Hawks llegó a la isla a última hora de la tarde y se dejó caer desde el aire frente a la entrada de la cabaña.
Había pasado todo el vuelo organizando todos sus pensamientos y a la vez creando mentalmente un plan de entrenamiento intensivo para empezar a aplicarlo cuanto antes. Sólo tenía tres meses... y Yokumiru Mera tenía razón después de todo, tres meses era demasiado poco tiempo para que un héroe obtuviera la licencia casi desde cero.
Pero estaba plenamente convencido de que con Suzume lo conseguiría.
Hawks entró a la cabaña y dejó una carpeta sobre la mesa. Aparte del entrenamiento físico también debía instruirla en la teoría. Había reglas, preceptos indispensables que debía dejarle claro y asegurarse de que los respetaría.
Hawks se quitó las gafas de vuelo y las dejó encima de la carpeta.
Seguramente le costaría un poco que ella accediera a acatar ciertos puntos... había estado varios años yendo a su aire, saltándose toda clase de normas y adquiriendo costumbres completamente incompatibles con el deber de un héroe, y aquello era lo que creía que podría darle más problemas.
Esa rabia que llevaba por dentro podría cegarla en cualquier momento y era el primer obstáculo que debía corregir.
—Suzume—la llamó.
La chica no estaba allí dentro.
Hawks salió fuera.
La tarde empezaba a caer y se había levantado un poco de viento desde el norte. Tendrían una noche fresca de nuevo, como la anterior.
El héroe abandonó la cabaña y se dirigió a pie hacia otra zona de la isla. A saber qué habría estado haciendo por allí sola durante todo el día.
Poco más allá había un terreno llano y liso de superficie hormigonada, preparado expresamente para ejercicios de combate, y justo al lado estaba el "bosque metálico", como lo llamaba él.
Esto consistía en una zona alargada anexa al campo de entrenamiento sembrada por decenas de altos postes verticales separados entre sí a distancias diversas unos de otros.
Empezaban en uno de los extremos con una separación amplia entre ellos y se iba reduciendo la distancia entre los postes hasta llegar al otro extremo, estando en dicha zona prácticamente pegados unos a otros.
Suzume se encontraba allí precisamente.
Hawks se detuvo al llegar y, sin ella haberse dado cuenta de su presencia, observó lo que estaba haciendo en aquel momento.
La chica estaba usando los postes a un vuelo bajo. Entraba por el principio en línea recta y trataba de esquivarlos mientras avanzaba.
Hawks se fijó bien en sus movimientos.
La chica volaba rauda al arrancar, pasaba el primer poste y cuando se acercaba al segundo, giraba hacia la derecha y lo esquivaba bien, con bastante soltura, pero al encontrarse el siguiente, previó que aquel trataba de sortearlo hacia la izquierda.
Hawks la vio dudar, disminuyó la velocidad hasta que al fin rozó con el ala derecha el poste, aleteó con torpeza y descendió hasta que sus botas se arrastraron en el suelo. Finalmente se detuvo y se quedó de pie junto al poste.
Suzume le dio una patada enfadada.
Hawks movió la cabeza y empezó a caminar hacia ella atravesando la estructura.
—Esto no se construyó para ser destruido en cinco minutos—le dijo llegando a su lado.
Suzume se dio la vuelta al oír su voz.
—¿Dónde te habías metido? —le reprochó ella al verle —. Tuve que empezar sin ti.
Hawks observó su aspecto. Aparte del morado bajo su párpado inferior, estaba llena de polvo y con el cabello hecho nudos y enmarañado. Seguramente llevaría allí todo el día revoloteando entre los postes.
—No lo estás haciendo bien —le dijo él obviando su pregunta—. Debes empezar de una forma más medida. Alcanzas demasiada velocidad al llegar al obstáculo.
—¿No querías velocidad? —le dijo ella.
Hawks metió las manos a sus bolsillos.
—Sí, la velocidad es lo tuyo, sin duda, pero con eso—señaló su ala derecha—debes tomártelo con calma, al menos al principio...—dio un paso hacia ella —¿puedo?
—¿Puedes qué? —dijo ella suspicaz al darse cuenta de que trataba de tocarla de nuevo.
Hawks ablandó su expresión.
—Creo que ayer me pasé un poco contigo—se disculpó —. No debí ser tan...
—¿Jodidamente imbécil?
Hawks sonrió.
—Sí, más o menos.
Suzume lo miró ceñuda.
—Disculpas aceptadas —le contestó—¿Qué quieres comprobar ahora?
Hawks se sacó las manos de los bolsillos y las dirigió hacia su ala derecha. Suzume retrocedió un paso temerosa.
—Confía en mí —la tranquilizó Hawks hablándole con calma, y la hizo darse la vuelta.
El chico tomó la parte superior de su ala y con cuidado se la hizo descender hacia abajo. Aquella vez ella no opuso resistencia y se dejó hacer. Suzume lo sintió meterle los dedos entre las plumas, pero de una forma mucho más suave de la que lo hizo el día anterior.
