdad al corriente

‒ Oficialmente nadie

‒ ¿Y oficiosamente?

‒ Bueno…Está Mulan, Ruby…‒ confesó Emma

‒ Mal‒ completó Regina

‒ David

‒ ¿David? ‒se asombró Henry ‒ ¿Y Snow?

‒ Hm…Es uno de los puntos que hay que aclarar…‒ sonrió Emma ‒ No queríamos estropear todo ahora. Y es bastante reciente, entonces…No queremos precipitar nada.

‒ ¿Pensáis decírselo esta noche?

‒ No, para nada. Es una fiesta familiar con buenas vibraciones…Eso arruinaría todo.

‒ ¿Tienes miedo de que Snow monte un escándalo?

‒ En realidad no…Tengo miedo de que el ambiente se estropee.

Regina no dijo nada, pero Henry se dio cuenta de que algo la carcomía. Así que algo antes de que David, Snow y los niños llegaran, Regina se escondió en la cocina para encargarse de los aperitivos, y su hijo la siguió.

‒ ¿Algún problema?

‒ ¿Qué? No, ninguno

‒ Estás nerviosa

‒ No. No más que otras veces que recibo visita. Me gusta que todo esté perfecto, ya lo sabes.

‒ También sé que si hay algo que aún es un problema en tu interior es Snow

‒ ¿Qué? ¡Para nada!

‒ Lo que quiero decir es que sabemos que Snow y tú tenéis una relación particular desde el comienzo. Muchas cosas han pasado entre vosotras, mucho más que con Emma. Es más, Emma no sería Emma si no hubiera habido antecedentes con Snow. Al igual que yo tampoco, probablemente, hubiera existido sin todo eso.

‒ ¿Qué quieres decir?

‒ Quiero decir que, a pesar de lo que dejas aparentar, tienes miedo.

‒ ¿Miedo?

‒ Miedo de Snow. Miedo de su posible reacción cuando sepa lo tuyo con Emma. Miedo de que algo ensombrezca ese cielo azul que finalmente brilla por encima de ti.

‒ …

‒ ¿Mamá?

‒ No quiero hacer sufrir a Emma

‒ ¿Qué dices? No la haces sufrir.

‒ Es lo que puede pasar si acaso Snow se cierra y decide cortar los lazos. No quiero poner a Emma en la posición de tener que elegir entre su familia y yo.

Henry sonrió

‒ Estás totalmente equivocada. En primer lugar, no pondrías a Emma en esa posición, Snow lo haría sola. Y nunca tendría que elegir entre su familia y tú, porque, ¿adivina qué? Tú también eres su familia.

‒ …

‒ Mamá…Emma te ama‒ Regina se crispó ‒ Sí, lo he dicho: te ama. La palabra se ha dicho y debes creerlo. La única razón por la cual aún no te lo ha confesado es porque también ella tiene miedo de asustarte. Ella sabe muy bien que has vivido no pocas cosas, y no forzosamente buenas, en tus relaciones anteriores.

‒ …Yo…Sé bien y…Yo…

‒ Mamá, tú también la amas, no nos lo escondas más. Yo lo sé, tú lo sabes. Emma lo sabe probablemente también y vendrá el día en que os digáis esas palabras. Te quiere, y créeme, si aquí hubiera alguna elección, no dudo para nada de la suya.

‒ No quiero alejarla de sus padres. Sería otro reproche que me haría Snow…

‒ De hecho, no tienes miedo de herir a Emma, tienes miedo de Snow‒ rió Henry ‒ Creo que siempre has tenido miedo de ella. Porque ella siempre ha tenido lo que ha querido, y tú, en cambio, no. Y hoy, una vez más, tienes miedo de que ella diga que le has robado a su hija. Emma es lo bastante grande para tener su opinión.

Y cuando Regina iba a responder, Emma apareció.

‒ Hey, han llegado. ¿Algún problema?

