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Fecha de edición: 05/04/2022
Capítulo 20.
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"Cuando la batalla se recrudece, se prueba la lealtad del soldado."
—Martín Lutero
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La puerta se cerró con una suavidad incómoda, justo en el momento que un vaso de cristal se hacía pedazos contra la pared adjunta. Sasuke volvió la mirada a la ventana, los rayos de sol pese a estar anunciando el final del día, brillaban con fuerza a través del vidrio, él podía sentir la energía vibrante de estos por el cristal.
Al mismo tiempo que el enojo tomaba control de su cuerpo, mientras movía sus dedos de manera continua, observando el vehículo que utilizaba el equipo del General Uchiha y los hombres de Mei Terumi irse, quienes últimamente iban y venían en su zona; sin embargo, estos le tenía sin cuidado.
Frunció el ceño al sentir el olor característico del whisky sobre el suelo de madera. Había servido dos vasos: uno se lo había bebido el soldado que Madara mandó; el suyo, estaba en ese momento como un charco de color ámbar. Solo fueron quince minutos desde la inesperada citación, el objetivo: informarle sobre la reunión programada para mañana en horas de la tarde.
—El General ha señalado que su asistencia es indiscutible, Mayor Uchiha.—Fueron las palabras para señalar lo obvio, encontraron todo lo que necesitaban y mañana Madara Uchiha dictaría el veredicto.
Él era indispensable en el juicio y no existía lugar a discusión.
Los suaves golpes en la puerta lo devolvieron a la realidad, aún de espaldas a la entrada oyó las leves pisadas sobre la madera.
—Es como el Mayor Uchiha dijo.—La voz de Jūgo era plana, Sasuke se quedó callado por unos segundos observando el tranquilo horizonte.
Tan diferente a lo que estaba sucediendo realmente, la guerra no había comenzado hace poco, no. Era algo constante y la única diferencia estaba en que ahora el propósito era mantener el poder o quitarlo. Muchas vidas en riesgo y otras tantas que ya se habían perdido a lo largo de los años.
Miró sus manos desnudas y formó un puño antes de volver la mirada a la ventana.
—Y sí...
—No.—Fue su respuesta inmediata. No tenía nada que pensar, giró levemente su rostro y analizó a Jūgo: sus manos, estaban cerradas en un puño; la mandíbula tensa al igual que resto de su cuerpo.
—Mayor Uchiha-
—Mi respuesta es: no, capitán.—Giró sobre si, dejando sus ojos negros sobre su hombre de confianza, uno de los dos que le quedaban y próximamente, el único.
Jūgo calló al observar la mirada de Sasuke, quien se acercó sin prisa hasta su escritorio y detalló con minucia cada uno de sus movimientos: los hombros estaban totalmente tensos al igual que su mandíbula; sus ojos negros, eran totalmente inexpresivos e indiferentes, la batalla interna que estaba ligando consigo mismo era para admirar.
Por otro lado, Mayor Uchiha volvió sus orbes a una de las fotografías sobre su escritorio a un costado, las voces de los soldados con sus bromas le irritó más y sin pensarlo mucho, barrió todo el escritorio con su brazo.
La cristalería y la porcelana se quebraron en mil pedazos con el impacto, las risas se detuvieron y Jūgo cerró los ojos.
Ignorando por completo el desastre que había creado, dejó sus ojos sobre Jūgo antes de ordenar:
—Tómense el día libre, todos.—Él también tenía cosas que hacer el día de hoy y además no era la mejor compañía…para nadie.
—¿Mayor Uchiha?—preguntó el hombre de cabellos anaranjados alto vacilante.
—¡Largo! —Su respuesta fue simple. Jūgo lo analizó con detenimiento mientras recogía sus cosas y salía de la oficina, recordando que hoy era el segundo martes del mes.
Mikoto Uchiha estaba en el hospital para su medicación y era la primera vez que Karin no se encargada de eso.
