-Liberty, Link ya te puso sobre aviso sobre estas bromas raras. –Lincoln hizo aun lado para evitar que su gemela siguiera restregándose contras su cuerpo. Los dos estaban acostados en la cama del albino en el armario modificado. –También tendrías que dejar de meterte en mi cuarto cuando quieras. Tú y Linka tienen el suyo propio ahora. –El ático había sido el cuarto de los trillizos durante años, al menos hasta que Lincoln cumplió diez años y sus padres decidieron que había llegado la hora de que tuviera su propia habitación.
Mientras que Lincoln y Linka lo habían tomado bien, incluso con un poco de emoción y curiosidad, Liberty había protestado demasiado contra eso. Llegó al punto donde tuvo una fuerte pelea con sus padres y terminó llorando bajo las sabanas de la cama de Lincoln. Lincoln había tenido que consolarla durante una hora y prometerle que su puerta siempre estaría abierta. Más que nada porque sus padres no querían gastar más dinero en una nueva cerradura. Los costos de modificación ya eran muchos y tenían que cortarlos lo máximo posible.
-Promesa es promesa, Linky. –Liberty lo abrazó desde la espalda mientras se acercaba un poco más. Ella siempre había sido la más pegajosa con él. Aún más que Lily, y la pequeña bebé disfrutaba de tomar siestas sobre su cuerpo cuando se descuidaba. –¿O te molesta estar tan cerca de tú gemela?
-Jamás podría molestarme estar cerca de ninguna ustedes, Liberty. –Lincoln se dio la vuelta y la abrazó del mismo modo. Amaba a cada una de sus hermanas, y sobre todo a sus gemelas. Cualquiera diría que podrían pelearse tanto como Lola y Lana, pero era todo lo contrario. Los trillizos siempre se llevaron bien entre ellos, y estaban dispuestos a compartir absolutamente todo. –Especialmente contigo. –Acarició su cabeza mientras la acercaba más hacia si mismo.
Liberty lo rodeó fuertemente con sus brazos mientras descansaba su cabeza sobre su pecho. Los dos disfrutaban mucho de estos momentos entre gemelos. Lincoln nunca entendió porque, pero sus sentimientos por Liberty siempre fueron algo... diferentes. No podía entenderlo, simplemente lo sabía. Lo que sentía por Liberty podría ser algo más profundo que el simple amor fraternal... y es exactamente por eso que había tratado de distanciarse un poco de ella, pero a veces sentía que era imposible.
Tal vez con el tiempo esos sentimientos se mantengan bajo control, incluso podría llegar a aceptarlos y con el tiempo superarlos. Pero por ahora prefería ignorarlos y disfrutar de aquellos momentos con Liberty. Quizás Linka entre por la puerta todavía cansada y molesta para arrastrarla con ella, o incluso decida unírseles y dormir los tres juntos del mismo modo en que solían hacerlo cuando eran niños.
Por ahora sólo quería disfrutar de aquel calor que se encendía entre ambos cuando sus cuerpos hacían contacto el uno al otro.
-Que adorable. –Los ojos de Mabel brillaban mientras flotaba sobre ambos cuerpos ahora durmiendo.
-Que falso. –Para Lincoln era todo lo contrario a lo que Mabel podría estar pensando ahora. El ver esa escena sólo hacia más fuerte el dolor que sintió al momento de ser rechazado por sus gemelas. Aun si perdiera el apoyo de Linka, siempre contó con el de Liberty. –Ella resultó ser igual a todos los demás, su "suerte" llegó a importarme más que su querido hermano gemelo. Y yo que creí que les había dejado claro que la mala suerte sólo fue una excusa para tener el tiempo a solas que nunca me hubieran dado de otra forma. –Agitó su cabeza mientras se acercaba a la cama. Sino recordaba mal, en cualquier momento entraría Linka muy molesta para llevarse a Liberty, pero terminaría durmiendo con ambos mientras lo abraza por la espalda. Emparedado de trillizos, así es como su madre había llamado a esa extraña forma de abrazarse los tres.
-¿En serio? –Mabel flotó de cabeza sobre él mientras se sentaba con las piernas cruzadas. –Pero se ven muy cercanos, no parece que...
¡Tú no eres mi Linky!
La imagen de la habitación cambió al momento en donde fue echado a patadas de su propia casa. Pudo ver los rostros molestos de sus padres, y la satisfacción de varias de sus hermanas al recibir lo que se merecía por tratar de destrozar a su familia por la falta de suerte. Sus gemelas se mantenían muy cerca la una de la otra mientras lo miraban con molestia.
