Removing obstacles
Los mocosos crecían rápido y aprendían sin mucho esfuerzo. Cualquiera que los viese bien podría pensar que tenían más de siete meses de edad.
Siete meses de edad.
Pese a reprocharse una y mil veces el hecho de aún no haberse deshecho de ellos, cada vez pensaba menos en matar a sus hijos. No eran demasiado molestos, después de todo, Harley los educaba muy bien, casi no lloraban o gritaban y siempre tenían reservada alguna pequeña ocurrencia para él, lo hacían reír. Al principio le había llamado la atención el modo torpe en el que ambos aprendían a sentarse y, posteriormente, a gatear. Fue un acontecimiento casi tan interesante como la aparición de sus primeros dientes y el inicio de la ingesta de comida sólida.
Con el desplazamiento independiente de los niños, llegaron las caídas y la terrible tarea de acondicionar la casa. Las armas y objetos filosos fueron removidos a habitaciones concretas, y los adornos delicados puestos a una altura prudente. El único sitio que se mantuvo intacto fue el despacho del Señor J, el cual ya no estaba en el sótano. Le parecía cómico el modo en que ambos mocosos se deslizaban por la mansión, huyendo de sus cuidadores y su madre, para llegar hasta su puerta y reclamar su atención. Tenían una especie de atracción hacia su cabello, de igual forma que con las puntas rosas y azules del de su madre.
Harley nunca se había sentido más feliz. Al fin había conseguido a la familia de sus sueños, una bastante alejada de lo convencional, una a la que amaba más allá de su locura. No podía esperar a llevar a sus niños a la escuela, a sacarlos de paseo, a anotarlos en la liga de béisbol que antaño fuese su favorita… Sabía que no sería sencillo conllevar aquello, pero se las ingeniaría para mantener en secreto su identidad y la de ellos.
Cada instante que vivía se transformaba en algo sumamente nuevo y atractivo.
Su Puddin mantenía el carácter distante, pero se dejaba querer por los bebés y nunca había osado hacerles daño. Su relación con JJ era muy estrecha, estaba casi segura de que lo veía como el legítimo heredero de su imperio.
¡Eso la llenaba de dicha!
Nunca se le olvidaría el día en que estaba buscando a su hijo por toda la casa, se le había escapado mientras dormía a su hermana. Había ordenado a sus hombres revisar cada sitio en el que podría haberse ocultado de ella, pero al final solo acabó por existir una única habitación sin revisar. Sus pasos la condujeron hasta el despacho del Joker, solo para encontrarse con la puerta entreabierta. Se había asomado con discreción, no quería importunar a su Puddin y las probabilidades de que JJ estuviese allí eran casi nulas. Y, sin embargo, en ese cuarto se encontraba. Sus manitas estrujaban con fuerza el pequeño juguete de Batman que el señor J usaba para practicar su puntería con los dardos. Estaba riendo bajo la absorta mirada de su padre, quien apreciaba la escena con mucho interés y hasta orgullo. Ninguno se percató de su presencia, ambos estaban absortos en el momento. Ocultó, con todas sus fuerzas, una risita pletórica al ver la fuerza con la que su bebé terminaba por decapitar al peluche. El Joker le aplaudió satisfecho en cuanto sus pequeños ojos azules buscaron el rostro paterno. JJ le regaló una mueca alegre en devolución.
-Así se hace, niño- le oyó decir al mismo tiempo que se inclinaba para estar a la altura de su hijo. Tomó la cabeza del muñeco y la arrojó lejos.
-Ha, ha, ha…- pronunció el pequeño rubio en una clara imitación de su padre. El Joker lo miró con los ojos abiertos y luego se echó a reír con fuerza. En verdad era una postal de lo más extraña, ver a ese hombre compartiendo un instante tan íntimo y familiar con el adorable bebé que sonreía en el suelo, contento de haber divertido a su padre.
-Tú serás un chico malo, ¿Eh?- afirmó sin pretender que JJ le entendiera. Una nueva ronda de carcajadas le fue dada por respuesta y con la tranquilidad de cualquier padre acabó por sentarse frente a su heredero- Si…- El señor J miró al bebé como si fuese un lienzo blanco y listo para ser utilizado por un artista. Puede que la niña no le sirviese de mucho, probablemente solo le acarrearía problemas, pero el niño… él era otra cosa- Estoy seguro de que podrías ser un pequeño monstruo…- Harley se apegó más a la puerta entreabierta, no deseaba perderse ni una sola palabra. El Joker llevó su mano tatuada al rostro rechoncho y sonrosado del infante para luego cubrir su diminuta boquita con la macabra sonrisa que tanto le encantaba utilizar.- La primera regla, niño- elevó su dedo índice, figurando el número mencionado- Ríe.- departió, JJ no podía entender nada de aquello, pero sin embargo no desviaba los ojos azules de su progenitor, se notaba a leguas su emoción por compartir tiempo con él. Normalmente, un crío le rehuiría a la imponente y macabra apariencia del Señor J, pero los mellizos parecían haberse adaptado a ella y además la encontraban notablemente atrayente. Los tatuajes sádicos e insanos que cubrían el cuerpo del payaso no eran más que dibujos divertidos para los pequeños, y su piel cadavérica les causaba intriga. Claro que era su cabellera esmeralda chillona la que se llevaba todo el protagonismo, pero lo demás también les interesaba.
Aún desde la puerta, Harley dibujó en sus labios una cálida sonrisa maternal y retrocedió sobre sus pasos para que ambos continuasen disfrutando su tiempo juntos.
-¡No me veas así, tenía que venir!- Exclamó su mejor amiga, la cual había burlado (probablemente matado) a la guardia sedentaria de su escondite para poder verla- ¡Desapareciste durante meses! ¡Y cuando regresas te limitas a salir por las noches con el cretino para luego encerrarte en este maldito lugar!
-Sabes que al señor J no le agradas demasiado, Ivy- repuso la rubia con tranquilidad mientras se recostaba en la cama, doblando sus largas y torneada piernas al descubierto. -¡Y no es ningún cretino!- La pelirroja rodó los ojos fastidiada e intentó no poner toda su atención en el cuerpo escultural de Harley, lo cual no le resultó demasiado difícil puesto que ella llevaba una camisa de su peor enemigo.
-¿Qué acaso no tienes ropa propia? – inquirió con notable molestia.
-Me gusta sentir el aroma de mi Puddin.- se excusó, realizando un movimiento de hombros coqueto.
-Vaya dependencia que tienes- pronunció decepcionada e irónica- ¿En dónde demonios te has metido tu autonomía?
-¡Oh, Corta con eso! – interrumpió la reina de Gotham mientras daba una voltereta, exponiendo momentáneamente su ropa interior- No has venido para regañarme, ¿O sí?- Pamela tragó saliva ante la visión que le ofrecía su, por desventura, amiga. Movió con una de sus manos enguantadas los cabellos que caían sobre su espalda y los acomodó sobre su omóplato derecho.
-No- le contestó- En todo este tiempo solo he recibido dos mensajes tuyos diciéndome que estabas bien pero que no tenías tiempo de verme…
-Ya te he dicho que he estado ocupada. – le escindió.
-¿¡En qué!?- Pamela elevó su voz y pisó el suelo con fuerza, demostrando su disconformidad ante esa simple respuesta.