Según las instrucciones que su compañera había dejado,como requerimiento si sufría de una baja, sus asuntos habían quedado completamente organizados, hasta el detalle más mínimo y una serie de paquetes que debían ser entregados a su destinatario. Todos sellados, como su última voluntad, como si hubiera sabido de antemano que moriría en un período cercano. Cuando Jūgo le informó a Sasuke de lo sucedido los ojos negros del Mayor lo observaron durante unos largos segundos antes de aceptar el paquete y exigirle a todos que se retiraran.
Media hora después, el olor a humo llegó desde la oficina que abría sus puertas de par en par. El último destello del rojo fuego apagándose en el basurero, Jūgo miró al Mayor Uchiha y supo que algo cambió en esos 30 minutos; pero no dijo palabra.
Era extraño, explícitamente Sakura Haruno sería la encargada directa de seguir el caso y era algo que tenía totalmente tranquilo al Mayor. Por otro lado, la locura de Mikoto Uchiha no era un secreto para nadie, había sufrido la pérdida de su primer hijo de una manera poco racional al ser esposa e hija de militares; ser progenitora de dos hombres que siguieron los mismos pasos, era pista suficiente para haberla preparado para una muerte inesperada en medio del campo de batalla.
Jūgo lo siguió pisándole los talones, un subordinado lo alcanzó justo en la puerta para susurrar una orden rápida y continuó su camino detrás de Sasuke, quien se había detenido para observar el reloj en su muñeca.
Se detuvo unos pasos detrás de este, mientras lo veía en silencio pedir las llaves del auto.
—Mayor Uchiha—murmuró el hombre dudoso, lanzándole una mirada confusa.
—Mañana al medio día.
—Sí, Mayor—contestó realizando el saludo de siempre, Sasuke bajó las escaleras y caminó al coche estacionado a un lado de la entrada principal.
Abrió la puerta, dejó su sombrero en el asiento del copiloto y dio un suspiro mirando sus manos desnudas sobre la madera del volante y apretó la mandíbula, tomándose unos segundos para respirar.
—Sasuke.—Fue un susurro suave por parte de Jūgo, alzó su rostro sin despegar los ojos del frente. Podían sentir los ojos curiosos sobre ambos, sus hombres debían buscar mejores cosas que hacer que estar de cotillas, pensó girando levemente su rotro para encontrase con su capitán.
—No estás solo.
Eran las simples palabras que le dedicó, mientras se hacía a un lado para observar a sus hombres con la mirada decidida, Sasuke volvió sus ojos a Jūgo y apretó un poco más el volante.
—Lárguense todos—ordenó acelerando el coche. El sonido del motor vibró a través de su cuerpo, mientras salía apresuradamente de su territorio.
«La hora en que recogían a su madre parair al hospital ya había pasado» pensó, trazando la ruta que debería tomar, manejando a través de toda la base a medio restaurar, escuchó la risa de algunos hombres que caminaban de vuelta a sus dormitorios después de un largo día.
Todo parecía tan sereno que no puedo evitar reír un poco ante la ironía, la tranquilidad era una simple pantalla, cada cosa comenzaba a caer en su lugar y sabía de primera mano, que la paciencia del General Madara, estaba a punto de romperse.
Una bomba de tiempo la cual nadie sabía cuándo explotaría.
Un grupo joven se avistaba a unos metros de él, con las armas sobre su pecho y un enorme maletín con más armas y suministros, mientras cantaban las mismas canciones para reclutas y el sudor adhería el uniforme a su piel.
Pasó a un lado de ellos, recibiendo el típico: Mayor Uchiha, señor. Los ignoró y siguió su camino.
Aún recordaba sus tiempos así, con el calor abrazador del verano y el peso sobre sus brazos y espalda, las horas que parecían interminables. No había hombre o mujer, todos eran soldados y a todos se les trataba como un igual.
Nunca dudó de su camino; pero había escuchado a sus compañeros y en ocasiones se preguntaba: ¿por qué razón entraban en este mundo? Ahora pensaba el motivo que tenían los hombres que venían a servirle y jurarle lealtad, seguramente ser un simple civil era muchísimo mejor que ser un soldado.
