Danger
Saltando hábilmente, el joven compañero de Batman consiguió mantenerse sujeto al inmueble frontal, y de colores desgastados, que se alzaba de forma torpe a causa de su antigüedad. Había estado siguiéndole el juego al payaso toda la mañana, recolectando pistas que el mismísimo psicópata dispersaba. Las propias estaban dirigidas a Batman pero Jason, sin meditarlo mucho, decidió llevar el caso por su cuenta, deseoso de demostrar su valía ante todo el mundo. Tenía más que claro que debía ser precavido, pues los acertijos del Joker podían resultar más problemáticos y destructivos que los de Enigma, simplemente devastadores. Y allí estaba, una corazonada llena de raciocinio le indicaba que ese era el sitio en el que debía reunirse con su enemigo. Con sigilo, logró colarse por una de las ventanas laterales y se adentró sin miedo.
El espacio en cuestión le ocasionaba algún que otro escalofrío, pues se trataba de un viejo salón de juegos para infantes. A unos cuantos metros podía distinguir un polvoriento carrusel, con sus caballos, que antaño habían divertido a los niños, y sus pequeñas imitaciones de personajes Disney. En las paredes, de colores muertos por el polvo, era posible distinguir los dibujos y carteles de payasos realizando volteretas, así como también las máquinas electrónicas de videojuegos. Los altavoces reproducían una melodía suave y acogedora, una nana de cuna, terminando por darle un panorama escabroso a la situación. Se puso en guardia, lo mejor era estar alerta. Advirtió una serie de quejidos que provenían del lado sombreado en la habitación y con dificultad distinguió la silueta de alguien amarrado a una silla, por lo menudo del cuerpo podía tratarse de un niño o una mujer.
Avanzó con cautela, maldiciendo interiormente el piso de madera añeja, hasta que estuvo a solo unos pasos del individuo. Un sonido en el otero superior llamó su atención y volteó la cabeza demasiado tarde para ver al objeto que acabó por arremeter contra su cuerpo, enviándolo a la pared izquierda. La inconfundible risa del Joker se extendió en la sala de juegos y con dificultad se quitó de encima el alegre avión de metal con el que había sido golpeado.
-¡Abre la boca, ahí viene el avión! – gritó, entre risas, el oculto payaso. Robín no tuvo ocasión de replicar puesto que un segundo planeador de juegos lo embistió de improviso. El cuerpo atado en la silla se removió desesperado, como si estuviese luchando para librarse y ayudarlo. -¡Vamos! ¿No entienden el chiste? ¡Le he dado un nuevo sentido a esa frasecilla! – La figura del Joker, enfundada en un elegante saco morado, pantalones a juego, una camisa verde esmeralda abotonada al completo y un moño haciendo combinación, apareció caminando despreocupadamente y apoyó una mano en el asiento que continuaba opacado por la oscuridad. Jason llegó a distinguir una cabellera bastante larga en el cautivo, por lo cual acabó por deducir que era una chica. –Tu si lo entiendes, ¿Verdad, nena?- La mujer liberó una serie de incoherencias, su boca se hallaba bloqueada. -¿No? Odio explicar las bromas, eso hace que pierdan la gracia… ¡Pero te lo pondré de otra forma! – Jason observó como el lunático se inclinaba hasta quedar a la altura de la prisionera- Abre la boca, ahí viene otro avión- le oyó murmurar antes de estampar sus labios escarlata sobre los belfos femeninos. -¿Qué tal ahora?- La mujer en la silla se removió furiosa- Tú, cariño, definitivamente no tienes sentido del humor- El señor J soltó una risotada y caminó hasta donde se encontraba el muchacho. – Tranquilo, niño, no me he olvidado de ti. Por cierto, ¿En dónde está el grandote?- Robín logró ponerse de pie y se limpió una gota de sangre que resbalaba por su labio inferior.
-Está aquí, escondido en algún lugar. No escaparás esta vez. – El Joker volvió a curvar sus labios con arrogancia.
-¡Oh, chico! ¿Por qué le mientes al tío J? Con esa actitud no voy a darte caramelos. – se mofó mientras acariciaba el cabello de la joven que permanecía atada. – Los dos sabemos que no está aquí… Con algo de suerte, se enterará de todo y vendrá… Pero dudo eso.
-¿Por qué? – inquirió Jason, tratando de ganar algo de tiempo- ¿Acaso todo el período que llevas peleando contra él no te enseñó que no debe ser subestimado?
-Claro que si, muchacho-Elevó una de sus manos y Robín adoptó una posición de combate- Pero también me enseñó a no sobrestimarlo. – Extrajo un pequeño artilugio de su saco y presionó un botón con un movimiento sobreactuado. – En este momento siete funcionarios estatales están abandonando sus casas para disfrutar de un divertido viernes en familia- carcajeó levemente antes de proseguir- Cada familia tiene en su auto una bomba instalada por el hombre más apuesto e inteligente de la tierra, es decir, yo. –El ayudante de Batman rodó los ojos y lo dejó acabar- La primera casta irá al show de Ballet en el parque, la segunda estará justo a tres cuadras de aquí, cenando. Las otras cinco son una linda sorpresa para nuestro amigo de negro… Los explosivos deben ser desactivados en una hora o, de lo contrario, las casas velatorio tendrán mucho trabajo por hacer, si lo entiendes, ¿Eh?- su risa burbujeante hizo eco en el lugar- ¡Oh, casi lo olvido! Una vez que desactivas una bomba, a las otras se les descuenta tiempo… Como podrás ver, Batsy estará algo ocupado para jugar con nosotros. De hecho, en este momento debe estar maldiciéndote por no ir a ayudarlo.
-Esto no tiene sentido… Las notas que seguí durante todo el día estaban dirigidas a él…- rebatió confundido el joven.
-Si yo hubiese querido que llegaran a él, lo hubiesen hecho. ¡Pero, vaya cosa, están mágicamente en tu poder!
-Me quieres a mí…- concluyó el joven.
-¡Al fin estás pensando! Ya me estaba aburriendo de explicar las cosas, hasta la chica luce cansada- codeó la cabeza de la aludida para luego apoyarse sobre ella como si de un mesón común se tratara.
-¿Y ella que tiene que ver en todo esto? – preguntó.