Hawks recorrió despacio la zona problemática comprobando la musculatura que rodeaba la fractura.
—Tienes todo este conjunto atrofiado, como sospeché — dijo tras ella.
La chica no contestó. Hawks estaba tocándola con una mesura que le empezó a transmitir tranquilidad y confianza a medida que inspeccionaba el nacimiento de su ala. Le agradaba aquella sensación.
Pero todo se acabó cuando la soltó y volvió a colocarse a su frente.
—Esa articulación está estancada al no usarla como debes hacerlo.
—Me duele al moverla, no puedo hacer otra cosa.
—Lo sé, y es precisamente por temor por lo que no le sacas todo el partido. La musculatura que la rodea está atrofiada y al forzarla de repente en ocasiones puntuales, es la razón por la que siempre te entorpece el vuelo—le explicó —. Trabajaremos esto a base de ejercicios concentrados en ese área para que vayas adquieriendo fortaleza.
Suzume le miró a la cara.
—¿Crees que funcionará? —le preguntó algo dudosa.
—Si dejas de tener ese miedo, sí.
—No tengo miedo—respondió ella con decisión.
—Perfecto, porque vas a pasarlo mal—le dijo Hawks más serio —. Entrenamiento intensivo, lucha, disciplina...
—¿Disciplina?
—No puedes convertirte en una heroína si siempre explotas como una bomba al menor estímulo—le dijo sin rodeos—. Necesitas controlar tus impulsos y sopesar las consecuencias de tus actos.
—Sí, supongo... —dijo Sazume con cierto pesar al recordar el día antes—. Yo... siento haberte pegado así.
Hawks rió.
—Da igual, son gajes del oficio. Ven—le dijo instándola a irse de aquel sitio —, vamos a dejar esto ahora y empezaremos por el principio.
Hawks y Suzume volvieron a la cabaña y la hizo sentarse a la mesa frente a él. El héroe abrió la carpeta delante de ella y sacó unos papeles de allí.
—¿Qué es esto? —preguntó intrigada.
—Es el procedimiento inicial para convertirte en heroína profesional—le dijo sacando más folios redactados—. Aquí se expone todo lo necesario para tu formación. Échale un vistazo.
Hawks dio la vuelta a uno de los folios y lo orientó hacia ella sobre la mesa. Suzume lo empezó a leer en silencio.
—Conozco todo esto—murmuró al cabo de unos segundos.
—¿Ah, sí? —Hawks fingió sorprenderse.
Suzume endureció su mirada.
—Son las reglas que un héroe debe seguir...esto lo sabe todo el mundo.
—Pero no todo el mundo las sigue—añadió Hawks observando sus ojos —. Esas reglas se redactaron para que la ley pueda actuar en caso de que un héroe las incumpla.
Suzume se mantenía en silencio con la vista fija en el papel.
—Por ejemplo... —siguió Hawks y le señaló una línea —Capacidad de control en situaciones límite, como ya te expliqué antes o... esta es muy importante: ningún héroe tiene permiso para acabar con la vida de un villano.
La chica alzó la vista y le devolvió la mirada.
—Ni con la de nadie—puntualizó Hawks.
Suzume apenas mostró reacción, pero Hawks intuía qué estaba pasando por su cabeza en aquel momento. Estaba seguro de que sus suposiciones acerca de su pasado no estaban muy alejadas de la verdad y estaba dispuesto a verificarlas antes de que obtuviera esa licencia. No quería ir a ciegas con ella, podía ser predecible en movimientos, pero demasiado impredecible mentalmente.
—Bien—cambió de tema —. Como veo que ya sabes cómo funciona todo, supongo que también sabrás que debes pasar exámenes oficiales.
—¿A qué te refieres con "oficiales" ?
—A que no puedo hacer todo esto por mi cuenta, como seguramente entenderás —le explicó —. Todo debe ser regulado por la Comisión para poder optar a un puesto público.
—¿Has ido allí hoy, verdad? —acertó Suzume.
Hawks cruzó los brazos sobre la mesa.
—Sí, y han accedido a darte una oportunidad —contestó —. Aunque ese examen no lo harás como se suele hacer en una academia, tengo carta blanca para decidir cómo llevarlo a cabo para convalidar tu licencia.
—¿Cómo será?
—Tendrás que salir de aquí —le dijo Hawks observando su reacción.
Suzume pensó unos momentos.
—¿Dónde?
—A la ciudad—contestó el héroe—. Es donde únicamente existen verdaderos retos con los que resumir un examen compuesto de tres fases y Tokio es el lugar perfecto. La delincuencia está allí a la orden del día.
Suzume se levantó de su silla y anduvo por el salón pensativa.
—Entiendo que en tal examen estaré siendo evaluada presencialmente por los miembros de la Comisión.
—Exacto—contestó Hawks—. Y bajo mi tutela, por supuesto.
—Ya—dijo ella mirándole de reojo —. ¿Y... qué más te han dicho allí?
—¿Cómo?