Ya que la muerte no sería su compañera favorita de baile, no tendrían que mirarla a los ojos u observar cómo se llevaba a otros. Sus manos no estarían llenas de sangre y no tendría la necesidad de enfrentar lo que conllevaba ser un verdugo por simples órdenes.
Había visto a los mejores hombres rendirse ante el horror, las pesadillas que enfrentaban después de apretar el gatillo. En ocasiones, para él también era asfixiante; sin embargo, después de sus dudas en su época de inexperiencia, ahora podía ver todo mucho más claro.
Incrementó un poco más la velocidad y salió a la carretera principal, apretando el volante entre sus manos, divisando el enorme hospital a unos metros de él. Estacionó a un costado y se bajó sin mucha ceremonia, Sakura Haruno estaba encargada de su madre y no necesitaba un interrogatorio innecesario. No quería hablar con ella.
Caminó hasta la recepción y se acercó hasta la enfermera con la intención de preguntar por su madre. Era casi el único momento que tenía a solas y ella siempre había preferido que antes de la cena visitaran la tumba de su hermano.
Una pequeña risa lo congeló, su madre parecía haber pedido la capacidad de hacerlo hace un tiempo; pero ahí estaba, riendo con quien menos debía.
—¿Mayor Uchiha?—preguntó la enfermera esperando a que le dijera algo.
—Ya no es necesario.—Se alejó de ella para encontrarse con la pareja, podía sentir la rabia hirviendo dentro de él, ¿qué pretendía Sakura?
Ambas mujeres estaban totalmente sumergidas en su charla, riéndose, Sakura tenía las mejillas pintadas de un leve tono rosa y eso le molestó más.
—Mayor Haruno.—Su voz fue fuerte y formal, con toda la intención de que ambas supieran de su presencia.
La mencionada se detuvo a unos dos metros de él con su madre del brazo, sus ojos verdes delataban la sorpresa que sentía al verlo en ese lugar y la sonrisa en sus labios comenzó a morir paulatinamente.
Sasuke pudo detallar el momento exacto en que el ceño de ella se frunció y se comenzaba a preparar, para solicitar hablar a solas con él.
—Vamonos madre, es tarde y aún tenemos planes. —interrumpió en el momento oportuno, evitando que ella pudiera preguntar por más cosas.
Su madre, en cambio, parecía totalmente dispuesta a quedarse, ¿acaso no entendía que él quería irse inmediatamente?
—No seas grosero, Sasuke.—Le reprendió sin vergüenza mientras volvía sus ojos negros a Sakura.
—Ya sabe, deberías acompañarnos, Sakura estoy segura de que te gustará el lugar que escogió Sasuke-
—No es necesario.
—No es adecuado.
Negaron ambos al mismo tiempo con vehemencia. Mikoto los miró con sorpresa antes de reír y mirar a Sasuke con enojo.
—Deberías llevar a Sakura a cenar en lugar de estar tonteando con Mei Terumi, Sasuke. Sabes qué -
El Mayor Uchiha miró a su madre con enojo, cerrando con fuerza su mano derecha formando un puño. Sin despegar los ojos negros de ambas, respondió:
—Mei se ajusta perfectamente a lo que estoy buscando en este momento, Madre…
—Tonterías.—Negó con la cabeza, mientras le interrumpía y dejaba sus pequeñas y delicadas manos, sobre las de Sakura.—No lo escuches, Sakura, él aún guarda con mucho recelo-
—¡Mayor Haruno! Una emergencia —Gritaron desde la puerta, los tres dirigieron su mirada en dirección al sonido, encontrándose con un hombre en uniforme de entrenamiento y la sangre goteando sin prisa ni pausa.
Otros dos jóvenes le acompañaban, ambos estaban extremadamente blancos, por los que podía asegurar, era su primera vez viendo un compañero herido. Las enfermeras cercanas se apresuraron a atenderlos y sin más dudas Sakura volvió hacia madre e hijo.
—Seguiremos otro día, Mikoto. Sasuke.—Se despidió sin más ceremonias, mientras se apresuraba a atender la emergencia. Ambos podías escuchar las órdenes precisas que daba a su equipo y como se movilizaba con prisa en dirección opuesta a ellos, perdiéndose entre las paredes blancas y pulcras del enorme hospital.
