Solo un instante


Nota: Todos los personajes pertenecen a DC Comics. Esta historia es con fines de entretenimiento y sin ánimos de lucro.


Advertencia: Están a punto de leer violencia, no totalmente explícita pero sí impactante.


La explosión sacudió los cimientos de la casa antes de que alguien tuviese siquiera la ocasión de parpadear. Los matones rápidamente se pusieron en guardia, listos para defender la guarida de su jefe, sabiendo de antemano que debían estar preparados para afrontar una amenaza que los superaría en destreza y fuerza… Nadie había sido capaz de penetrar la guarida del Joker hasta ese momento.

El humo se expandía por los pasillos de la mansión, ahogándolos lentamente… ¿Quién sería?

Poison Ivy había logrado colarse unas cuantas veces, pero sus movimientos siempre habían sido limpios, evitando dañar la propiedad rodeada de una vegetación espesa. Además su estilo era sofisticado y silencioso, prefería atacar valiéndose de feromonas, contoneando sus voluptuosas caderas entre los guardias como si de meras estatuas se trataran. No, no era la ella la atacante y, por el porte de las circunstancias, todos estaban seguros de que no podía ser otro que Batman.

En el ala contraria de la casa, los payasos despertaron por el ruido estridente y el olor a cenizas colándose en sus fosas nasales. Harley se desenredó de las sabanas y tomó su camisón desechado en el suelo, cubriendo su forma desnuda antes de inclinarse sobre su cajón de noche y tomar una de sus armas. Al voltearse se encontró con su Puddin ya listo para salir al contraataque, enfundado también en unos simples pantalones. Estaban consientes de la vulnerabilidad de sus atuendos, pero no podían permitirse desperdiciar más tiempo.

La joven tragó saliva nerviosa al sentir el sabor amargo del humo en su garganta, su visión comenzaba a atenuarse cada vez más, todo cuanto deseaba era llegar a sus hijos y sacarlos de ese infierno, jamás se perdonaría que muriesen asfixiados, jamás se perdonaría que muriesen y punto. El dolor en su pecho ante ese mero pensamiento comenzó a acumularse, cerrándole la respiración aún más que el hollín del ambiente, ella sabía quién estaba atacando la mansión y porqué lo hacía, ella también sabía que el murciélago desconocía que dos niños la habitaban y que probablemente estuviese listo para arrasar con todo, sin tomar en cuenta ese factor. Quizá si pudiese hablar con él de alguna manera le permitiría sacar a los pequeños de la casa antes de que se molieran a golpes con el Joker.

Un fuerte revés se conectó con su mandíbula, rompiéndole el labio y solo entonces notó que su Puddin había estado gritándole que se movieran hace varios segundos. Su cuerpo temblaba, no precisamente por su delgada vestimenta, y el conocido sabor metálico de la sangre se filtró entre sus dientes perlados, generándole una mueca.

-¡Muévete maldita sea!- ordenó el Joker al mismo tiempo que cargaba su revólver y se encaminaba a la puerta. Harley lo siguió sin vacilar esta vez, haciendo lo propio con su pistola para luego adoptar una pose defensiva mientras se adentraba por los pasillos llenos de humo. Se movieron espalda contra espalda, cubriéndose mutuamente hasta que el laberinto que llamaba hogar comenzó a expandirse, haciéndoles saber que habían llegado al hall que conectaba las cuatro alas de la casa. A simple vista se notaba que el fuego había tomado dos de ellas, dejando momentáneamente a salvo el sector de los reyes del crimen y el de los inocentes herederos.

-¡Mis bebés! – exclamó la joven, moviéndose con obvias intenciones de ir tras sus hijos. El Joker la detuvo abruptamente, tomando un mechón de su cabello como si estuviera regañando a una niña caprichosa.

-¿Eres imbécil? Tú no vas a ningún lado, maldita sea, nuestros hombres no están a la vista.

-¡Pero Puddin…!