—Has ido a hablar con el mismo gobierno acerca de mí. Estoy registrada en su base de datos. ¿Qué más has averiguado?
Hawks no se esperaba aquello. Suzume podía haber estado apartada socialmente durante años, pero no era tonta.
—Fukuyama—se sinceró Hawks. Le pareció lo mejor dadas las circunstancias—. Te apellidas así, como un héroe que tiene su agencia en Tokio.
—¡Maldita sea, Hawks! —se enfadó ella—¡Has estado investigando por tu cuenta! ¿Para eso has ido allí, para recabar información que no quise darte según mis condiciones?
—¡No! Te he dicho que fui a registrarte, pero ya lo estabas. Ellos fueron los que me dieron tu información sin yo pedirla —Hawks perdió la paciencia —¿Qué diablos pasa con Golden Eagle, Suzume?
—¿Qué les dijiste de mis hermanos? —le gritó ella sin responder a su pregunta.
—Les dije que sólo te encontré a ti—contestó él con calma —.Tus hermanos están a salvo, tal y como te prometí, y seguirán estándolo hasta que tú los saques de donde están. ¿Cuando piensas confiar en mí?
—Has roto el acuerdo, Hawks... —a la chica le tembló la voz al hablar —. No... ya no sé qué pensar...
El héroe alado se pasó una mano por el pelo y se levantó de la silla.
—Escucha—se acercó a ella—. Sé que hace tiempo ocurrió algo en tu hogar y, aunque tengo conjeturas, no tengo ni idea de qué ocurrió en realidad, pero te diré una cosa.
Suzume cerró los ojos negando con la cabeza, pero Hawks le levantó la cara por la barbilla y la hizo mirarle.
—Haz como hice yo y no dejes que eso que llevas dentro sea más fuerte que tú. Jamás.
Suzume le miró unos instantes y se derrumbó al fin. La chica se abrazó a él con lágrimas en los ojos. Hawks, sorprendido por aquel repentino acercamiento, la rodeó con los brazos y la apretó contra sí.
—No tengo nadie en quién apoyarme... sólo te tengo a ti—le dijo ella sobre su hombro con la voz tomada.
Hawks le acarició el pelo y le dio un rápido beso en la cabeza.
—Lo sé, gorrión. Tranquila.Hawks abrió de sopetón la puerta de la habitación donde se había quedado Suzume de forma definitiva haciendo un ruido estruendoso.
—¡Arriba ahora mismo! —gritó desde la puerta—Es hora de... ¿qué demonios haces ahí?
La chica estaba acurrucada en el suelo junto a la cama, de la misma forma que se la encontró en el baño hacía dos días: envuelta en sus alas y completamente escondida bajo la espesura de sus plumas.
—¿Cuando aprenderás a llamar a la puerta? —la oyó decir con la voz amortiguada.
—Cuando tú aprendas a comportarte como una persona y no como un bicho salvaje. ¡Levántate!
Suzume gruñó y se asomó bajo las alas.
—Es de noche aún —dijo al ver que a través de la puerta abierta todo seguía oscuro—. Ese reloj tuyo está adelantado. Lárgate.
Y volvió a envolverse.
Hawks abandonó la puerta y se dirigió hacia ella. Metió la mano a través de sus alas rebuscando por debajo y le agarró un tobillo. Hawks tiró de él y empezó a arrastrarla por la habitación en dirección a la salida.
—¿Qué estás haciendo? —dijo ella pateando con las piernas en vano —¿Estás tarumba?
—Sólo mantener lo que te dije cuando llegamos—dijo calmadamente al cruzar el salón con ella a rastras —. Se acabaron las formas.
Suzume se indignó.
—¿Eres bipolar?
Hawks la soltó en medio del salón junto a la mesa y la chica al fin pudo levantarse del suelo entre protestas y algún que otro insulto.
—Regla número uno—le dijo él señalando la mesa puesta con un desayuno variado—. Una buena alimentación es la clave para un buen físico.
—Ya tengo un buen físico —le dijo ella aún enfadada por aquellos buenos días.
—Tendrás unas piernas muy bonitas, pero les tienes que dar de comer—le dijo descaradamente—. Vamos, siéntate de una vez.
Suzume obedeció y se sentó a la silla.
—Y por favor... —siguió él haciendo una mueca —. Hazlo sin que me den ganas de vomitar. Aún tengo grabada en la mente la escena de cuando te vi comer en el lago.
—Estaba rico—le dijo para fastidiarle mientras cortaba un trozo de pan con un cuchillo de sierra—. Sólo le hacía falta un poco de condimento y te habría podido invitar. Los de ciudad sois demasiado tiquismiquis.
—No, gracias, soy alérgico a las piernas —respondió Hawks asqueado.
La chica levantó la vista de la mesa y le echó una mirada indefinida.
—¿Seguro?
Hawks sintió de pronto cómo el pie de Suzume le rozaba el pantalón por debajo de la mesa y un calor bochornoso empezó a subirle por la cara.
