-Bienvenido a la Cabaña del Misterio. –Stan extendió los brazos hacia una vieja cabaña totalmente destartalada y cuyo letrero luminoso perdió una S en el momento exacto en que lo hizo. Lincoln hubiera jadeado de haber tenido energías para hacerlo. El viaje con aquel desconocido que encontró en aquel callejón había durado dos días. –Sí, supongo que tengo que arreglar esa cosa. O mejor dicho, mi nuevo empleado tendrá que hacerlo... después de dormir un poco.
Por su forma de decirlo, parecía que realmente le iba a encargar volver a colocar una letra mucho más grande que él mismo a una altura que podría matarlo. Bien, no tenía razón para quejarse. Al menos no resultó ser un pederasta que lo llevó a la parte trasera de su auto al salir de la ciudad. Sólo lo llevó a un aeropuerto, sobornó a una azafata con dinero que hasta Lincoln se daría cuenta que no es real, y lo metió a una valija mientras le pasaba restos de pan y agua embotellada.
¿El mundo entero estaba loco? Su familia era una cosa, ¿Pero cada desconocido con el que se topara afuera era un enfermo mental o qué? Quizás era su "suerte" toparse con ese tipo de personas. Había nacido en una familia repleta de ellos después de todo.
Su familia. Pensar en ellos no le trajo buenos sentimientos, había estado recordando cada una de sus aventuras familiares desde que se metió a aquella valija mientras buscaba huecos para no morir asfixiado. ¿Cómo estarían ellos? ¿Estarían tristes porque no regresó anoche? ¿Estarían felices por no tener que convivir con una plaga de mala suerte? Le gustaría estar dudoso sobre esos pensamientos pero...
¡Ya no eres mi Lincoln!
Se sujetó el pecho mientras sentía como aquellas palabras lo atravesaban como una lanza directamente en el corazón. ¿Liberty había dicho eso? ¿Realmente lo había visto como si fuera... cómo si fuera un monstruo? Todo lo que hizo fue destruir un traje de mascota de ardilla. ¿Si hubiera tomado una toalla, una bolsa o cualquier otra cosa serían consideradas de la suerte? Pero de todo eso, tuvo que optar por un traje de ardilla.
No tenía sentido. Le había contado a Liberty sobre el plan para tener más tiempo a solas, y Linka lo había apoyado cuando terminó en el patio, ¿Cómo terminaron ellas también convenciéndose de que un traje de ardilla invierte su mala suerte? ¿Eso significaba que también creían que era la razón de todas las desgracias desde que nació? ¿Incluso Liberty?
Una mano lo golpeó detrás de la espalda con fuerza.
-Ya metete, te enseñaré el lugar y mañana mismo te pondremos a trabajar. –Stan no le había dicho mucho del lugar a donde lo traería. Todo lo que le dijo es que era un pequeño pueblo de la nada en Oregón, California. Aunque estaban lo bastante lejos para no volver a ver a su familia en mucho tiempo, no pudo dejar de reconocer cada esquina como parte de su ciudad, y sentir que su familia lo estaría esperando en algún lugar... con un traje de ardilla totalmente reparado y un candado incluido.
Se liberó de esos pensamientos mientras seguía a Stan al interior de la cabaña. El lugar no parecía muy grande desde el exterior, pero pudo divisar una ventana con forma de triángulo que daba a lo que podría ser un ático. Estaba demasiado oscuro y la ventana muy sucia como para ver algo desde el exterior, pero no pudo reprimir un pequeño escalofrío al sentir como si alguien lo estuviera observado desde ahí. Desvió al vista y trató de ignorar el pensamiento, sólo estaba cansado.
-Éste lugar es una trampa para turista, ¿Verdad? –Lincoln se atrevió a preguntar mientras veía cada uno de los recuerdos raros y extrañas formas y maquinas que adornaban el lugar. Había algunas puertas con cortinas roja que tenían letreros como "maravíllense", o "entrar con precaución", de formas coloridas y con signos de dólar junto a ellos.
-En la cabaña del misterio nos dedicamos a mostrar a maravillar al público con aquellas asombrosas criaturas que habitan a nuestro alrededor.
-¿Por qué cada cosa aquí tiene un precio? Incluso hay uno por quedarse parado en la puerta. –Había una caja frente a la puerta con un letrero "Dos dólares por quedarse parado como un idiota".
-No critiques y paga. –Se dirigió a una habitación. –Espera un poco aquí, iré a preparar un lugar para que duermas. ¿Por qué no miras un poco? Tendrás que limpiarlo todo por la mañana, eso y cortar leña, limpiar los baños, reparar el letrero, y luego preparar el desayuno.