-¡Cállate de una vez! – espetó con rudeza antes de enfrascarse en sus pensamientos, elucubrando un plan. – Batman debe haberlos dejado fuera de combate a estas alturas, estúpida rata, nos tomó por sorpresa…

-¿Qué hacemos, señor J? El fuego está avanzando, los niños… - el duro tacto del revolver se conectó con su boca, echándola al suelo intempestivamente.

-¡He dicho silencio!- Harley se levantó apacible, escupiendo la sangre acumulada en su boca e ignorando el dolor sordo que se agolpaba en su cabeza. – Espera… – La tomó por los hombros y bajó su mirada a la altura de sus ojos. Sin tacones la arlequín era al menos una cabeza más baja que él- El ala de los mocosos tiene una salida al río de Gotham… ¿Verdad?- la blonda asintió repetidamente- ¡Respóndeme bien!

-¡Pero dijiste que no hable, Puddin!- protestó al mismo tiempo que golpeaba su pie contra el suelo. El Joker respiró profundamente, aguantando las ganas de asestarle otro golpe. En su lugar, tomó el delicado rostro de su reina entre sus manos, apreciando la naturalidad de sus rasgos gracias a la ausencia de su característico maquillaje.

-¿Recuerdas en donde están las llaves de la lancha que robamos? – inquirió pícaramente.

-¡Por supuesto! – Afirmó con el rostro desbordado de alegría- ¡Las dejé junto al pasillo de la habitación de los niños, sobre la cómoda y…! – El rey de Gotham la cortó con un beso efusivo que ella devolvió sin dudar, pero antes de que pudiese profundizarlo percibió la pérdida de su calor sobre sus labios. El Joker ya corría en busca de las llaves y ella no demoró en seguirlo, adelantándose a su paso con pequeños saltos y risas de colegiala enamorada. Todo estaba solucionado, tomarían a los niños, las llaves y se largarían a algún otro escondrijo, quizá al que albergaba a sus hienas… ¡Extrañaba tanto a sus retorcidas criaturas! Debía presentárselas a JJ y Lucy, hacer que se acostumbren a su presencia…

-¡Harley!- el grito de advertencia de su Puddín llegó demasiado tarde, el golpe en sus costillas la envió a la pared opuesta, robándole la respiración ya bastante escasa a causa del humo que no hacía más que aumentar, al igual que el calor sofocante y la luz anaranjada que indicaba la proximidad de las llamas. La joven gimió de dolor mientras intentaba incorporarse para ver a su agresor.

El murciélago de Gotham se alzaba glorioso ante ellos, enmarcado por un fulgor catastrófico a sus espaldas, parecía haber ingresado de lleno por una de las ventanas, pues uno de sus artefactos estilo tirolesa se veía colgando desde el otro extremo de la mansión, mismo que ya ardía sin remedio. El fuego se estaba expandiendo demasiado rápido, si no se movían acabaría por alcanzar la torre de los niños…

-¡Maldita rata embustera!- gritó al mismo tiempo que ignoraba sus costillas probablemente rotas y levantaba su revólver, disparando a matar. El traje impenetrable de Batman se burló de ella, y la risa del Joker llegó a sus oídos antes de verlo aparecer en su campo de visión para atacar al justiciero de negro.

Los adversarios se enfrascaron en una pelea desgarradora que ella prefirió ignorar. Necesitaba sacar a sus hijos de ese lugar y necesitaba hacerlo rápido. Con mucha dificultad comenzó a levantarse, valiéndose de la pared para ello, escuchando su respiración sibilante y el sonido de los golpes a sus espaldas. El Señor J estaba claramente en desventaja, pero poco podía hacer por él, lo mejor era buscar a sus niños y quizá a la ametralladora que se encontraba en la habitación de ellos por seguridad. Pero Batman parecía tener otros planes porque, luego de golpear a su amado hasta enviarlo a una distancia prudente, se volvió hacia ella para detener su huída, apaleándole las piernas con uno de sus tantos artilugios de cinturón.

