-BUUU.

-Hola Mabel. –Lincoln respondió sin verla mientras seguía limpiando las espinas de aquella extraña combinación de conejo y erizo con partes de carpintero. Podía ver perfectamente los restos de pegamento u cinta adhesiva, y lo más extraño es que esa mañana una familia se había sacado más de una docena de fotos. –¿Cómo esto puede ser tan popular?

-Se supone que tendrías que asustarte, las personas se asuntan cuando saltó con esto puesto. –Mabel tenía puesta una máscara tribal adornada con distintas imágenes de triángulos. –Hagámoslo otra vez, Lincoln.

-Regresa la máscara a la vitrina, Mabel. Es parte del espectáculo.

-No eres divertido.

Ya habían pasado dos meses desde su primer encuentro con Mabel, desde entonces la chica no perdía el tiempo para tratar de jugarle una broma, o ir a visitarlo en su cuarto cuando tenía tiempo libre. Especialmente para despertarlo por las mañanas, había demostrado ser un despertador mucho mejor que Stan cuando le saltó encima con un montón de brillos que lo tiró del sofá, se hubiera enojado de no ser por el lindo dibujo de él mismo frente a la cabaña del misterio adornado con arcoíris y unicornios. Le recordó un poco a los dibujos que Lily solía hacerle

-No debería hablar contigo. –Nuevamente se reprendió. Stan seguía negando la presencia de alguien más en la cabaña, y sin importar cuanto lo intentara, no podía encontrar rastros de que Mabel pudiera vivir con ellos. La niña había aparecido de la nada. Lincoln no era un psicólogo, pero estaba seguro de que interactuar con personas que no estaban realmente ahí no podía ser algo sano.

-¿No comiences con eso otra vez, Lincoln? Estoy aquí. –Mabel agitó los brazos frente a su cara. –Ahora comamos palomitas mientras jugamos a las cartas y miramos las aventuras del pato detective. –Pareció desanimarse un poco ante eso. –Realmente extraño a pato, era divertido.

Mabel había mencionado muchas veces a un cerdito rosado que ganó en un concurso el año pasado. Tuvo que adivinar su peso para ganarlo... varias vece. No le dio muchos detalles, pero le dijo que los viajes en el tiempo son complicados. Lincoln no hizo muchas preguntas sobre eso, su estabilidad mental ya estaba en riesgo, no quería hundirla todavía más al meter elementos de la ciencia ficción.

Por otro lado, era divertido estar con ella. Sí, podría estar jugando con un delirio nacido de su propia mente traumada, pero mientras que no le señalara los cuchillos y le revelara que era el ángel de la purificación enviado a la tierra para purgarla de todos los pecadores, no le molestaba pasar tiempo con ella.

También podría ser un fantasma atada a la cabaña por una muerte repleta de dolor que corrompió su inocente mente con pensamientos repletos oscuros y ansias de venganza que la persiguen aun después de su muerte.

O ninguno de los dos. Tal vez estuviera teniendo contacto con una criatura que está más allá de su entendimiento mortal y cuyos pensamientos podrían volverlo loco en cuestión de segundos.

Miró a Mabel hacer muecas divertidas a un oso de papel de papel pintado de rojo y con adornos raros.

No, tenía que ser un delirio nacido del vacío creado por el rechazo de su amada familia y el abandono en las calles. Pero como pensó antes, no era un psicólogo, por lo que decidió ignorarlo y dejar ver que tan lejos llegaban las cosas. Wendy le había mencionado que además de una prisión de máxima seguridad, Gravity Falls tenía su propio manicomio. Lejos de preocuparse de porque un pueblo en medio de la nada podría tener tantos lugares fuera de lugar, se sintió aliviado al pensar en un cuarto repleto de colchones que le impidieran lastimar a nadie.

-Creo que me estoy tomando esto de la locura demasiado a la ligera. –Se rascó la barbilla y finalmente le restó importancia.


-Para ser un delirio eres muy buena en las cartas. –Lincoln murmuró mientras veía como las pequeñas fichas iban a dar junto a Mabel.

-No soy delirio, soy Mabel. Y soy rica. –Lanzó las fichas sobre su cabeza y estas cayeron a ambos lados. –Me compraré un poni, costuras graciosas... y una rueda gigante para viajar por todo el pueblo. –Los ojos de Mabel se perdieron y pareció viajar a otro mundo dentro de su cabeza.

