Oscuridad.
No había más que absoluta oscuridad en todas las direcciones. Ni siquiera la luz de la luna era visible entre los arboles del bosque. No sabía que estaba pasando, solo podía escuchar el viento mover las ramas y su corazón palpitando aceleradamente.
No sabía a dónde ir, pero había algo que su instinto le gritaba desesperadamente: estaba en peligro.
Como si lo hubiera invocado, detrás de ella se escucho un gruñido amenazante. Volteo a ver, pero la falta de luz no podía dejarle ver nada. Los gruñidos seguían avanzando y aun no sabía a qué animal le correspondía.
A unos metros de ella, solamente se lograban ver unos ojos brillando. Unos ojos verdes que la miraban con ira. Como si estuviera conspirando en su contra, la luna hizo acto de presencia iluminando al depredador que tenía en frente.
El Alfa, mostrando sus colmillos de manera monstruosa, se acercaba lentamente a ella.
Sintió como la adrenalina se apoderaba de cada célula de su cuerpo, como el sabor del miedo quedaba plasmado en su boca en el momento que lo reconoció, como cada bello de su cuerpo se alzaba ante aquel sentimiento de peligro. Con absoluto pavor, comenzó a correr con todas sus fuerzas en la dirección contraria a él, tratando de alejarse lo más rápido de ese animal.
Podía escuchar como corría detrás de ella, como si fuera la cosa más fácil del mundo; como si Anna no estuviera corriendo por su vida.
Sintió como mordía su pierna, haciéndola perder el equilibrio para caer al suelo de forma brusca. Intento incorporarse, pero el lobo tenía una pata en su espalda, dejándola inmóvil en su lugar.
Intento gritar, pedir ayuda aun sabiendo que no habría nadie cerca para rescatarla, pero su voz quedo estancada en su garganta. Ningún sonido salía de su boca más que su respiración agitada.
Sin saber que más hacer, se dio la vuelta para ver al lobo de frente. En cuanto su espalda toco el suelo, el lobo se puso encima de ella con los colmillos al descubierto muy cerca de su rostro. Trato de enfocar su mirada en el, pero las lagrimas que empezaban a formarse le impedían verlo claramente.
Quizá se debía a que estaba muerta de miedo, o a sus lágrimas que nublaban su vista, o a la escaza luz que proporcionaba la luna, pero veía algo raro en el animal. En un momento veía sus fauces, sus dientes completamente descubiertos, y en otro veía una silueta humana mostrando una sonrisa maniaca.
Comenzó a forcejear para quitárselo de encima, pero el alfa era demasiado fuerte. Intento pedir ayuda de nuevo, pero su voz se rehusaba a salir de su garganta. Las lágrimas comenzaron a recorrer su mejilla al saber que no había escapatoria.
'¡AYUDENME!'
Vio como el alfa rugió por última vez antes de soltar el mordisco a su yugular.
Todo había terminado…
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Anna despertó sobresaltada, aun con la imagen de esos ojos verdes en su mente. Su respiración agitada hacia que su corazón palpitara a mil por hora, sentía como su playera y algunos de sus mechones se adherían a su cuerpo por el sudor. Por un momento no supo donde se encontraba, y esto hizo que entrara en pánico.
'El campamento…'
Trato de tranquilizar su respiración, al igual que los latidos de su corazón. Tardo unos minutos en recobrar la suficiente lucidez para darse cuenta que solo había sido una pesadilla. Habían pasado unos días desde el encuentro con el Alfa en el rio y desde entonces, cada noche la asaltaban esos sueños relacionados con ese animal.
Ahora Anna era más precavida cuando iba a explorar, tratando de no encontrarse con el de nuevo.
En esos días, se había percatado de que los lobos peleaban durante el atardecer. Por alguna extraña razón, siempre lo hacían en ese momento del día, así que procuraba que para ese tiempo ella ya estuviera en el campamento sana y salva.
A pesar de saber que estar ahí después de lo que presencio, era loco, había algo que la hacía sentir segura. No comprendía exactamente que era, pero sabía que la pelea entre ellos no llegaría hasta donde se encontraba su campamento.
Quizá se debía a que tenía la idea de que su lobo blanco la protegería. No entendía por qué, pero desde el día que la salvo, ha estado refiriéndose a él como suyo. Le había agarrado aun más cariño que antes.
