Al día siguiente, Anna se levanto muy temprano.

Emocionada con la idea de saber más acerca de ese misterioso lobo; desayuno, agarro sus cosas y, como si su vida dependiera de ello, se dirigió al rio para poder apreciarlo una vez más.

Al llegar ahí, tal fue su sorpresa de no encontrarlo en el mismo lugar que se sintió…

¿Triste? ¿Decepcionada? No sabía exactamente por qué, pero al no verlo, esos sentimientos la inundaron casi instantáneamente.

"Supongo que será mejor que me bañe"

Con un suspiro se quito la ropa y se metió al agua para darse ese baño que tanto deseaba desde ayer. Se tomo su tiempo dentro, disfrutando del agua fresca de la mañana; tratando de no pensar en ese lobo, sin éxito alguno.

Cuando se sintió satisfecha; salió, se quito el exceso de agua y comenzó a vestirse. Siendo aun algo temprano, decidió ir a explorar el lugar y tomar algunas fotos. Agarro su mochila, guardo la navaja en el interior de una de sus botas de escalar, lleno su cantimplora y se adentro en el bosque con cámara en mano entusiasmada con la idea de tomar fotos de lo que pudiera encontrar en su camino.

Al pasar algunas horas, y de estar algo sedienta, regreso al rio para poder refrescarse un poco. Estaba a pocos metros del rio cuando escucho algunos ruidos. No comprendía muy bien qué tipo de ruidos eran, pero por lo que se podía escuchar, se encontraba relativamente cerca de ella.

No sabía bien que hacer; quizá era algún animal peligroso el que estaba provocando esos ruidos, o quizás eran animales pequeños jugando cerca. Su mente imaginaba diferentes escenarios tratando de adivinar cuál de todas podría ser la correcta.

Debatiéndose entre ser precavida y su curiosidad; la curiosidad gano la batalla.

Con cámara en mano, se agacho y comenzó a acercarse al lugar de donde provenían los sonidos tratando de no hacer ningún ruido. Solo unos arbustos se interponía entre ella y lo que podría llegar a ser una buena toma, cuando de pronto los ruidos se detuvieron. Anna se quedo en su lugar sin moverse por un tiempo, creyendo que quizá los sonidos cesaron por su culpa.

Espero unos minutos, pero al ver que nada pasaba, se puso de nuevo de pie y al mirar al frente su corazón dio un brinco. Enfrente de ella, a no más de 5 pasos, se encontraba ese majestuoso lobo blanco.

Al tener al animal a esa distancia, se percato de varias cosas:

Primero: el lobo era más grande de lo que creyó al comienzo. Aun en sus cuatro patas, el animal llegaba a la altura de los hombros de Anna.

Segundo: los ojos, que solo pudo apreciar a la distancia la primera vez que los vio, eran incluso más hermosos. Eran de un azul zafiro tan intenso, como si miraras el fondo del océano.

Tercero: su pelaje alrededor del cuello era más abundante que en el resto de su cuerpo, teniendo un parecido a la melena de un león.

No sabía qué hacer, sus pensamientos quedaron en blanco en el momento que sus ojos color turquesa miraron esos azules. Las ganas de acercarse y acariciar al lobo inundaron su cuerpo, podía sentir como sus dedos hormigueaban con la idea de poder acariciar su pelaje.

No entendía que estaba pasando consigo misma. Sabía que si se acercaba más al animal, este podría lastimarla gravemente o incluso matarla. Pero había algo en el animal, algo en la forma en que sus ojos azules parecían brillar, que la hacía sentir que no estaba en peligro.

Sin darse cuenta, su mano comenzó a levantarse dirigiéndose al lobo para poder acariciarlo. Este, al darse cuenta, retrocedió algunos pasos soltando un leve gruñido. Al escucharlo, Anna detuvo la trayectoria de su mano, dejándola suspendida en el aire por un momento. Sus ojos volvieron a encontrarse de nuevo, y sin más, el lobo dio la vuelta y comenzó a correr perdiéndose en el bosque.

Anna soltó el aire que había mantenido sin darse cuenta, había algo en ese animal que la hacía querer saber más acerca de él. No comprendía que estaba pasando, pero había algo que entendió en ese breve encuentro; haría todo lo posible para conocer todo sobre ese lobo blanco.

Después de ese encuentro, los días empezaron a hacerse rutina. En las mañanas, Anna se bañaría y exploraría el lugar. Al medio día, iría al rio para poder mirar al lobo en la cima de la roca. Cada día que pasaba, el lobo se dejaba ver más, se mantenía quieto en la roca mientras Anna sacaba foto tras foto de él.

En una de las tantas tomas que le estaba haciendo, el animal estaba viendo hacia donde se encontraba ella. Anna incremento el zoom de la cámara, tratando de capturar el momento, cuando algo increíble pasó. De forma lenta, deliberadamente, el lobo comenzó a cerrar uno de sus ojos sin dejar de mirarla.

"¿Qué diablos…?"

¿Acababa de guiñarle el ojo? Esa era una idea completamente absurda. Los animales no hacen ese tipo de cosas como lo haría normalmente un humano. Quizá se le metió alguna basura al ojo y por eso tuvo esa reacción.

'Sí, eso debió haber sido'

Aunque, muy en el fondo, Anna sabía que solo estaba buscando una excusa para no creer lo que había pasado.

El lobo le había guiñado

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Algo andaba mal.

Era casi el atardecer, llevaba horas caminando y tomando fotos de algunos animales cuando tuvo la sensación de que la observaban. No sabía exactamente que podría estar detrás de esa sensación, pero fuera lo que fuese, hacia que Anna se sintiera ansiosa.

Creyendo quizá era el cansancio, se dirigió al rio para poder rellenar su cantimplora y regresar al campamento a descansar. Estaba a punto de agacharse cuando escucho ramas quebrándose.

No se escucharon cerca de ella, pero aun así le llamo la atención el ruido. Volteo a ver solo para estar segura de que no era nada, y al ver que quizá solo fue su imaginación jugando trucos con ella, volvió a lo que estaba haciendo.

A los segundos de voltearse, se volvió a escuchar el ruido, pero esta vez fue mucho más cerca de ella. Al percatarse de esto, Anna volteo de nuevo, pero esta vez, estaba segura de que no fue su imaginación. Se quedo mirando a la dirección de donde provenía el ruido, ya que comenzó a hacerse más constante.

Espero un momento, cuando de entre los arboles salió algo que hizo que su sangre se congelara al momento.

Con un gruñido, comenzó a acercarse a Anna de forma lenta, con los colmillos al descubierto. Los ojos de color verde que parecían mostrar maldad y diversión, estaban fijos en ella. Su pelaje era de un color marrón rojizo y a los lados de su cabeza tenía unas patillas parecidas a la de los tigres.

Enfrente de Anna, a unos metros de distancia, se encontraba un lobo más grande que el blanco.