-¡Oh, nuestra bonita invitada! Bueno, ella es la hija de un hombre muy caritativo y culto. Su pobre madre falleció hace unos días, imagínate… otra pérdida sería terrible para el pobre viejo. De por sí sería pavoroso que una chiquilla tan bella, lista y educada saliera herida…- Comenzó a darle vueltas a la butaca en tanto seguía hablando- Asiste a la iglesia todos los domingos (aunque eso no la salvó del demonio, ha,ha,ha) y participa en las colectas de beneficencia de Industrias Wayne. También ama la música clásica y rechaza todos los vicios mundanos como el alcohol, las drogas, las fiestas sin control y el sexo… Ella prefiere dedicar su vida a ayudar a las personas y a hacer feliz a su padre. Este año ha iniciado su carrera en medicina, planea salvar vidas en África algún día. Como verás es una muñeca intachable, excepto por el hecho de que en su adolescencia hizo alguna que otra travesurilla con su primo y su prima, pero no podemos culparla, todos hemos experimentado cosas nuevas alguna vez. – La muchacha se removía sin control con cada palabra que el Joker pronunciaba, era obvio que el bastardo se sabía toda su vida de memoria. – Pero ya basta de palabrerío, me has preguntado cuál es su papel en nuestra reunión… Sencillo: es tu vida por la suya. Todo lo que tienes que hacer es cruzar esa pequeña línea que el murciélago te prohibió. Si lo consigues, te doy mi palabra, serás libre de marcharte– Jason gruñó en su sitio.
-¡Estás demente!
-Nah, sucede que los dos vemos las cosas de manera distinta- replicó despreocupado.
-No pienso hacer eso.
-Bueno, yo me lo pensaría. Después de todo, estás débil, herido, mis hombres se encuentran rodeando el perímetro, Batman no puede venir a salvarte y yo tengo el control de la situación. – Robín, haciendo acopio de fuerza y valor, se impulsó hacia delante y golpeó al payaso en el estómago, tomándolo por sorpresa y haciéndole perder el equilibrio. Aprovechando las circunstancias, le propinó otro golpe bajo la mandíbula enviándolo hacia atrás, donde tropezó con la silla y la muchacha, y cayó al suelo. Pero su pequeña victoria se complicó al ver como su enemigo lograba incorporarse. Vale, el Joker no era la persona más cuerda de todas y siempre estaba diciendo estupideces sin sentido en las pláticas serias que mantenían con Batman, en medio de alguna que otra pelea, pero el hecho de que el mundo común y criminal le temiera tanto tenía justificativo: Era un luchador nato, podía rebanarle la garganta a todo un escuadrón de policías en menos de una hora y, si tenía un arma en mano, lo mejor era encontrar una forma de pasar desapercibido ante sus ojos. Combatiente y genio estratega, el rey de Gotham City se había encargado de cerrarles la boca a aquellos que se atrevían a insinuar que sin sus hombres no era nada. Él ni los necesitaba, básicamente los mantenía para el trabajo de relleno, la distracción y la obtención de instrumentos de labor. Mientras sus secuaces disparaban a todo ser viviente, él tenía tiempo de escurrirse como serpiente entre los pasillos de cualquier lugar e ir a por lo que necesitaba. Astuto, ágil y destructivo, los ingredientes perfectos para el mal.
El Joker y Robín comenzaron una lucha de ataques mutuos, en las que obviamente el muchacho parecía estar perdiendo inconmensurablemente, la única manera de ganarle a su adversario sería encontrando alguna forma de dejarlo inconsciente. Entre golpe y golpe, el joven ayudante de Batman logró colar su mano hasta uno de los bolsillos del Joker, en donde halló un puñado de baloncitos de colores que lucían divertidos, pero apostaba a que no eran afables. Ya los había visto antes, en otros combates. Tomando algo de distancia, y procurando alejarse de la mujer atada, Jason Todd arrojó las esferas a los pies del payaso. Los objetos rodaron unos instantes antes de explotar, liberando un vapor blanco que auguraba tóxico. Tanteó en su traje hasta dar con su máscara de oxígeno, Batman siempre decía que debía llevarla al enfrentar a sus enemigos, pues nunca se sabía que podría pasar, en especial si del Joker o Poison Ivy se trataba. Se ajustó el objeto al rostro y caminó entre la neblina, activó el sensor de calor corporal para localizar a sus acompañantes. El Joker yacía inconsciente en el suelo y, más atrás, la joven parecía haberse desmayado también. Corrió hasta ella y comenzó a desatarla con velocidad.
-Tranquila, saldremos de aquí- prometió y, contrario a lo que esperaba, la joven le respondió con un leve balbuceo. Robín le apartó el cabello oscuro de la espalda para desatarla con más facilidad. Una vez que estuvo libre, descubrió su boca, pasó uno de sus brazos delgados por su hombro y la ayudó a caminar. Todo parecía ir bien, hasta que su compañera liberó una risita que le causó incomodidad ¿Podría ser que las esferas contuviesen el gas de la risa del Joker? No… de ser así el payaso no se habría desmayado… Su mente se dio cuenta de la verdad al mismo tiempo en que la joven lo pateó en sus piernas para luego golpearlo contra el suelo e inmovilizarlo sin mucho esfuerzo. A su carcajadita encantadora y sutil se le unió la del mismísimo payaso, que apareció caminando sin problema alguno frente a sus ojos.
-Lo siento ¿Te hice daño, cielo?- preguntó una voz demasiado familiar para su gusto. Sus conclusiones finales no eran erróneas, la prisionera era Harley Quinn. – En verdad perdóname… tú siendo tan cortés al liberarme y yo golpeándote de esta forma… - Los reyes de Gotham rieron a coro.
-Estás loca- replicó Jason una vez que ambos guardaron silencio.
-Si lo estuviera me tendrían encerrada en un manicomio.
-Y así va a ser, no tengas duda de ello- Una patada en las costillas por parte del payaso lo silenció rápidamente.
-Me gustan los manicomios…- habló con tranquilidad el hombre de cabellos esmeraldas- Son divertidos, como un parque de juegos… Si tienes mal animo te alegran, si estás con mucha energía acabas vomitando – las carcajadas volvieron a aturdir a Jason. – Pero Harley no va con ellos, ella es volátil, es primordial que actúe en mis funciones… Pertenece a mi lado- le palmeó la mejilla con rudeza- así como tu al de nuestro querido murciélago…
-Ya lo tenemos, Puddin, ¿Qué hacemos ahora?- Inquirió el arlequín con entusiasmo evidente. El Joker sonrió de forma dulce y le acarició la mejilla.
-Lo primero que vas a hacer, querida… ¡Es dejar de llamarme de esa forma!- Harley liberó un quejido cuando sintió la sonora bofetada que el Señor J se encargó de propinarle. No era que no supiera que él detestaba ese apodo, más si se encontraban en público (en privado lo toleraba bastante) pero simplemente no podía dejar de repetírselo. - ¿Quedó claro, Harls?
-Sí, Señor J…- respondió sumisa para luego afianzar su agarre sobre el prisionero.
-Así me gusta, pero sonríe, nena- El arlequín obedeció sin problemas, la tristeza y el dolor del golpe borrándose por completo de su semblante, como si nada hubiese sucedido. – Mucho mejor… - estiró sus brazos y aspiró sonoramente- ¡Huele eso, Harley! ¡Es la diversión! – La chica lo imitó, consiguiendo que a sus fosas nasales solo llegaran el polvo y la humedad del lugar y el olor metálico de la sangre producto del enfrentamiento entre el Joker y Robín.