-Tú sabes… cosas. – Poison Ivy era su amiga, pero sabía de antemano que la idea de los bebés le agradaría menos que al Joker.
-¿¡Qué tipo de cosas, Harley!? ¡No pongas a prueba mi paciencia! – gruñó- Mejor dime la verdad: ¿El bastardo ha vuelto a encerrarte? ¿Debieron hospitalizarte por su culpa? ¿Te prohibió visitarme?...
-No, no y no.- respondió el arlequín sin abandonar su calma. – Te noto muy tensionada, Red.- comentó- Ven, siéntate conmigo- palmeó el colchón con su mano y la hiedra apartó el rostro disgustada.
-No pienso sentarme en el sitio donde él te folla- escupió mordaz, Harley bufó condescendiente y se puso de pie para luego tomarle de la mano y arrastrarla a un sillón cercano. La pelirroja nuevamente se cruzó de brazos enfurruñada- No caeré en eso, apuesto a que te ha cogido en cada sitio posible de esta puta habitación, ¿Por qué crees que tengo plantas venenosas en los pies? No quiero contaminarme.
-No te importó que me acostase con él cuando vivía contigo y te la pasabas entre mis piernas- Le recordó descaradamente, haciéndola enrojecer. Ella amaba a su Puddin, pero la relación lésbica que había mantenido con su mejor amiga tiempo atrás también había sido divertida. Poison Ivy liberó un suspiro agotado y accedió a ocupar un sitio en el borde de la cama, junto a Quinn. La rubia enredó los brazos en su cuello y la apretó en un abrazo compasivo.
-Lamento estar tan molesta- se disculpó la hiedra- Es solo que no sabes lo que he pasado todo este tiempo… Sin novedades de ti más que dos cartas que no explicaban nada….- sus hombros bajaron, indicando su estado abatido. Las flores que asomaban por la ventana comenzaron a marchitarse- Creí… Creí que él te había matado- Harley liberó una risita y acarició la espalda de su amiga, comprendiendo su preocupación.
-Mi Puddin jamás haría algo como eso, Red…- pronunció.
-Quisiera poder hacerte ver que no estás en lo cierto- Se deshizo del abrazo- Ya apártate, hueles a él… - comunicó con una mueca asqueada. El arlequín liberó otra pequeña carcajada y escondió su nariz en el cuello de la camisa, aspirando sonoramente.
-¿Verdad que su aroma es increíble?- preguntó mientras se ponía de pie y comenzaba a tararear una melodía extraña, agitando su cabello recientemente coloreado. Poison Ivy negó para sí misma, era obvio que ella estaba tan enferma como él. Pero prefería que fuese de ese modo, si Harleen Quinzel volviese a surgir la perdería de todas formas, una mujer como la ex psiquiatra de Arkham jamás querría compartir su vida con la mortífera reina de las plantas. Necesitaba salvar a Harley de ese infierno que ella confundía con un paraíso rosado y repleto de amor. El Joker la manipulaba y usaba a su antojo, las cosas no podían seguir estando de esa manera.
-Harley- la llamó mientras le tomaba las manos y volvía a hacer que se sentara. – ¿Alguna vez te he hecho daño?
-¡Nop!- contestó risueña, sin entender a donde quería llegar su amiga.
-¿Alguna vez te he abandonado a tu suerte? ¿Alguna vez te he echado de casa?- buscó hacer un contacto profundo con los ojos de su compañera- ¿Alguna vez te he fallado o te he dado motivos para pensar que no te quiero?
-¡Nop!- volvió a responder ella con la misma soltura.
-Entonces ven conmigo- le acarició las manos que mantenía apresadas entre las suyas, el arlequín enserió su rostro de alabastro- Vámonos las dos, ahora. Será todo como antes, éramos felices ¿Lo recuerdas?- La rubia asintió pensativa- Robaremos cada centavo y joya de Gotham, viviremos ocultas en nuestra casa del basurero tóxico ¡O en cualquier parte del mundo! – Exclamó de improviso- Eres la única persona que me importa casi tanto como mis plantas… Lo sabes.- Harley volvió a inclinar la cabeza en un ademán de aceptación. – Si realmente eres consciente de ello, di que sí. – Harley retiró sus manos y las llevó a su regazo.
-No…- pronunció débilmente, haciendo que su compañera frunciera el ceño.
-¿Por qué no? ¿Acaso no puedes? ¡Harley déjame acabar con ese payaso y…!- La novia del Joker puso un dedo sobre los labios carnosos de su compañera, indicándole silencio.
-Puedo- musitó- Pero no quiero. – Caminó hasta la ventana, dándole la espalda- Soy feliz aquí, Red, puede que no me creas pero de verdad lo soy- Pensó en sus dos pequeños, y en los diminutos detalles que el Señor J denotaba como cambios.
-Me encantaría poder decirte que un día volverás a casa llorando y explicando que él te rompió el corazón- meditó su compañera- Pero te lo romperás tu misma por esperar algo que no te puede dar…
-Estás equivocada.
-¡No, tú estás equivocada!- rebatió con exasperación- No pienso dejarte en este lugar… Harley tienes que entrar en razón y…- Una sonora y conocida carcajada estalló en la habitación, sobresaltando a ambas. El Joker reposaba despreocupadamente en la entrada. La hiedra le envió una de sus acostumbradas miradas cargadas de desdén y odio mientras que el Arlequín se abría paso hasta él.
-¡Puddin!- expresó feliz, extendiendo sus extremidades. Él la empujó para luego tomarla con fuerza por el brazo, la pelirroja gruñó en su sitio. Harley liberó un quejido y luego recompuso su misma sonrisa de siempre- ¡Llegaste temprano!
-¿Qué está haciendo este vegetal en mi cuarto? ¡En mi casa!- estalló el hombre.
-Ella solo quería verme…- respondió la muchacha, encogiéndose en su sitio. El Joker, que habitualmente sonreía en todas las situaciones posibles, no demostraba una sola pisca de humor en su rostro. Lo había oído todo, o al menos lo suficiente como para ponerse en alerta. Esa cosa nuevamente estaba tratando de llevarse a su juguete favorito. – No te enojes, Puddin, hace tiempo que no tenía noticias sobre mí. Sólo quería asegurarse de que no estaba enferma o algo…- El hombre de cabellos verdes curvó sus labios con presunción y deshizo el agarre férreo que tenía sobre el brazo de su pareja solo para mudarlo alrededor de la femenina cintura. Harley trasladó una de sus manos al pecho de su Puddin, mientras que la restante envolvía los dedos que reposaban posesivamente sobre sus caderas.
-Harley… muñeca, pastelito… ¿Cómo podría enojarme contigo? – la rubia liberó una exclamación satisfecha y chillona antes de esconder su rostro en el cuello de su amado. El Joker aprovechó la situación para enviarle una mirada arrogante y victoriosa a su adversaria.
-¿Entonces no estás molesto?- preguntó el Arlequín, buscando completa seguridad.