Sasuke ofreció su brazo y Mikoto lo tomó sin más ceremonias, el Mayor Uchiha observó de reojo cómo su madre parecía tener toda su atención en el pasillo por el que se había retirado Sakura.
Ambos caminaron en silencio hasta el auto mientras se topaban con más reclutas nuevos, ayudando a su madre a acomodarse, dio una vuelta para subir en su lugar y cerró la puerta, permitiéndose observar por unos minutos más a la repentina agrupación.
—Sasuke—susurró su madre por lo bajo, mientras lo miraba fijamente. La supuesta locura que decían le atormentaba, estaba totalmente ausente.—¿Cuándo dejarás esta ridícula farsa?
—No te entiendo madre—contestó sin mucha ceremonia, volviendo su atención al momento y encendió el vehículo listo para marcharse.—El cinturón.
—No seas un idiota, Sasuke. Tanto tú como yo, sabemos perfectamente de que estoy hablando.—Mikoto se detuvo un momento acomodándose en su sitio—. Sakura ha cometido errores; pero tú no te quedas atrás, me atrevo a decir que tus pecados son peores que los de ella.
Sasuke rió sin ganas, mientras apretaba el volante. ¿Realmente tenían que hablar de eso? ¿Por qué todo el mundo estaba tan interesado en su relación con Sakura o la falta de ella?
—Lo que hizo la Mayor Haruno ha sido más que un error, madre. Es una traidora y-
—Hay cosas que sabes mejor que yo, Sasuke. Ya veo que no tienes deseos de cumplir la última petición de una mujer muerta y mucho menos de escuchar las palabras de tu madre loca.
—Madre no...—Mikoto sacó su mano, deteniéndolo.
—Tú sabes mejor que nadie, lo que sucederá mañana. La guerra se está aproximando más rápido de lo que pensé; si tú fueras el siguiente, ¿realmente no te arrepientes de nada? —Insistió, observando sus manos aferradas con fuerza al volante.
Él giró su rostro para encontrarse con los ojos que había heredado; sus cabellos negros, totalmente peinados y la piel saludable, la supuesta locura que decían todo la poseía, podrían ser falacias de las habladurías. Sasuke veía a una mujer con cuerpo débil; pero fuerte en espíritu.
—En tiempos donde el odio parece cubrir todo con su manto, el amor es esa pequeña gota de color que nos da esperanza. Recuerda esto Sasuke: una vida sin amor, es solitaria y triste. No desperdicies la oportunidad que tienes, por el contrario, aférrate con todas tus fuerzas, porque es mutuo y hermoso.
El Mayor se quedó callado ante las palabras de su madre, y de manera indiferente volvió sus ojos al frente como si nada hubiera pasado.
Después del pequeño discurso de Mikoto, ambos se quedaron en completo silencio, mientras el auto transitaba por las calles solitarias y llegaba a la ciudad demasiado desierta para su gusto. Su madre se volvió a retirar en sí misma: callada y con los ojos perdidos. Tal vez eso fuera lo mejor.
A pesar de ser esposa y madre de miembros de la milicia, era una persona demasiado tierna de corazón, que no llegaba a entender del todo el juego político. Perder a su hermano había sido un golpe brutal en su mundo y verlo todos los días dirigiendo una guerra, no era lo mejor para ayudarle en su terapia. Sabía que Karin sugirió en su momento un psicólogo para guiarle por el duelo; sin embargo, eso hubiera demostrado una debilidad ante los ojos de Madara, lo que lo llevó a su única opción: la capitana Uzumaki tenía que especializarse.
Otro punto importante era la aceptación de la vida como era por el mismo paciente y ella no había sido lo suficiente fuerte para sobrellevarlo.
No podía culparle, el mundo en que vivían era cruel y sangriento.
Llegaron al apartado restaurante, dejando la mayor parte de su uniforme en el auto, comió con su madre en un pequeño local lejos de la ciudad: el lugar era tranquilo y acogedor, sin que nadie los reconociera como tal.