‒ Ninguno. Nos preguntábamos si teníamos suficientes entrantes.

Evidentemente Emma no era ingenua, y al ver la expresión confusa de Regina, sabía que lo de los entrantes no era más que una excusa.

‒ ¡Vamos a recibirlos!‒ soltó Regina, cortando todo intento de Emma de saber más

‒ ¿Me explicas?‒ le dijo al hijo

‒ Teme el momento en que Snow se entere de la noticia sobre vosotras. Tiene miedo de que su reacción sea excesiva.

‒ Oh, ya veo…Voy a hablar con ella, a tranquilizarla.

‒ No, creo que ya está bastante tensa. Procuremos que esta noche salga bien.

‒ Sí…

‒ Regina, la decoración de tu casa es maravillosa‒ dijo Snow barriendo con su mirada toda la casa.

‒ Le tenemos que dar las gracias a Lucy, ella lo ha hecho todo.

‒ Tenemos delante a una futura decoradora de interiores a lo mejor.

‒ Quizás‒ sonrió la joven

‒ Estoy feliz de que todos estemos reunidos esta noche‒ Snow los miró a todos: David, Leo y Neal, Emma, Hope, Henry, Ella, Lucy y Regina. Toda la familia estaba reunida. Eran las primeras Navidades sin Hook. Sin embargo, ni Emma ni Hope parecían estar afectadas.

El aperitivo transcurrió bien entre anécdotas del año y risas. Cuando llegó el momento de pasar a la mesa, Regina se sintió aliviada al ver que ningún inconveniente había estropeado la noche…De momento.

‒ Hey…

En la cocina, Regina se apuraba con el plato principal, metiendo el pavo en el horno.

‒ Oh, estás ahí. ¿Puedes ayudarme y poner la mantequilla en el puré de zanahorias?

‒ Sí, por supuesto‒ obedeció antes de pegarse a la espalda de Regina y posar sus manos en sus caderas ‒ Hey, relax, ok…

Regina se crispó y la rechazó

‒ Para, aquí no, no ahora.

Emma frunció el ceño, pero no se enfadó. Recordó las palabras de su hijo sobre el miedo de Regina. Sonrió y le tomó la mano.

‒ Ok, lo siento.

‒ Yo…No, soy yo…Pero entiende…

‒ Sí, entiendo. Y tranquilízate, no hay ningún problema.

Ella le soltó la mano y de repente, Regina notó la falta. Esa situación la torturaba y sin embargo, solo estaban juntas desde hacía unos días.

‒ Emma, lo siento…

‒ Hey, ok. Lo lograremos. Lo que cuenta es que esta noche todo salga bien. Para el resto, ya veremos más adelante.

Y aunque Emma parecía tranquila, Regina sabía que todo eso la tensaba tanto como a ella. Así que cuando comenzó la cena, las dos mujeres solo tenían un temor: que a Hope se le escapara una palabra o una frase desafortunada. Pero, felizmente para ellas, llegó el postre y Hope cayó de sueño antes incluso de tocar el tronco de chocolate. Emma se ofreció para acostarla en la cama de Lucy, y tras eso, Regina se relajó visiblemente, un riesgo menos.

La conversación giró alrededor de la situación neoyorkina de Henry y los estudios de los niños. Regina se mantuvo discreta, esperando que la conversación no se centrara en ella. Pero pronto, Snow, sin saberlo, abrió las hostilidades.

Cuando la cena acabó y todos esperaban el postre, Emma se propuso para retirar la mesa, con la ayuda de su madre. En la cocina, Snow preguntó

‒ Entonces….¿Noticias de Hook?

‒ ¿Hm? No. En fin, envió una carta diciendo que pronto volvería. Pero ya ha enviado cartas como esas, una hace tres meses y seguimos esperando. En realidad, prefiero que se quede donde está.

‒ ¿Ah sí? ¿De verdad?

‒ Bah, ya no estamos mal. Quiero decir, Hope…

‒ A Hope quizás le gustaría volver a ver a su padre, ¿no?