-No huele muy bien, señor J- comentó con inocencia.
-Nadie dijo que la diversión debe oler bien, en especial la nuestra- devolvió él mientras liberaba una risita traviesa.
-Batman me encontrará…- los estorbó el joven desde el suelo- No canten victoria antes de tiempo.
-Batsy ha caído en la trampa de mi Pud… del Señor J, igual que tu. Está ciego. – Libertó una carcajada y acercó su boca al oído masculino- ¿Ves la burla? ¡Los murciélagos son ciegos! Ja,ja,ja. Bueno no precisamente, pero sucede que solo tienen visión buena de día y ellos cazan de noche y…
-Tal vez el chico tenga razón, Harley- la interrumpió y el arlequín enserió su rostro alarmada- Los murciélagos no ven mucho, pero tienen un oído asombroso y tu, mi querido amigo, vas a gritar muy, muy fuerte. – susurró las últimas palabras, como si tan solo pronunciarlas le ocasionaran un gran deleite.
-Ya quisieras, payaso…-arguyó Jason, desafiante.
-Mmm… ¿Qué te parece si hacemos una prueba? – inquirió al mismo tiempo en que una curvatura en sus labios se ensanchaba lenta y sádicamente. El Joker estiró uno de sus brazos en dirección a su compañera- ¿Harías los honores, cariño?- La muchacha soltó una exclamación chillona y corrió, intercalando saltos y piruetas, hacia un viejo baúl que se hallaba unos pasos más atrás de la silla. Robín la observó inclinarse junto al objeto, otorgando una buena visión de sus posaderas, para luego abrirlo y así extraer un pesado martillo de madera del que ya tenía conocimiento. Harley regresó junto a su pareja y le extendió la herramienta, obteniendo a cambio una sonrisa coqueta que la hizo suspirar. –Your face here- Leyó el rey de Gotham con una pequeña carcajada- ¿No te parece que mi chica es de por lo más divertida?- El asistente de Batman guardó silencio y el Señor J golpeó el martillo contra su mano, comprobando su peso con regodeo insano. – Muy bien, muñeca, es perfecto.
-Le he añadido dos kilos más para que los golpes sean agónicos, Señor J…- informó la muchacha, regalándole en el proceso una mueca maliciosa.
-Eso es excelente, aunque me temo que no lo usaré mucho… tengo otros planes para nuestro querido pajarillo. – confesó. - ¿Tienen los hombres preparado el auto?
-Sí, con cadenas en las ruedas como les ordenaste…
-¡Magnífico!- exclamó- El chico y yo iremos a dar un paseo a las nieves eternas de Gotham… Nos la pasaremos genial- los payasos rieron en conjunto- Pero por el momento tú serás mi público, querida, ponte cómoda. – Harley dio un brinco hacia atrás y con sus piernas logró afianzarse a una de las vigas del carrusel, quedando de cabeza. El Joker realizó una reverencia e inició el espectáculo. El grito de Robín se dejó apreciar por todo el salón cuando el mazo hizo contacto violento en su sien. Las risas psicóticas le retumbaban los oídos y todo se había vuelto oscuro de la nada, aunque sabía que seguía consiente porque llegaba a percibir los comentarios crueles de sus captores, entre los que llegó a atisbar un "Lo has roto" Y también un "Está ciego".
-¡Oh, Robín, no te veo bien!- apuntó con saña el arlequín, logrando que su Puddin estallara en risas. – Y estás de cabeza…- agregó luego en un tono confundido- ¡Ah, no, esa soy yo!- concluyó algo apenada para después girar sobre sus piernas y alcanzar la viga que utilizaría como asiento.
-Mi pequeña comediante- ronroneó el Joker, pasándose la lengua por los labios- Ven aquí, ven aquí…- Harley le sonrió coqueta y tomó un impulso con los brazos para saltar hasta donde él se encontraba – Te has ganado un premio, bebé- le informó mientras acariciaba sus labios tentativamente con el borde del mazo ensangrentado. La rubia se relamió con malevolencia, aguardando a que su pareja continuara- Ve al baúl y escoge un juguete, te mereces dar un golpecito - decidió. El arlequín obedeció rápidamente, puesto que en menos de un parpadeo estaba de vuelta en su sitio, sosteniendo un bate de Béisbol decorado con rayas.
-¡Mira, niño…! ¡Ups, olvidaba que no puedes ver!- la mueca maliciosa en su boca pintada de negro se amplió para gusto del Señor J- Bueno, escucha…- Golpeó el objeto contra la palma de su mano – Tengo un bate…- canturreó risueña, con picardía y un doble sentido sexual de por lo más notorio. A Robín lo recorrió un escalofrío. Harley le separó las extremidades inferiores y con un grito guerrero golpeó al joven en la entrepierna, generándole un dolor insoportable- Y tú ya no- finalizó. El Joker le pasó un brazo por los hombros y ambos rieron a carcajada limpia.
-Bueno, no es como si lo usara demasiado de todas formas- desairó. Harley recostó la cabeza en el hombro masculino y contempló la figura del chico a sus pies, que pernoctaba sus quejidos y se retorcía esporádicamente. –Es hora de iniciar la siguiente parte del plan- comentó el Señor J mientras miraba su reloj con una sonrisa ladina- Ve a cambiarte, pastelito, y ya quítate esa peluca. Me gustas más rubia.
-¡Por supuesto, Señor J!- La chica dio un tirón a los cabellos morenos en su cabeza y dejó al descubierto su cabellera rubia, sujeta en un apretado moño alto. El Joker se la quedó mirando un instante, pues de no ser por los tintes rosados y azules, que asomaban dispersos en el peinado, y la piel cadavérica con un tatuaje de corazón en la mejilla, podría haber jurado que ante él nuevamente se hallaba Harleen Quinzel. La muchacha comenzó a desvestirse, ansiosa por desprenderse de la ropa ordinaria, sin preocuparle el hecho de hallarse frente a Robín.