-Claro que no, cielo- respondió esbozando una sonrisa galante en tanto elevaba una de sus manos y acunaba la mejilla femenina- Solo estoy un poco sorprendido, es todo. No esperábamos visitas- Hiedra resopló disgustada desde su sitio, a leguas era capaz de notar la manipulación innata del hombre ¿Por qué Harley no lograba verlo? – Pero, ya que nuestra visitante está aquí, deberíamos ofrecerle alguna bebida, ¿No crees?- el arlequín amplió su sonrisa y se dio un impulso portentoso para llegar hasta los labios de su Puddin, en donde plantó un beso fogoso. Él, sin dudarlo un solo minuto, le correspondió con la misma intensidad, enredando su lengua con la ajena en una batalla placentera. Mientras la besaba, abrió sus ojos y volvió a fijarlos en la mujer pelirroja, remarcándole lo evidente: MIA. Harley se separó casi sin aire y con los fanales brillando de ilusión.
-¡Me alegra tanto que empieces a llevarte bien con Ivy, Puddin!- la rubia extendió una de sus manos y tomó a su amiga por el brazo, arrastrándola hasta donde ambos se encontraban. El Joker y Poison Ivy no demoraron en verse envueltos en un apretujado y meloso abrazo por la fuerza. Los gruñidos de ambos se unieron al encantado parloteo de Harley- ¡Sé que pronto serán los mejores amigos que puedan existir! – El hombre de cabellos verdes la apartó moderando su fuerza, tenía que seguir su papel. Disimuladamente obligó a su arlequín a soltar la mano de la pelirroja y la volvió a unir a sí mismo en otro gesto territorial. La joven se hallaba más que contenta, hacia mucho que su Puddin no se mostraba tan cariñoso con ella. Lo sintió darle unas cuantas palmaditas en la espalda antes de volver a hablar.
- Bueno, bueno, Harls- alegó- Mejor vamos a darle algo de beber a nuestra florecilla- Ivy frunció el ceño indignada- No queremos que se seque, ¿Verdad? –la rubia negó con energía y supeditó sus dedos con los de él, lista para bajar. Pamela enarcó una ceja y les dirigió una mirada de completo hastío. No podía adivinar qué era lo que su oponente estaba confabulando, reconocía que era listo y de él se podía esperar cualquier cosa, pero pronto lo descubriría. –Ah, ah, ah- El Joker detuvo los pasos de su arlequín y la recorrió con sus orbes azules- Adoro como te quedan mis cosas, bebé. –Señaló la camisa que ella portaba- Pero no creo que sea apropiado para esta ocasión- añadió. Ese vegetal no iba a disfrutar mirando lo que le pertenecía.
-¡Tienes razón, Puddin!- Harley Quinn volvió a darse un impulso limpio y plantó un beso en la mejilla masculina- ¡Regreso en un minuto!- informó antes de desaparecer por la puerta que daba a su vestuario. Ni bien la rubia se esfumó del sitio, el Joker borró su sonrisa complaciente y galante.
-Creí dejarte en claro que no te quiero cerca de ella- Pamela se rió con sarcasmo y apoyó una de sus manos sobre su cintura.
-¿Te preocupa que quiera irse conmigo?- El señor J dejó escapar una pequeña risilla que fue ampliándose hasta generar una de sus acostumbradas carcajadas.
-¿Irse? ¿Contigo?- inquirió- Cariño, nada me preocupa menos que eso- repuso llevando sus manos hacia su pecho descubierto. – Recuerda quien soy y quien eres tú. – La pelirroja realizó un mohín mientras él empezaba a desplazarse a su alrededor, cual león listo para el ataque. -¿Acaso no me ha puesto siempre en primer lugar?
-Eso podría cambiar.
-Oh, no, no, no, no, no-Repitió con velocidad mientras se inclinaba sobre el cuerpo de su rival y movía el índice negativamente frente a su rostro- Eso es algo que NUNCA-enarcó la palabra- verás suceder.
-Ella confía en mí.
-¿Lo hace?- le preguntó socarrón, relamiéndose los labios. Nadie era inmune a sus artimañas y manipulaciones, ni siquiera esa planta. Pamela mudó su rostro a una expresión desconcertada.
-Por supuesto que sí- afirmó recomponiendo la expresión- Sé todo sobre ella, jamás me ha ocultado nada y jamás lo hará- sus labios carnosos dibujaron una mueca satisfecha- No hay secretos entre nosotras- El Joker se encogió de hombros y le dio la espalda, aunque aún lograba divisar su rostro por medio de uno de los espejos de la pared.
-Entonces supongo que te ha dicho porqué estuvo ausente todo este tiempo- Por medio del reflejo del cristal, apreció como las facciones de la pelirroja volvían a tornarse afligidas.
-¡Por supuesto que sí! -Mintió.
-¿De enserio?- ronroneó disfrutando del momento- ¿Sabes? Por lo general yo soy el que engaña en las pláticas… - se giró sobre sus pasos para encararla- Así que, disculpa mi sinceridad, pero eres una pequeña mentirosa- le pellizcó la mejilla lisa y con una suave pigmentación verde. Poison Ivy cruzó sus brazos.
-Bien, aún no me lo ha dicho…- respondió incierta- ¡Pero eso no importa!- pisó con poderío en el suelo- Sé que me lo dirá en cualquier momento, ella aseguró que estaba ocupada y eso me basta.
-Ocupada, ¿Eh?- se mofó - ¿No te preguntas en qué?
-Probablemente complaciendo tu egocentrismo- rumió.
-Esa es tu teoría- deslizó su mano hasta el cabello abultado de la mujer y lo acarició intrépido, obteniendo un manotazo a cambio- Pero… ¿No quisieras saber lo que realmente ha estado haciendo? – Hecho. El rostro de Pamela se mantuvo impasible, más las plantas de la ventana se tornaron opacas. – Oye, he plantado esas hace poco- apuntó él, quejándose.
-Confío en ella- resistió- Si hubiese algo importante, sé que me lo diría.
-Mmm… creo que no concuerdo contigo.
-¡Cállate! ¡No caeré en tu juego!- estalló- ¡Solo eres un maldito celoso y egoísta! ¡Lo único que quieres es que me aparte para retenerla a tu lado y hacer su vida miserable!- El señor J resopló con sorna- ¡Pero jamás la dejaré! ¡Tarde o temprano volverá a mí! – La expresión burlesca del hombre desapareció drásticamente al tomarla por el brazo con ira.
-¡Te aseguro que no permitiré eso de nuevo!- habló cerca de su rostro- ¡Nunca volverás a ponerle una mano encima! ¡Es mía!- espetó sobre su boca- Y créeme, me he divertido mucho limpiando todo rastro que pudiese quedar de ti en ella…- La hiedra lo empujó sin demasiado esfuerzo, molesta al imaginarse una situación sexual entre Harley y ese payaso- Aunque claro, ella lo disfrutó más…- agregó presumido- ¿Cómo culparla?
-Ya quisieras, payaso.
-Mejor acéptalo, florecilla- tocó su frente con el dedo medio- Grábalo en esa linda y gran cabecita. Ella siempre me querrá a mí, y no solo porque entre mis piernas hay algo que tú jamás podrás presumir. –carcajeó con levedad.
-Me das asco.
-No esperaba otra cosa, está claro que no te van los hombres- bromeó- Pero, volviendo al tema, me complace informarte que en una de esas interminables jornadas de placer he logrado otra cosa que tu tampoco podrás tener en la vida- señaló al vientre femenino, rememorándole su infertilidad y dándole a entender la situación.
-No…- musitó bajando el rostro. El Joker retrocedió unos pasos para tener un mejor ángulo de visión. Destruida.