Cayó al suelo con un golpe seco y, por tercera vez esa noche, la sangre llenó su boca. Los cristales desparramados por la alfombra se incrustaron en su piel, haciéndola estremecerse, aún así continuó arrastrándose para ponerse de pie y llegar a sus mellizos. Escuchó a su Puddin volver al ataque y a Batman destrozándolo a porrazos una vez más, y luego percibió como unos guantes gruesos se adueñaban de su cabello y la levantaban sin miramientos. Sus orbes cerúleos se encontraron de lleno con los del murciélago, frío y determinado como nunca lo había visto.

-No vas a ningún lado, asesina.- gruñó en su voz gutural, mudando su fuerte agarre a el pálido cuello de la reina- Haré que pases el resto de tus días sin ver la luz del sol – Asfixiada como estaba, la blonda asintió rendida, poniendo sus manos sobre la del hombre para que la dejara hablar, para que la dejara explicar que debían sacar a los niños antes de que el fuego derribara la casa. Entonces un ruido de cristales rotos irrumpió en la sala y el murciélago fue arrancado de su vista mientras caía al suelo, rápidamente unos suaves brazos la rodearon y la ayudaron a incorporarse. En medio de la humareda, el calor y la falta de oxígeno, el arlequín distinguió una familiar cabellera rojiza.

-¡I…vy! – exclamó pobremente antes de toser para escupir sangre. La pelirroja la besó en la frente antes de volverse para analizar la situación. Selina arremetía incansablemente contra su pareja, intentando calmarla en vano, pues Batman parecía un huracán de completo rencor. Del otro lado, el payaso se incorporaba entre risas para unirse a la gata en el ataque. –Ivy…- la voz de Harley era apenas un hilo irreconocible que llegó a sus oídos en medio de todo el escándalo que acontecía en la mansión- Mm… mis… be…bés…- Oh mierda. Cierto, los niños.

- ¡¿En donde están?!- inquirió alarmada, la blonda le señaló una dirección y rápidamente se pusieron en marcha, una vez más el héroe de negro les cortó el paso, Pamela conjuró sus plantas, las que tenía a mano pues el fuego estaba asesinando rápidamente a las otras. Casi podía escuchar los gritos de todas sus pequeñas allí fuera, el pensamiento la hizo querer llorar.

Selina y el Joker continuaron su ataque, dándoles algo de tiempo para escapar. Fue entonces cuando el rey del crimen chocó contra la cómoda que se encontraba a sus espaldas, recordando las llaves de la lancha que lo llevarían a la libertad. Abrió los cajones hasta dar con el objeto y lo guardó en sus pantalones de chándal abombados, solo necesitaba una cosa más…

Harley se acurrucó en brazos de su amiga y observó como el Joker volvía a arremeter contra el formidable murciélago, afianzándose a su cintura para taclearlo sin éxito. Selina continuaba peleando con su gracia, elegancia y sensualidad características, gritando palabras llenas de amor, dolor y consuelo para que su tan amado justiciero se detuviera. En medio de la maraña de cuerpos sangrantes y el espeso calor con hollín que se acumulaba entre sus pestañas distinguió como el Señor J se alejaba de la pareja con algo en sus manos y no fue hasta que estuvo a su lado que vislumbró de qué se trataba…

Batman arrojó a Selina con sensatez y se dirigió hacia la dupla de payasos y la hiedra venenosa. Ivy se preparó para combatirlo con lo mejor de sí, al mismo tiempo que sostenía a Harley contra su cuerpo, buscando protegerla. El rey del crimen comenzó a carcajear con una voz ronca antes de atacar traicioneramente a ambas mujeres por la espalda, haciendo que cayeran sobre el murciélago, tomándolo desprevenido y enviándolo al suelo. Los tres apreciaron como un pequeño explosivo impactaba tras ellos, Batman abrió los ojos con sorpresa al reconocerlo como uno de los suyos. El payaso jamás había querido derribarlo, simplemente necesitaba de uno de sus artilugios de cinturón para escapar. El hombre comenzó a darse a la fuga, desapareciendo por el pasillo que en ese momento parecía ser la única manera de salir con vida de la mansión. Los tres se levantaron apresuradamente, debían deshacerse de la bomba antes que nada…

Catwoman pareció adelantarse a sus pensamientos porque, valiéndose de su velocidad sagaz, logró alcanzar el artefacto sin titubear. Harley vio como inclinaba su cuerpo hacia atrás y, demasiado tarde, comprendió sus intenciones.