-Que conste que permito esto porque creo que todos deben tener un buena vista antes de irse del mundo, chico- gruñó el Joker sin despegar los ojos del cuerpo candente de Harley.- ¡Oh, cierto, estás ciego!- soltó una carcajada que resonó con más fuerza que las anteriores y la rubia volteó a verlo curiosa, él la saludó con la mano y enarcó sus inexistentes cejas. Fue entonces cuando Harley detuvo sus movimientos y frunció el ceño con seductora malevolencia. Antes de que el rey de Gotham pudiese adivinar su propósito, la chica se acercó al reproductor de música del sitio, que aún reproducía aquella melodía perturbadora, y fijó una canción más vívida y atrevida. El Joker tomó asiento junto al cuerpo debilitado de Robín y se pasó la lengua por los dientes brillantes. Harley continuó desvistiéndose, retirando la falda que cubría sus piernas y quedando solo en ropa interior (ya se había deshecho de su camisa con anterioridad), contoneó su cuerpo al ritmo de la balada y caminó marcando sus caderas hasta uno de los pilares del carrusel, en donde inició una serie de posturas eróticas que estaban despertando el apetito sexual del payaso. Entre medio de las acrobacias, desprendió su sujetador y lo arrojó al público, logrando que cayera justo sobre la cabeza del prisionero. Cuando fue el turno de sus bragas, las revoleó al azar para luego poder apresar el pilar con sus piernas y refregarse repetidas veces contra el mismo. Los sonidos de placer por su improvisada masturbación no tardaron en aparecer y la respiración del Joker se volvió más acompasada y perceptible.
-Solo quiero que sepas…- gruñó Jason desde el suelo- … que he recuperado la vista desde que empezó a bailar…
-¡¿Qué demonios…?!- El Joker se incorporó de golpe y lo pateó con fuerza en el estómago, Harley detuvo su actuar, algo fastidiada porque el mocoso le arrebatara la atención de su Puddin. La rubia vio a su pareja rebuscar algo en sus pantalones, que lucían más abultados por toda la excitación previa. El Señor J extrajo dos cuerdas y con furia las anudó las extremidades del chico, inmovilizándolas completamente. – Te quedarás quietecito por aquí…- informó mientras lo levantaba del suelo, sin demasiado esfuerzo, para luego aventarlo por el aire hasta hacerlo chocar contra uno de los aviones que le había arrojado al principio. –…hasta que los mayores terminen la función privada, me temo que ha finalizado el horario de protección al menor- Robín escupió la sangre que se había acumulado en su boca e intentó voltearse pero no podía ni mover el cuello. Sin embargo rió levemente por haberlo hecho enfadar, aunque desde luego esa no era una decisión muy inteligente. - ¿Te dije que te detuvieras?- le oyó gritar, obviamente eso iba dirigido hacia su pareja.
Harley, algo intimidada pero igual de juguetona, reinició su contoneo sensual y caminó hasta el Señor J. Tras guiñarle un ojo, lo tomó de la mano y retrocedió sobre sus pasos hasta hacer que se sentara en la misma silla en la que ella había fingido ser un rehén. El Joker se dejó hacer, el siguiente paso del plan podía retrasarse un poco más. La joven, completamente desnuda, se sentó a horcadas del hombre, para luego empezar a friccionar su húmeda feminidad contra el miembro de su Puddin. Sin embargo, de a momentos se apartaba y volvía a bailar, siempre sobre el regazo de él, conformando la única de las sinfonías eróticas que ella tenía prohibido realizar en el club a nadie que no fuese el rey de Gotham: un lapdance. El arlequín se encontraba feliz por toda la atención que le era otorgada, el Señor J no despegaba la mirada de su cuerpo, los ojos cautivantes y temerarios la comían viva sin ningún disimulo. Eso la excitaba, tanto que ya no bastaba tenerlo completamente embrujado con la proximidad de su piel. Apoyándose por completo sobre la figura masculina, la joven llevó su boca hasta una de las orejas del Joker, en donde liberó un suspiro antes de hablar.
-Tócame, Puddin- suplicó con anhelo- Por favor, quiero que me toques- prosiguió. Lo oyó ronronear sugestivamente y solo entonces se atrevió a acariciar con sus labios el lóbulo masculino. Su piel ardió en las zonas donde él apoyó sus manos para acercarla todo lo posible. Harley acarició sus brazos y su pecho por sobre la ropa, demasiado cerrada para su gusto, pero el frío estaba volviendo a Gotham y el Joker, aunque poderoso, seguía teniendo las mismas sensaciones que un humano promedio. La rubia bajó una de sus extremidades hasta la entrepierna del hombre, para luego estimularla sin pudor existente. Sabía que no lograría que se quitara la indumentaria, pues eso les haría desperdiciar más tiempo del que disponían, por lo que se conformó con sentirlo a través de las telas. Apreció como la virilidad de su Puddin se endurecía contra su palma y gimió cuando percibió el tacto de aquellas manos enormes bajando por su espalda, dispuestas a hacer estragos. El Señor J contempló su reloj, lo cual fue una señal certera para Harley, una que le decía que no podía demorarse más. Sin pensárselo dos veces, abrió el pantalón morado y comenzó a apartar la tela de la ropa interior graciosa que su pareja portaba… El celular del Joker interrumpió el momento, ocasionando que ambos protestaran como si fuesen un par de niños enfurruñados- ¡Mataré al desgraciado!- gruñó el hombre mientras buscaba su móvil.- ¡¿Qué?!- gritó, intentando ignorar el hormigueo que se acumulaba en su entrepierna a causa de la descarada arlequín. Harley le guiñó un ojo mientras dejaba caer una de sus manos hasta su miembro. El Señor J ahogó un jadeo y enfocó su mente en la llamada telefónica.
-Señor, la policía acaba de finalizar su trabajo. Batman ha desactivado seis bombas, la séptima ha explotado, pero rescató a la familia. – informó uno de sus hombres.
-Murciélago imbécil…- gruñó con dificultad, pues la rubia estaba quitándole toda capacidad de habla con aquellos malditos dedos expertos. -¿En dónde está ahora?
-Los muchachos han localizado el Batimovil al sur, por lo cual creemos que se dirige a su escondite ¿Cuáles son sus órdenes? – El Joker apartó el teléfono de su rostro para disimular un gemido, a lo que Harley rió con picardía. Volvió a aproximar el objeto a su oído.
-Batman no irá a casa hasta saber en dónde demonios está el niño, así que todos irán de compras al centro comercial…- con su mano libre tomó a el arlequín por los cabellos y la envió al suelo, dejándole la cabeza entre sus piernas. Entendiendo lo que su Puddin deseaba, la joven no dudó en llevar su boca hasta el endurecido pene de su pareja, buscando darle tanto placer como fuera posible. El Joker cerró los ojos y prosiguió- Causarán disturbio aleatorio… asesinen a un par de civiles, rompan las tiendas, lo típico. Mantengan a Batsy entretenido por un rato, hoy no jugaré con él.
-Como ordene, señor- El secuaz escuchó como su jefe emitía un extraño gruñido desde el otro lado de la línea.
