La cena fue pasta y algo de carne. Stan no acostumbraba comprar demasiada comida, y por la apariencia de la carne era la que solían poner en barata todos los domingos. Otra vez, no se iba a quejar, era mejor comer carne verde que pelear contra perros callejeros por algo de la basura de la hamburguesería. Eso o el restaurante chino, Lana le dijo una vez que siempre tiraban cosas interesantes para comer.

¿Debería comenzar a hacerle preguntas? Estaba algo dudoso sobre eso. No podía ahogarlo con un montón de preguntas, sería totalmente descortés después de todo lo que ha hecho por él. Tenía que ser al menos una, ¿Pero cuál? Tenía entre la tensión que parecía haber entre él y Wendy, o la alegre niña que vive ahí y por alguna razón no vio en más de una semana, sin mencionar que parece quedarse en el ático prohibido. –Uf, que dura decisión. –Rodó un poco los ojos. Por supuesto que le preguntaría sobre Mabel, estría viviendo con ella después de todo.

-Así que... ¿Problemas con Wendy? Parecía una chica agradable. –Era todo un hombrecito valiente. ¿Pero que se supone que le preguntaría? "Oye Stan, ¿De casualidad no tendrás a una niña o dos encerrada en el ático allí arriba?" Eso no sonaba bien. Por otro lado, explicaría la facilidad que tuvo para romper tantas leyes al salvarlo de las calles. –Me mostró el pueblo. –Sí, quizás cambiar el tema fura lo mejor para su seguridad momentánea.

-Wendy solía trabajar para mí hace un año. –Stan le respondió con la boca repleta de pasta. –Pero la despedí, la chica sabía holgazanear y huir del trabajo. Pasaste la tarde con ella, ¿Verdad? Debería haber estado en la escuela, a eso me refiero.

-Sí. –Había sido divertido. Por lo general no podía faltar a la escuela, especialmente cuando usaba ese traje. Sus hermanas querían buenas notas... especialmente Liberty. –Se suponía que tú me apoyabas.

-No terminamos en los mejores términos. –La voz de Stan lo regresó a la mesa. –Hubo una pelea muy fuerte y terminó dándome un golpe directo a la mandíbula que me hizo ver las estrellas algunas horas. –Se tocó la mandíbula ante el recuerdo. –No me molesta si quieres pasar tiempo con ella, sólo trata de no decirle nada sobre... Ya sabes. Legalmente te secuestré.

-Lo sospeché cuando me metiste a la maleta y me vendaste los ojos, Stan. –O como solía ocultar su cabeza cada vez que pasaba un auto y le susurraba que no hiciera ningún ruido. –No me molesta. Esto es... mejor de lo que tenía antes. –Se podría resumir en nada.

-¿Estás listo para hablar del tema?

-No. –La respuesta instantánea lo sorprendió a él mismo. Apenas había pasado más de una semana y el dolor seguía siendo el mismo. –Preferiría no volver a tocar el tema otra vez. –El recuerdo de la despedida de su "familia" le trajo algo cólera. –Ni siquiera quiero usar ese apellido otra vez.

-Como quieras. –Lo dijo sin problemas y sin mucha importancia mientras cortaba su carne. No podía entender mucho de Stan, el tipo le daba su espacio al mismo tiempo que lo explotaba, y de un momento a otro parecía preocuparse genuinamente por él. Era complicado... pero también era su salvador. Stan mismo se lo dijo, y le creía, de no ser por él hubiera muerto en las calles... y su familia lo hubiera matado. –Gracias, yo... me juré no volver a pensar en el pasado. Aunque últimamente sólo puedo recordarlo.

-Es normal. –Suspiró. –Y creo que está bien eso de olvidar el pasado, no se puede vivir en él. Ahora come y vete a dormir, mañana tendrás que volver a colocar esa S.

-Uf. ¿Cómo es que siempre se cae? –Había tenido que utilizar martillos, clavos y alambres totalmente asegurados para ajustarla. –¿Acaso hay personitas que te guardan rencor y por las noches sabotean esa cosa? –Al menos no eran nomos raros que robaban basura a plena luz del día. Tenía que borrar esa imagen de su cabeza.

Lo más raro de esa pregunta es que Stan realmente pareció considerar sus palabras.

-Oye... ¿Seguro que no vive nadie más aquí? –Se atrevió a preguntar con un poco de esfuerzo. –Ya sabes... ¿Una niña?

-Nadie más vive aquí, Lincoln. –Stan le respondió en tono neutro. –Sólo un viejo que pasará el resto de sus días en una atracción turística mientras día a día comienza a quejarse de su edad y los dolores de espalda, eso y un niño de cabello blanco que legalmente no tendría que está aquí.

-¿Seguro? Es decir... ¿Quizás una niña de cabello castaño y frenos? Un poco más alta que yo, con un suéter con la imagen de una estrella fugaz, una falda un poco más arriba de las rodillas, calcetas multicolor. Tal vez con una actitud animada y energética.

-No. –Stan respondió de forma natural mientras seguía comiendo. –¿Está alucinando? No pagaré por pastillas de locos, así que no me vengas conque tus fantasías tratan de matarte más tarde.