-Sí…- insistió riendo- Y fueron dos- agregó. Pamela perdió el equilibrio, confirmando que la situación realmente le había afectado, levantó la mirada encontrándose con la figura de Harley en el umbral del vestuario.
-¡Ivy!- exclamó preocupada, su vestido fresa moderado se agitó mientras corría a socorrer a su amiga. La pelirroja retrocedió, rechazándola. - ¡Puddin! ¡¿Qué le ha pasado?!- inquirió nerviosa y sin saber qué hacer.
-No tengo idea, bebé- falseó- Solo estábamos hablando… le comenté sobre lo rápido que crecen nuestros pequeños y… ¡Oh!- exclamó colocando su mano derecha sobre su tatuaje de arlequín- ¿No lo sabía? – indagó con hipocresía, deleitándose con la mirada cristalizada de su chica- ¡Pero, Harley, creía que entre ustedes no había secretos! –La rubia hipó en medio de un sollozo. -¡Cuánto lo lamento!- Le tomó una de las manos y ella le devolvió el agarre.
-No es tu culpa, Puddin- musitó- Fui yo quien no le dijo.
-¡Oh, todo bien entonces!- rió él- ¿Vamos por esa copa?
-¡Me largo!- estalló Pamela mientras avanzaba hacia la ventana.
-¡No, Red!- le llamó en vano su amiga- ¡Juro que iba a…!
-¡No puedo entender cómo me has ocultado algo como eso! – le reclamó sin detenerse. El Joker comenzó a silbar una melodía mientras se recostaba sobre la cama y veía la singular escena que había provocado.
-¡No sabía cómo ibas a reaccionar y…!
-¿Acaso esperabas que te golpeara o le hiciera daño al feto? ¿Sabiendo cuanto he anhelado siempre un hijo?- preguntó cínica. – No soy como él, Harley- señaló al rey de Gotham, que solo atinó a mover sus hombros despreocupadamente. La rubia frunció el ceño.
-¡No hables así de mi Puddin! ¡Aunque no quieras verlo él me ama! ¡Ama a nuestra familia!- le gritó, obligándola a aminorar el paso- ¡Y aunque te lo hubiese dicho no iba a permitirte criar a mis niños, ellos tienen un padre! – Prosiguió, su furia incrementándose- ¡Yo no tengo la culpa de que nadie te haya amado lo suficiente como para dejarte embarazada! ¡Ni tampoco tengo la culpa de que ya no puedas tener hijos!- sus mejillas se colorearon de rojo, al igual que los ojos de Pamela procedieron a aguarse- ¡De que seas como una planta seca! – finalizó sin moderar sus palabras. La pelirroja levantó su mano y la estampó contra la mejilla del arlequín. Nunca antes la había golpeado… Sin decir nada más saltó por la ventana y ni siquiera volteó cuando Harley cerró la abertura con estruendo.
La reina de Gotham corrió a su lecho y se refugió entre los brazos de su hombre, que la recibió sin dudarlo. Lo había logrado. Se había deshecho de la planta. Los bebés no eran tan inservibles después de todo. Harley lloró en su pecho mientras él le acariciaba el cabello, sin borrar por un instante su expresión satisfecha.
-Ya, ya, bebé- le arrulló conciliador.
-¡Tenías razón, Puddin!- habló entre sollozos- ¡Ella es tóxica!
-Lo sé, cielo. Siempre intenté demostrártelo- suspiró con fingida desazón- Al menos ahora ves las cosas como realmente son- ella asintió aún oculta en el hueco de su cuello- Esa mujer estaba cambiándote para mal, solo deseaba que peleáramos. Nos quería ver separados. – El arlequín elevó su mirada enrojecida por las lágrimas.
-¡No te preocupes, jamás te dejaré, Puddin!- le prometió- ¡Te amo! ¡Siempre lo haré!
-Shh…- la tranquilizó- Sé que así será, bomboncito.
Y con un último beso en su frente, dejó que ella durmiese entre sus brazos.
No muchos días después de ese acontecimiento, el Señor J comenzó a compartir más momentos con la familia. Ya no comía en su despacho, como era su costumbre, sino que había optado por hacerlo en el comedor, en donde era un espectador más del desastre que causaban sus descendientes. Tampoco rehuía de los niños cuando estos iban a buscarlo a la oficina, todo lo contrario, siempre había un par de muñecos de Batman esperando a por ellos para que pudiesen destrozarlos con sus propias manos mientras él trabajaba. ¿La mejor parte de todo eso? Harley se emocionaba con su repentino cambio y lo retribuía generosamente por las noches, cuando los mocosos cesaban su escándalo y ambos se encerraban en su cuarto.
En una de sus mañanas ajetreadas, la joven madre se encontraba intentando hacer desayunar a sus vástagos con normalidad, sin mucho éxito. El sueño se notaba a leguas en su delicado semblante, más una sonrisa plácida se dejaba percibir en sus labios. Había gozado de una muy buena noche, pernoctando junto a su Puddin en actividades no aptas para sus mellizos o el público en general.
-¡JJ, los cereales no van en la cabeza de tu hermana!- chilló escandalosamente en cuanto se percató de lo que su hijo hacía. El niño se rió con lentitud y sadismo, y la rubia se replanteó sobre su opinión respecto a que el chiquillo pasase tiempo con el Joker.
El señor J irrumpió en la estancia, con el mismo semblante somnoliento pero satisfecho de su pareja, y procedió a sentarse en la cabecera de la mesa, en donde su desayuno ya le esperaba servido como era la costumbre. Harley le obsequió una abierta sonrisa que él solo devolvió con un ronroneo travieso y sugestivo mientras la recorría sin decoro desde la planta de los pies, deteniéndose en zonas concretas y erógenas. La joven criminal se acercó a su silla y le plantó un sonoro beso en la mejilla, enredando en el proceso sus brazos alrededor del tatuado cuello del Joker. Él llevó sus orbes hasta el escote pronunciado que se apreciaba en su camisón de satén azul y luego liberó una risa juguetona.
-Bonito collar, Harls- comentó con viveza y ella se apartó un poco para ver a lo que se refería. Estaba segura de que no se había colocado ninguna joya en lo que llevaba del día. La rubia se volteó hacia una de las paredes, en donde un espejo de marco elegante hacía juego con el adorno lúdico del comedor. Una cadena de cardenales se extendía hasta su clavícula izquierda y parecía perderse en su espalda. No creía que pudiese cubrirlos con maquillaje, su Puddin se había excedido al morderla de esa manera. – No te preocupes, se te ve bien. –siguió mofándose el rey de Gotham. – Los del club sabrán fácilmente que tienes dueño.
-¡Eso ya lo saben todos, Puddin!- berreó la joven- Por cierto, Jonny dijo que tiene algo que explicarte. – Lo orbes cerúleos del hombre la apreciaron con atención- Al parecer el querido Batsy capturó a uno de los nuestros por la noche. – El señor J llevó sus ojos a los niños inconscientemente, encontrándolos distraídos en sus propias payasadas de bebé. Harley siguió el curso de su mirada. - ¿Puddin?
-¿Te ha dicho si el idiota le reveló algo a la policía? – indagó, el humor desvaneciéndose en su semblante.