La cena fue amena y pudo ver el brillo en los ojos de su madre con las ocurrencias que decía, en ese momento no era el Mayor Sasuke Uchiha, sino un simple hombre invitando a su progenitora a comer entre todo el horror que los rodeaba.
Terminaron alrededor de las siete y media, ocho de la noche. La llevó hasta la casa en donde había crecido junto a su hermano, en el porche los estaba esperando su padre, los ojos negros que había heredado Itachi lo observaron en silencio mientras ayudaba a su madre y se despedían en la puerta.
—Sasuke.—Le llamó suavemente, dejando su mano derecha caer sobre su hombro mientras salía.
El mencionado lo miró en silencio y comprendió todo lo que quiso decirle, por lo que asintió levemente antes de marcharse.
La realidad de lo que sucedería, lo golpeo con fuerza de camino a casa, estaba totalmente a oscuras y en un silencio abrumador, la noche pasó demasiado de prisa y sin haber podido descansar adecuadamente porque sabía que a cada movimiento de las manecillas, la muerte se acercaba más y más.
Jūgo y Suigetsu fueron a recogerle a la hora acordada, miró a ambos hombres sin decir palabra y entró en el auto.
Posó su atención en la mano desnuda y trazó el interior de ésta, consciente de que la muerte estaba ahora esperando su movimiento para terminar con una de sus asignaciones.
Se bajó del vehículo y caminó el último tramo que le faltaba hasta las puertas de madera grandes y pesadas, custodiadas por dos soldados que le presentaron sus respetos al verle. Escuchando el murmullo de las tantas conversaciones que se estaban desarollando al otro lado. Sasuke entró en el auditorio seguido de sus dos hombres, las voces ahora eran más fuertes; saludó como era de esperar a sus superiores y a continuación fijó sus orbes oscuros en la persona que no le había quitado la mirada de encima.
Justo junto a su puesto.
Los ojos jade de Sakura parecían más que todo curiosos y precavidos, la reunión era bastante inesperada a decir verdad, la investigación había sucedido a una velocidad desmedida a comparación de situaciones anteriores.
Caminó hasta su asiento, seguido por Jūgo y Suigetsu, quienes tomaron sus sitios unos puestos atrás. Los demás participantes también volvieron a sus respectivos lugares hasta que el vocero, uno de los hombres de confianza de Madara, subió al estrado y todos callaron.
—Hoy nuestro General Madara Uchiha, desea compartir con ustedes unas palabras, espero que estas lleguen a ustedes del mismo modo que me han tocado a mí.
Comenzó la presentación antes de darle paso a Madara, quien subió firme al estrado, dando un barrido visual por toda la sala y se detuvo justo en Sasuke y Sakura. El primero, parecía totalmente indiferente a lo que estaba sucediendo, mientras jugaba con un bolígrafo en su mano izquierda, dejó su derecha libre descansando sobre la madera.
Sakura, por otro lado, estaba totalmente atenta a su alrededor y por supuesto, expectante a lo que Madara Uchiha tenía para decir:
—Han sido unos años largos, cansados y llenos de tragedias; sin embargo, fructíferos. Comencé mi carrera en esta amada institución desde muy joven, al igual que la mayoría aquí presente y como bien saben, para mí, un Uchiha es más que una simple tarea. Generación en generación, hemos defendido esta hermosa nación, así sacrificando nuestra vida.
Padres, hijos, nietos. Todos hemos crecido este amor por una patria, para que sea grande y bien reconocida. Todos los presentes saben y conocen nuestra historia, nos levantamos contra un gobierno opresor que había desmembrado y vendido paulatinamente cada parte de nuestras tierras, los civiles que juraron cuidar, se vieron rebajados a ser menos que un animal.
Allá fuera, lejos de nuestras fronteras, un mundo de enemigos se alzaba contra nosotros, esperando su parte, porque para ellos no éramos un país. Éramos el sinónimo de una tierra mal usada y administrada por la codicia de algunos.