El dolor en su pecho volvió a asaltarlo mientras veía los rostros de todos aquellos a quienes solía amar y como parecían disfrutar de torturarlo de aquella manera. Su padre le cerró la puerta en la cara después de amenazarlo con un año de castigo y... eso era todo, eso sería lo último que vería de todos ellos.
-Stan me salvó de las calles poco después. –Suspiró. –No me atreví a ir con la policía, eso les daría verdaderas razones para odiarme... y jamás podría hacerles algo como eso a ninguno de ellos. –Parte de él todavía los amaba. Los recuerdos felices habían hecho lo suyo y se negó a destrozar aquello que más atesoró. –Stan no mintió cuando dijo que hubiera muerto en las calles... hubiera muerto por ellos, pese a lo que me hicieron.
-Repugnante. –Mable miró la puerta con rostro contorsionado por la ira. –Totalmente horrible y repugnante. ¿Qué clase de padres le hacen eso a su propio hijo? ¿Qué clase de hermanas? ¿También tus gemelas? ¿Las gemelas también? Arrgg. –El pequeño cuerpo de Mabel tembló en el aire mientras seguía mirando a la puerta, y luego al pequeño Lincoln Loud que comenzaba a caminar mientras contenía un gran torrente de lágrimas en sus ojos. –Sabía que algo malo te había pasado... ¿Pero esto? Esto es traición en estado puro y de la peor clase, Lincoln.
-Dime algo que no sepa, Mabel. –Lincoln llevó sus manos detrás de su cabeza mientras veía a su yo más joven alejarse cada vez más de la puerta de casa. Todo lo sentía lejano, y a la vez muy cerca. Los sentimientos de tristeza y traición se mesclaban muy en su interior mientras trataba de no desviar la vista hacia la casa nuevamente. Verla sólo traería cada uno de los buenos y malos momentos que pasó en el pasado, hasta ese momento donde su historia como Loud terminaba.
El paisaje cambó para traerlo unos meses antes de que todo empezara. Al ver a su padre con corbatas en las manos se acordó de sus palabras mientras sus gemelas lo abrazaban de forma protectora, Liberty incluso tenía una escoba para mantener a su padre atrás, y Linka lo miraba con toda la intención de hacerle daño si se atrevía a tratar de sacarlo de la casa. Vaya hipócrita.
-Chicas, yo jamás abandonaría a ninguno de ustedes. –Su padre les sonrió para tranquilizarlas. –Son mis amadas hijas y mi amado hijo. Nunca trataría de deshacerme de ninguno de ustedes. Lo prometo.
No podemos arriesgarnos a que tu mala suerte nos perjudique, Lincoln. Es necesario que duermas en el patio.
Todas tus cosas estaban contaminadas por la mala suerte, lo mejor era deshacernos de ellas. Espero que lo entiendas, hijo.
¡No quiero volver a ver que te quitaste una parte del traje!
¿Quieres lastimar a tus hermanas, Lincoln? ¡Afuera!
¡Y no regreses hasta que tengas cada parte del traje!
Sintió como su cuerpo temblaba mientras las palabras de su padre entraban directamente en lo más profundo de su mente. En su interior no guardaba ira hacia aquella mentira que su padre lanzó en aquella ocasión, sólo la tristeza y decepción. Al final, realmente se había desecho de él. Sólo bastó un poco de mala suerte para darle el empujón.
Dos bazos lo rodearon desde la espalda. Por un segundo sintió la tentación de decir el nombre de una de sus hermanas, pero reconoció el suéter color de rosa mientras los brazos comenzaban a abrazarlo con fuerza. El cuerpo de Mabel contra su espalda se sintió reconfortante, y a la vez familiar. Ya no había malos pensamientos o nervios, simplemente un abrazo que lo llenaba de una extraña sensación de calma.
-Está bien, Lincoln. Ya no tienes que sufrir. –Susurró con suavidad. –Ahora estás a salvo.
La imagen que le siguió fue una donde toda la familia estaba reunida en la mesa de los mayores, festejando por otra gran victoria de Lynn mientras mantenían el trofeo de softball en medio de la mesa. Trató de buscarse con la mirada, y se encontró en el patio, mirándolo todo a través de la ventana mientras continuaba con ese ridículo traje de ardilla. Junto a él, Charles se estaba comiendo el pollo y ensalada de papas de la victoria. No le darían una segunda ración.