—Peludas—se corrigió rápidamente y se levantó de un salto—. Te esperaré fuera, tienes diez minutos.
Suzume lo siguió con la vista hasta que desapareció por la puerta y soltó una carcajada.
El amanecer aún no había roto y la isla se encontraba todavía prácticamente a oscuras. El aire fresco arreciaba desde la costa y se adentraba hacia el interior barriendo la arena de la playa.
Los dos únicos habitantes del lugar se dirigieron caminando hacia el cuadrilátero de combate que se encontraba cerca de los postes.
Suzume había terminado de desayunar y había salido vestida con ropa ancha y cómoda para entrenar.
—Eso se usa a veces como helipuerto—le iba explicando Hawks—. No te extrañes si algún día escuchas ruído de aspas y motores, necesito provisiones mientras la isla está ocupada.
—Ajá —dijo Suzume—. Y hoy me vendrá bien para darte una buena paliza, ¿me equivoco?
Hawks sonrió ufano.
—Te tumbé tres veces y tú a mí sólo una—le recordó —. Hoy no tendrás esa oportunidad.
—Eso ya lo veremos.
Hawks y Suzume entraron al centro de la pista hormigonada y se detuvieron allí frente a frente. El héroe se quitó la chaqueta sacándosela con facilidad por detrás de las alas y la dejó en el suelo.
—A ver tus reflejos—le dijo—. Intenta golpearme.
Suzume no se lo pensó dos veces y arremetió contra él, pero Hawks la esquivó con facilidad hacia un lado, la agarró a ella por el antebrazo y la empujó hacia atrás.
—Demasiado predecible—le dijo —. Otra vez.
Suzume repitió la misma operación varias veces, pero en todas el héroe fue capaz de sortearla.
—Eres más rápido que yo—dijo ella al cabo de un rato con fastidio—.
—Tú también lo eres, pero debes prever mi defensa—le explicó Hawks —. Hazlo de varias maneras diferentes para confundirme y coordina brazos y piernas en tu ataque.
La chica asintió e hizo lo que se le pedía.
—Vamos, gorrión —Hawks se defendía de ella mientras la chica trataba de alcanzarle —. Te vi más rápida en esas montañas, ¿dónde estás?
Suzume envió un ataque más rápido y poderoso hacia su oponente y Hawks se echó hacia un lado con una rapidez sobrehumana. La chica perdió el equilibrio y cayó hacia adelante con las palmas de manos y las rodillas en el suelo, cuando de pronto sintió una presión sobre la espalda que la hizo tumbarse de vientre en el suelo y abrir las alas a lo ancho.
—Nunca des la espalda a tu adversario —le dijo de pie sobre ella—. En este momento estás muerta.
Hawks se bajó de ella entonces y la dejó levantarse.
—Otra vez—le dijo ella.
Hawks le hizo un gesto con la mano invitándola a ello.
Suzume volvió a arremeterle y trató de ganar velocidad en sus ataques. Hawks la rechazaba con soltura de un lado al otro y esquivaba sus embestidas golpeándola en las extremidades.
—No vueles—la avisó al verla intentar remontarse sobre él y tiró de ella hacia abajo—. Cuerpo a cuerpo, ¡enfréntame!
Suzume puso los pies en el suelo y le atacó de frente, aquella vez había logrado tocarle un hombro, pero Hawks se revolvió y se le colocó por detrás. Suzume enseguida se dio la vuelta y volvió a enfrentarlo.
—Bien—la felicitó mientras encajaba algunos de sus golpes—. Ahora te toca a ti.
Hawks abandonó su defensa y arremetió contra ella. La chica no se lo vio venir y cruzó los brazos ante ella para evitar que la golpeara en la cara.
—No retrocedas—le dijo él al verla dar unos pasos hacia atrás —. ¿Sabes cuál es la mejor defensa?
Suzume recibió un golpe en la cara y trastabilló empezando a perder la partida, cuando Hawks usó una de sus piernas para golpearla en la rodilla hasta hacerla caer hacia un lado.
—Un buen ataque —le dijo a Sazume vuelta a vencer sobre el suelo.
—Si no me defiendo me golpeas—dijo levantándose malhumorada y sacudiéndose las mangas de la sudadera—. Es imposible pegarte así.
—Yo lo he hecho así antes—Hawks se preparó para ir a por ella de nuevo—. Sólo necesitas usar tus reflejos. Vuelve a intentarlo.
La chica recibió otra vez la rápida acometida del héroe y se protegió de nuevo la cara al intentar alcanzarle.
—¡Ataca, vamos! —le decía mientras la hacía retroceder nuevamente —. ¡Busca un punto libre, usa esos reflejos!
Suzume dejó de protegerse la cara con el brazo derecho y envió un veloz golpe bajo a Hawks, quien lo detuvo enseguida, pero de pronto recibió en la cara uno proveniente del brazo izquierdo de Suzume. Hawks aguantó aquel toque sin inmutarse y le envió un codazo repentino al costillar, lo que hizo que Suzume se doblara hacia adelante y aprovechó para golpearla en la espalda, justo en el nacimiento del ala derecha.