¿Acababa de dejar a una familia supersticiosa por un explotador infantil? Suspiró. Mejor que tener el corazón y alma destrozados por una familia que sólo lo usa para tener buena suerte y luego lo abandona, o un par de gemelas que llegan a creer que es el anticristo del nuevo ciclo.
Se dirigió a un estante repleto de ojos falsos en botellas grandes y pequeñas. Tenía que tratar de no pensar en su familia, el dolor que sentía no era algo que pudiera ser explicado. Todo lo que había querido desde que terminó en ese callejón... no, todo lo que había querido desde que compensó a ser utilizado como un amuleto en lugar de una persona, era gritar y llorar por que todo parara. Pero era un hombre, y su padre le había enseñado desde pequeño que los hombrecitos tienen que aguantársela. Se rio un poco de eso. ¿Sería correcto creer en las palabras de un padre que prefiere darle de comer a través de la puerta para el perro sólo para no tenerlo cerca? Sentía una extraña mescla de sentimientos al pensar en eso.
¿Un hombrecito? Era un niño de once años de edad que quería tener tiempo a solas.
-Ya deja de pensar en eso, Lincoln Loud. –Cerró los ojos mientras apoyaba la cabeza en uno de aquellos frascos. Era doloroso recordar el pasado, así que en el avión decidió vivir en el presente y sin mirar atrás, lo había leído en uno de sus comics y la frase le pareció genial, por eso la utilizó una o dos veces. Pero ahora tendría que vivirla. Abrió los ojos... y se encontró con más de una docena de ojos viéndolo fijamente. –¡AAAHH!
Comenzó a correr hacia atrás antes de tropezar y caer sobre su espalda, entonces retrocedió como si fuera un cangrejo mientras miraba fijamente a los ojos que flotaban totalmente imperturbables en frascos de vidrio.
-¿Eh? ¿Ah? –Señaló los frascos mientras miraba alrededor sin entender nada. –¿Qué pasó?
-¿Rompiste algo? –Stan sacó la cabeza y vio a Lincoln totalmente confundido mientras señalaba los frascos. Entonces señaló un letrero sobre ellos.
"Cinco dólares por sorprenderse, diez si caes al piso".
-Lo descontaré de tú paga.
-No me pagas. –Lincoln trató de responderle seriamente mientras se ponía de pie.
-Lo sé, y es fantástico. –Volvió a desaparecer en el interior de las cortinas.
-Éste lugar es de locos. –Se rio un poco mientras terminaba de ponerse de pie. –Supongo que eso lo hace el lugar perfecto para mí.
Había sobrevivido con doce niñas, ¿Qué tan difícil podría ser sobrevivir en La Cabaña del Misterio?
-Es todo, iré a ver si hay algo de comer en el refrigerador, Lincoln. –Stan salió por la puerta dejando a Lincoln en lo que sería su nueva habitación. Lincoln había pensado que dormiría en un sofá, o alguna clase de armario como antes, pero en cambio terminó en una habitación del primer piso.
El lugar no parecía haber sido limpiado en un tiempo, había telarañas acumulándose en las esquinas del techo y una pequeña ventana rota que daba hacia el bosque. Tendría que tapar el agujero con algo si no quería morir de frío.
No pudo encontrar una cama en el cuarto, pero había un sofá azul que se veía algo incómodo con una pequeña manta y una almohada. Lincoln se sintió un poco desanimado al notar que estaba justo debajo de la ventana rota, pero seguía siendo mejor que dormir en el piso con nada más que una cobija y una almohada.
¿En que estaban pensando sus padres al vender sus cosas? ¿Contaminadas por la mala suerte? Había vivido once años con ellos, ¿Y dicen que sus cosas están contaminadas? Como si la mala suerte fuera una enfermedad mortal, de ser así, toda la casa, incluyéndolos a ellos estarían contaminados con la mala suerte. Todo aquello comenzaba a sonarle idiota, ¿Cómo Lisa podría siquiera creer que algo como eso era real? Sólo era una teoría sin fundamentos y ni siquiera creó una para justificar la suerte del traje. Sí Lynn no hubiera dicho ese simple comentario... ¿Todavía estaría pasando grandes momentos con su familia? Como siquiera pueden creer un comentario de Lynn, aquella chica no era precisamente la Loud más inteligente.
Por otro lado, si era la que pegaba más duro.
No había mucho más que ver en aquella habitación. Tenía un armario, y algunas cosas que parecían más para adornar alrededor. Incluso vio una vieja mascara india, o hindú, él no era el experto en eso, pero si lo puso algo nervioso el modo en que aquellos agujeros negros que formaban lo ojos estuvieran viéndolo fijamente.
Tendría que acostumbrarse, estaba atrapado en una trampa para turistas que parecía repleta de objetos raros. Posiblemente se encontrara con alguna clase de monstruo creado con papel y mucho pegamento. Sí, este era su nuevo hogar, lejos de todo.