-Nuestro contacto interno le dijo que te ha sido fiel y no ha hablado- le tranquilizó- Pero Gordon le interrogará esta tarde… - No tenía que explicarle nada más. Era demasiado sencillo evadir los cuestionamientos de los oficiales de Gotham, exceptuando los de Gordon, quien siempre parecía encontrar alguna pista en cualquier frase o palabra que un convicto pudiese llegar a pronunciar. ¡Incluso hallaba piezas claves dentro de las mentiras más obvias!
-¿En dónde está Frost?- le preguntó levantándose de su asiento con una expresión neutra. No importaba que tan jodida fuera la situación, no lo encontrarían.
-Esperando en tu despacho…- contestó haciendo un mohín- ¿Vamos a salir? – no obtuvo devolución- ¿Ah?- El señor J le dirigió una mirada severa que indicaba silencio. Estaba pensando en cómo debía de organizar a su gente… Y en cómo manejar la carga extra. Pasados unos cuantos minutos, Harley volvió a hablar producto de su propia impaciencia- ¿Iremos a jugar con la policía, Puddin? – El Joker la tomó por la barbilla con brusquedad y pasó uno de sus dedos sobre sus labios.
-Harley, no estás ayudando a papá. ¿Por qué no mejor cierras esa maldita boca? – puntualizó mordaz y ella asintió resignada. El la soltó sin delicadeza y comenzó a caminar a paso extravagante por el lugar, los niños reían ante sus ademanes, aunque él no parecía notar siquiera sus presencias. - ¡Listo! – exclamó de repente con un golpe brusco sobre la mesa. El ruido perturbó a los mellizos, que gimotearon un poco antes de ser calmados por su madre.
-¿Y bien? ¿Le dispararemos a alguien?- su Puddin rió con suavidad y profirió un roce en la mejilla de su chica.
-Me encanta ese espíritu, Harls- Alegó con seducción- Pero me temo que estás hablando de un nosotros y…
-¿Y?
-Y tu no vienes- tocó la punta de la pálida nariz femenina con una pisca cómica.
-¿Cómo que no voy? ¡Me necesitas, Puddin!- exclamó molesta en tanto lo veía colocarse un saco púrpura.
-No, no te necesito… ¡Frost!
-¡Claro que sí! ¡Soy tu mejor opción en el cuerpo a cuerpo!
-Y en todos los sentidos, querida. Pero voy prescindir de ti esta vez- informó lascivo- ¡Frost!- continuó gritando ya preparado para salir.
-¡No puedes hacer eso! ¡Siempre estoy a tu lado! – La rubia extendió sus quejas- ¡Somos los mejores juntos!
-Era el mejor antes de ti, puedo seguir siéndolo. Además te recuerdo que te alejaste del combate el tiempo en que solo te ocupaste de esas cosas- señaló a los niños con la cabeza.
-¡Ese no es el punto! ¡Ahora puedo pelear, Puddin!
-Lo sé, tal vez la próxima- se encogió de hombros- ¡Frost! ¿¡En donde mierda te has metido!? – El susodicho ingresó por la puerta lateral, se había rasurado recientemente y portaba el semblante autómata y severo que lo caracterizaba. –Nos vamos, Harley ya me ha puesto al tanto de la situación- habló mientras caminaba a la salida. – Tenemos que sacar a esa porquería de prisión antes de que Gordon hable con él o, de preferencia, eliminarla por ser tan imbécil como para dejarse atrapar.
-Como ordene, Jefe. Alistaré a los hombres para salir en veinte minutos.
-Tienes diez- señaló. Su mano derecha se retiró realizando un asentimiento conforme. El joker pasó sus manos por el cabello verde y se detuvo en la puerta para ver a su chica una vez más. Harley Quinn portaba un puchero molesto, como si fuese una niña pequeña. – En cuanto a ti, querida…
-¿Si, Puddin?- le interrumpió algo esperanzada. Él miró al techo antes de responder.
-Quiero que vayas a la guarida de la zona Oeste, toma a los mocosos y a tus hombres. Te daré a dos de los míos para que conduzcan más rápido. – Ordenó.- No quiero ningún tipo de estorbos- Si se hubiese quedado unos cuantos segundos más en el comedor, habría notado la sonrisa amplia de su Arlequín.
Jonny Frost esperaba a por su jefe en la puerta de la mansión, con una ametralladora en la mano izquierda.
-¿Cómo demonios lo atraparon?- indagó el rey de Gotham mientras comprobaba que sus armas tuviesen suficientes municiones.
-Después de que usted se retirara del club, algunos de los nuestros decidieron irse a un hotel con su compañía de turno- curiosa forma de nombrar a las prostitutas- Al parecer lo siguió y lo capturó. Inmediatamente se lo entregó a la policía.
-Hablas de uno solo- apuntó con intriga- ¿Sabes quien fue? – Su mano derecha cabeceó afirmativamente antes de responder.
-Robín.
Días después de haber solucionado tal inconveniente, el rey de Gotham se encontraba enfrascado en una de sus complicadas bromas. Generalmente, las planeaba para Batman, pero esa vez su objetivo apuntaba específicamente al pequeño niñato que estaba causándole muchos problemas…
Cuando con sus hombres asomaron al Departamento Policial de Gotham City, al Joker no le había sorprendido la cantidad de centinelas en servicio. La policía era consciente de que tarde o temprano el aparecería para evitar que el prisionero hablase. Claro que ellos siempre lo subestimaban, esos idiotas jamás parecían entender que, de alguna forma, guardaba un truco bajo la manga. Ese día no había invadido el departamento, sino que había ordenado una silenciosa retirada… En su lugar, envió a algunos de sus muchachos a causar un poco de pánico en la casa del Comisionado Gordon, reteniéndolo durante todo el día e impidiendo el interrogatorio.
En la noche, cuando la fiesta en el club se encontraba en pleno apogeo, el Señor J se ocupó de buscar una solución sencilla y factible a su problema. Una cosa estaba clara: si por algún motivo sacaba a su estúpido secuaz de prisión, lo mataría con sus propias manos. Pero como su situación perpetraba una carrera contra el tiempo, optó por el camino llano. A las tres de la madrugada, mientras veía a Harley danzar seductoramente dentro de su jaula, su séquito irrumpió en la cabina privada del local y cedió el paso a un hombre de edad mediana, alto, moreno y ejercitado. Estaba vestido con una sencilla chaqueta de cuero pardo y un sombrero con copa que parecía haberse popularizado entre los hombres de Gotham. El resto del atuendo estaba completado por prendas oscuras y zapatos desgastados. El Joker hizo un mohín ante la poca extravagancia que exhibía su invitado.
-Muchas gracias por venir- soltó el hombre de cabellos esmeraldas mientras sonreía burlón y balanceaba su copa de un lado a otro. El color escarlata del vino refulgía con cada golpe de las luces variables en el club- Jonny- señaló al interpelado- me dijo que rechazaste la invitación formal, así que espero que mis muchachos no hayan sido demasiado rudos…- se mantuvo unos instantes en silencio, fijándose en el rostro inmutable de su convidado. De repente una carcajada estrepitosa detonó en su cuerpo, sobresaltando a algunos camareros que presenciaban la escena. – Pero que poco sentido del humor…- bufó el rey mientras dejaba su bebida sobre la mesa y ocupaba uno de los placenteros sillones del establecimiento.- ¿No quieres ponerte cómodo? – apuntó al sofá que se encontraba frente a sí. El moreno desvió la mirada hacia el sitio denotado y luego la llevó al techo con un suspiro de agotamiento.