La chica cayó de bruces al suelo con Hawks presionándole desde arriba. Suzume gimió de dolor cuando el codo de Hawks se clavó sobre su articulación problemática.
—Nueva lección: puntos débiles—le dijo desde encima —. Si tu enemigo los conoce estás muerta.
—Eso es trampa —protestó ella—.
—Es como la vida misma—sonrió Hawks burlón —. Nunca reveles tus debilidades a nadie.
—Otra vez—dijo ella retorciéndose bajo él para volver a la carga—Y ahora atacaré yo.
La chica se levantó cuando el héroe la dejó libre y éste se preparó para recibirla.
Pero Suzume se tomó su tiempo.
—¿A qué esperas? —la apremió él.
—Está saliendo el sol—le dijo señalando el cielo.
Hawks enarcó las cejas.
—¿Y qué con eso?
—Pues que hará calor —contestó sin más.
Suzume se echó mano al borde inferior de la sudadera y se la sacó por la cabeza levantando las alas para deslizarla por ellas. Debajo llevaba puesta una camiseta fina de tirantes en color naranja con un escote pronunciado.
Hawks abandonó su pose defensiva y se quedó observándola desconcertado.
La chica tiró entonces con toda tranquilidad la sudadera a un lado y seguidamente se desató el cordón de los pantalones. Luego los bajó hasta los tobillos mostrando un short elástico negro que llevaba debajo. Sacó una pierna, después la otra, y lanzó la prenda recién quitada junto a la sudadera. Suzume se preparó para atacar libre ya de ropa amplia.
Hawks había olvidado de pronto qué iban a hacer.
—¿Llevabas eso en la maleta? —le preguntó Hawks contemplando su figura atlética de arriba a abajo.
—Pensé que lo habías escogido tú. —contestó ella con naturalidad.
—No, fue mi madre quien te lo preparó todo.
Suzume sonrió con picardía.
—Ya me extrañaba que fueras tú quien había añadido unas pequeñas braguitas rosas al equipaje.
Y dicho aquello, embistió a toda velocidad al héroe sin darle tiempo de prepararse para defenderse. Hawks llegó tarde al segundo golpe, atajó el primero y recibió de pronto un impacto en plena frente.
—Eh, ¿qué te ocurre? —se burló ella cuando ahora era él quien retrocedía hacia atrás, y siguió insistiendo sin darle tregua.
Hawks encajó a duras penas un codazo dirigido al cuello el cual detuvo con la palma de la mano, pero no acertó a detener el que le venía desde el otro lado y que se le clavó en la cintura.
—¿Tienes debilidades, Hawks? —volvió a burlarse ella mientras continuaba acosándole.
Suzume siguió insistiendo contra el héroe, golpeándole donde sus reflejos le permitían entrar, hasta que, agarrándole por el cuello de su camiseta, dobló de pronto una de sus rodillas y le pateó uno de sus tobillos con sus botas a la vez que lo empujaba hacia atrás.
Hawks perdió el equilibrio, se sujetó a ella por los hombros, abrió sus alas rojas por reflejo y cayó de espaldas impactando sordamente con ella contra el suelo. Suzume se le encaramó al pecho con la agilidad de un ave de presa sobre un pequeño pajarillo y le puso la cara a veinte centímetros clavando sus pupilas en las suyas.
—Estás muerto—le dijo con malicia.
Hawks se quedó petrificado al instante con la intensa mirada anaranjada de Suzume atravesándole los ojos.
—Me he dejado—sonrió él confuso.
Suzume rió.
—Embustero.
La chica se bajó de encima del héroe y lo dejó levantarse.
—Tres a uno de nuevo—le dijo ella—¿Qué tal? ¿Te has hecho daño en alguna parte que no sea en el orgullo?
—Touché—reconoció Hawks algo sofocado, y volvió a mirarla de arriba a abajo, esa vez de reojo—. Ha sido bastante... táctico por tu parte.
Suzume le regaló una amplia sonrisa.
—Pero eso no te funcionará siempre—añadió sacudiéndose los pantalones.
Suzume soltó una carcajada.
—Me ha servido nada menos que contra el número dos.
Hawks se mordió la lengua.
—Vamos a descansar un poco, anda—le propuso al fin —. Luego veremos ese ala derecha tuya.
Después de un pequeño refrigerio, tanto maestro como aprendiz retomaron el entrenamiento olvidando la inusual victoria de la chica y bromas derivadas.
Hawks se la llevó hacia el mismo lugar donde la había encontrado sola la tarde antes practicando por su cuenta, el "bosque metálico", donde empezó por darle unas pautas de uso correctas a la estructura.
—Esto lo mandé construir para mi uso personal hace unos años —dijo él tocando uno de los altos postes de acero—. Aquí perfeccioné el vuelo veloz entre obstáculos y me sirvió de gran ayuda al mudarme a la ciudad.
—Suponía que sería para eso—observó Suzume.
