Nunca en toda su vida había trabajado tanto. Cada mañana tenía que levantarse a las seis para cortar al menos diez troncos de leña y meterlos a la cabaña. La primera vez fue duro, tuvo que recibir ayuda de Stan para terminar a tiempo, y al final sólo pudo cortar tres troncos de forma desalineada, sin mencionar que los cayos que desarrolló lo estuvieron matando por dos días sin descanso. Cuando trató de decirle eso a Stan, todo lo que le dijo es que se la aguatara como hombre y lo mandó a cortar más leña.

El tipo era definitivamente un explotador infantil. Lincoln lo había visto sentare en la entrada a tomar cerveza mientras él destrozaba sus manos tratando de cortar un simple tronco. Lo peor vino cuando le arrojó una lata vacía de cerveza para que no fuera holgazán. Le hubiera gustado decirle algo en ese momento, pero no iba a morder la mano que le daba de comer. Sin Stan, estaría atrapado en Gravity Falls sin ningún lugar a donde ir. Podría ir con la policía, pero le harían preguntas y el tema de su familia podía salir a la luz. No era tan idiota como para no saber desde un principio que el asunto del traje, la venta de muebles y las siestas en la perrera eran ilegales.

No podría hacerle eso a su familia... tampoco a Stan. Pese a ser un estafador, lo cierto es que le había salvado la vida, y no parecía tener ningún motivo oculto para hacerlo. Sólo tomó a un niño de un callejón oscuro, lo metió en su auto, sobornó a una azafata para meterlo en una valija, finalmente le vendó los ojos en medio de la carretera y lo trajo a su cabaña en un pueblo en medio de la nada. Sí, era sumamente sospechoso que un desconocido haga todo eso por un niño de la calle, pero no podía quejarse ¡No tenía nada más!

Su familia le cerró la puerta en la cara por destruir un traje de ardilla. Incluso sus gemelas le dieron la espalda, ¿Por qué tenía que pasar por esto? Maldición, sólo tenía once años de edad. Apenas y comenzaba a fijarse en las niñas... ¿Era natural que tuviera que sufrir por tanto? Esta no era la primera vez que algo como esto pasaba... pero sin lugar a dudas fue el peor de todos los incidentes.

-Siempre lo mismo. –Dijo con un suspiro mientras se apoyaba en la escoba. –Me esfuerzo por ayudarlas con todo lo que tengo, aun cuando tengo que humillarme... sí, ya sé, yo también he cometido errores, pero siempre los compensé. ¿Alguien de mi familia siquiera se molestó en compensar un poco el daño de todo lo que me han hecho? –Se la tenía que aguantar porque era un hombrecito. Parecía ser la excusa de su padre cada vez que intentaba reclamar algo.

-Lincoln, ¿Estás hablando sólo? –Stan entró a la tienda de regalos con el traje de cuando lo conoció.

-Lo hago de vez en cuando. –Respondió mientras seguía barriendo el piso.

-Eso es raro.

Linka y Liberty solían decir lo mismo cuando compartían habitación en el ático. Esas dos siempre trataron de cambiar un poco ese mal hábito suyo, pero al final aprendieron a aceptarlo. Así eran las familias, te aceptaban sin importar nada... a menos que tu nacimiento te haga responsable de todas las desgracias en sus vidas.

Como los extrañaba.

¿Ellos lo echarían de menos? Tal vez estarían felices de no tener una boca más que alimentar, o más competencia en el baño, quizás recuperar el armario... cuando lo descontaminen de su mala suerte. Finalmente podrían ser una familia feliz. ¿Quién es Lincoln? Aquí no vive nadie con ese nombre. Nunca existió.

-Reacciona, chico. –Stan le dio un golpe en la espalda. –El tiempo es dinero, y no tienes suficiente para desperdiciarlo mientras miras un puno en la pared. –Stan se dirigió a la puerta y cambió el letrero de "cerrado" a "abierto".

Lincoln no había visto muchos clientes desde que comenzó a trabajar junto a Stan, pero según él, el lugar se volvía más activo durante el verano. Los turistas no dejaban de entrar y salir por la puerta, y dejar todo su dinero en cada una de las cajas que había repartido por toda la cabaña. Incluso había un precio para sorprenderse, y otro para quejarse. Y no le sorprendería encontrar una caja con un precio por respirar.

