Anna estaba más que aterrorizada.

El lobo marrón rojizo era mucho más alto que el lobo blanco, haciéndolo ver aun más intimidante de lo que ya era. Sus ojos llegaban a la altura de los de Anna, dejando ver lo que parecía ser un brillo de absoluta maldad.

Aun teniendo sus colmillos al descubierto, la mueca que tenia no era amenazadora a la cual ella estaba acostumbrada, si no que era malicioso y calculador. Si tuviera que compararlo con un rostro humano, le recordaba más a la sonrisa de un asesino serial cuando tiene acorralado a su próxima víctima; una mueca que te reta a intentar salir corriendo.

Lentamente, se fue agachando hasta tomar la navaja que tenia escondida en su bota, siendo este su único medio para protegerse. Preferiría no usarlo y lastimarlo, pero si con eso podría ahuyentarlo, entonces tomaría esa acción.

No había terminado de tomar esa decisión cuando se escucho alrededor ramas quebrándose. Aparto su mirada del animal por unos segundos, tratando de ver que otra cosa podría estar cerca de ellos, y al mirar varios pares de ojos brillando en las sombras, rodeándola, Anna se sintió desfallecer.

No era cualquier lobo el que tenía en frente, si no el Alfa. Toda una manada de lobos estaba acorralándola, protegiendo que la presa no saliera corriendo de las garras de su líder.

Volteo a ver al Alfa de nuevo, y pudo notar como este mostraba más de sus colmillos, dando la impresión de que estaba riendo y Anna juraría que lo escucho soltar una risita al mismo tiempo. Al escuchar eso, cada parte de su cuerpo comenzó a gritar por salir corriendo de ese lugar, lejos de ese lobo que parecía querer lastimarla, lejos de la sensación de peligro que emanaba de él.

Comenzó a retroceder poco a poco sin bajar la navaja, apuntándola hacia el animal. Sabía que no podría pelear contra toda una manada usando solamente con su navaja, sería un suicidio. Anna comenzó a considerar sus opciones, aun sabiendo que no eran muchas. Siendo normal en la naturaleza de Anna, se decidió por la que sería la opción más estúpida de toda su vida…

Se dio la vuelta y, con todas sus fuerzas, comenzó a correr lejos del lobo.

Se podía escuchar como el Alfa iba tras de ella, pero no parecía que quisiera alcanzarla aun; como si estuviera disfrutando de la persecución. Casi al instante, Anna comenzó a regañarse a sí misma.

'!Mantente firme ante una manada de lobos, maldita sea! Jamás debes de darles la espalda. !Ellos cazan persiguiendo a sus presas! ¡ESO ES DE MALDITO SENTIDO COMUN!'

Su dialogo interno se detuvo cuando noto una forma familiar apareciendo en la periferia de su vista. Corriendo perpendicular a ella, una masa de pelaje blanco se acercaba rápidamente…

El lobo blanco corría a toda velocidad en su dirección.

Ese pequeño vistazo fue suficiente para que perdiera la concentración y chocara contra un árbol, haciéndola caer al suelo arenoso. Sin tener tiempo a poder quejarse, se dio vuelta y comenzó a retroceder usando sus manos e impulsándose con sus piernas. El Alfa estaba rodeándola, sin atacarla, con la mandíbula abierta mostrando todos sus dientes. El mensaje en esos movimientos era tan claro que Anna parecía escucharlos.

'Te tengo justo donde te quería'

Sin haber soltado la navaja, Anna apretó su agarre en ella aun más. Como si el movimiento hubiera sido en cámara lenta, Anna vio cuando el lobo se abalanzaba hacia ella. Sin tener tiempo de reaccionar; alzo la navaja con todas sus fuerza en su dirección.

Se escucho un aullido de completo dolor, el lobo retrocedió unos pasos mientras sacudía su cabeza sin dejar de quejarse. Se podía ver como la sangre salía del corte que estaba en diagonal de su cara. Cuando este se recupero lo suficiente, mostro de nuevo sus colmillos; pero en esta ocasión, el semblante era monstruoso y amenazador.