-¿Tengo alguna otra opción?- inquirió retóricamente mientras obedecía- Ya me ha quedado claro que no puedo negarte nada. La verdad, debo admitir que los entrenas bien- alabó refiriéndose a sus secuaces- Lograron en veinte minutos lo que la policía no ha conseguido nunca. – El Joker extendió sus brazos y se señaló a sí mismo con una inclinación de cabeza arrogante.
-No por nada soy el rey.- se vanaglorió.
-Eso me han dicho.
-¿De verdad?- liberó una pequeña risilla- ¿Sabes? Soy una persona curiosa… Y en este momento me gustaría saber porqué me denegaste tus servicios en primera instancia- La dentadura plateada produjo un inquietante sonido cuando se chasqueó la lengua- Más sabiendo de mi popularidad.- El moreno pensó en su respuesta mientras lo estudiaba con los ojos entrecerrados, la música del club rellenaba el silencio que se prolongaba entre ellos.
-No estoy a favor de los tratos con el diablo- devolvió. El Joker llevó su cabeza hacia atrás y se rió con ímpetu incomparable, llegando al punto en que parecía estarse enjugando las lágrimas.
-Vaya… y yo dije que no tenías sentido del humor…- murmuró con comicidad- Me agradas, Floyd.
-Deadshot- lo corrigió con atrevimiento- Sé que eres un tipo que hace bien su tarea, pero llámame Deadshot. Es el nombre de negocios. – El Señor J se encogió de hombros, inmortalizando la curvatura de sus labios y llamó a uno de los camareros.
-Sírvele algo a nuestro amigo- ordenó. No más de unos cuantos segundos después, Floyd Lawton disfrutaba de un vaso con Whiskey importado. Sus ojos oscuros se pasearon por el club, apreciando la originalidad y sensualidad que predominaba en el ambiente. Desde donde estaba alcanzaba a ver tres jaulas con bailarinas, dos de ellas ocupadas por mujeres de cabello opaco y la última por una rubia de infarto que parecía haberse teñido las puntas con tintes diferentes. Se halló a si mismo cautivado por cada movimiento seductor que la mujer realizaba, generándole un calor sofocante- Buena vista, ¿Eh?- la voz del payaso lo sacó de su análisis.
-Bastante buena- concordó.
-Cuando terminemos de hablar de negocios, podrás llevarte la que quieras, incluso a todas- Deadshot enarcó una de sus cejas pobladas- Salvo la que, según he visto, ha llamado tu atención. – La repentina prohibición lo hizo fruncir el entrecejo.
-¿Qué tiene esa?- indagó mirando nuevamente a la mujer de cabellos prácticamente blancos- ¿Es tu chica? – algo similar a una carcajada maligna brotó de los labios escarlatas del anfitrión.
-La gente prefiere llamarla La Reina – le respondió, corroborando sus sospechas. Lawton bebió otro trago de whiskey.
-Tienes buen gusto- le concedió- ¿Es la loca de la que hablaban en los noticiarios? ¿La que te entregó una ametralladora?
-No podría ser otra- respondió una vez más. – Vidas como las nuestras no están hechas para cualquier mujer, tu ex esposa no pudo soportarlo, por poner un ejemplo. –La bebida alcohólica se atoró intempestivamente en la garganta del convidado, haciéndolo toser. No le gustaba nada ese juego.
-Sabes todo sobre mi, ¿eh?
-Como has dicho antes, me gusta hacer bien mi tarea. – Llevó la copa de vino hasta sus labios y señaló a su arlequín, que en esos instantes le daba la espalda- Harley es una combatiente innata y un arma de seducción…
-Harley- repitió, casi saboreando el nombre- Le queda bien.
-Toda mascota necesita un buen nombre-Razonó el Joker, ocasionando que Floyd sonriera con ironía.
-¿Sabes que probablemente eres lo peor que le ha pasado en la vida?- El Joker se acarició la barbilla en un ademán desinteresado.
-Nadie la ha obligado a enamorarse de mi- excusó- Pero pasemos a los negocios, que es lo que me importa ahora.
-¿Para qué me necesitas? Está claro que tienes a un arsenal de idiotas dispuestos a todo por ti- coligió con algo de extrañeza.
-Me temo que este trabajo es un tanto delicado… Requiere de una precisión absoluta.- Jonny se acercó por detrás y le tendió un sobre de papel madera- Ahí tienes todos los detalles para que los leas, el encargo debe estar listo mañana antes del mediodía.
-Hablas como si fuese a aceptar.
-Sabes que soy un tanto caprichoso, no me gusta que me nieguen las cosas…- se llevó la mano tatuada, con una siniestra sonrisa, hacia el pecho- Si quieres puedo hablar con tu pequeña hija para que te convenza. – Los ojos de Floyd destilaron con un poco de temor, furia y rendición al oír la mención de Zoe. -¿Qué dices? – Deadshot guardó el sobre en su chaqueta y acabó su Whiskey.
-Cien de los grandes, una de tus perras del club y la seguridad de mi hija. – respondió.
-¡Es un trato!- exclamó el Joker antes de ponerse de pie teatralmente y darle la espalda para observar a su chica. Algo le decía que esa plática había terminado…
Deadshot había cumplido su parte del convenio sin inconvenientes, y él la suya. Eso terminó por significar volver a sus juegos con tranquilidad y también regresar a la mansión principal. Le agradaba el lugar, era más cómodo y personalizado que cualquiera de sus escondrijos, y el despacho de trabajo contaba con una amplia vista a la ciudad.
Durante muchos días le había estado dando vueltas al asunto de Deadshot, a su debilidad. El mercenario no había dudado ni un solo instante cuando habló de su hija… Eso lo conducía a pensar en los propios, en lo que representaban. No podía permitir que nadie supiese de ellos, porque tal vez no buscarían dañarlo a él (célebre por su carencia de sentimientos) pero sí a Harley.
Si algo le pasase a los mocosos, el arlequín quedaría devastado.
Era extraño, volver a tener todas esas emociones dentro de sí, percibir más que solo el placer al empujar una y otra vez dentro de ella, como si la mera atracción sexual le cediese el paso a algo menos incorpóreo o intangible pero más ardoroso… Y por ello la golpeaba, la maltrataba una y otra vez mientras su miembro penetraba la estrecha y cálida feminidad, buscando apagar ese fuego que amenazaba con recordarle lo que era apreciar algo o a alguien.
Los jadeos y gemidos, el sudor y la lujuria, los besos y las mordidas, todo acababa por fusionarse con ese no se qué… El señor J intentaba no pensar en ello, no sentirlo, prefería centrar toda su atención en las manos expertas de su reina, acariciando y arañando su espalda trabajada… En sus labios, con la pintura corrida gracias al contacto salvaje que en múltiples ocasiones compartían, delineándole el cuello… Delicioso… Sublime… Qué lástima lo de sus ojos…
Odiaba verla a los ojos.
La mirada de su arlequín, al compartir la intimidad, se expandía más allá de todo placer terrenal. La templanza y calidez que predominaba en el color celestial de sus orbes, casi melancólicamente, lo hacían gruñir fastidiado ¿Por qué tenía que verlo de esa manera? ¿Por qué lo admiraba como si fuese una especie de príncipe gallardo? Detestaba admitirlo, pero en los ojos de su chica el goce era opacado totalmente por otra cosa…
Amor.