-Tú espérame fuera, y dile a Frost que tenga el auto encendido, saldré en un momen…to…
-Entendido, Jefe- El Joker cortó la llamada y miró a su chica, que parecía hallarse concentrada en hacerlo llegar al orgasmo, con rudeza volvió a jalar sus cabellos, esta vez para atraerla a su regazo. Buscó los labios de su arlequín y ella correspondió a su beso con igual ferocidad. Cuando la había visto por primera vez en Arkham, jamás imaginó que aquella doctora con sueños de colegiala pudiese tener tanta experiencia en los asuntos de alcoba, de hecho había pensado que probablemente era una frígida aburrida. Sobraba decir que, una vez que sus sesiones se tornaron interesantes, se alegró de haber optado por un plan de escape alternativo… La psiquiatra era una auténtica fiera. Su apariencia y modales angelicales quedaban al margen cuando de sexo se trataba. Fue por su culpa que volvió a verse inmerso en los placeres mundanos, desde que había renacido jamás lo habían vuelto a alterar ese tipo de inquietudes. Maldita y bendita Harley Quinn.
El Señor J acabó con el beso sin dar explicaciones y la empujó al suelo. Se ajustó los pantalones ante la mirada inconforme de su chica- un adorable puchero- y caminó hasta la puerta.
-Terminaremos esto en casa, bebé, papi tiene trabajo por hacer- El rostro del arlequín volvió a adquirir su sonrisa habitual- Vístete de una vez- Harley buscó su traje rojo y negro y se lo colocó sin demorarse demasiado, apreciando con orgullo como no quedaba ningún indicio del embarazo en su cuerpo. Contempló como el Joker abría la puerta y llamaba a su mano derecha. Jonny Frost apareció casi al instante. – Sube al mocoso a la camioneta- dictaminó. El ayudante asintió con su seriedad habitual y buscó a Robín con la mirada para luego caminar hacia él y cargarlo sobre su hombro. Un segundo hombre apareció en la entrada, saludando respetuosamente a su jefe- ¿Tú hiciste la llamada?- indagó el rey de Gotham.
-Sí, señor- El Joker rió lentamente y palmeó el hombro de su secuaz, haciéndolo sonreír con nerviosismo. Antes de que nadie pudiese preverlo, una bala atravesó el cráneo del muchacho.
-Odio las interrupciones.
Harley volvió a estirar sus cachetes con las manos al mismo tiempo que juntaba los ojos y sacaba la lengua. Su parte más infantil le servía de mucho a la hora de divertir a sus pequeños monstruos, los cuales reían sin dar tregua. La risa de Lucy no se diferenciaba mucho de la de los demás bebés, pues no era influenciada por nadie como para que esta se alterara, no se podía decir lo mismo de JJ. El niño llevaba en su voz el timbre exclusivo del Joker e incluso igualaba muchos de sus gestos, cada día se asemejaba más a él. De a momentos, Harleen le hablaba con paciencia, haciéndole preguntarse si aquello era realmente un buen acontecimiento. Ella le respondía que no estaba del todo segura, pero que de cualquier modo se alegraba de que su hijo tuviese una relación cercana con su progenitor, entonces ambas rememoraban su infancia fría, en medio de una familia absolutamente controversial… Un padre que solo servía para beber y pelear con sus hermanos mayores, una madre que se escabullía los fines de semana con su amante y apenas le prestaba atención, y un puñado de muchachos que no hacían más que decirle que si lograba algo en su vida sería gracias a lo que tenía entre las piernas. Lamentable.
Se había acostumbrado a oír a Harleen en su mente, muchas veces le era de gran utilidad, como cuando debía analizar las actitudes de los hombres que iban a negociar con su Puddin (detectaba con facilidad a los embaucadores) o cuando se requería asistencia médica inmediata tras algún enfrentamiento. La Doctora Quinzel no se había recibido de practicante corporal, pero sus conocimientos en el campo eran lo suficientemente amplios como para ayudar. En esas ocasiones, el arlequín la dejaba aflorar, resignándola a encargarse de todo el trabajo. Esos eran los instantes en los que el Joker le recriminaba estarse comportando extraño, pues Harleen actuaba demasiado distante y fría cuando se encontraba con él. Le había valido unas cuantas bofetadas, ya que la psiquiatra era capaz de hacerle frente, llegando a insultarlo sin problemas cuando él se mostraba demasiado denso. Harley, por el contrario, jamás osaba llevarle la contraria a su Puddin. Las dos estaban de acuerdo en el momento exacto en que se dio esa división de personalidades: El baño químico. Antes del suceso, la psicóloga no había tenido ningún problema en seguir al Joker, obligarlo a bajar de su maldito auto, amenazarlo y ponerle una pistola en la cabeza…Tras caer en el líquido se había despertado siendo otra, alguien que solo deseaba servir al Señor J sin réplica alguna, una mujer carente de voluntad propia.
Harleen siempre estaba remarcándole como el hombre la utilizaba, más Harley hacía caso omiso a sus reproches y en su lugar le echaba en cara que no se quejaba de él cuando tenían sexo. El Joker nunca podría haberse imaginado que, cada vez que eso sucedía, era aceptable decir que estaba siendo parte de un trío, pues tanto Quinzel como Quinn tomaban protagonismo en la cama, turnándose para complacer al hombre al que amaban. Si, no importaba cuanto se quejara y cuanto hablara mal de él, ni tampoco sus razonamientos analíticos sobre la relación insana que mantenían y los innumerables motivos por los cuales Harley debería dejarlo, al final de cuentas la doctora no podía negar que también le amaba, aunque su amor encallaba en la cordura, a diferencia de el del Arlequín.
Algo que ambas adoraban sin queja alguna eran los niños. Desde su infancia la doctora soñaba con formar una familia y su sueño se mantuvo cuando Harley tomó control total de su cuerpo, permitiéndole salir solo cuando le era útil. Harleen era quien guiaba a Harley en los cuidados más complejos de los pequeños pues, pese a conservar su inteligencia, la chica podía ser un poco irresponsable o distraída la mayor parte del tiempo. No la culpaba, pues todos los daños ocasionados por la terapia de electroshock recayeron en la personalidad post- químicos al completo.
La Doctora Quinzel también quería mucho a Poison Ivy, y la echaba de menos en ocasiones, le gustaba como se preocupaba por el Arlequín. Sin embargo la veía solo como una amiga y por eso había preferido mantenerse al margen de las relaciones sexuales el tiempo en que Harley se acostaba con ella. Le resultaba incómodo y repulsivo. Era otra diferencia que se marcaba entre las dos, Harleen era heterosexual y Harley bisexual.
-¿Quiénes son esos niños tan lindos?- preguntó la joven mientras se turnaba para besar a ambos- ¡Son JJ y Lucy!- exclamó luego. Los bebés rieron a coro, contentos de tener a su madre de vuelta . No les gustaban mucho las cuidadoras, pero el Arlequín no deseaba perderse la diversión junto a su Puddin. La rubia contempló el horario, hacía ya seis horas que no sabía nada del Señor J.