Un nuevo comienzo para su historia. Ya no tenía que ser Lincoln Loud, el hombre del plan, aquel que es amado por sus hermanas y reparte el mismo tipo de amor entre ellas. El niño que fue cambiado por un traje de ardilla con poderes para invertir la suerte. El niño que fue dejado de lado y echado de su propia casa por su familia, sus hermanas... y sus gemelas.
-Aunque quisiera, no puedo dejar de pensar en ustedes sobre todas las demás. –Siempre fue muy cercano a sus gemelas. Literalmente lo hacían todo juntos, incluso compartían las amistades y rara vez se separaban. Había llegado a formar un vínculo tan grande que siguieron bañándose juntos hasta los nueve años, incluso compartieron habitación hasta los diez. Sin mencionar las reuniones de lectura en ropa interior que los hacían sentirse sumamente cómodos. –Esos eran los buenos tiempos... –Todavía seguían reuniéndose para leer en ropa interior. A Linka le agradaba mucho leer mangas, mientras que Liberty preferí las novelas, eso y leer con la cabeza apoyada en sus piernas mientras comparten comentarios, a veces Linka apoyaba su espalda con la de él y los tres juntos leían totalmente unidos.
Entonces Lori entraba y los separaba mientras les arrojaba su ropa. ¿Cómo se enteraba? Quizás las cámaras de Luan o Lisa tenían algo que ver con eso. De todas formas, siempre se las arreglaba para destrozar un buen momento entre trillizos.
-Ahora soy sólo yo. –Lincoln murmuró mientras se acercaba a la ventana y veía fijamente a la oscuridad del bosque. –¿Eso es una agujero gigante? –Detrás de la cabaña parecía haber un enorme agujero con un cartel, no pudo leer lo que decía, pero reconoció el signo de dólar en letras brillantes. –Tendré que tener cuidado de no acercarme a él. –No le gustaría caer ahí dentro.
Mientras miraba el bosque se dio cuenta de la gran cantidad de puntos brillantes que parecían ver fijamente la cabaña, se había acostumbrado a esas cosas raras desde sus vacaciones a ese extraño campamento donde sentía docenas de miradas tras su espalda. Sonrió al pensar que ya no era fácil de sorprender con ese tipo de cosas del bosque. Entonces dos de esos puntos brillantes parecieron partirse y empezar a comerse los otros. Su sonrisa se perdió mientras se alejaba lentamente de la ventana.
-Tengo que encontrar algo para tapar ese agujero urgentemente.
Terminó por colocar aquella extraña mascara dentro del agujero, por supuesto, lo hizo con el rostro mirando hacia afuera, no le gustaría tener una cara aterradora mirándolo. En el momento en que lo hizo pudo ver detrás del vidrio como todas las luces se alejaban como si estuvieran aterradas.
-Sí, Loud: uno. Naturaleza rara y aterradora: Cero.
Bostezó al mismo tiempo que su estómago comenzó a gruñir. No había comido nada desde que Stan le dio media barra de chocolate que parecía recién robada de un niño desprevenido, y el llanto de un niño que gritaba por su barra de dulce no le hicieron sentirse muy feliz al comérsela.
No quería molestar a Stan, pero al menos le gustaría comer algo antes de dormir. Como dijo; mañana sería un largo día y tendría que comenzar a trabajar para ganarse el techo y la comida. –Seguramente hará mucho frío...
-¿Por dónde está la cocina? –Debería haber seguido a Stan, pero no quería molestarlo más de la cuenta. Ya lo había salvado de las calles y le daba una mejor opción que ir con la policía. Aunque el tipo había confesado ser un ladrón y un estafador, ¿Eso lo dejaba del otro lado de la ley? No se veía a si mismo estafando personas para sobrevivir, pero tampoco se había visto siendo sacado a patadas de su propia casa. –El mundo está lleno de sorpresas.
Como una esfera navideña rodando por las escaleras.
Lincoln se detuvo al ver la pequeña esfera que había caído parada frente a sus pies. Era un objeto pequeño con copos de nieve que comenzaban a caer sobre una pequeña estrella rota. No pudo evitar levantarla y se dio cuenta de que estaba caliente. No era un calor que pudiera quemarlo, sino un calor corporal. Sentía como si estuviera tocando la piel desnuda de otra persona. La agitó un poco y vio como los copos volvían a subir y bajar hacia aquella estrella en medio.
Ja ja ja...
-¿Eh? –Una pequeña risa lo distrajo y casi lo hizo tirar la esfera mientras miraba sobre las escaleras. Le pareció ver la silueta de una niña que corría hacia el pasillo. No pudo verla bien, pero reconoció el cabello castaño claro que dejó atrás antes de desaparecer de su vista.