-¿Podemos irnos de aquí, Mabel? Ya no quiero tener nada que ver con esto. –Lincoln prefería olvidar. No iba a ilusionarse con la reconciliación, aun si todo se hubiera solucionado con el tiempo, la relación con su familia jamás hubiera sido la misma. ¿El rencor? No iba hundir su vida viviendo en el pasado. Era mejor continuar adelante y olvidar todo lo que tuviera que ver con ellos. –Con el tiempo será más fácil dejarlo atrás.
-Por supuesto, Lincoln. Podemos ir a donde tu quieras.
La imagen regresó a la entrada de la Cabaña del Misterio. Su nuevo hogar en Gravity Falls. A Lincoln todavía le costaba creer que en sólo un día terminara de las calles en un pueblo en medio de la nada de Oregón. Dudaba que su familia o quien sea pudieran encontrarlo ahora, si es que trataban de buscarlo.
-Echaré de menos a Clyde. –Murmuró mientras se dirigía a la entrada.
-¿A quién? –Mabel comenzó a caminar junto a él.
-Clyde era mi mejor amigo en Royal Woods. –Las aventuras que pasó con ese niño. –Nos conocimos cuando éramos pequeños y pasamos por muchas aventuras juntos, era un poco complicado que estuviera enamorado de mi hermana mayor pero uno se acostumbra. –Se encogió de hombros al recordar el sangrado nasal que Clyde solía sufrir al acercarse a Lori.
-Bien, ahora estoy aquí, Lincoln. –Mabel rodeó sus hombros con su brazo. –Y yo seré tu nueva mejor amiga. Además... –Se pasó la lengua por los labios mientras entrecerrabas sus ojos. –Vengo con beneficios, si sabes dónde buscarlos.
-Eso fue un poco incómodo, Mabel. –Lincoln trató de alejarse un poco, pero Mabel lo mantuvo fuertemente sujeto contra ella.
Ambos entraron a la Cabaña del Misterio, un lugar totalmente diferente al que Lincoln conocía.
Las paredes estaban a dornadas con distintos tonos de rosa y blanco, el aire parecía estar atestado de chispas de colores, los muebles parecían de dulces y chocolate, incluso había pequeños animalitos de gomita que correteaban por ahí. Había una música alegre que parecía salir de ninguna parte y un televisor de pantalla gigante HD estaba dando caricaturas.
Lincoln se restregó los ojos en sus manos y volvió a ver el lugar. Ahora había un unicornio que posaba frente a un arcoíris en medio de la tienda.
-Bien, creo que ya entendí. –Miró a Mabel. –Estoy dormido, ¿No? No podría ser de otra forma. ¿Cómo terminaría en medio de mi cuarto y viviría esas experiencias otra vez si no estuviera dormido? –Tendría que haberlo pensado desde el inicio, pero en lugar de eso se había distraído con su triste pasado de niño maltratado. –Creí que ya me había librado de estas pesadillas. –No habían sido las primeras que tuvo, pero espera que fueran las últimas.
-¿Qué parte de esto es una pesadilla, Linc? Mira, es una máquina de caramelos. –Mabel señaló una enorme máquina repleta de todos los dulces que pudiera haber visto en su vida, y la palabra "Gratis" en letras grandes sobre ella.
-Es la pesadilla de todo hombre, Mabel. –Señaló los ponis multicolor que habían aparecido cantando y bailando en el patio mientras las flores crecían a su alrededor.
-¿Oh? ¿Y qué tipo de sueños tienen los hombres, Linky? –Mabel le sonrió de forma sugerente mientras colocaba su rostro a escasos centímetros del suyo.
-¿Comics? –Retrocedió un paso. Por lo general tomaría ese tipo de insinuaciones como una broma, Liberty solía hacerlas de vez en cuando, pero cuando una chica te ha metido las manos dentro de los pantalones, uno nunca puede estar seguro. Por otro lado, esto es un sueño, por lo que no importa lo que haga aquí, nada influirá en la realdad. Por lo qué... –A volar se ha dicho. –Corrió hacia la ventana y dio un gran salto.
El frío suelo de tierra fuera de la ventana sabía demasiado horrible para ser un sueño.
-¿Por qué hiciste hizo, Lincoln? –Mabel le preguntó desconcertada desde la ventana.
-No lo sé.