Los dos se habían de rodillas sobre el piso con sus carta repartidas en un pequeño juego de póquer con dinero falso y tomando el rol de un agente secreto internacional y un súper villano listo para cortarlo en pedazos con un rayo laces si perdía el juego. La risa oscura de Mabel y la forma en que acariciaba un suéter blanco entre sus brazos le indicaron que ya había recodado su papel.

-Mala suerte, señor Lincoln Bons. –Volvió a reír mientras sacaba un marcador láser del bolsillo de su falda y lo agitaba como si lo partiera por la mitad.

-Estoy muerto, parece que el mundo está en tus manos Doctora Mabel Pines. –Suspiró mientras dejaba caer su cuerpo como si estuviera en pedazos.

-Tranquilo, agente Lincoln. Traje esto. –Sacó cinta aislante de su otro bolsillo. –¿Jugamos otra vez, Lincoln? –Mabel sonrió mientras recogía las cartas.

-Tendrás que devolverme mi parte. –Extendió las manos hacia el montón de fichas del lado de Mabel. En lugar de dárselas, Mabel lo tomó de la muñeca y alejó su mano.

-Lo siento, mi pequeña fortuna está reservada para dulces, bolas de estambre y la BAPCNV (Busquemos A Pato Con Nuestras Vida). Mala suerte. –Hizo una mueca al escuchar esas últimas palabras. Para ser un delirio, Mabel no sabía nada, y prefería que nadie supiera lo que pasó. Todavía sentía que era muy pronto para tocar ese tema.

-¿Y que se supone que apueste si no tengo dinero? –Lincoln sacó su pelusa de bolsillo y la liga, hasta donde sabía, Mabel había conservado el centavo de la suerte. No le importaba mucho esa tonta moneda. –No tengo nada.

-Me gusta tu camisa, y esos pantalones son lindos. –Mabel sonrió de una forma rara mientras lo miraba de arriba abajo.

-¿Gracias? –No pudo evitar retroceder un poco. Por un segundo lo miró de la misma manera que Liberty solía hacerlo cuando salía del baño antes de que Linka se la llevar arrastrando hacia su habitación.

Mabel comenzó revolver las cartas con una sonrisa repleta de acero mientras tarareaba una canción. –Por cada mano, una prenda de ropa. Empezando por la camisa y siguen los pantalones, luego los zapatos y los calcetines... finalmente las cosas se ponen interesantes. ¿Entras?

-¿No? –Lincoln se ajustó los pantalones mientras Mabel comenzaba a repartir las cartas y a lanzarlas de forma poco profesional, algunas terminaron en su cabello y otro en medio de sus rodillas. –Además me tienes ventaja en eso. –Señaló todas las fichas de colores.

-Este es otro nivel de juego, Lincoln. –Se rio mientras se quitaba la bincha de la cabeza. –Prenda por prenda. Apuesto mi suéter contra tú camisa, Linc.

-Sigues teniendo ventaja en lo de la ropa... y no sé si deberíamos jugar al póquer de strips. –Murmuró mientras recogía sus cartas y veía una mano mucho mejor de la que había tenido en todo el juego. No es que lo estuviera considerando ni nada. El haber crecido en una casa repleta de chicas le daba cierta inmunidad a ciertas cosas, y aunque no era ajeno a las erecciones y la curiosidad al cuerpo femenino, tampoco era un pervertido que se excitara con lo que seguramente era un fragmento de su imaginación. –Sólo una mano. –Su mano era buena, pero Mabel seguramente lo haría pedazos, por lo que tendría que quitarse los zapatos, nada de la camisa. Y tampoco tendría que sentirse mal por algo que sólo pasa en su mente.

-Juju. Entonces vamos a divertirnos, Lincoln.


Lincoln tragó saliva. Su mano actual era la misma del principio, y Mabel ya había usado sus mejores cartas. No es que hubiera puesto demasiada atención en los detalles ni nada, simplemente había estado atento, eso era todo. Y tampoco tenía que sentirse mal por seguir jugando, simplemente quería devolverle a Mabel un poco de la humillación por pulverizarlo antes, y su victoria le había dado la confianza necesaria.