En ese momento preciso, Regina se dirigía hacia la cocina y escuchó la conversación entre madre e hija.

‒ ¿Por qué dices eso?

‒ Porque quizás sea verdad, ¿no? No hace mucho tiempo te marchaste a San Diego para hacer balance

‒ Y te aseguro, el balance está hecho

‒ ¿De verdad?

‒ De verdad‒ sonrió Emma

‒ Estás…Radiante

‒ ¿Ah sí?

‒ Sí, da gusto verte. ¿Habría alguna razón?

‒ ¿Hace falta una?

‒ No forzosamente…Pero si eres feliz, tu madre adoraría saber la razón.

‒ Hm…Todo está bien

‒ ¿Acaso…Un asunto de corazón?

‒ ¿Me estás preguntando si tengo a alguien?

‒ ¿Es así?

‒ Podría ser

‒ ¿De verdad? Pero…¿Por qué no nos has dicho nada?

‒ Porque…Es personal, y no sabía que tenía que rendirte cuentas.

‒ ¿Lo conozco?

Emma se dio cuenta del pronombre usado por su madre, pero no dejó ver nada.

‒ Sí

‒ ¡Oh! ¿Es de este reino? En fin, me has entendido…

‒ Escucha, cuando quiera contártelo, lo haremos las dos.

Snow la miró

‒ ¿Las dos?‒ Emma se quedó quieta y Regina se golpeó la frente con la mano ‒ ¿Es…Es una mujer?

‒ Ah euh…¿Sí?‒ después tomó aire y se recobró, con más seguridad ‒ Sí, es una mujer‒ escrutó las reacciones de Snow. Esta mantuvo una expresión impasible antes de sonreír.

‒ Bueno, bien…¿Qué puedo decir? Si eres feliz…

Emma, sorprendida, arqueó una ceja

‒ ¿En serio?

‒ ¿Qué pensabas? ¿Que era homófoba? Te recuerdo que aconsejé a Ruby que fuera tras Dorothy. Como dicen: el amor es amor, da igual la forma, da igual el género.

‒ Oh, eh, bueno…Guay. Gracias

‒ ¿Hace mucho tiempo?

‒ Oh, no, no demasiado…Estamos más bien siendo discretas.

‒ ¿Por qué?

‒ Oh, ya sabes, el miedo a que nos juzguen, la mirada de los demás. Sigo siendo, a pesar de todo, la hija de los Charming, y la Salvadora…

‒ Hm, entonces ella tiene pesadas responsabilidades sobre sus hombros‒ bromeó Snow ‒ Y tendrá que tenerlos sólidos para soportar la próxima inquisición de los padres de la susodicha Salvadora.

‒ Ya, eso…No está todo ganado‒ refunfuñó la bella rubia ‒ Cada cosa a su tiempo, eh…Pero…Es guay si reaccionas así.

‒ ¿Qué? ¿Acaso es porque estaría desilusionada por no tener otro nieto? Somos bastantes modernos, sabes.

‒ Jamás he dicho lo contrario. Es solo que…

‒ ¿Qué? ¿Acaso tu compañera esconde un secreto? ¿Un cadáver en el armario?

‒ Euh…Todos tenemos, ¿no?

Snow frunció el ceño.

‒ Da igual, si no está casada, no es una psicópata o algo parecido…

‒ Sí…Bueno, ¿llevamos el postre?

Regina regresó al salón, algo turbada por las palabras de Snow. Esta parecía serena, pero la caída podría ser más dolorosa para Emma si, a pesar de las palabras de Snow, esta reaccionase mal cuando descubriera la identidad de la compañera en cuestión.

‒ ¡Hey, aquí estamos!‒ Emma estaba aliviada y feliz, pero vio la expresión turbada de Regina. Cuando todos comenzaron a dejar sus regalos debajo del árbol, una vez los niños ya dormidos, Emma se llevó a parte a Regina.