-A ganarse el pan. –Dijo con falos ánimo mientras se retiraba a la parte trasera de la tienda. Tenía que preparar algunos efectos especiales y algo para iluminar aquella pecera con peces monstruo falsos. –Es cuestión de acostumbrarme. –Se acostumbró a dormir en el piso con medio plato de comida, podría acostumbrarse a trabajar para un estafador.


El sentimiento de ser observado sólo se ponía peor. Lincoln había intentado convencerse de que era algo pasajero. Pasó exactamente por lo mismo en aquel campamento de verano con su familia, siempre sentía como si una gran cantidad de ojos lo estuvieran observando. Pero ahora era peor. Cada mañana que salía a cortar leña o simplemente quería tomar algo de aire podía sentir como cientos de ojos lo miraban. No eran docenas como en el campamento, eran cientos. Sentía que era observado a cada paso que daba.

La sensación que tenía cada vez que cortaba leña y aquellos ojos invisibles lo miraban era... inexplicable. Le daba nauseas. La otra noche estuvo a punto de vomitar cuando salió a sacar la basura y sintió todavía más ojos que ahora. Le hubiera preguntado a Stan sobre eso, pero no quería que se burlara de él o algo así.

Ya tenía demasiado con las burlas. En su casa todavía se burlaban del incidente de la Princesa Poni. Ese día tomó una bala por Lucy, y su pequeña sonrisa formó parte del coro que sentía felicidad por verlo en el piso de forma patética.

-Realmente me dolió. –Lucy era una de sus hermanas cercanas después de sus gemelas. ¿Por qué ella no lo apoyó? Siempre la había apoyado en todo. Lo mismo que con todas. –¿Cosechas lo que siembras? Todo lo que quería sembrar era un poco de tiempo para mí... y supongo que ahora lo tengo. –Había terminado de trabajar y se encontraba mirando el bosque. Podía sentir las miradas, pero eran más tolerables que las que solía recibir por las mañanas y al anochecer.

Ahora podía hacer lo que quisiera, siempre y cuando no incendiara la cabaña o se metiera al ático. Podía ir a mirar la Tv, o tomar alguna bebida gaseosa y una bolsa de frituras mientras lee comics viejos que encontró tirados por ahí. Incluso adentrarse un poco al bosque y probar que esas miradas eran producto de su imaginación, hasta salir a Gravity Falls y tratar de conocer a las personas del pueblo. No sería malo presentarse a sus nuevos vecinos, pero no sabía que historia debía de contar si le hacían más preguntas.

Hasta ahora, Stan sólo le había dicho que se hiciera pasar como un pariente lejano al que le tiraron encima por un asunto de divorcio. La idea no le pareció agradable, pero no iba a objetarle nada. Hasta que tuviera algo más detallado, era Lincoln, el niño cuyos padres se separan y no quieren cuidar.

-Tengo que caminar un poco. –Comenzó a caminar un poco hacia una parte menos espesa del bosque. Todavía podía ver la cabaña del misterio mientras se internaba un poco más. No quería alejarse mucho.

Continuó su camino hasta llegar a un árbol seco tirado en medio del pasto y se sentó.

-Todo está cambiando tan rápido. –Hace una semana era Lincoln Loud, ahora era sólo Lincoln. Se encontraba a Estados de su hogar y su familia, trabajando para un estafador en una trampa para turistas y viviendo en una cabaña repleta de cosas raras y niñas que aparecen y desaparecen de la nada. Quizás sólo se imaginó a esa niña. Estaba cansado y vio algo que no estaba ahí. Tampoco la había vuelto a ver desde entonces.

¿Qué sería de él ahora? Dudaba que Stan pudiera mandarlo a la escuela de Gravity Falls. Si no continuaba sus estudios, entonces terminaría trabajando en la Cabaña del Misterio hasta que fuera viejo o la cabaña se destrozara y finalmente terminaría en la calle sin tener lugar a donde ir. Tal vez encontrara periódicos donde leyera sobre todos los triunfos de sus hermanas y la alegría de sus padres con sus doce hijas. Pero no se mencionaría nada sobre él, él era el garbanzo negro de la familia después de todo. Un niño sin talento y totalmente inútil.

-Quizás todo fue por mi culpa. –Siempre había sido dependiente de sus gemelas cuando las cosas se ponían mal. Ellas siempre lo apoyaron y ayudaron a planificar cada una de sus operaciones. –Siempre fui el más débil.