Miró hacia Mabel, ella estaba demasiado concentrada en sus cartas mientras hacía una mueca molesta. Tragó saliva mientras veía un poco su cuerpo: había perdido la bincha, el suéter, la camisa y los zapatos. Todo lo que le quedaba era un brasier de entrenamiento, sus calcetines u su falda. Desvió rápidamente la mirada cuando Mabel levantó la vista.

A él no le había ido mejor, ya había perdido los zapatos, sus calcetines y la camisa. Sólo le quedaban los pantalones y su ropa interior. Tendría que comenzar a ponerse algo más, quizás un poco de la ropa vieja que Stan le había dado. Aquella ropa era muy diferente a la que solía usar, pero una parte de empezar de nuevo era despedirse de todo lo que lo trajera al pasado, aun su ropa. Cosa que Mabel estaba logrando ella misma.

-Apuesto mi falda. –Dijo con un grito feliz. Lincoln casi dejó caer sus cartas mientras miraba a Mabel sonreír con confianza.

-¿No te parece demasiado? No creí que llegáramos tan lejos. –Se abrazó un poco mientras sentía una corriente de frío provenir de las rendijas que la macara el vidrio había dejado. –¿No había puesto eso mirando hacia el bosque? –La máscara había cambiado de Lado y ahora los miraba a ellos directamente.

-No te hagas para tras ahora. ¡Quiero esos pantalones! Y apuesto mi falda y lo subo con mis calcetas. –Arrojó sus cartas directamente al piso. –Ahora paga, Lincoln. –Lo miró con ojos entrecerrados mientras se reía por lo bajo.

Lincoln se rascó la cabeza mientras mostraba su Flor Imperial.

-¿Ah? –Mabel abrió la boca con sorpresa.

-Yo también me sorprendí.

-No es justo. Yo iba ganando, Lincoln. Ahhh. –Mabel se rascó la cabeza con violencia mientras se levantaba de un salto e iba de aquí para allá dando patadas al aire. –Bueno, el juego todavía no acaba. –Se quitó las calcetas y las arrojó hacia él.

-Quizás deberíamos detenernos. Esto comienza a sentirse raro, Mabel. –Al principio fue emocionante, quizás un poco divertido. Pero no eran más que niños jugando un juego que no deben.

-¿Comienzas a sentir que algo te aprieta, Lincoln? –Mabel se relamió los labios mientras soltaba un botón de su falda. –¿Sientes que te asfixias? –Comenzó a caminar alrededor del juego hasta llegar junto a él. Había desprendido el segundo botón cuando llego hacia su espalda. Entonces escuchó como aquella prenda de ropa caía al piso.

-¿Mabel?

Dos brazos lo rodearon desde la espalda y lo abrazaron fuertemente. La sensación fue similar a cuando Liberty lo abrazaba, en esta ocasión pudo sentir dos pequeños bultos que hacían temblar toda su espina dorsal. Los dedos de Mabel comenzaron a recorrer su vientre mientras la respiración de la chica inundaba sus oídos.

-E-Espera, ¿Qué haces? Esto está mal. –Muy mal. Su cuerpo no dejaba de temblar, y sentía una extraña presión en su pecho que no dejaba de aumenta. Su respiración comenzó a acelerarse mientras una de las manos de Mabel recorría su brazo y la otra bajaba hacia su cintura.

-¿Por qué no? –Mabel le preguntó directamente en su oído. –Sólo soy un fragmento de tu imaginación, Lincoln. ¿Está mal divertirte un rato con un fragmento de tu imaginación? Creo que un millar de adolescentes en el mundo te dirán lo contrario. –Lamió un poco su cuello mientras Lincoln sentía como los dedos de Mabel desprendían el botón de sus pantalones sobre el cinturón.

-¿Qué haces? –Algo no estaba bien. Mabel no podía actuar así de un momento a otro. La chica que conoció en estos dos meses no le parecía el tipo de chica que lo abrazaría semidesnudo o incluso se desprendería parte de su ropa. –Sólo detente, ya no quiero jugar más. –Trató de quitársela de encima, pero Mabel comenzó a masajear su entrepierna sobre sus pantalones y sintió como toda la energía lo abandonaba.