Un fuerte golpe sobre el estrado captó la atención de Sasuke, observando a Madara desde su lugar, continuo moviendo hábilmente el bolígrafo. La Mayor Haruno, seguía con su atención fija.
—Hicimos planes, nos alzamos en contra y decidimos proteger a un pueblo inocente, perdimos camaradas durante la batalla y sacrificamos mucho más de lo que las palabras pueden describir.—Se detuvo un momento, dando otra barrida sobre el auditorio—. Nuestro propósito es siempre servir al pueblo, y velar por sus intereses; no obstante desde hace algunos años un grupo ha intentado deshacer todo nuestro trabajo, destruyendo poco a poco todo nuestros esfuerzos. Pisando nuestros sacrificios.
Han dejado las calles llenarse de caos, el pueblo sufre en silencio, mientras nosotros hacemos todo en nuestras manos para liberarlos.
Sakura formó un puño con las manos, jodidas mentiras. El inicio había estado bien; sin embargo, sabía que Madara Uchiha iba a decir algo en contra de la resistencia.
Los ojos negros de él, se quedaron sobre ella. Esperando cualquier movimiento de su parte, la incitación a un reto está sobre todo su rostro; pero Sakura no era estúpida.
—Podemos perdonar; pero no admitimos traidores. Capitán Suigetsu Hotzuki, si me puede ayudar, por favor—llamó Madara, señalando el computador sobre la mesa justo delante de él, frente a todos los altos rangos.
La sala se quedó en completo silencio, mientras Suigetsu se levantaba de su lugar y se acercaba hasta el sitio. Sakura notó como el Mayor Uchiha dejaba de jugar con el bolígrafo y levantaba sus ojos a quien era su hombre de confianza.
El vídeo comenzó a rodar sobre la pantalla, los murmullos no se hicieron esperar y fue ahí, cuando Sasuke perdió totalmente la compostura. Mientras la cinta corría, se podía observar a un Suigetsu en medio de la noche en la entrada que fue totalmente destruida.
Todo parecía tan frío, dos valijas oscuras y el rostro sonriente de Suigetsu mientras revisaba una de ellas: dinero.
Sasuke salió de su asiento con fuerza, la silla cayó de manera estrepitosa sobre el suelo y desenfundó su arma mientras daba grandes zancadas en dirección a quien había puesto su total confianza.
Demostrando sus habilidades de combate cuerpo a cuerpo, despojó de forma limpia y veloz las armas que portaba Suigetsu aquel día. Antes de levantar la mirada y encontrarse con unos ojos burlones que lo enojaban más.
—¿Por qué?—Fue la simple pregunta, mientras apuntaba a un metro de distancia.
Suigetsu rió, mientras analizaba el pequeño auditorio. Todos parecían tranquilos en sus posiciones, aunque sus manos ya estaban sobre el arma a su costado; volviendo la mirada a Sasuke sonrió un poco más, mientras se acercaba.
—Los Uchiha, son escoria. Dicen querer salvar al mundo; pero han estado destruyendo al pueblo, ¿por qué ustedes pueden obtener riquezas a costa de los demás; pero nosotros no?
Se detuvo a unos dos pasos antes de cambiar su expresión. Nunca le había podido ganar a Sasuke; pero hoy ya no importaba.
—Mira más allá de tu ego, Sasuke Uchiha, porque el pueblo está despertando y pronto será tu final.—Terminó mientras se lanzaba sobre el Mayor.
Una pequeña pelea mano a mano, intentando quitar el arma, todos seguían estáticos en su lugar. Sasuke era más que habilidoso y aquello era un simple juego de niños.
Hasta que sintió el contacto externo, frío sobre su piel y luego el sonido de un disparo ensordeció todos sus sentidos.
El Mayor Uchiha miró a Suigetsu perplejo, perdiendo la compostura por unos segundos, aunque solo quien había sido su hombre de confianza lo percibió. El Capitán Hozuki retrocedió tambaleante colocando esa máscara fría que había perfeccionado, intentando detener el sangrado de forma inútil.
Mientras en su mano libre, sostenía con fuerza el arma, el pequeño revólver que Sasuke siempre portaba a un costado, como última opción.