‒ Ha salido bien la noche, ¿no?

‒ Sí, completamente

‒ Pareces…Rara, ¿todo bien?

‒ Solo cansada. La acumulación de estrés, creo. Mañana estaré mejor.

‒ ¿Quieres decir: estaré mejor cuando tu madre ya no esté por aquí?‒ sonrió Emma ‒ Hey, he hablado con ella. Le he dicho que estaba saliendo con una mujer, ¿y sabes qué? Ha reaccionado genial.

‒ Sí, porque aún no sabe con quién sales.

‒ Hey, relax, ok. Todo va bien‒ Emma le tomó las manos

‒ Escucha, prefiero que esperemos un poco más…‒ dijo deshaciéndose de las manos de la bella rubia

‒ Tengo la sensación de que has sufrido durante toda la noche…Se supone que es una noche festiva llena de amor, de alegría. Pero no piensas sino en Snow. ¡Tomemos al toro por los cuernos de una vez por todas!

‒ ¡No! Esta noche no, te lo suplico.

Emma sentía pena por Regina. Verla fustigarse de esa manera. Tenía la sensación de que se castigaba aún por los hechos pasados. Se acercó a ella y pegó su frente a la de Regina.

‒ No has comprendido nada, creo, así que voy a explicártelo claramente‒ La miró a los ojos ‒ Te amo, Regina.

La bella morena se estremeció

‒ Emma…

‒ No te lo digo porque quiera meterte presión. Lo hago porque quiero que sepas que, pase lo que pase, estaré aquí, porque cuentas enormemente para mí. Cada vez que te veo, y mucho más con Hope, sé que he tomado la decisión correcta. Sí, porque es una elección, Regina, te he escogido. Hoy y para siempre.

Regina dejó caer una lágrima por su mejilla, inmersa en una emoción que no sentía desde hacía años.

‒ Oh, Emma…

‒ No estás obligada a responder de la misma manera, no es lo que espero. Solo quería que supieras lo que siento por ti. Porque si lo dudabas, ahora, ya puede estar segura‒ sonrió Emma ‒ Así que, ahora, volvamos, disfrutemos del fin de la velada y esta noche, quiero estar contigo. Y no estoy hablando forzosamente de sexo. Quiero estar a tu lado, pasar todo mi tiempo contigo. Nunca he estado segura en el amor, excepto ahora. Así que, no voy a rendirme tan pronto.

Le dio un beso rápido en la frente antes de volver a dirigirse al salón, dejando a Regina. Esta volvió unos segundos después, cuando el último paquete estaba siendo colocado.

‒ ¡Bien, los pequeños saltarán locos de alegría al despertar!‒ se entusiasmó David

‒ Y los padres no han acabado de babear‒ rió Henry

Emma se colocó al lado de su padre.

‒ ¿Todo bien?

‒ Sí, no puede ir mejor‒ murmuró Emma. David lanzó una mirada hacia Regina, y comprendió

‒ ¡Oh, muérdago!‒ gritó Lucy

Todos alzaron la cabeza y Emma se dio cuenta de que el muérdago estaba colgado entre ella y Regina.

‒ Ja, ja, sí, súper…Bien, vamos a acostarnos, se hace tarde.

‒ La tradición‒ rió David

Emma se paralizó

‒ Muy divertido…Bueno, vamos…

De repente, sintió una mano agarrar su antebrazo, haciéndola girar. Regina estaba allí, a unos centímetros de ella.

‒ Regina…‒ murmuró la bella rubia, comprendiendo lo que estaba a punto de hacer ‒ No estás obli…

Pero su frase fue cortada por un vigoroso beso de la bella morena. Tras un primer momento inmóvil, Emma aprisionó el rostro de su amada entre sus manos para profundizar el beso, cuando de repente, un grito se elevó

‒ ¡REGINA!

Ellas se separaron entonces y vieron el rostro horrorizado de Snow.