Al notar esto, Anna comenzó a retroceder más rápido mientras que el Alfa se acercaba a ella. Definitivamente, había algo que no era nada normal en este lobo. Había algo demasiado humano y cruel en sus acciones para ser algo que un lobo salvaje haría.

El Alfa gruño furioso y salto hacia ella, pero un rugido resonó en los oídos de Anna y, de pronto, el lobo blanco se lanzo hacia el Alfa con tal furia que Anna soltó la navaja en shock. El resto de la manada que los mantenía rodeados estallo de emoción ante tal pelea, como una multitud de adolescentes rodeando una riña a la salida de la escuela.

Los dos grandes lobos cayeron en una violenta pelea, tratando de dominar a su contrincante. Se podía escuchar como gruñían y el sonido de sus fauces cerrándose con furia cuando no alcanzaban al oponente. El Alfa se abalanzo, pero el lobo blanco le lanzo un zarpazo, atrapando la herida de la navaja entre sus garras.

Esto hizo que la pelea se detuviera tan abruptamente como comenzó. El blanco le gruño furiosamente al Alfa, desafiándolo, pateando el suelo listo para atacar de nuevo. El Alfa miro su oponente con indignación, mostrando aun más sus colmillos haciéndolo parecer un monstruo de pesadilla.

El lobo blanco miro a Anna por encima del hombro y movió su cabeza hacia un lado sin dejar de mirar a sus ojos. Como si de una persona se tratase, el mensaje fue tan claro como el agua…

'¡LARGATE DE AQUÍ!'

Sin pensarlo dos veces, Anna se levanto velozmente y, como pudo, salió corriendo ignorando el ardor que crecía en sus músculos por el esfuerzo. Algunos de la manada que se encontraban cerca de ella comenzaron a perseguirla, pero el lobo blanco los embistió haciéndolos perder el equilibrio.

El sol de había ocultado por completo cuando Anna regreso a su campamento. Aun a la distancia se podía escuchar el ruido de la pelea entre ambos lobos. Podía imaginar cómo ambos animales continuaban con la pelea por dominar al otro. Un escalofrió recorrió su cuerpo al recordar lo sucedido momentos atrás.

Sacudió su cabeza, tratando de alejar las imágenes de su mente. Se metió en su tienda al sentir de nuevo el ardor en sus músculos, protestando por descansar. Se acostó sobre su bolsa de dormir cerrando sus ojos tratando de no pensar en lo sucedido en el día.

Llegaba unas cuantas horas tratando de conciliar el sueño, sin ningún éxito, cuando escucho pasos acercándose fuera de su tienda. Aun con los nervios de punta, Anna se abrazo a si misma escuchando atentamente los sonidos. Los pasos se detuvieron en frente de la tienda y ella alcanzo a escuchar el sonido de algo siendo depositado en el suelo.

Después de eso, se volvió a escuchar que dio unos cuantos pasos más. De pronto se detuvo en algún punto cerca de la tienda, no se podía escuchar nada más. Unos cuantos segundos fue lo que tardo esa pausa, ya que los pasos continuaron su trayectoria perdiéndose a la distancia.

Le tomo a Anna unos minutos para calmarse lo suficiente para salir a inspeccionar. Agarro su linterna, abrió la cremallera de la tienda y se asomo para ver que habían dejado. Parpadeo en sorpresa al percatarse que en el suelo se encontraban su cantimplora y la navaja, que se habían quedado tiradas en el suelo cuando comenzó el ataque del lobo marrón rojizo.

Confundida, Anna agarro los objetos con sus manos dándose cuenta de algo extraño. Antes en el rio, ni siquiera había tenido la oportunidad de comenzar a llenar su cantimplora cuando el Alfa apareció. Ahora, la cantimplora estaba completamente llena y la navaja sin rastro alguno de la sangre del lobo.

Incertidumbre comenzó a apoderarse de Anna. Las cosas habían quedado en un área donde no habitaba nadie más, y estaba completamente segura de que solamente habían sido la manada, el lobo blanco y ella cuando todo ocurrió.

Entonces, ¿quien más pudo haber estado viéndolos como para saber donde estaban sus cosas e ir a dejarlas a su campamento?