El Uchiha frunció más el ceño al percatarse de su maldito error, Suigetsu sabía de sobra qué armas tenía él y en donde las escondía.
—Llegará tu hora Mayor Sasuke Uchiha, matándome, no has cambiado nada.—Se burló con cinismo, mientras la sangre brotaba de su boca.—Ganaremos y ustedes los Uchiha arderán en el infierno. Hasta que la muerte nos reclame.
Levantó su brazo libre, y apuntó directamente a su oponente.
La explosión resonó con fuerza por toda la sala, Sasuke miraba fríamente a Suigetsu, mientras su revólver apuntaba directamente a donde había estado su cabeza.
El cuerpo cayó provocando un golpe seco y los ojos negros de Sasuke seguían fijos en donde había estado el objetivo.
—Jūgo—llamó sin mucha ceremonia al último de sus hombres de confianza, mientras entregaba el arma a otro subordinado, miró nuevamente el cuerpo sin vida del capitán y se limpió las manos.
El mencionado llegó y le saludó como era esperado, aguardando su orden en silencio.
—Cuelga el cuerpo donde siempre para que todos vean qué sucede con los traidores.
—¡Sí Mayor Uchiha!—acató sin dudar, llamando a un pequeño grupo para que levantaran el cadáver.
Sasuke se acercó sin prisa y arrancó con fuerza las condecoraciones del uniforme sin vacilar. Se irguió nuevamente y con la cabeza en alto caminó hasta la salida, seguido de Jūgo.
Todas las miradas estaban sobre él, sus pasos eran firmes y su mirada dura, ¿realmente creían que esto le afectaría?
—Sasuke.—La voz de Madara lo detuvo justo antes de llegar a la puerta.
—General Uchiha, señor—contestó girando sobre su eje y mirando fijamente a su superior. Quien acortó la distancia hasta él, y posicionó sus manos sobre sus hombros rígidos.
—Averigua donde tiene la copia de seguridad.
—¿Y después?
—Después elimina la basura.—Sasuke miró a Madara en silencio por unos segundos, antes de asentir levemente y volver a su camino.
Pese a que no había especificado de que copia de seguridad estaba hablando, el Mayor Uchiha entendió perfectamente de quién y qué estaba hablando. Madara dijo en otras palabras: Sakura Haruno ya no les era de ninguna utilidad y además de eso la conocía.
Él también había estado presente cuando Sakura fue interrogada después de que saliera del hospital, el relato concordaba con lo que sucedió esa noche y los testigos habían dado más veracidad a su historia. El único cabo suelto fue la destrucción total de su trabajo.
Sakura era conocida desde antes por ser sumamente meticulosa e inteligente, un trabajo de investigación de tanto tiempo, no era posible que la copia de seguridad hubiera sido eliminada ese mismo día. Él había visto la mentira en sus ojos verdes desde el primer momento y ella lo sabía.
Conociendo a Sakura, la copia de seguridad se le había entregado a Naruto cuando este escapó con los rebeldes, la pregunta era ¿dónde estaba el Mayor Uzumaki? Hasta el momento no tenían ningún tipo de información sobre su paradero.
Arrancó el pañuelo de las manos de su soldado y tomó las llaves del auto sin mucha ceremonia, despidió a todos y salió con prisa del lugar. Dejando el pedazo de tela ensangrentado sobre el pasillo.
Azotó con fuerza la puerta del vehículo y tomó una bocanada de aire, apretando el volante con fuerza, aún podía sentir el olor metálico y el calor de la sangre sobre su mano. Sabía de los ojos curiosos sobre él; pero no le importaba.
Un distintivo color rosa brilló bajo el sol, reflejándose sobre el espejo retrovisor y se encontró con esos ojos verdes. Sasuke volvió su mirada al frente y salió a toda velocidad del lugar.
El trayecto a su hogar fue rápido, todo estaba completamente despejado y silencioso, se bajó sin mucha ceremonia y abrió la puerta de su casa.