—Gírate—le pidió Hawks.
La chica se le colocó de espaldas y sintió las manos del héroe de nuevo tocarle entre las plumas. Hawks le levantó el ala derecha desde el nacimiento y empezó a movérsela en círculos hasta que Suzume emitió un pequeño gemido.
—Este es el movimiento que te entorpece los giros —comprobó él levantándosela un poco más con cuidado. Suzume mantenía los ojos cerrados de espaldas a Hawks aguantando el dolor—. Debes empezar por ir forzándolo poco a poco desde esta posición —bajó un poco hacia un lado y luego la subió hacia arriba de nuevo—hasta aquí. De esa forma irás ganando masa muscular.
—¿Cuánto tardará? —preguntó ella.
—Poco tiempo si lo haces bien—respondió Hawks—. Debes empezar de forma suave, no como lo estabas haciendo ayer.
—¿Qué hice mal?
—Actuar con rabia y sin pensar en las consecuencias.
—Explícate.
—Si vuelas como ayer, a la velocidad de la luz, y de pronto encuentras el obstáculo y quieres sortearlo hacia la derecha, lo único que conseguirás es hacerte daño al tener que girar rápidamente y te provocarás una lesión importante. De ahí que debas tomarlo con calma, al menos al principio, hasta que esos músculos vayan ganando fibra.
—Bien—Suzume lo dejó atrás y empezó a caminar hacia el inicio del recorrido para tomar carrerilla.
La chica se detuvo a unos cien metros, se dio la vuelta hacia la estructura y Hawks la vio enderezar las alas hacia atrás para tomar impulso.
—Despacio—murmuró Hawks desde su posición junto al poste donde pretendía llegar.
Suzume arrancó a vuelo bajo y se deslizó por el aire en línea recta hacia su objetivo ganando velocidad a medida que se acercaba. Hawks la observaba con detenimiento. Iba demasiado deprisa.
—¡Haz el giro ya, no esperes a llegar! —le dijo el héroe en voz alta.
Suzume le oyó y levantó un poco el ala derecha para desviar su dirección hacia la izquierda. Hawks notó entonces cómo lo hacía con vacilación, apenas la había movido hacia arriba y pudo adivinar que en ese momento estaba soportando el dolor.
—Así, gorrión, aguanta un poco —dijo para sí mismo mientras se acercaba más al poste de acero.
Suzume apretó los dientes y subió el ala un poco más, pero de pronto la bajó de forma súbita y levantó la otra rápidamente dando un giro repentino hacia la derecha para no tragarse el pilar de acero.
Hawks se agachó cuando Suzume pasó a toda velocidad por encima de su cabeza y la escuchó decir algo bastante feo antes de alejarse saliendo de la zona de los postes para volver al inicio.
—¡No! —Hawks le hizo una seña con la mano indicándole que se detuviera.
El héroe anduvo hacia allí en su busca. Suzume estaba a punto de volver a la carga cuando lo vio hacerle la señal y se dejó caer con los pies en el suelo recogiendo sus alas.
—Te dije que fueras más despacio—le dijo él al llegar a su lado.
—Y lo hice—protestó ella.
—No. Tomaste demasiado impulso al arrancar. Suave, Suzume—le recordó.
—Para eso voy a pie—respondió fastidiada—. No estoy acostumbrada a volar lenta, es un impulso que tengo.
—Un impulso que adquiriste al caer sobre tus presas a toda velocidad —adivinó Hawks—. Pero esto es un entrenamiento y te arriesgas a hacerte daño.
Suzume hizo una mueca de disgusto.
Hawks pensó unos momentos.
—Sígueme—le dijo.
—¿Qué?
El héroe remontó el vuelo hacia lo alto y la llamó desde arriba. Suzume lo siguió y se puso a su altura batiendo las alas frente a él.
—Vuelo libre—le indicó mientras se mantenía en el aire —. Harás algunos giros amplios aquí, en un espacio mayor, y controlaré de cerca cómo lo haces.
Hawks le hizo otra seña para que lo siguiera y empezó a planear en línea recta sobre la superficie de la isla. Suzume lo siguió y de un aleteo rápido el héroe se le colocó por encima para obtener una vista general sobre ella.
—Mantente así—le dijo desde arriba—, deslízate hacia adelante con calma y deja que la corriente te sostenga.
La chica, con las alas extendidas en toda su longitud, planeaba a favor del viento dejándose llevar por él.
El sol estaba ya alto en el cielo y sus rayos incidían sobre la superficie del mar sacando innumerables destellos a las azules aguas que ambos empezaban a sobrevolar.
—Levanta sólo un poco y prueba otra vez—le indicó Hawks por encima de ella.
Suzume hizo lo que se le decía y empezó a desviar su trayectoria a lo largo de un giro bastante amplio. Hawks la vigiló atentamente durante un trecho y sonrió satisfecho. No parecía molestarle mucho esa postura... al menos era lo que podía percibir desde lo alto observando la seguridad con la que lo hacía.