¿Había alguien más viviendo aquí? Stan no le había dicho absolutamente nada sobre alguien más a parte de él, pero no sería extraño. La Cabaña del Misterio parecía ser más grande de lo que dejaba ver a simple vista.
¿Debería subir a presentarse o preguntarle a Stan?
-¿Qué haces?
Lincoln dio un salto en el lugar mientras la voz grave de Stan le hablaba desde atrás. La esfera saltó de su mano y estuvo a punto de caer al piso, por suerte pudo atraparla antes de que algo malo pudiera pasar.
-Que susto. –Le recordó a los que su hermana Lucy solía darle todos los días. A veces no entendía como seguía con vida.
-¿Qué haces aquí, Lincoln? –Stan no se veía muy contento al verlo sobre la escalera. Ni siquiera él sabía cuándo había subido el primer escalón. Sus ojos se agradaron cuando vio la esfera navideña en sus manos. –¿De dónde sacaste eso? –Sus labios temblaron mientras veía el pequeño objeto en su mano.
-Yo... lo siento. –Lo extendió hacia él. –Se cayó desde las escaleras, así que sólo lo levanté y... ¿Hay alguien más aquí? Debería presentarme para no causar molestias. –Se sentía totalmente inseguro. Ese no era su hogar, y si Stan decidía que no podía quedarse... Tal vez lo hubiera salvado de las calles de Royal Woods, pero nada garantiza que no lo saque a patadas de su pequeña trampa para turistas.
Los ojos de Stan se encogieron mientras extendía la mano para tomar la pequeña esfera. Respiró hondo y dejó caer su brazo sin llegar a tocarla. –Mira chico... aquí no me importa mucho lo que hagas, siempre que no robes nada y tengas cuidado eres libre de hacer lo que quieras: ya sea andar desnudo por la casa, o simplemente masturbarte en la sala. Realmente no me interesa. –Lincoln enrojeció ante el pensamiento. Ese hombre realmente no se guardaba nada. –Pero... mira, hay un cuarto en el segundo piso... es el ático. –Se pasó la lengua por los labios mientras su respiración parecía volverse pesada. –No entres ahí. Sólo... sólo no entres ahí. –Se dio la vuelta. –Y no te preocupes, no sé qué pasó con tú familia, pero yo no te echaré a patadas a menos que decidas prender fuego a mi cabaña o sacrificar animales en medio de la sala. –Se dio la vuelta levemente y le dio una última mirada a la esfera. –Quédatela... es tú regalo de bienvenida.
-E-está bien. –Lincoln asintió lentamente.
En ese momento su estómago comenzó a rugir nuevamente.
-Uf. –Se sonrojó mientras retrocedía un paso en las escaleras.
-La cocina está por aquí. Estoy calentando guisado de hacer dos días. –Le hizo una señal para que lo siguiera.
-S-sí. Gracias. –Dudó un poco en seguir hablando. –Por todo. Yo... no sé qué hubiera sido de mí.
-Hubieras muerto en ese callejón. –Stan le respondió de forma tan fría que Lincoln no pudo evitar temblar. –Eres un niño, Lincoln. Tendrías que haber ido con la policía, pero en lugar de eso parecías dispuesto a vivir en las calles. –Negó con la cabeza mientras le daba la espalda. –¿Tienes alguna idea de cómo es la vida en las calles? No es como en las películas donde conoces a amigables hombres de las calles y uno de ellos resulta ser el heredero de una empresa multimillonaria que se enamora de ti y te da una vida repleta de lujos. –Golpeó la pared. –Es una mierda fría y solitaria. Y llegas a comer literalmente la mierda de otros para sobrevivir, llega un punto donde te vez obligado a dejar que te den por el culo por cinco dólares y una barra de caramelo marca Yomi-Yomi. Hubieras muerto, Lincoln. Y tú familia te hubiera matado.
Sintió como sus piernas se debilitaban mientras sujetaba más fuerte aquella esfera navideña. Las palabras de Stan eran muy crudas y lo hacían sentir nauseas, aun así, el hambre seguía ahí. Tenía que comer algo o realmente podría morir.
¿...Su familia sentiría algo si hubiera muerto en ese callejón? No tendría que ser ahí, también podría haber sido en otro lugar. ¿Sentirían algo que no fuera felicidad por haber perdido al responsable de todo lo malo que les hubiera pasado desde su nacimiento? La inseguridad le pegó duro. Pasó una mano por la esfera y sintió nuevamente ese calor corporal que parecía calmarlo.
Debía dejar de pensar en ellos.
Ahora tendría una nueva vida.
Quizás podría llegar el día en que pudiera pensar en su familia, pero por ahora se despediría del pasado.
Ésta era su nueva vida...
En Gravity Falls.