La puerta se abrió sin previo aviso, dando respuesta a todas sus inquietudes. El Joker entró a la habitación con una sonrisa de medio lado. Llevaba puesto un abrigado tapado de color marrón por sobre el traje morado, y sobre sus hombros había rastros de nieve, la cual en esa temporada solo podía caer en el sureste de Gotham. Harley le brindó una de sus mejores sonrisas y los niños cantaron la palabra papá, que él ya había aceptado a regañadientes.
-¿En donde lo dejaste, Puddin?- preguntó el arlequín impaciente- ¿Te divertiste un rato con él antes de devolvérselo a Batsy?- El Señor J la miró como si fuese estúpida y se sentó junto a los tres en el suelo.
-¿Devolverlo?- preguntó irónico, liberando una carcajada lenta. Harley llevó sus ojos celestes hasta su hija, quien había tomado la mano de su padre. La rubia ahogó una maldición al notar los guantes violetas de su pareja, totalmente cubiertos de sangre que empezaba a coagularse.
-¡Lucy, ven aquí!- Antes de que pudiese tomarla entre sus brazos, el Joker había quitado a la niña de su alcance, manchando en el proceso su vestido de pliegues rosas.
-¿Te gusta esto, cosa? – indagó a la niña. Lucy jugaba inocentemente con la sangre en las manos de su padre, esparciéndola entre risas. – Eres una bruja traviesa- alegó el rey de Gotham- apuesto a que esa curiosidad la has heredado de tu tonta mami, siempre metiéndose con las cosas que exteriorizan peligro.- Harley observó el intercambio con los labios entreabiertos, Harleen tal vez tenía razón… Sus hijos no estaban bien con el Joker, ni tampoco con ella. Eran un par de seres humanos a los que todos consideraban inhumanos. Si él había hecho lo que ella pensaba… sus bebés no estaban a salvo.
-Puddin… tu… - admiró el modo en que JJ se unía a su hermana, era la primera vez que el Joker sostenía a los niños en su regazo, se sentaba con ellos, claro, pero nunca había querido cargarlos. El arlequín prosiguió- ¿Tu… Tu lo…?- El Joker puso una de sus manos bajo la barbilla del niño y lo contempló directo a los ojos.
-El pajarito no volverá a decir pio, pio- Alegó con sadismo. Harley se cubrió la boca, eso estaba mal. Estaba muy mal. Batsy se enfurecería mucho, él adoraba al mocoso ¿Qué pasaría si rompía su regla de oro y decidía matarlos?
-No… Puddin… A Batsy no va a gustarle eso- se abrazó a sí misma, encogiéndose en su sitio. Todo estaba mal, se suponía que solo debía golpear un poco al niñato, por estar metiéndose siempre en donde no le llamaban, pero matarlo… no. No. No. No. Matar gente era una cosa, matar a Robín era algo totalmente diferente, Batman tenía un vínculo directo y estrecho con él. Claro que eso no le hubiese importado en otras circunstancias, pero la situación había cambiado. Ahora tenían dos niños bajo su tutela, dos pequeños bebitos ajenos a toda su maldad, inconscientes de la clase de padres que les había tocado.
-¡Desde luego que no va a gustarle!- se mofó el Joker mientras se quitaba los guantes y los entregaba a sus hijos. El señor J admiró como la sonrisa y fascinación de sus vástagos aumentaba y se sonrió con orgullo- Me hubiese gustado que lo vieras, comencé golpeándolo en las zonas que no pusieran en peligro su vida tan rápido, así que prolongué su sufrimiento hasta el último instante. A Batman le costará trabajo reconocerlo, si es que queda algo de él. Hice estallar el lugar. – Harley lo observó pasmada, normalmente se hubiese reído, pero estaba asustada. – Me olvidé de recoger la palanca, pero al menos traje esto- puso frente a él una lata de aerosol dorado. –"HA,HA,HA The joke is on you, Batman"- recitó mientras se pasaba la lengua por los labios- Es una pintura resistente, así que creo que se leerá perfecto aún si el traje se quema en totalidad. – El arlequín se mantuvo ausente, Harleen estaba gritando desesperada en su cabeza.
-¡Sal de aquí, sal de aquí! ¿No ves lo que ha hecho? ¡Se ha excedido!- El Joker seguía hablándole, más ella no lograba entenderle- ¡Déjalo! ¡Vete ahora mismo! ¡Los bebés, Harley, los bebés! ¡Nuestros hijos! - La mano del señor J se cerró en torno a su mandíbula y la obligó a mirarlo, silenciando a la Doctora Quinzel.
-¿Qué demonios te sucede?- inquirió el hombre con evidente molestia, esperaba que ella riera con él, incluso que le saltara al cuello y lo llenara de besos empalagosos, que lo adulara por su genialidad y que luego comenzara a seducirlo.
-¡Huye, Harley, tienes que irte de Gotham! – El Arlequín se llevó ambas manos a la cabeza, su cerebro punzaba, su corazón también. Irse era lo apropiado, pero perder a su Puddin le dolería más que cualquiera de los golpes que él le hubiese dado en todo el tiempo que llevaban juntos. -¡Lárgate ahora!
-¡No puedo, no puedo!- Gritó desesperada. El señor J frunció el ceño confundido y retiró su agarre. Los niños comenzaron a gimotear al ver a su madre alterada. -¡No me pidas que haga eso!
-¿De qué estás hablando, Harley?- le preguntó su Puddin. La joven no respondió.
-¡Yo si puedo, déjame hacer esto por ti! –Con una profunda tristeza, el arlequín dejó escapar un par de lágrimas a medida que cerraba los ojos y la calma regresaba a su cuerpo. El Joker observó como su chica retiraba las manos hundidas en su cabello y se relajaba lentamente. Poco a poco, la mujer fue abriendo sus fanales, enfocándolos directamente en su pareja. Él la miró extrañado, como si estuviese previendo que algo malo sucedía. Cuando hizo amago de acercarse, Harleen gruñó y estampó una cachetada en su mejilla.
-¡Maldita perra!- gritó el Joker, bastante sorprendido. La rubia giró sobre sus piernas y se puso de pie con un movimiento acrobático.
-¿Cómo pudiste hacer algo cómo eso?- indagó colérica- ¿No pensaste en ellos?- señaló con la barbilla a los niños, que miraban todo con temor y confusión. El señor J, la contempló como si se tratara de una extraña, su voz había aumentado unos cuantos grados, al punto de perder el matiz aniñado que la caracterizaba y su postura defensiva le indicaba que no iba a dejarle tocarla. - ¡Batman nos matará a ambos!
-No sé qué es lo que estás haciendo, muñeca, pero no es divertido… No me obligues a abrirte la garganta…. ¡Corta con toda esta mierda ahora mismo!- estalló. – Además el propio Batman nos protege, su regla de moral antigua mantiene nuestras vidas a salvo, mi tonta cómplice.