Tonta, tonta, tonta Harley Quinn ¿Cuándo iba a aprender que él jamás podría darle lo mismo? ¿Hasta cuándo esperaría que él le retribuyese, sinceramente, sus sentimientos? Estaba loca, creía que él la amaba ¡Ja! ¡Amar! ¡Él amando a alguien! Ese podría ser el mejor chiste de la historia.
¿Por qué ella insistía en amarlo? Lo único que él podía ofrecerle era caos y dolor. Él estaba para eso, para que nadie se olvidase jamás del mal, ni de que hasta el más honesto puede resultar herido, y para que viesen que la justicia no representa otra cosa más que un cuento para niños en el mundo corrupto de los humanos.
Sonrió ante el gesto de picardía de su reina al verlo llegar al orgasmo, para luego acostarse a su lado con su respiración aún complicada. Harley se giró, buscando distinguirlo aún con los ojos brillándole de esa manera tan intensa y cariñosa. ¿Qué tenía ella para no haberla matado como a todas las demás?
Su premiosa y linda Harley, siempre tan feliz y optimista, tan cursi, melosa y sentimental… Tan servicial al punto del hartazgo… Una mujer peligrosa y lista pero, a su vez, inocente, torpe y voluble… La única con suficientes agallas para compartir lecho con él e intentar conocer al hombre detrás de la risa… ¡Y sus ojos! ¡De nuevo sus ojos!... su mirada letal que, aunque pusiese todo el empeño para resistirse, acababa haciéndolo rendirse a sus encantos, consiguiendo su fidelidad, pues era absurdo buscar otros brazos y otras caricias que no fuesen de ella, nadie lo complacería de la misma forma.
-¿Qué sucede, Puddin? – La oyó indagar en cuanto su observación se prolongó más de lo normal. ¿Qué sucedía? Pues, sencillo: la despreciaba, como a ningún otro ser viviente, eso era tan obvio como decir que no podía amarla. Pero ese no era el punto… ¡Él quería odiarla! ¡Odiarla sinceramente! Aunque se dijese una y mil veces que ya lo hacía, en su interior era consciente de que se estaba engañando. Él no lograba odiarla.
-Solo cállate, Harley- respondió con sequedad antes de darle la espalda para dormir. Aunque sabía de sobra que no conseguiría aquello, no cuando todas las inquietudes con respecto a su reina estaban más que latentes en su cabeza. No pasó demasiado tiempo antes de que oyese un sollozo ahogado sobre la almohada. Fantástico. – Harley, cállate. Necesito dormir.
-¿Qué he hecho mal?- inquirió entre lágrimas y, a pesar de no poder verla, presentía que estaba sentada contra el respaldo de la cama, mirándolo con insistencia.
-Has estado genial, bebé- le respondió él sin mudar el tono neutro de su voz- Ya deja de llorar y duérmete.
-¡No me refiero a eso!- gritó la joven, estallando. El Joker se levantó con un sobresalto y frunció el ceño, asustándola. Formó un puño con su mano y se dio un impulso para estamparlo contra el rostro de su arlequín, estúpida insensata. Sin embargo… sur orbes cerúleos la admiraron de reojo, totalmente encogida en su sitio y lista para recibir su castigo. La opresión en su pecho regresó. Sus dedos se aflojaron con lentitud y solo entonces Harley se atrevió a encararle. - ¿Qué he hecho mal?- preguntó una vez más, la voz temblándole. - ¿Por qué no puedes…?
-Shh…- la silenció el señor J, moviendo sus extremidades para tomarle el rostro entre las manos y acercarlo tanto como fuese posible al suyo, sin la necesidad de unir sus labios. Ambas bocas intercalaban alientos, sus suspiros eran lo único audible en la habitación. - ¿Qué estás haciendo, Harley? – preguntó sin motivo aparente.
-¿Ah?
-Ya me has oído.
-No estoy haciendo nada, Puddin… - le devolvió dudosa- estoy quieta… creo. – la risita complaciente del Joker le hizo cosquillas en los belfos.
-Torpe bebé…- la besó castamente- es hora de que vayas a dormir.
-Pero yo…
-No digas nada- interrumpió- No lo arruines…
-¿Arruinar qué?- lo miró desconcertada.
-No lo sé…- un pequeño silencio se formó entre ambos- Aún no decido de qué se trata.
Decía la verdad, había algo divertido dentro de él que le ocasionaba nauseas al pretender interpretarlo, y aumentaba con cada vistazo que reposaba sobre ella. Su cuerpo menudo y ejercitado apegado al propio le generaba algo extraño, tibio. Se sentía como estar en casa luego de un largo día de trabajo, con la felicidad de saberse querido por alguien…
Ella también era rubia… y muy bonita si no se equivocaba. Siempre estaba alentándolo a seguir su pasión por la comedia y creía rememorar que el instante en el que le dio la noticia del embarazo se sintió tan dichoso como un dios. Era eso lo que había deseado después de todo, una casa para él y todos los niños que pudiese alimentar junto a la que sería su esposa…
Aún le costaba entender porqué tanto la mujer rubia, cuyo nombre ya no recordaba, como su hijo nonato le fueron arrebatados súbitamente.
Y en su presente tenía a una dama que lo amaba más allá de todo, profesándole un querer más obsesivo e intenso que el de la primera, más hermosa, más fuerte… Una a la que no podía olvidar sin importar lo que sucediese… Si, lo había intentado. Tantas veces se había marchado sin decirle nada y, al igual que ella hacía, regresó derrotado. Todas y cada unas de esas ocasiones, mientras se acostaba con ella para recuperar el tiempo perdido, se decía que era imposible que la necesitara, que la añorara a pesar de aborrecerla… Tal vez no podía dejarla porque ella se empeñaba en quererlo, en mostrarle un lado pacífico de la existencia… Si Harley le odiara podría matarla con facilidad, porque sería como el resto del mundo… Pero, para su infortunio, su chica era diferente.
Harley Quinn veía algo en el Joker que nadie más, ni siquiera él, podía discernir.
¿Cómo amarla? Él ya se había deshecho de todo ese tipo de sentimentalismos, habían acabado en el momento en que vio el cuerpo electrocutado de la mujer rubia, con sangre entre sus piernas debido a un aborto espontaneo. Además, en su corazón no había sitio para ella, este solo estaba ocupado con un objetivo: hacer miserable la vida de Batman.
No, él jamás podría sentir nada por ella, ni siquiera aunque le hubiese dado dos niños a falta de uno. Ya no quería hijos, ya no quería una mujer a la que amar, ese hombre había muerto. El caos era todo cuanto deseaba. Y, a pesar de todas esas conclusiones, el ardor seguía quemando en su pecho…
-Harley…- susurró en medio de la oscuridad y ella realizó un sonido corto para indicarle que estaba escuchándolo- De todas las opciones posibles, creo que eres la persona a la que menos odio...
Y maniobrando su pluma de trazo fino, acabó por apuntar, con precisión, todos y cada uno de los detalles necesarios para concretar su nueva broma. Ni siquiera era tan complicada, sería sencilla llevarla a cabo y, a su vez, causaría un efecto magistral. Un ligero balbuceo le llegó desde la parte baja de su escritorio y supo de inmediato que no estaba solo. Movió su mirada hasta toparse con un par de ojos idénticos a los suyos.