—Así, mantente de esa forma y disfruta del vuelo—le dijo.
Suzume volaba a unos cien metros sobre el mar con las alas extendidas desviándose poco a poco hacia el este y describiendo un círculo bastante amplio en su recorrido.
Hawks le echó otro vistazo. Su larga melena blanca se agitaba a través de sus alas abiertas como un velo al viento enredándosele a veces algunos mechones sueltos entre algunas de sus plumas.
—Sube más ahora—le dijo.
Suzume alzó un poco más su ala derecha cerrando un poco el círculo que estaba describiendo durante su vuelo y el héroe pudo percibir cómo aquel gesto ya empezaba a darle problemas.
—Sé que te duele—notó él aún sin verle la cara —, pero trata de mantenerte de esa forma un poco más.
La chica no pronunció palabra, pero Hawks sabía que estaba aguantando a duras penas.
Había decidido darle un entrenamiento agresivo e intenso para sacarle el mejor partido en un tiempo récord teniendo en cuenta de que sólo disponía de tres meses para prepararla.
Pero aquel problema de vuelo era demasiado delicado para tratarlo de una forma tan radical.
Sus alas eran su vida y si se lesionaba, todo se echaría a perder. No había otra forma de hacer que aquel problema empezara a solucionarse más que con una rehabilitación medida y vigilada por alguien que también perteneciera al aire como él.
—¿Cómo vas? —le preguntó al cabo de unos momentos.
—Bien —dijo ella después de unos segundos.
Pero Hawks sabía que no.
—Amplía el giro y descansa un poco —le recomendó—. No te fuerces tan seguido.
Suzume bajó el ala retomando el planeo anterior, más cómodo para ella, y Hawks decidió ir a ver qué tal.
El héroe batió sus alas rojas y descendió para ponerse debajo la chica de alas oscuras hasta que ella se lo se lo encontró de pronto bajo su cabeza con su típica sonrisa dibujada en la cara. Hawks volaba con soltura boca arriba con las manos puestas en la nuca de forma despreocupada.
—Así lo haremos a partir de ahora—le dijo sin borrar su semblante alegre —. Dejaremos esos postes para más adelante y subiremos aquí cada día un buen rato hasta que te habitúes.
Suzume se quedó mirándole mientras planeaba por encima de él.
—¿Qué? —le preguntó al notar su mirada interrogante —¿Quieres bajar ya a por otra paliza?
La chica asomó una leve sonrisa a su rostro.
—No, estoy bien así —respondió, y volvió a mirar al frente.
Hawks rió y se fijó en algo inevitable desde la posición en la que estaba.
—Deberías ir pensando ya en tu traje de heroína—le dijo.
Suzume lo miró de reojo.
—Debería ir pensando en cosas más importantes que esa.
—¿Como cuáles?
Suzume siguió mirando al frente sin contestar, pero Hawks ignoró aquel silencio por su parte.
—El traje de un héroe es lo primero que lo distingue de los demás, es su seña de identidad. El naranja te sienta bien.
—¿Ah, sí? —reaccionó Suzume divertida.
—Es un color bonito, hace juego con tus ojos.
Hawks volvió a batir sus alas para volver arriba y dejó allí a una boquiabierta Suzume encajando el piropo que le acababa de echar.
—Vamos a comer algo, estoy hambriento—lo escuchó entonces decir desde lo alto.
El héroe hizo un dinámico giro cerrado y cambió su dirección de vuelta a la isla. Suzume volvió la cabeza hacia atrás y lo vio alejarse dejándola allí sola a merced del viento.
—¡Espera! —lo llamó.
La chica aleteó para reducir su velocidad y frenó en el aire manteniéndose en él unos momentos indecisa.
—¡Alcánzame! —le dijo Hawks ya a varios cientos de metros de ella.
Suzume entornó los ojos.
—Eso sí puedo hacerlo—se dijo.
Con un impulso enérgico, la chica sacudió sus alas en el aire y voló a toda velocidad aún contra el viento.
Hawks miró hacia atrás y vio que Suzume empezaba a acercarse batiendo sus alas y acelerando cada vez más, por lo que él también tomó la misma iniciativa aumentando también la suya.
La chica era bastante rápida, como Hawks sabía de antemano, y se lo demostró llegando pronto a su altura. Suzume se colocó a su derecha y mantuvo la misma y alta velocidad que el héroe.
—¿Hace una carrera? —la retó —El último que llegue se queda sin cena.
—Pasarás hambre—dijo Suzume aceptando el desafío.
Hawks batió con vigor sus alas y apretó de repente su vuelo en línea recta dejándola a ella atrás, quien no se amilanó y lo imitó con la firme intención de alcanzarle y rebasarle.
Hawks y Suzume iban mano a mano cortando el viento como dos balas disparadas. Cuando uno rebasaba al otro, el otro alcanzaba al primero y viceversa.
Aquella carrera se había convertido era una lucha aérea con todas las de la ley y ninguno de los dos tenía la intención de dejarse vencer.