-Entonces detenme, Lincoln. –Se rio detrás de él. –Pero no quieres eso, porque esto es agradable. Te hace sentir muy bien, mi nuevo mejor amigo. –El sonido de un cierre al ser bajado se escuchó en la habitación y Lincoln trató de detenerla otra vez. Un pequeño mordisco en su cuello volvió a detener sus intentos de lucha. Se sentía extraño. Nunca nadie lo había tocado de aquella forma, ni siquiera Liberty había intentado algo tan atrevido cuando le hacia esas insinuaciones de broma. –Piénsalo así, si no soy más que un fragmento de tu mente, sólo te estoy dando lo que quieres: Cariño. Un cariño mayor del que tu familia te a dado.

-¡Ah! –Trató de cerrar las piernas cuando sintió como la mano de Mabel se introducía dentro de sus pantalones y comenzaba a sujetar su parte más privada. –E-esto es... uf. –Sintió como comenzaba a acariciarla sobre su ropa interior y su amigo inferior comenzaba a expandirse más. –¿Quién... eres? –Logró murmurar mientras Mabel continuaba con su trabajo.

-Soy Mabel Pines, y desde ahora seré tu mejor amiga... si me prometes que-

Mabel retiró sus manos de dentro de sus pantalones con velocidad y se puso de pie mientras miraba hacia la ventana que daba al bosque. Su rostro se había vuelto más serio mientras dejaba salir una mueca de molestia.

Lincoln cayó de lado mientras jadeaba y sentía extraños hormigueos dentro de su ropa interior. Se sentía raro.

-Parece que tengo que irme, Lincon. –Mabel comenzó a ponerse su ropa mientras le sonreía. Lo hizo de forma lenta y se aseguró de que pudiera verla. –La próxima vez juguemos al Twister. Estoy segura de que te encantará el juego, ¿Te parece bien?

-Eso... es debatible. –Lincoln se sentó en el piso con su rostro totalmente rojo mientras sujetaba su entrepierna. –¿Qué fue todo eso, Mabel? –No podía ocultar su enfado mientras la sensación de hormigueos no se iba de dentro de su ropa interior. En parte dolía... en parte se sentía bien, pero no diría eso en voz alta. Las cosas se habían tornado muy extrañas.

-¿Qué? Sólo somos dos niños divirtiéndose en su tiempo libre. –Puso las manos detrás de su espalda mientras cerraba los ojos y ladeaba la cabeza con una sonrisa. –Somos mejores amigos, Lincoln. No me molesta jugar esto contigo, pero... quizás necesite que me hagas unos favorcitos a cambio. –Puso un dedo sobre su mentón mientras parecía pensarlo. –Pero no te forzaré a nada que no quieras.

-No quiero. –Dijo con algo de molestia mientras luchaba con el impulso de sujetar su entrepierna para controlar aquella comezón.

-Está bien. –Mabel se dirigió animadamente hacia la puerta. –Nos veremos más tarde, Lincoln.

La niña salió por la puerta, dejándolo totalmente confundido y excitado por igual. ¿Cómo había terminado de esa forma? Hace una hora estaban jugando póquer totalmente normal, y al siguiente se habían mentido en un juego por el que sus padres lo habían castigado a él y sus gemelas por jugar en medio de la sala, o por siquiera mencionar un juego así.

-Esto se siente... –No es como si no conociera la masturbación, Lincoln había oído hablar de ella, e incluso había practicado un poco en su tiempo libre en el baño, o en la regadera. Pero nunca en la cama o en cualquier otra parte de la casa, ya había sido descubierto un par de veces por Linka, y más aún por Liberty. –¿Cómo se siente esto? –Pero una mano que no era la suya se sentía... –Metió su mano por el lugar que había dejado Mabel y sintió el calor de su miembro masculino. Tragó saliva mientras miraba a la puerta y se preguntaba si sería correcto. Ya había pasado un tiempo desde la última vez y... y quizás por eso tuvo una alucinación así. ¿Qué otra explicación había? Tendría que contentar la sensación y entonces todo estaría bien otra vez. ¿Verdad?

-Oye Lincoln, la S volvió a caer- –Stan entró por la puerta y lo atrapó con las manos en la masa, por así decirlo. –Bueno, no creí que te tomaras lo que dije sobre masturbarte en serio. –Se rascó la nuca. –Tomate quince minutos, luego ve a poner esa maldita S en su lugar... y no olvides lavarte las manos.

La puerta se cerró mientras sentía como la erección comenzaba a bajar después de ser descubierto.