-¡No me llames así!
-¿Y Quién eres tú para decirme lo que puedo, o no puedo, hacer?- Gruñó- Harley, Harley, Harley, ya deja de comportarte como una cualquiera, bebé. Tú no eres así…– intentó persuadirla.
-No me enredarás con tus palabras ¡No otra vez! – Lo vio arrugar el entrecejo cada vez más desconcertado – Un gusto saludarte, J. Me temo que Harley no hablará contigo ahora. – Los ojos azules del payaso brillaron al comprender la situación.
-Vaya, vaya…- avanzó dos pasos, la rubia los retrocedió- Doctora Quinzel…- ronroneó con una pequeña risita. – No sabía que aún merodeaba por aquí.
-Hay demasiadas cosas que no sabes, Puddin- replicó desafiante. – Quizá Batman no nos asesine, pero nos buscará y nos encerrará. Y eso será peor que la muerte, porque descubrirán a nuestros hijos y los enviarán lejos de nosotros. No volveremos a verlos jamás…- una lágrima traicionera resbaló por su mejilla pálida – Te he visto compartir tiempo con ellos, he observado como poco a poco les permitiste quedarse en tu vida, te noté cambiar en ese aspecto. No creas que no me di cuenta, habrás jugado y arruinado mi mente a tu antojo, pero sigo siendo una psiquiatra… Los has puesto en peligro, J. No sé si a ti te importe o no lo que puedan hacer con ellos si nos atrapan, pero yo no podría soportarlo, Harley menos. Es por eso que voy a dejarte, necesito ponerlos a salvo. – La risa del maniático la interrumpió.
-T u no vas a llevarte a nadie a ningún lado, cariño. – Comenzó a acecharla, menguando el tono de su habla con cada paso que daba- Tu eres mía, lo decidiste desde el instante en que saltaste a esa cuba de tóxicos. No vas a irte, no pienso renunciar a lo que pertenece. Ni tú ni esos mocosos van a abandonar este maldito lugar, Harleen. – La doctora tragó saliva audiblemente- Además, suponiendo que te deje marchar, Batman sabe que eres mi cómplice. No descansará hasta dar contigo.
-Buscaré protección, la tuya no es suficiente si se encuentra enojado.
-¿Y en donde conseguirás mejor protección que en este lugar?- señaló sarcástico mientras extendía sus brazos y señalaba a su alrededor.
-Con Ivy, ella posee habilidades grandiosas, la encontraré, me disculparé por lo que le dijo Harley y le pediré que me ayude… – Las manos del Joker apresaron la garganta de la rubia y la golpearon contra la pared, cortando sus palabras y su respiración. Los bebés iniciaron su llanto histérico, no les gustaba lo que veían, intuían que no estaba bien.
-¡NO VAS A LLEVARTE A LOS MOCOSOS A NUNGÚN LADO, Y MUCHO MENOS CONSENTIRÉ QUE SE LOS ENTREGUES A ESA PLANTA ASQUEROSA!- Gritó ya fuera de sí. Aumentó la presión sobre el cuello de la muchacha y la levantó del suelo, haciendo gala de su fuerza descomunal. Los pies de Harleen bailotearon en el aire antes de que él la arrojara al piso y la pateara en el rostro. La pisquiátra escupió su propia sangre y liberó un grito antes de enredar sus piernas sobre los tobillos del Joker, consiguiendo que perdiera el equilibrio. Tras esa acción, logró incorporarse y estampó su puño en la cara tatuada del payaso, más él alcanzó a interceptar su segundo ataque. Los reyes de Gotham City se enfrascaron en un duelo de permanentes golpizas recíprocas, llamando la atención de sus empleados.
Jonny Frost apareció en la puerta junto a una de las cuidadoras de los bebés. Apreció como la mujer se escabullía para recoger a los niños que lloraban desesperados en un costado de la habitación, mientras el Joker y, para él, Harley Quinn proseguían con su improvisada batalla.
-¡¿No va a detenerlos?!- preguntó desesperada su acompañante.
-Señora, si quiere vivir, nunca se interponga en los asuntos del jefe. – respondió él para luego volver a centrar su atención en los payasos, denotando una calma irrompible. Hacía tiempo que se había adaptado a ver ese tipo de cosas, aunque no podía negar que en esa ocasión la pelea parecía severa, casi como una lucha a muerte.
Harleen empujó a su pareja contra una de las mesas de noche y tarde se percató de su error. El Joker, sin perder tiempo, abrió el cajón del mueble y extrajo una de sus tantas armas personalizadas. La joven no levantó sus manos cuando él la apuntó en medio de jadeos agotados, simplemente bajó la cabeza resignada. Se hizo el silencio…. El señor J sonrió victorioso, mas el revólver se trasladó a un punto detrás de su chica. La doctora se volteó, notando que estaba apuntando directamente a sus hijos.
-¡NO!- gritó desesperada-¡PARA, PARA! ¡BAJA ESO POR FAVOR! – le suplicó.
-Si se te ocurre dejarme, si vuelves a siquiera mencionarlo o si insinúas que te irás con esa maldita planta, les haré estallar sus pequeñas cabecitas de calabaza. Que no te quepa duda- amenazó- ¿Lo has entendido?- Harleen cerró sus ojos y asintió en silencio, los sollozos invadieron su cuerpo- ¿LO HAS ENTENDIDO?- Repitió la pregunta mucho más fuerte.
-¡SI!- Le respondió ella, totalmente derrotada. Las carcajadas del Joker invadieron la habitación mientras apretaba el gatillo y aniquilaba a la mujer que sostenía a los niños. Jonny Frost se apresuró a sostener el cuerpo inerte para arrebatarle a los bebés de sus brazos antes de que los dejara caer. Harleen miró la sangre de la cuidadora derramarse sobre la alfombra y negó en silencio. No había escapatoria.
-Frost, saca a los mocosos de aquí. – ordenó escueto. La mano derecha del Joker realizó una inclinación de cabeza antes de marcharse.
-Lo intentaste, Harleen- habló Harley en su mente- No te preocupes, el Señor J sabe lo que hace, nos protegerá a ambas y a nuestros hijos. Él no quería hacernos daño, pero no sabe expresarse. No quiere perdernos… nos ama y le dolería que lo dejáramos – La doctora no respondió, simplemente continuó llorando, le gustaba el optimismo de Harley, pero nada cambiaba el hecho de que eran criminales. Las cosas nunca terminaban bien para personas como ellos.
Los pasos del Joker la pusieron alerta y no osó moverse de su sitio, simplemente continuó dándole la espalda, mirando un punto fijo. Los dedos largos y pálidos del hombre se posaron sobre sus hombros y bajaron por sus brazos, acariciándolos ásperamente.