Una noche, después de que escucho que los lobos terminaron de pelear, decidió ir al rio rápido por algo de agua. Se había olvidado de hacerlo antes del atardecer, así que decidió hacer un viaje rápido para rellenar su cantimplora. Estaba por llegar cuando escucho unos leves quejidos muy cerca de la orilla.
No sabía que podría ser, pero se escuchaba que estaba sufriendo. Quiso alejarse, pero no podría dejar que algún animal pasara por dolor, sin importar el animal que fuera. Con ansiedad y miedo, se fue acercando a la fuente de dichos sonidos.
Pero su sorpresa fue tan grande cuando vio al animal que sintió como su corazón se encogía de dolor. A un lado del rio, se encontraba nada más y nada menos que su lobo blanco.
Por su aspecto, era obvio que acababa de pelear con el resto de la manada. Algunas partes de su cuerpo estaban cubiertas de sangre manchando su hermoso pelaje blanco de carmesí. La pata delantera izquierda se veía que estaba en muy mal estado, si la cantidad de sangre acumulada debajo de la misma era algo para adivinar.
'Tengo que ayudarlo de algún modo'
Levanto sus dos manos a modo de mostrar que no le haría daño. Hablándole como si fuera una persona, comenzó a acercarse poco a poco.
"Hey… Veo que te hirieron en esta ocasión. Puedo ayudarte con eso."
Al no obtener ningún tipo de amenaza por su parte, se agacho tratando de acercarse más para examinar la herida.
"Déjame tomar tu pata, déjame ver que tan grave es el problema... No voy a lastimarte, lo prometo."
Estaba a escasos centímetros de tomarlo cuando escucho un gruñido viniendo de él.
"Solo quiero ayudarte… No tengas miedo, no te lastimare."
Dicho esto continúo su trayectoria hasta que pudo tomar su pata herida al ver que no le gruño de nuevo, tomando esto como una señal de aprobación. Por lo que se podía ver, no fue muy grave pero si sangraba demasiado. Tomo su cantimplora y le hecho agua para limpiar la herida.
Tratando de calmar sus nervios, y de algún modo mantener al animal tranquilo, Anna comenzó a divagar en voz alta.
"No creí que me toparía con esto cuando vine al rio, para ser sincera" Anna soltó una risa nerviosa. "Hubiera venido mejor preparada para ayudarte... Aunque imagino que los demás quedaron peor que tu. Si mal no recuerdo, pudiste tu solo contra el Alfa."
Al no tener nada con que vendar la herida, agarro la camisa roja que llevaba puesta, desgarrándola para poder detener el sangrado. Cuando por fin termino de vendar su herida, levanto la mirada para toparse con los ojos Zafiro mirándola directamente.
A pesar de que lo había visto varias veces a lo largo de los días, no había tenido la oportunidad de verlo así de cerca. Todo en el era hermoso, aun cuando su pelaje estaba manchado de sangre, no hacía más que resaltar su majestuosidad.
'Eres hermoso…'
No estaba muy segura de si lo había dicho en voz alta o solo en su mente, pero pudo sentir como sus mejillas se sonrojaban ligeramente por el comentario. Le hecho un último vistazo a la venda antes soltar su pata lentamente.
"Bueno amigo, eso es todo lo que puedo hacer por ti en este momento con lo que tengo a mano." Dijo mientras agarraba su cantimplora.
Se incorporo, lo relleno rápidamente, dio la vuelta para regresar al campamento pero antes de seguir avanzando, se detuvo. Volteo a verlo, aun echado en el suelo con su pata vendada, parecía tan hermoso que la sola idea de que algo malo le pasara y ella no estuviera ahí para ayudarlo, era suficiente para hacer que su corazón se llenara de ansiedad.
"Ten más cuidado la próxima vez, quizá no esté cerca para ayudarte…" dijo con su voz algo quebrada casi en un susurro, retomando su camino.
No entendía por qué, pero en verdad se preocupaba por ese lobo. Había algo en el que le parecía tan tranquilo, tan sereno, que su sola presencia la calmaba cuando lo veía en el rio.
En verdad se preocupaba por el bienestar de su lobo blanco.
Al estar cerca la hora de ir a descansar, Anna decidió que una ligera cena sería suficiente para finalizar el día. Al encontrar nada más que unas cuantas frutas quedaban en su reserva, los planes para el día siguiente se formaron al instante.
"Mañana regresare a Arendelle"