-¡SELINA, NO!- Exclamó en vano, pues la gata ya había arrojado la peligrosa carga al mismo pasillo que el Joker había utilizado para escapar, buscando dañarlo. Un estruendo sacudió los cimientos de la casa y las vigas comenzaron a derribarse, bañándolos en cal y escombros. El arlequín observó horrorizada como el fuego se expandía rápidamente hacía el sitio en donde se encontraban sus niños, como el techo comenzaba a caer delante de sus ojos.

Lo que siguió fue un aluvión de gritos y explicaciones rápidas que causaron el estupor de Batman, todo ese tiempo la joven había intentado advertirle de la presencia de un par de bebés en la casa y, en medio de su cegadora ira por la muerte de Jason, él no la había escuchado. Sin dudarlo, el hombre corrió hacia el pasillo, apartando los escombros que cerraban el paso, cubriéndose de las llamas mientras intentaba proteger también a las tres mujeres que lo seguían a sus espaldas.

-Ivy…- Harley susurró débilmente, sus ojos entrecerrados de dolor, su piel y cabellos manchados de sangre.- Déja…me- súplico- llévate… a mis bebés… yo no valgo… el esfuerzo- las lágrimas comenzaron a filtrarse de sus orbes, en parte por los pinchazos mortificadores que sufría todo su cuerpo y en parte porque nuevamente tenía el corazón roto. El Joker la había abandonado a su suerte una vez más, lo cual no sería tan importante de no ser porque esta vez también les había fallado a sus hijos. Sus bebés, sus preciosos mellizos no merecían una muerte tan catastrófica por culpa de los actos de sus padres. Ella siempre creyó que su puddín la dejaba al borde de la muerte cientos de ocasiones porque sabía que era capaz de salvarse a sí misma, pero ahora solo podía escuchar a Harleen en su cabeza, diciéndole lo estúpida que había sido todo ese tiempo.

-¿Qué estás diciendo, Harley?- protestó Pamela, arrastrándola con la ayuda de Selina. El arlequín hipó antes de liberar un sollozo audible aún entre todo el caos que se cernía a su alrededor.

-Debí… debí haberme… ido contigo…- pronunció- lo… siento tanto… siento lo que… te dije… soy horrible…y no te merezco….- el llanto agudo de la joven se liberó finalmente, alertando incluso al murciélago que las lideraba. – Siempre me has… cuidado y yo…- La pelirroja la silenció con un rápido beso en los labios, sintiendo el intenso sabor a sangre que emanaba su tan querida Harley Quinn.

-Yo no soy como él- sentenció- no pienses que te dejaré atrás. – La blonda intentó sonreír ante la declaración pero su mundo comenzaba a nublarse producto de los golpes, el humo y la sangre que se filtraba de los numerosos cortes que cubrían su menudo cuerpo. La conciencia volvió a ella momentos después, cuando sintió unas fuertes sacudidas que solo incrementaron su dolor, un vistazo rápido le bastó para saber que Batman la estaba cargando en uno de sus brazos mientras intentaba abrir el camino hasta la habitación que les había indicado luego de que Selina arrojara la bomba hacia el Joker. Ivy y Catwoman lo ayudaban en la tarea, la gata se había deshecho de su característica máscara, lo cual era signo inequívoco de que su traje de cuero flexible la estaba asando sin piedad, ella misma se hallaba sudando a mares pese a contar con nada más que su delgado camisón.

El sonido de las llamas consumiendo su hogar y los escombros cayendo a corta distancia la pusieron rápidamente en alerta y, casi como si de un milagro se tratase, la joven logró percibir el llanto de sus pequeños a tan solo una puerta de distancia.