-Ven aquí, bebé- murmuró en su oído para luego comenzar a rosar sus labios a lo largo de su cuello- Ya ha pasado…- prosiguió, tratando de convencerla. Necesitaba que bajara la guardia, necesitaba a Harley Quinn. Enredó sus brazos en la cintura femenina y la atrajo a él en un abrazo persuasivo. Harleen apretó los labios y se volteó en medio de sus extremidades para verlo a los ojos.
-Prométeme que sabes lo que estás haciendo- le pidió, apoyando las manos sobre su pecho- Por favor, si tienes algo de afecto por esos niños, tienes que asegurarme que no los apartarán de nuestro lado. – El señor J la admiró sin responderle, se le hacía extraño verla así luego de tanto tiempo. La mujer que tenía entre sus brazos reconocía la seriedad de la situación y hacía uso de su amplia inteligencia...
Apestaba a cordura.
Harleen Frances Quinzel.
El labio partido, las encías sangrando, el ojo morado, la piel pálida manchada, el cabello desordenado, la postura suplicante y autoritaria, los ojos denotando seriedad. La doctora parecía una parodia de ella misma dentro del cuerpo de Harley, dentro de lo que se había convertido.
-Esas cosas son mías, igual que tú- espetó él, adquiriendo un nivel de voz moderado y sin sobreactuar. – Nadie toca lo que es mío- finalizó. Y para ella fue más que suficiente, porque sabía que eso era cierto. Acabó con el espacio que había entre ambos y lo besó arduamente, como en sus sesiones de antaño, en Arkham.
El Joker no tenía idea de lo que estaba haciéndole esa mujer, pero no iba a detenerse a indagar mucho en eso, no quería volver a recordar el pasado, los tiempos en los que sentía, ni tampoco admitir que Harley y sus hijos estaban poniendo su vida de cabeza.
A ambos les hizo falta el aliento, por lo que separaron sus bocas sonoramente. El Joker analizó el rostro de la rubia, en el cual se hallaba plasmada una gran sonrisa cariñosa. Sus ojos brillaban con locura y adoración.
-Hola, Puddin- pronunció Harley- ¿Me extrañaste? – El señor J se deshizo en carcajadas y ella no tardó en unírsele.
-Más le vale a Harleen quedarse ahí dentro, o la próxima podría acabar matándote- aseveró.
-Oh, pero si tú no te quejas de ella las demás veces en las que aparece- comentó juguetona mientras se deshacía de su agarre y caminaba a la puerta, quería ir a ver a los niños. – Ella tampoco lo hace… No sé cómo no pueden conversar sin que alguno salga golpeado y en otras ocasiones pasárselo en grande sin rechistar- finalizó, refiriéndose al sexo. El arlequín abandonó la habitación, dejando al Joker aún más desconcertado y molesto que antes.
-¿Otras ocasiones?- se indagó en voz baja- ¡¿ Harley, de qué otras ocasiones hablas?!- La risita traviesa de la rubia le llegó desde el pasillo, pero no consiguió una respuesta- ¡Harley, Harley! – siguió llamándola en vano.
Algo le decía que nunca obtendría una devolución sincera de su parte.
Nota de autor:
¡Hola!
He aquí el capitulo, realmente me resultó exhaustivo. ¿Recuerdan lo que dije la última vez? Algo así como "No voy a explayarme en la muerte de Robín porque bla, bla, bla" pues parece que ya es una costumbre hacer lo contrario a lo que digo. Digamos que mi cerebro trabaja así: "Voy a escribir un One-Shot"= Harás una historia de varios capítulos / "Voy a finalizarlo en el capítulo dos"= La historia continúa / "Bueno ahora sí, el capitulo tres será el último"= se explaya en la muerte de Robín y las consecuencias familiares de esta, por lo cual posterga el final.
Como mencioné en el capitulo dos, la muerte de Robín ha quedado bastante confusa en la película. Así que decidí hacer mi propia versión. El Joker, en el cómic, mata al ayudante por su cuenta, en Suicide Squad dice que Harley es su cómplice… Así que junté ambas versiones y acabé haciendo esa cosa media amorfa y complicada que acaban de leer, ustedes juzgarán que tal lo he hecho.
En cuanto a las "voces" de Harley, oficialmente solo existe una: Harleen. Y cuando tenemos a una compañera del Joker actuando demasiado seria y cambiante la voz dentro de su cabeza es otra: Harley. Supongo que todas las demás son variaciones multifacéticas de ambas. Así que si en Suicide Squad 2 no explican bien todo esto, voy a patear a Ayer. De por sí me parece nefasto que dirija la futura película de Gotham City Sirens. Solo ruego porque algún otro director nos traiga al Joker basura que merecemos y no algo tan dulce como lo que vimos. Bien puede decirse que él solo está siendo territorial y que por eso intenta rescatar a Harley a toda costa, pero igual deja un gusto extraño.
*Ayer, juro que si arruinas Gotham City Sirens te prendo fuego la casa*n.n
JEJEJE…
Un beso enorme a todos y todas :D
Los quiere,
Aliniss.
PD: ¡Gracias por su apoyo!
Comentarios anónimos:
Elle Quinn: Gracias por los halagos, Elle. Espero que también te haya gustado mucho este capítulo.
Guest: ¡Gracias! :3
Yop: Me alegra tanto que el curso de la historia y la adaptación de los personajes te gusten mucho. Las escritoras de los fics en español son todas geniales, las leo cada vez que tengo un poco de tiempo, muchas veces regreso luego de una de mis largas ausencias y me encuentro con muchos capítulos acumulados para disfrutar jaja. Tanto mi Harley como mi Joker son más apegados a lo original, trato de no alejarme mucho de Suicide Squad, pero también les doy la personalidad que por lógica deberían haber tenido en la película. No es por ofender a nadie, pero Ayer y sus colaboradores dan asco escribiendo guiones. Te pongo un ejemplo: Cuando el Joker en los cómics/ juegos "Muere", Harley pierde todo nivel de raciocinio, llora desconsoladamente, toma Arkham y le construye un altar, busca la forma de resucitarlo, planea su venganza y de combo se viste completamente de negro, incluso pinta todo su pelo del mismo color. Cuando vi el llantito de cuarta que hizo Margot Robbie y cómo rechazó la propuesta de Enchantress de revivir al Joker quería romper la pantalla del cine e ir a matar a alguien. Fue absurdo. En fin, muchas gracias por tus comentarios simpáticos, son geniales. Y de nada, lo menos que se merecen es que les responda, digo los tengo esperando un mes por cada entrega jaja besitos :3
Aviso: El 29 estaré yéndome de viaje, así que no me tendrán escribiendo hasta el 2 de Febrero, a menos que pueda hacerlo en medio de las vacaciones. Pero no les prometo nada porque Brasil es Brasil, babies jajaja estaré bastante entretenida: D
Bye , bye!