Lincoln trataría de defenderse de eso, pero las distintas visiones de fantasía y prehistoria con las que se había cruzado en el bosque lo ponían un poco dudoso sobre su salud mental. Quizás el ser tirado a la basura por un traje de mascota de un equipo de deportes juveniles por una familia toda su vida dijo amarla y dos gemelas, una de ellas demasiado cariñosa en ocasione, pudieron hacer que sus cables se cruzaran.

Un extraño miedo producto de un pensamiento lo alteró por segundos que parecieron horas. ¿Y si se estaba imaginando todo esto? Stan, un hombre salido de la nada que hacia quien sabe qué en Royal Woods lo salva de las calles y lo trae a otro Estado, a un pequeño pueblo en medio de la nada, un lugar donde podría empezar de nuevo, lejos del dolor que le provocaba su familia. ¿Y si sólo estaba tirado y medio muerto en un callejón de Royal Woods? Finalmente el miedo se fue y la idea le pareció estúpida. Todo en el pueblo se sentía demasiado real para ser una simple alucinación. Pero el recuerdo del miedo tardaría en irse.

-Stan, ¿Qué hacías en Royal Woods? No es que me queje ni nada... Pero tengo curiosidad de...

-¿Cómo un viejo dueño de una atracción turística de tercera en un pueblo en medio de la nada terminó en una ciudad pequeña como Royal Woods al otro lado del mar? –Stas se reclinó en la silla y lanzó un gran eructo mientras se limpiaba los dientes con un palillo. –Te lo dije, soy un estafador. Esta cabaña sólo da verdadero dinero los veranos, ¿Cómo crees que vivo el resto del tiempo? El mundo es grande, así que de vez en cuando me muevo de un lado a otro y comienzo un esquema de pirámide que termina con más de un incauto dándome sus ahorros. –Lincoln había escuchado de esos esquemas, y muchas personas parecían haber arruinado sus vidas por seguirlos. –No me mires así, de no ser por eso ahora estaría muerto. Y no es como si pudiera dedicarme a otra cosa a esta edad.

-No me quejaré. –Lincoln le respondió mientras seguía comiendo. –Ni siquiera me molesta si eres realmente un estafador, me estás dando techo y comida. No tengo razón alguna para quejarte. –Y si iba con la policía sólo lo mandarían a casa, y era un lugar donde no querría regresar. ¿Era esa la razón de salvarlo? ¿Mano de obra gratuita y que estuviera con él por voluntad propia? No le importaba. Stan lo salvó, y eso era todo lo que necesitaba saber.

-Bien, ahora limpia todo. Me haré unas palomitas y miraré la televisión mientras me rasco y dejo salir gases.

-...Demasiada información.


Otra noche en la Cabaña del Misterio. Hoy había conocido a alguien nuevo, recorrió varios lugares de Gravity Falls, y aprendió algo nuevo sobre Stan. Podría decir que fue un día bien aprovechado. Aunque todavía estaba el asunto de las alucinaciones, la niña que aparentemente vive en el ático prohibido, la relación tensa que hay entre Stan y Wendy... o, y que mientras paseaba por el pueblo, muchos de los residentes miraran de forma extraña su cabello blanco, al menos hasta que Wendy les explicara que no tiene relación con alguien llamado Gideon. Tendría que preguntar sobre eso más tarde... o encontrar una forma de teñirse el cabello.

Su cabello blanco siempre había sido algo que lo diferenciaba a los tres de sus demás hermanas. Eran las tres bolas de nieve de la casa Loud. Los trillizos de blanco que podían encantar los corazones cuando los veían en su abrazo de trillizos. Lincoln abrazó la esfera navideña en su pecho y casi sintió el mismo calor que en esos momentos de trillizos. ¿Hubo algo real en todo eso? Ya no podría estar seguro.

-Ya no importa. Tengo un nuevo hogar. No tendré que volver a verlos otra vez, y posiblemente ni siquiera se hayan dado cuenta de que desaparecí. –Tal vez ni siquiera les importara. –Sólo soy una plaga de mala suerte.

Sintió el calor de la bola navideña cubrir su pecho y se sintió un poco mejor. ¿No había sido un regalo de Mabel? Stan mencionó eso antes, aunque no a Mabel. Quizás no era más que una bola navideña que simplemente rodó por las escaleras. No importaba. Pese a representar la navidad, lo cierto es que era caliente al tacto.

Lo hacía sentir mejor.

Pudo escuchar como Stan apagaba el televisor y caminaba hacia su cuarto. Stan por lo general no se acostaba hasta la media noche, por lo que debió haber estado despierto varias horas sin darse cuenta. Últimamente se estaba perdiendo cada vez más en sus pensamientos. Tal vez con el tiempo podría dejar pensar en tantas cosas al mismo tiempo, muchas de ellas la misma. Sin mencionar que eran pensamientos que siempre se juraba no volver a tocar.

-¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? Sólo quiero empezar de nuevo aquí. –Tenía un techo, comida, y un trabajo. Tal vez con el tiempo encontraría una forma de ir a la escuela, entonces conocería a un grupo de perdedores con los que podría forjar una amistad que duraría hasta el final de la secundaria y para chatearse de vez en cuando cuándo se encontraran por el internet. –Con el tiempo será más fácil.

Con esos pensamientos se quedó dormido.