-El peor día de mi vida.


Ya había oscurecido en la cabaña del misterio. Lincoln dormía después de otro día de romperse la espala y casi morir aplastado por la propia S que trataba de colocar, suceso que le había dado un nuevo aprecio por la vida, del mismo modo que lo mantenía profundamente dormido en la cama.

Stan contemplo al chico que había recogido de las calles hace dos meses dormir en el sofá de aquella habitación. Hizo una nota mental para cambiarlo por una cama y esta vez no olvidarlo. Tenía camas de sobra en la cabaña, y Lincoln necesitaba una.

Aun no entendía que lo impulsó a hacer algo tan arriesgado. Si no hubiera podido convencer a esa azafata con su dinero, o hubieran sido atrapados en medio de la carretera... cualquier cosa pudieron terminar con todo. No sólo con su libertad, sino también con la cabaña del misterio. Necesitaba esa cabaña, y Lincoln necesitaba un hogar del que no lo echaran a patadas por cualquier cosa que pudiera hacer un niño de once años.

Wendy podía darle problema, pero la chica había prometido guardar silencio cuando le explicó la verdadera situación de Lincoln. Eso tampoco los volvía mejores amigos. Wendy no quería tener nada que ver con él después de todo. Y si algo le pasa a Lincoln, ella misma le arrancaría la cabeza. La amenaza le sonó demasiado real para ser un truco.

Colocó la contraseña en la máquina expendedora y se metió al laboratorio de su hermano.

El lugar era un desastre de maquinarias destruidas y restos quemados. Casi no había quedado nada en pie desde ese día oscuro hace un año, y de lo que había quedado, absolutamente nada servía. Cualquier cosa que parecía ser sobrenatural e inexplicable había sido totalmente desechada por él mismo, su hermano entendería, y si no, entonces lo forzaría a entenderlo. Todo ese fanatismo por lo oculto y misterioso había desencadenado la peor tragedia que pudieran vivir en sus vidas.

-Debí hacer esto hace mucho tiempo, Ford. Debiste hacer esto hace mucho tiempo. –Tomó un pequeño libro sobre la mesa y salió de aquel sótano destrozado. Después tendría que colgar un letrero de "fuera de servicio" totalmente permanente sobre la máquina expendedora.


-Ni siquiera puedo quemarte. –El fuego pasaba por el diario de su hermano sin dejar ni una marca. ¿Cómo exactamente lo había logrado? Para Stan no eran más que simples hojas de papel, sin embargo, no podía cortarlas en pedazos o arrancarlas de la cubierta. Ni meterlo al horno parecía hacer nada que no fuera calentarlo a temperatura promedio. –Debí saber que harías tus creaciones más resistentes después del incidente de la máquina, nerd.

Con un suspiro tiró el diario al bote de basura junto al refrigerador.

-Esto se acabó. –Murmuró mientras veía los seis dedos en la cubierta. –¿Me escuchas? Se acabó. Todo. No sé siquiera que sigo esperando, o que esperan de mí. Dediqué gran parte de mi vida para traerte de vuelta y mira como terminó todo. –Se retiró lentamente del bote de basura. –Si me disculpas, tengo un niño abandonado que necesita documentos falsos de primera para retomar sus estudios.

Salió de la cocina, totalmente dispuesto a dejar los restos del pasado atrás.

Lejos estaba de ver la pequeña sombra detrás de él. Un ligero tarareo comenzó a escucharse cuando Stan cerró la puerta de su cuarto y se fue a dormir. El tarareó aumento mientras una pequeña niña salía de las sombras bailando y dando vueltas de un lado a otro mientras se dirigía al bote de basura.

-Bueno, ya era hora. –Dijo mientras metía la mano dentro del bote y acercaba sus dedos hacia el diario. –Auchi. –Chispas blancas quemaron sus dedos cuando tuvo contacto con el diario. –Eso no fue agradable. –Se lamió el dedo índice mientras miraba el diario con pequeñas lágrimas en sus ojos.

Entonces comenzó a reír con algo de fuerza mientras daba otra vuelta hacia el pasillo y se acercaba a una puerta en específico.

-Lástima que no tomaras en cuenta a un pequeño comodín, Seis dedos.

La risa de Mabel inundó toda la sala mientras se apoyaba en la puerta de la habitación de Lincoln.