-El pajarillo ya no va a volar- comentó divertido mientras apartaba sus piernas y observaba como su hijo se apeaba sobre el borde de su sillón.
-Ro… bín.- articuló con dificultad el heredero de Gotham. A pesar de no contar con más de ocho meses de edad, JJ denotaba una comprensión suficiente basta para los temas que concernían a su padre, no en vano este se encargaba de hablarle de todos sus enemigos cada tanto que compartían un instante juntos. Estaba moldeándolo a su imagen y semejanza.
-Sí, justo ese- El señor J siguió hablando a medida que una sonrisa macabra se formaba en su boca- Me hubiese gustado dejarlo vivo para que tú te entretuvieras más adelante- confesó con teatralidad – pero me temo que el pajarillo está interfiriendo entre el murciélago y el rey… y si alguien interfiere con las cosas del rey… Nada termina bien – su coro de risas se extendió por el amplio despacho y JJ, pese a casi no entenderle, lo acompañó por costumbre. Había captado a la perfección la risa del Joker, la imitaba con su inocente vocecilla de bebé. – Estas últimas semanas han sido buenas para mi, cosa… - se puso de pie e inició una caminata hasta el ventanal que daba a Gotham, con el niño gateando tras sus talones. – Me deshice del vegetal y pronto me quitaré de encima al insoportable amiguito de Batman.- el nombre de su rival sonó grave en las palabras del monólogo. – Todavía queda pendiente el tema de tu hermana. A menos que tenga alguna utilidad, no la necesitaré. – El pequeño rubio le sonrió sin poder discernir la gravedad de la frase de su progenitor. – Quizá también la deje con vida, así tu madre se mantendrá ocupada en ella y yo tendré absoluta influencia sobre ti… Eso sería muy provechoso, ¿Eh? – Las pequeñas manos del bebé se aferraron a las piernas del Rey de Gotham, buscando ponerse de pie a través de ellas. El señor J mantuvo sus fanales fijos en los movimientos del niño y no pudo evitar sentir un cosquilleo empalagoso cuando este le devolvió la mirada con igual apreciación.
-Pa…pa…- murmuró el pequeño, causando que los ojos del Joker se abrieran de estupefacción.
-Ehh… si… yo no creo eso, mocoso- se apartó de improviso, haciendo que el niño cayera en reversa y se sentara con un movimiento brusco en el piso que simulaba un tablero de ajedrez- Anda, vuelve con tu madre- siguió retrocediendo- fush, fush, fuera- ordenó, como si estuviese hablándole a las hienas que Harley y él mantenían ocultas en el escondite del norte. – Largo- hizo un ademán despectivo, con sus manos, repetidas veces. JJ reía entusiasmado, su padre se veía bastante patético de esa forma, como si algo lo hubiese asustado.
-Pa…pa…- repitió.
-Joker- le corrigió serio el señor J.
-Papa…
-Joker…
-Pa… pá…
-Joker.
-Pap… á…
- ¿Al menos J?
-Papá…
-¡Joker!
-¡Papá! – Bien, su poca cordura iba de maravilla. No podía creer que estuviese discutiendo con un crío de ocho meses. Se acicaló los cabellos incómodo y rumió algo inteligible- Papá…- escuchó de nuevo y un gruñido de fastidio entremezclado con rendición se escapó de su garganta. No podía hacerle entender que no deseaba que lo llamase de esa forma. Seguramente esa maldita palabra era obra de Harley.
-Esto se quedará entre tú y yo, mocoso- concedió mientras lo apuntaba con su índice- Y hoy voy a hacérselas pagar a tu madre- murmuró mas para sí mismo, en su cabeza ya se estaba formando un plan de por lo más torturante para el sexo de esa noche.
-¡Papá! – el Joker mantuvo su vista inexpresiva clavada en él, sin contestarle. Se sentía avergonzado. ¿Qué pasaría si alguien oyese algo como aquello?
-Estúpido niño. –finiquitó.
Nota del autor:
¡Hola!
Primero que nada, quiero decir que me ha encantado el recibimiento que tuvo esta historia, de verdad son increíbles (¡Hasta un comentario de un lector de habla inglesa!)
Segundo, sé que me he tardado bastante. Como saben esta es mi primera historia en el fandom, por lo que tengo que advertirles que no soy una escritora que actualice con regularidad. Puedo desaparecer por mucho tiempo antes de volver a publicar… Eso sí, tengan por seguro que siempre regreso.
Quería acabar el fic con este capítulo, pero se me hace imposible relatar tantas cosas en un espacio tan breve, por lo que esto continuará. No sé si les agrade o no la idea jaja pero no pude evitar explayarme.
Lo de Harley x Ivy, no es algo que me haya sacado de la manga. Todos los seguidores de los cómics sabemos que esas dos siempre se han traído algo, pero obvio la rubia no puede vivir sin su Puddin.
Lo de Floyd sí que me lo he inventado JAJAJ es que necesitaba a algún villano que se preocupara mucho por su familia y fuese demasiado temerario y bueno… ese hombre tiene todas las de ganar (y he hecho que el picarón demostrase interés en Harley desde una primera instancia o.O)
En cuanto a la cuestión de Robin, si bien es un factor que influirá en mi fic, no la explayaré mucho, porque ya de por sí en la película me han dejado confusa con el tema. No sé si lo han notado, pero se dice que el Joker tiene las prótesis dentales debido a que Batman lo golpeó por matar a Robin. Después fue encerrado en Arkham, en donde conoció a Harleen Quinzel. Sin embargo, en el momento en el que Amanda Waller nos presenta a Harley , aparece una indicación que la sitúa como cómplice en el asesinato de Robin, cosa imposible porque en ese entonces ella no conocía al Joker.
La historia de la familia del Joker es real, ese es su origen más aceptado, aunque él mismo reconoce no saberlo con precisión.
Bueno, díganme que les pareció el cap.
Saludos a todos,
Aliniss.
Comentarios Anónimos:
Nina Diaz: Me alegro que te haya gustado, aquí tienes la continuación y espero que sirva para sacarte un poco ese estado de Shock. Yo me siento más tranquila conforme voy escribiendo jaja, Un beso!
Elle Quinn: ¡Gracias, linda!
Guest: Aquí tienes la continuación, muchas gracias por tus palabras. Saludos y espero que la combinación JokerxHarley te siga resultando buena en este capítulo :3
Yop: ¡Hola! Tus comentarios me han gustado mucho, eres muy carismática XD La verdad es que amo a esta pareja desde muy pequeña, es por eso que puedo manejarlos bien a la hora de escribir. Te agradezco los halagos, me llena de alegría ver que lo que escribo le resulta bueno a la gente. Sobre los Juegos del Hambre: AMO A FINNICK jajja pero hasta ahora nunca he escrito nada sobre él, tal vez lo haga un día de estos. Espero que mis otros fics te hayan gustado. Un beso enorme y disfruta de este cap :D
Thgsquad: ¿Eres Thgfan,no? Jajaja reconocería tus palabras en cualquier lado! Me alegra verte por acá, con tu nuevo pseudónimo y todo. Saludos!
S. Kyle: Hi, my dear!
I can't express what i felt when i saw your review. Thanks for the pretty words and i hope that you and your brother enjoyed this chapter.
I send my regards from you two,
Ali.
Guest 2: No sé si todo lo que hago es perfecto jaja pero gracias por comentar XD
Bye, Bye!