Todo estaba completamente a oscuras, dejando el sonido de las manecillas del reloj apropiarse de su casa. Subió las escaleras paulatinamente, dejando su mano desnuda rozar la superficie fría de madera, llegando hasta el baño que había en su habitación, se despojó del uniforme salpicado de sangre y entró en la regadera.
El agua fría golpeo todo su cuerpo, mientras tensaba los músculos ante el cambio de temperatura. Dejó que corriera por su toda su desnudez, cerró sus ojos oscuros y posó su frente sobre las baldosas blancas. Sus manos formaron dos puños dejando los nudillos blancos y golpeo con fuerza la pared, permitiendo que un grito de rabia escapara de entre sus labios.
—Maldita sea, Suigetsu.—La ira seguía acumulándose, el olor de la sangre permanecía en su nariz, recordándole todo.
Se frotó con fuerza, tratando de eliminar el maldito olor que lo acosaba desde que los disparos sonaron y llenaron todos sus sentidos, el calor de la sangre fresca sobre sus dedos estaba arraigado sobre su piel a pesar de que ya no hubiera rastro de ella.
El sonido de su reloj antiguo marcó las seis desde el salón dejando que el agua corriera un poco más sobre su cuerpo, cerró el grifo y caminó hasta el vestidor adjunto. Un simple conjunto de negro era lo más adecuado, según los acontecimientos más recientes apostaría que Mei Terumi ira a hacerle una visita esa noche para probar suerte.
«No pierdas todo, Sasuke. No cuando sabes que aún hay esperanza»
Habían sido las palabras de Karin en su momento, ¿realmente había esperanza? ¿Siquiera le interesaba la oportunidad? eran algunas de las cosas que se cuestionaba en ocasiones; no obstante, siempre llegaba a la conclusión de que él mismo eligió la vida solitaria que tenía, cuando fue joven e inocente, creyó que podría tener la compañía.
Ahora le parecía una carga. Hombres y mujeres morían a cada segundo defendiendo algo por amor para que al final fueran olvidados. Y mientras caían se preguntarían una y otra vez, si serían recordados.
El timbre de su hogar sonó con fuerza, sacándole de sus pensamientos. Sasuke se burló de la ironía, realmente acertó con la visita de Terumi esa noche. A su parecer, la mujer era sumamente peligrosa y no valía el riesgo de ninguna manera. Su insistencia, por otro lado, le era de mucha utilidad y no dejaría pasar la oportunidad.
Bajó las escaleras y abrió la puerta sin confirmar quien estaba en su puerta, después de todo estaban en un conjunto cerrado y los rebeldes no estaban por el momento en una situación conveniente para ir por él.
Una sonrisa ensayada sobre su boca, dejó sus orbes oscuros caer sobre la persona en su puerta y sintió como su labios dejaban atrás su expresión falsa cuando se encontró con unos orbes verdes y el cabello rosado en una coleta alta.
—¿Qué haces aquí?—La pregunta salió de golpe, sin mucha ceremonia. Sakura lo miró enarcando una ceja.
—Me alegra saber que estás bien, Sasuke. Como sabes, tenemos una conversación pendiente.
—No tenemos nada que hablar, Sakura.—Intentó cerrar la puerta, hoy no estaba de humor para tratar con ella.
—Sasuke, sé que te lastimé...—La mano sobre el pomo se volvió blanca por la fuerza que estaba haciendo, ¿realmente quería hablar de eso?
Ella misma se había largado sin mirar atrás. Se suponía eran un equipo, él había creído firmemente en que serían ellos dos contra todos, Naruto lo vio caer cuando se enteró de no hubiera sido porque la habían capturado y tuvieron como rehén a quien consideró su mejor amigo; estaba seguro de que nunca hubiera vuelto.
¿Qué rayos pretendía Sakura?
¡Hola a todos! Feliz 2022, sí, lo sé ha pasado un tiempo largo desde la última vez que subí un capítulo, han pasado varias cosas; pero aquí seguimos, espero que todos se encuentren bien y hayan disfrutado del capítulo.
Muchas gracias por seguir aquí, como meté me he propuesto terminar mis historias este año; así que espero poder lograrlo.
Cuídense,
Zhang,off~