Eres el más fuerte, Linky. ¿Cuántos chicos podrían sobrevivir a doce hermanas totalmente locas?

Liberty le había susurrado esas palabras directamente al oído una noche mientras leían comics bajo las mantas. Se había metido a su cuarto con algo de chocolate y una revista de comics totalmente nueva. Nunca entendió esa costumbre en su hermana de meterse en su cama a las tres de la mañana para tener ese tipo de encuentros, pero mientras ella fuera feliz no le importaría.

Aunque a veces se sentía un poco incómodo con eso. Como cuando le dio besitos en la mejilla mientras acariciaba sus hombros. Eso fue raro, del mismo modo en que trató de quitarse el brasier de entrenamiento para sentirse aún más libre. No recordó mucho aparte de que perdió el conocimiento cuando lo bajó de un lado.

Ese era el tipo de cosas que Liberty solía hacer cuando estaban solos. Siempre lo consideró una forma de demostrar más su cariño, pero quizás sólo era un modo de burlarse aún más de él.

-Soy patético. Se supone que no tendría que pensar en el pasado, y no he hecho otra cosa que recordarlo cada día. –Tal vez eso era lo normal. La vida que tenía antes a esto era... ¿Qué era? Ya ni siquiera sabía que podría haber sido real y que una simple fantasía.

Levantó nuevamente su mirada, y vio como cuatro duendes trabajaban juntos para levantar un bote de basura y dirigirse a lo profundo del bosque... Esperen, ¿Qué?

-¡¿Ah?! –Lincoln cayó del tronco por la sorpresa, y por un momento se imaginó a Stan señalando una caja con el signo de dinero esperando a que le pagara por eso. Se levantó rápidamente, con esperanzas de que la alucinación se hubiera desvanecido, pero los duendes seguían ahí.

Los duendes se distrajeron por su grito y lo vieron fijamente, entonces lo ignoraron y siguieron robando basura.

Lincoln los vio hasta internare en el bosque y desaparecer.

-...Creo que no he dormido mucho estos días.


Bien, todo lo que tenía que hacer era no pensar en enanos barbudos con sombrero rojo y todo estaría bien. El haber imaginado a un grupo de duendes ladrones no lo volvía loco, era simplemente el trabajo. Su cuerpo enclenque no estaba acostumbrado al trabajo, y los traumas por el abandono, sumado a las cosas raras de la cabaña del misterio, lo estaban haciendo ver cosas.

Sí, no estaba loco.

Siguió mirando hacia las montañas a lo lejos mientras ignoraba totalmente el bosque y las mentiras que su mente podría traerle al verlo. Mientras mirara a las montañas y no al bosque podría relajarse y no pensar en locuras. Sí, las montañas eran buenas. Le gustaban esas montañas. No había nada raro en un montón de rocas gigantes.

Fue cuando un pterodáctilo y sus crías comenzaron a volar en forma de V frente a él.

Sólo mirar al piso, si miraba al piso mientras se dirigía nuevamente a la Cabaña del Misterio todo estaría bien. Dejó salir una sonrisa forzada mientras el sudor se acumulaba en su rostro y trataba de ignorar cualquier cosa que no fuera mira al piso y no pensar en ninguna locura extraña. A menos que quisiera ver muchas pastillas de colores graciosos y un nuevo chaleco totalmente blanco, tenía que regresar a la cabaña del misterio y aprovechar ese tiempo libre para dormir en el viejo sofá.

Sintió como una mano tiraba de él hacia atrás y sus pies se despegaron del piso.

-Vas por el camino equivocado, socio. –Una voz relajada y femenina lo trajo de nuevo a la realidad.

-¿Equivocado? –Lincoln pestañeó para regresar a la realidad. Al mirar alrededor se dio cuenta de que no sólo se dirigía a otra parte del bosque, sino que alguien lo estaba levantando sobre el piso. –Emm, ¿Gracias? –Se sentía un poco incómodo ser levantando de esa forma.

-No hay problema. –La chica lo bajo con cuidado. –Sólo trata de no ir por ese camino... no es el lugar más seguro para que un niño juegue.

Lincoln miró a la chica frente a él: era alta y con algunas pecas en su rostro, tenía el cabello pelirrojo y ojos verdes. Era bastante bonita en realidad. Su vestimenta era una camisa verde a cuadros sobre una camisa blanca y lo que parecía ser una gorra de leñador. Pero lo que más le llamó la atención a Lincoln fue una pequeña cicatriz que atravesaba sus labios.