Hawks miró hacia su derecha y vio que Suzume empezaba a pasarle de nuevo por su lado.
Aquel era el momento perfecto.
El héroe alargó un brazo y agarró de pronto a la chica por una mano.
—¿Qué haces? —dijo ella soprendida al sentirse arrastrada por él —¡Eso es trampa!
Hawks giró entonces hacia la izquierda obligándola a ella a hacer lo mismo.
—Levántala y sígueme.
—¡Vamos demasiado deprisa!
Suzume se asustó un poco. A aquella velocidad hacer un giro hacia aquella dirección era demasiado temerario para su gusto y se resistió a sus intenciones. Hawks se dio cuenta y le apretó la mano con más fuerza.
—Te tengo sujeta, vamos—le dijo él.
La chica dudó unos momentos, pero poco a poco fue haciendo lo mismo que él y giró hacia la izquierda a toda velocidad mientras batía sus alas para mantener la que Hawks llevaba.
—¡Eso es, sigue así! —la animó.
Suzume tenía los dientes apretados por el dolor que sufría en cada batida, pero lo estaba consiguiendo.
Estaba girando al fin después de toda una vida sin poder hacerlo.
No podía creerlo, era realmente posible.
—¡Guau, nena, así se hace! —rió Hawks pletórico.
Suzume, exultante y animada por aquel inesperado avance, aguantó todo lo que pudo hasta que sintió que sus fuerzas comenzaban a decaer. Sus alas perdieron potencia y notó cómo el brazo por el que la tenía agarrada Hawks se estiraba cada vez más.
—Para—le pidió ella cuando no soportó más.
El héroe redujo la velocidad drásticamente retomando la dirección en línea recta.
—Es más el miedo que otra cosa, ¿verdad? —le dijo él sonriente sin soltarle la mano—Ahora ya sabes que puedes conseguirlo pronto, sólo necesitas hacer lo mismo todos los días.
Hawks y Suzume descendieron sobre la isla frente a la cabaña.
La chica aterrizó con dificultad, se encontraba dolorida, su ala derecha caía lánguida hacia abajo y ésta le arrastraba al caminar hacia la puerta de entrada a la vivienda.
—Te vendrá bien un poco de calor en la zona —le dijo Hawks dejándola entrar antes que él.
Suzume se derrumbó en la primera silla que encontró y apartó la carpeta y el móvil de Hawks que estaban encima de la mesa echándolos hacia un lado. La chica cruzó los brazos sobre la mesa y dejó caer la cabeza en ellos agotada.
Aunque podía moverla y no había llegado a lesionarse el ala, aquel vuelo le había pasado factura... había sido mucho más intenso que el entrenamiento al amanecer. Pero era lo que necesitaba, sin duda, arreglar aquello de una vez por todas y librarse para siempre del problema.
Suzume había cerrado los ojos cuando Hawks llegó con una bolsa de agua caliente.
—Esto te aliviará un poco—le dijo dejándole caer la bolsa sobre la espalda.
Suzume se quejó levemente cuando Hawks se la colocó sobre la piel, pero al poco empezó a sentir cómo la calidez del agua calentada empezaba a extenderse sobre su piel relajándole la musculatura.
—Descansarás el resto del día, creo que será lo mejor —le dijo Hawks mientras le sujetaba la bolsa por encima.
—Muy amable por tu parte—respondió ella con la cabeza dejada caer de lado hacia la pared.
—No te acostumbres—añadió sin embargo—, esto no ocurrirá mañana. Misma hora, mismos ejercicios todos los días hasta el atardecer... vete haciendo a la idea.
La chica se movió un poco acomodando su cabeza sobre los antebrazos.
—Los echo de menos—dijo Suzume cansada.
Hawks entendió qué quería decir con eso.
—Pronto irás a verlos —le dijo él —, pero puedes llamar si quieres y hablar con ellos, pero te garantizo que están bien—le dijo él.
La chica levantó la cabeza.
—Sí, eso me gustaría —dijo algo más espabilada —. Quiero oír sus voces y saber qué hacen. Nunca hemos estado separados tanto tiempo.
Hawks le alcanzó su móvil.
—El número de Satoru está en favoritos —le indicó —. Tómate el tiempo que necesites.
Suzume cogió el móvil y Hawks, adivinando sus intenciones, le retiró la bolsa de agua de la espalda para que se levantara y saliera afuera. Para asuntos como aquellos siempre se necesitaba un poco de intimidad.
Sazume salió al exterior con mejor disposición de la que entró hacía un rato. Su ala ya había vuelto a su posición original firme y elevada e incluso las estaba estirando para volver a levantar el vuelo.
Hawks se quedó observándola desde dentro de la cabaña mientras ella las batía probando su movilidad.
Era una chica sorprendente, pensó al verla alzarse con agilidad y perderse volando tras la loma. Tenía voluntad y empuje, ganas de superarse.
Y aunque también fuese algo vulgar a veces, y en ocasiones bastante testaruda y cerrada, cuando el día estaba nublado y sonreía, salía el sol.