-¡JJ, LUCY!- exclamó con alivio. Batman la bajó de sus brazos y rápidamente sintió como Selina le brindaba apoyo, no podía sostenerse por su cuenta. Ivy y el murciélago se prepararon para entrar a la habitación, el calor parecía haber solificado las bisagras del recinto, pero no fue nada que no pudieran solucionar con unos cuantos porrazos del hombre, la puerta cedió al quinto golpe y cayó al suelo con un sonido chirriante. La bermeja avanzó rápidamente, debían salir de ese lugar antes de que acabara por derrumbarse, era un milagro que aún siguiese estable.

Fue todo un poco confuso, frustrante e impactante en verdad. En un instante, la hiedra y Batman trabajaban en conjunto y se movían para llegar a las cunas y tomar a los bebés, al otro un crujido ensordecedor se desprendía del techo, igual que las vigas que lo componían. El caballero de la noche alcanzó el hombro de Poison Ivy para arrastrarla hacia atrás junto con su cuerpo, salvándola a tiempo de quedar atrapada bajo los escombros… Y el llanto de los niños dejó de oírse, fue reemplazado por los gritos desesperados de su madre, que a duras penas era contenida por Selina.

Harley observó horrorizada cómo los restos de los catres apenas eran visibles bajo el concreto en llamas del derrumbe, y el deplorable olor a carne carbonizada llenó sus sentidos, destrozándola por completo.

Sus niños, sus inocentes criaturas libres de culpa e indiferentes al hogar cruel en el que les había tocado nacer, estaban muertos.


Nota del autor:

En este punto de la historia solo quiero saber una cosa: ¿Me odian más por el final del capítulo o por haber tardado tres putos años en actualizar? JAJAJJAA

Mil perdones, gente, la vida de adulta da asco. Es decir, ya era bastante irregular con las actualizaciones cuando estaba en secundaría y me aventuré en el mundo del fanfiction, pero entrar en la universidad y además comenzar a trabajar fue totalmente otra cosa.

Juro que apenas tengo tiempo de salir una o dos veces por semana para hacer cosas por mí misma, ya saben, salir con mis amigxs, ver a mis chicos 7u7, comprarme ropa o simplemente sentarme a hacer nada. Trabajo de ocho a cuatro y, luego de dos horas de viaje, curso de seis a nueve de la noche, todos los días de la semana, sin falta, con otras dos horas de viaje termino llegando a mi casa a las once pm. Manejo un nivel de estrés que jamás creí posible tolerar, y eso que solo tengo 21 años.

Mierda, tengo 21 años... o.O

Este, como pueden imaginar, es el último capítulo de la historia. Nos queda el epílogo y por fin podré darle un punto final a este fic. En mi perfil, más o menos en julio si no me equivoco, dejé todos los planes que tengo a futuro respecto a las escrituras. Solo pido que, si alguien está interesado en lo que quiero crear, sean pacientes porque me lleva mucho trabajo hacerme un espacio para escribir algo que no sean trabajos prácticos o resúmenes para parciales jajaja

Intenté retomar esta historia en varias oportunidades, pero jamás pude lograr exprimir más de unas cuantas palabras, de hecho borré el capítulo como tres veces y lo reinicié en igual medida, eso sí, tuve y tengo claro como acabará esto desde un principio. Lo sé desde que se me ocurrió iniciar todo tres años atrás.

No sabía como abordar muy bien la muerte de los niños, es un tema bastante fuerte par trabajar, por eso decidí que el capítulo dijese lo justo y necesario, que no se tornara morboso, dí solo los detalles que me parecieron pertinentes para enfatizar en que efectivamente las cortas vidas de los mellizos llegaron a su fin.

Si quieren insultarme o dejarme comentarios de cualquier tipo no duden en escribirme, se siente bien estar en el juego otra vez. Es como un respiro para la mente.

En fin, nos vemos en el epílogo y recuerden que tarde o temprano (más tarde que temprano) Aliniss siempre vuelve.

I'M BACK BITCHES!