-Sólo trata de no acercarte a ese lugar, bola de nieve. –La chica comenzó a mirarlo de una forma que lo puso un tanto incómodo. –No te había visto por aquí antes, ¿Eres nuevo? –Lo rodeó y Lincoln sintió como si se estuviera atragantando.

-Yo... me estoy quedando con un pariente... las cosas no están bien en casa. –Esa era la única vedad en la historia de Stan. –Así que ahora estoy en Gravity Falls hasta que todo pase, ya sabes... la típica discusión entre padres que es mejor no estar cerca. –Su risa fue tan mala que cualquiera se daría cuenta de que es falsa.

La pelirroja sólo lo miró fijamente antes de estrechar los ojos. –¿Pariente de Gideon? –Preguntó de forma un poco dura.

-¿Quién?

-No importa. –Murmuró. –Lo lamento, aquí no estamos acostumbrados a ver caras nuevas si no es durante el verano... Muchas cosas pueden pasar durante el verano. –La chica se perdió un poco en sus pensamientos mientras miraba al bosque.

-¿Está bien? –Lincoln retrocedió un paso.

La pelirroja se recobró mientras agitaba la cabeza. –Lo siento, suele pasar. –Le sonrió. –Mi nombre es Wendy Corduroy pequeño socio. ¿Y el tuyo?

-Lincoln. –Estuvo a punto de dar su apellido, pero sólo el sabor de su nombre era agrio. –Sí, como el presidente. ¿Podrías llamarme sólo Linc?

-Gusto en conocerte, Linc. Bienvenido a Gravity Falls, un lugar repleto de misterios. –Extendió los brazos. –Sólo aléjate del bosque, es peligroso para los niños si no tienen una guía adulta. No querrás perderte.

-Ya es difícil orientarme en el camino, no quiero ni saber dónde terminaría si comenzara a caminar por el bosque. –Stan le había aconsejado mantenerse a una distancia donde todavía podría ver la cabaña, si la perdía de vista entonces debía regresar. –Además, el lugar me da escalofríos. No dejo de sentir como si me estuvieran mirando todo el tiempo.

-Uno se acostumbra a eso. –Wendy se encogió de hombros. –¿Quieres una pequeña guía por el pueblo? No me molesta mostrarte los alrededores, suelo hacerlo con los turistas en verano, pero a ti no te cobraré nada. –Puso una mano sobre su hombro mientras lo dirigía por el camino. –Por cierto, no escuché tu apellido.

-...Todavía se está decidiendo.

Wendy hizo una mueca incomoda.

-Sólo Linc estará bien por ahora.

Parecía una chica agradable. Sus padres y hermanas siempre le advertían que no siguiera a los extraños, aun si son amables. Por otro lado, fue un extraño quien le dio techo y comida mientras su propia familia lo sacaba de casa a patadas antes de una tormenta. No está de más agregar que eso podría poner un poco en conflicto las enseñanzas paternas sobre la seguridad.

-Me gustaría que me mostraras el pueblo, estaré viviendo aquí por un tiempo después de todo...

-El pueblo te encantará, siempre que aprendas a evitar los lugares peligrosos. –Dio una mirada detrás de su hombro.

-Claro, ya quería ver el pueblo. Hace una semana que estoy aquí, pero no me atrevía a ir más lejos de la cabaña.

-¿Hace una semana que vives en Gravity Falls y no lo has visto? Pues de lo que te pierdes, aunque las cosas suelen ser aburridas antes del verano. –Dejó salir una cara aburrida. –Ya sabes, la rutina de la escuela y eso, pero no es tan malo los fines de semana. Tienes que ver el arcade, desde que cambiaron las viejas máquinas es el lugar perfecto para los niños. O quizás quieras probar unos buenos waffles y algo de jugo. Ah, tengo tanto que mostrarte. –Puso una mano sobre su hombro.

Lincoln le sonrió mientras la dejaba dirigir el camino. Nuevamente las palabras de sus padres y sus hermanas sobre los extraños se pusieron en duda mientras la seguía. Wendy estaba demostrando ser una chica agradable.

-Muéstrame el camino. Espera un segundo... Si hoy es día de escuela, ¿No deberías...?

Wendy se rio mientras revolvió su cabello y le hizo el signo del silencio.

Lincoln se sintió incomodo, pero no pudo evitar sonreír.